lunes, 24 de septiembre de 2012

La escuela rumana en el "paraiso" capitalista

: 65000 profesores menos en los últimos 15 años 

por Un Vallekano en Rumanía
Domingo, 23 de Septiembre de 2012 16:55

La escuela rumana en el "paraiso" capitalista: 65000 profesores menos en los últimos 15 años
La escuela es otra de las victimas de la apisonadora capitalista en Rumanía, como el resto de los logros sociales, culturales o industriales conquistados por los rumanos durante los casi 40 años de Socialismo.
No solo se trata del descenso de la calidad de la educación, en el desinterés de los alumnos por los estudios (sobre todo sabiendo que, en contra de lo que sucedía antes de 1990, cuando el estado te aseguraba un empleo según la formación, hoy lo mas probable es acabar en el paro o teniendo que emigrar).
Desde los años 90, con la aplicación de la "terapia de choque neoliberal", que consistía básicamente en destruir todo lo que se alcanzó durante años de Socialismo para convertir a Rumanía en una colonia de las potencias capitalistas y un mercado seguro para sus productos, destruyendo para ello servicios públicos, derechos y, sobre todo, aunque no solo, la riqueza industrial y agrícola alcanzada, el número de profesores, educadores, y el resto de cuadros didácticos del sistema educacional han caido en picado.
Entre otras razones, gran parte de los profesores han preferido emigrar lamentablemente, para buscarse la vida enriqueciendo a empresarios y paises mas avanzados porque en casa no tenían ningún futuro (porque el capitalismo lo había destruido). Otro gran grupo de profesores, ha pasado a engrosar las listas del paro o a tener que buscar otros trabajos, pues el número de plazas en las escuelas, al igual que las infraestructuras (escuelas, institutos, guarderias, etc...) han ido disminuyendo su número rápidamente.
Hay que recordar que mientras antes de 1989 el profesor era un trabajador esencial del sistema, al que se respetaba y mimaba como formador de las nuevas generaciones, y base de los futuros constructores del desarrollo de la riqueza del pais, en 2011 su salario no llega, como media, a los 400 euros brutos (es decir, unos 370 euros netos), además de que la nomenklatura politica y empresarial capitalista no cesa en el empeño de desmerecer su labor para justificar las constantes agresiones contra la educación pública. También hay que señalar que con la excusa de la crisis, a estos salarios ridículos hay que restarles los recortes perpetrados por los diferentes gobiernos de Traian Basescu, subdito obediente y sumiso a los dictados de Angela Merkel, y que recortó de sopetón un 25% del salario de los funcionarios públicos, entre los que estan los profesores.
No es de extrañar, por todo lo anterior, que desde 1996, en los últimos 15 años el número de cuadros didácticos del sistema educativo se haya reducido en mas de 65.000 profesores (sumando a los trabajadores de todos los niveles académicos, desde el preescolar hasta el universitario).
Ese el el efecto del "paraiso" capitalista en Rumania. Al igual que se destruyó prácticamente toda la industria productiva nacional, se acabó con la mitad de los casi 9 millones de puestos de trabajo existentes en 1990, y se obligó a mas de 3 millones de rumanos a buscar cómo sobrevivir fuera de su propio pais, también se destruyó (y el proceso continua) la calidad de la escuela pública. De modo que en el periodo mencionado (1996 – 2011), exactamente han desparecido 65.768 profesores, casi 5000 por año. Mientras en 1996 había 313.255 profesores en Rumania, en 2011 el número de estos no llega a 247.487.
Los datos son demoledores, pero, aun así, el futuro no promete nada mejor, pues, como hemos dicho mas arriba, con la excusa de la crisis económica (de la que las grandes fortunas siguen extrayendo como sanguijuelas beneficios), el FMI y los diferentes gobiernos rumanos a su servicio, ya han planeado seguir recortando del presupuesto público los fondos destinados a la educación, continuar cerrando escuelas y, por lo tanto, continuar con la tendencia desangeladora de que un trabajador esencial como el profesor sea, cada año que pasa, mas parecido a una especie en proceso de extinción.
Y es que el capitalismo prefiere esclavos sonrientes y estúpidos que trabajadores que piensen, por si acaso se les vuelve a pasar por la cabeza que el que unos cuantos delincuentes vivan a costa de parasitar el producto de su trabajo es algo que se puede cambiar.
 

Los físicos y matemáticos que hundieron Wall Street

Publicado el 19 de septiembre de 2012 Público

Mauro acababa de cumplir 28 años y tenía que tomar una decisión. Nacido en una humilde familia brasileña, Mauro había completado una carrera académica estelar. Después de una brillante licenciatura de física en Rio de Janeiro, consiguió una beca para el programa de doctorado en cosmología del King’s College de Londres.
Ahora, con el título de doctor bajo el brazo, Mauro tenía que decidir su futuro: ¿continuar en el mundo académico o trabajar para el sector privado? El comienzo de la vida profesional de cualquier joven investigador es extraordinariamente exigente. A menudo, este periodo consiste en mudanzas entre países, poca estabilidad laboral y salarios muy bajos. Mauro se había casado dos años antes y su mujer acababa de dar a luz a su primer hijo, así que aceptó una oferta para trabajar en un banco de inversión de la City de Londres.
Desde los años 90, miles de investigadores en física y matemáticas han seguido la misma trayectoria que Mauro. A medida que avanzaba el proceso de globalización económica, los mercados financieros crecieron exponencialmente. Los bancos de inversión y los hedge funds necesitaban nuevos talentos para crear complejos productos financieros. ¿Qué mejor que reclutarlos desde el mundo académico donde los salarios son tan bajos? En la industria financiera, a profesionales como Mauro se les conoce como “quants”, un diminutivo para “analistas cuantitativos”.
El sueño de utilizar modelos matemáticos para predecir los mercados financieros es muy antiguo. Si gracias a herramientas analíticas podemos predecir los eclipses de Luna para los próximos 10.000 años, ¿por qué no encontrar las ecuaciones que nos permitan hacernos millonarios?
El mundo financiero creyó encontrar su santo grial en el año 1973. Dos economistas estadounidenses, Fischer Black y Myron Scholes, publicaron una ecuación que permitía estimar los precios de ciertos contratos financieros conocidos como “derivados”. En pocas décadas, el mercado de estos complejos instrumentos movería cientos de billones de dólares. Black y Scholes fueron galardonados con el Premio Nobel de Economía en el año 1997.
A los inversores les gusta el riesgo, siempre y cuando puedan ponerle un precio. Los nuevos talentos matemáticos parecían capaces de cuantificar los riesgos de instrumentos financieros cada vez más complicados. Con la seguridad que proporcionaban los analistas cuantitativos, los managers de los bancos se lanzaban a crear productos aún más sofisticados.
Mauro fue asignado a un equipo que trabajaba sobre el mercado inmobiliario estadounidense. Su tarea consistía en comprar miles de hipotecas a los bancos y englobarlas en un instrumento llamado “obligación de deuda colateral”, que luego vendía por trozos a otros inversores. En el año 2000, David X. Li, un matemático que trabajaba para JP Morgan, había publicado una fórmula que permitía cuantificar los riesgos de este producto. Usando la fórmula de Li, las agencias de rating calificaron con una triple-A muchas obligaciones de deuda colateral, lo que aumentó el apetito de los inversores por estos instrumentos. Esa demanda provocó que los bancos comenzaran a dar hipotecas a personas que difícilmente podrían devolverlas.
Hasta mediados de 2007, todo el mundo parecía feliz. Los bancos de inversión anunciaban cada trimestre beneficios de miles de millones de euros y analistas cuantitativos como Mauro se embolsaban jugosos bonus.
Hoy sabemos que aquella fiesta terminó con el mayor descalabro del sistema financiero desde la Gran Depresión. Muchas bancos sólo sobrevivieron gracias a las inyecciones de dinero público.
¿Cómo pudieron las matemáticas fallar tan estrepitosamente? Las ecuaciones son construcciones precisas. El problema es que cualquier modelo matemático de la realidad reposa sobre ciertas hipótesis y simplificaciones. Por ejemplo, la fórmula de Li fue derivada utilizando los datos del mercado inmobiliario durante los últimos 20 años, un periodo de tiempo donde los precios siempre habían subido.
Cuando estalló la burbuja, esos modelos ya no reflejaban la realidad. Mauro cuenta que sólo en una de las semana de noviembre de 2008, se produjeron 7 eventos para los que sus modelos daban una probabilidad de 1 vez cada 20.000 años.
El problema no fueron las fórmulas, sino la confianza ciega que estas generaron. Como todo el mundo creía comprender los riesgos, la complejidad del sistema creció hasta volverse incontrolable.
Millones de personas en todo el mundo están sufriendo las consecuencias. Además, los miles de cerebros que absorbió el mundo financiero suponen un terrible desperdicio de talento: ¿cuántos avances científicos habríamos logrado si genios como Mauro se hubiesen dedicado a la medicina o la física?

Tomado de: http://noticiasuruguayas.blogspot.com/

domingo, 23 de septiembre de 2012

Cuba Visiones sobre el socialismo que guían los cambios actuales


por Camila Piñeiro Harnecker - Tomado de la revista “piensaChile”

Miércoles, 19 de Septiembre de 2012 18:57

Visiones sobre el socialismo que guían los cambios actuales en Cuba
La forma que tome el nuevo modelo cubano dependerá de la influencia relativa de maneras diferentes de entender el socialismo y visualizar el futuro de Cuba.
La forma que tome el nuevo modelo cubano dependerá de la influencia relativa de maneras diferentes de entender el socialismo y visualizar el futuro de Cuba. Aunque estas posiciones o corrientes de pensamiento, por lo general, coinciden en que el principal objetivo a largo plazo debe ser una sociedad más justa y liberada de las dificultades económicas que hoy enfrentamos, difieren notablemente en su manera de entender la justicia y la libertad, y, por lo tanto, el socialismo. Comparten en gran medida el diagnóstico sintomático de la situación actual, pero identifican distintas causas de fondo y soluciones para esos problemas. Asimismo, tienden a establecer disímiles metas a corto y mediano plazo, y, más importante aún, a proponer diversos medios para alcanzar esos objetivos, por lo que —aunque no siempre se reconoce— nos conducen hacia diferentes estadios.
 
Este trabajo identifica las tres principales posiciones o visiones del socialismo en Cuba que están influyendo en los cambios actuales: la estatista, la economicista y la autogestionaria. Estas no son más que herramientas de análisis para caracterizar a grandes rasgos los enfoques existentes en la Isla sobre lo que es necesario para salvar el proyecto socialista cubano.[1] El único propósito de su uso es señalar las ideas que más los identifican, pues en realidad aun las personas que pueden caracterizarse más claramente por una de las posiciones, comparten algunos puntos con las otras. Los contrastes de las tres corrientes de pensamiento pueden observarse cuando se analizan los objetivos que persiguen sus visiones de socialismo. Ello se refleja en los problemas fundamentales que identifican en la sociedad cubana de hoy y en las soluciones que proponen, al evidenciar sus disímiles estrategias para la construcción socialista.[2]
 
Las observaciones expuestas aquí se basan en el análisis desprejuiciado del discurso público —declaraciones oficiales, debates formales e informales, afirmaciones en medios de comunicación— y publicaciones —académicas, periodísticas— de cubanos en los últimos años. El objetivo de este trabajo es contribuir al debate esclareciendo las posiciones más importantes, para así facilitar consensos sobre cuestiones tan centrales como cuáles son los objetivos de los cambios que se están experimentando y qué medios son más efectivos para lograrlos.
 
Visiones que emergen de varias corrientes de pensamiento
 
Estatistas: Perfeccionemos el socialismo de Estado
 
El principal objetivo del socialismo para los estatistas es un Estado representativo bien administrado, que controle la sociedad. Su énfasis está en lograr un Estado fuerte; no uno más grande, sino uno que funcione correctamente y asegure que los subordinados cumplan con las tareas asignadas. Los representantes de esta corriente hacen hincapié en que el cubano es un Estado distinto del de los países capitalistas: que es «socialista» porque responde a los intereses de los trabajadores y no a los de los capitalistas.
 
Según los estatistas, la forma más adecuada para proporcionar los bienes y servicios que todos los ciudadanos necesitan para satisfacer sus necesidades básicas es un Estado centralizado a través de una estructura vertical. Para ellos, la coordinación horizontal de actores autónomos, individuales o colectivos, no es posible y genera caos. Aunque, ante las deficiencias de la planificación autoritaria, algunos han aceptado cierta presencia de las relaciones de mercado como algo inevitable. Las organizaciones autónomas —sobre todo las gestionadas democráticamente— generan conflictos y promueven la desintegración social. Según esta vertiente del socialismo, los ciudadanos no están preparados para administrar sus propios asuntos, y si se les da la oportunidad de participar en la toma de decisiones únicamente tendrán en cuenta sus intereses individuales estrechos y cortoplacistas, lo que resultaría en ineficiencia económica y desintegración social.
 
Al centro de los cambios propuestos por los estatistas está llevar el control y la disciplina a la sociedad cubana y en particular a la economía. La reducción del déficit fiscal y comercial parece ser la prioridad número uno. Esto se ha traducido en la tendencia a imponer impuestos demasiado altos, tanto para las empresas estatales como no estatales, y a reducir gastos mediante el recorte de servicios sociales o el cierre de empresas sin considerar si las comunidades afectadas y los colectivos de trabajadores pueden asumir su gestión y, por lo tanto, disminuir su necesidad de subvenciones.[3]
 
Esta corriente de pensamiento no considera necesario hacer cambios profundos: con mayor control y exigencia por los directivos y el Partido,[4] junto con cierta descentralización y consulta con las masas, las instituciones actuales pueden funcionar adecuadamente; sobre todo si el Estado se descarga de la gestión de pequeñas y medianas empresas y los gobiernos locales tienen sus propios recursos para resolver problemas en sus territorios. En su opinión, si los salarios estatales pudieran satisfacer las necesidades básicas, la mayoría de los problemas estarían resueltos.[5] Repiten el llamado del presidente Raúl Castro de «cambiar los métodos de trabajo», pero no incluyen en ello permitir a las instituciones ser más autónomas y democráticas, y ni siquiera establecer niveles mínimos de transparencia que posibiliten hacer público el presupuesto de los gobiernos locales y las empresas estatales.[6]
 
Según los estatistas, los principales problemas de la sociedad cubana son la indisciplina y la falta de exigencia por los administradores, funcionarios de ministerios y miembros del Partido. Ello ha resultado en bajos niveles de productividad y calidad, descontrol y desorganización, lo que ha permitido que el desvío de recursos del Estado se haya hecho natural y que se haya expandido la corrupción. Ciertamente, el control, la disciplina y, más aún, la sistematicidad son realmente necesarios para que cualquier proyecto tenga éxito, y estas prácticas no han sido comunes en los trabajadores y administradores cubanos durante décadas.
 
Sin embargo, aunque las tres posiciones coinciden en lo dañino que es el descontrol en las instituciones estatales, difieren en cuáles son sus causas de fondo, así como en el tipo de métodos de control que consideran eficaz y justo y, por lo tanto, que debería ser implementado. Los estatistas insisten en el carácter cultural del problema, que podría ser resuelto con educación por medios tradicionales directos o indirectos. Un «cambio de mentalidad» es presentado como la solución de fondo sin precisar cómo se va a llevar a cabo. Mientras que los economicistas señalan como causa del problema los bajos salarios y proponen instaurar incentivos materiales adecuados; para los autogestionarios se trata de la forma en que las instituciones cubanas están organizadas, y proponen establecer modelos de gestión con relaciones sociales menos alienantes que permitan el sentido de petenencia y liberen las capacidades creativas de las personas.[7]
 
Es decir, la solución para los estatistas es un mayor control y supervisión en la estructura vertical, y algo —tan poco como sea posible— de autonomía para los administradores.[8] Se piensa solo en órganos de control externo al grupo que debe ser supervisado, como los directivos sobre los trabajadores, o la recién creada Contraloría General de la República sobre los directivos. Parece no reconocerse los límites de la supervisión externa y vertical, ni las ventajas del control interno o autosupervisión por parte de los colectivos —de trabajadores o comunidades— que realmente se ven como dueños, y del control social de las personas sobre sus superiores mediante una real rendición de cuentas —transparente, directa y permanente— en las instituciones públicas.
 
Sería un error suponer que la mayoría de los funcionarios del aparato estatal se identifica con la posición estatista. En todos los niveles del Estado cubano hay quienes están realmente interesados en reducir la intervención de este en la vida de las personas;[9] se acercan más a las tendencias economicista o autogestionaria, en dependencia de su experiencia de vida y su exposición a ideas alternativas. Sin embargo, el estatismo tiene una buena representación en los administradores y funcionarios estatales de nivel medio que temen perder sus puestos de trabajo y por tanto su vida profesional (estatus, reconocimiento social) y/o su capacidad de beneficiarse del Estado a través de la corrupción.
 
Esta posición es además respaldada por muchos cubanos que, cansados de burócratas incompetentes, quieren que regrese el orden. También por aquellos preocupados por el descontrol social de las últimas décadas que se manifiesta en comportamientos antisociales dañinos económica y culturalmente. Algunos cubanos rechazan cambios más sustanciales por temor a perder los logros sociales de la Revolución. Además, hay unos cuantos intelectuales educados en el marxismo de tipo soviético que se oponen a cualquier tipo de descentralización y a la apertura a organizaciones que no estén directa y estrechamente controladas por el Estado, tanto privadas como colectivas. Aunque se podría pensar que los oficiales de las Fuerzas Armadas están más cerca del estatismo, algunos —en especial, gerentes de empresas militares— consideran la posición economicista como más pragmática, mientras que otros entienden las ventajas de la participación y los riesgos de promover lo privado y el mercado para la cohesión social.
 
Economicistas: el socialismo de mercado es el único camino factible
 
De acuerdo con los economicistas, el objetivo principal del socialismo debe ser el desarrollo de las fuerzas productivas, entendidas como la capacidad tecnológica para crear más riqueza material, es decir, crecimiento económico.[10] El socialismo es entendido como redistribución de la riqueza; por lo tanto, los representantes de la corriente economicista sostienen que la construcción de este no es posible hasta que las fuerzas de producción se hayan desarrollado lo suficiente: si no hay riqueza no hay nada que distribuir.[11] De ahí que los actuales cambios en Cuba deban buscar, sobre todo, un mejor desempeño de la economía cubana con el fin de poner al país en una senda de desarrollo capaz de satisfacer las necesidades materiales crecientes de la población. Además, argumentan que, con una redistribución efectiva de la riqueza, todas las instituciones y modelos de gestión eficientes y productivos son útiles para la construcción del socialismo: «no importa el color del gato mientras que cace ratones».[12]
 
Según los economistas, la privatización y mercantilización son esenciales e imprescindibles para el desarrollo económico de cualquier sociedad, socialista o no; mientras que para los estatistas las empresas privadas y las relaciones de mercado son males riesgosos pero necesarios, que pueden ser domesticados por el Estado, y para los autogestionarios estos pueden ser superados gradualmente con la expansión de organizaciones alternativas que fusionen objetivos económicos y sociales.
 
Los economicistas identifican las principales causas del bajo rendimiento de la economía cubana en la centralización, el monopolio estatal del comercio y la producción de bienes y servicios, las restricciones blandas de presupuesto y la ausencia de incentivos materiales resultantes de la iniciativa privada y las relaciones de mercado. Aunque no siempre es reconocido públicamente, consideran que el modelo de gestión privada capitalista (empresa autónoma, autoritaria, guiada por intereses privados) es la forma más efectiva de dirigir una empresa, y que los mercados son la más eficaz de coordinar las actividades económicas. Asimismo, subrayan la importancia de la eficiencia y argumentan, con razón, que la ineficiencia del sector empresarial estatal, al hacer insostenible las conquistas sociales alcanzadas por la Revolución, afecta a todos los cubanos.
 
Según esta postura, para que los agentes económicos se comporten de manera óptima —es decir, para que los gerentes tomen las decisiones correctas y los trabajadores aumenten la productividad— son ineludibles, y en gran medida suficientes, los incentivos materiales y la «disciplina del mercado».[13] Los productores y los consumidores deben sufrir las consecuencias de sus acciones en la forma de mayores/menores ingresos, incluso si no tienen control sobre sus propias opciones. Los economicistas están en contra de las relaciones paternalistas entre los cubanos y las instituciones del Estado, que han provocado que muchos esperen que sus problemas se los resuelvan otros. Pero los representantes de esta tendencia parecen olvidar que el papel del Estado —aun en una sociedad capitalista— es proteger a sus ciudadanos; no satisfacer directamente sus necesidades, sino asegurar que cuenten con las condiciones y capacidades para hacerlo, si fuera posible, por sí mismos.
 
Esta posición resta importancia a las preocupaciones de que la privatización y mercantilización resultarán en aumentos en la desigualdad, la marginación de grupos sociales, la explotación de los trabajadores asalariados, y el deterioro del medio ambiente. Tales inquietudes sociales, se nos dice, deben dejarse para más adelante, y no interferir en el avance de los cambios. Las consecuencias colaterales de las reformas son naturales, y se pueden tomar algunas medidas para reducirlas, arguyen los economicistas. Además, hacen un llamado a aceptar el hecho de que habrá «ganadores» y «perdedores» en función de sus capacidades de lidiar con las nuevas reglas del mercado.[14] La justicia social parece ser una expresión incómoda. Para los economicistas, los objetivos sociales son demasiado abstractos, y será suficiente con un sistema de impuestos que controle la brecha de ingresos junto con legislaciones que proteja a los clientes, los trabajadores asalariados y el medio ambiente.
 
Buscando la manera de lograr un crecimiento económico acelerado, defienden la necesidad de insertar a Cuba en el mercado internacional y atraer la inversión extranjera. Insisten en el hecho innegable de que Cuba no puede prescindir de financiación externa, y apuntan hacia el éxito de China y Viet Nam en promover el crecimiento mediante la atracción de inversión extranjera directa. Pero no mencionan los efectos negativos de las reformas en esos países: la creciente desigualdad, el abuso de empresarios y gobiernos locales, el descontento social, la degradación ambiental y el vacío espiritual.
 
Influenciados por el pensamiento económico hegemónico neoclásico, los economicistas han aceptado muchos de sus reduccionismos y supuestos, así como su inclinación a ignorar las condiciones y demandas sociales, y a pasar por alto las ventajas de la asociación y la cooperación sobre la privatización y la competencia de mercado. Al rechazar el argumento marxista central de que el trabajo asalariado es una relación donde hay explotación, evitan llamar como lo que son a los cuentapropistas que contratan mano de obra: empresas privadas, porque ello les permite ignorar también los efectos sociales de este tipo de empresas.[15] No teniendo en cuenta que las fallas de mercado no se deben a la falta de competencia, sino que son inherentes incluso a los mercados competitivos, esperan que una mayor competencia y una menor regulación solucionen el comportamiento cortoplacista, cuasi-cartel y antisocial que muchos cuentapropistas ya manifiestan.[16]
 
Esta tendencia tiende a desestimar los argumentos que apuntan a la complejidad del comportamiento humano y los componentes sociales de la individualidad que explican la eficacia y la viabilidad de las empresas gestionadas democráticamente. La democracia es buena, pero es un extra; no es realmente esencial para una sociedad mejor: los expertos deben ser los que tomen las decisiones. Las llamadas a utilizar otros instrumentos de realización humana además de los bienes materiales, como las relaciones armónicas con los demás, el desarrollo profesional o el reconocimiento social, y las advertencias sobre los peligros del consumo irresponsable y compulsivo, les parecen retrógradas, opresivas a la libertad individual y, por tanto, limitadoras del avance de la economía cubana.
 
Al igual que con los estatistas, sería un error identificar como suscriptores de esta posición a todos los académicos o profesionales graduados de Economía o que ejercen ocupaciones afines. Hay economistas que no subvaloran las metas sociales porque reconocen la necesidad de mirar integralmente todo el sistema social y ver las actividades económicas como interdependientes y, por tanto, responsables de sus efectos sobre él.[17] Por otra parte, el economicismo tiene un terreno fértil en los tecnócratas estatales y burócratas a cargo de diseñar nuevas políticas, pues es más fácil para ellos asumir que los agentes privados se van a auto-regular a través del funcionamiento de las leyes del mercado, y, por lo tanto, pueden pasar por alto las preocupaciones sociales. Los economicistas más fervientes seguramente son aquellos administradores de las empresas estatales que esperan que se les transfiera su gestión —saben que la propiedad legal, al menos inicialmente, seguirá en manos del Estado—[18] para finalmente poder administrarlas según sus intereses, así como evitar todos los obstáculos y el sin sentido que el sistema de «planificación» actual significa para ellos. Más autonomía y menos control, menos seguridad laboral y solo participación formal de los trabajadores, les parece una situación casi perfecta.
 
Sin embargo, el economicismo no solo está presente entre los economistas, tecnócratas y directivos estatales. Muchos cubanos, expuestos a la idea de que los objetivos sociales son irreconciliables con la eficiencia y la sostenibilidad económica, así como a que el crecimiento económico de China y Viet Nam se basa en su amplia privatización y mercantilización, ven las propuestas economicistas como las únicas soluciones posibles a las deficiencias actuales de la economía cubana.
 
Autogestionarios: solo un socialismo democrático es verdadero y sustentable
 
Al igual que los estatistas —y a diferencia de los economicistas más puros— los autogestionarios defienden la necesidad de un orden social más justo y sustentable[19] que el capitalismo. Sin embargo, prevén un camino diferente del «socialismo estatista» que ha marcado fuertemente la versión cubana y que los estatistas intentan renovar, y del «socialismo de mercado» que los economicistas presentan como el único factible. Los autogestionarios argumentan que no puede haber socialismo verdadero, sin solidaridad, sin igualdad —no igualitarismo—, sin participación sustantiva de las personas en la toma de decisiones en todos los ámbitos de organización social —política, económica, cultural, etc. Para ellos, la esencia del socialismo es la autogestión o autogobierno por las personas en sus lugares de trabajo y sus comunidades y hasta el nivel nacional; y eventualmente hasta abarcar toda la familia humana. Es decir, socialismo es control social, de la sociedad, sobre el Estado, la economía, el sistema político y todas las instituciones sociales.[20]
 
Inspirados en las conceptualizaciones del socialismo del siglo XXI, y reafirmando los ideales humanistas, emancipadores e igualitarios que han marcado la revolución cubana desde sus inicios,[21] los autogestionarios sostienen que el objetivo del socialismo debe ser el desarrollo humano integral de todas las personas.[22] Esta suprema felicidad, autorrealización, libertad plena puede lograrse, básicamente, permitiéndole a cada persona desarrollar todas sus capacidades mediante la participación activa en las actividades sociales cotidianas, sobre todo en la toma de decisiones que les afectan.[23] Construir el socialismo es, por tanto, democratizar o socializar los poderes; es liberar a los individuos de toda forma de opresión, subordinación, discriminación y exclusión que interfiera en la satisfacción de sus necesidades materiales y espirituales. Los autogestionarios buscan la emancipación tanto de un Estado opresivo, como de instituciones económicas no democráticas que no satisfacen las necesidades de las mayorías; como las empresas privadas y estatales convencionales, y los mercados o mecanismos de distribución verticales.[24]
 
Para ellos, el objetivo del socialismo cubano no debe ser cubrir las necesidades materiales crecientes de sus ciudadanos, sino también establecer las condiciones que les permitan desarrollar plenamente sus capacidades como seres humanos y así satisfacer sus necesidades materiales y espirituales; y asumen que las primeras van a cambiar cuando la vida cotidiana sea más liberadora. Aunque las relaciones de trabajo asalariado y de mercado son también formas de opresión, la mayoría de los autogestionarios concuerda en que no deben ser prohibidas, y que la sociedad puede avanzar hacia su gradual superación o eliminación —no absoluta— haciendo que las empresas gestionadas democráticamente y las relaciones horizontales socializadas (o «mercados socializados»[25]) sean más efectivas y atractivas.[26]
 
El principal problema del socialismo cubano no es que la política haya superado a la economía, como plantean los economicistas, sino cómo esa «política» ha sido definida. Los autogestionarios argumentan que las decisiones, a nivel central del Estado e incluso en los gobiernos locales y las empresas, han sido tomadas muy a menudo sin una verdadera participación del pueblo, y que por ello los beneficios de la participación han sido perdidos.[27] Las condiciones para el éxito de la actividad económica —o las «leyes económicas» que siempre nos recuerdan los economicistas— habrían sido tenidas en cuenta si la toma de decisiones hubiera permitido la participación de todos los grupos sociales afectados por estas y los criterios de los expertos hubieran sido escuchados.
 
Es la escasa o nula participación democrática en las instituciones políticas y económicas, el insuficiente control democrático de los órganos ejecutivos y de dirección, lo que —además de los bajos ingresos— resulta en la poca motivación hacia el trabajo, las decisiones gerenciales equivocadas y la corrupción en todos los niveles del Estado.[28]
 
Aunque los autogestionarios concuerdan con los estatistas en la necesidad de ejercer un mayor control y con los economicistas en la de establecer un sistema coherente de incentivos en las instituciones cubanas, identifican diferentes causas de fondo de los problemas y proponen soluciones diferentes. El magro desempeño de las instituciones del Estado es principalmente consecuencia del poco sentido de pertenencia de los trabajadores e incluso de los directivos. A diferencia de las otras dos tendencias, esta considera que los problemas en la realización del sentido de propiedad de las instituciones estatales se derivan, en esencia, de la naturaleza del proceso de toma de decisiones y de las relaciones sociales que se establecen dentro de ellos; y no fundamentalmente por la falta de educación[29] o la necesidad de incentivos privados estrechos.[30] Sin una verdadera propiedad —que no se equipara a la propiedad legal— de los trabajadores, no habrá motivación para asegurar que los recursos se utilicen correctamente.[31]
La posición autogestionaria subraya la necesidad no solo de redistribuir la riqueza, sino sobre todo de cambiar cómo ella se produce, de que las instituciones estén organizadas de modo que permitan el ejercicio de verdaderas relaciones socialistas. Esto desarrollaría la productividad y creatividad de las personas, y la riqueza se generaría desde el comienzo de manera más equitativa y justa.[32] Para los autogestionarios, «democratizar» o «socializar» es establecer las relaciones sociales de trabajo [libre] asociado y asociación en general, es decir, la propiedad social que Marx identificó como la base sobre la que descansa una sociedad que se propone trascender el orden capitalista.[33] Además, señalan que dichas relaciones, y no solo salarios más altos o mayor autonomía para los gerentes, son una fuente importante de incentivos para la productividad y la eficiencia, y que al mismo tiempo promueven el desarrollo de los hombres y mujeres «nuevos» sin los que la construcción socialista es impensable. Los autogestionarios enfatizan la necesidad de promover una conciencia socialista, solidaria y el compromiso revolucionario con los históricamente marginalizados, y agregan que ello solo se puede lograr como resultado de la práctica cotidiana bajo relaciones de asociación y cooperación.[34]
 
Según los estatistas y economicistas la democracia en el lugar de trabajo es en esencia una utopía incómoda que desafía la superioridad de sus cuadros, expertos o empresarios y resultaría en un caos que conduciría a la ineficiencia. Sin embargo, para los autogestionarios los niveles deseables de eficiencia y productividad (aunque no aquellos logrados mediante la sobrexplotación de los hombres y la naturaleza) se alcanzan precisamente democratizando la gestión de las empresas.
 
Están convencidos de que la participación —aunque no es fácil de lograr— constituye un medio indispensable para alcanzar mayores niveles de desarrollo de las capacidades tanto de los trabajadores (manuales, intelectuales, espirituales) como de las fuerzas productivas en general, ya que el control social asegura el uso efectivo de los recursos y ofrece incentivos positivos para la productividad no disponibles de otro modo. Rechazan la falsa dicotomía propuesta por economicistas: hay que elegir entre la eficiencia con inevitable desigualdad y la justicia social con carencias materiales.[35]
 
Los que se identifican con esta posición advierten sobre los riesgos de la descentralización de los gobiernos locales y las empresas estatales sin democratización, es decir, que les permita a las nuevas autoridades utilizar recursos según sus criterios y sin el control de los supuestos beneficiarios.[36] Del mismo modo, llaman la atención sobre la liberalización de las muy necesarias relaciones horizontales entre agentes económicos, y sobre la necesidad de no reducir la coordinación a un conjunto de normas.[37] Algunos defienden la necesidad de establecer, además de un marco regulatorio bien diseñado, espacios de coordinación democrática entre productores, consumidores y otros grupos sociales (ecologistas, feministas, minorías, etc.) para que la economía local pueda ser orientada hacia intereses sociales en lugar de hacia la maximización de ganancias.[38] Mientras que otros reducen la coordinación macroeconómica a un mercado regulado y no explican cómo evitar el surgimiento de intereses grupales ajenos a los sociales.
 
Pero los autogestionarios son percibidos como voluntaristas cuando no tienen en cuenta que no todos los cubanos están interesados en asumir la responsabilidad de participar en la gestión de sus empresas y gobiernos locales. No han argumentado claramente por qué la democratización es factible y cómo puede resultar en mayor eficiencia y productividad. No obstante, ello no niega la posibilidad de establecer políticas públicas que permitan un incremento gradual de la participación sustantiva en la toma de decisiones en esas organizaciones, y de educación sobre las ventajas de participar en la toma de esas decisiones que nos afectan.
 
Es difícil definir qué sectores de la sociedad cubana se identifican con esta tendencia. De hecho, ante los constantes mensajes en defensa de la privatización y la mercantilización a través de diversos medios nacionales y extranjeros, no es sorprendente que muchos cubanos vean la propuesta autogestionaria como utópica. En Cuba ha habido pocas experiencias de empresas y gobiernos locales gestionados democráticamente, antes y después de 1959. Además, la idea de la participación democrática puede haber perdido su significado entre los cubanos porque las autoridades han repetido que el sistema político cubano y las empresas estatales son lo más participativos posible, y también porque la autonomía de gestión e incluso de operación de las «cooperativas» agropecuarias han estado seriamente limitadas. De ahí que es comprensible que los defensores más convencidos de esta postura sean intelectuales y profesionales que han leído acerca de la forma «alternativa» de pensar y construir el socialismo, o que han estado expuestos a los discursos sobre el socialismo del siglo XXI.
 
Sin embargo, la preferencia por la gestión democrática de organizaciones sociales es intuitiva (resulta de la intuición o instinto humano) para todos los cubanos que perciben que la mejor manera de resolver algunos de sus problemas más apremiantes es mediante el trabajo colectivo, o cooperando con aquellos que sufren las consecuencias del autoritarismo en sus empleos y sus comunidades, o los que comienzan a sufrir las consecuencias negativas de la privatización y mercantilización —incremento de precios, evasión de impuestos, relación de subordinación de los trabajadores contratados, etc.[39] Además, los trabajadores estatales, ante la vinculación de los salarios al desempeño de sus empresas, están cada vez más interesados en tener control sobre ellas, e incluso han planteado poder elegir a sus directivos.[40] Algunos incluso están llamando a crear cooperativas en las empresas estatales no estratégicas.[41] En determinadas localidades (Cárdenas, en Matanzas, y Santos Suárez, en La Habana), los ciudadanos han intentado resolver de forma autónoma ciertos problemas de la comunidad.
 
Consideraciones finales
 
En Cuba se define actualmente un nuevo camino para la nación. Se tratará de un socialismo estatista mejor organizado, uno de mercado, uno realmente democrático, o —más probablemente— una combinación de los tres. Predecir qué visión va a prevalecer en los cambios actuales es un mero ejercicio de especulación. Sin embargo, algunas evidencias permiten evaluar el peso que hoy tiene cada postura, y las posibilidades de la fluctuación de su influencia.
 
Sin dudas, el economicismo es lo que predomina tanto en el Estado como entre la mayoría de los cubanos. Al presentar la empresa privada y el mercado como los más eficientes, ante el fracaso de las empresas estatales convencionales y la planificación autoritaria, y ante el desconocimiento de la factibilidad de otras formas de socialización de la economía, muchos no creen que existan mejores alternativas. Sin embargo, muchos cubanos no ven el funcionamiento de la empresa privada y los mercados como algo natural, y desean poder evitarse sus irracionalidades —precios diferenciados y variables, más beneficios para el comercio que la producción, explotación, etc.— y efectos negativos —desigualdades, contaminación, discriminación, etc.
 
El estatismo es abiertamente reconocido como la corriente de pensamiento que nos ha conducido a la situación actual, y por tanto de la que tenemos que alejarnos. No obstante, sobre todo debido a un instinto de conservación, esta todavía goza de importante apoyo dentro del Estado y entre aquellos que temen perder los logros sociales de la Revolución. De hecho, la versión final de los Lineamientos de la política económica y social del Partido y la Revolución es menos economicista y más estatista que la inicial.[42] Otra evidencia de la pérdida de influencia de la tendencia economicista es la moratoria en el plan que pretendía reubicar o despedir 10% de la fuerza laboral cubana.[43]
 
De la visión autogestionaria hay muy poco en los Lineamientos... y los cambios actuales. Estos no reflejan ni los objetivos —satisfacción de las necesidades materiales y espirituales de las personas, es decir, las relativas al desarrollo humano—, ni los medios —democracia participativa, control democrático de la sociedad, en particular, de la política y la economía— propuestos por los autogestionarios.[44] Aunque el presidente Raúl Castro y otros altos funcionarios del Estado han mencionado varias veces la importancia de la «participación», el documento partidista solo lo hace tres veces, y realmente en el sentido de consulta o implementación de decisiones tomadas por otros.[45] El único acercamiento a la posición autogestionaria está en el reconocimiento de las cooperativas como una forma socialista de empresa, aunque no se declara una intención de darles prioridad sobre las empresas privadas. La decisión de otorgar una mayor autonomía a las empresas estatales y gobiernos municipales es un paso positivo, pero aún no se reconoce el imperativo de democratizarlos. Tal ausencia refleja el hecho de que los autogestionarios están en minoría —al menos en los actuales espacios de poder—, lo cual en gran medida es resultado de la cultura verticalista, autoritaria y patriarcal que ha caracterizado la sociedad cubana antes y después del triunfo revolucionario.
 
Sin embargo, el imaginario de justicia social y emancipación sigue presente en la identidad de muchos cubanos. Aunque los nietos de la «generación histórica» están menos familiarizados con los ideales socialistas y revolucionarios, un gran número también valora la dignidad y la justicia, e incluso rechaza posiciones de subordinación. La cultura de la solidaridad cultivada por la Revolución aún perdura, por lo que las diferencias sociales resultan incómodas e injustas para muchos. Algunas personas han advertido que sin participación y control social de empresas y sin gobiernos locales autónomos, Cuba está allanando el camino hacia el capitalismo.[46]
 
Recientemente han surgido ciertas señales sobre la creciente presencia de la posición autogestionaria, en artículos que defienden la necesidad de los trabajadores de participar realmente en las decisiones de gestión para poder asumir el papel de verdaderos dueños.[47]
Las tres posiciones analizadas no pueden reducirse a opciones «buenas» o «malas». Todas plantean preocupaciones legítimas que deben ser consideradas en cualquier decisión estratégica. No obstante, la conveniencia de la democracia —no la representativa liberal, sino una «real» o «participativa»— es ampliamente aceptada en el mundo de hoy. De ahí que, desde una perspectiva normativa, la visión que busca mayores niveles de democracia debe ser más deseable.
 
Parece más justo que la sociedad decida democráticamente su destino, en lugar de colocar este poder en funcionarios estatales que se comprometan a representar los intereses de la sociedad, o —peor aún— en actores económicos bien dotados para dirigir desde las sombras «una mano invisible» que nos afecte a todos.
 
En el actual proceso de definición del tipo de socialismo que los cubanos estaremos construyendo por las próximas décadas, debemos saber que hay opciones entre el socialismo de Estado y el de mercado. Si nuestro objetivo continúa siendo alcanzar una sociedad lo más justa posible, debería abrirse más espacio a las ideas autogestionarias en los medios de comunicación; y los líderes deberían retomar el énfasis en el valor de la igualdad, la justicia y la solidaridad. También habría que tener en cuenta la importancia que otros procesos revolucionarios actuales en América Latina le han otorgado a la democracia participativa en todas las esferas de la sociedad. Así como las empresas privadas han sido autorizadas, debería suceder con las cooperativas, de manera que más cubanos puedan experimentar con la autogestión. Ahora que los gobiernos locales y empresas estatales tendrán más autonomía, al menos se deben experimentar métodos más democráticos, como el presupuesto y la planificación participativos. Es necesario ser pragmáticos, pero desde una noción menos simplista de nuestra sociedad y una visión menos condescendiente de nosotros mismos. Los cubanos dispuestos a experimentar con la autogestión deberían poder hacerlo, para así decidir, a partir de su experiencia, si es un camino preferible o no.
 
Una estrategia centrada solo en sostener un crecimiento económico y en mejorar el desempeño del Estado cubano puede mejorar las condiciones de vida de una parte de la población y podría ayudar a mantener el apoyo al proyecto socialista cubano. Sin embargo, en la medida en que el crecimiento económico venga fundamentalmente de la privatización y la mercantilización —en lugar de la democratización o socialización de la economía—, los intereses de los nuevos empresarios inevitablemente se van a alejar de los sociales, y van a encontrar el modo de contribuir con menos impuestos, cobrar precios más altos, externalizar los costos a la sociedad tanto como sea posible. No demasiado tarde, como ocurre en los países capitalistas y con economías de mercado, ellos buscarán que el Estado responda a sus intereses privados. Del mismo modo, en la medida en que los administradores de los gobiernos locales y empresas estatales tengan más autonomía sin democratización, se harán comunes los abusos de poder y los trabajadores más capaces y revolucionarios se van a mover desilusionados hacia el sector privado u otros países. Por lo tanto, si los cambios se concentran solo en «perfeccionar la economía», no solo no se logrará el objetivo de mejorar las condiciones materiales de la población cubana, sino que la cohesión social que ha sostenido a la Revolución se verá afectada. Sus principales defensores estarán menos inclinados a apoyar un proyecto que no tiene en cuenta sus necesidades y expectativas de justicia y dignidad.
 
- La autora, Camila Piñeiro Harnecker, es Profesora, investigadora y consultora de empresas. Centro de Estudios de la Economía Cubana (CEEC).
*Fuente: Centro de Estudios de la Economía Cubana (CEEC)
 
Notas:
 
1. Estos nombres no han sido utilizados por personas o grupos para identificarse como tales. Por ejemplo, Oscar Fernández («El modelo de funcionamiento económico en Cuba y sus transformaciones. Seis ejes articuladores», Observatorio de la Economía y la Sociedad Latinoamericana, n. 154, Málaga, agosto de 2011, disponible en www.ecumed.net) identifica dos formas «alternativas» de lidiar con el proceso de cambio actual en Cuba: el dogmatismo y el pragmatismo, que coinciden en gran medida con lo que llamo estatismo y economicismo. Fernández también sugiere la existencia de una tercera posición cuyos objetivos y propuestas parecen estar en consonancia con la tendencia autogestionaria.
2. El término «construcción del socialismo» se entiende de manera diferente por las posiciones existentes debido a que sus conceptualizaciones de «socialismo» o «sociedad socialista» son distintas. Se destaca que el avance hacia ese orden social es un proceso inevitablemente gradual y no lineal. Algunos consideran el «comunismo» (el concepto propuesto por Carlos Marx, no el asociado a países gobernados por partidos comunistas) como la etapa más avanzada del socialismo; mientras que otros lo ven como un horizonte al que nunca se puede llegar, pero sirve para indicar la dirección del proceso de transformación poscapitalista.
3. Véanse Gabino Margulla, «Peligra el verano en el CSO “Marcelo Salado”», Trabajadores, La Habana, 6 de junio de 2011, disponible en www.trabajadores.cu; y D. Matías Luna, «Yaguajay: aprovechar lo que tenemos con disciplina, organización y control» (carta a la dirección), Granma, La Habana, 30 de septiembre de 2011, disponible en www.granma.cubaweb.cu/secciones/cartas-direccion. En lo adelante, todas las cartas a la dirección de Granma serán citadas de esta página web y se indicará solo la fecha.
4. Véase la carta de J. P. García Brigos, «Propiedad y socialismo: un binomio inseparable» (8 de noviembre de 2011), donde sostiene que lo que hizo una panadería mejor que otras en su municipio fue que los delegados del gobierno local y otros funcionarios «controlaron y exigieron» fuertemente a los trabajadores un buen producto. Similarmente, E. Broche Vidal («Falta de sistematicidad y control: el factor común», 16 de septiembre de 2011) dice que «si los directores son mejores, entonces sus subordinados serán mejores». Véase también la carta de Borges Mujica (8 de enero de 2010).
5. Véanse las cartas de López Pagola y Berger Díaz (4 y 12 de febrero de 2010).
6. Véanse Anneris Ivette Leyva, «El Derecho al estilo de información», Granma, La Habana, La Habana, 7 de agosto de 2011; y la carta de E. González (15 de julio de 2011).
7. Pedro Campos, «Cooperativa, cooperativismo y autogestión socialista», Kaos en la red, disponible en www.kaosenlared.net/noticia/cooperativa-cooperativismo-autogestion-socialista, 21 de julio de 2008; y la carta de Rodríguez de Pérez (7 de mayo de 2010).
8. La carta de Fleites Rivero (5 de septiembre de 2011) culpa a los administradores de no controlar y plantea que tienen que estar motivados por sus ingresos. Véase también la de Osorio Fernández (30 de abril de 2010). Por su parte, Joaquín Ortega (Tribuna de La Habana, La Habana, 24 de julio de 2011, disponible en www.tribuna.co.cu) afirma que es posible «resolver esta situación desde la raíz, con control, exigencia, rectitud y combatividad».
9. Raúl Castro, en el discurso de clausura del Sexto Período Ordinario de Sesiones de la Séptima Legislatura de la Asamblea Nacional del Poder Popular, el 18 de diciembre de 2010, expresó que «el Estado no se tiene que meter en nada que sea pretender regular las relaciones entre dos individuos». Disponible en www.cubadebate.cu/raul-castro-ruz/2010/12/18/raul-castro-discurso-en-la-asamblea-nacional.
10. Véase Omar Everleny Pérez Villanueva, «Notas recientes sobre la economía cubana», Espacio Laical, n. 3, La Habana, 2010, p. 81.
11 . Julio A. Díaz Vázquez («Un balance crítico sobre la economía cubana. Notas sobre dirección y gestión», Temas, n. 66, La Habana, abril-junio de 2011, pp. 124) afirma que fue utópico intentar construir el «comunismo», entendiendo este último como la redistribución de acuerdo con las necesidades. Él sostiene que China y Viet Nam, con su «puesta en práctica orgánica del mercado parecen confirmar que» no es posible construir el socialismo sin pasar por un «período mercantil». Véase también la carta de Labrada Fernández (23 de julio de 2010); y Orlando Márquez, «Sin miedo a la riqueza», Palabra Nueva, La Habana, n. 203, a. XIX, La Habana, enero de 2011, pp. 6-7.
12. Véase la carta de Cruz Vento (19 de febrero de 2010).
13. Pavel Vidal Alejandro sugiere emular a Viet Nam, donde la expansión del sector privado y las relaciones de mercado han sido las dos medidas más importantes («Desarticular el monopolio de la centralización estatal», Espacio Laical, n. 2, La Habana, 2011, pp. 48 y 52).
14. Félix López, periodista de Granma, sugiere que la justicia social puede ser «enemigo de la libertad y la eficacia» («Burócratas vs. cambios», Granma, La Habana, 30 de septiembre de 2011) y desestima la advertencia de que, aunque la apertura a la pequeña empresa privada ha sido una decisión correcta, sin medidas para socializarlas ello implica riesgos importantes sobre los cuales no se está actuando aún («Paisaje urbano y desafíos futuros», Granma, La Habana, 23 de septiembre de 2011). Omar Everleny Pérez Villanueva afirma que no debe haber «miedo a las distorsiones que necesariamente van a aparecer en la primera etapa de los cambios» (ob. cit., p. 81). Véase también Orlando Márquez, ob. cit., p. 6.
15. Incluso algunos funcionarios del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social no han reconocido que los trabajadores contratados se encuentran en una posición de subordinación ante los que les contratan, aunque ellos también trabajen, situación que va a agudizarse según disminuya la oferta de empleo estatal. (J. A. Rodríguez, «Casi se duplican los trabajadores por cuenta propia», Juventud Rebelde, La Habana, 4 de abril de 2011) Negar la relación desigual y en gran medida antagónica entre los propietarios de negocios y los trabajadores contratados, permite a los tecnócratas ignorar la necesidad de proteger a los últimos con un código del trabajo o algunas normas que garanticen sus derechos mínimos.
16. Iliana Hautrive y Francisco Rodríguez Cruz parecen confiar en que la competencia, más que las regulaciones, le enseñará a las empresas privadas a ser «más responsables». Véase «Seriedad define éxito en empleo no estatal», Trabajadores, La Habana, 12 de junio de 2011.
17. Véase Oscar Fernández, ob. cit.
18. Algunos gerentes de pequeñas unidades empresariales estatales están limitando su desempeño a propósito con la esperanza de que las unidades les serán arrendadas a ellos en condiciones análogas a lo que ha sucedido con las unidades de peluquería y barbería.
19. Mientras que «sostenible» implica que puede sostenerse a lo largo de cierto tiempo, el concepto de «sustentable» se refiere a la capacidad de tener en cuenta los intereses de las generaciones presentes y futuras.
20. Ricardo Ronquillo afirma que el socialismo «solo es posible donde prevalezca un transparente, democrático y real control obrero» («Decido, luego existo», Juventud Rebelde, La Habana, 24 de septiembre de 2011). Fernando Martínez Heredia hace hincapié en que el socialismo es el proyecto de liberación humana que requiere la acción consciente del pueblo («Socialismo», en Julio César Guanche, coord., Autocríticas. Un diálogo al interior de la tradición socialista, Ruth Casa Editorial, La Habana, 2009, p. 37). Alina Perera y Marianela Martín coinciden con Martínez Heredia en que el socialismo no resulta automáticamente del desarrollo de las fuerzas productivas, y que la participación real es una de las «condiciones» para la aparición de la esperada «conciencia social» («La fuerza invisible que modela el mundo», Juventud Rebelde, La Habana, 25 de septiembre de 2011). Véase también Julio César Guanche, «Todo lo que existe merece perecer (o una pregunta distinta sobre la democracia)», en Autocríticas…, ob. cit., pp. 227-236, y Pedro Campos, «Democracia para controlar la burocracia», Kaos en la Red, 6 de julio de 2011, disponible en www.kaosenlared.net.
21. Baste considerar el pensamiento humanista de José Martí, así como las obras de Raúl Roa y Fernando Martínez Heredia que subrayan la esencia emancipadora de socialismo.
22. Véase Julio Antonio Fernández y Julio César Guanche, «Un socialismo de ley. En busca de un diálogo sobre el constitucionalismo socialista cubano en el 2010», Caminos, n. 57, La Habana, 2010, pp. 4, 10-11.
23. La idea de Marx sobre el desarrollo humano a través de la práctica revolucionaria ha sido destacada por Michael A. Lebowitz (El socialismo no cae del cielo. Un nuevo comienzo, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2009) y se evidencia en el análisis de cubanos como Pedro Campos («¿Qué es el socialismo?», 29 de septiembre de 2006, disponible en www.oocities.org/es/amigos_pedroc/Socialismo-1.htm).
24. La carta de Álvarez López (4 de agosto de 2011) advierte que «la ley de la oferta y la demanda ha sido cuestionada en los debates que ha participado» y se pregunta «¿qué es la demanda?, ¿lo que se necesita o lo que se puede adquirir en realidad?», y señala que los ricos siempre van a ser capaces de comprar, mientras que los que tienen mucho menos, no. Chávez Domínguez y Lugo Domínguez se quejan en sus cartas (20 de mayo y 11 de septiembre de 2011) de que los cuentapropistas compran en las tiendas estatales y acaparan para luego vender a precios más altos.
25. Los «mercados socializados» son aquellos espacios de intercambio horizontal controlados por representantes de intereses sociales; promueven que los participantes autónomos (vendedores y compradores) internalicen esos intereses. Existen varios modelos de planificación democrática o participativa que permiten institucionalizarlos.
26. Véase Camila Piñeiro Harnecker, «Empresas no estatales en la economía cubana: ¿construyendo el socialismo?», Temas, n. 67, La Habana, julio-septiembre de 2011, pp. 70-6.
27. Véase Mayra Espina, «Mirar a Cuba hoy: cuatro supuestos para la observación y seis problemas-nudos», Temas, n. 56, La Habana, octubre-diciembre de 2008, p. 137; y Carlos Alzugaray, en dossier «Cuba: ¿hacia un nuevo pacto social?», Espacio Laical, n. 2, La Habana, 2011, pp. 20-1.
28. Pedro Campos, ob. cit.
29. Para Fidel Vascós González, la conciencia socialista es resultado no de las relaciones sociales en que viven, sino sobre todo de la educación (Socialismo y mercado, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2009, p. 104).
30. Según José R. Fabelo (citado en «Trabajo. Llave maestra», Bohemia, La Habana, 13 de octubre de 2010): «Si no tengo posibilidad de decidir sobre lo que produzco, ni sobre su destino, ni intervengo en la gestión, en la planificación y muchas veces tampoco gano en dependencia de lo que hago, ¿qué sentimiento de propietario voy a tener...?». Fabelo propone armonizar incentivos morales y materiales y señala que los mecanismos económicos por sí solos no son adecuados.
31. Véase Rafael Hernández, Espacio Laical, n. 1, La Habana, 2011, p. 19; José Antonio Fraga Castro, director de la empresa estatal Labiofam, «llamó a establecer mecanismos y métodos que motiven a los trabajadores a que sientan que sus empresas son realmente suyas y participen de manera sustantiva en el proceso de gestión» como la mejor manera de resolver los problemas actuales («Orden, disciplina y exigencia», Tribuna de La Habana, La Habana, 12 de julio de 2011). La carta de Manso de Borges (23 de julio de 2010) advierte que la privatización no es la solución, y defiende socializar la propiedad con 1) la verdadera participación en la gestión de los trabajadores, 2) la educación económica y política, y 3) el desarrollo de sus capacidades guiados por los intereses colectivos y los individuales.
32. Véase Alina Perera y Marianela Martín, ob. cit.; Fernando Martínez Heredia, ob. cit., p. 33-4; Rafael Hernández, ob. cit., p. 4; Mayra Espina, ob. cit., pp. 134-5.
33. Véase Pedro Campos, «¿Qué es el socialismo?», ob. cit.
34. Véase Carlos Tablada, «El socialismo del Che», en Autocríticas..., ob. cit., pp. 141-5, 148-9; Mayra Espina, ob. cit., pp. 135-7. La carta de Aledo Roller (4 de septiembre de 2011) plantea que «es la forma en que organizamos nuestra vida económica y material lo que, en última instancia, determina la conciencia social», propone a las cooperativas, y explica que en el socialismo no debe haber trabajo asalariado y que la competencia de mercado y la anarquía no deben «gobernar nuestras vidas».
35. Julio César Guanche, «Es rentable ser libres», Espacio Laical, n. 2, La Habana, 2011, pp. 50-5; Armando Chaguaceda y Ramón Centeno, «Cuba: Una mirada socialista de las reformas», Espacio Laical, n. 1, La Habana, 2011, pp. 50-3.
36. Véase Ovidio D’Angelo, «¿Qué conferencia y lineamientos necesitamos? Conferencia del pueblo para la nueva sociedad», Compendio de la Red Protagónica Observatorio Crítico, 12 de julio de 2011, disponible en http://observatoriocriticodesdecuba.wordpress.com; y la carta de Martín (22 de octubre de 2010) que alerta que la incapacidad de los trabajadores de participar realmente en el proceso de disponibilidad podría dar lugar a que los jefes abusen de su poder.
37. Arturo López-Levy alerta sobre las limitaciones objetivas inherentes a los mercados reales (no los descritos en los libros de texto). Se pronuncia en contra de «las concepciones economicistas» y que el objetivo no debe ser el crecimiento económico, sino un desarrollo sostenible con objetivos sociales y ambientales (en dossier «Cuba: ¿hacia un nuevo pacto social?», ob. cit., p. 30).
38. La carta de Sandoval López (30 de septiembre de 2011) se queja de que los nuevos taxis privados no se preocupan por la gente, y sugirió que «incentivar la solidaridad» disminuyendo los impuestos para aquellos que cobren precios más asequibles y permitan la supervisión social de las personas. Véase también Camila Piñeiro Harnecker, ob. cit.
39. Véanse Fariñas Carmona, Granma, La Habana, 23 de septiembre de 2011; Pastor Batista Valdés, «Prestos para el disfrute, escurridizos en el aporte», Granma, La Habana, 4 de octubre de 2011; Lenier González, en dossier «Cuba: ¿hacia un nuevo pacto social?», ob. cit., pp. 22-3.
40. Véanse las cartas a Granma de González Cruz (7 de enero de 2011) y de Marichal Castillo (14 de mayo de 2011).
41. Véanse las cartas a Granma de Rodríguez Vega (23 de septiembre de 2011), Paéz del Amo (9 de septiembre de 2011) y Arteaga Pérez (20 de mayo de 2011).
42. De combinar la planificación y el mercado, se pasó a mantener la planificación como herramienta central y «teniendo en cuenta el mercado» (Lineamiento n. 1). De que las empresas del Estado pudieran fijar los precios libremente, se cambió a «revisar integralmente el Sistema de Precios» (Lineamiento n. 67), aunque sin decir cómo se va a hacer. Véase Partido Comunista de Cuba, Lineamientos de la política económica y social del Partido y la Revolución (Resolución aprobada en el VI Congreso del PCC, junio de 2011, disponible en www.congresopcc.cip.cu).
43. De los quinientos mil trabajadores estatales que iban a ser declarados «disponibles» solo lo han sido menos de ciento cincuenta mil (Reuters, 10 de mayo de 2011).
44. Rafael Hernández, ob. cit., p. 29.
45. Lineamientos…, pp. 21-2 y 38.
46. La carta de Regalado García (12 de marzo de 2010) alerta sobre el riesgo de «volver al pasado».
47. Muchas de las cartas a la dirección de Granma ya citadas que proponen la creación de cooperativas defienden que es la mejor manera de lograr el sentido de pertenencia. Isabel Castañeda y Gonzalo Rubio («Una opinión: mirar adelante con sentido crítico y con ciencia», Granma, La Habana, 2 de septiembre de 2011) proponen la «co-propiedad» o cogestión en las empresas estatales

sábado, 22 de septiembre de 2012

Consumo de maíz de Monsanto causó horribles tumores en ratones


 
Las ratas alimentadas durante toda su vida con maíz transgénico de Monsanto o expuestas mediante el consumo de agua a su fertilizante más vendido, Roundup, sufrieron tumores y daños múltiples en sus órganos, según un estudio francés publicado este miércoles, el cual generó duras críticas de expertos independientes.
El consumo de maíz genéticamente modificado (maíz GM) y los niveles de consumo de trazas del fertilizante químico “Roundup” de Monsanto causó el desarrolló de tumores horribles en ratones de laboratorio, además de daño generalizado a órganos y muerte prematura. Esa es la conclusión de un impactante estudio donde se examinaron los efectos a largo plazo del consumo de maíz transgénico de Monsanto.
El estudio ha sido considerado como “la investigación más exhaustiva jamás publicada sobre los efectos sanitarios de los cultivos de alimentos genéticamente modificados y el herbicida Roundup en ratas.”
Las noticias de estos hallazgos se está extendiendo como un reguero de pólvora a través de Internet, incluso con los medios de comunicación aparentemente en estado de shock por las fotos de ratas con tumores múltiples y grotescos … tumores tan grandes que las ratas incluso tenían dificultad para respirar en algunos casos.
“Monsanto Roundup herbicida y el maíz GM implicado en chocante nuevo estudio sobre el cáncer”, escribió The Grocery, una popular publicación del Reino Unido.
“Los científicos encontraron que las ratas expuestas a la más mínima cantidad, desarrollaron tumores mamarios y hepáticos graves y daño a los riñones desde los cuatro meses en los machos y desde los siete meses para las hembras.”
El Daily Mail en tanto informó que “”Los animales con la dieta GM sufrieron tumores mamarios (…). Los investigadores dijeron que el 50 por ciento de los machos y el 70 por ciento de las hembras murió prematuramente, en comparación con sólo el 30 por ciento y 20 por ciento en el grupo de control”.
El estudio, dirigido por Gilles-Eric Séralini, de la Universidad de Caen, fue el primero que examina a largo plazo (toda la vida) efectos del consumo de organismos modificados genéticamente.

viernes, 21 de septiembre de 2012

Uruguay EL SISTEMA INTEGRADO DE SALUD, NO INTEGRA SINO..

Montevideo- Setiembre2012- MOV.LA SALUD PARA TODOS

EL SISTEMA INTEGRADO DE SALUD, NO INTEGRA: DESINTEGRA Y DISCRIMINA.


El “Movimiento La Salud para Todos” manifiesta su extrema preocupación por una sucesión de problemas en la Salud que no se han resuelto y por aquellos que han sufrido la aplicación de parches y que nuevamente reaparecen.

La indiferencia de las autoridades ministeriales en la búsqueda de los elementos centrales que boicotean el avance de la Reforma, hacen de que la salud en Uruguay sea un barco a la deriva.

 Por lo tanto el proceso de la Reforma  hasta el momento deja más dudas que certezas y grandes objetivos que se delinearon en equipos multidisciplinarios  no han logrado la concreción real de Programas que solo están en el papel y no han tenido aplicación.

  Los que se han aplicado sufren de deficiencias de gestión, de falta de controles y de afectación permanente a los usuarios.

La indiferencia a los problemas que vive la gente.

 El no otorgar un pedido de entrevista a representantes de nuestra Organización de Usuarios, redactada en carácter de urgente el 14 de Abril al Ministro Venegas y que hasta hoy no fue concedida, la consideramos como un hecho gravisimo.

 En ella decíamos que le informaríamos de gravísimas situaciones que se dan en un Hospital del Interior, donde un funcionario de la salud que sigue ejerciendo su profesión debería estar entre rejas y por muchos años.

Ni el Ministro ni la Justicia estuvieron dispuestos a escucharnos.

No compartimos que esa deba ser la actitud cuando lo que esta en juego es la salud de la gente e  ignorando a los que trabajamos honorariamente dentro de los Hospitales donde se atiende la gente humilde de este país.

Estos son solo algunos de los actos de falta de dialogo para afrontar los problemas de la Salud.

Sabemos que no estamos solos. Son cientos de miles los uruguayos que chocan contra esa Muralla de la Indiferencia en todos los niveles de los organismos del gobierno.

Si estás conmigo, acompáñame, pero camina detrás de mí, no me saques protagonismo. Si eres critico y tienes propuestas, pues no las necesitamos. Solo necesitamos aquellos que nos apoyan en todo, levantando la mano y en silencio, aquellos que no critican nuestra gestión son los aliados verdaderos.

Desprecio y actitudes autoritarias de un gobierno que en su Programa plasmo cambios para ser denominado gobierno de izquierda, pero que hoy decepciona y traiciona principios prometidos a cientos de miles de uruguayos.

El Señor Venegas dijo que Uruguay estaba segundo en el mundo después de Cuba en niveles de atención de Salud. Lo dijo hace dos meses atrás en entrevista con la publicista Sonia Brescia en 1410-AM Libre.

El grado de subestimación a la inteligencia de la gente los aleja cada vez más de la credibilidad y los pone en un punto inaccesible.

 Encerrados en sus despachos, pero jamás proponiendose pasar por 8 de Octubre al norte y aparecerse en cualquier Policlínica donde habitan los cientos de miles de pobres de este país y ver en que condiciones atienden esas Policlinicas y como se efectiviza la violación de los derechos humanos.

 Siempre de espaldas a la realidad, con un discurso de que todo está maravilloso y que lo que aun no se ha solucionado está en proceso de realización.

Son innumerables los proyectos a futuro y los que abortaron también. Todo está por hacerse a siete años y medio de un país que lleva 9 años de crecimiento del producto bruto interno.

 La creación de un Sistema Integrado de Salud anunciaba como eje central  la Atención Primaria, apuntando a que cumpliría un rol fundamental y  fue un fracaso.

 El fortalecimiento económico de las instituciones privadas financiadas desde el Estado o desde ASSE ha sido lo mas visible en esta Reforma

Achicar el número de afiliados en la Salud Publica para transferirlos a lo Privado.

De esa manera el Presupuesto mega millonario para ASSE, haría que cada afiliado de la Salud Publica tuviera más dinero per cápita para recibir una atención mucho mejor que la anterior.

No solo empeoro la asistencia sanitaria en Salud Publica, sino que las Mutualistas Privadas crecieron económicamente e invirtieron en edificaciones, ampliaciones, policlínicas nuevas, tecnología, pero no en Recursos Humanos pues la gente es bastante dócil en este país y puede hacer una cola de tres horas en la Medica Uruguaya para levantar un medicamento o pedir hora para un especialista con 2 o tres meses de demora.

Mientras tanto en Salud Publica falta Insulina, tirillas para controles de diabetes, medicación esencial, se suspenden operaciones coordinadas por infinidad de motivos y gente que viene de Artigas, de Rivera, de Tacuarembo debe volverse para luego de dos o tres meses regresar nuevamente corriendo el mismo riesgo.

La política general del Gobierno de privatizar el país, no deja afuera a la Salud.

Se firmo el plan de emergencia sanitaria con los anestésico-quirúrgicos cuando la lista de espera en el Uruguay superaba los 5000 pacientes para ser operados a fines del 2010.

Y quedo un faltante de dinero en ASSE que a más de un año de auditoría no arroja resultados para saber donde esta ese dinero, que estaba destinado a cubrir 700 vacantes.

 Evidentemente que está en los bolsillos de la sociedad anestésico-quirúrgica.

 Los anestesistas ganaron 600 mil pesos por mes en ese periodo. Hoy tienen un sueldo que se ha visto reducido apenas a 400 mil pesos mensuales y son los DUEÑOS DE LA SALUD EN EL URUGUAY. Esta es una forma clara de realizar la redistribución de la riqueza en el Uruguay.

 El modelo sigue siendo mercantilista, biologisista y medicalizado.

El Acto Medico que en el Programa de Gobierno era una prioridad a dejar sin efecto, nadie mas hablo de él.

Directores de Hospitales, Directores Departamentales y Jefes de Servicio (cooperativistas de instituciones privadas) tienen el mando y las decisiones en las instituciones publicas, cumpliendo con una doble función y conjunción de intereses que jamás debería haber existido. Este hecho lo venimos denunciando por escrito desde la época de la Ministra Muñoz y consideramos que el espíritu de la Ley 18211 establece claramente que estas situaciones son contrarias a la ética de un Gobierno que dice defender los intereses de la Salud Publica.  En los hechos contribuye dia a dia a que la brecha se haga mas profunda: SALUD PARA RICOS Y SALUD PARA POBRES.

 Se permitió el crecimiento y la consolidación de las corporaciones medicas y hoy los cirujanos renuncian en masa  a sus cargos en Salud Publica amenazando con el colapso, el caos y que más gente haga el esfuerzo y se vaya a una mutualista privada creyendo que allí estarán mejor atendidos. Tenemos muchísimas situaciones de usuarios de la Salud Privada que plantean también deficiencias varias de esas instituciones

 Los cirujanos se sentaran a la mesa de negociación con varios puntos a favor frente al debilitado MSP.

Son empresas unipersonales y para ellos no corre la esencialidad. “O me das lo que pido o te colapso todo el sistema público”. Amparados en el artículo 410 decretado en el gobierno de Lacalle, las Unidades Ejecutoras nombran las Comisiones de Apoyo y estas últimas dan ingreso a cirujanos entre otros utilizando el dinero de las vacantes que no son concursadas. Con este artículo 410, se sigue la política de la dictadura militar: NO CONCURSAR. Se desperdiciaron años y no se corrigió el articulo 410 y hoy los cirujanos y mañana los oftalmólogos y pasado los neonatólogos, también renunciaran y no podrán decretarles la esencialidad pues no van a la huelga, RENUNCIAN. Si la Justicia interviene fallara a favor de los médicos. Las medidas que ellos toman son discutidas previamente por los más prestigiosos y numerosos equipos jurídicos que cada corporación tiene. El decreto de 1991 les dio las armas y el gobierno en 7 años y medio no tuvo tiempo para modificar esta aberración. Hoy tienen las armas y las ponen arriba de la mesa para negociar.

Los médicos no quieren presupuestarse, pues eso los obliga a abandonar un cargo y los reglamenta y entonces si es posible aplicarles la esencialidad. Con el Artículo 410 están cómodos y la correlación de fuerzas se les vuelve a favor, como pasa hoy.

Discrepamos con el ultimo anuncio del MSP. ejerceciendo presión y amenazando en el medio de una negociación en la cual el MSP esta en clara desventaja por la sencilla razón, de que en Uruguay carecemos de especialistas en varios rubros: anestesistas, oftalmólogos, pediatras, urólogos traumatologos, etc.

 Lo que se tendría que haber empezado a solucionar hace 7 años atrás, no puede resolverse con un decreto o una imposicion que unifica a las corporaciones medicas y desestabiliza aun mas a todo el Sistema de Salud y somos los usuarios los únicos perjudicados.

Proponemos una vez mas que el Departamento de Graduados de Facultad de Medicina (UDELAR) se proponga la formación de Recursos Humanos planificada y seriamente. Que se eliminen los cupos desde las Catedras y que los cursos de posgrado tengan alicientes que no lleven al abandono de la especialidad. Estaremos atentos en la defensa de los derechos de los usuarios y tomaremos posición todas las veces que sea necesario. Aquí esta en juego: LA VIDA DE LA GENTE

  SECRETARIA                                     PRESIDENTE

jueves, 20 de septiembre de 2012

Uruguay: Situación de la Comunidad Charrúa de Guichón

14 Agosto 2012


 DEPARTAMENTO DE PAYSANDÚ


Zona en donde los charrúas son afectados por la fumigaciónes transgenicas La comunidad de Guichón ubicada al este del departamento de Paysandú, cuenta con una población de 5000 habitantes. En el marco de un paisaje insuperable, Guichón y sus alrededores, afincados sobre las estribaciones de la Cuchilla de Haedo, cuentan con un entorno de innumerables bienes naturales: palmares, monte nativo, ríos, arroyos, flora y fauna. El río Queguay, "lugar donde fluyen los ensueños", nace como un hilo de agua en la Cuchilla de Haedo y riega con todos sus afluentes un vasto territorio colmándolo de vida. Allí, en el monte indígena, se dan cita un sinnúmero de aves, y especies que habitan en las márgenes de ríos y arroyos. Los montes del Queguay son parte del territorio donde nuestros ancestros vivieron sabiamente en armonía con la naturaleza y donde encontraron cobijo en tiempos de persecución y muerte. Monte sagrado `por todo lo que significa para nuestro pueblo Charrúa.

 Calzada del Río Queguay En este marco la comunidad de Guichón, al igual que otras del otros puntos del país, ha vivido en un periodo de veinte años, el arribo de las empresas forestales y en no más de diez años la llegada de la agro industria sojera, acompañada de los monocultivos de transgénicos. Todo este paquete viene de la mano de un gigantesco cóctel de uso masivo e indiscriminado de agrotóxicos. Desde la comunidad charrúa local Inchalá Guidaí - que forma parte del Consejo de la Nación Charrúa (CONACHA) - no estamos ajenos a esta situación. Vemos con tristeza y desazón como se prioriza la rentabilidad de las multinacionales por encima de la vida y la salud de las comunidades locales y como las autoridades competentes (Ministerio de Salud Pública, Dirección Nacional de Medio Ambiente, Ministerio de Ganadería Agricultura y Pesca) han flexibilizado criterios y parámetros de control, dejando a las comunidades huérfanas de autoridad, siendo los originarios de estas tierras quienes debemos velar sin tregua por la preservación de nuestros bienes naturales. "Este modelo que ha transformado de forma inédita las formas de producción en la agricultura, y que ha provocado un aumento sin precedentes en la productividad del trabajo y la producción de alimentos y riqueza, contrasta con problemas crónicos del medio rural como el hambre y la pobreza, la expulsión de productores y la destrucción ambiental. Todo esto obliga a juzgar ese modelo críticamente"13. Como integrantes de comunidades afectadas por este modelo agroindustrial, una de nuestras mayores preocupaciones es la posible contaminación del nuestros cursos de agua con agrotóxicos. Los cultivos antes mencionados llegan hasta escasos metros de las cuencas y micro cuencas hídricas, que es desde donde se toma agua para las Unidades Potabilizadoras de Agua (UPA), estas unidades pertenecen a OSE14 , organismo del estado que regula todo lo referido a agua en Uruguay.

Fumigación en plantación de soja transgenica. Específicamente en la comunidad de Guichón las UPA, así como el arroyo que las abastece, están totalmente expuestos a las fumigaciones masivas con agrotóxicos, dado que las mismas tienen un sistema de piletas de decantación que se encuentra a cielo abierto. Las plantaciones llegan hasta 40 metros de la planta potabilizadora y a 30 metros del arroyo del que se toma el agua, no existiendo legislación al respecto que regule esta situación, que es por demás preocupante, dado que no se realizan análisis que detecten residuos de agro tóxicos en agua, desde los organismos competentes del estado. Esta situación genera en nuestra comunidad la permanente incertidumbre de la posible contaminación del agua que llega a nuestros hogares. En este sentido no podemos perder de vista los perjuicios que esta contaminación trae a la salud de quienes aquí habitamos. Puntualmente relacionamos este hecho con el aumento de enfermedades tales como alergias, dermatitis, cáncer, anomalías en glándula tiroidea, etc., esto es una simple lectura desde nuestra percepción de la realidad cotidiana. Percepción que hemos hecho llegar a las autoridades locales y departamentales de la salud, sin haber tenido una respuesta institucional concreta. Esto nos lleva a buscar y generar acciones paralelas desde la sociedad civil. Una de estas acciones efectuadas desde la comunidad charrúa Inchalá Guidaí en este sentido, fue ponernos en contacto con la "Red de Pueblos Fumigados" y con su apoyo buscar una estrategia de investigación local que dé respuesta a algunas de nuestros interrogantes. Como originarios de estas tierras, elegimos defender este territorio al que pertenecemos desde tiempos ancestrales, en los que elegimos vivir en armonía, con la Madre Tierra, con respeto, horizontalidad, dignidad y en paz.

Encuentro del Consejo de la Nación Charrúa en el Queguay. 13 Extraído de " Radiografía del Agro negocio Sojero", de Gabriel Oyhantcabal e Ignacio Narbondo 14 Organismo Sanitario del Estado.
http://consejonacioncharrua.blogspot.com/2012/08/situacion-actual-de-la-comunidad.html
http://chancharrua.wordpress.com/2012/08/14/situacion-actual-de-la-comunidad-charrua-de-guichon/

Mientras la bloquea, Cuba envía cooperantes a 51 países africanos


Publicado el 9/17/12 • en Contrainjerencia
cooperantes
RNV/Raimundo Urrechaga  – Cuba desarrolla actualmente relaciones de colaboración con 51 de los54 países que conforman el continente africano, en particular en la esfera de la salud, como parte de su política solidaria con estos pueblos, aseguró este lunes el diario Granma.
Según Kenia Serrano, presidenta del Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos, la Mayor de las Antillas refuerza su cooperación con varios proyectos en la salud que tienen un impacto muy positivo en el mejoramiento de los indicadores en ese sector y en la atención directa a la población más necesitada de los países receptores.
Asimismo, indicó se trabaja además en el establecimiento de acuerdos de cooperación con organismos regionales y subregionales africanos, como complemento a la colaboración bilateral y en el apoyo de terceros países e instituciones internacionales para proyectos en ese continente a través de la cooperación triangular.
Serrano además apuntó que desde hace 49 años la Revolución Cubana inició su colaboración internacionalista con otras naciones, a partir del envío a Argelia de la primera brigada médica en 1963.
Desde entonces, cerca de 40 mil jóvenes africanos se han formado en las más diversas especialidades en Cuba como parte de los acuerdos firmados a través de los años entre la Isla y varias naciones de ese continente.
Como parte de esta integración se celebrará en Etiopía, del 21 al 23 de septiembre próximo, el IV Encuentro Regional Africano de Solidaridad con Cuba donde se prevé un respaldo rotundo del continente en la lucha de la Isla por el levantamiento del bloqueo que Estados Unidos impone a esta nación caribeña hace más de medio siglo.
Voces africanas pertenecientes a miles de asociaciones de amistad con Cuba en ese continente también exigirán en la cita la liberación de los cinco antiterroristas cubanos detenidos en Estados Unidos desde 1998 de manera injusta.

Tomado de Noticias Uruguayas http://noticiasuruguayas.blogspot.com/

Chile: De la independencia colonial a la dependencia empresarial

Chile, 202 años:


Martes, 18 de Septiembre de 2012 10:40 Paul Walder- Clarín
torre_Luego de más de tres décadas de “reformas económicas estructurales” para instalar el modelo de libre mercado desregulado, Chile ha terminado convertido en otro país, en una nación defendida a rajatabla por aliancistas y concertacionistas que tras la ilusión del consumo y su publicitada modernidad, ha comenzado a exhibir las opacidades de su realidad.
Los ritos celebrados a inicios de la transición democrática, como fue el iceberg remolcado desde la Antártica hacia el verano andaluz para demostrar el encuentro de empresarios y socialdemócratas de ambos continentes, y de paso declamar la nueva independencia latinoamericana bajo la égida de los mercados, han dado paso a otra ritualidad, esta vez también en ambos continentes. Lo que se elevó como epifanía hace más de veinte años regresa como tragedia.
En este proceso, que ha creado enormes riquezas en manos de unas pocas corporaciones y un puñado de multimillonarios, no solo se ha venido abajo la economía, sino también la confianza en la política y los proyectos de vida. Como indican no pocas estadísticas, en estos treinta años la mitad del producto nacional, unos 250 mil millones de dólares anuales, está concentrado en poco más del diez por ciento de la población. Chile pasó a ser el país latinoamericano con el ingreso per cápita más alto, pero con la peor distribución en el ingreso.
Quienes defienden el modelo neoliberal lo hacen para proteger una compleja institucionalidad, en la que prevalecen los mercados controlados por las grandes corporaciones así como la estructura política, controlada por elites cooptadas por el poder económico. Sobre esta realidad, ocultada desde sus bases fundadas durante la dictadura, el discurso que se levanta cual nueva religión ha sido el de las ventajas del mercado y el acceso al consumo masivo. Bajo esta ilusión, esta adicción y encantamiento, los ciudadanos fueron perdiendo sus derechos más básicos. Con los cantos de sirena del libre mercado, no sólo se les vendió tecnología y otros trastos asiáticos, sino también el acceso a la salud, a la educación, a la energía y el agua, a la movilidad y al uso del espacio urbano. Se comercializó el derecho a vivir y a morir con dignidad. En este proceso el pueblo chileno perdió su capacidad de decidir, su libertad de elegir, su independencia.
Hemos perdido la condición de ciudadanos para tener la función de consumidores. En esta mutación, que se inició hace treinta años con las privatizaciones, cada faceta de nuestras vidas ha quedado al arbitrio de la búsqueda de rentabilidad de los inversionistas. En pocas décadas la ciudadanía fue despojada de todos los derechos obtenidos por los movimientos sociales, sindicales y políticos durante el siglo pasado, como trofeo de guerra para esos inversionistas. Aquellos derechos, tal como en las épocas más nefastas del capitalismo, pasaron a estar prohibidos o a la venta, como las antiguas conquistas laborales y todo lo demás.
LA COMERCIALIZACION DE LA VIDA
No hay área que no esté en manos del mercado. Esto es, controlada por grandes grupos económicos. Si hacemos una enumeración, posiblemente todos los sectores y rubros de la economía, salvo aquellos todavía no rentables, están en poder de inversionistas, fondos de inversión, especuladores varios y otros operadores. Desde las autopistas a la movilización colectiva, desde la telefonía a Internet, desde el agua a la electricidad, desde la salud a la educación, desde la alimentación a las ferreterías, desde los combustibles a la banca, desde la diversión -como el cine- a las farmacias, desde los cementerios al vestuario. Cada actividad humana, por muy elemental o compleja que sea, ha sido entregada a las grandes corporaciones.
El gobierno de Sebastián Piñera ha celebrado la disminución estadística de la pobreza, aun cuando el guarismo marca 14,4 por ciento: todavía casi dos millones y medio de personas viven bajo la línea de pobreza o con ingresos menores a 72 mil pesos. Si bien estas cifras son publicitadas por el gobierno, no sucede lo mismo con quienes superan ese umbral de la miseria. A partir de este portal se ingresa en la tierra desconocida, pero igualmente descampada, denominada “clase media”. Si los pobres son materia de programas sociales, compasión política, algunas ayudas y bonos, quienes han “superado la pobreza” a partir de esos 72 mil pesos han de competir en el feroz mercado de la vida.
Aquí se inicia el gran drama de la “clase media” chilena, Para solventar gastos corrientes, desde la salud, educación y los servicios básicos, ha de recurrir al esfuerzo, al ingenio y, claro está, al crédito. La cultura del mercado, que es consumo, individualismo y supervivencia, se ha trasladado a la vida diaria, a la subsistencia de la dignidad.
UN MODELO EN QUIEBRA
El sistema de vida que sostiene a la “esforzada clase media” está quebrado, ha tocado fondo. Se expresa en muchas variables, como fue la estafa de La Polar, o al observar la lista negra llamada Dicom. En enero pasado el Congreso aprobó eliminar a casi cuatro millones de deudores morosos con deudas de hasta dos millones y medio de pesos de esta base de datos. Pero a poco andar, ya había ingresado a Dicom la misma cantidad de personas. El sistema aprieta por abajo para exprimir la riqueza generada, que fluye hacia los grandes inversionistas que operan hoy todos los servicios, tendencia propia del neoliberalismo que en estas latitudes ha creado la desigual sociedad que padecemos.
Las diferencias en los ingresos que periódicamente ratifican estudios y encuestas se expresan en todas las áreas y rincones de la vida cotidiana, pero es en la institucionalidad económica y su sistema productivo donde está la fuente de la brecha. La economía de libre mercado desregulada, como gran motor de la segregación, ha modelado una estructura de los medios de producción concentrada en pocos propietarios. Un proceso que no surge de la creación de más mercado, sino de la eliminación del mercado. Cada punto de concentración de las ventas y las ganancias significa cientos o millares de pequeños productores en quiebra o en nivel de subsistencia, recortes salariales y despidos e intereses usurarios sobre los créditos.
Hace unas semanas publicamos en estas páginas lo que sucede con el mercado de la alimentación, concentrado desde la producción a la distribución. La memoria está muy fresca con la colusión entre los productores de carne de pollo, pero menos conocida es la enorme concentración de la distribución de los alimentos, con solo cuatro empresas (Cencosud, Walmart, Tottus y SMU) que controlan el 95 por ciento de las ventas. Estas cuatro corporaciones deciden qué vender y a qué precios: en este momento la Fiscalía Nacional Económica investiga una supuesta colusión en las carnes y marcas propias.
Bien conocido es el sector de la distribución farmacéutica, que también controla casi la totalidad del mercado. ¿Cómo se llegó a este extremo nivel de densidad? Eliminando del negocio a miles de pequeñas farmacias de barrio. Si en la década de los 70 existían unas dos mil farmacias, hacia los 90 quedaban no más de 1.600. Hoy, tras los procesos de fusiones y adquisiciones de los grandes grupos, sólo 500 boticas se reparten ese cinco por ciento de las ventas. Lo mismo sucede con las ferreterías. Con la fuerte penetración de Sodimac, Easy y Construmat, hacia mediados de la década de los 90 llegó la hora a las ferreterías. Si hace una década había en el país unas ocho mil ferreterías, hoy no alcanzan a 2.500. Una estadística que no relata las angustias y sufrimientos detrás de miles de quiebras.
La penetración y control de mercado se hace de esta manera: sacando a los pequeños o dejándoles la escoria. Un estudio de la Cámara Nacional de Comercio ofrece cifras impactantes. De los más de 300 mil establecimientos comerciales registrados, un 98 por ciento está en la categoría de medianas, pequeñas o microempresas. Pero las grandes empresas del sector, que son apenas el dos por ciento, concentran más de la mitad del total de las ventas. El poder de las grandes corporaciones, que ha logrado penetrar hasta en los mercados más sencillos y humildes, ofrece una doble estructura: la integración vertical. Controlan no sólo un sector de la economía, sino toda la cadena productiva. Dominan no sólo el comercio, sino la extracción, elaboración y distribución. La gran empresa adquiere características de ubicuidad, en tanto su afán de crecimiento y rentabilidad las impulsa a ganar más mercados, a sacar del escenario a la competencia en toda la cadena de producción y distribución. Es la naturaleza del libre mercado desregulado.
Algunos casos: la farmacia Cruz Verde, que tiene un 40 por ciento de las ventas de medicamentos, cuenta con el laboratorio Mint Lab Co., a través del que importa y fabrica genéricos. En la distribución tiene a Socofar y el negocio financiero lo realiza a través de Solventa, aliada con CMR Falabella. Farmacias Ahumada, que controla más del 30 por ciento del mercado de medicamentos, produce sus medicamentos a través del Laboratorio Fasa. La construcción de locales la realiza con la inmobiliaria Fasa. Este fenómeno, extendido en las farmacias, se replica también en todas las áreas de este comercio corporativo.
¿Qué efectos tiene esta doble concentración? Falta de competencia, poder ilimitado y deterioro de los empleos, lo que es, en el otro extremo, empobrecimiento y pérdida de poder. Porque cuando la economía crece, no todos los chilenos crecen por igual, como se ha visto en la evolución de la distribución de la riqueza durante los últimos cinco años. Porque si el país crece a un promedio del cuatro o cinco por ciento, las grandes corporaciones lo hacen, como la minería o la banca, a tasas sobre el veinte por ciento. En el otro extremo están los trabajadores y las pequeñas empresas. La evolución de los salarios y de las ventas apenas registra tasas del uno por ciento al año. Esta economía de varias velocidades sólo tiene una explicación: la apropiación de la riqueza a través del control de los mercados, pero también, por la utilización de mano de obra barata, desregulada y desorganizada (hasta ahora), por unas pocas gigantescas corporaciones.
LA EDUCACION DE MERCADO
Esta misma estrategia se reproduce en todos los “mercados de servicios”, como por ejemplo la educación. Pero aquí ha habido un quiebre: la ambición desmedida de inversionistas y especuladores ha llevado a liquidar este “mercado”, lo que ha gatillado por primera vez en décadas una protesta generalizado que surge desde una ciudadanía consciente.
El estudio de Cenda sobre el que se basó la Confech el año pasado para apoyar sus demandas nos da una clara pista de los extremos inmorales de este negocio. El monto promedio de los créditos contratados para financiar la educación superior en 2010 fue de 1,46 millones de pesos por alumno. Con esta base promedio, el endeudamiento total de un alumno que cursa una carrera de cinco años fue de 7,3 millones de pesos y más de 10 millones si estudia siete años en una carrera de costo promedio. Esta cifra sube considerablemente y puede duplicarse en el caso de alumnos de carreras largas y caras, como medicina.
Teniendo en cuenta el mercado laboral, su informalidad, inestabilidad y el deprimido nivel de remuneraciones promedio, los futuros profesionales no ganarán lo suficiente para solventar estos dividendos. Es decir, “aquí hay un castigo que se acarreará por gran parte de la vida laboral sobre aquellos que contrataron créditos, quienes en su mayoría provienen de sectores medios y populares”. Se trata de otro dato para la desigualdad.
¿Y cómo solventa sus niveles de consumo la “clase media”? No con mejores salarios, sino con más endeudamiento, lo que finalmente redunda en buenos negocios para la banca y en un aumento de las diferencias en la distribución de los ingresos: por cada crédito el deudor se empobrece y la corporación financiera se enriquece. Si se revisa el nivel de endeudamiento de las familias chilenas durante los últimos años se puede observar un persistente aumento. Desde 2003 a 2008 la relación de la deuda sobre los ingresos disponibles pasó desde 33,4 por ciento a 60,2 por ciento, según se desprende de un informe del banco BBVA. Este aumento constante de las deudas familiares se debe a que los ingresos, generalmente salarios, han crecido muy por detrás de los préstamos.
La salida hacia el desarrollo, entendido no como paraíso del consumo sino como dignidad y justicia, no está ni en las estériles políticas asistenciales, ni en el engaño publicitario ni en la fruición por el emprendimiento, entregado éste a la competencia voraz de las grandes corporaciones. El desarrollo es la reducción de las brechas y el acceso universal a todas las oportunidades, algo que hemos perdido durante la pesadilla neoliberal.
PAUL WALDER
Publicado en “Punto Final”, edición Nº 766, 14 de septiembre, 2012