jueves, 8 de noviembre de 2012

Entrevista: JORGE HERNANDEZ MARTINEZ, EXPERTO CUBANO EN EE.UU.


EL MUNDO › JORGE HERNANDEZ MARTINEZ, EXPERTO CUBANO EN EE.UU.

“No se ponen de acuerdo sobre el proyecto de nación”

En medio de la conferencia de Clacso, el director del Centro de Estudios Hemisféricos y sobre Estados Unidos de la Universidad de La Habana expuso a Página/12 su análisis de las tendencias norteamericanas profundas.


Por Martín Granovsky
Desde México D.F.
Sociólogo y politólogo, Jorge Hernández Martínez dirige desde hace 15 años el Centro de Estudios Hemisféricos y sobre Estados Unidos de la Universidad de La Habana. Un sismo de 7,3 grados no impidió conversar con él en México, durante la Conferencia Latinoamericana y Caribeña de Ciencias Sociales organizada por el Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales.
–¿Qué hay que mirar, según las investigación del Centro de Estudios Hemisféricos, si uno quiere entender algo más que los resultados electorales en los Estados Unidos? –En nuestro centro le prestamos atención al contexto histórico y estructural. No nos conformamos con observar las presidenciales cada cuatro años. Partimos de un análisis: los Estados Unidos viven un proceso de profundas transformaciones en los últimos 30 años, sobre todo cuando se empezó a hablar de la “Revolución Conservadora”, con el gobierno de Ronald Reagan, desde 1981. Los cambios son económicos por el agotamiento del patrón de acumulación que definía a los Estados Unidos, pero también cambiaron la política y la ideología y se produjeron cambios culturales.
–Paul Krugman dijo que la desigualdad profundizada en la época de Reagan es fruto de una decisión política. –No coincido. Se fisura un modelo. Se agota el esquema del New Deal y de la salida de la Gran Depresión. Para mí es agotamiento y no fracaso. Es lo mismo que en el amor. Puede fracasar la relación y la pareja busca otra forma de seguir, pero si se acabó el amor no hay nada que hacer. Lo que se agotó fue el modelo de Estado “intruso”. No les daba soluciones a los problemas del capitalismo monopolista de Estado sacudido por muchas contradicciones.
–¿Y ya no hubo vuelta atrás, de Reagan en adelante? –En los años que siguieron, con el gobierno de George Bush padre y después con los gobiernos de George Bush hijo, siguieron los lineamientos de aquel esquema económico. El viejo patrón asomó a la superficie de alguna manera con Bill Clinton, aunque no de la manera tradicional. Con Clinton se vieron frustradas las expectativas de que reverdeciera el liberalismo, para decirlo en términos norteamericanos. Con Barack Obama se reiteraron las expectativas, aunque fueron distintas. En la campaña de 2008 Obama capturó las necesidades objetivas de cambio por parte de la sociedad y las formuló en el plano subjetivo bajo la consigna, justamente, de cambio. Change. No se sabía bien cuál era el sentido, pero ahí estaban las expectativas y la consigna.
–El propio Obama en sí mismo era un cambio, ¿no? –Negro, joven, ancestros extranjeros. Y además tenía como referencia el doble mandato de Bush, republicano, conservador y con retórica dura.
–Blanco, anglosajón y protestante. Bien Wasp. –Sí. Obama prometía lavar el rostro de América y resolver problemas económicos. Tuvo un poco de mala suerte con la crisis de 2008 y después de asumir, en 2009, tuvo que bailar con la más fea.
–¿Qué cambios se produjeron entre ese ciclo de 30 años y este ciclo último dentro del otro, posterior a la caída de Lehman Brothers? –Estamos ante un proceso de transformaciones de la sociedad norteamericana, con desplazamientos de las empresas que se van del cinturón del hielo, en el norte, al cinturón del sol, cerca de la frontera con México. Se fue transformando el mapa social y geográfico. Los Estados Unidos al mismo tiempo siguieron llenándose de inmigrantes y eso fue rompiendo el ideal un poco mítico (ya eran policromáticos) de la homogeneidad. Los hispanos se convirtieron en la mayor de las llamadas minorías. Por eso se discutió el bilingüismo, el uso del español y aparecieron otros nombres en la música y la literatura. Por eso nacieron los estereotipos: el hombre latino bebedor y violento, la mujer latina voluptuosa y ligera. Por eso la popularidad de Shakira. Destaco un fenómeno paradójico: de una parte, una mayor aceptación de los inmigrantes hispanos; de otra parte, el renacimiento de las ideas más nativistas, intolerantes y racistas. Samuel Huntington escribió su artículo “El reto hispano”. Fue como un alerta a los sectores dominantes, supuestos herederos de los padres peregrinos. Pero los Estados Unidos afrontan otros desafíos. Hay cierto envejecimiento por la simultánea prolongación de la esperanza de vida y el tamaño pequeño de las familias. Una preocupación para dentro de dos decenios.
–¿En qué pueden agravarse? –Ultimamente se habla mucho a nivel sociológico de proyecto de vida y menos de proyecto de nación. Un proyecto de vida define cuántos hijos tener, dónde radicarse, qué cosas adquirir, qué países conocer. El proyecto de nación tiene otros indicadores, como la relación entre el individuo y el Estado y entre el Estado y la sociedad civil. La sociedad norteamericana no se pone de acuerdo sobre un proyecto de nación. Se discuten el aborto, la discriminación, las relaciones exteriores. Hay disonancias y contraposiciones.
–¿Cuál es la profundidad de la crisis? –Los Estados Unidos no están en crisis total, pero sí en fase de depresión. En términos de corto y mediano plazo no parece que se vaya a producir una recuperación de la salud económica, mientras que en lo ideológico y cultural pareciera que se intensificarán las tendencias a la intolerancia. El investigador chileno Luis Maira dijo hace muchos años, cuando estudió a los Estados Unidos durante su exilio mexicano, que lo peor que le puede pasar a un sistema político es cuando se combina lo siguiente: está agotado el proyecto nacional que lo ha sostenido, están creadas las condiciones para un cambio histórico y no está articulado aún un proyecto alternativo. Esa combinación no les da al Estado y al gobierno la posibilidad de desarrollarse sino solo la de administrar la crisis.
–¿Cuál es el grado previsible de atención que recibirá América latina en los próximos años? –Lars Schultz, un latinoamericanista, dice que los Estados Unidos siempre tuvieron un interés triple: los intereses económicos obvios, los estratégico-militares y los intereses simbólicos. Y que por esas razones no pueden desentenderse del ámbito latinoamericano. La conclusión nuestra es que América latina no será prioritaria en comparación con el Medio Oriente, pero eso no quiere decir que no tendrá importancia. El hecho de que en el 2009 se diera el golpe del 28 de junio en Honduras y se ampliara el sistema de bases militares, revela como mínimo un contubernio y deja al desnudo el interés más convencional. El caso cubano es el paradigmático. Obama tomó algunas medidas leves, que no se pueden desconocer, como flexibilizar los viajes familiares y las remesas, pero no introdujo cambios significativos en el bloqueo y el embargo y mantuvo el intrusismo en la realidad cubana. El Plan Colombia es menos mencionado pero sigue en pie, y del Plan México ni hablar. La idea es respaldar a México para favorecer el control de la propia nación mexicana y extender los brazos en Centroamérica. Y donde termina, ahí está Colombia, al norte de la región andina y del Cono Sur.
martin.granovsky@gmail.com

Tomado de http://www.pagina12.com.ar/diario/elmundo/4-207364-2012-11-08.html

martes, 6 de noviembre de 2012

Analisis Lo que el FA se olvido, o le falta para concretar

En nuestro país hemos visto en los dos últimos gobiernos la forma escandalosa en que éstos se han apeado de todos los principios que la colectividad de izquierda ha mantenido durante casi medio siglo y que se plasmaron en los siguientes cuatro puntos de las Bases Programáticas del Frente Amplio, antes de asumir el gobierno:
-Reforma Agraria
-Nacionalización de la Banca Privada.
-Nacionalización de los principales rubros del comercio exterior.
-Enérgica acción industrial del Estado, incluyendo la nacionalización de la industria frigorífica.
Ahora veamos cuales son los logros en estos factores de siete años de gobierno que debería haber sido del Frente Amplio.

Reforma Agraria
La cuestión de la propiedad de la tierra es fundamental en nuestro país, donde el propietario de la tierra es también el que controla el poder sobre todos sus estamentos.
El Instituto de Colonización tiene como meta distribuir la propiedad de la tierra.
Dispone de medios legislativos y administrativos para otorgar la propiedad de la tierra a colonos individuales u organizados en cooperativas agrarias.
Tiene la módica meta de distribuir 55.000 hectáreas en cinco años. El resultado práctico es muy inferior a esta meta. Un gobierno y una fuerza política que de verdad apuntaran hacia la reforma agraria podría estar, por lo menos, a la par con dicho objetivo.
En cambio, se ve a los cañeros del Norte movilizados como hace muchos años exigiendo con la consigna de siempre “tierra para el que la trabaja”, con el poder ejecutivo en su contra.
Como un ejemplo práctico de la política gubernamental de distribución de la tierra tenemos su actuación en el caso de NeyThedy, viejo cañero de los de la época del Bebe Sendic, quien fue ejecutado por una deuda de 2500 dólares, mientras que se refinancia la deuda de grandes propietarios y se concentra la propiedad de un millón de hectáreas en las manos de 12 empresas extranjeras.
Entre las cláusulas secretas del contrato del Estado con la empresa Montes del Plata, de propiedad de la sueca Stora, la finlandesa Enso y la chilena de capitales americanos Arauco, figura: “El Gobierno asumió además el compromiso de que el Instituto de Colonización no ejercerá la opción de compra de las tierras que serán transferidas por las empresas Eufores y El Esparragal – vinculadas a Ence – a Montes del Plata, en la medida que se manejen ‘valores de mercado’”.
Los resultados de esa política están a la vista: 1) Concentración de la tierra 2) Extranjerización de la tierra 3) Expulsión de la población rural 4) Degradación ambiental.
Y no me quiero extender más sobre este tema para acercarme a mis conclusiones. Sólo quiero mencionar el caso de la compañía minera Aratirí, apoyada por el gobierno, localizada en el paraíso fiscal de Jersey, sede de empresas turbias, que pretende construir una mina de explotación a cielo abierto con un ducto que afectaría en forma catastrófica en total la ecología de cinco o seis departamentos, incluido Rocha.

Nacionalización de la Banca Privada
En este sentido nada ha sido hecho. En cambio lo que sí se hizo fue aprobar una ley por la que los Peirano, culpables de estafa por miles de millones de dólares que tuvimos que pagar todos y por los que muchos cayeron en la miseria y en la indigencia y que seguramente ha conducido hasta a la muerte a algunos por este motivo, fueran liberados y hasta consiguieran la ventajita de que se eliminaran sus antecedentes delictivos. Como sabemos, el artífice de esta maniobra parlamentaria fue el ex ministro del Frente Amplio Gonzalo Fernández y fue aprobada por el poder legislativo durante este gobierno.

Nacionalización de los principales rubros del comercio exteriorLo que se ha realizado es más bien todo lo contrario: concesiones fabulosas, incluyendo zonas francas a las empresas extranjeras, en particular a Botnia/UPM, a Montes del Plata y a la minera Aratirí.
Montes de Plata tiene 250.000 hectáreas en su propiedad, con libertad de plantar eucaliptus aun en la zona del departamento de Colonia, por un permiso especial incluido en una de las cláusulas secretas de su contrato con el estado.
Los frigoríficos están en manos brasileñas y las plantaciones de soja transgénica, que ahora abarcan 850.000 hectáreas, están en manos de empresas argentinas.

Enérgica acción industrial del Estado, incluyendo la nacionalización de la industria frigorífica.
Bueno, esto es una especie de broma pesada; los frigoríficos están todos en manos brasileñas.

Entonces, ¿qué hacemos los que queremos un cambio verdaderamente radical de los medios de producción, que los queremos en manos de los que trabajan?
Una de las alternativas posibles, que ha sido encarada por algunos compañeros honestos, es la de militar adentro del Frente Amplio por este tipo de postulados revolucionarios y por lo tanto girar su timón hacia la izquierda. Se arriesga de ese modo de cohonestar una fuerza política y su expresión gubernamental, ni más ni menos que lo que hacían los sectores de izquierda de los partidos tradicionales, para barrer votos de todas las tendencias posibles. No olvidemos que, por ejemplo, Pacheco resultó presidente por los votos del sector de Michelini.
A nuestro entender, se podrá luchar otros treinta o cuarenta años para que al final el embudo electoralista burgués encarame a otro Vázquez o a otro Mujica porque cuentan con un aparato mediático, que implica también considerables medios económicos, para que vuelvan a desvirtuar todo y algún otro grupo de honestos militantes de izquierda lo vuelva a intentar otra vez.
La reforma agraria, por ejemplo, es un instrumento revolucionario fundamental, que afecta el núcleo del poder en nuestro país, y que, por lo tanto, jamás podrá ser obtenida por medios electorales de la democracia burguesa.
Sabemos, porque muchos teóricos ya lo han demostrado y porque se ha visto en la historia, que no es posible el cambio de las estructuras de poder por la vía burguesa. Este cambio va a ser posible solamente luego de anular el aparato armado, las fuerzas armadas del estado burgués.
Un gobierno en la democracia, ya sea de izquierda o de derecha, lo único que hace es administrar el verdadero poder, que está en manos de la oligarquía. Y este gobierno lo que hace es sólo maquillar la faz brutal de este poder descarnado. Hemos visto muchas veces en la historia que el poder tolera las protestas de proletarios y asalariados, sólo hasta cierto punto. Los mártires de Chicago, en cuya conmemoración se celebra en todo el mundo el primero de mayo, fueron ejecutados porque la hipocresía de la democracia burguesa cedió para mostrar su verdadera faz.
Entonces:¿ meterse en la maquinaria electoralista para qué?
¿Qué fines podemos alcanzar por ese medio?
Plantearse que vamos a avanzar en el sentido de la reforma agraria en nuestro país solamente dentro de la estructura de la democracia burguesa no tiene sentido.
Pero sí hay logros posibles que permiten avanzar en el camino de la revolución, en el único sentido posible, ganando la conciencia del pueblo. Y entiendo que éstos pueden ser modestos, pero son fundamentales.
Me refiero a la posibilidad de agitar, en el sentido pedagógico del término, o sea de explicar a la gente por todos los medios, grandes o pequeños, a nuestro alcance, qué es el verdadero poder popular e irlo construyendo desde su base.
Pero teniendo en cuenta siempre que lo esencial es el cambio revolucionario; agitar por la reforma agraria, por la nacionalización del comercio exterior, en general por los postulados enunciados por el Bebe Sendic en el estadio Franzini:
- expropiar sin indemnizar los latifundios estatizar las propiedades mayores de 2500 hás, pasar a administrarlas con formas populares de gestión y repoblar la campaña con los expulsados de la tierra que pueblan el cinturón metropolitano;
- impulsar un frente latinoamericano de países deudores para el no pago de la deuda externa, considerando que fue un negocio para resolver los problemas del capital ocioso  y que ya ha sido suficientemente pagada con el hambre y la miseria de los pueblos;
- estatizar la banca y los mecanismos de especulación capitalista, para recuperar el dominio de la economía nacional;
- congelar los grandes depósitos bancarios para financiar un aumento sustantivo de los salarios (que el ingreso de cada familia alcance la canasta familiar), incentivando de esa manera la demanda interna y creando puestos de trabajo para abastecerla.
Los que queremos impulsar la verdadera revolución debemos agitar estos principios, independientemente de si estamos adentro o afuera de cualquier estructura electoralista burguesa, incluido el Frente Amplio.
Nuestra participación en cualquiera de las instancias del proceso electoralista burgués tendría, a nuestro juicio dos falencias importantes, a saber:
-trasmitir el mensaje a nuestros hijos, familiares, amigos y demás contactos personales de que está bien, y hasta de que es suficiente esa participación popular en los procesos de decisión cada cinco años(o la cantidad de años de que se trate)
-le restaría fuerzas a la militancia por los avances verdaderamente revolucionarios, por ejemplo por la reforma agraria.
Planteamos que no hay que esperar lograr de una democracia burguesa más que la posibilidad de salir a volantear, a escribir y a agitar por todos los medios, incluso los medios cibernéticos tales como los blogs y las redes sociales sobre consignas basadas en principios revolucionarios, sin hacer concesión alguna al electoralismo que termina siempre siendo una especie de trampa para cazar incautos.
La paradoja de los movimientos socialdemócratas que luchan por lograr progresos revolucionarios por medio de las elecciones burguesas es que para ganar éstas tienen que sacrificar tanto estos valores que cuando al fin acceden al gobierno ya perdieron todo lo que valía la pena de luchar por ello.
La sola enumeración de algunos de los perfiles tránsfugas que estos sistemas electorales suelen elevar a posiciones de poder en países aislados y aun en el mundo ya de por sí sola nos obliga a considerar con escepticismo dichos sistemas.
Es muy posible que otros sistemas más anacrónicos, tales como el totalitarismo monárquico, conduzcan a una concentración aun mayor de la riqueza y el poder de los seres humanos.
Es necesario que la humanidad incursione en sistemas diferentes con sus métodos de distribución del poder y de la decisión propios, como el socialista, que difícilmente pueden resultar peores que el existente.
Ricardo Ferré
05 de noviembre de 2012


tomado de Federacion de Bases: http://federaciondebasespatriagrande.blogspot.com/
 

sábado, 3 de noviembre de 2012

F. ENGELS: ¿Qué es el comunismo? o PRINCIPIOS DEL COMUNISMO

[82]


PRINCIPIOS DEL COMUNISMO[1]

I. ¿Qué es el comunismo?
El comunismo es la doctrina de las condiciones de la liberación del proletariado.
II. ¿Qué es el proletariado?
El proletariado es la clase social que consigue sus medios de subsistencia exclusivamente de la venta de su trabajo, y no del rédito de algún capital; es la clase, cuyas dicha y pena, vida y muerte y toda la existencia dependen de la demanda de trabajo, es decir, de los períodos de crisis y de prosperidad de los negocios, de las fluctuaciones de una competencia desenfrenada. Dicho en pocas palabras, el proletariado, o la clase de los proletarios, es la clase trabajadora del siglo XIX.
III. ¿Quiere decir que los proletarios no han existido siempre?
No. Las clases pobres y trabajadoras han existido siempre, siendo pobres en la mayoría de los casos. Ahora bien, los pobres, los obreros que viviesen en las condiciones que acabamos de señalar, o sea los proletarios, no han existido siempre, del mismo modo que la competencia no ha sido siempre libre y desenfrenada.
IV. ¿Cómo apareció el proletariado?
El proletariado nació a raíz de la revolución industrial, que se produjo en Inglaterra en la segunda mitad del siglo pasado y se repitió luego en todos los países civilizados del mundo. Dicha revolución se debió al invento de la máquina de vapor, de las diversas [83] máquinas de hilar, del telar mecánico y de toda una serie de otros dispositivos mecánicos. Estas máquinas, que costaban muy caras y, por eso, sólo estaban al alcance de los grandes capitalistas, transformaron completamente el antiguo modo de producción y desplazaron a los obreros anteriores, puesto que las máquinas producían mercancías más baratas y mejores que las que podían hacer éstos con ayuda de sus ruecas y telares imperfectos. Las máquinas pusieron la industria enteramente en manos de los grandes capitalistas y redujeron a la nada el valor de la pequeña propiedad de los obreros (instrumentos, telares, etc.), de modo que los capitalistas pronto se apoderaron de todo, y los obreros se quedaron con nada. Así se instauró en la producción de tejidos el sistema fabril. En cuanto se dio el primer impulso a la introducción de máquinas y al sistema fabril; este último se propagó rápidamente en las demás ramas de la industria, sobre todo en el estampado de tejidos, la impresión de libros, la alfarería y la metalurgia. El trabajo comenzó a dividirse más y más entre los obreros individuales de tal manera que el que antes efectuaba todo el trabajo pasó a realizar nada más que una parte del mismo. Esta división del trabajo permitió fabricar los productos más rápidamente y, por consecuencia, de modo más barato. Ello redujo la actividad de cada obrero a un procedimiento mecánico, muy sencillo, constantemente repetido, que la máquina podía realizar con el mismo éxito o incluso mucho mejor. Por tanto, todas estas ramas de la producción cayeron, una tras otra, bajo la dominación del vapor, de las máquinas y del sistema fabril, exactamente del mismo modo que la producción de hilados y de tejidos. En consecuencia, ellas se vieron enteramente en manos de los grandes capitalistas, y los obreros quedaron privados de los úItimos restos de su independencia. Poco a poco, el sistema fabril extendió su dominación no ya sólo a la manufactura, en el sentido estricto de la palabra, sino que comenzó a apoderarse más y más de las actividades artesanas, ya que también en esta esfera los grandes capitalistas desplazaban cada vez más a los pequeños maestros, montando grandes talleres, en los que era posible ahorrar muchos gastos e implantar una detallada división del trabajo. Así llegamos a que, en los países civilizados, casi en todas las ramas del trabajo se afianza la producción fabril y, casi en todas estas ramas, la gran industria desplaza a la artesanía y la manufactura. Como resultado de ello, se arruina más y más la antigua clase media, sobre todo los pequeños artesanos, cambia completamente la anterior situación de los trabajadores y surgen dos clases nuevas, que absorben paulatinamente a todas las demás, a saber:
I. La clase de los grandes capitalistas, que son ya en todos los países civilizados casi los únicos poseedores de todos los medios [84] de existencia, como igualmente de las materias primas y de los instrumentos (máquinas, fábricas, etc.) necesarios para la producción de los medios de existencia. Es la clase de los burgueses, o sea, burguesía.
II. La clase de los completamente desposeídos, de los que en virtud de ello se ven forzados a vender su trabajo a los burgueses, al fin de recibir en cambio los medios de subsistencia necesarios para vivir. Esta clase se denomina la clase de los proletarios, o sea, proletariado.
V. ¿En qué condiciones se realiza esta venta del trabajo de los proletarios a los burgueses?
El trabajo es una mercancía como otra cualquiera, y su precio depende, por consiguiente, de las mismas leyes que el de cualquier otra mercancía. Pero, el precio de una mercancía, bajo el dominio de la gran industria o de la libre competencia, que es lo mismo, como lo veremos más adelante, es, por término medio, siempre igual a los gastos de producción de dicha mercancía. Por tanto, el precio del trabajo es también igual al costo de producción del trabajo. Ahora bien, el costo de producción del trabajo consta precisamente de la cantidad de medios de subsistencia indispensables para que el obrero esté en condiciones de mantener su capacidad de trabajo y para que la clase obrera no se extinga. El obrero no percibirá por su trabajo más que lo indispensable para ese fin; el precio del trabajo o el salario será, por consiguiente, el más bajo, constituirá el mínimo de lo indispensable para mantener la vida. Pero, por cuanto en los negocios existen períodos mejores y peores, el obrero percibirá unas veces más, otras menos, exactamente de la misma manera que el fabricante cobra unas veces más, otras menos, por sus mercancías. Y, al igual que el fabricante, que, por término medio, contando los tiempos buenos y los malos, no percibe por sus mercancías ni más ni menos que su costo de producción, el obrero percibirá, por término medio, ni más ni menos que ese mínimo. Esta ley económica del salario se aplicará más rigurosamente en la medida en que la gran industria vaya penetrando en todas las ramas de la producción.
VI. ¿Qué clases trabajadores existían antes de la revolución industrial?
Las clases trabajadoras han vivido en distintas condiciones, según las diferentes fases de desarrollo de la sociedad, y han ocupado posiciones distintas respecto de las clases poseedoras y dominantes. En la antigüedad, los trabajadores eran esclavos de sus amos, como lo son todavía en un gran número de países atrasados e incluso en la parte meridional de los Estados Unidos. En la Edad Media eran siervos de los nobles propietarios de tierras, [85] como lo son todavía en Hungría, Polonia y Rusia. Además, en la Edad Media, hasta la revolución industrial, existían en las ciudades oficiales artesanos que trabajaban al servicio de la pequeña burguesía y, poco a poco, en la medida del progreso de la manufactura, comenzaron a aparecer obreros de manufactura que iban a trabajar contratados por grandes capitalistas.
VII. ¿Qué diferencia hay entre el proletario y el esclavo?
El esclavo está vendido de una vez y para siempre, en cambio, el proletario tiene que venderse él mismo cada día y cada hora. Todo esclavo individual, propiedad de un señor determinado, tiene ya asegurada su existencia por miserable que sea, por interés de éste. En cambio el proletario individual es, valga la expresión, propiedad de toda la clase de la burguesía. Su trabajo no se compra más que cuando alguien lo necesita, por cuya razón no tiene la existencia asegurada. Esta existencia está asegurada únicamente a toda la clase de los proletarios. El esclavo está fuera de la competencia. El proletario se halla sometido a ello y siente todas sus fluctuaciones. El esclavo es considerado como una cosa, y no miembro de la sociedad civil. El proletario es reconocido como persona, como miembro de la sociedad civil. Por consiguiente, el esclavo puede tener una existencia mejor que el proletario, pero este último pertenece a una etapa superior de desarrollo de la sociedad y se encuentra a un nivel más alto que el esclavo. Este se libera cuando de todas las relaciones de la propiedad privada no suprime más que una, la relación de esclavitud, gracias a lo cual sólo entonces se convierte en proletario; en cambio, el proletario sólo puede liberarse suprimiendo toda la propiedad privada en general.
VIII. ¿Qué diferencia hay entre el proletario y el siervo?
El siervo posee en propiedad y usufructo un instrumento de producción y una porción de tierra, a cambio de lo cual entrega una parte de su producto o cumple ciertos trabajos. El proletario trabaja con instrumentos de producción pertenecientes a otra persona, por cuenta de ésta, a cambio de una parte del producto. El siervo da, al proletario le dan. El siervo tiene la existencia asegurada, el proletario no. El siervo está fuera de la competencia, el proletario se halla sujeto a ella. El siervo se libera ya refugiándose en la ciudad y haciéndose artesano, ya dando a su amo dinero en lugar de trabajo o productos, transformandose en libre arrendatario, ya expulsando a su señor feudal y haciéndose él mismo propietario. Dicho en breves palabras, se libera entrando de una manera u otra en la clase poseedora y en la esfera de la competencia. El proletario se libera suprimiendo la competencia, la propiedad privada y todas las diferencias de clase.
[86]
IX. ¿Qué diferencia hay entre el proletario y el artesano? [*]
X. ¿Qué diferencia hay entre el proletario y el obrero de manufactura?
El obrero de manufactura de los siglos XVI-XVIII poseía casi en todas partes instrumentos de producción: su telar, su rueca para la familia y un pequeño terreno que cultivaba en las horas libres. El proletario no tiene nada de eso. El obrero de manufactura vive casi siempre en el campo y se halla en relaciones más o menos patriarcales con su señor o su patrono. El proletario suele vivir en grandes ciudades y no lo unen a su patrono más que relaciones de dinero. La gran industria arranca al obrero de manufactura de sus condiciones patriarcales; éste pierde la propiedad que todavía poseía y sólo entonces se convierte en proletario.
XI. ¿Cuáles fueron las consecuencias directas de la revolución industrial y de la división de la sociedad en burgueses y proletarios?
En primer lugar, en virtud de que el trabajo de las máquinas reducía más y más los precios de los artículos industriales, en casi todos los países del mundo el viejo sistema de la manufactura o de la industria basada en el trabajo manual fue destruido enteramente. Todos los países semibárbaros que todavía quedaban más o menos al margen del desarrollo histórico y cuya industria se basaba todavía en la manufactura, fueron arrancados violentamente de su aislamiento. Comenzaron a comprar mercancías más baratas a los ingleses, dejando que se muriesen de hambre sus propios obreros de manufactura. Así, países que durante milenios no conocieron el menor progreso, como, por ejemplo, la India, pasaron por una completa revolución, e incluso la China marcha ahora de cara a la revolución. Las cosas han llegado a tal punto que una nueva máquina que se invente ahora en Inglaterra podrá, en el espacio de un año, condenar al hambre a millones de obreros de China. De este modo, la gran industria ha ligado los unos a los otros a todos los pueblos de la tierra, ha unido en un solo mercado mundial todos los pequeños mercados locales, ha preparado por doquier el terreno para la civilización y el progreso y ha hecho las cosas de tal manera que todo lo que se realiza en los países civilizados debe necesariamente repercutir en todos los demás, por tanto, si los obreros de Inglaterra o de Francia se liberan ahora, ello debe suscitar revoluciones en todos los demás países, revoluciones que tarde o temprano culminarán también allí en la liberación de los obreros.
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En segundo lugar, en todas las partes en que la gran industria ocupó el lugar de la manufactura, la burguesía aumentó extraordinariamente su riqueza y poder y se erigió en primera clase del país. En consecuencia, en todas las partes en las que se produjo ese proceso, la burguesía tomó en sus manos el poder político y desalojó las clases que dominaban antes: la aristocracia, los maestros de gremio y la monarquía absoluta, que representaba a la una y a los otros. La burguesía acabó con el poderío de la aristocracia y de la nobleza, suprimiendo el mayorazgo o la inalienabilidad de la posesión de tierras, como también todos los privilegios de la nobleza. Destruyó el poderío de los maestros de gremio, eliminando todos los gremios y los privilegios gremiales. En el lugar de unos y otros puso la libre competencia, es decir, un estado de la sociedad en la que cada cual tenía derecho a dedicarse a la rama de la industria que le gustase y nadie podía impedírselo a no ser la falta de capital necesario para tal actividad. Por consiguiente, la implantación de la libre competencia es la proclamación pública de que, de ahora en adelante, los miembros de la sociedad no son iguales entre sí únicamente en la medida en que no lo son sus capitales, que el capital se convierte en la fuerza decisiva y que los capitalistas, o sea, los burgueses, se erigen así en la primera clase de la sociedad. Ahora bien, la libre competencia es indispensable en el período inicial del desarrollo de la gran industria, porque es el único régimen social con el que la gran industria puede progresar. Tras de aniquilar de este modo el poderío social de la nobleza y de los maestros de gremio, puso fin también al poder político de la una y los otros. Llegada a ser la primera clase de la sociedad, la burguesía se proclamó también la primera clase en la esfera política. Lo hizo implantando el sistema representativo, basado en la igualdad burguesa ante la ley y en el reconocimiento legislativo de la libre competencia. Este sistema fue instaurado en los países europeos bajo la forma de la monarquía constitucional. En dicha monarquía sálo tienen derecho de voto los poseedores de cierto capital, es decir, únicamente los burgueses. Estos electores burgueses eligen a los diputados, y estos diputados burgueses, valiéndose del derecho a negar los impuestos, eligen un gobierno burgués.
En tercer lugar, la revolución indistrial ha creado en todas partes el proletariado en la misma medida que la burguesía. Cuanto más ricos se hacían los burgueses, más numerosos eran los proletarios. Visto que sólo el capital puede dar ocupación a los proletarios y que el capital sólo aumenta cuando emplea trabajo, el crecimiento del proletariado se produce en exacta correspondencia con el del capital. Al propio tiempo, la revolución industrial agrupa a los burgueses y a los proletarios en grandes [88] ciudades, en las que es más ventajoso fomentar la industria, y can esa concentración de grandes masas en un mismo lugar le inculca a los proletarios la conciencia de su fuerza. Luego, en la medida del progreso de la revolución industrial, en la medida en que se inventan nuevas máquinas, que eliminan el trabajo manual, la gran industria ejerce una presión creciente sobre los salarios y los reduce, como hemos dicho, al mínimo, haciendo la situación del proletariado cada vez más insoportable. Así, por una parte, como consecuencia del descontento creciente del proletariado y, por la otra, del crecimiento del poderío de éste, la revolución industrial prepara la revolución social que ha de realizar el proletariado.
XII. ¿Cuáles han sido las consecuencias siguientes de la revolución industrial?
La gran industria creó, con la máquina de vapor y otras máquinas, los medios de aumentar la producción industrial rápidamente, a bajo costo y hasta el infinito. Merced a esta facilidad de ampliar la producción, la libre competencia, consecuencia necesaria de esta gran industria, adquirió pronto un carácter extraordinariamente violento; un gran número de capitalistas se lanzó a la industria, en breve plazo se produjo más de lo que se podía consumir. Como consecuencia, no se podían vender las mercancías fabricadas y sobrevino la llamada crisis comercial; las fábricas tuvieron que parar, los fabricantes quebraron y los obreros se quedaron sin pan. Y en todas partes se extendió la mayor miseria. Al cabo de cierto tiempo se vendieron los productos sobrantes, las fábricas volvieron a funcionar, los salarios subieron y, poco a poco, los negocios marcharon mejor que nunca. Pero no por mucho tiempo, ya que pronto volvieron a producirse demasiadas mercancías y sobrevino una nueva crisis que transcurrió exactamente de la misma manera que la anterior. Así, desde comienzos del presente siglo, en la situación de la industria se han producido continuamente oscilaciones entre períodos de prosperidad y períodos de crisis, y casi regularmente, cada cinco o siete años se ha producido tal crisis, con la particularidad de que cada vez acarreaba las mayores calamidades para los obreros, una agitación revolucionaria general y un peligro colosal para todo el régimen existente.
XIII. ¿Cuáles son las consecuencias de estas crisis comerciales que se repiten regularmente?
En primer lugar, la de que la gran industria, que en el primer período de su desarrollo creó la libre competencia, la ha rebasado ya; que la competencia y, hablando en términos generales, la producción industrial en manos de unos u otros particulares se ha convertido para ella en una traba a la que debe y ha de romper; [89] que la gran industria, mientras siga sobre la base actual, no puede existir sin conducir cada siete años a un caos general que supone cada vez un peligro para toda la civilización y no sólo sume en la miseria a los proletarios, sino que arruina a muchos burgueses; que, por consiguiente, la gran industria debe destruirse ella misma, lo que es absolutamente imposible, o reconocer que hace imprescindible una organización completamente nueva de la sociedad, en la que la producción industrial no será más dirigida por unos u otros fabricantes en competencia entre sí, sino por toda la sociedad con arreglo a un plan determinado y de conformidad con las necesidades de todos los miembros de la sociedad.
En segundo lugar, que la gran industria y la posibilidad, condicionada por ésta, de ampliar hasta el infinito la producción permiten crear un régimen social en el que se producirán tantos medios de subsistencia que cada miembro de la sociedad estará en condiciones de desarrollar y emplear libremente todas sus fuerzas y facultades; de modo que, precisamente la peculiaridad de la gran industria que en la sociedad moderna engendra toda la miseria y todas las crisis comerciales será en la otra organización social justamente la que ha de acabar con esa miseria y esas fluctuaciones preñadas de tantas desgracias.
Por tanto, está probado claramente:
1) que en la actualidad todos estos males se deben únicamente al régimen social, el cual ya no responde más a las condiciones existentes;
2) que ya existen los medios de supresión definitiva de estas calamidades por vía de la construcción de un nuevo orden social.
XIV. ¿Cómo debe ser ese nuevo orden social?
Ante todo, la administración de la industria y de todas las ramas de la producción en general dejará de pertenecer a unos u otros individuos en competencia. En lugar de esto, las ramas de la producción pasarán a manos de toda la sociedad, es decir, serán administradas en beneficio de toda la sociedad, con arreglo a un plan general y con la participación de todos los miembros de la sociedad. Por tanto, el nuevo orden social suprimirá la competencia y la sustituirá con la asociación. En vista de que la dirección de la industria, al hallarse en manos de particulares, implica necesariamente la existencia de la propiedad privada y por cuanto la competencia no es otra cosa que ese modo de dirigir la industria, en el que la gobiernan propietarios privados, la propiedad privada va unida inseparablemente a la dirección individual de la industria y a la competencia. Así, la propiedad privada debe también ser suprimida y ocuparán su lugar el usufructo colectivo de todos los instrumentos de producción y el reparto de los productos de común acuerdo, lo que se llama la comunidad de bienes.
[90]
La supresión de la propiedad privada es incluso la expresión más breve y mas característica de esta transformación de todo el régimen social, que se ha hecho posible merced al progreso de la industria. Por eso los comunistas la planteen can razón como su principal reivindicación.
XV. ¿Eso quiere decir que la supresión de la propiedad privada no era posible antes?
No, no era posible. Toda transformación del orden social, todo cambio de las relaciones de propiedad es consecuencia necesaria de la aparición de nuevas fuerzas productivas que han dejado de corresponder a las viejas relaciones de propiedad. Así ha surgido la misma propiedad privada. La propiedad privada no ha existido siempre; cuando a fines de la Edad Media surgió el nuevo modo de producción bajo la forma de la manufactura, que no encuadraba en el marco de la propiedad feudal y gremial, esta manufactura, que no correspondía ya a las viejas relaciones de propiedad, dio vida a una nueva forma de propiedad: la propiedad privada. En efecto, para la manufactura y para el primer período de desarrollo de la gran industria no era posible ninguna otra forma de propiedad además de la propiedad privada, no era posible ningún orden social además del basado en esta propiedad. Mientras no se pueda conseguir una cantidad de productos que no sólo baste para todos, sino que se quede cierto excedente para aumentar el capital social y seguir fomentando las fuerzas productivas, deben existir necesariamente una clase dominante que disponga de las fuerzas productivas de la sociedad y una clase pobre y oprimida. La constitución y el carácter de estas clases dependen del grado de desarrollo de la producción. La sociedad de la Edad Media, que tiene por base el cultivo de la tierra, nos da el señor feudal y el siervo; las ciudades de las postrimerías de la Edad Media nos dan el maestro artesano, el oficial y el jornalero; en el siglo XVII, el propietario de manufactura y el obrero de ésta; en el siglo XIX, el gran fabricante y el proletario. Es claro que, hasta el presente, las fuerzas productivas no se han desarrollado aún al punto de proporcionar una cantidad de bienes suficiente para todos y para que la propiedad privada sea ya una traba, un obstáculo para su progreso. Pero hoy, cuando, merced al desarrollo de la gran industria, en primer lugar, se han constituido capitales y fuerzas productivas en proporciones sin precedentes y existen medios para aumentar en breve plazo hasta el infinito estas fuerzas productivas; cuando, en segundo lugar, estas fuerzas productivas se concentran en manos de un reducido número de burgueses, mientras la gran masa del pueblo se va convirtiendo cada vez más en proletarios, con la particularidad de que su situación se hace más precaria e insoportable en la medida en que aumenta la [91] riqueza de los burgueses; cuando, en tercer lugar, estas poderosas fuerzas productivas, que se multiplican con tanta facilidad hasta rebasar el marco de la propiedad privada y del burgués, provocan continuamente las mayores conmociones del orden social, sólo ahora la supresión de la propiedad privada se ha hecho posible e incluso absolutamente necesaria.
XVI. ¿Será posible suprimir por vía pacífica la propiedad privada?
Sería de desear que fuese así, y los comunistas, como es lógico, serían los últimos en oponerse a ello. Los comunistas saben muy bien que todas las conspiraciones, además de inútiles, son incluso perjudiciales. Están perfectamente al corriente de que no se pueden hacer las revoluciones premeditada y arbitrariamente y que éstas han sido siempre y en todas partes una consecuencia necesaria de circunstancias que no dependían en absoluto de la voluntad y la dirección de unos u otros partidos o clases enteras. Pero, al propio tiempo, ven que se viene aplastando por la violencia el desarrollo del proletariado en casi todos los países civilizados y que, con ello, los enemigos mismos de los comunistas trabajan con todas sus energías para la revolución. Si todo ello termina, en fin de cuentas, empujando al proletariado subyugado a la revolución, nosotros, los comunistas, defenderemos con hechos, no menos que como ahora lo hacemos de palabra, la causa del proletariado.
XVII. ¿Será posible suprimir de golpe la propiedad privada?
No, no será posible, del mismo modo que no se puede aumentar de golpe las fuerzas productivas existentes en la medida necesaria para crear una economía colectiva. Por eso, la revolución del proletariado, que se avecina según todos los indicios, sólo podrá transformar paulatinamente la sociedad actual, y acabará con la propiedad privada únicamente cuando haya creado la necesaria cantidad de medios de producción.
XVIII. ¿Qué vía de desarrollo tomará esa revolución?
Establecerá, ante todo, un régimen democrático y, por tanto, directa o indirectamente, la dominación política del proletariado. Directamente en Inglaterra, donde los proletarios constituyen ya la mayoría del pueblo. Indirectamente en Francia y en Alemania, donde la mayoría del pueblo no consta únicamente de proletarios, sino, además, de pequeños campesinos y pequeños burgueses de la ciudad, que se encuentran sólo en la fase de transformación en proletariado y que, en lo tocante a la satisfacción de sus intereses políticos, dependen cada vez más del proletariado, por cuya razón han de adherirse pronto a las reivindicaciones de éste. Para ello, quizá, se necesite una nueva lucha que, sin embargo, no puede tener otro desenlace que la victoria del proletariado.
[92]
La democracia sería absolutamente inútil para el proletariado si no la utilizara inmediatamente como medio para llevar a cabo amplias medidas que atentasen directamente contra la propiedad privada y asegurasen la existencia del proletariado. Las medidas más importantes, que dimanan necesariamente de las condiciones actuales, son:
1) Restricción de la propiedad privada mediante el impuesto progresivo, el alto impuesto sobre las herencias, la abolición del derecho de herencia en las líneas laterales (hermanos, sobrinos, etc.), préstamos forzosos, etc.
2) Expropiación gradual de los propietarios agrarios, fabricantes, propietarios de ferrocarriles y buques, parcialmente con ayuda de la competencia por parte de la industria estatal y, parcialmente de modo directo, con indemnización en asignados.
3) Confiscación de los bienes de todos los emigrados y de los rebeldes contra la mayoría del pueblo.
4) Organización del trabajo y ocupación de los proletarios en fincas, fábricas y talleres nacionales, con lo cual se eliminará la competencia entre los obreros, y los fabricantes que queden, tendrán que pagar salarios tan altos como el Estado.
5) Igual deber obligatorio de trabajo para todos los miembros de la sociedad hasta la supresión completa de la propiedad privada. Formación de ejércitos industriales, sobre todo para la agricultura.
6) Centralización de los créditos y la banca en las manos del Estado a través del Banco Nacional, con capital del Estado. Cierre de todos los bancos privados.
7) Aumento del número de fábricas, talleres, ferrocarriles y buques nacionales, cultivo de todas las tierras que están sin labrar y mejoramiento del cultivo de las demás tierras en consonancia con el aumento de los capitales y del número de obreros de que dispone la nación.
8) Educación de todos los niños en establecimientos estatales y a cargo del Estado, desde el momento en que puedan prescindir del cuidado de la madre. Conjugar la educación con el trabajo fabril.
9) Construcción de grandes palacios en las fincas del Estado para que sirvan de vivienda a las comunas de ciudadanos que trabajen en la industria y la agricultura y unan las ventajas de la vida en la ciudad y en el campo, evitando así el carácter unilateral y los defectos de la una y la otra.
10) Destrucción de todas las casas y barrios insalubres y mal construidos.
11) Igualdad de derecho de herencia para los hijos legítimos y los naturales.
[93]
12) Concentración de todos los medios de transporte en manos de la nación.
Por supuesto, todas estas medidas no podrán ser llevadas a la práctica de golpe. Pero cada una entraña necesariamente la siguiente. Una vez emprendido el primer ataque radical contra la propiedad privada, el proletariado se verá obligado a seguir siempre adelante y a concentrar más y más en las manos del Estado todo el capital, toda la agricultura, toda la industria, todo el transporte y todo el cambio. Este es el objetivo a que conducen las medidas mencionadas. Ellas serán aplicables y surtirán su efecto centralizador exactamente en el mismo grado en que el trabajo del proletariado multiplique las fuerzas productivas del país. Finalmente, cuando todo el capital, toda la producción y todo el cambio estén concentrados en las manos de la nación, la propiedad privada dejará de existir de por sí, el dinero se hará superfluo, la producción aumentará y los hombres cambiarán tanto que se podrán suprimir también las últimas formas de relaciones de la vieja sociedad.
XIX. ¿Es posible esta revolución en un solo país?
No. La gran industria, al crear el mercado mundial, ha unido ya tan estrechamente todos los pueblos del globo terrestre, sobre todo los pueblos civilizados, que cada uno depende de lo que ocurre en la tierra del otro. Además, ha nivelado en todos los países civilizados el desarrollo social a tal punto que en todos estos países la burguesía y el proletariado se han erigido en las dos clases decisivas de la sociedad, y la lucha entre ellas se ha convertido en la principal lucha de nuestros días. Por consecuencia, la revolución comunista no será una revolución puramente nacional, sino que se producirá simultáneamente en todos los países civilizados, es decir, al menos en Inglaterra, en América, en Francia y en Alemania [2]. Ella se desarrollará en cada uno de estos países más rápidamente o más lentamente, dependiendo del grado en que esté en cada uno de ellos más desarrollada la industria, en que se hayan acumulado más riquezas y se disponga de mayores fuerzas productivas. Por eso será más lenta y difícil en Alemania y más rápida y fácil en Inglaterra. Ejercerá igualmente una influencia considerable en los demás países del mundo, modificará de raíz y acelerará extraordinariamente su anterior marcha del desarrollo. Es una revolución universal y tendrá, por eso, un ámbito universal.
XX. ¿Cuáles serán las consecuencias de la supresión definitiva de la propiedad privada?
Al quitar a los capitalistas privados el usufructo de todas las fuerzas productivas y medios de comunicación, así como el cambio y el reparto de los productos, al administrar todo eso con [94] arreglo a un plan basado en los recursos disponibles y las necesidades de toda la sociedad, ésta suprimirá, primeramente, todas las consecuencias nefastas ligadas al actual sistema de dirección de la gran industria. Las crisis desaparecerán; la producción ampliada, que es, en la sociedad actual, una superproducción y una causa tan poderosa de la miseria, será entonces muy insuficiente y deberá adquirir proporciones mucho mayores. En lugar de engendrar la miseria, la producción superior a las necesidades perentorias de la sociedad permitirá satisfacer las demandas de todos los miembros de ésta, engendrará nuevas demandas y creará, a la vez, los medios de satisfacerlas. Será la condición y la causa de un mayor progreso y lo llevará a cabo, sin suscitar, como antes, el trastorno periódico de todo el orden social. La gran industria, liberada de las trabas de la propiedad privada, se desarrollará en tales proporciones que, comparado con ellas, su estado actual parecerá tan mezquino como la manufactura al lado de la gran industria moderna. Este avance de la industria brindara a la sociedad suficiente cantidad de productos para satisfacer las necesidades de todos. Del mismo modo, la agricultura, en la que, debido al yugo de la propiedad privada y al fraccionamiento de las parcelas, resulta difícil el empleo de los perfeccionamientos ya existentes y de los adelantos de la ciencia experimentará un nuevo auge y ofrecerá a disposición de la sociedad una cantidad suficiente de productos. Así, la sociedad producirá lo bastante para organizar la distribución con vistas a cubrir las necesidades de todos sus miembros. Con ello quedará superflua la división de la sociedad en clases distintas y antagónicas. Dicha división, además de superflua, será incluso incompatible con el nuevo régimen social. La existencia de clases se debe a la división del trabajo, y esta última, bajo su forma actual desaparecerá enteramente, ya que, para elevar la producción industrial y agrícola al mencionado nivel no bastan sólo los medios auxiliares mecánicos y químicos. Es preciso desarrollar correlativamente las aptitudes de los hombres que emplean estos medios. Al igual que en el siglo pasado, cuando los campesinos y los obreros de las manufacturas, tras de ser incorporados a la gran industria, modificaron todo su régimen de vida y se volvieron completamente otros, la dirección colectiva de la producción por toda la sociedad y el nuevo progreso de dicha producción que resultara de ello necesitarán hombres nuevos y los formarán. La gestión colectiva de la producción no puede correr a cargo de los hombres tales como lo son hoy, hombres que dependen cada cual de una rama determinada de la producción, están aferrados a ella, son explotados por ella, desarrollan nada más que un aspecto de sus aptitudes a cuenta de todos los otros y sólo conocen [95] una rama o parte de alguna rama de toda la producción. La industria de nuestros días está ya cada vez menos en condiciones de emplear tales hombres. La industria que funciona de modo planificado merced al esfuerzo común de toda la sociedad presupone con más motivo hombres con aptitudes desarrolladas universalmente, hombres capaces de orientarse en todo el sistema de la producción. Por consiguiente, desaparecerá del todo la división del trabajo, minada ya en la actualidad por la máquina, la división que hace que uno sea campesino, otro, zapatero, un tercero, obrero fabril, y un cuarto, especulador de la bolsa. La educación dará a los jóvenes la posibilidad de asimilar rápidamente en la práctica todo el sistema de producción y les permitirá pasar sucesivamente de una rama de la producción a otra, según sean las necesidades de la sociedad o sus propias inclinaciones. Por consiguiente, la educación los liberará de ese carácter unilateral que la división actual del trabajo impone a cada individuo. Así, la sociedad organizada sobre bases comunistas dará a sus miembros la posibilidad de emplear en todos los aspectos sus facultades desarrolladas universalmente. Pero, con ello desaparecerán inevitablemente las diversas clases. Por tanto, de una parte, la sociedad organizada sobre bases comunistas es incompatible con la existencia de clases y, de la otra, la propia construcción de esa sociedad brinda los medios para suprimir las diferencias de clase.
De ahí se desprende que ha de desaparecer igualmente la oposición entre la ciudad y el campo. Unos mismos hombres se dedicarán al trabajo agrícola y al industrial, en lugar de dejar que lo hagan dos clases diferentes. Esto es una condición necesaria de la asociación comunista y por razones muy materiales. La dispersión de la población rural dedicada a la agricultura, a la par con la concentración de la población industrial en las grandes ciudades, corresponde sólo a una etapa todavía inferior de desarrollo de la agricultura y la industria y es un obstáculo para el progreso, cosa que se hace ya sentir con mucha fuerza.
La asociación general de todos los miembros de la sociedad al objeto de utilizar colectiva y racionalmente las fuerzas productivas; el fomento de la producción en proporciones suficientes para cubrir las necesidades de todos; la liquidación del estado de cosas en el que las necesidades de unos se satisfacen a costa de otros; la supresión completa de las clases y del antagonismo entre ellas; el desarrollo universal de las facultades de todos los miembros de la sociedad merced a la eliminación de la anterior división del trabajo, mediante la educación industrial, merced al cambio de actividad, a la participación de todos en el usufructo de los bienes creados por todos y, finalmente, mediante la fusión de la ciudad [96] con el campo serán los principales resultados de la supresión de la propiedad privada.
XXI. ¿Qué influencia ejercerá el régimen social comunista en la familia?
Las relaciones entre los sexos tendrán un carácter puramente privado, perteneciente sólo a las personas que toman parte en ellas, sin el menor motivo para la ingerencia de la sociedad. Eso es posible merced a la supresión de la propiedad privada y a la educación de los niños por la sociedad, con lo cual se destruyen las dos bases del matrimonio actual ligadas a la propiedad privada: la dependencia de la mujer respecto del hombre y la dependencia de los hijos respecto de los padres. En ello reside, precisamente, la respuesta a los alaridos altamente moralistas de los burguesotes con motivo de la comunidad de las mujeres, que, según éstos, quieren implantar los comunistas. La comunidad de las mujeres es un fenómeno que pertenece enteramente a la sociedad burguesa y existe hoy plenamente bajo la forma de prostitución. Pero, la prostitución descansa en la propiedad privada y desaparecerá junto con ella. Por consiguiente, la organización comunista, en lugar de implantar la comunidad de las mujeres, la suprimirá.
XXII. ¿Cuál será la actitud de la organización comunista hacia las nacionalidades existentes?
- Queda [3].
XXIII. ¿Cuál será su actitud hacia las religiones existentes?
- Queda.
XXIV. ¿Cuál es la diferencia entre los comunistas y los socialistas?
Los llamados socialistas se dividen en tres categorías.
La primera consta de partidarios de la sociedad feudal y patriarcal, que ha sido destruida y sigue siéndolo a diario por la gran industria, el comercio mundial y la sociedad burguesa creada por ambos. Esta categoría saca de los males de la sociedad moderna la conclusión de que hay que restablecer la sociedad feudal y patriarcal, ya que estaba libre de estos males. Todas sus propuestas persiguen, directa o indirectamente, este objetivo. Los comunistas lucharán siempre enérgicamente contra esa categoría de socialistas reaccionarios, pese a su fingida compasión de la miseria del proletariado y las amargas lágrimas que vierten con tal motivo, puesto que estos socialistas:
1) se proponen un objetivo absolutamente imposible;
2) se esfuerzan por restablecer la dominación de la aristocracia, los maestros de gremio y los propietarios de manufacturas, con su séquito de monarcas absolutos o feudales, funcionarios, soldados y curas, una sociedad que, cierto, estaría libre de los vicios de [97] la sociedad actual, pero, en cambio, acarrearía, cuando menos, otros tantos males y, además, no ofrecería la menor perspectiva de liberación, con ayuda de la organización comunista, de los obreros oprimidos;
3) muestran sus verdaderos sentimientos cada vez que el proletariado se hace revolucionario y comunista: se alían inmediatamente a la burguesía contra los proletarios.
La segunda categoría consta de partidarios de la sociedad actual, a los que los males necesariamente provocados por ésta inspiran temores en cuanto a la existencia de la misma. Ellos quieren, por consiguiente, conservar la sociedad actual, pero suprimir los males ligados a ella. A tal objeto, unos proponen medidas de simple beneficencia; otros, grandiosos planes de reformas que, so pretexto de reorganización de la sociedad, se plantean el mantenimiento de las bases de la sociedad actual y, con ello, la propia sociedad actual. Los comunistas deberán igualmente combatir con energía contra estos socialistas burgueses, puesto que éstos trabajan para los enemigos de los comunistas y defienden la sociedad que los comunistas quieren destruir.
Finalmente, la tercera categoría consta de socialistas democráticos. Al seguir el mismo camino que los comunistas, se proponen llevar a cabo una parte de las medidas señaladas en la pregunta... [*], pero no como medidas de transición al comunismo, sino como un medio suficiente para acabar con la miseria y los males de la sociedad actual. Estos socialistas democráticos son proletarios que no ven todavía con bastante claridad las condiciones de su liberación, o representantes de la pequeña burguesía, es decir, de la clase que, hasta la conquista de la democracia y la aplicación de las medidas socialistas dimanantes de ésta, tiene en muchos aspectos los mismos intereses que los proletarios. Por eso, los comunistas se entenderán con esos socialistas democráticos en los momentos de acción y deben, en general, atenerse en esas ocasiones y en lo posible a una política común con ellos, siempre que estos socialistas no se pongan al servicio de la burguesía dominante y no ataquen a los comunistas. Por supuesto, estas acciones comunes no excluyen la discusión de las divergencias que existen entre ellos y los comunistas.
XXV. ¿Cuál es la actitud de los comunistas hacia los demás partidos políticos de nuestra época?
Esta actitud es distinta en los diferentes países. En Inglaterra, Francia y Bélgica, en las que domina la burguesía, los comunistas todavía tienen intereses comunes con diversos partidos democráticos, [98] con la particularidad de que esta comunidad de intereses es tanto mayor cuanto más los demócratas se acercan a los objetivos de los comunistas en las medidas socialistas que los demócratas defienden ahora en todas partes, es decir, cuanto más clara y explícitamente defienden los intereses del proletariado y cuanto más se apoyan en el proletariado. En Inglaterra, por ejemplo, los cartistas [4], que constan de obreros, se aproximan inconmensurablemente más a los comunistas que los pequeñoburgueses democráticos o los llamados radicales.
En Norteamérica, donde ha sido proclamada la Constitución democrática, los comunistas deberán apoyar al partido que quiere encaminar esta Constitución contra la burguesía y utilizarla en beneficio del proletariado, es decir, al partido de la reforma agraria nacional.
En Suiza, los radicales, aunque constituyen todavía un partido de composición muy heterogénea, son, no obstante, los únicos con los que los comunistas pueden concertar acuerdos, y entre estos radicales los más progresistas son los de Vand y los de Ginebra.
Finalmente, en Alemania está todavía por delante la lucha decisiva entre la burguesía y la monarquía absoluta. Pero, como los comunistas no pueden contar con una lucha decisiva con la burguesía antes de que ésta llegue al poder, les conviene a los comunistas ayudarle a que conquiste lo más pronto posible la dominación, a fin de derrocarla, a su vez, lo más pronto posible. Por tanto, en la lucha de la burguesía liberal contra los gobiernos, los comunistas deben estar siempre del lado de la primera, precaviéndose, no obstante, contra el autoengaño en que incurre la burguesía y sin fiarse en las aseveraciones seductoras de ésta acerca de las benéficas consecuencias que, según ella, traerá al proletariado la victoria de la burguesía. Las únicas ventajas que la victoria de la burguesía brindará a los comunistas serán: 1) diversas concesiones que aliviarán a los comunistas la defensa, la discusión y la propagación de sus principios y, por tanto, aliviarán la cohesión del proletariado en una clase organizada, estrechamente unida y dispuesta a la lucha, y 2) la seguridad de que el día en que caigan los gobiernos absolutistas, llegará la hora de la lucha entre los burgueses y los proletarios. A partir de ese día, la política del partido de los comunistas será aquí la misma que en los países donde domina ya la burguesía.
Escrito por F. Engels a fines de Se publica de acuerdo con el
octubre y en noviembre de 1847. manuscrito.
Publicado por vez primera como Traducido del alemán.
edición aparte en 1914.

NOTAS

[1]
36. El trabajo "Principios del comunismo" es un proyecto de programa de la Liga de los Comunistas. Lo escribió Engels en París por encargo del comité comarcal de la Liga. Como lo tenía por proyecto previo, Engels, en la carta a Marx del 23 al 24 de noviembre de 1847, propone renunciar a la forma de catecismo y redactar un programa de la Liga de los Comunistas en forma de "Manifiesto Comunista". En el segundo congreso de la Liga de los Comunistas (29 de noviembre-8 de diciembre), las opiniones de Marx y Engels fueron aprobadas por completo; se les dio el encargo de redactar el programa de la Liga, que fue el "Manifiesto del Partido Comunista". Al escribirlo, los fundadores del marxismo utilizaron una serie de tesis expuestas en los "Principios del comunismo".
En la obra "Principios del comunismo" Engels fundamentó teóricamente algunos principios programáticos y tácticos muy importantes del partido proletario.- 82
[*] Aquí Engels deja en blanco el manuscrito para redactar luego la respuesta a la pregunta IX. (N. de la Edit.)
[2] 14. Esta deducción sobre la posibilidad de la victoria de la revolución proletaria sólo en el caso de que se hiciera simultáneamente en los países capitalistas adelantados y, por consiguiente, de la imposibilidad del triunfo de la revolución en un solo país, y que obtuvo la forma más acabada en el trabajo de Engels "Principios del comunismo" (1847) (véase el presente tomo, pág. 82) era acertada para el período del capitalismo premonopolista. Lenin, partiendo de la ley, que él descubrió, del desarrollo económico y político desigual del capitalismo en la época del imperialismo, llegó a la nueva conclusión de que era posible la victoria de la revolución socialista primero en varios países o incluso en uno solo, tomado por separado, y de que era imposible la victoria simultánea de la revolución en todos los países o en la mayoría de ellos. La fórmula de esta nueva deducción se dio por vez primera en el artículo de Lenin "La consigna de los Estados Unidos de Europa" (1915).— 34, 93, 277.
[3] 37. En el manuscrito, en lugar de respuesta a la pregunta 22, así como a la siguiente, la 23, figura la palabra «queda». Por lo visto, estima que la respuesta debía quedar en la forma que estaba expuesta en uno de los proyectos previos, que no nos han llegado, del programa de la Liga de los Comunistas.- 96
[*] En el manuscrito está en blanco ese lugar; trátase de la pregunta XVIII. (N. de la Edit.)
[4] 38. Recibieron la denominación de cartistas los participantes en el movimiento obrero de Gran Bretaña entre los años 30 y mediados de los 50 del siglo XIX debido a la grave situación económica y la falta de derechos políticos. Este movimiento transcurrió bajo la consigna de la lucha por la aprobación de la Carta del Pueblo que contenía las reivindicaciones de sufragio universal y varias condiciones que garantizaban este derecho a los obreros. Según la definición de Lenin, el cartismo fue «el primer movimiento proletario y revolucionario amplio, verdaderamente de masas y políticamente formado».- 98

Índice

tomado de:http://www.ucm.es/info/bas/es/marx-eng/oe1/mrxoe103.htm 

 

Uruguay: Monte Indígena. Mucho más que un conjunto de árboles

Por Ricardo Carrere, Brecha y Nordan, 2004.
Una sorprendente visita guiada al corazón del monte indígena, impulsada por la pasión pedagógica y el amor profundo que emana de la descripción del “ecosistema monte indígena”, crean una oportunidad maravillosa para conocer esa obra de la naturaleza en el mundo.
Este trabajo, por cierto, no elude una opinión comprometida en contra de las agresiones y amenazas que sufren nuestros montes, pero deliberadamente mantiene un tono de celebración de la vida.
En el año 2010 se publicó una 2ª edición (revisada) de este libro,  que se encuentra disponible en librerias del país.

 Lea el trabajo complete en este enlace:

http://www.guayubira.org.uy/2004/12/monte-indigena-mucho-mas-que-un-conjunto-de-arboles/


jueves, 1 de noviembre de 2012

Cómo resistir y darle batalla al neoliberalismo desde la cultura

Impulsado por el Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos, nació hace una década. Su director, Juan Carlos Junio, y su director artístico, Juano Villafañe, hablan del sueño que se hizo realidad en un momento crítico del país. 

Lease el articulo completo: http://tiempo.infonews.com/2012/10/31/cultura-89678-como-resistir-y-darle-batalla-al-neoliberalismo-desde-la-cultura.php

PANAMÁ COLÓN: LA MISERIA DEL PAÍS HANSEÁTICO



http://kaosenlared.net/media/k2/galleries/35404/Puente%20de%20Las%20Ame%CC%81ricas.jpg



Por Olmedo Beluche
Diez días de tenaz lucha en las calles duramente reprimida por la policía, con un saldo de, por lo menos, 4 muertos de bala, decenas de heridos y centenares de detenidos, es el resultado del alzamiento popular del pueblo de Colón, segunda ciudad en importancia económica y demográfica de la república de Panamá.
Esta sublevación incontenible tiene dos causas, una manifiesta e inmediata y otra que se hunde en lo profundo de las razones sociales: la primera, la imposición de la Ley 72, que autoriza la venta de terrenos en el área de la Zona Libre (Zonas Francas en Uruguay) de Colón, la mayor área de reexportación del continente americano; la otra, la extrema miseria en que vive la población de esta ciudad que habita al lado del negocio más próspero del país. La ciudad de Colón es la fotografía viva y desgarrante del capitalismo panameño con su extrema polarización de la riqueza en pocas manos y la pobreza más insultante para las mayorías.
Es un deber de los sectores más concientes de la sociedad panameña no perder de vista el problema de fondo en Colón que explica las verdaderas causas de este "octubre rojo" panameño, rojo de sangre y banderas. Porque la sola derogación de la Ley 72, que puede ser conveniente para los comerciantes que han controlado por décadas el negocio de reexportación, no solucionará el problema de fondo, la injusticia social que mueve a los colonenses a las calles, dirigidos por el Frente Amplio de Colón (organismo que agrupa a sindicatos, gremios y organizaciones civiles).
Mientras que, respecto a la motivación inmediata, la derogación de la Ley 72, la posición firme del Frente Amplio de Colón ("no hay negociación, sin derogación") está clara y ya ha empezado a resquebrajar la posición del gobierno; respecto de la segunda causa, ni el FAC, ni ningún otro sector de la izquierda y el movimiento popular hemos propuesto todavía una fórmula clara.
Por ello, junto a la demanda de derogación de la Ley 72, impuesta y sancionada en menos de 6 horas por la Asamblea nacional y el Ejecutivo, habría que formular una respuesta a la siguiente pregunta: ¿Cómo la Zona Libre de Colón va a compartir sus enormes ganancias con el pueblo colonense?

Un poco de historia
La historia de Panamá está marcada por un determinismo geográfico: un istmo que une los océanos Atlántico y Pacífico que, desde la aparición del mercado mundial, con la conquista española, se le asignó el papel de puente de mercancías y gentes. Primero, del oro y la plata del Perú; luego de paso de la comunicación entre las costas este y oeste de los Estados Unidos; más recientemente, de las mercancías "baratas" de Asia (China-Taiwán-Hong Kong-Japón) y América Latina (Colombia, Venezuela, Brasil, etc.).
Ese peso de la posición geográfica y su articulación al mercado mundial, dio origen a un concepto formulado por el historiador Alfredo Castillero Calvo en los años sesenta, que lo define bien: el transitismo.
El transitismo describe un país volcado a la zona de tránsito (hoy el eje Panamá-Colón, antes, Panamá-Portobelo), controlado por ávidos comerciantes agentes de intereses comerciales foráneos. Ese transitismo ha producido un país dislocado, en el que la zona de tránsito concentra la mayor parte de la riqueza, dejando casi en el olvido al resto del estado nacional. Un país con un 80% del PIB cargado hacia el comercio y los servicios financieros y de transporte, carente casi de agricultura e industria, cuyo resultado social es una de las peores polarizaciones de la riqueza social, con altas tasas de desempleo y pobreza.
El transitismo nos habla de un comercio que no proviene ni está dirigido a la población panameña que, dada su baja densidad demográfica y escasa industria, no posee un atractivo mercado interno. Ese comercio está en función de intereses extranjeros, mientras que el panameño y el colonense sólo ve pasar la riqueza, como antes vio pasar el oro y la plata del Perú.
Pero el transitismo ha tenido sus períodos de decadencia. Entre mitad del siglo XVIII y mitad del XIX, los comerciantes panameños en varias ocasiones soñaron abiertamente con la construcción de un "país hanseático" que, al estilo de las ciudades comerciales europeas del medioevo, realizara una alianza comercial con Inglaterra y su base jamaiquina, para que fuera puente mercancías inglesas hacia Sudamérica.
El sueño "hanseático" empezó a tomar forma a partir de la "fiebre del oro" de California, cuando Panamá fue descubierta por la potencia emergente, Estados Unidos, como el puente más corto y seguro entre sus costas. El sociólogo Marco Gandásegui ha dicho en alguna ocasión que Panamá se transformó en una extensión del río Mississipi que desembocaba en San Francisco.
Así nació la ciudad de Colón, cuando en 1850, la Pacific Mail empezó la construcción del ferrocarril de Panamá, el primero que unió ambos océanos. Por su trazado, el ferrocarril necesitaba una terminal en la costa caribeña de Panamá, así que se procedió a rellenar la isla de Manzanillo, dando origen a una ciudad que los norteamericanos llamaron al principio Aspinwall (en honor a uno de los gerentes de la Panama Railroad Co.).
Como el trazado del posterior Canal de Panamá corre paralelo al del ferrocarril, Colón se convirtió en el polo caribeño de asentamiento de los trabajadores antillanos, en su mayoría afrodescendiente, traídos para excavarlo. La población de Colón pasó de 3.000 habitantes en 1900, a más de 30.000 en 1920.
La construcción del canal por Estados Unidos trajo aparejada la separación de Panamá de Colombia, de la que era una provincia, dada la resistencia a aceptar un tratado que imponía la segregación de una Zona del Canal bajo soberanía norteamericana. Pese a que los comerciantes panameños creyeron ver cumplido su sueño "hanseático", y lo pusieron en la divisa del nuevo escudo nacional ("Pro Mundi Beneficio"), la realidad dura fue su exclusión del negocio canalero por los norteamericanos, quienes controlaron todo bajo un estricto esquema militar.
De manera que a mitad del siglo XX, el sueño "hanseático" de nuestros comerciantes era proveer de cantinas y burdeles a los soldados acantonados en las bases militares norteamericanas. Pero, al final de la Segunda Guerra Mundial, esa economía de cantina entró en crisis, degenerando en una continua serie de conflictos sociales y políticos, incluso interburgueses, por disputarse el control de los pocos negocios que producían algo de plusvalía.
El gobierno de Enrique A. Jiménez, en 1945, contrató los servicios de un grupo de asesores norteamericanos para que sugirieran algunos remedios a la crisis económica y fiscal. Uno de ellos, Thomas E. Lyons, funcionario del Departamento de Comercio de EE UU, realizó un informe en el que propuso la creación de una zona franca de comercio. Así nació la Zona Libre de Colón, mediante el decreto Ley No. 18 de 17 de junio de 1948, vigente hasta el viernes 19 de octubre de 2012, cuando fue aprobada y promulgada la Ley 72.

¿Zona Libre para beneficio de quién?
Las empresas que se establecen en la Zona Libre de Colón no pagan ningún tipo de impuestos, ni nacionales, ni municipales. La última vez que un gobierno intentó cargarles con un leve impuesto, bajo el gobierno de Ernesto Pérez Balladares (1994-99), los poderosos comerciantes pegaron el grito al cielo y el gobierno tuvo que retroceder. Lo único que pagan es un arrendamiento por las instalaciones que usan a un precio catastral subvalorado.
La Zona Libre de Colón cuenta en este momento con 1.751 empresas asentadas que reciben 250.000 visitantes al año. Aunque hay en ella todo tipo de empresas, predominan poderosos capitales judíos y árabes (que allí se llevan muy bien). Entre los primeros destaca la familia Motta (cuyas ramificaciones se extienden a la Compañía Panameña de Aviación, COPA; TVN-Canal 2; y el Banco General, el mayor de capital panameño). Entre los segundos destaca la familia Waked (con ramificaciones en todos los puertos libres del continente a través de los almacenes La Riviera y en los diarios La Estrella y El Siglo).
Se estima que en 2012 la Zona Libre de Colón manejará un movimiento comercial de 12.447.646 millones de dólares, 5.785.202 en importaciones y 6.662.443 en exportaciones, según la Contraloría General de la República. Otros cálculos elevan estas cifras por encima de los 16 mil millones de dólares. En un país cuyo Producto Interno bruto Total fue ponderado en 2011 en 23.253.6 millones de dólares, estamos hablando de una cifra significativa.
En un articulo reciente, el economista colonense y precandidato presidencial, Juan Jované, ha estimado el valor agregado generado por la Zona Libre de Colon en 2.042,6 millones en el año 2010. Este año la cifra será mayor según los indicadores.
Pese a toda esa riqueza que se mueve dentro de las 240 hectáreas que ocupa la Zona Libre, la ciudad de Colón es, a la vista del peor miope, una urbe paupérrima, en que la población camina en aceras decrépitas por donde corren aguas cloacales, malvive en edificios a medio caerse, cuya juventud padece el desempleo crónico (15%, según Jované) y se refugia en las pandillas; con hospitales decadentes y clínicas mal equipadas; ni hablemos de las escuelas. El desempleo general puede estar cerca del 25%.
Según datos del propio Ministerio de Economía (y estimados a la baja por una metodología alevosamente construida), el 3,2 % de los colonenses sobrevive en la indigencia y el 15,8% en la pobreza.
A todo lo cual hay que agregar el desprecio racista de gobiernos, policías y empresarios contra la población colonense, en su mayoría afrodescendiente. Ese racismo desembozado se expresa no sólo en el abandono de la provincia (de 220.000 habitantes) pese a su importancia económica, sino en que los empresarios de la Zona Libre prefieren traer trabajadores de Panamá a contratar colonenses. Además de que, por supuesto, los dueños y gerentes no tienen sus residencias en Colón sino en la ciudad de Panamá.
Como nos comentaba Alberto Barrow, dirigente de la etnia negra, ese racismo descarado también está en las cabezas de los policías, y sus jefes que le han ordenado disparar directamente contra la gente que protesta en Colón, como han mostrado las cámaras de la televisión. Es el mismo racismo con el cual hace dos años, en julio de 2010, dispararon a mansalva contra los trabajadores bananeros, en su mayoría del pueblo Gnabe-Buglé, en Changuinola; y en 2011, de nuevo contra ellos mismos que luchaban contra el Código Minero y las hidroeléctricas, en el área de San Félix.
Ese racismo ha sido consuetudinario en las élites panameñas, pero ha llegado al paroxismo bajo el gobierno integrado por comerciantes blancos de Ricardo Martinelli y su ministro de Seguridad José Raúl Mulino. Habría que preguntarle a los organismos de derechos humanos si no estamos ante una conciente práctica genocida por parte de estos gobernantes.

Los intereses inconfesables
En la crisis actual se mueven aviesos intereses. Los intereses del grupo gobernante, que ha impuesto la Ley 72, con la que pretenden matar dos pájaros de un tiro: hacerse con una cifra de entre 200 y 400 millones de dólares en venta de activos estatales para cuadrar un presupuesto exorbitante (el mayor de la historia) con el que quieren cerrar el año preelectoral, con mucho clientelismo y una impresión de bienestar; a la vez que se apropian para su grupo de valiosas tierras nacionales a precios de regalo y entran al negocio que les faltaba.
Pero no hay que perder la perspectiva de que a la oligarquía comercial que controla la Zona Libre de Colón le conviene que se derogue la Ley 72, no porque ellos tenga algún aprecio por la propiedad pública, sino porque el decreto de 1948 les permite seguir lucrando sin compartir un centavo con el pueblo colonense, como han hecho por sesenta años.
De ahí que no basta con exigir la derogación de la Ley 72, hay que buscar una propuesta que obligue a esos comerciantes a compartir un pedazo de la riqueza que genera la Zona Libre de Colón. Propuesta que debe salir de la dirigencia popular del Frente Amplio de Colón y de sus mejores intelectuales comprometidos con la causa popular. Propuesta que, aún manteniendo el negocio capitalista, haga algo de justicia al pueblo colonense y permita resolver las enormes disparidades sociales que padece.
Colón es la punta del iceberg, la vanguardia de un conflicto social que atraviesa todo el país (de ahí que la solidaridad y las protestas se hayan extendido por todos lados), entre la riqueza de una casta comercial que ha empezado a ver su sueño hanseático cumplido, a partir de la reversión del Canal en el año 2000, y esa masa popular que vegeta en la pobreza más allá de los edificios de la bahía de Panamá. El problema de fondo que amenaza con estallar, es el capitalismo transitista panameño y su sueño hanseático, cada vez más inequitativo, injusto y antidemocrático.
Panamá, 25 de octubre de 2012.
Notas: En Uruguay ya que nos consideramos diferentes al resto de los latinoamericanos a las Zonas Libres les llamamos Zonas Francas. De esta manera los politicos le dicen al pueblo que nos es lo mismo. De la misma manera en Uruguay no hay Campesinos hay "productores:
tomado del blog: Noticias Uruguayas http://noticiasuruguayas.blogspot.com/

El orden mundial entró en la zona de colapso


Domingo, 28 de Octubre de 2012 01:38 Rómulo Pardo Silva- Clarín de Chile
fuckmerkelEl orden mundial entró en la zona de colapso, no hay salida con los comportamientos actuales. En Europa y Estados Unidos se están produciendo fuertes protestas de millones que ya sufren el decrecimiento en sus medios de vida. Un sector mayoritario con temor se apega a los que aún manejan los instrumentos económicos, políticos, militares, mediáticos, para impedir la caída en un futuro desconocido.
La idea engañosa que ordenan difundir los magnates de las corporaciones y sus gobiernos, adoptada con esperanza por demasiados, es que habrá una recuperación aunque puede tardar unos años, un decenio…
En realidad hay que dialogar con la gente en la base social que se trata de un final y que se requiere su lucha para definir lo que sigue.
El petróleo se agota. Las reservas mundiales de metales están en declive, “El cobre, el zinc, el oro y el uranio figuran entre los principales metales cuyas reservas mundiales parecen en vía de agotamiento”, “Para la gran mayoría de los elementos, las reservas se sitúan entre 39 y 60 años”.[1] Hay una competencia de productores que no encuentran suficientes compradores. Los mares se empobrecen. El cambio climático va en vías de acelerarse. El problema de alimentos se complica por la falta de tierras de cultivo y el aumento de la población. Más de mil millones de habitantes son pobres. El número de ancianos aumenta sobrepasando al de las personas en edad de trabajar. Existe una preparación generalizada para la guerra incluyendo la nuclear.
Estudiando el presente y su porvenir autores predicen un decrecimiento estructural de la producción y el consumo con consecuencias de sufrimiento, inestabilidad, violencia, caos. La fase inicial de esa crisis ya se da en Estados Unidos, Europa, China.
“El prestigioso economista estadounidense Robert Gordon de Northwest University (EE.UU.) cree que las economías occidentales están a punto de iniciar la “great reversal”, la gran marcha atrás. El crecimiento robusto que ha trasformado el mundo desde los albores del capitalismo en el siglo XVIII ya no va a ser posible. ”Antes del 1750 no había crecimiento en el mundo y el crecimiento registrado en los últimos 250 años puede que fuese un periodo único en la historia de la humanidad”, sostiene en un informe publicado en agosto. […] crece un consenso de que Europa y sobre toda las economías post burbuja como España así como EE y EEUU inician ya una larga fase de estancamiento del PIB. Es decir, que estamos a punto de entrar en territorio incógnita en el desarrollo de nuestras sociedades orientados solo por Serge Latouche o Tim Jackson. Pero hay un país que tiene ya dos décadas de experiencia del bajo crecimiento: Japón. El PIB japonés alcanzó su máximo histórico a mediados de los años noventa y jamás ha vuelto a recuperarlo tras años de crecimiento raquítico o decrecimiento En los últimos 20 años la tasa media de crecimiento anual en Japón no llega al 1%...”[2]
Estados Unidos y sus socios europeos han preparado desde hace tiempo una estrategia para este momento y los que siguen. Es la dominación planetaria utilizando todos los medios para lograr su acomodo particular en esas difíciles condiciones. Warren Buffett, la tercera fortuna del mundo, escribió "Hay una guerra de clases, pero es mi clase, la de los ricos, la que está haciendo la guerra, y la estamos ganando."[3]
Es urgente comprender la crisis actual como el colapso de esta civilización, que no se debe esperar una recuperación duradera del sistema porque la continuidad del crecimiento de la economía y el consumo ahora es imposible.
Especialmente la juventud debe considerar que vendrá el fascismo de los años treinta del siglo 20. Que son ellos los que tienen que colocar su fuerza tras el proyecto alternativo, solidario, planificado, mundial, socialista ecológico. Construir la vida frugal pacífica para todas las especies y medio ambientes.
No hay otra elección sino entre la brutalidad de los megaempresarios occidentales acompañados por los capitalistas locales y la justicia para todos los pueblos.
Sería una falta política muy grave que miles de millones de personas no lleguen a percibir lo que ve claramente Warren Buffett
Referencia
1 Crisis de materiales Rarefacción de los metales: mañana, el “Peak Everything”, Matthieu Auzanneau, http://rebelion.org/noticia.php?id=158043
2 Japón Vida en Tokio sin crecimiento, Andy Robinson, http://rebelion.org/noticia.php?id=158043
3 Citado por Susan George en entrevista de Paco Cerdá
Rómulo Pardo Silva