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sábado, 20 de febrero de 2016

Cuba cuenta con una modalidad universitaria que no tiene paralelo en el mundo

tomado de: Cuba Devate: http://www.cubadebate.cu/opinion/2016/02/18/cuba-cuenta-con-una-modalidad-universitaria-que-no-tiene-paralelo-en-el-mundo-video/#.VsknQkIoB0w



Cuba cuenta con una modalidad universitaria que no tiene paralelo en el mundo (+ Video)

Por: Frei Betto

Frei Betto ofreció una amplia conferencia en el Congreso Universidad-2016. en la que se refirió a la formación humanista de los profesionales. Foto: José Raúl Concepción/Cubadebate.
Frei Betto ofreció una amplia conferencia en el Congreso Universidad-2016. en la que se refirió a la formación humanista de los profesionales. Foto: José Raúl Concepción/Cubadebate.
En agosto de 1945, dos ciudades japonesas fueron barridas del mapa: Hiroshima y Nagasaki. Más de 200 mil personas, simples ciudadanos civiles, perdieron la vida al ser alcanzadas por las bombas atómicas lanzadas por aviones estadounidenses. Esos han sido, sin sombra de duda, los más graves atentados terroristas ocurridos en toda la historia de la humanidad.
Detrás de las mortíferas bombas había hombres graduados en las mejores universidades del mundo. Robert Oppenheimer, quien dirigió el Proyecto Manhattan, que culminó con la fabricación de las bombas de Hiroshima y Nagasaki, era un físico teórico, graduado de la Universidad de Harvard en 1925. Tuvo varios hijos, y era conocido por su gentileza, su incapacidad de golpear a una mujer ni siquiera con una flor. Después de la catástrofe japonesa Oppenheimer sufrió una crisis de conciencia. Solía repetir una frase del Bhagavad-Gita, el libro de la espiritualidad hindú: “Me convertí en la muerte, destructora de mundos”. Más tarde se manifestó a favor de un mayor control sobre la proliferación de las armas nucleares, lo que le costó que lo acusaran de ser un espía de los soviéticos.
Edward Teller era colega de Oppenheimer en el Proyecto Manhattan. Nacido en Hungría de padre abogado y madre pianista, se graduó de ingeniero químico en Alemania. Fue profesor en las más prestigiosas universidades del mundo, como la de Londres y la de Berkeley, en California. Utilizó su inteligencia para inventar la bomba de hidrógeno, 750 veces más potente que la de Hiroshima. Fue él quien acusó a Oppenheimer de ser espía de los soviéticos. En la década de 1980 se destacó por ser el gran mentor del Programa de Defensa Estratégica, más conocido como “guerra de las galaxias”, patrocinado por el presidente Reagan. Su enajenación científica inspiró el filme Doctor Strangelove, dirigido por Stanley Kubrick en 1964.
Todos los científicos del Proyecto Manhattan tuvieron el respaldo de dos presidentes de los Estados Unidos: Franklin Delano Roosevelt y su sucesor, Harry S. Truman. Roosevelt ostentaba dos diplomas de Derecho, expedidos por las universidades de Harvard y Columbia. Truman, quien lo sucedió en abril de 1945, también había estudiado Derecho, pero no llegó a obtener el diploma.
Si Oppenheimer hubiera tenido, como Albert Einstein, una formación humanista basada sobre valores morales, ¿habría dirigido el Proyecto Manhattan? Si Edward Teller hubiera tenido una formación humanista fundada sobre la ética, ¿habría creado la bomba de hidrógeno? ¿Y Roosevelt y Truman habrían autorizado el Proyecto Manhattan y el genocidio nuclear en Hiroshima y Nagasaki?
No basta con una formación humanista. Heidegger tuvo una formación humanista y, sin embargo, apoyó el nazismo. Werner Heisenberg también recibió una formación humanista y, no obstante, colaboró con el proyecto atómico de la Alemania nazi. Una verdadera formación humanista supone encarnar valores como la solidaridad, la cooperación, la lucha por la justicia, la defensa de la dignidad de todos los seres humanos y la preservación ambiental.

Universidad y pluridiversidad

El intelectual argentino, Atilio Borón, presente en la conferencia de Betto. Foto: José Raúl Concepción/Cubadebate.
El intelectual argentino, Atilio Borón, presente en la conferencia de Betto. Foto: José Raúl Concepción/Cubadebate.
Las universidades nacieron a la sombra de la Iglesia como instituciones humanistas. Y toda universidad es, curiosamente, una multidiversidad, dado que reúne distintas disciplinas y métodos de aprendizaje. ¿Por qué, entonces, se les llama universidades y no pluridiversidades?
La realidad es que en el seno de una universidad, toda la diversidad de disciplinas, desde la Filosofía hasta la Medicina, sigue el mismo objetivo estratégico pedagógico: es una institución volcada a la formación de mano de obra calificada para el mercado, en el caso de las universidades capitalistas, o de profesionales en condiciones de responder a las demandas de la población, que debería ser el propósito de las universidades en los países socialistas.
Por eso resulta necesario que la universidad se someta siempre a un proceso permanente de autocrítica. Que se pregunte si es una isla del saber indiferente a las necesidades reales del país o una fábrica capaz de dotar a la nación de herramientas teóricas y prácticas para solucionar los problemas que la afectan.
Cuando Napoleón entró a Berlín en 1806, los prusianos tuvieron que abandonar sus posturas inflexibles y permitir que en los países de lengua alemana las universidades se liberaran de la tutela de la teología. Los pioneros de esa conquista emancipadora del saber fueron Johann Fichte, Christian Wolff e Immanuel Kant. Y gracias a la autonomía de la razón, las universidades alemanas nos dieron a Carlos Marx, Federico Engels, Max Planck, Max Weber, Sigmund Freud y Albert Einstein. La geología, la física y la química comenzaron a merecer la misma importancia que la filosofía, la historia y la sociología.
Los Estados Unidos copiaron el modelo alemán, sobre todo porque necesitaban profesionales calificados para ampliar su parque industrial. Se estableció un vínculo estrecho entre las empresas y las universidades. Yale concedió el primero título de doctorado en 1861, y en 1900 más de 300 alumnos ya ostentaban el título de doctores.
La universidad yanqui se transformó en una fábrica elitista de pragmatismo y liberalismo. Lo que le interesa, hasta el día de hoy, es el desarrollo de la ciencia y la tecnología. Y el principio estratégico pedagógico que rige ese pragmatismo es obvio: fortalecer el mercado y la apropiación privada de la riqueza.
El fundador del pragmatismo estadounidense fue Charles Sanders Pierce, un filósofo destacado en la década de 1870. Pero le cupo a William James el mérito de popularizarlo gracias a la serie de conferencias que pronunció en Boston en 1907, con el título de “Pragmatismo: un nuevo nombre para viejas formas de pensar”. James enseñaba que un profesional no debe estar movido por principios, sino por hechos empíricos… ¡Aunque sus enseñanzas eran contradictorias, porque se basaban sobre un nuevo principio!
La tercera figura importante del pragmatismo yanqui es John Dewey, un catedrático de la Universidad de Chicago. Su lema era “Democracia (entiéndase, capitalismo), ciencia e industrialismo”.
En 1908, Harvard inauguró su Escuela Superior de Empresas de Graduados. O sea, una vía para formar mejor a los hombres de negocios. Los alumnos eran enviados a hacer pasantías en las empresas. Esa pedagogía desarrolló dos aspectos: les permitió a los alumnos vincular la teoría y la práctica y, a la vez, les propició a las empresas la posibilidad de perfeccionar la calidad de sus nóminas de profesionales.
El carácter de ese proyecto estratégico pedagógico de las universidades de los Estados Unidos ya estaba definido en las palabras de Marx y Engels en el Manifiesto comunista: “Todos los complejos y variados lazos que ataban al hombre feudal a sus ‘superiores naturales’, [la burguesía] los despedazó sin piedad y solo dejó subsistir, entre hombre y hombre, el lazo frío del interés, las duras exigencias del ‘pago a la vista’. Apagó los fervores sagrados del éxtasis religioso, del entusiasmo caballeresco, del sentimentalismo pequeño burgués, en las aguas heladas del cálculo egoísta. Hizo de la dignidad personal un simple valor de cambio. Sustituyó las numerosas libertades conquistadas con tanto esfuerzo por la única e implacable libertad del comercio”.
Como bien señala el educador y filósofo brasileño Maurício Abdalla, en nuestras universidades, lamentablemente, casi no hay espacio para la filosofía de las ciencias. Si bien se rechaza teóricamente el positivismo, en la práctica está vigente, aunque criticado por los cultivadores de la Nueva Filosofía de las Ciencias como Popper, Kuhn, Lakatos, Feyerabend y Laudan. Muchos profesores universitarios, en especial de las áreas científicas y tecnológicas, permanecen ajenos a los debates epistemológicos, y son tributarios de una visión positivista ingenua de las ciencias. Creen que hay una ciencia neutra, exenta de influencias ideológicas y subjetividades, mero fruto de indagaciones e investigaciones desinteresadas, de observaciones empíricas ajenas a toda metafísica. El resultado de esa postura es que teorías científicas plagadas de subjetivismo y condicionamientos culturales son abrazadas como dogmas, sin conexión con la realidad cambiante y el proceso histórico dinámico.
Se crea así una escisión entre ciencias naturales y ciencias humanas, ética e investigación científica, lo que favorece aberraciones como la de querer impedir todo sistema axiológico en las investigaciones de la biogenética, o la de pregonar que los productos transgénicos en nada afectan el equilibrio ambiental y el organismo humano, o que el uso excesivo de combustibles fósiles no influye en el calentamiento global. Es la “cientocracia”, la dictadura de la ciencia, que debe decidir lo que comemos, de qué modo nos vestimos, qué tipo de sociedad es mejor, etc. Es el neoplatonismo posmoderno, que elige científicos-reyes en lugar de filósofos-reyes, como quería Platón.

Cooperación o competencia

Asisten unos tres mil participantes de 60 países. Foto: José Raúl Concepción/Cubadebate.
Asisten unos tres mil participantes de 60 países. Foto: José Raúl Concepción/Cubadebate.
Si el capitalismo es un sistema monetario en el que los derechos humanos están sujetos a los caprichos del mercado, el socialismo es un sistema humanitario en el que los derechos humanos son la prioridad por excelencia. Es en el marco de esos parámetros que la universidad debe enrumbar su objetivo estratégico pedagógico en un país como Cuba. Impedir que la universidad sea una torre de marfil y crear vínculos efectivos entre alumnos y profesores y entre los diversos sectores de la nación, que reflejen las demandas más urgentes de la población. Buscar respuestas a las siguientes preguntas: ¿cómo se relaciona la universidad con los sindicatos, las cooperativas, los movimientos sociales, los nuevos emprendimientos? ¿Cómo se prepara la universidad para las reformas económicas y sociales que se llevan a cabo en Cuba, sobre todo teniendo en cuenta la inauguración del puerto de Mariel y la reanudación de las relaciones con los Estados Unidos?
Sin duda, Cuba cuenta con una modalidad de extensión universitaria que, por su alcance, no tiene paralelo en el mundo: la solidaridad internacional de sus profesionales, en especial sus médicos y maestros, presentes entre la población más pobre de más de 100 países. Ese internacionalismo logra su consistencia gracias al capital simbólico acumulado por la heroica historia de este país y enriquecido, de modo ejemplar, por la Revolución. Capital simbólico encarnado en la vida y el testimonio de hombres como Félix Varela, José Martí, Ernesto Che Guevara, Raúl y Fidel Castro.
Tanto en el mundo capitalista como en el socialista, las universidades transitaron del humanismo regado con agua bendita al racionalismo cientificista abrazado al mito positivista de la neutralidad de la ciencia. Pero la brújula de la ciencia es la ética, como bien demostró Aristóteles. Y la ética es el conjunto de valores que incorporamos para hacer más digno y feliz nuestro breve período de vida a bordo de esta nave espacial llamada Planeta Tierra. He ahí la cuestión central de un proyecto estratégico pedagógico verdaderamente revolucionario, capaz de superar las contradicciones de la razón instrumental, que en nombre de acelerados avances científicos y tecnológicos provoca la devastación ambiental, hasta el punto de que la naturaleza de nuestro planeta perderá su capacidad de autorregeneración, a menos que se produzca una intervención humana.
En tiempos de posmodernidad, que amenazan tener como paradigma no la religión del período medieval ni la razón del período moderno, sino el mercado, la mercantilización de todos los aspectos de la vida humana y la naturaleza, tan acertadamente denunciada por el papa Francisco en su encíclica socioambiental Laudato Si – sobre el cuidado de la casa común, la universidad se ve interpelada por una pregunta ontológica: ¿cómo lidiar con la experiencia subjetiva del mundo de sus profesores y alumnos? La experiencia subjetiva del mundo de cada ser humano es una cuestión que la ciencia jamás podrá resolver. Ni siquiera el lenguaje es capaz de traducirla, aunque haya formas de expresión que intentan aprender el alfabeto de los ángeles, como la filosofía, la religión y el arte. En una fase de transición civilizatoria, como la actual, precisamos de una nueva ontología ecosocialista.
Es ahí que se ubica el desafío ideológico para el proyecto estratégico pedagógico de la universidad en un país como Cuba. ¿Los profesionales que ella forma construyen una experiencia subjetiva del mundo centrada en valores ajenos a la universidad? ¿Esos valores están enraizados en la solidaridad, el altruismo, la cooperación, o en la ambición egocéntrica, el individualismo, la competitividad?
En un país como Cuba no es suficiente responder: ¡somos socialistas! ¡Somos marxistas! Basta repasar la historia para saber cuántas atrocidades se cometieron en nombre del marxismo y del socialismo, al igual que en nombre del cristianismo hubo Inquisición y se realizó la empresa colonialista genocida en la América Latina. Pero no hay que tirar al niño con el agua sucia. Tanto el cristianismo como el socialismo han escrito bellas páginas en la historia. Y los dos se nutren de la misma raíz: la ética bíblica, que proclama que todo ser humano está dotado de sacralidad ontológica y que el don de la vida nos fue dado para que podamos disfrutarlo en un paraíso aquí en la Tierra, a lo que el mensaje evangélico llama “reino de Dios” y el marxismo, sociedad comunista, en la que todo será común entre todos, se le dará a cada cual según sus necesidades y se exigirá de cada uno según su capacidad.
Ese humanismo debería ser la estrella polar de nuestras universidades, capaz de señalar el rumbo de todas las investigaciones científicas, los inventos tecnológicos, la formación de profesionales y de hombres y mujeres dedicados a la política y a la administración pública.
Termino con dos citas que reflejan bien lo que he pretendido decir aquí. La primera es del filósofo Gaston Bachelard, que instaba a los científicos a revelar el carácter humano de sus investigaciones. En su obra La filosofía del no (1978), señala: “Preguntémosles, pues, a los científicos: ¿cómo piensan, cuáles son sus intentos, sus ensayo, sus errores? ¿Cuáles son las motivaciones que los llevan a cambiar de opinión? ¿Por qué razón se expresan tan sucintamente cuando hablan de las condiciones psicológicas de una nueva investigación? Transmítannos, sobre todos, sus ideas vagas, sus contradicciones, sus ideas fijas, sus convicciones no confirmadas.”
La otra cita, con la cual termino, es del genio profético de Martí, quien en Nuestra América ya nos interpelaba en ese sentido:
“¿Cómo han de salir de las universidades los gobernantes, si no hay universidad en América donde se enseñe lo rudimentario del arte de gobierno, que es el análisis de los elementos peculiares de los pueblos de América? A adivinar salen los jóvenes al mundo, con antiparras yanquis o francesas, y aspiran a dirigir un pueblo que no conocen. En la carrera de la política habría de negarse la entrada a los que desconocen los rudimentos de la política. El premio de los certámenes no ha de ser para la mejor oda, sino para el mejor estudio de los factores del país en que se vive. En el periódico, en la cátedra, en la academia, debe llevarse adelante el estudio de los factores reales del país. Conocerlos basta, sin vendas ni ambages; porque el que pone de lado, por voluntad u olvido, una parte de la verdad, cae a la larga por la verdad que le faltó, que crece en la negligencia, y derriba lo que se levanta sin ella. Resolver el problema después de conocer sus elementos es más fácil que resolver el problema sin conocerlos. Viene el hombre natural, indignado y fuerte, y derriba la justicia acumulada de los libros, porque no se la administra en acuerdo con las necesidades patentes del país. Conocer es resolver. Conocer el país, y gobernarlo conforme al conocimiento, es el único modo de librarlo de tiranías. La universidad europea ha de ceder a la universidad americana. La historia de América, de los incas acá, ha de enseñarse al dedillo, aunque no se enseñe la de los arcontes de Grecia. Nuestra Grecia es preferible a la Grecia que no es nuestra. Nos es más necesaria. Los políticos nacionales han de reemplazar a los políticos exóticos. Injértese en nuestras repúblicas el mundo; pero el tronco ha de ser el de nuestras repúblicas. Y cállese el pedante vencido; que no hay patria en que pueda tener el hombre más orgullo que en nuestras dolorosas repúblicas americanas.”
(Traducción de Esther Pérez)

video:
 



lunes, 1 de septiembre de 2014

Entrevista: Gustavo Grobocopatel "El rey de la soja" Empresario Argentino

domingo, 31 de agosto de 2014







El empresario argentino Gustavo Grobocopatel, considerado en su país como "el rey de la soja", participará en el ciclo de charlas que brindará el candidato a la Presidencia por el Frente Amplio, Tabaré Vázquez, "Uruguayx+".
De la primera conferencia, que se realizará el próximo lunes en el auditorio de Antel también participará el ingeniero Nicolás Jodal, CEO de GeneXus Internacional.
Esta será la primera de cuatro charlas que abordarán temáticas vinculadas a producción, innovación, ciencia y tecnología.

 Por Claudio Lowy *  La modelización del sistema agrario de producción transgénica que propone Gustavo Grobocopatel en su nota “Proteínas como arma de negociación con el mundo” (http://www.clarin.com/opinion/Proteinas-arma-negociacion-mundo_0_311368927.html), que publicó Clarín el jueves 5 de agosto, y que refuerza en notas posteriores en Página/12, está construida sobre la minimización, el ocultamiento y la tergiversación de daños ambientales, sociales y económicos. Algunas de las afirmaciones que propone el empresario para mirar el sistema agrario de producción de soja transgénica son:

- “Lo más importante es que la soja no sólo no compite con los productos de valor agregado sino que puede ser su aliada natural y principal.”

- “Si el mundo necesita soja y sus derivados, se los podríamos dar a cambio de que también nos compren otros productos. Si no tenemos soja es muy probable que no tengamos cómo negociar la colocación de los otros productos, sean del origen que sean.”

- “Las proteínas pueden ser nuestra mejor arma de negociación ante el mundo.” Y propone juntarnos en esta estrategia con Brasil y el resto de los países del sur de América.

- “Agricultura familiar” es sinónimo de vivir sin dignidad.

- Los beneficios de la agricultura están distribuidos en la sociedad.

- Gracias a la siembra directa no estamos desertificando más; el glifosato es el menos malo de los herbicidas y no pasa a las napas porque se destruye al tocar el suelo.


Estas y otras contenidas en sus escritos tergiversan y/o ocultan que:
1. La soja sí compite con otros productos. Desplazó, entre otras, a la actividad tambera, las pasturas y los cultivos de algodón. Y pone en riesgo nuestra soberanía alimentaria.

2. Se privilegia la demanda del mercado internacional, dificultando la satisfacción de la demanda del mercado interno, con la consiguiente presión sobre los precios.

3. Se destruye la capacidad de producir alimentos sanos y diversos en el campo argentino. En superficies que ocupan hasta el borde mismo de los pueblos, impide que en esos territorios se cultive para abastecer a esas mismas poblaciones. Se destruyen los bosques y la capacidad productiva de los suelos. Y obliga a los productores a depender de un sistema que los degrada a ellos y a su ambiente.

4. Los agroquímicos aplicados generan enfermedades que incluso causan la muerte entre los trabajadores rurales y las poblaciones afectadas.

5. Se concentra el ingreso en poquísimas personas, dejando a muchos en la pobreza y en la indigencia.

6. Las personas que viven en las zonas rurales y en las pequeñas poblaciones deben migrar hacia las villas miseria de las grandes ciudades, degradando su calidad de vida y agravando los desequilibrios poblacionales y ambientales.

7. Las alteraciones y riesgos de daños irreversibles de los transgénicos en la biodiversidad y la evolución biológica. Así como los daños y riesgos de los alimentos transgénicos vinculados también con la falta de información adecuada al consumidor.

8. La necesidad de aplicar fertilizantes y plaguicidas en cantidades y concentraciones cada vez mayores.

9. La destrucción de nuestros ecosistemas y la erosión de la biodiversidad, afectando los procesos ecológicos esenciales, el ciclo del agua, de los nutrientes, del dióxido de carbono, el flujo energético y las cadenas tróficas, sin los cuales la vida que conocemos y su evolución no es posible.

10. Genera un sistema ineficiente y/o corrupto de control y certificación de agroquímicos y de agroalimentos, que aprueban productos que no deberían ser aprobados y envían al mercado alimentos que no son sanos, presionados precisamente por el sistema empresario que los produce.

11. El desarrollo y consolidación de este sistema empondera a la empresa Monsanto y similares en nuestro país, tan cuestionadas y cuestionables desde todo punto de vista.

12. El sistema de monocultivo transgénico es ambientalmente insostenible. Tienen una concepción minera, extractivista de la capacidad productiva del suelo, al que tratan como un recurso no renovable que agotan. Buscan sustituir los procesos que renuevan naturalmente su capacidad productiva mediante la reposición agroquímica de su fertilidad, lo que es altamente ineficiente. Pretenden reemplazar el equilibrio biológico que limita naturalmente las plagas animales y vegetales con pesticidas, lo que genera la aparición de plagas resistentes, obligando a la aplicación de cada vez mayor cantidad de productos cada vez más tóxicos.

13. Que el sistema de producción agrícola dominante y su cadena de valor son el principal generador de gases de efecto invernadero y, consecuentemente, el principal responsable del cambio climático.

El modelo Grobo propone, explícitamente, la creación de un sistema económico sustentado en la venta de soja y sus derivados. Y toda la sociedad sustentada en la buena voluntad y eficiencia de los productores sojeros. Explicita que todas las otras producciones no podrían competir por sí solas en el mercado mundial, ni ahora ni en el futuro; lo que es en sí mismo una expresión de soberbia superlativa.

El sistema económico y social se sometería así a un autoritarismo productivo y la estratificación de clases sociales. Además, basar la inserción en el comercio internacional en el desarrollo de un solo producto, con el cual saldríamos a presionar al mundo, es una propuesta casi hilarante si no fuera por las consecuencias que traería y el poder del sector social que representa quien la enuncia. En especial después del episodio de limitación de importación de aceite de soja por parte de China, a través de una medida paraarancelaria orientada hacia el aceite de soja de origen argentino.

Los promotores del sistema sojero califican de cavernarios a los que se oponen a él, cuando en realidad los retrógrados son ellos, ya que llevan a su mínima expresión a ecosistemas diversos, que demoraron a veces miles de millones de años en evolucionar y desarrollarse. Y destruyen su diversidad y sus procesos ecológicos en pocos años. Diversidad, procesos ecológicos y ecosistemas de los cuales dependemos todos, y sin los cuales la sociedad tampoco es viable


* Ingeniero forestal (UNLP). Master en Desarrollo Humano Sostenible, ecolowy@yahoo.com.ar


http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/cash/17-4642-2010-09-21.html




El rico que se cree Steve Jobs

No le gusta que le digan el Rey de la Soja. Más bien se ve a sí mismo como el creador de un método revolucionario de hacer negocios en el sector más arcaico de la economía de América Latina. Gustavo Grobocopatel recibió a una cronista y un sociólogo en su campo de Carlos Casares. Les dio de comer pollo hervido.

Por: Graciela Mochkofsky / Alexandre Roig - Fotos: Alfredo Srur

Avanzamos por un camino de tierra en el que se pudría el cadáver de una gran mulita. Alguien dijo que era no era posible que ellos recorrieran ese camino cada vez que venían al campo; este era el camino para nosotros.
Ellos debían viajar en helicóptero –es lo que haríamos si fuéramos ellos.
Alguien más especuló con el extraordinario asado que nos esperaba.
Pero doblamos a la derecha en una encrucijada y nos perdimos. Había campo, campo y más campo hasta donde llegaba la vista. Era un desierto amarillento. Y en el costado, una laguna con garzas; debía ser un espejismo.
Al fin, el fotógrafo sugirió regresar y seguir, hacia la izquierda, el cableado eléctrico. Desembocamos en un jardín perfectamente llano y verde. Los árboles se agrupaban detrás de la casa, rústica, amplia, con una galería llena de sofás. Bajo los árboles descansaban una 4x4 Mercedes Benz y un par de autos estacionados. No se veía el helipuerto.
Salió a recibirnos un adolescente muy alto, de ojos inteligentes, amables; unos niños corrieron detrás y dos chicas adolescentes con actitud adolescente se recostaron en un mullido sofá de cuerina blanca en medio del jardín. Gustavo Grobocopatel y su esposa Paula nos dieron la bienvenida. Ella en hawaianas blancas, pantalón negro y un suéter blanco de hilo muy simple; él en jeans y una camisa a cuadros. Estábamos mejor vestidos nosotros.
Debíamos atravesar la casa para llegar al almuerzo. Los seguimos por habitaciones amplias, cómodas y sin lujos, con las paredes cubiertas de fotografías de parientes. En el quincho comían una suegra, su novio y unos primos. Los demás ya habían terminado.
No olía a asado.
Dos empleadas, con la ayuda de Paula, nos sirvieron pollo hervido, pescado hervido, zanahorias hervidas y calabaza hervida. Chequeamos: los demás comían lo mismo.
De postre, frutas.
-¿Alguien quiere café? -preguntó Paula.
Queríamos.
-Es instantáneo. Arlistán.
Ya no queríamos.
El remisero comía con decepción. La mandíbula se le cayó cuando, mientras examinaba la pata hervida en su plato, Grobocopatel contó que su empresa facturaba (neto) por año:
-Mil millones de dólares.
Con diplomacia, señalamos a Grobocopatel, que, habiendo crecido con un padre empresario, su vida debió ser próspera desde el inicio –habría comido (pensamos) algo mejor que esto.
-En mi familia, el ahorro es fundamental –replicó-.El que cuida lo poco, cuida lo mucho, decía mi viejo. Masticamos despacio la fruta.

***
La de millonario austero era, a todas luces, una imagen que Grobocopatel quiere transmitir.
Es un hombre grande y rubicundo, un metro noventa de piel rojiza, un hijo natural de la pampa gringa. Es carismático, campechano, directo; sabe cómo hacer sentir cómodos a los demás, cómo prestar atención a cada palabra. Es una de esas personas inteligentes que hacen muchas cosas bien, o están convencidas de que hacen bien muchas cosas: es empresario, fotógrafo, cantante de folclore y de música lírica, grabó discos.
Es tan cordial y seductor (aunque no deja de combatir, sutilmente, por el control de la entrevista) que le preguntamos si acaso será una de esas personas de egos frágiles que necesitan agradar. Le preguntamos, en fin, si necesita que lo quieran.
-Tengo el tema de la autoestima sumamente fuerte. Tengo una madre judía, tres hermanas, mi mujer que es divina, mi maestra de música que es una mamma italiana. Tengo una autoestima fuerte.
¿Será esa la clave? Su familia ha sido una familia de chacareros, que en otras circunstancias, si el mercado mundial y la Argentina y sus ambiciones y talentos no se hubieran acomodado de un modo único hace ya veinte años, habría sido una más de la clase media acomodada del interior.
Vivió casi toda su vida en Carlos Casares, en una casa del centro de una ciudad con menos de 20.000 habitantes. Terminó el secundario en la escuela pública. “No teníamos restricciones” en la infancia, dice, pero tampoco lujos: en vacaciones, paraban en hoteles tres estrellas. Para tener su primera pelota de fútbol tuvo que completar un álbum de figuritas.
“Mi familia no era de las familias ricas de Casares. Había una aristocracia, de la que no éramos parte. Mi padre estuvo muy orgulloso cuando lo invitaron al Rotary Club. A la aristocracia local la veíamos con admiración. Era gente refinada, te invitaba a comer y comías con cuatro cubiertos. Era gente que pensaba distinto, valoraba cosas diferentes (…) En lo de mis padres no había fruta; cuando yo era chico, una manzana se repartía entre tres. La fruta era algo de lujo (…) Mi viejo, desde que lo conozco, está a punto de fundirse…. No está a punto de fundirse; yo creo que es un gran actor y que nos dice que nos vamos a fundir para que cuidemos la guita”.
***
Nos sube a su camioneta y nos lleva a recorrer la geografía que le dio origen: la vieja colonia judía Mauricio; la sinagoga de Moctezuma, hoy museo, cuyo guardián es su tío, un hombre hospitalario y modesto, acorde con el pueblo en que vive; Smith, el caserío de doscientos habitantes en que nació su padre; el cementerio judío de Algarrobos, donde su familia tiene un pequeño panteón --y los demás muertos, lápidas más o menos destruidas; algunas, muy destruidas.
Aunque habla del “schule” y “la bobe”, admite que no ha conservado ninguna tradición judía, que es agnóstico o ateo, lo mismo da; que se casó con una mujer no judía y que circuncidó a su hijo --“pero me arrepiento”.
En el trayecto, ofrece el show completo. Baja en medio del campo sembrado de soja, arranca una vaina seca, la abre y mastica una semilla.
-¿Alguna vez vieron soja? Acá tienen.
Nos lleva de un lado al otro, se detiene ante edificios pintorescos para que nuestro fotógrafo haga su trabajo. Cuando el fotógrafo acepta tomar una foto que él propuso, nos mira y sonríe con satisfacción:
-A este -señala al fotógrafo- lo conozco como si lo hubiese parido.
Nos monta una escena que, parece saberlo, no podrá quedar afuera del relato. A zancadas nos lleva entre las tumbas del cementerio, un jardín de pasto fresco y mullido con paredes de ladrillo y conjuntos de arbolitos, hasta el rincón más lejano, una esquina triangular que se eleva sobre el terreno. Se detiene allí y espera que todos subamos, disfrutando por adelantado el efecto.
Al subir al montículo, aparece detrás de la pared, como en un acto de magia, una laguna de azul intenso poblada de garzas y de patos, un estallido de vida junto al reservorio de la muerte.
-Sos la primera periodista a la que se lo digo: este es el lugar en el que quiero que me entierren cuando muera.
***
El primer Grobocopatel, Abraham, fue pobre. Llegó de Besarabia, Rusia, en 1912, en el segundo contingente de judíos traídos por la Jewish Colonisation Association del Barón Hirsch, que instaló en la Pampa húmeda a familias de Europa del Este castigadas por la pobreza y el antisemitismo, y dio origen a una rareza: los gauchos judíos.
Abraham no tuvo tierra; la habían comprado toda los judíos del primer contingente. Producía heno de alfalfa para alimentar a los caballos, cuando la Argentina se movía por tracción a sangre. “Eramos la YPF” de la época, ilustra su bisnieto.
Bernando, el hijo de Abraham, compró sus primeras 200 hectáreas cincuenta años más tarde, en 1961. Adolfo y Jorge, sus hijos, trabajaron para él como tractoristas, y al morir Bernardo heredaron 700 hectáreas. En la convulsionada década del ‘70, prosperaron: compraron 3.000 hectáreas de campo, expandieron sus sembradíos y agregaron el acopio de granos. Ahorraban en vacas: “Era una forma de capitalizarse.    En algún momento vendían toda la hacienda y compraban tierra”.
Los hermanos fueron socios hasta que Gustavo, hijo de Adolfo, se graduó como ingeniero en 1984 y decidió que había que modernizar. Propuso incorporar computadoras y “hacer” soja. Adolfo tomó partido por su hijo. Jorge relicó que a las cuentas había que seguirlas en persona, no con máquinas. ¿La soja? No le gustaba: era un poroto. La discusión terminó en la ruptura de la empresa y de los hermanos, que dejaron de hablarse durante veinticinco años.
Así nació Los Grobo.
***
Gustavo Grobocopatel fue profesor e investigador en la Universidad de Buenos Aires. Allí adquirió una perspectiva “tecnológica” de la producción agropecuaria, que en la Argentina, como en buena parte del mundo, era un negocio primitivo y fuertemente tradicional. Incorporó la siembra directa, que consiste en sembrar sobre los rastrojos de la cosecha anterior, una técnica que otros agricultores de avanzada acababan de incorporar en la Argentina y que aumentaba el rendimiento de la tierra.
Pero lo que el joven Grobocopatel realmente aportó a la agricultura argentina, según su propia explicación –lo plantea en tercera persona: “¿Qué fue lo que este tipo hizo y que no hubiese sucedido si no hubiese estado este tipo?”-, fue la introducción de un modo específico de organizar la gestión. Como dijo un profesor de Harvard, donde se estudia su caso: “Los Grobo son el toyotismo en la agricultura”. El joven Grobocopatel admiraba mucho la filosofía kaizen de Toyota: un sistema de producción basado en un programa de “calidad total”.


“Adoptamos las mejores prácticas de gestión global y lo adaptamos a la agricultura, que era un sector primitivo. Hablar de gestión del conocimiento en agricultura no existía; solamente existía en empresas de tecnología. Hablar de ISO 9001 era de empresas industriales. Hablamos de network, de redes, de vinculaciones, clientes, proveedores. Fuimos de los primeros que hablamos de desarrollo sustentable, de responsabilidad social aplicada a la agricultura. De capital social. Todos esos conceptos propios de otros sectores los incorporamos a la agricultura. Y eso tuvo un impacto, porque, por más que la agricultura argentina era una agricultura de servicios tercerizados, el contratista existe en Argentina desde 1930. Nosotros reconceptualizamos el rol del contratista como outsourcing, como un proveedor de servicios tercerizado, que forma parte de empresas-redes. Adaptamos los conceptos de la economía del conocimiento a la agricultura. Eso es lo nuevo. Es más conceptual que concreto. Y cuando vos conceptualizás, tenés un marco de referencia. Nosotros agregamos ese marco de referencia.”
Grobocopatel se ve, así, como el modernizador de la más arcaica de las actividades económicas de América Latina. Cree que está trayendo a un mundo atrasado -el agrario latinoamericano- lo más avanzado de la innovación tecnológica contemporánea. El Steve Jobs de la pampa, digamos. En un momento en que buena parte del continente vive de las exportaciones de productos primarios, él aporta la idea de que, contra lo que todo el mundo pensaba, esta actividad puede ser tecnología de punta.
***
Los Grobo, uno de los mayores grupos agropecuarios de la región, sembró, en 2010, 86.000 hectáreas en la Argentina, 90.000 en Uruguayy 60.000 en Brasil. Agrupa a unos 4.000 productores y clientes, en su mayoría pequeños y medianos, y a 3.800 pymes proveedoras de servicios, que dan trabajo a unas 20.000 personas. Pero la siembra y producción de granos es sólo una cuarta parte de los ingresos del Grupo; el 60 por ciento proviene de servicios como almacenamiento, provisión de insumos, financiación, asesoramiento, y un 15 de industrialización. Este año, facturará 1.100 millones de dólares (netos).



Una y otra vez, Grobocopatel vuelve a la idea de empresa: la empresa que ha fundado, y que no heredarán sus hijos porque la convirtió en una empresa profesional, ya no familiar, es su misión en el mundo.
-Es lo que quiero darle a la gente. Vos querés dar una buena nota. Vos querés dar una buena foto. ¿Por qué? Para tener impacto en el mundo. Para tener incidencia.
Su fantasía es la siguiente: está sentado en Kenia tomando un café y en una mesa, al lado, un keniata se pregunta: “¿Por qué le habrán puesto Grobo a esta empresa de acá?”
-Pienso que, como los Cargil, como los Bunge, la empresa tiene que trascenderlo a uno.
Al mismo tiempo, y en esto no ve contradicción, le gusta explicar Los Grobo con un dibujito: de un lado de la hoja hace un pescado gordo y grandote; detrás del pescado dibuja un cardumen de pequeños pececitos que, juntos, adquieren la forma de un pez más grande que el anterior. Explica: estos pececitos reunidos se comen al pez más grande. “Eso es Los Grobo. Nosotros no somos grandes. Somos el cardúmen”.
***
La familia vive enfrente del Malba, el Museo Latinoamericano de Buenos Aires, en Palermo Chico, desde hace tres años. No les gusta la ciudad y todavía extrañan el campo, pero se mudaron para estar más cerca del aeropuerto: Gustavo Grobocopatel pasa una semana por mes en Brasil, donde está ahora una parte sustancial de su grupo económico, con sus nuevos socios: empresarios locales y la multinacional Mitsubishi.
En el café del Malba, donde suele atender, le preguntamos de qué modo la parábola de su vida es una parábola de la Argentina: bisnieto de inmigrante judío que se convierte en uno de los veinte mayores empresarios del país, protagonista determinante del boom de la soja, el yuyo al que debemos la prosperidad de los últimos años y la ubicación de la Argentina en el mapa del mundo a futuro.
-Hay un tipo que está haciendo un trabajo sobre el ciclo de vida de Los Grobo—responde-. Dame un papelito en blanco…Dice que a las empresas hay que entenderlas como ciclos de vida. Entonces, hay un ciclo desde el año ‘84, en que se fundó la compañía, hasta el año 2000. ¿Qué pasó durante ese período? La empresa fue de accionistas familiares, con una impronta familiar, y hubo tensiones propias entre un pulso que profesionaliza y un pulso que familiariza, entre un pulso que descentraliza en red y un pulso que centraliza en empresa familiar. Todo eso pasó hasta el año 2000. En el 2000, mi padre nos dona la empresa a nosotros,  y ahí empezamos un proceso muchísimo más claro de profesionalización hasta el año 2007. En 2007 entran los brasileños. Ahí se consolida la profesionalización, porque ya hay socios que no son familiares.
Siempre señalando el papelito con las rayas, sigue:
-Nosotros hicimos un proceso de crecimiento muy grande, llevó casi 30 años, en el que profesionalizamos una empresa familiar, la hicimos crecer regionalmente, la industrializamos, la integramos verticalmente, de productores pasamos a proveedores de servicios, de proveedores de servicios a industriales, incorporamos tecnología, incorporamos mejores prácticas, incorporamos socios, ahora se asoció Mitsubishi, la compañía está en Brasil. ¿Cuál es la brisa que mueve la hoja en este período? Si no hubiese sido una década perdida la famosa década del 80, yo acá (señala en la línea el “hito” del 2000) hubiese llegado antes. No me hubiese llevado 17 años hacer lo que hice; me hubiese llevado diez. Si el sistema impositivo argentino hubiese sido diferente, yo no hubiese tenido necesidad de venderle a los brasileños parte de mi empresa para crecer; lo hubiese hecho con mi propia inversión. Si eso hubiese pasado, tal vez yo hubiese sido una Bunge o una Cargill, de ese tamaño, en el mundo. No lo soy. Es parte de las restricciones que tuve. La empresa cada vez es menos argentina, pero yo voy a lograr hacer lo que quería. En vez de a los 50, a los 60 años. El balance de la parábola ¿cuál es? ¿Argentina podría haber tenido una multinacional argentina cien por cien del tamaño de Cargill dentro de diez años? Sí. Hubiese podido. Yo hubiese podido. ¿Argentina la tendrá? No, no la tendrá. Porque parte de mis ganancias fueron a la sociedad, a los distintos usos que le dio el Estado. Ahora, obviamente que no con mi guita solamente; con la guita de cien mil productores. ¿A la Argentina le interesa, cree que vale la pena tener multinacionales o no? Eso es un gran tema. Yo no estoy seguro. Porque no está mal que tenga una empresa argentina con Mitsubishi de socio, porque es parte de la dinámica de la globalización. Nuestra empresa es la única en Argentina que tiene socios brasileños, japoneses. Vos no tenés una empresa con una mirada multicultural en sus accionistas. Tenés empresas que tienen intereses en Brasil. Por ahí, puede ser que las restricciones se hayan transformado en una ventaja para la empresa. Pero eso no lo sabemos.



En la estancia nos habla de un encuentro con el ex presidente Alvaro Uribe en el que le planteó su modelo de agricultura sin propiedad de la tierra como un modelo posible para Colombia, un país agrario en el que el acceso a la tierra (o la falta de acceso) es uno de los grandes motivos de conflicto social.
-Si me hubiesen tocado las reglas de juego de Colombia, seguramente hubiésemos armado una empresa multinacional mucho más rápido y puramente Argentina-afirma.
Su mujer, sentada a su lado, apunta:
-Acá es “combatiendo al capital”.
Grobocopatel agrega que hace falta “calidad del Estado”, que sólo puede lograrse con ayuda de los empresarios y también, en menor medida, de las ONGs (Paula es vicepresidenta de Poder Ciudadano). ¿Y qué tendría que hacer el Estado? Invertir en infraestructura, educación, servicios públicos: ocuparse de la escuela pública de Carlos Casares, que sostienen los padres, y de hacer una autopista desde Buenos Aires. “Y todo eso requiere capital de afuera, deuda, para que haya servicios públicos de calidad. Si viene deuda para hacer las autopistas, las escuelas, la educación, los trenes, bienvenida la deuda”.
Para eso sirve el Estado. Para lo demás, están los empresarios.
-La innovación, la creatividad, la política de crédito no sirven si no hay emprendedores, si no hay empresarios. ¿Quién va a liderar? Si no tenés derechos de propiedad establecidos, si no podés ganar guita, es imposible.
Pero –es su razonamiento-, como el Estado argentino ha fallado, Los Grobo es cada vez menos una empresa argentina.
-Nosotros emotivamente estamos ligados a la Argentina, pero la empresa tiene un camino diversificado que no depende exclusivamente de lo que pasa en la Argentina -explica-. Si Argentina no ofrece oportunidades, terciaremos más en otros lugares. No estamos huyendo de acá.
Paula interviene:
-A pesar de que nos va como el orto.
-Nos va mal -coincide él- . Perdemos plata y tenemos que poner guita en la empresa. Acabamos de tener que hacer una capitalización por 20 millones de dólares. Vendimos campos. A causa de la convergencia entre la sequía y el sistema impositivo y modelo de producción.
***
-Decís que si estuvieras en otro país que no fuera la Argentina hubieras tenido una empresa más grande en menos tiempo, te iría mejor. Pero ¿no es esa una típica interpretación argentina? Del argentino que piensa que es alguien con talento pero está en un país de porquería, y que si estuviéramos en otro país nos iría mil veces mejor. ¿No te parece que Los Grobo, y vos como empresario, sólo son posibles porque ocurrieron en la Argentina?
Y, recién entonces, se apura a responder:
-Obvio. Sí. Ni hablar. Yo, yo … No, al contrario, yo estoy totalmente de acuerdo. Yo llegué acá porque Argentina me dio la oportunidad.
 
tomado del El Muerto que habla: http://elmuertoquehabla.blogspot.com/

sábado, 17 de mayo de 2014

CUBA Lejos de la revolución



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El avance de la restauración capitalista
Diego Dalai
Número 8, abril 2014.

Tras 6 años de reformas graduales y parciales impulsadas por Raúl Castro, la sociedad cubana muestra cambios evidentes tanto en el andamiaje legal del Estado tendientes a una apertura económica al capital extranjero y el impulso del sector privado, como en su estructura social.

“Estoy muy interesado en el proceso de cambio que se está dando en Cuba y cómo las Naciones Unidas podemos apoyar este proceso”, dijo el presidente de la ONU cuando llegó a La Habana invitado a la Cumbre de la CELAC. Desde el gobierno norteamericano, la Unión Europea y los gobiernos latinoamericanos, también vienen dando muestras de aliento al plan de reformas que conduce Raúl Castro. A fines de 2013 vimos el gesto que significó el saludo durante los funerales de Nelson Mandela entre Obama y Castro, acompañado luego con declaraciones del propio John Kerry de que la política confrontativa con Cuba no ha dado buenos resultados históricamente y que los cambios que se están implementando en la isla van en “el buen camino”. Aunque mantienen su exigencia de una apertura política, el gobierno norteamericano accedió a reabrir las negociaciones migratorias, al tiempo que se viene incrementando enormemente el flujo de intercambio entre familiares cubanos a partir del levantamiento de las restricciones por parte de Cuba en enero de 2013.
La Unión Europea ya anunció que revisará durante 2014 la “posición común”, aprobada en 1996 en sintonía con el bloqueo económico norteamericano. En Latinoamérica, el gobierno mexicano manifestó por boca de su canciller “desarrollar con Cuba una relación muy cercana de pleno apoyo a su estrategia de actualización económica”1 y condonó el 70 % de la deuda que Cuba mantiene con el país azteca.
Es que más allá de las grandes diferencias políticas que los separan de la burocracia castrista, nadie quiere perderse el gran negocio de participar en la restauración del capitalismo en Cuba.

Brasil como nuevo socio regional
A este contexto internacional favorable a la política restauracionista de la burocracia, hay que sumar que su principal aliado, el gobierno venezolano, atraviesa una gran crisis económica y política desde la muerte de Chávez, y Cuba viene fortaleciendo lazos con Brasil con el que acaba de inaugurar, en el marco de la Cumbre de la CELAC, el puerto de aguas profundas del Mariel.
El emprendimiento ejecutado por el gigante brasilero de la construcción Odebrecht y financiado por el BANDES (y gestionado 100 % por la multinacional Autoridad Portuaria de Singapur) se proyecta como el mayor puerto comercial del Caribe. A solo 40 km de La Habana, el Mariel será la base de una nueva zona franca libre de impuestos abierta a la inversión extranjera, de características similares a las que impulsó China a fines de los ‘70. Mientras tanto, la actividad del actual puerto comercial de La Habana será reorientada hacia el negocio turístico.
Con la puesta en marcha de este proyecto (entre otros como en las áreas de biotecnología y agronegocios), Brasil ha entrado en el ranking de los mayores socios comerciales de la isla después de Venezuela, China, EE. UU. y Europa.

Las reformas en curso
Junto a los festejos por los 55 años del triunfo de la revolución, durante 2013 se ha visto un importante avance de las reformas promercado que impulsa el gobierno de Raúl Castro. Los trabajadores por cuenta propia ya son más de 450.000 (cuando hace tres años apenas superaban los 100.000). A este sector se le han reducido impuestos, entre ellos para la contratación de mano de obra (hasta 5 empleados). Ya desde fines de 2011 pueden tomar la opción de convertirse, al igual que las cooperativas, en contratistas o proveedores del Estado. En ese año también se liberó la compraventa de inmuebles, a la que suma ahora la libre compraventa de autos nuevos y usados al Estado (que sigue siendo el único importador y adjudicador). Se extendió, también en 2013, la habilitación para formar cooperativas en actividades no agropecuarias, es decir, en las ciudades, que podrían tener un importante desarrollo en rubros como en el comercio, la construcción o el transporte.
La extensión de las cooperativas se ha transformando en una importante herramienta en manos del gobierno para el “ordenamiento” de las empresas estatales deficitarias. El objetivo es cerrarlas y despedir a sus trabajadores. Ya en 2011, Castro anunció que sobraban 1,1 millones de trabajadores en el Estado. Pero la burocracia teme la respuesta y la resistencia de los trabajadores, por eso pretende disimular y disfrazar el desguace y cierre de los centros productivos nacionalizados. Para esto utiliza la extensión de las cooperativas y el discurso de la “autogestión” o la “propiedad social” (política levantada incluso por sectores ubicados a la izquierda dentro del PCC como Pedro Campos). Ahora deberán resolver sus pérdidas y sus deudas de forma autónoma, reduciendo costos, aumentando su productividad y consiguiendo nuevos clientes o mercados, o bien deberán achicarse (despedir gente) o incluso cerrar la empresa.

El campo
En el campo, la entrega de tierras ociosas y de baja productividad superó el millón y medio de hectáreas en beneficio de más de 170.000 campesinos y en desmedro de las grandes empresas agrícolas estatales que eran improductivas y están siendo desmanteladas. Hoy alrededor del 70 % del campo cubano es explotado por campesinos privados y cooperativas2. Sin embargo, la productividad sigue siendo baja y Cuba sigue importando casi el 80 % de los alimentos que consume. Por eso, desde mediados de 2013 se implementaron nuevas medidas para estimular el sector, permitiendo que los agricultores privados puedan vender su producción directamente en el sector turístico, y también se está desarrollando un mercado mayorista en pesos convertibles.
No obstante, las transformaciones en curso siguen teniendo grandes límites y aún no pueden generar, al menos legal y abiertamente, una concentración de tierras y capitales tal que dé origen a importantes empresas agrícolas y a una clase capitalista en el campo. Por otra parte muchas granjas privadas y cooperativas, siguen dentro del sistema presupuestado.

Se profundizan las diferencias sociales
Así, tanto en las ciudades como en el campo, avanza el desmantelamiento del aparato productivo estatal, favoreciendo el sector privado que a través de impuestos ya se calcula que representa un 18 % del presupuesto estatal3.
Todo esto, junto con el fuerte impulso al trabajo por cuenta propia y las empresas cooperativas a un nivel inédito en la historia del país desde el ‘59, está generando una mayor estratificación social (que viene a profundizar la ya existente desde el “periodo especial”). Hay que tener en cuenta el permanente recorte de subsidios que viene haciendo el gobierno desde 2007 a la par de las reformas, como la libreta de racionamiento, que ha sido recortada drásticamente.
Señalemos también que el gobierno persigue fuertemente a los sectores bajos de los trabajadores por cuenta propia sin habilitación, con impuestos impagos o mercaderías en negro. Esta situación ya genera protesta social de decenas y cientos de personas afectadas en distintos pueblos y ciudades que se manifiestan y son reprimidos por la policía4.

La burocracia restauracionista refuerza sus posiciones
El impulso al cuentapropismo y a la formación de cooperativas es una política de la burocracia para crear una base social que presione por más y más profundas reformas de mercado. Por otro lado, intenta que este sector absorba parte de los despidos que se vienen implementando (cerca de 600.000), ya que un golpe económico semejante podría generar una gran protesta social que el régimen quiere evitar a toda costa. Sin embargo, aunque las capas más altas están haciendo un importante negocio, este sector no tiene la capacidad de convertirse en motor de la economía ni perspectivas de crecer lo suficiente como para transformarse en una nueva clase burguesa local.
El gran agente que pretende transformarse en la nueva clase capitalista y quedarse con el grueso del botín estatal es la propia burocracia en el poder que dirige las empresas más importantes del país y controla el comercio exterior y las asociaciones con el capital extranjero.
Es por eso que el proceso de “actualización” económica va acompañado del mantenimiento del régimen de partido único y no incluye una apertura política como pretende el imperialismo, siguiendo el modelo de restauración aplicado en China o Vietnam. En sus ya casi 7 años de gobierno efectivo, Raúl Castro ha depurado los organismos centrales de dirección del partido y del Estado, y ha emprendido un camino de “recambio generacional” expresado en nuevos dirigentes más jóvenes como Miguel Díaz Cane y Esteban Lazo. De esta manera, la burocracia castrista quiere preservar su lugar al frente del Estado para dirigir ellos mismos el proceso de restauración en alianza con los monopolios extranjeros.

El plan por delante
A fines de 2013 se aprobó lo que sin dudas es una reforma clave para la política precapitalista de la burocracia: la modificación del Código de Trabajo, íntimamente relacionada con el objetivo de favorecer las inversiones de capitales extranjeros cercenando derechos laborales, incluyendo por ejemplo el mecanismo muy “socialista” de ligar el salario a la productividad y a las ganancias de las empresas, habilitación para realizar despidos según las necesidades empresarias, etc. En el cierre de las sesiones ordinarias de la Asamblea Nacional (21/12/13), Raúl Castro saludó el nuevo Código que tiene como objetivo “un ambiente de mayor disciplina y de reafirmación de la autoridad y responsabilidad de la administración”. Asimismo, Castro puso fecha de 2014 a la “discusión” y aprobación de otras leyes clave que hacen a la estructura económica del país.
1) Modificación de la Ley de inversiones extranjeras. Apunta a fomentar la entrada de capitales extranjeros para dinamizar la economía y resolver problemas estructurales como la falta de alimentos. Habrá mayores concesiones a las inversiones externas, reducción del 50 % del impuesto a las ganancias y una moratoria de varios años para empezar a pagar, protección legal sobre el capital invertido y las ganancias, menor control del Estado sobre importaciones y exportaciones, mayor flexibilidad y eliminación del impuesto del 20 % a la contratación de mano de obra (aunque el Estado se reserva la potestad sobre la contratación del personal y pago de salarios). Parte importante de esta orientación es el puerto del Mariel que ya mencionamos.
2) Ley de reunificación monetaria, que eliminará el peso convertible CUC. Teniendo en cuenta los grandes “desequilibrios” de la economía cubana (las empresas tienen sus balances –la mayoría en rojo– calculados con una paridad falsa de 1 CUP=1 CUC) y para evitar grandes cimbronazos en la estructura económica y financiera, y sobre todo inestabilidad social y política, se anunció en octubre pasado un largo cronograma de implementación de alrededor de 3 años y del cual se desconocen muchos detalles. Sin embargo, es evidente que implicará golpes a los trabajadores y las masas cubanas. El 06/03/14 anunciaron una reestructuración general de precios igualándolos al mercado mundial y un nuevo tipo de cambio para las empresas (no todavía para la población) que entrará en vigencia cuando se apruebe la unificación monetaria. Por las señales que viene dando el gobierno, y las medidas parciales que se vienen aplicando, se trataría de combinar una devaluación moderada de los activos (nominados en CUC) de alrededor del 50 % en dos o tres años, con un fuerte aumento de la productividad laboral, pérdida de conquistas de los trabajadores y un crecimiento de la desocupación.
3) También se anuncia para 2014 una importante reforma en las empresas estatales. Este sector conocido como “presupuestado” agrupa más de 3.000 empresas que se mantienen todavía bajo una cierta planificación burocrática. Se implementará una mayor autonomía a las empresas y se les permitirá retener el 50 % de las ganancias netas (después de impuestos) que perciban y que podrán reinvertir o distribuir entre los trabajadores. Aquellas que no puedan revertir sus déficits y no sean rentables, serían liquidadas.
De ponerse en práctica estas reformas estructurales, en el contexto internacional favorable para la burocracia, que ya comentamos, se terminarían de liquidar los elementos de planificación económica que todavía se conservan sobre gran parte de la economía cubana, se eliminarían la mayor parte de las restricciones que aún pesan sobre la actividad de los capitales extranjeros en la isla, y la economía nacional quedaría mucho más expuesta y subordinada al mercado mundial al eliminar la dualidad monetaria que hoy actúa como una “línea de defensa”. Asimismo se terminaría de desbaratar el control del comercio exterior.

Un debate estratégico que vuelve a abrirse
El avance del proceso de restauración capitalista vuelve a poner en el centro del debate el legado y futuro de la Revolución Cubana. En el último período fue ganando terreno la tendencia que impulsa una restauración “controlada” (“sin prisa, pero sin pausa” al decir de Raúl Castro), comandada por la burocracia castrista, que cuenta con un importante apoyo regional y de la UE, y viene ampliando el consenso, incluyendo nuevos socios comerciales como Brasil, que se transforman en respaldo político para Castro y su gobierno. Y detrás de esta perspectiva restauracionista se arrinconan las visiones populistas en América Latina que apoyan acríticamente a la burocracia castrista tras el verso de una “actualización del socialismo cubano”.
Como contrapartida, se fue debilitando la que impulsa una supuesta “apertura democrática” que no es otra cosa que forzar la salida de la burocracia; política respaldada por una extraña alianza que va desde el imperialismo norteamericano hasta sectores de izquierda. Pero ninguna de ellas representan alternativa alguna para los trabajadores, campesinos, la juventud, que serán el principal “daño colateral” de este proceso. Solamente una estrategia basada en la defensa y la profundización de las conquistas de la revolución, y en la lucha por derrotar el bloqueo imperialista y terminar con la burocracia y sus privilegios, puede plantearse torcer el rumbo actual de Cuba en un sentido progresivo.

1. El País, 18/01/14.
2. The Economist, 20/07/13.
3. Semanario Opciones, 03/10/13.
4. El Nuevo Herald, 20/01/14.



martes, 22 de abril de 2014

Documento del Movimiento Humanista.


Los humanistas son mujeres y hombres de este siglo, de ésta época. Reconocen los antecedentes del humanismo histórico y se inspiran en los aportes de las distintas culturas, no solamente de aquellas que en este momento ocupan un lugar central. Son, además, hombres y mujeres que dejan atrás este siglo y este milenio, y se proyectan a un nuevo mundo.
Los humanistas sienten que su historia es muy larga y que su futuro es aún más extendido. Piensan en el porvenir, luchando por superar la crisis general del presente. Son optimistas, creen en la libertad y en el progreso social.
Los humanistas son internacionalistas, aspiran a una nación humana universal. Comprenden globalmente al mundo en que viven y actúan en su medio inmediato. No desean un mundo uniforme sino múltiple: múltiple en las etnias, lenguas y costumbres; múltiple en las localidades, las regiones y las autonomías; múltiple en las ideas y las aspiraciones; múltiple en las creencias, el ateísmo y la religiosidad; múltiple en el trabajo; múltiple en la creatividad.
Los humanistas no quieren amos; no quieren dirigentes ni jefes, ni se sienten representantes ni jefes de nadie. Los humanistas no quieren un Estado centralizado, ni un Paraestado que lo reemplace. Los humanistas no quieren ejércitos policíacos, ni bandas armadas que los sustituyan.
Pero entre las aspiraciones humanistas y las realidades del mundo de hoy, se ha levantado un muro. Ha llegado pues, el momento de derribarlo. Para ello es necesaria la unión de todos los humanistas del mundo.

I. El capital mundial
He aquí la gran verdad universal: el dinero es todo. El dinero es gobierno, es ley, es poder. Es, básicamente, subsistencia. Pero además es el Arte, es la Filosofía y es la Religión. Nada se hace sin dinero; nada se puede sin dinero. No hay relaciones personales sin dinero. No hay intimidad sin dinero y aún la soledad reposada depende del dinero.
Pero la relación con esa “verdad universal” es contradictoria. Las mayorías no quieren este estado de cosas. Estamos pues, ante la tiranía del dinero. Una tiranía que no es abstracta porque tiene nombre, representantes, ejecutores y procedimientos indudables.
Hoy no se trata de economías feudales, ni de industrias nacionales, ni siquiera de intereses de grupos regionales. Hoy se trata de que aquellos supervivientes históricos acomodan su parcela a los dictados del capital financiero internacional. Un capital especulador que se va concentrando mundialmente. De esta suerte, hasta el Estado nacional requiere para sobrevivir del crédito y el préstamo. Todos mendigan la inversión y dan garantías para que la banca se haga cargo de las decisiones finales. Está llegando el tiempo en que las mismas compañías, así como los campos y las ciudades, serán propiedad indiscutible de la banca. Está llegando el tiempo del Paraestado, un tiempo en el que el antiguo orden debe ser aniquilado.
Parejamente, la vieja solidaridad se evapora. En definitiva, se trata de la desintegración del tejido social y del advenimiento de millones de seres humanos desconectados e indiferentes entre sí a pesar de las penurias generales. El gran capital domina no solo la objetividad gracias al control de los medios de producción, sino la subjetividad gracias al control de los medios de comunicación e información. En estas condiciones, puede disponer a gusto de los recursos materiales y sociales convirtiendo en irrecuperable a la naturaleza y descartando progresivamente al ser humano. Para ello cuenta con la tecnología suficiente. Y, así como ha vaciado a las empresas y a los estados, ha vaciado a la Ciencia de sentido convirtiéndola en tecnología para la miseria, la destrucción y la desocupación.
Los humanistas no necesitan abundar en argumentación cuando enfatizan que hoy el mundo está en condiciones tecnológicas suficientes para solucionar en corto tiempo los problemas de vastas regiones en lo que hace a pleno empleo, alimentación, salubridad, vivienda e instrucción. Si esta posibilidad no se realiza es, sencillamente, porque la especulación monstruosa del gran capital lo está impidiendo.
El gran capital ya ha agotado la etapa de economía de mercado y comienza a disciplinar a la sociedad para afrontar el caos que él mismo ha producido. Frente a esta irracionalidad, no se levantan dialécticamente las voces de la razón sino los más oscuros racismos, fundamentalismos y fanatismos. Y si es que este neo-irracionalismo va a liderar regiones y colectividades, el margen de acción para las fuerzas progresistas queda día a día reducido. Por otra parte, millones de trabajadores ya han cobrado conciencia tanto de las irrealidades del centralismo estatista, cuanto de la falsedades de la democracia capitalista. Y así ocurre que los obreros se alzan contra sus cúpulas gremiales corruptas, del mismo modo que los pueblos cuestionan a los partidos y los gobiernos. Pero es necesario dar una orientación a éstos fenómenos que de otro modo se estancarán en un espontaneísmo sin progreso. Es necesario discutir en el seno del pueblo los temas fundamentales de los factores de la producción.
Para los humanistas existen como factores de la producción, el trabajo y el capital, y están demás la especulación y la usura. En la actual situación los humanistas luchan porque la absurda relación que ha existido entre esos dos factores sea totalmente transformada. Hasta ahora se ha impuesto que la ganancia sea para el capital y el salario para el trabajador, justificando tal desequilibrio con el “riesgo” que asume la inversión... como si todo trabajador no arriesgara su presente y su futuro en los vaivenes de la desocupación y la crisis. Pero, además, está en juego la gestión y la decisión en el manejo de la empresa. La ganancia no destinada a la reinversión en la empresa, no dirigida a su expansión o diversificación, deriva hacia la especulación financiera. La ganancia que no crea nuevas fuentes de trabajo, deriva hacia la especulación financiera. Por consiguiente, la lucha de los trabajadores ha de dirigirse a obligar al capital a su máximo rendimiento productivo. Pero esto no podrá implementarse a menos que la gestión y dirección sean compartidas. De otro modo, ¿cómo se podría evitar el despido masivo, el cierre y el vaciamiento empresarial? Porque el gran daño está en la subinversión, la quiebra fraudulenta, el endeudamiento forzado y la fuga del capital, no en las ganancias que se puedan obtener como consecuencia del aumento en la productividad. Y si se insistiera en la confiscación de los medios de producción por parte de los trabajadores, siguiendo las enseñanzas del siglo XlX, se debería tener en cuenta también el reciente fracaso del socialismo real.
En cuanto a la objeción de que encuadrar al capital, así como está encuadrado el trabajo, produce su fuga a puntos y áreas más provechosas ha de aclararse que esto no ocurrirá por mucho tiempo más ya que la irracionalidad del esquema actual lo lleva a su saturación y crisis mundial. Esa objeción, aparte del reconocimiento de una inmoralidad radical desconoce el proceso histórico de la transferencia del capital hacia la banca resultando de ello que el mismo empresario se va convirtiendo en empleado sin decisión dentro de una cadena en la que aparenta autonomía. Por otra parte, a medida que se agudice el proceso recesivo, el mismo empresariado comenzará a considerar éstos puntos.
Los humanistas sienten la necesidad de actuar no solamente en el campo laboral sino también en el campo político para impedir que el Estado sea un instrumento del capital financiero mundial, para lograr que la relación entre los factores de la producción sea justa y para devolver a la sociedad su autonomía arrebatada.
II. La democracia formal y la democracia real
Gravemente se ha ido arruinando el edificio de la democracia al resquebrajarse sus bases principales: la independencia entre poderes, la representatividad y el respeto a las minorías.
La teórica independencia entre poderes es un contrasentido. Basta pesquisar en la práctica el origen y composición de cada uno de ellos, para comprobar las íntimas relaciones que los ligan. No podría ser de otro modo. Todos forman parte de un mismo sistema. De manera que las frecuentes crisis de avance de unos sobre otros, de superposición de funciones, de corrupción e irregularidad, se corresponden con la situación global, económica y política, de un país dado.
En cuanto a la representatividad. Desde la época de la extensión del sufragio universal se pensó que existía un solo acto entre la elección y la conclusión del mandato de los representantes del pueblo. Pero a medida que ha transcurrido el tiempo se ha visto claramente que existe un primer acto mediante el cual muchos eligen a pocos y un segundo acto en el que estos pocos traicionan a los muchos, representando a intereses ajenos al mandato recibido. Ya ese mal se incuba en los partidos políticos reducidos a cúpulas separadas de las necesidades del pueblo. Ya, en la máquina partidaria, los grandes intereses financian candidatos y dictan las políticas que éstos deberán seguir. Todo esto evidencia una profunda crisis en el concepto y la implementación de la representatividad.
Los humanistas luchan para transformar la práctica de la representatividad dando la mayor importancia a la consulta popular, el plebiscito y la elección directa de los candidatos. Porque aún existen, en numerosos países, leyes que subordinan candidatos independientes a partidos políticos, o bien, subterfugios y limitaciones económicas para presentarse ante la voluntad de la sociedad. Toda Constitución o ley que se oponga a la capacidad plena del ciudadano de elegir y ser elegido, burla de raíz a la democracia real que está por encima de toda regulación jurídica. Y, si se trata de igualdad de oportunidades, los medios de difusión deben ponerse al servicio de la población en el período electoral en que los candidatos exponen sus propuestas, otorgando a todos exactamente las mismas oportunidades. Por otra parte, deben imponerse leyes de responsabilidad política mediante las cuales todo aquel que no cumpla con lo prometido a sus electores arriesgue el desafuero, la destitución o el juicio político. Porque el otro expediente, el que actualmente se sostiene, mediante el cual los individuos o los partidos que no cumplan sufrirán el castigo de las urnas en elección futura, no interrumpe en absoluto el segundo acto de traición a los representados. En cuanto a la consulta directa sobre los temas de urgencia, cada día existen más posibilidades para su implementación tecnológica. No es el caso de priorizar las encuestas y los sondeos manipulados, sino que se trata de facilitar la participación y el voto directo a través de medios electrónicos y computacionales avanzados.
En una democracia real debe darse a las minorías las garantías que merece su representatividad pero, además, debe extremarse toda medida que favorezca en la práctica su inserción y desarrollo. Hoy, las minorías acosadas por la xenofobia y la discriminación piden angustiosamente su reconocimiento y, en ese sentido, es responsabilidad de los humanistas elevar este tema al nivel de las discusiones más importantes encabezando la lucha en cada lugar hasta vencer a los neofascismos abiertos o encubiertos. En definitiva, luchar por los derechos de las minorías es luchar por los derechos de todos los seres humanos.
Pero también ocurre en el conglomerado de un país que provincias enteras, regiones o autonomías, padecen la misma discriminación de las minorías merced a la compulsión del Estado centralizado, hoy instrumento insensible en manos del gran capital. Y esto deberá cesar cuando se impulse una organización federativa en la que el poder político real vuelva a manos de dichas entidades históricas y culturales.
En definitiva, poner por delante los temas del capital y el trabajo, los temas de la democracia real, y los objetivos de la descentralización del aparato estatal, es encaminar la lucha política hacia la creación de un nuevo tipo de sociedad. Una sociedad flexible y en constante cambio, acorde con las necesidades dinámicas de los pueblos hoy por hoy asfixiados por la dependencia.
III. La posición humanista
La acción de los humanistas no se inspira en teorías fantasiosas acerca de Dios, la Naturaleza, la Sociedad o la Historia. Parte de las necesidades de la vida que consisten en alejar el dolor y aproximar el placer. Pero la vida humana agrega a las necesidades su previsión a futuro basándose en la experiencia pasada y en la intención de mejorar la situación actual. Su experiencia no es simple producto de selecciones o acumulaciones naturales y fisiológicas, como sucede en todas las especies, sino que es experiencia social y experiencia personal lanzadas a superar el dolor actual y a evitarlo a futuro. Su trabajo, acumulado en producciones sociales, pasa y se transforma de generación en generación en lucha continua por mejorar las condiciones naturales, aún las del propio cuerpo. Por esto, al ser humano se lo debe definir como histórico y con un modo de acción social capaz de transformar al mundo y a su propia naturaleza. Y cada vez que un individuo o un grupo humano se impone violentamente a otros, logra detener la historia convirtiendo a sus víctimas en objetos “naturales”. La naturaleza no tiene intenciones, así es que al negar la libertad y las intenciones de otros, se los convierte en objetos naturales, en objetos de uso.
El progreso de la humanidad, en lento ascenso, necesita transformar a la naturaleza y a la sociedad eliminando la violenta apropiación animal de unos seres humanos por otros. Cuando esto ocurra, se pasará de la prehistoria a una plena historia humana. Entre tanto, no se puede partir de otro valor central que el del ser humano pleno en sus realizaciones y en su libertad. Por ello los humanistas proclaman: “Nada por encima del ser humano y ningún ser humano por debajo de otro”. Si se pone como valor central a Dios, al Estado, al Dinero o a cualquier otra entidad, se subordina al ser humano creando condiciones para su ulterior control o sacrificio. Los humanistas tienen claro este punto. Los humanistas son ateos o creyentes, pero no parten de su ateísmo o de su fe para fundamentar su visión del mundo y su acción. Parten del ser humano y de sus necesidades inmediatas. Y, si en su lucha por un mundo mejor creen descubrir una intención que mueve la Historia en dirección progresiva, ponen esa fe o ese descubrimiento al servicio del ser humano.
Los humanistas plantean el problema de fondo: saber si se quiere vivir y decidir en qué condiciones hacerlo.
Todas las formas de violencia física, económica, racial, religiosa, sexual e ideológica, merced a las cuales se ha trabado el progreso humano, repugnan a los humanistas. Toda forma de discriminación manifiesta o larvada, es un motivo de denuncia para los humanistas.
Los humanistas no son violentos, pero por sobre todo no son cobardes ni temen enfrentar a la violencia porque su acción tiene sentido. Los humanistas conectan su vida personal, con la vida social. No plantean falsas antinomias y en ello radica su coherencia.
Así está trazada la línea divisoria entre el Humanismo y el Anti-humanismo. El Humanismo pone por delante la cuestión del trabajo frente al gran capital; la cuestión de la democracia real frente a la democracia formal; la cuestión de la descentralización, frente a la centralización; la cuestión de la antidiscriminación, frente a la discriminación; la cuestión de la libertad frente a la opresión; la cuestión del sentido de la vida, frente a la resignación, la complicidad y el absurdo.
Porque el Humanismo se basa en la libertad de elección, posee la única ética valedera del momento actual. Así mismo, porque cree en la intención y la libertad distingue entre el error y la mala fe, entre el equivocado y el traidor.
IV. Del Humanismo ingenuo al Humanismo consciente
Es en la base social, en los lugares de labor y habitación de los trabajadores donde el Humanismo debe convertir la simple protesta en fuerza consciente orientada a la transformación de las estructuras económicas.
En cuanto a los miembros combativos de las organizaciones gremiales y los miembros de partidos políticos progresistas, su lucha se hará coherente en la medida en que tiendan a transformar las cúpulas de las organizaciones en las que están inscriptos dándole a sus colectividades una orientación que ponga en primer lugar, y por encima de reivindicaciones inmediatistas, los planteos de fondo que propicia el Humanismo.
Vastas capas de estudiantes y docentes, normalmente sensibles a la injusticia, irán haciendo consciente su voluntad de cambio en la medida en que la crisis general del sistema los afecte. Y, por cierto, la gente de Prensa en contacto con la tragedia cotidiana está hoy en condiciones de actuar en dirección humanista al igual que sectores de la intelectualidad cuya producción está en contradicción con las pautas que promueve este sistema inhumano.
Son numerosas las posturas que, teniendo por base el hecho del sufrimiento humano, invitan a la acción desinteresada a favor de los desposeídos o los discriminados. Asociaciones, grupos voluntarios y sectores importantes de la población se movilizan, en ocasiones, haciendo su aporte positivo. Sin duda que una de sus contribuciones consiste en generar denuncias sobre esos problemas. Sin embargo, tales grupos no plantean su acción en términos de transformación de las estructuras que dan lugar a esos males. Estas posturas se inscriben en el Humanitarismo más que en el Humanismo consciente. En ellas se encuentran ya protestas y acciones puntuales susceptibles de ser profundizadas y extendidas.
V. El campo antihumanista
A medida que las fuerzas que moviliza el gran capital van asfixiando a los pueblos, surgen posturas incoherentes que comienzan a fortalecerse al explotar ese malestar canalizándolo hacia falsos culpables. En la base de estos neofascismos está una profunda negación de los valores humanos. También en ciertas corrientes ecologistas desviatorias se apuesta en primer término a la naturaleza en lugar del hombre. Ya no predican que el desastre ecológico es desastre, justamente, porque hace peligrar a la humanidad sino porque el ser humano ha atentado contra la naturaleza. Según algunas de estas corrientes, el ser humano está contaminado y por ello contamina a la naturaleza. Mejor sería, para ellos, que la medicina no hubiera tenido éxito en el combate con las enfermedades y en el alargamiento de la vida. “La Tierra primero”, gritan histéricamente, recordando las proclamas del nazismo. Desde allí a la discriminación de culturas que contaminan, de extranjeros que ensucian y polucionan, hay un corto paso. Estas corrientes se inscriben también en el anti-humanismo porque en el fondo desprecian al ser humano. Sus mentores se desprecian a sí mismos, reflejando las tendencias nihilistas y suicidas a la moda.
Una franja importante de gente perceptiva también adhiere al ecologismo porque entiende la gravedad del problema que este denuncia. Pero si ese ecologismo toma el carácter humanista que corresponde, orientará la lucha hacia los promotores de la catástrofe, a saber: el gran capital y la cadena de industrias y empresas destructivas, parientes próximas del complejo militar-industrial. Antes de preocuparse por las focas se ocupará del hambre, el hacinamiento, la mortinatalidad, las enfermedades y los déficits sanitarios y habitacionales en muchas partes del mundo. Y destacará la desocupación, la explotación, el racismo, la discriminación y la intolerancia, en el mundo tecnológicamente avanzado. Mundo que, por otra parte, está creando los desequilibrios ecológicos en aras de su crecimiento irracional.
No es necesario extenderse demasiado en la consideración de las derechas como instrumentos políticos del Anti-humanismo. En ellas la mala fe llega a niveles tan altos que, periódicamente, se publicitan como representantes del “Humanismo”. En esa dirección, no ha faltado tampoco la astuta clerigalla que ha pretendido teorizar sobre la base de un ridículo “Humanismo Teocéntrico” (?). Esa gente, inventora de guerras religiosas e inquisiciones; esa gente que fue verdugo de los padres históricos del humanismo occidental, se ha arrogado las virtudes de sus víctimas llegando inclusive a “perdonar los desvíos” de aquellos humanistas históricos. Tan enorme es la mala fe y el bandolerismo en la apropiación de las palabras que los representantes del Anti-humanismo han intentado cubrirse con el nombre de “humanistas”.
Sería imposible inventariar los recursos, instrumentos, formas y expresiones de que dispone el Anti-humanismo. En todo caso esclarecer sobre sus tendencias más solapadas contribuirá a que muchos humanistas espontáneos o ingenuos revisen sus concepciones y el significado de su práctica social.
VI. Los frentes de acción humanista
El Humanismo organiza frentes de acción en el campo laboral, habitacional, gremial, político y cultural con la intención de ir asumiendo el carácter de movimiento social. Al proceder así, crea condiciones de inserción para las diferentes fuerzas, grupos e individuos progresistas sin que éstos pierdan su identidad ni sus características particulares. El objetivo de tal movimiento consiste en promover la unión de fuerzas capaces de influir crecientemente sobre vastas capas de la población orientando con su acción la transformación social.
Los humanistas no son ingenuos ni se engolosinan con declaraciones propias de épocas románticas. En ese sentido, no consideran sus propuestas como la expresión más avanzada de la conciencia social, ni piensan a su organización en términos indiscutibles. Los humanistas no fingen ser representantes de las mayorías. En todo caso, actúan de acuerdo a su parecer más justo apuntando a las transformaciones que creen más adecuadas y posibles en este momento que les toca vivir.
05 de abril de 1993
 
 
www.partidohumanista.deargentina.org/ 
 

sábado, 15 de diciembre de 2012

Por qué la economía mundial no se recupera?

 Un mundo sin el Minotauro Global
Yanis Varoufakis · · · · ·
 
11/11/12
 

Han pasado dos años desde que se escribió la primera edición de El Minotauro Global. El pronóstico hecho allí no auguraba nada bueno para la bestia. ¿Ha confirmado lo ocurrido desde entonces que las heridas del Minotauro Global eran demasiado profundas como para permitirle seguir con su milagroso reciclaje del excedente global? ¿Sigue siendo esa la mejor explicación disponible para entender por qué la economía norteamericana, la europea y aun el conjunto de la economía mundial se tambalean? ¿Para entender por qué la inseguridad generalizada se ha convertido en la "nueva normalidad"? Esas son las cuestiones que me planteo en la segunda edición del libro.
Para ser digna de una estimación seria, una teoría sobre lo que funcionó mal en la economía global no sólo debe ofrecer una explicación lógica del pasado; está también obligada a describir los desarrollos futuros que podrían refutarla. A la vista de lo ocurrido durante estos dos últimos años, ¿pasa la prueba el argumento central de este libro? Antes de responder a esta cuestión, será útil reformular con claridad (y con ayuda de un diagrama) la "Hipótesis del Minotauro Global" que subyace al libro. Tras recordar al lector la hipótesis, pasaremos revista a una serie de "hechos" que habrían refutado la hipótesis, caso de suceder. Como espero mostrar luego, el sentido explicativo originario, la Hipótesis del Minotauro Global, sobrevive muy bien a la prueba de refutación. Y al pasar esa prueba, arroja una útil luz sobre los debates políticos actuales en el drama que se desarrolla ante nuestros ojos por tres vías paralelas: Norteamérica, Europa, China.
La Hipótesis del Minotauro Global: un sumario [1]
A partir de los años 70 los EEUU comenzaron a absorber una gran porción del excedente de productos industriales del resto del mundo. Las importaciones netas norteamericanas eran, naturalmente, las exportaciones netas de países excedentarios como Alemania, Japón y China; su principal fuente de demanda. A su vez, los beneficios obtenidos por los empresarios de las naciones excedentarias regresaban diariamente a Wall Street en busca de mayores retornos. Wall Street, entonces, se servía de esos aflujos de capital extranjero para tres cosas: a) proporcionar crédito a los consumidores norteamericanos; b) invertir directamente en las grandes corporaciones empresariales norteamericanas; y por supuesto, c) comprar bonos del Tesoro estadounidense (es decir, financiar los déficits del gobierno norteamericano).
Central en este Mecanismo de Reciclaje del Exdedente Global al que he llamado Minotauro Global eran los dos déficits gargantuescos de los EEUU: el déficit comercial y el déficit presupuestario del gobierno federal. Sin ellos, sostenía en mi libro, el flujo circular global de bienes y capital (véase, más abajo, el diagrama) no habría "cerrado", lo que habría traído consigo la desestabilización de la economía global.
Este sistema de reciclaje quebró, porque Wall Street se aprovechó de su posición central en él para construir colosales pirámides de dinero privado a partir de los beneficios netos que afluían a los EEUU procedentes del resto del mundo. El proceso de creación de dinero privado por parte de los bancos de Wall Street, también conocido como financiarización, inyectó mucha energía en el esquema de reciclaje, en la medida en que rezumaba vitalidad financiera permanentemente renovada, lo que alimentaba un nivel de demanda más y más acelerado en los EEUU, en Europa (cuyos bancos no tardaron en subirse al carro de la creación privada de dinero) y Asia. Pero eso fue lo que trajo consigo su quiebra.
DIAGRAMA:

Cuando, en otoño de 2008, las pirámides de dinero privado erigidas por Wall Street se autoconsumieron convirtiéndose en ceniza, se desvaneció también la capacidad de Wall Street para seguir "cerrando" el círculo del reciclaje global. El sector bancario norteamericano ya no podía seguir utilizando los dos déficits gemelos de los EEUU (comercial y presupuestario), a fin de financiar una demanda norteamericana suficiente para mantener a flote las exportaciones netas del resto del mundo (un proceso de financiación que, hasta el otoño de 2008, aprovechaba los beneficios excedentarios del resto del mundo generados por esas exportaciones netas). A partir de ese negro momento, la resultaría imposible a la economía mundial recuperar posición: y no podrá hacerlo en lo venidero, sin un Mecanismo de Reciclaje del Excedente Global (MREG) que venga a reemplazar al Minotauro Global herido de muerte.
Tal era, en substancia, la hipótesis central de la primera edición del libro. ¿Pasó la prueba de la historia?
El Minotauro ha muerto, ¡larga vida a los déficits norteamericanos!
Si la economía global hubiera conseguido hacer pie y recuperar posición sin algún MREG que viniera a reemplazar al Minotauro, no habría habido segunda edición de este libro; habrían bastado unas disculpas por haber publicado la primera. Análogamente, si la Eurozona se hubiera recuperado mínimamente cabalgando a lomos de sus drásticas políticas de austeridad, o si China hubiera descubierto alguna fuerza interna con que frenar la declinante tasa de consumo de su población, el pilar central del libro habría quedado irremediablemente arruinado. Desgraciadamente, nada de eso ha ocurrido: el mundo sigue su travesía por las aguas sin cartografiar de un renegrido océano inclementemente azotado por los malignos vientos del terror y el pavor.
Huelga decirlo: el hecho de que los aires de la recuperación no nos hayan bendecido no prueba que la Hipótesis del Minotauro Global sea correcta. Para llegar a la conclusión de que los dos últimos años han mantenido esa hipótesis con vida haciéndola potencialmente iluminadora, necesitamos formular cuidadosamente con cierto detalle sus predicciones y compararlas con los hechos sucedidos. Comencemos, pues: ¿qué tendríamos que haber observado en los dos últimos años para poder concluir que la Hipótesis del Minotauro Global era falsa? [2]
Supongamos que, a pesar de la Crisis, los déficits norteamericanos siguieran siendo altos, pero siguieran absorbiendo las exportaciones netas de bienes y capital procedente del resto del mundo, y a un ritmo no demasiado distinto del de la era anterior a 2008. Si eso es lo que observáramos en 2009 y luego, entonces la Hipótesis del Minotauro Global habría sido refutada: porque sería imposible sostener a) que el Minotauro Global está liquidado, y b) que los estropicios de la economía mundial son atribuibles a los achaques de la bestia.
Bien, pues vayamos a los hechos. La primera observación digna de nota es que los déficits gemelos de Norteamérica siguen vivitos y coleando. En el momento culminante del reinado de Minotauro, en 2005, el gobierno federal de los EEUU reveló un déficit de 574 mil millones de dólares. Ese mismo año, los consumidores y las empresas norteamericanos absorbieron la imponente cantidad de 781 mil millones de importaciones netas procedentes del resto del mundo. Casi el 70% de los beneficios realizados por los productores no norteamericanos de esos bienes regresaron a Wall Street. Una vez en manos de los banqueros, eran turbocargados (a través de la llamada "ingeniería financiera") y, por esa vía, usados para financiar los déficits de EEUU, destinándose los remanentes a exportación de restantes a las cuatro esquinas del globo (en donde contribuían a hinchar distintas burbujas).
Tras la catástrofe de 2008, los déficits de Norteamérica divergieron enormemente. Puesto que todos los tipos de ingresos (del trabajo, del capital y de las rentas) colapsaron y los valores de los activos cayeron a ras de suelo, puesto que se dispararon los desahucios y subió desorbitadamente el desempleo, resultaba inevitable que los norteamericanos redujeran drásticamente su consumo de bienes importados. En efecto, en 2009, el déficit comercial cayó de 281 mil millones en 2005 a 506 mil millones de dólares. Sin embargo, en el mismo año, el déficit federal estadounidense se disparó (de 574 mil millones en 2005) hasta 1,4 billones de dólares, resultado del intento del gobierno de sostener Wall Street sin dejar de estimular Main Street [la economía productiva real; T.]. Hacia 2011, el déficit comercial había recuperado, sobre poco más o menos, su nivel de 2005 (llegando a 738 mil millones], mientras que el déficit presupuestario se estabilizó en la marca históricamente ciclópea de 1,228 billones de dólares.
Dado que la Crisis no mermó los déficits norteamericanos (más bien disparó su suma), la cuestión pertinente es esta: ¿lograron los EEUU post-2008 seguir reciclando los excedentes de bienes y beneficios de terceros a un ritmo que, comparado con el anterior a 2008, resultara necesario para mantener boyante la demanda total mundial de bienes producidos? La respuesta que salta a la vista en las estadísticas oficiales es inequívocamente negativa. En suma: los hechos confirman la hipótesis de que el Minotauro Global ha fallecido. Dos tipos de datos lo confirman.
Primero, Norteamérica ha perdido su capaciadd para reciclar las exportaciones netas del resto del mundo a un ritmo equivalente al anterior a 2008. Más precisamente, en 2011 Norteamérica generaba una demanda de las exportaciones netas del resto del mundo un 23,7% menor de lo que habría sido el caso sin el desplome de 2008. (Véase la Figura 1, en donde resulta evidente que en 2011 los EEUU absorbían casi un 24% menos de las exportaciones netas de los principales exportadores en relación con el valor de la tendencia subyacente.)
FIGURA 1:

Segundo, y simultáneamente: Norteamérica no conseguía atraer (a través de Wall Street) el nivel de flujos de capital necesarios para mantener el ritmo pre-2008 de inversión en su sector privado. En particular, hacia 2011, los EEUU habrían perdido el 28,6% de los activos en manos de tenedores extranjeros en relación con el nivel (tendencial) que se habría alcanzado de no haber ocurrido el desplome de 2008 (véase la Figura 2).
FIGURA 2:

Además, y esto es crucial, los flujos netos de capital exterior que terminaban como préstamos a empresas norteamericanas cayeron drásticamente, desde una cifra en torno a los 500 mil millones de dólares en 2006, hasta los 50 mil millones de 2001 (véase Figura 3).
FIGURA 3:

Así pues, en resolución, tenemos ante nuestros ojos una imagen inequívocamente clara: la Crisis no alteró la posición deficitaria de los EEUU. El déficit presupuestario federal se multiplicó por dos, mientras que el déficit comercial norteamericano, tras una caída inicial, se estabilizó al mismo nivel. Sin embargo, los déficits de los EEUU ya no son capaces de sostener el mecanismo que mantiene equilibrados a escala planetaria los flujos de bienes y beneficios. Mientras que, hasta 2008, Norteamérica era capaz de atraer al país montañas de bienes e importaciones netas y un similar volumen de flujos de capital (de modo que ambas cosas se equilibraban), eso ya no ocurre después de 2008. Los mercados norteamericanos absorben un 24% menos de importaciones netas (con lo que sólo generan un 66% de la demanda a la que el resto del mundo se acostumbró antes del desplome de 2008) y atraen hacia el sector privado norteamericano un 29% menos de capital de lo que atraerían, si Wall Street no hubiera colapsado en 2008.
En suma: el único remanente del poderoso Minotauro Global son los flujos –todavía en aceleración— de capital exterior hacia la deuda pública norteamericana (véase la Figura 4), prueba inconfundible de que el mundo anda revuelto y el dinero busca desesperadamente refugio en el regazo de la moneda de reserva en estos tiempos convulsos.
FIGURA 4:

Pero en la medida en que el resto del mundo está reduciendo sus inyecciones de capital en el sector empresarial y en los bienes raíces norteamericanos, al tiempo que Norteamérica está reduciendo sus importaciones de sus exportaciones netas, podemos estar seguros de que la bestia está muerta y nada ha ocupado su lugar en punto a capacidad para reinstaurar el esencial proceso del reciclaje de excedente. De aquí la desconsolada llantina: El Minotauro ha muerto, ¡larga vida a los déficits norteamericanos!
Continuará.
NOTAS: [1] La mayoría de los datos ofrecidos en la primera edición terminaban en 2009. La segunda edición se ha beneficiado de datos que incluían los años fiscales 2010, 2011 y los tres primeros trimestres de 2012.  [2] Para hacerse una idea más completa de la hipótesis, se recomienda al lector una relectura hay del Capítulo 6 de la primera edición.
Yanis Varoufakis es un reconocido economista greco-australiano de reputación científica internacional. Es profesor de política económica en la Universidad de Atenas y consejero del programa económico del partido griego de la izquierda, Syriza. Actualmente enseña en los EEUU, en la Universidad de Texas. Su último libro, El Minotauro Global, para muchos críticos la mejor explicación teórico-económica de la evolución del capitalismo en las últimas 6 décadas, está a punto de ser publicado en castellano por la editorial española Capitán Swing, a partir de la 2ª edición inglesa revisada. Una extensa y profunda reseña del Minotauro, en SinPermiso Nº 11, Verano-Otoño 2012.
Traducción para www.sinpermiso.info: Miguel de Puñoenrostro

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