martes, 4 de septiembre de 2012

Dos “materiales” sobre el SAT y los jornaleros y jornaleras andaluces


http://kaosenlared.net/media/k2/items/cache/4b186de99424345ebd5d98e77d35a3a7_XL.jpg

por Fran Sánchez del Pino, Isabel Mateos Valero
Sábado, 25 de Agosto de 2012 10:02

Andalucía es una de las zonas más empobrecidas de Europa y de las más castigadas como consecuencia de la crisis financiera mundial, de la crisis española en particular y de las medidas de ajuste brutal impuestas por la troika y aplicadas por los dos últimos gobiernos...
Nota edición: Este editor se siente muy orgulloso de recomendar la lectura de estas dos excelentes aproximaciones a la lucha de los jornaleros andaluces escritas muy desde dentro del combate.
Sus autores:
Fran Sánchez del Pino compartía la coordinación del Consejo Local de Izquierda Unida de la ciudad de Jaén hasta que hace algunos meses tuvo que emigrar a Berlín para buscar trabajo. Licenciado en Filosofía y Letras, ha estado ligado al trabajo del Foro Social de Jaén, el Centro Social Autogestionado "Jaén en pie" y el 15 M de la ciudad hasta su marcha.
Isabel Mateos Valero es portavoz del Grupo Municipal de IULV-CA en el Ayuntamiento de Jaén. Ligada al movimiento sindical en el marco educativo y al movimiento vecinal, pertenece, además, a la HOAC de Jaén, un movimiento por la pretensión pública de la fe desde la centralidad y el compromiso del mundo obrero y los desposeídos.
Sobre la llamada de atención del SAT
Fran Sánchez del Pino
Breve contextualización geográfico-social
Andalucía es una de las zonas más empobrecidas de Europa y de las más castigadas como consecuencia de la crisis financiera mundial, de la crisis española en particular y de las medidas de ajuste brutal impuestas por la troika y aplicadas por los dos últimos gobiernos. Con una tasa de desempleo del 34% de la población activa y un 35% de la población (tres millones de personas) viviendo bajo el límite de la pobreza, acumula una serie de cifras que la sitúan entre las primeras del continente de una lista de dudoso orgullo. De entre todos los desempleados, uno de cada dos son parados de larga duración, muchos de los cuales han agotado todas las prestaciones y traducen los datos estadísticos al crudo lenguaje encarnado del sufrimiento cotidiano y huérfano de esperanza, en el que la mera supervivencia se convierte en la más sofisticada de las ambiciones vitales. La situación es especialmente alarmante en las zonas rurales y en determinados barrios de las ciudades, donde se alcanzan tasas de desempleo superiores al 50% y los problemas sociales adoptan un cariz de extremo dramatismo expresado en las cada vez más frecuentes escenas de grupos organizados de gentes rebuscando en la basura y esperando la llegada de camiones a vaciar en el vertedero.
Ante la falta de recursos de muchas familias para atender las necesidades más básicas de sus miembros (en muchas ocasiones como consecuencia de las exigencias del pago de la hipoteca en familias que tienen a todos sus miembros en paro -aun así, Andalucía ha alcanzado la escalofriante marca de 6000 familias expulsadas de su vivienda sólo en el primer trimestre de 2012) aparecen y se extienden los problemas de subalimentación hasta extremos insoportables: según el último informe de Cáritas, 350.000 familias andaluzas están subalimentadas. La alimentación comienza a ser un problema urgente, rayano en un estado de emergencia social, susceptible, si existiera la sensibilidad política que la situación requiere, de convertirse en un verdadero "asunto de Estado". Y todo en ello en una región con tierra suficiente, mano de obra disponible y capacidad para alimentar a toda la población y generar excedentes, pero donde el 2% de los propietarios es dueño del 50% de la tierra cultivable y el 80% de una producción agrícola lastrada por el predominio del monocultivo y los métodos intensivos, se destina a la exportación. Aquí se juntan "lo nuevo" y "lo viejo", la interacción entra las nuevas realidades que son consecuencia de la última fase económica y la situación estructural, secular, de desequilibrio en la distribución de los bienes.
En definitiva, estamos ante una dinámica que introduce el carácter de una auténtica transición al subdesarrollo, que sin duda se verá agudizada hasta el extremo por las previsibles próximas medidas de ajuste del gobierno español. No se trata simplemente de una crisis económica, sino de un deterioro social y humano de dimensiones gigantescas y de consecuencias imprevisibles.
El Sindicato Andaluz de Trabajadores (SAT), la tierra y los alimentos
El SAT es un sindicato cuyo componente principal es la base militante de las zonas rurales que integraban el Sindicato de Obreros del Campo y del Medio Rural (SOC-MR), un sindicato que históricamente se ha organizado como herramienta de defensa de los trabajadores del campo y del medio rural en general ante sus problemas específicos (los jornaleras y jornaleras tiene difícil acceso a la negociación de convenios colectivos), y como movimiento social en ese mismo ámbito, que ha venido reivindicando una modificación radical de la propiedad de la tierra y una alternativa de producción agrícola y de distribución y consumo de los alimentos, orientado a la soberanía alimentaria, concepto faro de la organización internacional Vía Campesina, de la que es miembro el SOC. Desde hace unos años, el SOC y gentes próximas decidieron atender una cierta demanda de una alternativa sindical y social en las zonas urbanas, impulsándose la creación del SAT, como sindicato y movimiento más abarcador.
En los últimos meses, ante la intención de la Junta de Andalucía de sacar a subasta una cantidad importante de tierras públicas para obtener recursos mediante su privatización, ante de la desolación social y la situación de pobreza en las zonas rurales y ante el problema global de la alimentación, tanto en los pueblos como en las ciudades, el SAT tomó la iniciativa de reivindicar esas tierras en desuso como bien común para la población andaluza y de intentar evitar su privatización. Para ello, se propuso la ocupación y puesta en funcionamiento de fincas que aún no hubieran sido vendidas. De la mano de la iniciativa brotaba un ambicioso proyecto de experiencia para la soberanía alimentaria y de alternativa económica y social; por un lado para las zonas rurales: los jornaleros y jornaleras andaluces en paro tienen el conocimiento, la sabiduría sobre la tierra, las ganas y la necesidad de trabajar y de proveerse de lo más básico en pueblos donde la miseria y la precariedad alcanzan cotas sobresalientes; por otro lado, la experiencia tiene también la potencialidad de conectar con las ciudades sobre la base de la alimentación como problema común, y con movimientos sociales urbanos que impulsan otros modelo de consumo alternativo, universalmente accesible, saludable y ecológico. En definitiva, tiene la virtualidad de ser una alternativa integral al modelo agroalimentario, y una visión radicalmente distinta que niega la condición de mercancía de la tierra y de sus productos y la postula como bien público. Y ese primer foco de creación de algo distinto, de cultivo intensivo de una esperanza colectiva, se vino a poner en marcha en la finca ocupada de Somontes, en la provincia de Córdoba (http://www.youtube.com/watch?v=S3UFo9fztIA&;feature=player_
embedded http://www.facebook.com/pages/Somonte/219067778201567), de 400 hectáreas, que se encontraba en desuso y que tiene capacidad de emplear hasta a 300 personas. Recientemente se procedió también a la ocupación de la finca de Las Turquillas (Sevilla) para dar un segundo paso importante en ese sentido, abortado momentáneamente tras el desalojo ordenado por el gobierno en el mismo día que se detenía a los participantes de la acción de los supermercados.
La acción simbólica en Mercadona y Carrefour.
El pasado 7 de agosto, docenas de militantes del SAT participaron en una acción simbólica organizada de denuncia de la insostenible situación social de carencia de las gentes, por la cual se "asaltaron" dos supermercados, uno perteneciente a la cadena Mercadona y otro a Carrefour, en las ciudades de Écija (Sevilla) y Arcos de la Frontera (Cádiz), respectivamente. Ambas cadenas comerciales controlan el 40% de la distribución de los alimentos y operan como elementos de un oligopolio que determinan en muchos casos las condiciones de producción (precios, variedades de productos, ritmos, beneficios, salarios) a unos agricultores (o a proveedores derivados) prácticamente indefensos ante la dimensión de la cuota de mercado que controlan ambos gigantes. En definitiva, se trata de una situación de sujeción y de poder que obstaculiza enormemente las posibilidades de una determinación democrática y soberana de las necesidades de producción y consumo de alimentos de la población, así como de la atención debida a sus condiciones ecológicas.
Por otro lado, la situación social se deteriora progresivamente como consecuencia de las políticas de trasvase masivo de recursos públicos, de recursos de la ciudadanía hacia los bancos, marcada por los agentes que dictan la política de los países sudeuropeos creando un estado de excepción político, donde los derechos elementales se supeditan al expolio teledirigido que significa la "crisis de la deuda", y acompasado de un estado de emergencia social. Llamar la atención para romper la asunción social de esta lógica de genocidio por goteo, para romper con la idea fatalista de que no hay alternativa que dé color al gris oscuro que nos invade y hastía, era el propósito fundamental de la acción del 7 de agosto.
La así llamada (también simbólicamente) "expropiación de expropiadores" ha resultado tener una trascendencia de dimensiones probablemente imprevistas, tanto para lo bueno como para lo malo: en el diseño de la acción, los miembros del SAT sabían que iban a tocar hondo, que la acción tendría un espectacular impacto mediático y que como acto de desobediencia tendría consecuencias jurídicas para los participantes; el SAT lleva 30 años practicando la desobediencia civil no violenta como estrategia de movimiento, "costumbre" por la que acumula una cifra descomunal de euros a pagar en multas y de años de prisión en condenas para sus gentes (además de moratones en la espalda por los golpes de los antidisturbios). Esta gente ya sabe lo que hay, por tanto. Pero resulta que el eco de lo que se hizo ha traspasado todas las fronteras y se ha hablado de ello tanto en la prensa internacional como en las calles de muchos países, también entre personas políticamente activas de todos los rincones. En la prensa española ha tenido una resonancia espectacular, tomando portadas y artículos de opinión tanto para reconocer el valor de lo que se hizo, como para (los más) intentar deslegitimar, caricaturizar y reducir el asunto a la cuestión "legal". Es decir, desde muchos medios se ha hecho un esfuerzo ímprobo por difuminar la dimensión real del asunto, que es la dimensión política, con un denuedo de una intensidad directamente proporcional a su impotencia. Otra de las patas del poder, el gobierno, ha impulsado la detención de los participantes en un proceso de represión notablemente excepcional: a las personas a las que se detuvo en sus casas se les imputan delitos de "robo con violencia" y para ellos se solicitan penas de dos a cinco años de prisión. El mismo día en que se detenía a la gente, la guardia civil procedía al desalojo de la finca de las Turquillas por orden del gobierno. Quizá la respuesta de todos estos elementos no sea sino proporcionada a la radicalidad de aquello que cuestiona esta acción del SAT. Se ha puesto el dedo en la llaga. Eso duele. Y la bestia reacciona y da zarpazos descontrolados.
¿Por qué se ha puesto el dedo en la llaga?
En primer lugar, porque visibiliza, nacional e internacionalmente, el problema insoportable de la pobreza y de los brotes de situaciones de extrema necesidad en un país del primer mundo. Eso es lo que más impacta en los medios internacionales. Claro que en la prensa mundial no se habla sin más de un robo a un supermercado (eso jamás sería noticia); se habla de lo que hay de fondo, de uno de los motivos de la acción, del motivo que precisamente el sindicato quería resaltar de cara a los medios que más acceso tienen a la "opinión pública". Los medios españoles tematizan sobre todo el relato descontextualizado de la acción, intentando presentarlo como un problema de ámbito penal. El propósito de los activistas era que lo que hay de fondo, el estado de necesidad urgente de las gentes, se convierta en asunto de Estado. Pero la acción (el medio) ha recibido un enfoque mediático que la sobredimensiona pero retratada como simple delito, al objeto de ocultar el problema de fondo, de manera que el camino se allanara la acción represiva del ministro de Interior y la expulsión, de las mentes de los que sufren a la desesperada, la idea de que quizá las cosas pudieran funcionar de otra manera. Cabe preguntarse hasta qué punto los de arriba han conseguido ese objetivo.
Después, porque permite problematizar el asunto del “robo” y cuestionar las dimensiones a las que aluden determinados usos de la categoría. Ese es sin duda otro caballo de batalla. Hemos asistido perplejos al trasvase de 23500 millones de euros a Bankia, a un recorte brutal veraniego en los Presupuestos del Estado para cumplir los objetivos de décifit que permitan recuperar la "tranquilidad de los mercados" mientras se pagan los miles de millones de euros de intereses por la deuda a los bancos que especulan con la crisis del país y de sus ciudadanos gracias al apoyo del Banco Central Europeo (BCE). El principio de "lo que es de la gente, primero a los bancos delincuentes y después a la gente" se consagró constitucionalmente en agosto del año pasado en virtud de un acuerdo entre PSOE y PP para el sometimiento del Estado español a las directrices del BCE, el mismo que da barra libre a los bancos en esa fiesta sádica por la que financian al estado al precio de asfixiarlo y de reducirlo a un montón de ruinas bajo las cuales tragan polvo y quedan atrapadas las personas. Para ello, el coste de los productos básicos se incrementa (subida del IVA), el sueldo de los empleados públicos se reduce y también se reduce el número de ellos, condenando a más y más gente al paro, a la desesperación, a la falta de perspectiva, anulando cualquier posibilidad de remontada de una economía asfixiada. En ese holocausto a los mercados se ofrecen los bienes comunes más elementales: educación, sanidad, empleo, transporte, alimentación,... En definitiva, se trata de un trasvase masivo de recursos (de un robo de dimensiones colosales -100000 millones de euros durante tres años-) sobre la base de un autogolpe perpetrado por los dos partidos mayoritarios, que echa por tierra el pacto constituyente y abre una nueva fase, en la que el atraco y la desposesión se prevé en la norma capital del ordenamiento jurídico. Ante eso, se plantea una acción más allá de los límites de la legalidad: una sustracción de alimentos de una superficie comercial que tiene ganancias millonarias para repartir entre gente necesitada. Los alimentos (arroz, leche, legumbres, azúcar) pueden valorarse acaso en unos 150 euros, que no supondrán un prejuicio a la empresa, no sólo porque la suma sea objetivamente insignificante, sino porque el seguro se hará cargo del reintegro de una suma que de esa manera queda garantizada, cuando quizá no lo estuviera en el caso de que los productos esperaran a ser vendidos en la estantería. En todo caso, la empresa puede salir beneficiada, como escribiera también Ulrike Meinhof a propósito del incendio de unos grandes almacenes llevado a cabo por Andreas Baader y Gudrun Ensslin en Frankfurt en los años 70.
El "momento progresivo", como también escribía Ulrike en referencia a aquella acción, puede encontrarse aquí, no sólo pero también, en la trasgresión de la ley, una ley que no protege a las personas sino a los que se apropian de la riqueza: "Los que usan la propiedad indebidamente son los protegidos por la ley, no las víctimas de este uso indebido de la propiedad, no los que mediante riqueza y consumo producen riqueza, sino los que en el Estado capitalista se apropian legalmente de la misma. Es un deber para la ley mantener alejados de sus productos a aquellos que los producen. (...) esta trasgresión de la ley es el momento progresivo (...) sin descartar, de esta manera, que la consiguiente destrucción de bienes más bien favorezca al sistema, contradiciendo materialmente a las intenciones anti-capitalistas." (Meinhof, “Incendio de un gran almacén”, Konkret, 1968)
Lo interesante aquí es el momento de "ilustración": "Los negros del gueto que saquean comercios en llamas se dan cuenta de que el sistema no se derrumba porque ellos de forma puedan apropiarse de lo que necesitan urgentemente, de lo que debido a su pobreza y desempleo no pueden comprar; pueden percibir que un sistema es negligente, que éste les aparta de aquello que necesitan para vivir."
Conste que aquí no estamos hablando de "comercios" ni de "llamas" ni de una acción espontánea y desesperada ni de una venganza, sino de una acción pacífica y simbólica, de intencionalidad política, bien planificada y definida para su realización en un centro de las características que arriba se han expuesto. Pero la cita es útil. En ese sentido se ha propuesto el SAT dar un golpe a las conciencias, con una acción simbólica y "pedagógica" mediante la cual ha pretendido ilustrar las sinrazones de un sistema terriblemente injusto, con más credibilidad si cabe en cuanto que se trata de un colectivo formado fundamentalmente por jornaleros, es decir, por quienes trabajan la tierra (cuando pueden) para producir los alimentos a los que no pueden acceder.
- Se cuestiona de una manera radical la condición sagrada de las mercancías cuando se refieren a bienes básicos como son los alimentos, consagrados como un derecho humano fundamental por el Relator Especial de la ONU para el derecho a la alimentación. No es poco. Se trata ni más ni menos que del intento de sustraer, en el plano simbólico (como un primer paso) una serie de bienes al arbitrio todopoderoso del mercado para convertirlos en bienes comunes. Hay bienes (como también la vivienda, por ejemplo, o como el agua) cuya mercantilización debe ser impedida por su condición de derechos humanos fundamentales, y que, por lo tanto, deben ser “liberados” para una reapropiación en favor de las gentes comunes y corrientes. La llamada de atención llega a este ese punto, una vez que el capitalismo ha entrado en crisis y la condición de mercancía de esos bienes los revela como realmente inaccesibles en tanto que bienes para la mayoría. En este sentido, la acción es portadora de una nueva aspiración de Derecho, de una aspiración a una legalidad acorde con lo humano y no con el mercado. Dadas las condiciones políticas arriba descritas, la acción puede leerse, si así se quiere, como una invitación a tomar en consideración la necesidad de un nuevo proceso constituyente sobre otras bases distintas, a la altura de las necesidades de la población y no de los beneficios bancarios, adecuada a la tranquilidad de la gente y no de los mercados. Algo está del revés y debe ser ajustado. La acción no implica un desorden sino, al contrario, una protesta contra el mismo, una voluntad de reordenar.
- Por último, se han abierto debates de importancia cardinal en el seno de los movimientos sociales, porque se llama a un cuestionamiento estratégico con una propuesta positiva: la desobediencia civil como forma de contestar a un poder crecientemente injusto, crecientemente represivo y crecientemente violento. De forma evidente, se ha puesto sobre la mesa la necesidad de afrontar problemas contradictorios como el de la posibilidad de combinar acciones que realmente preocupen a los poderosos por su potencialidad simbólica (lo que en muchas ocasiones puede requerir un pequeño salto fuera de los límites de la legalidad) y la de mantener un amplio consenso social en torno a las acciones de los movimientos; esto es, mantener una legitimidad social de los movimientos, una legitimidad no vanguardista, puede chocar con un estado de ánimo mayoritario que en principio pueda confundir los límites de la legitimidad con los de la legalidad. Desde luego el debate es complicado, pero imposible de obviar, más aún ante un posible escenario de recorte legal de libertades y de castigo a la resistencia en general. También aquí, la acción del SAT ha llamado la atención sobre la necesidad de dotarse de herramientas para intentar desbrozar una pequeña vereda. Y, de momento, los protagonistas de la acción se enfrentan por ello, y por todo lo anterior, a un castigo insoportable.
***
TEXTO DE LA INTERVENCIÓN. FINAL MARCHA JODAR A JAÉN
Isabel Mateos Valero
En nombre de la Asamblea Local de IULV-CA de la ciudad de Jaén quiero transmitir un saludo fraternal a todos los compañeros y a todas las compañeras que habéis puesto en pie y participado en ésta MARCHA POR LA DIGNIDAD Y LA DEFENSA DE LOS DERECHOS DE TODOS LOS TRABAJADORES DE LA PROVINCIA DE JAÉN.
Un abrazo solidario a todas aquellas “gentes del agosto” de las que habló aquel gran poeta Juan de la Cruz, que –seguro- hoy también se sentiría alegre por esta marcha. Sí, al igual que nuestro compañero y camarada Miguel Hernández, que también está hoy aquí con nosotros, los suyos, con los de abajo. Con aquella sonrisa suya “triste como la de un olivo”.
Un especial saludo a los compañeros y las compañeras del SINDICATO ANDALUZ DE TRABAJADORES.
Vivimos tiempos difíciles.
Tiempos que no son sólo de crisis. Hay que decirlo alto y claro: hoy gobierna este país y Europa la parte más reaccionaria y egoísta de la sociedad. No estamos asistiendo solo a reformas económicas y laborales para hacer pagar la crisis a los trabajadores y las trabajadoras, las pequeñas economías y los autónomos. Estamos viviendo hoy algo más duro, incluso. Este país está gobernado y dominado por la peor parte de estas sociedades. No son sólo contra-reformas lo que se está aprobando. ESTAMOS EN MANOS HOY DE UN GRUPO SOCIAL QUE HA PUESTO EN MARCHA UNA VENGANZA SOCIAL CONTRA LOS TRABAJADORES Y SUS CONQUISTAS DURANTE TODO EL SIGLO XX.
Toda persona decente y con un mínimo de humanidad siente hoy rabia. Vivimos el mundo al revés: los poderosos se juntan y se reúnen para expropiar y desposeer a los de abajo. Vivimos una época de revancha de los ricos contra los pobres, los trabajadores, las mujeres y los jóvenes. ¡Así está la situación!
Cuando una diputada del PP grita en el Parlamento ¡Que se jodan los parados! no es una mera anécdota. Es lo que realmente piensa toda esa aristocracia ignorante y miserable. Cuando los de arriba hablan de legalidad no se refieren, para nada, al deber que el Estado tiene de garantizar los derechos humanos de las personas. Legalidad, para ellos, es el deber de subordinación de los de abajo a sus dictados. Legalidad, para ellos, es que aceptemos sin rechistar su decreto de estado de excepción económica y social. Por ello pensamos que desobedecer a esa farsa de ley es una obligación de todo ciudadano y de toda ciudadana que quiera defender la democracia, aquí y ahora.
Y hay que decirlo claro. Ellos, los descreadores de la vida, no se alteran porque un gran puñado de trabajadores entren en una gran superficie comercial para garantizar un derecho elemental de todas las personas: el derecho a vivir. No. Su preocupación es que esa ruptura, ese momento, se convierta en una desobediencia generalizada al estado de excepción que los de arriba han ido construyendo durante años. Se ha nombrado el infierno.
Sabemos que el trabajo, además de constituir la principal fuente de ingresos de los trabajadores, es la principal herramienta que las personas tienen de intercambio de sus experiencias, sus conocimientos y sus afectos. Por eso el miedo a perder el puesto de trabajo no lo es sólo porque ello incida gravemente en las condiciones materiales de nuestras vidas. La pérdida del trabajo o vivir sin un puesto de trabajo quiere decir, sobretodo, quedar excluido de la comunidad, de la sociedad. Es malvivir en un rincón, es precipitarse en la soledad, es la imposibilidad de comunicar los afectos y los sentimientos, es la destrucción del espacio que cada uno ha construido para sentirse vivo.
Los de arriba dicen que hay que hacer sacrificios. Sí, esa canción miserable ya la conocemos. ¿Pero cómo se puede pedir sacrificios a una joven o a un joven que no saben qué hacer? No tienen un trabajo y seguramente han dejado de estudiar. Y ya no consiguen ni tan siquiera encontrar una motivación para enfrentarse a cada nuevo día. ¿No nos damos cuenta de lo que está pasando con nuestros jóvenes en nuestros barrios y nuestros pueblos? Es un crimen.
A pesar de todo esto nos imponen sus recetas indigestas y crueles: reducción del gasto sanitario, del gasto social y educativo. Se reduce la protección social de los mayores y de los más débiles. Dicen querer cuadrar las cuentas pero lo que están haciendo es aumentar el malestar y la desesperación de todas aquellas personas que pierden progresivamente la posibilidad de sentir protección en el país o la ciudad donde viven.
Sólo la esperanza puede derrotar al miedo.
Y esta marcha es eso. La esperanza que tiene que encarnarse en una nueva alternativa de los de abajo y que la política vuelva a pensar en el destino común de las personas. Un destino que hoy está sometido al dominio de una economía abstracta y desvinculada de las necesidades concretas de las mujeres y los hombres de carne y hueso.
“El primer paso para construir un mundo alternativo es rechazar la imagen del mundo implantada en nuestras mentes y todas las falsas promesas que se emplean en todas partes para justificar e idealizar la necesidad criminal e insaciable de vender. Es vitalmente necesario otro espacio.”
“La esperanza, sin embargo, es un acto de fe y tiene que estar sostenido por otras acciones concretas. Por ejemplo, la acción de acercarse, medir distancias y caminar hacia. Esto conducirá a colaboraciones que nieguen la discontinuidad. El acto de resistencia no significa sólo negarse a aceptar el absurdo de la imagen del mundo que se nos ofrece, sino denunciarlo. Y cuando el infierno es denunciado desde adentro, deja de ser infierno.”
Acciones concretas.
Esta marcha debe suponer el inicio de una gran convocatoria, de un gran movimiento en Andalucía, primero, y a nivel del estado español, después, una gran alternativa de una izquierda que contenga todas las izquierdas.
Contra la guerra, por la paz y la cooperación entre los pueblos debemos denunciar las guerras actuales y las que se preparan. Y decimos que hay que desmilitarizar y desnuclearizar Andalucía. Impedir que la Base de Rota, hoy el punto estratégico de la OTAN en el Mediterráneo, sirva para la nueva guerra en Irán que el movimiento pacifista de Israel y el pueblo palestino están denunciando en estos días.
Contra el crimen de la emigración de nuestra juventud debemos poner en marcha una iniciativa que sea su gran reto para hacerse independientes revitalizando todo el gran patrimonio cultural de Andalucía.
Contra el paro y la marginación de cientos de miles de familias debemos defender un mínimo económico vital y la defensa de los bienes comunes y necesarios para todas las personas.
Que la tierra vuelva a alimentar a los habitantes de Andalucía, que garantice su soberanía y sea trabajada individual y colectivamente, como primer paso para una reestructuración ecológico-social del territorio andaluz tras décadas de destrucción de los recursos y especulación.
Y debemos de inventar nuevos espacios de cooperación y solidaridad entre ciudades y pueblos, un movimiento horizontal de ayuntamientos, frente a las políticas de austeridad y de beneficio de los banqueros que está destruyendo la sociedad.
Me gustaría citar para terminar al poeta argentino Juan Gelman.
Llegó la muerte con su recordación
nosotros vamos a emprender otra vez
la lucha
otra vez vamos a empezar
otra vez vamos a empezar nosotros.
Contra la gran derrota del mundo
compañeritos que no terminan
o arden en la memoria como fuegos
otra vez
otra vez
otra vez.
¡LA LUCHA SIGUE!
 

lunes, 3 de septiembre de 2012

Que no nos engañen: Los peligros de los tópicos y eufemismos


Cavando, contra los eufemismos y los tópicos, contra la creencia reformista y contra la ideología reaccionaria, esta cuádruple diferencia irreconciliable que distingue y separa a la práctica revolucionaria de la contrarrevolucionaria

IÑAKI GIL DE SAN VICENTE
«La ignorancia no es la ausencia pasiva de información sino una mezcla formada por datos, datos incompletos, datos acerca de cosas irrelevantes, expectativas irrealistas, conocimiento fragmentado, categorías rígidas así como dicotomías erróneas.»
R. Levins, Cuando la ciencia nos falla


«“Capitalismo”, “imperialismo”, “explotación”, “dominación”, “desposesión”, “opresión”, “alienación”… Estas palabras, antaño elevadas al rango de conceptos y vinculadas a la existencia de una “guerra civil larvada”, no tiene cabida en una “democracia pacificada”. Consideradas casi como palabrotas, han sido suprimidas del vocabulario que se emplea tanto en los tribunales como en las redacciones, en los anfiteatros universitarios o los platós de televisión.»
F. P. Garnier, Contra los territorios del poder


«El lenguaje, los conceptos y los eufemismos son armas importantes de la lucha de clases “desde arriba”, concebidos por periodistas y economistas capitalistas para maximizar la riqueza y el poder del capital. En la medida en que los críticos progresistas e izquierdistas adoptan estos eufemismos y su marco de referencia, sus críticas y las alternativas que proponen se ven limitadas por la retórica del capital. Poner “comillas” entre los eufemismos puede ser una señal de desaprobación, pero no sirve para promover un marco analítico distinto, necesario para el éxito de la lucha de clases “desde abajo”. Y lo que es igual de importante, elude la necesidad de una ruptura fundamental con el sistema capitalista, incluido su lenguaje corrupto y sus conceptos engañosos. Los capitalistas han derribado las conquistas más esenciales de la clase trabajadora y nosotros no podemos contraatacar el dominio absoluto del capital. Esto debe volver a plantear la cuestión de la transformación socialista del Estado, la economía y la estructura de clases. Una parte intrínseca de este proceso debe ser el rechazo absoluto de los eufemismos utilizados por los ideólogos capitalistas y su sustitución sistemática por expresiones y conceptos que reflejen fielmente la cruda realidad, que identifiquen claramente a los responsables de esta decadencia y que definan a los agentes políticos de la transformación social.»
J. Petras, Política del lenguaje y lenguaje de la regresión política

1. DEMOCRIA Y MENTE PACIFICADAS
2. CRISIS FINANCIERA
3. ESTADO DEL BIENESTAR
4. SECTORES PRODUCTIVOS
5. DEMOCRACIA DIRECTA, PARTICIPATIVA Y REPRESENTATIVA
6. JUSTICIA SOCIAL, REPARTO DE LA RIQUEZA
7. DESARROLLO ENDOGENO Y DESARROLLO SOSTENIBLE
8. SOCIEDAD CIVIL. HEGEMONIA
9. TEORÍA DE LA EXPLOTACION ASALARIADA
10. TEORÍA DEL ESTADO Y DE LA VIOLENCIA
11. TEORIA DEL CONOCIMIENTO Y DE LA PRAXIS
12. TEORIA ÉTICO-MORAL E IDEAL DE VIDA


1. Democracia y mente pacificadas.

Entre otras cosas, los tópicos son también las expresiones triviales o vulgares, es decir, las que de tanto usarse sin carga crítica, sin insistir en su contenido político, han terminado por volverse huecas, vacías y manipulables por la ideología dominante, la del poder establecido, que las recarga en su provecho. Los eufemismos son las trampas lingüísticas que el poder hace para destruir la carga peligrosa de un concepto, desnaturalizándolo para hacerlo aceptable al lenguaje de la dominación. Tópicos y eufemismos son dos de los métodos que el poder tiene para imponer la ignorancia tal cual la define R. Levins en la cita anterior, de modo que terminamos creyendo que somos cultos, que estamos formados intelectualmente, cuando en realidad somos dogmáticos -no usar categorías dialécticas, flexibles, no rígidas- e ignorantes.

Bajo la «democracia pacificada» en la que malvivimos, los conceptos radicales, los que tienen el potencial teórico capaz de demostrar que la civilización burguesa se asienta sobre la explotación humana, estos conceptos son sistemáticamente expulsados de los llamados «medios de comunicación» y del sistema educación muy especialmente, de manera que la juventud los desconoce, no llega a oírlos o leerlos hasta muy tarde, y cuando lo hace no los comprende o los malinterpreta porque, además, ha sido educada en el mecanicismo y en el dogmatismo, en la ignorancia de lo que es la dialéctica, la capacidad de penetrar hasta la esencia de un problema para descubrir en ella la permanente unidad y lucha de sus contrarios antagónicos.

La democracia pacificada requiere de mentes pacificadas para su correcto funcionamiento. Con toda razón, se utilizan acertadas expresiones críticas como «figura del Amo», «policía mental», «cadenas de oro», «miedo a la libertad» y otras para mostrar de manera pedagógica cómo el poder se ha introducido en nuestra personalidad pacificándonos desde dentro, castrando nuestra independencia de praxis, de crear cosas y pensamientos nuevos y críticos, inasimilables por el sistema.

La pacificación de las mentes se realiza desde el mismo instante en el que empieza a formarse la personalidad humana predisponiéndonos desde entonces a la obediencia. La mente pacificada se caracteriza por la credulidad ante la mentira, por la mansedad ante opresión y por la aceptación normalizada del lenguaje lleno de eufemismos y de tópicos.

Si no sabemos qué es el concepto marxista de clase social, o de pueblo trabajador, o de plusvalía, o de Estado, o de democracia, por ejemplo, seremos incapaces de conocer el sentido y la realidad práctica, material y objetiva, de lo que es una huelga o un cierre de una empresa que condena al paro a sus trabajadores, o cómo y de dónde obtiene la burguesía sus inmensas propiedades, o para qué está la burocracia estatal y el porqué de su ferocidad represiva en determinados momentos, o qué es la opresión nacional, etcétera. No conoceremos estas realidades y otras con ellas unidas, porque el no uso de los conceptos nos impide conocer las conexiones entre los problemas que nos destrozan la vida, entre sus partes sustantivas, cómo forman una unidad de sentido y de significado que nos explica su origen, su evolución y movimiento y sus contradicciones internas, sus conexiones con otros problemas; y menos aún conoceremos sus tendencias internas y las posibilidades que ellas surgen y en las que debemos intervenir para orientarlas en la dirección revolucionaria.

Muy frecuentemente, el reformismo se incuba en la oscuridad de la ignorancia, en esa afirmación de Rosa Luxemburg en su crítica a Bernstein de que el rechazo de la dialéctica marxista y la vuelta a formas de kantismo, a su rigidez y quietud, como lo define Clara Dan, es una constante del reformismo. El empleo común en las conversaciones cotidianas y en los supuestos debates profundos de una mezcla de tópicos, eufemismos, sobreentendidos, falsedades y errores, polisemias, estereotipos, etcétera, es mucho más frecuente de lo que creemos. Si a esta realidad le unimos los años de descrédito de la teoría marxista y de exuberante triunfalismo de todas las modas post -postmodernismo, postmarxismo, postestructuralismo, postcapitalismo,…-, comprendemos por qué muchas de las reflexiones de la izquierda sobre los cambios del capitalismo real no pasan de ser pobres elucubraciones abstractas y formalistas, con inquietantes tendencias subterráneas de deriva reformista. En este sentido, las aclaraciones muy pertinentes que hace J. Petras sobre el contenido real de expresiones como «demandas del mercado», «libre empresa», «libre mercado», «recuperación económica», «privatización» y «eficiencia», se caracterizan por mostrar además de la mentira inherente a la versión eufemística de tales conceptos, sobre todo su dialéctica interna.

Aquí vamos a exponer muy resumidamente sólo unos pocos tópicos y eufemismos que se emplean habitualmente en la izquierda revolucionaria, en la independentista también. ¿Cómo se ha llegado a semejante linealidad y pobreza teórica? La coerción sorda e invisible que la burguesía ejerce sobre el conocimiento humano y en especial sobre el crítico explica en parte el problema, aunque debemos incluirla dentro de los efectos que causa el fetichismo de la mercancía en la inversión del pensamiento humano. También lo explica en parte la desmoralización de muchas fuerzas revolucionarias tras la caída de la URSS y la incapacidad de la «teoría» stalinista para explicar el derrumbe y para responder a las nuevas modas ideológicas burguesas de finales del siglo XX. Pero tampoco debemos olvidar o menospreciar la indiferencia de las organizaciones revolucionarias para volver sistemáticamente a los famosos y siempre necesarios «cursos de formación de la militancia».

2. «Crisis financiera».

Se dice que la actual es una crisis financiera a secas y es verdad que el detonante de la crisis, la chispa, fue el capital financiero, pero el combustible, lo decisivo, fue la caída de la tasa media de beneficio del capital industrial. A la altura de los aplastantes datos mundiales, seguir sosteniendo que la crisis es sólo financiera es también desconocer la fusión de capitales, que las grandes corporaciones industriales tienen sus propios departamentos financieros, sus agencias auxiliares específicas para moverse ágilmente por los enrevesados recovecos de las miles de caras de la ingeniería financiera. Del mismo modo, los grandes bancos tienen sus departamentos de inversión industrial, al igual que el capital-servicios también está conectado con el financiero y el industrial. Si además tenemos en cuenta la otra economía, la negra o subterránea, la ilegal y criminal, entonces vemos que la interconexión entre las tres formas del capital -industrial, financiero y de servicios- es más estrecha de lo aparente. Una correcta definición de qué grado de fusión existe entre industria, banca y servicios, entre producción, circulación y reproducción ampliada, es también decisiva para saber definir qué es la burguesía imperialista, qué es la mediana burguesía en los Estados débiles formalmente independientes, qué es la pequeña burguesía en estos Estados.

El problema se resuelve cuando profundizamos de este nivel de estudio a otro más serio y válido, el del capital destinado a la producción de bienes de producción, el destinado a la producción de bienes de consumo y el destinado a la producción de bienes de destrucción. Desde esta visión más profunda, comprendemos rápidamente el riesgo reformista que late en reducir la crisis actual a una mera crisis financiera, aunque de inmediato digamos que también se trata de una crisis ecológica, de recursos, alimentaria, de valores, etcétera, es decir, de una crisis sistémica, civilizacional o como queramos definirla, lo cual es cierto. El error que abre la posibilidad de deriva reformista radica en que al echar la culpa de todo sólo al capital financiero, sin hablar para nada del capital industrial-financiero, de las conexiones con el de servicios en cualquiera de sus formas, con la economía criminal, etcétera, por un lado, desconocemos las contradicciones internas del capital que generan las crisis y el papel clave e inevitable de caída de la rentabilidad industrial, y, por otro lado, creemos que con simples reformas financieras, fiscales y monetarias, incluso con un mayor «control democrático» del capital financiero estricto, iremos saliendo de la hecatombe actual.

Para acabar este punto, definir correctamente la naturaleza de la crisis y la composición del capital financiero-industrial de alta tecnología global es especialmente decisivo para las naciones oprimidas que se debaten aún en la duda hamletiana de si existe o no una «burguesía nacional» con la que pactar concesiones «interclasistas». El error radica en confundir burguesía con pequeña-burguesía, desconociendo sus identidades y sus diferencias, y por tanto en no saber discernir qué pactos tácticos o estratégicos se pueden realizar con ambas y por cuanto tiempo. Estos y más errores provienen de usar sin crítica alguna el tópico de la sociología y de la economía burguesa del «capital financiero» y de la «crisis financiera» a secas, metafísica, dogmática y mecánicamente.

3. «Estado del bienestar».

Se trata de un eufemismo destinado a negar la naturaleza explotadora y violenta de todo Estado burgués, aunque haya desarrollado desde finales del siglo XIX algunas medidas de desactivación e integración funcional de reivindicaciones obreras y populares en el proceso de reproducción del capitalismo. Para la burguesía es inaceptable la teoría marxista del Estado como instrumento de explotación de clase y patriarcal, y de opresión nacional. Por eso debe crear un eufemismo que, con el uso, se convierta en tópico asumido por la gente, y el mejor es el del «Estado del bienestar». Pero tal cosa no existe, a lo sumo que puede existir es el «Estado de menos malestar», es decir, el Estado que por razones fáciles de entender ha suavizado parcialmente los mecanismos más duros de explotación y ha creado medios de integración de las masas en el orden capitalista.

El «Estado del bienestar» es producto de la interacción de tres factores: una burguesía enriquecida por la explotación interna y las sobreganancias imperialistas; un movimiento reformista potente capaz de suplantar al movimiento revolucionario y pactar con la burguesía; y un contexto internacional propiciador que facilita y hasta fuerza esas medidas. Esas condiciones básicas se dieron parcialmente desde finales del siglo XIX en algunos Estados europeos, y sobre todo tras la Segunda Guerra Mundial. Desde finales de los años 70 de ese siglo esta forma de Estado se hacía insostenible por la gravedad creciente de la crisis y por el agotamiento del keynesianismo y taylor-fordismo. La contraofensiva neoliberal, eufemismo creado para ocultar lo real que se ha convertido en una coletilla, en un tópico, tenía, tiene y tendrá el objetivo de acabar con esta forma-Estado y retroceder a formas anteriores.

El uso tópico, a modo de coletilla fácil, del eufemismo de «Estado del bienestar» refuerza la ideología interclasista al fortalecer la creencia de que puede existir un «Estado benefactor» o «protector», mito sólo defendible mediante la fe y la creencia porque su existencia histórica no está avalada por ninguna experiencia material desde el origen del capitalismo y menos aún desde que este mito milagrero empezó a tomar forma con el socialismo utópico y luego con el lassalleanismo socialdemócrata en la mitad del siglo XIX. Lo malo de esto es que el abuso de estas modas útiles al capital refuerza la tesis de que la explotación burguesa puede ser reformada, mejorada, suavizada en una primera instancia mediante pactos que no toquen ni cuestionen la propiedad privada de las fuerzas productivas, logrando así un tiempo neutro durante el cual las clases explotadas multipliquen sus fuerzas y lleguen a la hegemonía civil para, de este modo, abrir una transformación pacífica y suave, casi imperceptible para la burguesía, del «Estado del bienestar» al «Estado socialista»: este era el dogma de fe de la socialdemocracia y en concreto de su «tercera vía» anglosajona, de T. Blair y Clinton. Como ya lo advertía el marxismo, este espejismo ilusionista ha fracasado. No existen milagros, existe la certidumbre de la lucha revolucionaria.

4. «Sectores productivos».

Tanto la economía clásica burguesa como la marxista se basan en la prioridad del sector productivo de bienes de producción, de valor y de riqueza en suma. Este es el punto elemental sobre el que se basa la posibilidad de conocer y dirigir la sociedad. Pero desde la segunda mitad del siglo XX la burguesía imperialista anglosajona empezó a reforzar la corriente neoliberal hija del marginalismo neoclásico del último tercio del siglo XIX, que era la definitiva renuncia de la burguesía a toda pretensión de conocimiento de su economía, y retroceso al subjetivismo más idealista posible: el de la preferencia subjetiva del individuo burgués abstracto. Además, bajo las crecientes presiones de las luchas antiimperialistas que buscaban un modelo de desarrollo opuesto al capitalista, no tardó en aparecer una «teoría del desarrollo» que justificase las tesis de la «alianza por el progreso», que era la tapadera humanista de las atrocidades del imperialismo contra los pueblos rebeldes. La tesis de los tres sectores productivos, del primario o agrícola, del secundario o industrial, y del terciario o de servicios, fue creada por C. Clark en 1940.

Esta tesis refuerza la ideología neoliberal en su aplicabilidad al «tercer mundo» porque prima la exportación de productos agrícolas dependientes del mercado mundial, en vez de una política planificada de industrialización, que es lo que querían los pueblos antiimperialistas o algunas fracciones burguesas latinoamericanas que aplicaron durante poco tiempo el programa de «sustitución de importaciones» tan positivo hasta que fue dinamitado por la alta burguesía vendida a los yanquis. Además, ha sido muy correctamente criticada por sus nefastas consecuencias con respecto al ecosistema, al primar la máxima producción agraria como el criterio óptimo de desarrollo. No es casualidad que las instituciones imperialistas se volcaran a favor de las tesis de Clark como modelo idóneo.

Su aplicabilidad para el capitalismo desarrollado es también óptima para la burguesía porque trocea e incomunica en tres áreas no relacionadas con la producción de valor lo que hasta entonces era visto como una unidad, incluso por la economía clásica burguesa. Oculta la realidad básica del funcionamiento económico que gira siempre alrededor de la producción de beneficio que, en la práctica, recorre en mayor o menor grado a los tres sectores: la industria agroalimentaria; la industria de producción de bienes de producción o sector secundario, y la industria de bienes de consumo o sector servicios. Por otra parte, el sector servicios en realidad también está dentro de los otros dos sectores y, por no extendernos, en esta rotura de la unidad económica se difumina el capital financiero en el sentido estricto. De este modo, también se dificulta el conocimiento crítico de la unidad de clase de la burguesía.

El peligro que late en la utilización acrítica y tópica de esta tesis es el derivado de su origen imperialista y neoliberal: que oculta las fundamentales relaciones de explotación de la fuerza de trabajo, que fue uno de los objetivos buscados por la corriente marginalista y neoclásica de la que proviene esta tesis. La explotación de la fuerza de trabajo está presente en los tres sectores, pero al presentarlos aisladamente se pierde de vista lo que les conecta internamente, que no es otra cosa que la búsqueda de plusvalía, de beneficio máximo, por parte de la burguesía. Si no se usa el concepto-clave de «explotación asalariada» desaparece de nuestra vida el concepto de capitalismo y de lucha de clases, y empezamos a deslizarnos hacia el reformismo.

5. «Democracia directa, participativa, representativa».

Son expresiones que pueden valer si sólo se usan muy precavidamente en su alto nivel de abstracción difusa e imprecisa, pero no más allá, no para hacer política revolucionaria concreta, pues no hacen ninguna referencia al problema decisivo: el del poder que define a la democracia, o sea, democracia burguesa o democracia socialista, y menos aún a las formas específicas de la democracia burguesa como son la democracia de la nación estatalmente opresora, la democracia patriarco-burguesa, etcétera.

Por «democracia directa» puede entenderse la que se ejerce en la inmediatez más cercana de la vida, en el trabajo, en la vecindad y ayuntamiento, en la escuela, etcétera. Por «democracia participativa» puede entenderse la practicada en instancias más distantes, administrativas y políticas, en las que la acción directa está restringida por mediaciones institucionales y legales que exigen ciertos trámites de control. Y por la «representativa» debe entenderse lo que su propio nombre indica: somos representados por alguien que dice defender nuestros intereses. Como se aprecia, el problema del poder político, de clase, nacional y patriarcal, en general y de sus múltiples formas concretas de plasmación, desaparece en los tres niveles porque se silencia su contenido explotador y represivo. Puede y debe sobreentenderse que la explotación y la represión están activas resistiéndose a cada una de las democracias, pero en la medida en que no se cita su presencia y que no se insiste en la esencia burguesa de la democracia realmente existente -además de «democracia española», «patriarco-burguesa», etcétera-, en esta medida va disminuyendo la efectividad concienciadora de términos como «democracia directa», a pesar de ser el más explícito de todos.

¿«Democracia directa» de quienes y contra quienes? Porque la democracia se practica en defensa de derechos amenazados o para conquistar derechos negados, y entonces surge o se endurece el choque directo con el poder que amenaza o niega tales derechos: ¿qué poder, de qué clase, de qué Estado, de qué sexo-género, etcétera? ¿«Democracia directa» de la asamblea obrera en huelga, de los consejos obreros, de las comunas campesinas, de los comités de soldados, de las asambleas de vecinos, de los delegados de los consumidores de la tercera edad, de los movimientos populares y sociales… o de «la ciudadanía»? Lo malo de semejante imprecisión es que se diluye hasta desaparecer el sujeto activo y consciente, director, de la lucha democrático socialista, para quedar reducido a un continente sin contenido. En la realidad chocan dos democracias directas, la de la patronal defendida directamente por su ley y sus fuerzas represivas, y la del pueblo trabajador que sólo tiene su decisión de lucha directa.

6. «Justicia social. Reparto de la riqueza».

Son tópicos tan masivamente empleados que hemos olvidado ya que es imposible que exista «justicia social» en una sociedad que se basa en la explotación social: o lo uno o lo otro. Al igual que sucede con el inexistente «Estado del bienestar» que es «Estado de menor malestar», ahora ocurre con la «justicia social»: a lo sumo podemos y debemos reducir al máximo la objetiva e inevitable «injusticia social» inherente al capitalismo. Otro tanto hay que decir sobre el supuesto «salario justo» ya que es objetivamente imposible pues todo salario es en sí injusto. La crítica marxista de la economía política burguesa demuestra esta imposibilidad mediante la teoría de la plusvalía, entre otras.

En cuanto al «reparto de la riqueza» hay que decir que es un eufemismo ramplón para negar la necesidad de la expropiación de los expropiadores, de la recuperación de la propiedad privada y su transformación en propiedad pública, comunal, colectiva, estatal, socialista o comunista, sin entrar ahora a mayores precisiones. Existe socialmente una fuerte confusión entre riqueza y propiedad privada burguesa. Por riqueza se entiende las casas y bienes de consumo de segunda o tercera necesidad, el lujo por ejemplo, de modo que si no se hace una explicación detallada y pedagógica cuando se dice «reparto de la riqueza» la gente explotada tiende a interpretarlo no como lo que debe ser en sí, la socialización de las fuerzas productivas y de la propiedad privada burguesa, sino sólo una simple redistribución del reparto de la llamada «renta nacional», pero sin tocar la propiedad capitalista.

7. «Desarrollo endógeno y desarrollo sostenible».

El desarrollo es el automovimiento de un proceso o cosa de lo inferior a lo superior, de lo simple a lo complejo por el choque de las contradicciones inherentes a su esencia. Por «desarrollo endógeno» se entiende el proceso de desarrollo socioeconómico de una región o área mediante la potenciación coherente, equilibrada, de sus recursos propios, internos, buscando que el excedente producido se reinvierta en la región, no en el exterior excepto en casos de necesidad solidaria y altruista, de ayuda mutua y según los criterios justos de un plan global democráticamente elaborado y controlado. Ahora bien, este modelo que es justo, tiene sin embargo un inquietante punto débil, el de sus coincidencias con el modelo neoliberal de «crecimiento endógeno».

El «crecimiento endógeno» fue ideado por los neoliberales yanquis de la época reaganista, en la década de los años 80, para aumentar significativamente la productividad norteamericana aumentando lo menos posible su ya enorme dependencia hacia el exterior. Buscaban reactivar el poder económico yanqui frente al auge entonces imparable de Japón y Alemania Occidental, las dos potencias vencidas en la Segunda Guerra Mundial, y que superaban día a día a Estados Unidos, cada vez más estancado internamente. El «crecimiento endógeno» dio mucha importancia a las «no externalidades», es decir, a las capacidades propias de Estados Unidos en especial al «capital humano» y a la tecnociencia para aumentar la productividad. Para ello el Estado neoliberal debía asumir determinados costos en inversiones públicas destinados al beneficio privado de la burguesía yanqui.

La tesis del «capital humano», que se escucha cada vez más en la izquierda, también proviene del neoliberalismo imperialista. Poco después de la tesis de los tres sectores de C. Clark y en la medida en que la URSS avanzaba espectacularmente en la carrera espacial y militar, y en su modelo de desarrollo extensivo y cuantitativo, en esta medida, el imperialismo necesitaba incentivar la cualificación de su fuerza de trabajo dentro de la ideología individualista burguesa. Entre 1950-1960, T. Schultz y G. Becker, sobre todo, elaboran este concepto que fusionaba en una misma cosa el capital económico con la ideología burguesa del individuo egoísta. Había que enfrentar un modelo capitalista de ser humano al modelo socialista que crecía en las luchas de liberación nacional, en las primeras movilizaciones obreras y populares de lo que luego sería la oleada prerrevolucionaria de la década de los años 70. El «capital humano» ofrece ese modelo basado en la cualificación tecnolaboral para obtener un salario y «triunfar en la vida».

Pues bien, sobre la base de la tesis de los tres sectores, del «capital humano», de la «alianza por el progreso», de la «revolución verde», etcétera, bajo las presiones de la recuperación europea y japonesa, y de los tremendos gastos improductivos del keynesianismo militar de la segunda fase de la mal llamada «guerra fría», en este contexto, surge en el cerebro imperialista la tesis del «crecimiento endógeno» para conseguir los objetivos arriba vistos. Una mirada atenta descubre algunas similitudes de fondo de este modelo con el del «desarrollo endógeno»: reducción de la dependencia externa, potenciación de lo interno, desarrollo tecnocientífico, valoración de la creatividad social y del «capital humano», exigencia al Estado para que apoye el modelo.

Son similitudes, no identidades, pero aun así las fronteras difuminadas que les separan facilitan que la ideología dominante, la burguesa, contamine progresivamente la tesis progresista de «desarrollo endógeno», sobre todo cuando ésta no insiste con fuerza en la decisiva importancia del poder político-estatal, como lo hace la tesis del «crecimiento endógeno». Resulta muy ilustrativo que el «desarrollo endógeno» sea presentado la mayor parte de las veces dentro del cuadro del ecopacifismo y del ecologismo más «neutro», sin conexión alguna o con muy poca conexión con «la política» y menos todavía con el problema capital de la propiedad privada. La diferencia cualitativa irresoluble que debe separar siempre al «crecimiento endógeno» del «desarrollo endógeno» es precisamente la de la estrategia política, es decir, la de qué tipo de propiedad busca cada una de ellas, la privada burguesa en el caso de la tesis imperialista yanqui, o la pública socialista en el caso de la progresista.

De aquí se colige que la segunda, la del desarrollo, ha de planificar todas sus tareas en vista a aumentar el poder popular, la autogestión y la democracia socialista.

No debemos reducir a simple juego de palabras la diferencia insalvable entre «crecimiento endógeno» y «desarrollo endógeno» una vez descubierta la conexión de cada una de las tesis con el problema vital de la forma de propiedad, privada o pública, capitalista o socialista en definitiva, ya que es aquí donde se oponen ambas vías. La indiferencia por el rigor conceptual y crítico facilita sobremanera el avance de la visión imperialista y el retroceso de la socialista. Un ejemplo de los nefastos efectos prácticos causados por el desdén intelectual, por la desidia teórico-política, lo tenemos en el eufemismo y en el tópico de «desarrollo sostenible», que casi siempre se usa antes o después del «desarrollo endógeno», en el mismo párrafo con mucha frecuencia, apoyándose mutuamente. Como ambos usa la palabra «desarrollo» y como ambos están bendecidos mediáticamente por la aureola ecologista abstracta la gente tiende a unirlos empleándolos como un mismo modelo.

Sin embargo, el concepto de «desarrollo sostenible» es una imposición directa de Estados Unidos a la corriente centro-reformista del ecologismo «neutral» tal cual existía en la década de 1970, y luego ha sido elevado al rango de tótem omnipresente y tabú intocable de la demagogia propagandística del «ecocapitalismo» o «capitalismo verde». A comienzos de los años 70 el ecologismo centrista, reformista-blando, a lo máximo que llegó fue a idear el término de «ecodesarrollo», ambiguo y melifluo en su esencia, pero que abría la posibilidad de mostrar la contradicción irresoluble entre los recursos finitos y lo irracional del consumismo burgués que existe en una interpretación anticientífica del concepto de «desarrollo». En 1974 hubo en México un encuentro internacional en el que se oficializó el término «ecodesarrollo» como el más adecuado, pero Estados Unidos se percató inmediatamente del peligro relativo, pero peligro, que tenía para ellos este concepto y nada menos que Kissinger llamó al presidente de México para que usando todos los medios de presión impusiese el término «desarrollo sostenible», como efectivamente ocurrió. No podemos extendernos en detalle sobre este y otros términos como «ecosocialismo», «socialismo ecológico antiimperialista», «decrecimiento», etcétera, por lo que nos remitimos al texto Socialismo ecológico antiimperialista del 7 de abril de 2010 a libre disposición en internet. Sí queremos insistir en que la confusión y la mezcla sólo benefician al capitalismo.

8. «Sociedad civil», «hegemonía».

Aquí tenemos dos claros ejemplos de cómo el reformismo y la burguesía se apoderan de dos conceptos que surgen en el interior de la lucha revolucionaria, y tras convertirlos en lo contrario de lo que eran, los vuelven contra la misma revolución. En su origen el término «sociedad civil» era usado por el reformismo burgués radical, entre otras corrientes por la hegeliana de izquierdas, pero Marx lo transformó para hacer referencia fundamentalmente a la estructura socioeconómica, aunque lo usó poco y fue sustituyéndolo por otros más ricos en la medida en que profundizaba más en las contradicciones capitalistas. No fue hasta la década de 1920 en Italia cuando Gramsci recupera el concepto de Marx e intenta adaptarlo a las condiciones de la lucha de clases bajo la dictadura fascista y en un contexto mundial diferente al de la mitad del siglo XIX.

Se habían producidos muchos cambios en el capitalismo desde finales del siglo XIX a la época de Gramsci, y los fundamentales en esta cuestión eran la irrupción del imperialismo y las mejoras de los sistemas de poder político burgués, mejoras apenas conocidas por Marx y Engels, y poco conocidas por Lenin. Pero Gramsci no pudo desarrollar plenamente su idea de la «sociedad civil» tanto por las durísimas condiciones carcelarias, la censura, la falta de libros y de documentos, la mala salud, etcétera, como por la propia dificultad de toda investigación teórica, resultando que en él se encuentran tres definiciones borrosas de «sociedad civil»: la que la hace más resistente y flexible que el Estado y exterior a éste; la que le iguala al Estado pero desde fuera y la que prácticamente la incluye dentro del Estado. Estas y otras ambigüedades, como la de la «hegemonía», han sido aprovechadas por el reformismo para sus fines, como veremos.

En Marx y Engels encontramos antecedentes sobre otra versión de «hegemonía» ya en 1850 y sobre todo a partir de 1860 que se van concretando más en el llamado «último» Engels. Fue Lenin el primero que lo teorizó con rigor nada menos que en 1902 en su obra clásica ¿Qué hacer? tan odiada y denostada, pero más actual que nunca en lo básico. Volvió a hacerlo pero sin citar el término durante la revolución de 1905 y de nuevo desde finales de 1917 hasta su muerte. Para los bolcheviques la «hegemonía» era la capacidad de aglutinación de todas las fuerzas progresistas y democráticas de una sociedad dirigidas por la clase trabajadora hacia la toma del poder político. El objetivo de la «hegemonía» bolchevique era -y es- muy preciso: multiplicar todas las fuerzas democráticas, progresistas y revolucionarias posibles, abarcando el conjunto de la sociedad hasta los mínimos rincones, para lograr que el salto revolucionario sea lo más corto y breve, lo más amplio en participación directora de masas, lo más democrático socialista, y lo menos violento posible. Por pura lógica, este modelo de «hegemonía» es inaceptable por el reformismo.

El término más común y corriente de «hegemonía» va indisolublemente unido al de «sociedad civil», arrastrando todas sus imprecisiones ya que según cual de las tres definiciones borrosas se tome como referente, se realizará tal o cual modelo de «hegemonía». Pero ocurre que incluso con sus ambigüedades, incluso así, las relaciones internas entre Lenin y Gramsci son innegables, existiendo una unidad revolucionaria esencial e irrompible, lo que hace que incluso cualquiera de las tres versiones de «hegemonía» gramsciana terminen chocando con el poder burgués si son llevadas a la práctica tal cual lo pensaba el Gramsci de los consejos obreros, de la revolución socialista, de las relaciones entre las clases y el partido como el «intelectual» inserto en las masas y surgido de ellas.

Es esta la razón de fondo que explica por qué desde la década de 1960 la intelectualidad reformista iniciase, bajo la dirección de N. Bobbio, la falsificación sistemática de Gramsci para adaptarlo a la política burguesa del Partico Comunista Italiano (PCI). Ocurría que su modelo básico de «hegemonía» era en lo esencial inseparable del bolchevique y del marxista, por lo que tarde o temprano era enemigo mortal del capitalismo. Por esto había que crear otra «hegemonía» opuesta. En la década de 1970 este proceso estaba dando sus frutos en lo que se denominó «eurocomunismo», que no era sino el proceso de integración de la mayoría de los partidos comunistas oficiales en el sistema democrático-burgués de aquellos decisivos años, precisamente cuando todavía se mantenía al alza la oleada prerrevolucionaria iniciada a finales de la década de 1960. Desde y para los intereses de la humanidad trabajadora, el eurocomunismo fue un estrepitoso fracaso, pero para el imperialismo fue una ayuda decisiva en la derrota de aquella oleada prerrevolucionaria. Más aún, la facilidad relativa con la que el capital impuso inmediatamente después el llamado neoliberalismo está en relación directa con la responsabilidad del eurocomunismo en el aplastamiento de las esperanzas emancipadoras.

Pero no acaba aquí la cosa. Significativamente, la versión reformista de «hegemonía» dada por el eurocomunismo -«lograr la hegemonía político-cultural en la sociedad civil para avanzar al “socialismo democrático” mediante la transformación pacífica del Estado»- fue recuperada del olvido nada más aparecer los primeros indicios de una nueva oleada mundial de luchas de clases y de liberación nacional a comienzos de la década de 1990. Pero ahora el reformismo actuó sin tapujos porque abandonó cualquier referencia protocolaria y tópica a la revolución, al proletariado, a la lucha de clases, a la opresión nacional, al Estado como aparato terrorista, al imperialismo y al capital financiero-industrial, etcétera, para volcarse en la «sociedad civil formada por las ONG y los movimientos sociales», en la «antiglobalización» y en el «altermundialismo», en la «democracia mundial asegurada por la “gobernanza”», en las «intervenciones humanitarias para hacer respetar los “derechos humanos”», en la «multitud que ha surgido tras la desaparición del proletariado y de la lucha de clases tradicional», y un largo etcétera.

No hay duda de que esta mitología reformista, llena de eufemismos y tópicos readecuados a las necesidades del capital a comienzos del siglo XXI, está presente en buena parte de los «indignados», del 15M y de otros «nuevos movimientos cívico-pacíficos» que se formaron en el pasado a partir de versiones reformistas-duras de la socialdemocracia y reformistas-blandas del eurocomunismo, y que de ahí han contaminado a sectores ignorantes de la izquierda desorientada y crédula. Pese a ser innegable que la brutal crisis sistémica que azota al capital de manera inocultable desde 2007 ha destrozado estos y otros actos de fe, irracionales, en los dogmas de la democracia-burguesa vigente, siendo esto cierto, todavía subsisten creencias de ese tipo, porque sus anclajes intelectuales no son sólo conscientes sino también irracionales, inconscientes, ya que la manipulación de este componente de la psicología humana burguesa está mucho más desarrollado por el reformismo y la derecha burguesa que por la izquierda.

Deberíamos seguir analizando críticamente otros tópicos y eufemismos al uso, pero es más necesario exponer los puntos de diferencia cualitativa, insalvables, entre la ideología burguesa en su forma reformista y la teoría revolucionaria. Vamos a empezar exponiendo la cuádruple diferencia irresoluble que separa a ambas concepciones.

9. «Teoría de la explotación asalariada».

La crítica marxista sostiene que no se puede conocer el capitalismo en su devenir diario, cotidiano, si no se parte de la explotación asalariada, es decir, si no se tiene en cuenta que todo, absolutamente todo, está determinado por y gira alrededor de la explotación de la mayoría trabajadora por la minoría burguesa. Por explotación asalariada y por mayoría trabajadora se entiende también a todas aquellas personas que directa e indirectamente dependen de un salario porque no tienen otra forma de resolver su vida. Depender indirectamente quiere decir que aunque no se trabaje por un salario, incluso aunque no se cobre ninguna jubilación o pensión o ayuda social mínima, incluso así se vive gracias al salario o a la pensión, etcétera, que recibe un miembro de la familia o del entorno, el marido o la mujer, el abuelo, la hija o quien fuere. La juventud obrera y campesina, aunque no trabaje porque está en paro o no ha encontrado aún trabajo, o esté estudiando, esta juventud malvive gracias al salario familiar, o a cualquier miseria de «ayuda social», de manera que esa juventud pertenece objetivamente a la mayoría explotada aunque subjetivamente no tenga conciencia de ello.

Pues bien, la explotación asalariada y la dependencia directa o indirecta del sistema del salario determina toda la existencia sociopolítica, cultural y ética, cotidiana, afectiva y emocional, y la misma salud psicosomática, de la mayoría inmensa de la población bajo el capitalismo. Este criterio es decisivo e imprescindible para conocer otros conceptos fundamentales como el de clases sociales, pueblo trabajador, lucha de clases, etcétera, y para entender sobre todo las formas que el capitalismo introduce en la histórica explotación patriarcal de las mujeres, las formas de la opresión nacional, del racismo y de la xenofobia en el capitalismo. La teoría de la explotación se sintetiza en la teoría de la plusvalía, que explica y demuestra cómo se enriquece la burguesía y se empobrece la mayoría explotada; cómo y para qué está el Estado burgués y qué conexiones internas tiene con la plusvalía; qué es y por qué es inevitable la lucha de clases y sus oleadas periódicas; y por qué siempre resurgen las crisis económicas y tienden a agudizarse con el tiempo.

Por el contrario, el reformismo termina, de algún modo u otro, negando la teoría de la explotación burguesa, diciendo que no es para tanto, que aunque pueda ser que existiera en algún momento del capitalismo pasado ahora ha desaparecido o está a punto de ser erradicada para siempre si se «sabe hacer política realista y paciente dentro de la democracia», cambiando poco a poco la legislación, «conquistando parcelas del Estado mediante la hegemonía de la sociedad civil», desplazando paulatinamente a los sectores más duros de la clase dominante y negociando con los más blandos para dividir a la burguesía, etcétera. Parte de lo esencial de esta creencia en milagros proviene del socialismo utópico e incluso de los movimientos artesanales y campesinos del medievo, pero la forma coherente actual empezó a tomar cuerpo en la segunda mitad del siglo XIX para aparecer escrita como «teoría» justo al final de ese siglo y comienzos del siglo XX. Desde entonces ha ido de fracaso en fracaso si lo miramos desde los intereses de la humanidad trabajadora, y de éxito en éxito si lo miramos desde los del capitalismo, porque le ha servido de maravilla para desmoralizar, desunir y derrotar toda serie de luchas.

10. «Teoría del Estado y de la violencia».

Va unida a la de la plusvalía porque el Estado burgués es imprescindible para la buena marcha de los negocios capitalistas, para asegurar, ampliar y endurecer la explotación asalariada en todas sus formas, desde la realizada en el interior de las fábricas más modernas, en los centros de I+D+i más cualificados y especializados, hasta la explotación de las familias campesinas pasando por los tallercitos de la pequeña burguesía. También es fundamental para garantizar el control y la represión, la pasividad sumisa de la gente explotada que vive y depende del salario indirecto, las mujeres que sufren la explotación doméstica, la juventud, la tercera edad, las infraclases, el precariado y el pobretariado, etcétera, es decir, los sectores crecientes de la «fuerza de trabajo globalmente explotable» que malviven en las barriadas empobrecidas del capitalismo mundializado. Sin olvidarnos, obviamente, de la opresión nacional directa de pueblos enteros, a los que se les impide violentamente disponer de su propio Estado, y las cada vez más naciones formalmente independientes que, a pesar de tener su Estado propio, están dominadas por el imperialismo y el capital financiero-industrial.

La eficacia del Estado se demuestra sobre todo en los períodos de crisis, y cuanto más grave y profunda es ésta más necesario se hace el Estado para la burguesía para, uno, poner orden en las fracciones internas de la clase dominante, necesidad básica; dos, negociar en buenas condiciones con otros Estados burgueses más poderosos y con empresas transnacionales; tres, aplicar las medidas económicas y sociopolíticas necesarias para descargar la crisis sobre la mayoría explotada, atemorizándola, paralizándola, golpeándola; y, cuatro, si lo anterior no sirviese, reprimir con más dureza hasta llegar al terrorismo masivo del golpe de Estado, del militarismo o del fascismo. En las crisis, la burguesía recorta su democracia y refuerza su Estado, y hasta acaba con su propia democracia para absolutizar su Estado, porque si él o con uno débil, la burguesía no puede aplicar estas cuatro medidas imprescindibles, de las que depende su existencia como clase dominante.

Por esto, conforme empeora la situación socioeconómica la ideología reformista sobre el Estado empieza a hacer aguas por todas partes. Esta creencia sin base científica alguna sostiene que el Estado es un «instrumento neutral que puede ser ganado pacíficamente por la sociedad civil mediante su hegemonía político-cultural». Es cierto que la izquierda puede llegar a tener alguna mayoría en los parlamentos y en otras instituciones menores del Estado, e incluso puede llegar a formar gobierno, pero una cosa es que el poder fáctico preste el gobierno por un ciclo electoral a la izquierda y otra totalmente diferente es que le entregue el Estado al completo y sobre todo sus aparatos decisivos: defensa y servicios secretos, economía y hacienda, jurisprudencia, política internacional, básicamente. Hay dos cosas por las cuales la clase dominante desencadena el más atroz de sus muchos terrorismos: la propiedad privada de las fuerzas productivas, y la propiedad privada del Estado y sobre todo de sus fuerzas represivas.

11. «Teoría del conocimiento y de la praxis».

La explotación asalariada y la brutalidad del Estado burgués aparecen al desnudo en los momentos de crisis, pero a diferencia de los modos de producción precapitalista que se basaban en un recurso directo a la violencia física y/o a la violencia simbólica como la religión, para obligar a las clases explotadas a entregar una parte apreciable del producto de su trabajo, en el capitalismo la violencia física se mantiene en segundo o tercer lugar mientras sean efectivos otros medios de alienación que hacen que las clases explotadas crean que no lo están, que su situación en normal, justa y lógica.

O sea, el capitalismo lograr invisibilizar la explotación durante el tiempo que dure la «normalidad social». La efectividad de este ocultamiento tiene mucho que ver con la capacidad del sistema para invertir la realidad, para presentar la causa como efecto y viceversa, para hacer creer a la gente que vive como no vive y que no puede vivir de otra forma, presentando el malestar como el bienestar.

La ideología capitalista tiene precisamente esta función y en base a ella se levanta el conjunto de interpretaciones y creencias que justifican el orden establecido bajo el celofán de «método científico de pensamiento». La ciencia es una fuerza contradictoria, emancipadora por un lado, pero inserta en la producción capitalista por otro en forma de tecnociencia industrial-militar cuando está en manos burguesas. La teoría marxista del conocimiento, dialéctica en sí misma, dice abiertamente que el pensamiento crítico es una fuerza material revolucionaria cuando prende en las masas y cuando llega al meollo de las contradicciones irreconciliables del capitalismo.

Pero dice también que bajo la dominación burguesa la ciencia es manipulada, castrada y censurada en beneficio imperialista, y que el núcleo del problema radica, de nuevo, en la cuestión del poder y de la propiedad pública o privada de los instrumentos de producción científica.

La creencia, toda creencia, es antagónica con la praxis humana, con la capacidad de nuestra especie de crear durante su antropogenia cosas radicalmente nuevas a partir de situaciones de escasez, necesidad y/o explotación. La praxis es la capacidad que cultivan las personas libres, sin ataduras ni dependencias castrantes que anulan la independencia de pensamiento e inventiva, para producir cosas radicalmente nuevas forzando saltos cualitativos en las viejas. Por esto, la teoría del conocimiento tiene en la praxis el fundamento de verificación objetiva de su validez. Sin praxis no existe criterio de verdad posible. La dialéctica entre mano y mente es la base de la hominización, y el instrumento por excelencia para la base de toda libertad y cultura como administración colectiva de los valores de uso: la reducción del tiempo de trabajo necesario y explotado al mínimo socialmente posible, y la ampliación al máximo posible en cada fase histórica del tiempo liberado, el creativo. La teoría del conocimiento está así conscientemente involucrada en la lucha por el aumento del tiempo libre, durante el cual la praxis puede desarrollar toda su radical creatividad.

El reformismo ha rechazado siempre el potencial científico-crítico de la dialéctica materialista aunque todos los avances lo demuestran una y mil veces. Rechaza este método porque pone al descubierto las contradicciones internas, su lucha, su movimiento, su interacción y su finitud, y eso es inaceptable para una sociedad injusta y opresora que dice ser eterna. Para mantener esa ficción, la burguesía ha de impedir todo pensamiento realmente científico-crítico que muestre qué es la plusvalía, qué es el Estado, qué son las crisis, qué es la catástrofe ecológica y por qué se está acelerando y extendiendo, qué es el sistema patriarco-burgués y por qué encuentra apoyos incondicionales en los fundamentalismos religiosos e irracionales y en los derechismos de toda índoles, etcétera. Pero en medio de las crisis, solamente el método marxista puede explicar qué sucede, por qué y cómo salir de la situación, mientras que el reformismo se desploma en la nada o se protege en la sombra del fascismo.

12. «Teoría ético-moral e ideal de vida».

La teoría marxista del conocimiento no niega la materialidad de la ética como fuerza política, sino que la afirma, sostiene que la ética y la moral son fuerzas prácticas que actúan dentro del proceso de conocimiento, orientándolo en el sentido revolucionario o en el reaccionario, tras castrar sus componentes emancipadores. Semejante tesis rompe con uno de los dogmas del positivismo dominante, el de la separación entre juicios de valor y juicios de hecho, entre ética y ciencia, para decirlo con la terminología oficial. Pero la interacción entre subjetividad ética y objetividad científica no se realiza en base a los dogmas positivistas aunque sean materialistas mecanicistas, e idealistas, sino en base a otra concepción opuesta en la que el valor de la ética está ya inserto en el proceso histórico previo a la elaboración práctica de la ciencia, y viceversa. Valor ético inseparable de las condiciones sociopolíticas de cada período, sean progresistas o reaccionarias.

En cada período histórico pugnan a muerte valores éticos y morales opuestos, los dominantes, los de la minoría explotadora, y los de la mayoría explotada, los dominados. Los dominantes tienen una abrumadora superioridad de medios para actuar e imponerse, pero los dominados logran mal que bien, con muchas dificultades, dejar su rastro en la historia del pensamiento, y hasta propiciar avances espectaculares en el conocimiento humano. La dialéctica de la unidad y lucha de contrarios también aparece aquí en su máxima tensión entre la ética de la obediencia al dogma y la ética de la libertad de pensamiento crítico y creativo. La ética de la sumisión tiene las de ganar por razones de miedo y de cobardía, de interés egoísta, pero la ética de la liberación no se resiga en modo alguno. Históricamente vista esta lucha, la libertad humana debe mucho más a los sacrificios de la ética insurgente y revolucionaria, orgullosa y digna, que a la del egoísmo miedoso.

La acción de los valores revolucionarios dentro de la totalidad de la praxis humana es la que explica que, para el marxismo, el sentido e ideal de la vida sea el de dar vida al sentido de la lucha como acción consciente por la liberación de toda injusticia, como ideal que se materializa en fuerza revolucionaria de clases trabajadoras y pueblos oprimidos. El ideal de vida es el de la praxis como capacidad de crear lo radicalmente nuevo, y en toda sociedad basada en la propiedad privada, lo radicalmente nuevo es la propiedad socialista como primer paso al comunismo. El ideal de vida es el comunismo materializado.

El reformismo no puede aceptar la ética revolucionaria y su ideal de vida, porque ésta niega de raíz la base misma de la ideología reformista: el rechazo del derecho a la rebelión contra la injusticia, la negación del derecho a la desobediencia práctica a las órdenes injustas e inhumanas, la defensa del deber ético-moral de socorrer con todos los medios a la persona o al colectivo explotado, esclavizado. No hay duda de que la ética revolucionaria tiene, por tanto, directos efectos sobre el desarrollo del pensamiento, de la vida cultural y científica, que no sólo sobre la política y la economía. Dado que la ética marxista define lo que es bueno o malo, lo que es libertad o esclavitud en base a algo tan elemental como es la explotación humana, por esto mismo, su impacto directo sobre todo lo que gira dentro y alrededor del proceso explotador, desde la ciencia de la producción hasta la ciencia médica, pasando por cualquier forma de conocimiento humano por muy lejano que aparente estar de la vida económica, este impacto va al corazón mismo del proceso explotador en todas sus expresiones, sean materiales y física o espirituales y culturales.

Acabando, contra los eufemismos y los tópicos, contra la creencia reformista y contra la ideología reaccionaria, esta cuádruple diferencia irreconciliable que distingue y separa a la práctica revolucionaria de la contrarrevolucionaria marca los puntos elementales objetivos que siempre tenemos que emplear como señales de alarma en toda praxis, en toda acción práctica y en toda acción teórica. La cuádruple oposición absoluta nos muestra el límite objetivo a partir del cual aparece el abismo insondable de la opresión visible e invisible, el vacío absoluto por el que nos despeñamos al despreciar las lecciones de la historia.

IÑAKI GIL DE SAN VICENTE

EUSKAL HERRIA 10-VI-2012

domingo, 2 de septiembre de 2012

Uruguay: Las premoniciones de Germán Araújo A 17 AÑOS DE SU MUERTE

domingo, 4 de abril de 2010


PARA LOS COMITE FRENTEMONTERISTA, PERDÓN, QUISE DECIR FRENTEAMPLISTA, QUE CURRAN CON LA MUERTE DE UN LUCHADOR, AUTODENOMINANDES "COMITÉ GERMAN ARAUJO"... LEAN ESTO A VER SI TIENEN UN POCO DE VERGUEZA Y SE CAMBIAN EL NOMBRE....

A medida que va pasando el tiempo, la figura de "germán" se dilye en el recuerdo del pueblo por la apatía de quienes conducen el progresismo, interesados en que su mensaje no perdure.
Pero desde las filas del pueblo, hay wuienes mantenemos sus banderas, su espíritu crítico y su radicalimos ante las injusticias, y para nosotros José Germán Araujo se mantiene vivo y se agiganta ante los renegados de la izquierda.

Nace el 2 de setiembre de 1938, en un hogar profundamente cristiano. Inicia en los Jesuitas su carrera sacerdotal, demostrando su vocación de servicio hacia los humildes. A los pocos años abandona la carrera sacerdotal, cofunda la "Unión Cívica" y las luchas de los años 70 lo llevan a posiciones de izquierda, ingresando al FA. Como periodista de la 30, convierte a la radio en un foco de resistencia contra la dictadura.

Protagonista en la convocatoria del Plebiscito del 80, que liquidó las aspiraciones de continuismo de la dictadura. Senador electo en las elecciones de 1984 bajo el lema Democracia Avanzada, asume el apostolado de las denuncias de las violaciones de los derechos humanos de la dictadura, lo que le vale que los Partidos Tradicionales lo expulsen acusándolo de instigar desórdenes cuando se votó la Ley de Impunidad.

Vuelve de la mano del pueblo a salir elegido en 1990 y fallece el 9 de marzo de 1993 víctima de una cruel enfermedad. En diversas notas, después del triunfo frenteamplista en la Intendencia de Montevideo con Tabaré Vázquez, en los años previos a su muerte, denuncia los cambios que desnaturalizarían los objetivos y el programa fundacional del FA. En un reportaje al Semanario Búsqueda, un mes antes de morirse, (4-2-93) manifiesta:

"ESTOY MUY PREOCUPADO POR EL FUTURO DEL FRENTE AMPLIO"

En ese reportaje acusa directamente a sus compañeros dirigentes del FA que están más preocupados por sus ambiciones personales que por los cambios prometidos y que han enviado señales al FMI para "pedir autorización" para gobernar el país. Denuncia en el mismo reportaje, que los dirigentes del FA utilizan un discurso igual al del PGP, PDC y Julio Sanguinetti y los insta a que hagan un "acto de constricción" y que digan "nos hemos equivocado toda la vida"

"EL FRENTE CORRE EL GRAVE RIESGO DE PERDER SU ESENCIA"

-, ¿Cómo observa el debate ideológico que se está procesando dentro del Frente Amplio y qué opina de las posturas que se han ido perfilando en su transcurso?

¬ Estoy muy preocupado por el futuro del Frente Amplio porque veo que de continuar algunas líneas que vienen exponiéndose, el Frente corre el grave riesgo de perder su esencia. Yo concebí siempre al Frente Amplio como la fuerza de cambio de este país y es la última esperanza que nos va quedando. En ese sentido, nadie aguarda que un gobierno Colorado o uno del Partido Nacional puedan modificar esencialmente las cosas. Sin embargo, hay un cierto pragmatismo que está ganando a algunos compañeros del Frente y se está desestimando la posibilidad de promover un cambio profundo. Da la impresión que algunos compañeros están más preocupados por sus ambiciones personales que por los problemas colectivos.

"DA LA IMPRESIÓN DE QUE SE ESTÁN ENVIANDO MENSAJES AL FMI PARA PEDIR AUTORIZACIÓN PARA GOBERNAR EL PAÍS"

- ¿A quién se está refiriendo?

¬ Prefiero no dar nombres pero cuando se expone públicamente queda muy claro de quiénes se trata. La liberación se consigue, no se pide. Hoy da la impresión que se están enviando mensajes al Fondo Monetario Internacional para pedir autorización a efectos de poder gobernar este país. El Frente Amplio tendría que estar negociando con otras fuerzas políticas y sociales de América Latina para ver como es posible, con dignidad, enfrentarse al FMI. Seregni siempre dijo que hay que negociar desde posiciones de fuerza.
No me parece una posición de fuerza decir "vamos a pagarla", "la deuda externa dejó de ser inmoral", "debemos pagarla hasta él último peso", esto es lo mismo que puede proponer un partido tradicional al que hemos criticado siempre por esa suerte de pragmatismo. Una de dos; o nos hemos equivocado y deberíamos reconocerlo diciendo que el Partido Nacional y el Partido Colorado hicieron lo que correspondía, o insistamos en lo que hemos dicho hasta ahora.

"PARA APLICAR ESTE MODELO PREFIERO MIL VECES QUE SIGAN LOS QUE ESTÁN" ¬

¿ Pero esto está ocurriendo exclusivamente por las ambiciones personales de algunos dirigentes o es que los principales partidos del Frente Amplio abandonaron un rumbo que en su momento fue socialista e incursionaron ahora en otro mas afín a la socialdemocracia?

¬ Las dos cosas están presentes. Responde a ambiciones personales pero aquí hay una liviandad ideológica, eso es evidente. El hecho de que haya caído el socialismo real parece que ha cambiado la mente de muchos, creo que apresurados por el tiempo vital de esos compañeros, que se puede terminar. Algunos compañeros apostaron al socialismo real como queriendo vivir a expensas de otras sociedades. Algunos compañeros parece que dicen "este es mí tiempo y tiene que ser ahora". Pero digámoslo con claridad; para impulsar un programa socialdemócrata hay otros, a los que siempre hemos criticado, que tienen más experiencia que nosotros. Si no fuese el tiempo de llegar al gobierno es preferible mantener al Frente Amplio en la oposición como un componente del sistema democrático. ¡Ay de las fuerzas de oposición que quieren obtener el gobierno cediendo en absolutamente todo!. Me hace acordar a la frase bíblica: "vosotros sois la sal de la tierra, ¿si la sal se desvirtúa con qué se salará?". Para aplicar este modelo prefiero mil veces que sigan los que han estado, antes que transformar al Frente y matar la esperanza de la gente.
"NO SE PUEDE PROMOVER UN DISCURSO ANTAGÓNICO AL QUE HEMOS TENIDO SIEMPRE" ¬

- ¿Usted coincide entonces en que en el discurso del Frente Amplio hubo un acercamiento a posiciones de centro?

¬ Yo dije alguna vez que no se puede hacer el mismo discurso del Partido por el Gobierno del Pueblo o del Partido Demócrata Cristiano sin comenzar por reconocer que tenían razón; hay compañeros del Frente Amplio que están repitiendo textualmente el discurso con el que discrepábamos, sin haber dicho antes "tenía razón Hugo Batalla" o "tenía razón Héctor Lescano". Y ahora habría que seguir diciendo tenía razón Sanguinetti y nos hemos equivocado, que mal lo hemos censurado. No se puede promover un discurso antagónico al que hemos tenido siempre. Antes de eso, por lo menos, en un acto de contrición, deberíamos decir que nos hemos equivocado a lo largo de nuestra vida. No se puede dar vuelta en una semana.

- ¿Ustedes pueden creer que haya una coincidencia histórica que determine que el Partido Comunista uruguayo muera la misma semana que el Partido Comunista de la Unión Soviética?

¬ Hay dirigentes frentistas que sostienen que la actual estructura de la coalición no sirve para gobernar.

¿Qué opina?

¬ Naturalmente que cualquier partido debe cambiar su estructura cuando llega al gobierno. Pero no en lo que refiere a los principios, que es lo que se está cambiando acá. Habría que repasar los discursos de hace unos años para ver cómo cambian los rumbos que se habían trazado. Hoy, cuando América Latina nos ve a los frentistas diciendo que la deuda externa hay que pagarla, ¿nos ve igual que ayer?

"LA PREOCUPACIÓN NO ES GANAR SOLAMENTE, ES GANAR PARA QUÉ"

¬¿ Aunque eso determine que el Frente Amplio no pudiera ganar?

¬ Es que para mí la preocupación no es ganar solamente, es ganar para qué. Con esos peajes no, porque no estoy subyugado con la idea de ganar. Esto no es deporte, esto es la vida de los hombres, de seres humanos. Si estuviera vivo Germán, no solamente cuestionaría las relaciones con el FMI y el pago de la deuda externa, cuestionaría los tratados de protección de inversiones, los tratados de libre comercio, la plaza financiera en lista negras o grises, los latifundios sojeros y madereros, la políticas de derechos humanos en las cárceles, la traición a la anulación de caducidad, los salarios y jubilaciones miserables, los renunciamientos y complicidades con el imperialismo. Germán Araújo hubiera abandonado a los fariseos del templo, como no dudó en otros momentos de abandonar barcos que no llegaban a buen puerto.

GERMAN EN EL CORAZON DEL PUEBLO, GERMAN NOS ACOMPAÑA EN ESTA CRUZADA POR LA LIBERACION NACIONAL Y EL SOCIALISMO

CAMBIENSE EL NOMBRE... EN LUGAR DE COMITE GERMAN ARAUJO PONGANSE COMITE PROFONDOMONETARISTA, PRO IMPERIALISTA, PROBURGUESIA SOJERA Y GANADERA... HAGANSE ESE FAVOR USTEDES MISMOS.....

Y NO ENSUCIEN MAS LA MEMORIA DEL COMPAÑERO...LO TRAICIONARON EN IDA AHORA QUE ESTA MUERTO NO QUIERAN USARLO, DEJENLO QUE DESCANSE EN PAZ
..... SE LO GANÓ LUCHANDO...

"Cuba está en la ruina" ha dicho el Presidente Mujica



Cuba mantiene una de las tasas de mortalidad infantil más bajas del mundo

1 Septiembre 2012 Cubadebate
Pequeño bebé recibe el cariño de sus padres. Foto: Kaloian Pequeño bebé recibe el cariño de sus padres. Foto: Kaloian
La mortalidad infantil en Cuba se mantiene en 4,7 por cada 1.000 nacidos vivos, una de las cifras más bajas del mundo, indicó este sábado Berta Lidia Castro Pacheco, jefa del Grupo Nacional de Pediatría del Ministerio de Salud Pública.
Consultada por Prensa Latina, la funcionaria explicó que este logro se debe a la decisión del Gobierno del presidente Raúl Castro de mantener un sistema sanitario accesible y gratuito para todos pobladores, además de impulsar desde hace décadas un programa de vacunación que da cobertura a 100% de los niños cubanos contra 13 enfermedades.
Castro Pacheco recordó que un reciente estudio de la Organización Mundial de la Salud (OMS) destaca que la mortalidad infantil se redujo de 35,9 en 1960 a 4,9 en 2011.
El documento de la OMS también remarcaba que este avance se obtuvo pese a que Cuba sufre desde hace 50 años un bloque económico y comercial impuesto por Estados Unidos.
Castro Pacheco señaló que en 1959, cuando triunfó la revolución, en la isla caribeña había un médico por cada 1.008 habitantes, la atención pediátrica no sobrepasaba 10% de la población infantil y menos de 60% de los partos eran institucionales.
La funcionaria cubana explicó que a partir de la década del 70, en el país se desarrolla una política social centralizada en manos del Estado, que estableció la equidad y acceso a los servicios sanitarios, garantizando la atención de grupos vulnerables.
En julio pasado, el ministro cubano de Salud, Roberto Morales, informó que en los primeros cinco meses de 2012, en Cuba mejoraron los indicadores de salud.
El funcionario anunció la disminución de las tasas de mortalidad escolar y preescolar, con índices de 3,2 y 1,3 muertes por 100.000 habitantes, respectivamente.
Al referirse a la tuberculosis pulmonar, el ministro explicó que en 2011 la tasa de incidencia fue de 6,7 por cada 100.000 habitantes, mientras en los primeros cinco meses del año es de 5,9.
Sobre el Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH), Morales reveló que la isla han disminuido los diagnósticos tardíos de Sida y la mortalidad por esa causa, mientras la sobrevida de pacientes que iniciaron tratamiento en 2010 se eleva a 94,4%.
(Con información de AVN)

Chile Estudiantes abren las grandes alamedas

Editorial PF 765

 

 

Se cumplen 39 años de la traición militar -alentada por Estados Unidos- que aplastó el proyecto de libertad e igualdad más hermoso que el pueblo chileno haya gestado en 200 años de vida republicana. El gobierno derrocado se proponía construir -en palabras del presidente Salvador Allende- “el socialismo en forma progresiva, a través de la lucha consciente y organizada en partidos y sindicatos libres. Nuestra vía, nuestro camino, es el de la libertad. Libertad para la expansión de las fuerzas productivas, rompiendo las cadenas que hasta ahora han sofocado nuestro desarrollo”.(1)
La vía chilena al socialismo planteaba la igualdad “para superar progresivamente la división entre chilenos que explotan y chilenos que son explotados”. Ese reclamo de igualdad -“imprescindible (decía Allende) para reconocer a cada hombre la dignidad y el respeto que debe exigir”-, es el mismo que el pueblo exige hoy, sobre todo a través de las demandas y movilizaciones de los estudiantes.
Allende cometió errores pero no era un iluso -un soñador sí, como todo revolucionario-. Conocía nuestra historia y sabía los riesgos de la tarea que proponía. Lo anticipó con lucidez: “Las pocas quiebras institucionales fueron siempre determinadas por las clases dominantes. Fueron siempre los poderosos quienes desencadenaron la violencia, los que vertieron la sangre de chilenos, interrumpiendo la normal evolución del país. Así como cuando Balmaceda, consciente de sus deberes y defensor de los intereses nacionales, actuó con la dignidad y el patriotismo que la posteridad ha reconocido”.
Para Allende -el soñador- en Chile se cumplía el supuesto planteado por Federico Engels: “Puede concebirse la evolución pacífica de la vieja sociedad hacia la nueva, en los países donde la representación popular concentra en ella todo el poder, donde de acuerdo con la Constitución se puede hacer lo que se desee, desde el momento en que se tiene tras de sí a la mayoría de la nación”. Y éste es nuestro Chile, agregaba el presidente, donde “la voluntad popular nos legitima en nuestra tarea”. Sin embargo, los hechos demostraron -a costa de la vida del propio Allende y de la sangre derramada por miles de chilenos durante 17 años de terrorismo de Estado- que en ese punto su análisis era equivocado. Chile no reunía -ni de lejos- las condiciones para el tránsito pacífico al socialismo. El gobierno popular no concentraba todo el poder, ni la Constitución permitía las tareas de la transición ni se contaba con el apoyo de la mayoría.
Esta es la experiencia que debe recoger un nuevo proyecto revolucionario para Chile. Si el socialismo -democrático e igualitario que propuso Allende- era necesario para destrabar la crisis política y social de los años 70, hoy es asunto de vida o muerte para la democracia y para lograr el justo reparto de la riqueza y del bienestar. El capitalismo ha consolidado en Chile un modelo injusto que costará arduo trabajo remover. La derrota de 1973 quedó grabada a fuego en la memoria y es el principal factor que ha impedido levantar una alternativa de cambio. El temor, el desencanto y la desconfianza permitieron que la dictadura, obligada a retirarse, fuese reemplazada por los gobiernos hermafroditas de la Concertación. Sus políticas ambiguas condenaron al Estado a seguir sirviendo los mismos intereses nacionales y extranjeros que instrumentalizaron la dictadura militar. El estado de ánimo del pueblo -que oscilaba entre la perplejidad y el desprecio por la traición concertacionista- hizo crisis en las elecciones de 2009. Se quería un cambio -pero sin correr los peligros que supone un verdadero cambio- y así se entregó el gobierno a la derecha empresarial.
La administración de Piñera no ha sabido interpretar el reclamo ciudadano. Está en línea con los gobiernos de la Concertación. Le ha dado continuidad a sus políticas, sobre todo en el área social. En la práctica, el actual gobierno es uno más de la misma serie, quizás más avanzado en algunos aspectos. Ha tomado iniciativas políticas a las que no se atrevió la Concertación. Sus complejos la llevan aún hoy a negar el origen izquierdista de algunos de sus partidos formateados por el neoliberalismo. Sin embargo, Piñera no se atrevió a iniciar los cambios -que en su mayoría dicen relación con la igualdad- en los que podía avanzar sin herir intereses vitales del capitalismo.
Comprobar que no se ha producido ningún cambio lleva el estado de ánimo de los chilenos a la confusión y contradicciones que reflejan las encuestas. La desilusión y la falta de una alternativa -más el espejismo del crédito que sostiene la economía- hacen posible que mientras el Informe sobre Desarrollo Humano del PNUD nos declara el país más “feliz” de América Latina, la encuesta del Centro de Estudios Públicos (CEP) confirme por enésima vez el rechazo a las instituciones políticas y a los partidos. Mientras el 50% dice que votará por Michelle Bachelet -que llevó a la derrota a su coalición- sólo el 17% apoya a la Concertación, cifra inferior a la que alcanza la Alianza derechista. Y entretanto, Piñera continúa recuperando puntos, rumbo al 40% tradicional de la derecha.
En medio de este guirigay -o despelote- de la opinión ciudadana, fruto de la codicia atornillada en el poder, el movimiento estudiantil crece torrencialmente. Cuando se le creía agotado, vuelve a la carga con más fuerza. Nadie logra explicarse cómo la protesta social rebrotó bajo el humus del horror y del silencio que la cubría. Fueron 17 años de dictadura y 20 de traición. Los estudiantes que hoy se toman las calles y las escuelas, están abriendo las grandes alamedas que anunció Allende minutos antes del fogonazo final. Los jóvenes -y adolescentes- se han hecho cargo de reiniciar la lucha por justicia e igualdad. Están despertando al pueblo y convocándolo a dignificar la política. Lo suyo no son los compadrazgos electorales para escamotear los cambios. El 45% de los jóvenes entre 18 y 29 años, según el Instituto Nacional de la Juventud, dice que no votará en las elecciones municipales, y un 17% responde que “quizás”. Ese castigo a la politiquería rompe la lógica del temor, cuestiona el “sentido común” que agarrota la voluntad y hace frente a la indefinición y al doble discurso que imperan en la sociedad chilena.
La abstención activa en las elecciones municipales será el castigo que merecen los abusadores de la paciencia y buena fe del pueblo. Castigar a los partidos demagogos es lo menos que puede hacer el pueblo que intentó escalar las cumbres que proponía Allende y que libró una heroica lucha de resistencia contra el terrorismo de Estado. Los estudiantes merecen respeto y apoyo incondicional. Están abriendo “las grandes alamedas por donde pase el hombre libre para construir una sociedad mejor”. Su norte es la Asamblea Constituyente y la nueva Constitución. Pero, claro, no el pastiche que insinúan el ex presidente Lagos y el presidente de la DC. Convocar a una Constituyente no será instrumento de chantaje para lograr acuerdos con la derecha. Será la victoria del pueblo movilizado por el ejemplo estudiantil.

MANUEL CABIESES DONOSO

(1) Esta -y las citas que siguen- son del discurso del 5 de noviembre de 1970 en el Estadio Nacional.

(Editorial de “Punto Final”, edición Nº 765, 31 de agosto, 2012)

revistapuntofinal@movistar.cl
www.puntofinal.cl

www.pf-memoriahistorica.org
¡¡Suscríbase a PF!!

sábado, 1 de septiembre de 2012

Uruguay Los sueños de la clase media

Qué Pasa


Más de la mitad de los uruguayos integran un estrato que disfruta los beneficios de la prosperidad y muestra nuevas aspiraciones. 

Por FABIÁN MURO

Aún es, dicen los expertos, el gran imán social uruguayo, el lugar al que todos quieren pertenecer. Es que ser de clase media en Uruguay no es solo un signo de distinción: también es un sentido de pertenencia e identidad.
A 10 años de la crisis económica de 2002 -cuando muchos perdieron ese sitial social descendiendo a la clase baja- hoy la clase media uruguaya se volvió otra, más heterogénea y menos sujeta a las clasificaciones más conocidas.
Aunque haya varias clases medias, como afirman algunos entendidos, no se deje engañar. Si usted es montevideano -que concentra a la gran mayoría de la clase media uruguaya- podrá decir "yo sí soy de clase media" solo si vive en un hogar en el cual entran aproximadamente 35.000 pesos por mes. Y la mayoría de esos hogares está en alguno de estos barrios: Malvín Norte, Sayago, Jacinto Vera, Unión, Reducto, Mercado Modelo, Aires Puros, o La Figurita.
Ese hogar debería tener al menos un televisor, teléfono fijo y lavarropas, pero no es imprescindible que tenga un auto, y menos cero kilómetro. Si su situación se ajusta a este perfil, puede prescindir de cualquier adjetivo o matiz adicional a "media" a la hora de ubicarse en la escala de clases uruguaya.
De acuerdo a un estudio elaborado por el Centro de Investigaciones Económicas (Cinve) elaborado este año por Cecilia Llambí y Leticia Piñeyro, el 53% -eso es poquito más de la mitad- de los uruguayos pertenece a la clase media.
Ahí mismo empiezan las discusiones sobre qué es la clase media y cuántos pertenecen a ella. El economista Gabriel Oddone dice a Qué Pasa que "estrictamente el concepto clase media no existe en el dominio de nuestra profesión". De hecho, el estudio del Cinve habla de "nivel socioeconómico" para referirse a los diferentes estratos de la sociedad.
Sin embargo, los conceptos son a menudo intercambiables. En parte porque el concepto de clase es problemático y abarca mucho, como explica el politólogo Eduardo Botinelli. "Hay una dimensión política en el concepto de clase que dificulta definiciones concretas y duraderas".
ANIVERSARIO. Muchos aún recuerdan la caída, el período en el cual se pasó de "media" a "baja". Aunque hoy parezca lejana, esa caída fue hace solo 10 años. En unos pocos meses unas 100.000 personas pasaron de ser empleados asalariados del sector privado -porque fue ese sector el principal afectado- a cuentapropistas con mínima inversión y sin local, dice el economista, Jorge Notaro. "O sea, toda esa gente que empezó a vender cosas en los ómnibus o en la calle, como estrategia de supervivencia". De esas 100.000 personas, más de la mitad, unas 60.000, pudieron dejar esa situación para un pasar más holgados en el presente, de acuerdo a cálculos de Notaro.
Desde la sociología, disciplina acostumbrada a la noción de clase, también se afirma que los uruguayos de clase media son más que antes. De acuerdo al sociólogo Marcelo Boado, quien viene estudiando la movilidad social desde hace años, pertenecer a la clase media está dado por varios factores, pero principalmente por la "estabilidad económica". Y agrega que aquellos que cayeron hace 10 años volvieron a ascender. Además, lo hicieron "con creces".
Boado viene realizando encuestas sobre movilidad social entre la población de Montevideo y Maldonado. Según los resultados de sus últimos seis estudios, "los ingresos de todos los entrevistados crecen".
La recuperación de ese lugar no solo significó mayores ingresos. También dotó al "nuevo uruguayo" -denominación usada por varias de las fuentes consultadas para esta nota, es el slogan publicitario de una empresa de televisión para abonados intentando captar clientes de, precisamente, una "nueva clase media", además del título de un cuplé de la murga Queso Magro el último Carnaval- de mayor optimismo. El 13 de agosto en El País se dio a conocer el resultado de una encuesta de la empresa Opción en la que ocho de cada 10 respondieron que se sentían "felices" con su situación de vida en la actualidad.
Para algunos observadores, se trata claramente de otra clase media que la que durante mucho tiempo fue sinónimo de "uruguayez". El montevideano gris, empleado público oficinista -o sea, con estabilidad laboral y con un trabajo no manual- dejó lugar a uno más cosmopolita y, como se lo puede permitir actualmente, menos atado a su lugar de trabajo.
El periodista y escritor Carlos Luppi, que recientemente publicó un libro sobre la crisis de 2002 titulado La historia no oficial de la crisis, recuerda cómo, en los años inmediatamente posteriores al crack, trataba de preparar mentalmente a sus dos hijos para una vida fuera de Uruguay. Hoy dice que a ninguno de sus hijos, ya veinteañeros, se le pasaría por la cabeza emigrar. Y que las expectativas respecto al futuro son cualquier cosa menos pesimistas.
Luppi, sin embargo, no puede desprenderse de esos tics de clase media a la antigua. "Hoy veo a jóvenes que se dan el lujo de tener un empleo y dejarlo, alegando estrés o una mala relación con los compañeros de trabajo", dice.
Aunque dice comprender que en el contexto económico actual existe una gran demanda desde distintos sectores de la economía para atraer empleados, añade que esa comprensión no compensa lo que siente: "El otro día escuché eso de un joven de 22 años, que había renunciado a un empleo público porque no se llevaba bien con sus compañeros de trabajo. Me dio tanta rabia que tuve que contenerme de decirle que así es el trabajo. Es tan feo que hasta te pagan por hacerlo" (Qué Pasa publicó una nota sobre este fenómeno el 11 de febrero, titulada Los nuevos empleados)".
Aquellos "grises" uruguayos, el núcleo duro de la clase media, curtidos por un historial de crisis económicas, convulsiones políticas con dictadura militar incluida y las consecuencias del fracaso de las políticas neoliberales, ven el optimismo del nuevo uruguayo, el del cuarto puesto en el Mundial de 2010, con desconcierto. Ese optimismo o confianza no parece compatible con las sensaciones aprendidas durante décadas. Como si ese nuevo uruguayo tuviese más en común con las exuberancias de un porteño que con el manido bajo perfil local.
Pero la doctora en sociología Rosario Radakovich dice que no hay que hacer interpretaciones tan "lineales". Para ella, la nueva clase media uruguaya no copia a los porteños. "No lo veo así", dice. "Lo que sí me parece que ocurre es que hoy está más legitimada la ostentación de los privilegios que tiene pertenecer a esa clase media acomodada".
Radakovich participó en los dos estudios sobre consumos culturales realizados en el país, uno de 2002 y otro de 2009, dos investigaciones que sirven como referencia a la hora de comparar.
De ese año a este, los comportamientos de la clase media cambiaron, en algunos casos de manera significativa. En aquel momento, según la académica, la clase media "tendió nuevos puentes" hacia los sectores populares, consumiendo cumbia (maquillada como "pop latino") y reforzó sus vínculos con la producción de cultura, en particular con el carnaval. La proliferación de "murgas jóvenes" y cuerdas de tambores sería una señal de esa actitud, que tuvo su expresión culminante en la gran popularidad de la murga Agarrate Catalina. Hoy, el camino de la clase media va en dirección inversa: alejarse de los "planchas" y usar al shopping como refugio.
Tanto para Radakovich -que examina a la clase media en su más reciente libro Retrato cultural (que es de 2011)- como para Boado las variables que definen a la clase media permanecen como elementos relevantes, aunque también ahí comienzan a verse cambios. La trilogía "auto-casa-barrio" sigue siendo importante para entender algunas de las características de la clase media uruguaya, pero últimamente el barrio comienza a pesar más.
Según este razonamiento, dónde se vive está siendo cada vez más importante. De acuerdo a Radakovich, la tendencia es preferir vivir en un barrio que de alguna manera certifique la condición de clase media (específicamente la "media-alta") aunque eso signifique postergar la casa propia por un alquiler. Las aspiraciones no pasan únicamente por mayores ingresos o asegurarse el techo. También el contexto y la mirada del vecino importa.
Boado está de acuerdo. Vivir en Pocitos, Punta Carretas o Malvín es obtener el sello clase media, en su versión más lujosa y codiciada. Esa elite conformaría un "Muro de Berlín" simbólico, uno delimitado por las calles y avenidas Camino Carrasco, Cooper, Avenida Italia, Francisco Simón, 8 de Octubre y Batlle y Ordóñez hasta Millán. En las palabras de Boado, si uno se desplaza desde la esa zona en las direcciones este y oeste, uno ya entra en "Latinoamérica". "Para expresarlo de otra manera: si vas a una feria que se hace fuera del Muro de Berlín simbólico, pululan los puestos de vendedores de cigarrillos contrabandeados. En una feria de Pocitos o Punta Carretas no hay de esos puestos".
Más allá de esta línea divisoria, el experto aclara que no se trata de una dicotomía que contraponga prosperidad de un lado y pobreza del otro. Lo heterogéneo de la composición de la clase media es lo que motiva que investigadores de ciencias sociales hablen de varias clases medias.
Danilo Veiga, también sociólogo y que había definido a la clase media uruguaya como "olvidada" por el Estado en los años inmediatamente posteriores a la crisis de 2002, le dijo al suplemento Economía y Mercado de El País el año pasado que la clase media se ha vuelta más "heterogénea" en poco tiempo. En este proceso influyen, dijo Veiga, nuevos arreglos familiares, hogares monoparentales o de una sola persona -el Censo 2011 arrojó que algo más de uno de cada 10 uruguayos vive solo- y otros factores como precariedad del empleo y deterioro de la educación pública. La sociedad se vuelve más diversificada, razonó Veiga en esa entrevista, y concluyó que se "debilita el tejido social y, lógicamente, afecta a su núcleo central, que es la clase media".
Pero el sociólogo tenía un nivel específico de la clase media en mente cuando reclamaba que el Estado interviniera con políticas públicas. Si se contemplan las divisiones hechas por las autoras del informe de Cinve, hay tres niveles dentro de la clase media. En el inferior están aquellos hogares con un promedio de ingreso de 26.000 pesos. En el intermedio están aquellos hogares con unos 35.000 pesos en ingresos. Y arriba, los hogares a los que entran unos 47.000 pesos mensuales.
Es sobre el nivel inferior que hay que actuar, de acuerdo a Veiga. "Hay sectores de la población que superan apenas la línea de pobreza y entonces no son asistidos por el Estado", dice. "Más allá de los logros obtenidos en cuanto a la reactivación económica en los últimos años, la situación de esa franja de la población merece especial atención".
Con todo, el futuro parece luminoso. Con plata en el bolsillo, cierto orgullo nacionalista y pronósticos que prometen continuos altos precios, la clase media sigue siendo el albergue de los sueños de los uruguayos. Y en eso no cambiamos.

53%

de los hogares es de clase media, según lo que se desprende de un estudio del Centro de Investigaciones Económicas (Cinve). Se puede dividir a los hogares de esa clase en tres estratos: inferior (26.000 pesos mensuales), medio (35.000 pesos) y superior (47.000 pesos).

17%

de la población uruguaya es de la clase media "alta", de acuerdo a un estudio presentado el año pasado por el sociólogo Danilo Veiga. El período estudiado por el investigador va de 1998 -cuando la clase media alta era 10,2% de la población- a 2009.

35%

de los hogares uruguayos tiene al menos un automóvil, de acuerdo a los resultados del Censo 2011. El año pasado se vendieron más de 50.000 autos nuevos en el país. Un aumento de 17% en comparación con lo que se había registrado en 2010.

6%

del nivel socioeconómico "medio-medio" tiene empleada doméstica, de acuerdo al estudio de Cinve. Prácticamento todo (90%) de este segmento vive en una vivienda con un solo baño, otro indicador de clase importante, según el sociólogo Marcelo Boado.

64%

de los uruguayos considerados de clase media es usuario habitual de Internet. Entre los uruguayos de clase baja, ese guarismo es 30% y entre los de clase alta, 85%, según el estudio anual de la consultora Radar sobre usos y costumbres de usuarios uruguayos en la red.

LA MÚSICA DE LA CLASE MEDIA

El trayecto que va desde el impacto negativo de 2002 al optimismo actual -donde ocho de cada diez uruguayos dice sentirse "feliz" con su situación de vida- puede ilustrarse con dos canciones del rock nacional, que es "una movida cultural de clase media", según la investigadora Rosario Radakovich. "Una canción importante para el estado de ánimo 2002 -más allá del significado de la letra- es "El viejo", de La Vela Puerca", dijo Radakovich. Hoy, esa canción "Cielo de un solo color", de No Te Va Gustar. "Aunque tiene unos años, ese tema quedó identificado con el desempeño de la selección en el Mundial 2010", dice el empresario musical Andrés Sanabria.

IRPF, IASS, FONASA, SIGLAS TRIBUTARIAS

¿"Mazazo" impositivo?

Desde que empezó la recuperación económica y se instrumentaron las reformas impositiva y de salud, la discusión sobre la presión fiscal que supuestamente sufre la clase media nunca está demasiado lejos. El sociólogo Marcelo Boado aclara en su charla con Qué Pasa que, sin pronunciarse a favor o en contra, el Fonasa constituye una "fenomenal" transferencia de ingresos: "Todo el mundo habla del IRPF, pero la reforma del sistema de la salud también fue un cambio importante desde el punto de vista impositivo". Pero como él mismo lo dice: el IRPF es la vedette del debate. Para el economista Javier de Haedo, hay una confusión significativa en esta discusión: "De acuerdo a lo que conocemos, el IRPF -y el IASS- afecta a un quinto de los contribuyentes. Entonces, no afecta a la clase media. Afecta a la clase alta y a la parte de la clase media que está más cerca de la alta. Eso está bien claro. Lo que pasa es que a menudo se olvida que acá hay mucha gente con ingresos bajos".

IMPORTANCIA DEL MEDIO

Igualadora

En el departamento de investigaciones económicas de la Facultad de Ciencias Sociales, un estudio titulado "Polarización y Clase Media" realizado por un equipo de tres académicos (Fernando Borraz, Nicolás González y Máximo Rossi), concluye que el tamaño de la clase media uruguaya disminuyó entre 1994 y 2004 y creció entre 2004 y 2010.
Los autores introducen un matiz afirmando que el crecimiento registrado no alcanza para compensar la caída y además sostienen que expandir a la clase media es una medida política igualadora: "Desde una perspectiva económica y social, la clase media puede jugar un papel fundamental en el desarrollo de un país democrático, dado que contribuye con una significante porción de la fuerza laboral, por eso está íntimamente ligada con el valor generado por el país y generalmente representa la mayor fuente de ingresos impositivos para un país. Aun más: un aumento de la clase media puede (...) reducir la inequidad en la distribución de ingresos y el antagonismo entre las clases que es una fuente significativa de tensiones sociales".

Tomado de El Pais Digital http://www.elpais.com.uy