miércoles, 30 de marzo de 2022

¿El suicidio del dólar?

TOMADO DE: 

rafaelpoch.com


   Un mes de guerra en Ucrania (II)              

Se están creando las condiciones para el crecimiento de un bloque no-occidental en la economía global.

El 26 de febrero Estados Unidos y sus aliados confiscaron las reservas de oro y divisas del Banco Central de Rusia que este tenía en Occidente, alrededor de la mitad del total de sus reservas, es decir unos 300.000 millones de dólares. Ni la reserva federal de Estados Unidos (FED) ni el Banco Central Europeo (BCE) fueron consultados al respecto. Son muchos los observadores que estiman que la medida será autodestructiva para la hegemonía global del dólar, sobre la que reposa la estabilidad de la deficitaria y monumentalmente endeudada economía de Estados Unidos.

Desde 1971, cuando Estados Unidos abandonó el patrón oro en la convertibilidad del dólar, el sistema de Bretton Woods, los bancos centrales organizaron sus reservas en dólares en lugar de oro. Al hacerlo, compraban bonos del tesoro de Estados Unidos y financiaban los déficits presupuestarios y de la balanza de pagos de ese país. El comercio del petróleo en dólares añadía poderío al dólar como indiscutida moneda global de referencia.

Estados Unidos ha venido utilizando esa posición de poder para ordenar el mundo a su gusto e interés. Puede bloquear pagos, congelar activos y practicar confiscaciones en cualquier momento. Ahora, al confiscar las reservas de Rusia se ha lanzado un mensaje inequívoco a todo el mundo. En palabras del ex diplomático británico Alastair Crooke, “si hasta un país importante del G-20 puede ver sus reservas confiscadas con solo pulsar un botón, para aquellos que aún tienen reservas en Nueva York el mensaje es meridiano: sacarlas de allí mientras sea posible”.

Rusia no es un caso aislado. Las reservas de Irán ya fueron confiscadas en el pasado. Los 9000 millones de fondos de Afganistán, que impedirían la catástrofe humana y el hambre que está teniendo lugar allá, también fueron confiscados por Biden como cruel represalia por la espantada militar occidental forzada por los talibanes el pasado agosto. El año pasado Inglaterra le robó a Venezuela el oro que ésta tenía en el Banco de Inglaterra y del que Caracas intentó disponer para comprar recursos médicos contra la pandemia.

Con todas estas medidas lo que Estados Unidos dice al mundo es que cualquier país que tenga sus reservas allí está expuesto a que, si su política no gusta a Washington, bien porque comercia con países adversarios, bien porque reparte demasiado su renta entre las clases populares en perjuicio de los beneficios de multinacionales, o porque simplemente busque una mayor independencia política o económica del entramado controlado por Estados Unidos, sus reservas pueden ser confiscadas.

“Hemos convertido los depósitos en euros y dólares en un factor de riesgo”, dice Wolfgang Münchau un conocido analista alemán de derechas y estrella del Financial Times. “Confiscando los fondos de Afganistán, Venezuela, Irán y ahora Rusia, politizando el mecanismo de pagos y transferencias del Swift, la influencia global de Estados Unidos disminuye”, dice el ex embajador americano Chas Freeman.

 La confiscación de las reservas rusas, “animará a rusos, chinos, BRIC´s, etc. a buscar otras monedas y mecanismos más seguros”, augura Münchau, pero en realidad esto no es un horizonte sino un proceso ya en marcha. Desde que hace ocho años se impusieron sanciones a Rusia por la anexión de Crimea, la participación del dólar en el conjunto de los pagos internacionales ha disminuido 13,5 puntos: pasó del 60,2% en 2014 al 46,7% en 2020. “El dólar se ha convertido en una moneda tóxica”, dice el economista ruso y consejero de Putin, Sergei Glaziev. ¿Qué pasará a partir de ahora con esta tendencia?

La principal consecuencia es que se están creando las condiciones para el crecimiento de un bloque no-occidental en la economía global que tendrá un impacto negativo para los intereses del hegemonismo. Hace más de una década que el Presidente Lula ya comprendió que había que salirse mancomunadamente del dólar y su entramado. Parece que fue Lula el primero que compartió con Vladimir Putin y Hu Jintao, el entonces presidente chino, la idea de avanzar conjuntamente en una política en esa dirección, algo que los chinos tenían claro desde hacía mucho tiempo. El protagonismo de Lula en aquella iniciativa pudo haber sido incluso determinante para el irregular derrocamiento del brasileño y su posterior encarcelamiento. Hoy las cosas han cambiado y no solo porque Lula puede regresar a la presidencia de Brasil.

Ningún BRIC ha participado en las sanciones contra Rusia: ni India, ni el Brasil de Bolsonaro, ni África del Sur, ni la atlantista Turquía, ni los países del Golfo, ni por supuesto China…

El miércoles la conferencia de ministros de exteriores de la Organización de la Conferencia Islámica (57 países miembros) rechazó sumarse a las sanciones contra Rusia. Ningún país de África, ni de Asia Occidental y Central, con solo Singapur y Japón en Asia Oriental, han impuesto sanciones a Rusia, con China e India marcando la línea general.

Aún más significativo, Arabia Saudí está manteniendo conversaciones con China para comerciar en yuanes el pago de su petróleo. El 25% del petróleo saudí va a China. Que el petróleo deje de venderse en dólares, ¿no equivale a una quiebra de la economía de Estados Unidos?

(Publicado en Ctxt)


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viernes, 25 de marzo de 2022

La 'destrucción constructiva' de Ucrania avanza con fuerza imparable

 tomado de:

lahaine.org

lahaine.org
 

Representa la única alternativa para Moscú de frustrar los planes antirrusos de Occidente utilizando a Kiev

Durante más de 500 años, Occidente ha tratado infructuosamente de conquistar y subyugar Rusia para apoderarse de sus inmensas riquezas naturales. Lo intentaron Napoleón y Hitler militarmente y ahora EEUU con sus satélites incondicionales de la OTAN.

Ya lo dijo Zbigniew Brzezinski, asesor de Seguridad Nacional de EEUU: Ucrania es un pivote geopolítico porque su propia existencia como país independiente ayuda a transformar a Rusia. Sin Ucrania, Rusia deja de ser una potencia de Eurasia.

Washington y sus aliados tenían preparado el plan para utilizar a Ucrania nazificada y bien armada por Occidente para desatar una guerra contra Rusia y hacer fracasar su proyecto de un nuevo sistema mundial multipolar que ponía fin a la hegemonía de Norteamérica.

Cuando Moscú logró descubrir a tiempo los intentos de Occidente se vio obligado a lanzar el pasado 24 de febrero una operación militar preventiva en Ucrania con el propósito de desmilitarizar y desnazificar a este país que se había convertido en un peligro para su seguridad nacional.

Ya desde el inicio del golpe de estado del Maidán en Ucrania, que se había concebido en Washington en 2008 y que costó a Norteamérica unos 5.000 millones de dólares, Rusia empezó a tomar medidas para prepararse al futuro enfrentamiento con Kiev, que en los últimos ocho años abrazó el neofascismo en forma particular de ucronazismo bajo la tutela de Washington.

En 2019, el uno de los más influyentes de los más de 1.500 think tanks estadounidenses, la Rand Corporation, que está al servicio del Pentágono, confirmó los intentos de EEUU para doblegar a Rusia en su informe del 5 de septiembre de 2019 Plan of Overexpanding and Unbalancing Russia (Plan para distender y desequilibrar a Rusia).

En este documento los estrategas de la corporación señalaban a Ucrania como el punto externo más vulnerable de Rusia y aconsejaban al Gobierno de EEUU armar y preparar a Ucrania para una confrontación militar con Moscú. El plan definía el sector energético ruso como el otro flanco vulnerable porque la economía del país dependía en un 45% de la exportación de gas y petróleo. Entonces lo que tenía que hacer Washington era obligar a los europeos a disminuir su importación del gas (hasta 60%) y del petróleo (35%) de este país y al mismo tiempo "recurrir a drásticas sanciones comerciales y financieras contra Moscú para socavar al país".

El proyecto incluía también la creación de estímulos financieros para organizar protestas internas en Rusia, promover la emigración de jóvenes talentos y "socavar el país en el exterior". Se aconsejaba también hacer un despliegue de armas nucleares en todos los países miembros de la OTAN que tienen frontera con Rusia. En conclusión, los autores de este documento advertían que "las opiniones previstas en este plan en realidad son solo variantes de la misma estrategia de guerra, cuyo precio en términos de sacrificios y de riesgos pagamos todos".

No cabe ninguna duda de que el proyectado conflicto militar que iba a iniciar Ucrania en Donbás y Crimea estaba concebido no tanto en interés de Kiev sino de Washington, que necesita aplastar a Rusia para abrirse camino a China y así volver a dominar el mundo como en el siglo XX.

Moscú ya estaba al tanto de estos planes de Washington con muchos años de anticipación y tomó sus propias medidas. Además de rearmar y profesionalizar sus fuerzas armadas, hizo reorientar su sector energético de occidente al oriente. En 2014, se firmó un contrato por 400.000 millones de euros con China para suministrar 38.000 millones de metros cúbicos de gas al año a partir de 2018 (China consume anualmente unos 180.000 millones de metros cúbicos). Para 2023-2025 entrará en funcionamiento el gasoducto Poder de Siberia, diseñado para aportar al gigante asiático otros 50.000 millones de metros cúbicos.

El 4 de febrero de 2022, en una declaración histórica de 5.300 palabras, Xi Jinping y Vladímir Putin acordaron formar un nuevo sistema de "gobernanza global" que uniría a Europa y Asia a través de una "conectividad de estructuras, alta velocidad ferroviaria y distribución colaborativa de recursos energéticos". En este documento los dos líderes anunciaron que el mundo está pasando por cambios trascendentales creando una redistribución del poder. También planearon fusionar la Unión Económica Euroasiática con la Nueva ruta de la Seda por más de un billón de dólares. A la vez, funciona desde 2014 en Rusia el Servicio de Transferencia de Mensajes Financieros (SPFS), el análogo ruso de SWIFT, que facilita operaciones bancarias en el país y entre Rusia y China.

En 2016, Rusia salvó al presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, y le advirtió de un intento de golpe militar. Este hecho facilitó la puesta en marcha en 2020 del Turkish Stream, el gasoducto que une a Rusia con Turquía y que tiene una capacidad de 63.000 millones de metros cúbicos de gas al año, que es más de lo que Rusia bombea a Occidente a través del gasoducto de Ucrania.

Los cargamentos de petróleo ya comprometidos de Rusia que no encuentran compradores en Europa están siendo adquiridos por la India. Las transacciones de petróleo en rupias, renminbis chinos, rublos rusos y riyales saudíes representan un golpe al petrodólar norteamericano.

Entonces, desde el punto de vista financiero, una posible pérdida del mercado europeo debido a las sanciones que los europeos han aceptado sumisamente no produciría un colapso económico en Rusia, como lo estaba esperando Washington. Más bien, EEUU hasta ahora no puede encontrar reemplazo a los 178.550 barriles diarios de petróleo que importaba de Rusia. A la vez, Alemania podría sustituir el gas ruso por el gas norteamericano licuado (GLP, a un precio mucho mayor) no antes de 2025, cuando terminaría la construcción proyectada de dos terminales para GLP.

Todo esto indica que la operación especial que inició Rusia en Ucrania bajo la consigna de destrucción constructiva fue bien concebida y representaba la única alternativa para Moscú de frustrar los planes antirrusos de Occidente utilizando a Kiev.

Para muchos observadores occidentales el avance militar ruso es bastante lento, pero hay que tomar en cuenta los esfuerzos de los militares rusos que, a diferencia de EEUU quienes destruyen todo a su paso cuando bombardean, los rusos quieren evitar las víctimas civiles, respetar a los militares que se rinden durante la operación además de no causar daños innecesarios en las ciudades. Y sus blancos son exclusivamente militares, lo vemos pese a que los medios occidentales lo ocultan. Ocultan cómo las Fuerzas Armadas rusas evitan involucrarse en batallas callejeras y la ayuda que brindan a los habitantes de poblaciones liberadas del nazismo.

Ya prácticamente no existe nada que detenga a Rusia en este proceso de desnazificación y desmilitarización de Ucrania, ni las amenazas de Joe Biden y de su OTAN, ni las más de 500 sanciones impuestas por Washington y Bruselas, ni la bomba atómica sucia anunciada por el presidente rusófobo ucraniano Volodímir Zelenski, ni las armas biológicas desarrolladas en 30 laboratorios norteamericanos en Ucrania.

En realidad, esta operación iniciada por el Kremlin no está dirigida exclusivamente contra Ucrania -un país que fue elegido simplemente por los estrategas norteamericanos como un punto inicial para la descomposición de Rusia-, sino contra el orden mundial globalizado impuesto por EEUU.

Ucrania, que siempre ha sido considerada por los estrategas occidentales como la puerta de entrada a Rusia, se convirtió en una pieza de ajedrez geopolítico de Washington. País que durante unos 20 años estaba transformando su nacionalismo, que tiene un largo historial en ucronazismo basado en postulados de un colaborador nazi durante la Segunda Guerra Mundial llamado Stepán Bandera, represor sin piedad de judíos, rusos, polacos y de los mismos ucranianos que se oponían al nazismo, y en el neonazismo europeo que en los últimos años ha empezado a levantar cabeza.

Después del Maidán en 2014, tomó fuerza la glorificación del nazismo inducida por Washington y apoyada por las élites nacionales. Se crearon batallones neo nazis como Azov, Donbás, Batkivshcina, la Unidad Tornado y se adoptó en estas formaciones el saludo nazi. Sus miembros en su mayoría son antisemitas (siendo judío el presidente de Ucrania), homofóbicos, misóginos, supremacistas blancos y sobre todo, antirrusos.

Según la periodista Lora Logan, todos estos batallones fueron creados, armados y entrenados por la CIA y financiados por EEUU y los países de la OTAN. Son estos matones los que ofrecen mayor resistencia a las tropas rusas, especialmente en las grandes ciudades donde están concentrados mayormente, utilizando la táctica de los yihadistas del Estado Islámico que usan a la población civil como escudos humanos, montando sus cuarteles en escuelas y jardines infantiles y ubicando su armamento entre los edificios de viviendas, lo que obstaculiza el avance de las tropas rusas y las de Lugansk y Donetsk. No obstante, todo es cuestión de tiempo y no hay duda de que se cumplirán las metas rusas respecto a la desmlitarización de Ucrania.

La siguiente tarea de desnazificación va a ser más complicada porque el fascismo ucraniano se ha arraigado profundamente durante los últimos ocho años en la sociedad debido a su influencia en el proceso de educación y al día tras día desinformación y zombificación de un gran sector de la población, privándoles de la verdad por la campaña bien orquestada de los medios de comunicación, igual como ahora está sucediendo en EEUU y en la Unión Europea.

El uso del neonazismo y la rusofobia por Norteamérica y sus seguidores de la OTAN para lograr sus fines estratégicos constituye un peligro latente para la humanidad. Ya es hora que el mundo recobre el sentido común y abra sus ojos para darse cuenta de los planes de este 1% de los más ricos y poderosos que están dispuestos inclusive a usar el neonazismo para seguir dominando el planeta. Y referente a Rusia, Biden y sus marionetas de la OTAN deberían seguir el consejo de Otto von Bismarck, que aseguró que "el secreto de la política consiste en la amistad con Rusia".

Sputnik / La Haine

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lunes, 7 de marzo de 2022

De Napoleón a Leningrado, los occidentales desconocen Rusia

 

blogs.publico.es

Augusto Zamora R.

Imagen de archivo. Putin visita el Museo de la Victoria.- Kremlin / dpa

El Gran Emperador, harto de la ‘desobediencia’ de Alejandro I, Zar de Todas las Rusias, en su guerra con el Imperio Británico, decidió cortar por lo sano. Dentro de su prepotencia como amo de la Europa Occidental, organizó un ejército de 690.000 soldados, reclutados en media Europa (España incluida) para invadir Rusia. Los números le cuadraban. Rusia era, entonces, una gran potencia, pero pobre en recursos, atrasada y sin aliados en Europa, es decir, sería incapaz de resistir el brío y empuje de la Grande Armée, un ejército descomunal, invencible hasta entonces y el más fogueado y armado de la península euroasiática. Seguro de su victoria, pues los números no mentían, Napoleón invadió el Imperio Ruso. Su contraparte oficial era lo opuesto a él.

El general y príncipe Mijáil Kutúzov era un hombre mayor, sobre todo para su época (67 años), y tuerto, por enfermedad. Consciente de la superioridad francesa, Kutúzov evitó el enfrentamiento directo. Diseñó una estrategia de tierra quemada y repliegue que resultó mortal para el invasor francés. En la célebre batalla de Borodinó (inmortalizada por Tchaikosvky en su Obertura de 1812, y por Tolstoi en Guerra y paz). Se enfrentaron 300.000 soldados casi en partes iguales. La Grande Armée sufrió 28.000 bajas por 44.000 los rusos. Kutúzov no ganó, pero ganó. No ganó en lo táctico; ganó en lo estratégico. Golpeada militarmente, privada de suministros, mermada por el hambre y las enfermedades, falta de municiones, la Grande Armée se vio obligada a iniciar una de las más trágicas retiradas de la historia, hostigada duramente por el ejército ruso. En la batalla de Maloyaroslávets, Kutúzov asestó el golpe definitivo. Regresaron apenas 30.000 soldados. Clausewitz dijo de él, refiriéndose a su estrategia contra Napoleón: "Estos esfuerzos le otorgan la mayor gloria al príncipe Kutúzov". Napoleón nunca se repondrá de la descomunal derrota. Al final, los números fueron eso, números.

Siglo y pico después, otro occidental llamado Adolph Hitler hizo cálculos similares a los de Napoleón. Calculó que su ejército de cuatro millones de soldados, fogueados y armados hasta los dientes, podría conquistar en cuatro meses la Unión Soviética, el país heredero del Imperio Ruso que Lenin había transformado en república socialista. La "Operación Barbarroja", iniciada en junio de 1941, siguió, casi exactamente, el mismo camino que la Grande Armée, aunque se prolongara más en el tiempo. Casi dos tercios de los ejércitos nazis fueron destruidos por el Ejército Rojo. Aquello significó el fin del delirio de los Mil años del Reich y el asalto de Berlín por las tropas del mariscal de la Unión Soviética y general Gueorgui Zúkov, el gran artífice de la derrota nazi. Detrás de aquellas terminales derrotas estuvieron dos elementos. Uno, la prepotencia sobre la propia capacidad frente a la de Rusia. Dos, el menosprecio a la capacidad de lucha, resistencia e inteligencia de Rusia y de los militares rusos. De Kutúzov a Zúkov.

Hay otro episodio. El asalto a Leningrado. Ante su fracaso, Hitler decidió imponer el sitio atroz de la ciudad fundada por Pedro el Grande, llamada originalmente Petrogrado. Hitler reunió a un grupo selecto de personajes para diseñar una estrategia brutal para rendir Leningrado por hambre. Bloqueada por los nazis por todas partes, salgo el pequeño lago Ladoga, era imposible enviar provisiones suficientes para los habitantes de la ciudad sitiada. El sitio produjo una de las mayores tragedias humanas de un conflicto lleno de ellas. Casi un millón de personas falleció de hambre en Leningrado. Un millón. Pero Leningrado no se rindió y resistió el sitio nazi que duró 872 días.

Ver a los gobiernos del gallinero europeo siguiendo las órdenes de sus jefes gringos, diseñando con placer perverso e infinito -que envidiarían los asesores de Hitler- las sanciones comerciales, económicas y financieras contra Rusia, buscando con goce perverso de qué manera se puede provocar el mayor y más doloroso daño posible, no es muy diferente de la estrategia nazi de rendir Leningrado por hambre. A fin de cuentas, antaño y hogaño, los dos equipos de tecnócratas hacían lo mismo: hurgar en todos los resquicios para ver dónde, cómo y de qué forma se podía destruir a Rusia y su espíritu de resistencia, para que los sitiados, en su desesperación extrema, rindieran Leningrado.

En el patológico y demencial delirio de aniquilar todo lo ruso en este Occidente dizque ‘civilizado’, se ha llegado a niveles tan grotescos y absurdos como excluir a los gatos de origen ruso de concursos felinos; a prohibir que un árbol ruso compita como árbol europeo del año; a despedir al director de una orquesta sinfónica por ser ruso; a prohibir un seminario sobre Dostoievski por ruso; a cancelar óperas en Moscú y a excluir a los deportistas rusos, incluidos los paralímpicos, de todos los torneos habidos y por haber. Si no salen a matar rusos en masa es porque no pueden. Hitler se les ha quedado corto.

Otras medidas dan para descojonarse de risa. Rolls Royce ya no venderá sus autos (¡aaarg!, con la cantidad que compraban los rusos). Ikea cierra (¡debacle! En Rusia la gente no tendrá en qué sentarse). Airbind los bloquea (uuuy, ya no saldrán a turistear a países del gallinero). Uber cierra (los taxistas rusos están de fiesta)… ¿Se da cuenta alguien del ridículo que están haciendo? Más bajo se puede caer, pero más idiota no. Superar a los occidentales en estos trances resultará absolutamente imposible. Pero, ojito, el gobierno francés ha dicho a sus empresas que no se den prisa en salir de Rusia. Danone y Leroy Merlin se quedan. Y Nestlé. Se quedan también Coca Cola y Burger King (los rusos están salvados). Apple dejó de vender sus teléfonos sólo un día...

Corea del Sur demandó a EEUU una carta de exención y sigue comerciando con Rusia al margen de todo. La ocasión es de oro para colocar automóviles, teléfonos, chips y etc., en Rusia, ocupando los espacios abandonados por las empresas del gallinero. India está en lo mismo, como China, Paquistán, Irán y los países del Golfo. Ningún país del Sudeste Asiático se ha sumado a las sanciones, salvo Japón y Singapur. Tampoco México, Brasil y Argentina. No se ha oído de ningún africano. Turquía tampoco. Ni Serbia. Pero el periodismo fecal que nos inunda dice que Rusia está aislada.

Las preguntas que nos hacemos desde este palco en la Luna son: ¿A dónde lleva esta espiral paranoica, abusiva, delirante, ridícula, contra Rusia y lo ruso? ¿Dónde, en qué sitio, quedaron las cuatro neuronas que poseen, de general, los políticos, cuando son medianamente inteligentes? (algo que no hay, por ejemplo, en la Comunidad de Madrid). No sabemos qué nube tóxica inhalan los que impulsan esas políticas, porque, si creen que por esas vías rendirán a Rusia, les decimos que esperen sentados.

No inició Rusia operaciones militares en Ucrania porque a Putin, ese día, le sirvieron el desayuno equivocado y, para no despedir al cocinero, mandó los tanques a Ucrania. Sí, como chiste no es bueno, pero bastante peor es lo que chorrean, como tubería de aguas negras, todos los días, los medios de comunicación propiedad de oligarcas occidentales que, por ser occidentales, no son oligarcas, sino empresarios. Que sean dueños de casi todo –medios informativos incluidos- no importa si son occidentales. Y, en estos días, en el proceso de blanqueo de la miasma ucraniana, si, además, son ucranianos, menos aún. Porque en la Ucrania de fantasía que pintan los retretes informativos, Ucrania es una democracia perfecta, sin corruptos ni oligarcas. En esa fantasía, ya no son oligarcas y corruptos. Son adalides de la libertad, dignos de estatuas como la de Nueva York.

Rusia invadió Ucrania porque los gobiernos ucranios, desde 2014, declararon a Rusia el Estado enemigo. A partir de ese año, el ejército ucraniano fue ‘limpiado’ de oficiales formados en la Unión Soviética, por poco fiables y fue reformado de pies a cabeza. Para garantizar su objetivo de construir unas fuerzas armadas ultranacionalistas y neonazis, sus oficiales y soldados fueron reclutados entre las organizaciones nacionalistas y neofascistas ucranianas. La doctrina militar impartida en las academias ucranianas era un lavado de cerebro, dirigido por asesores estadounidenses y del gallinero, para crear una maquinaria de matar rusos, porque los rusos, decían y repetían, eran los enemigos mortales de Ucrania y Ucrania, con sus aliados de la OTAN, debía prepararse para su exterminio. Esa es la explicación de por qué, hoy, Rusia exige la desmilitarización y desnazificación de Ucrania. Porque nadie quiere dormir con una organización de asesinos al lado. Rusia no dejará Ucrania hasta desmantelar al ejército neonazi. También debe admitirse la soberanía de Rusia sobre Crimea. Esa península ha sido y seguirá siendo rusa y debe darse el reconocimiento mundial de un hecho irreversible.

La clase dominante ucrania, formada por oligarcas putrefactos y políticos corruptos, se creyó a pie justillas y a cerebro vaciado los cantos de cisne de los atlantistas. Que no tuvieran miedo ni respeto con Rusia, que buscaran joder a Rusia, que se declararan enemigos de Rusia, porque si Rusia intentaba algo contra ellos –contra ellos, no contra el pueblo de Ucrania, que ignoraba lo que estaban haciendo en su país-, allí estaría la OTAN para defenderlos y hacerle pagar a Rusia su osadía. Los muy pendejos se creyeron el cuento y así están ahora. Llorando porque la OTAN acuda en su auxilio y la OTAN les dice que tururú. Que meterse con Rusia es la tercera guerra mundial y que se las arreglen solos. Que, para cubrir las vergüenzas –más bien las desvergüenzas- les mandarán armas de desecho y mucha, mucha, alharaca desinformativa, pero que, en el campo de batalla, la carne de cañón la pone Ucrania. Así que, ¡ucranianos, los oligarcas putrefactos y los políticos corruptos los llamamos a las armas! ¡Deben acudir ustedes! (Porque nosotros tenemos nuestro capital fuera y ahora somos los héroes de la OTAN).

Puestos aquí, el gallinero atlantista tiene únicamente tres caminos. Escalar el conflicto y llevarnos a una guerra mundial. Enviar armas a Ucrania, con lo cual prolongarán semanas y meses, inútilmente, el sufrimiento de la población, pues ese armamento no infligirá daños mayores ni cambiará el rumbo de la guerra. O poner en un psiquiátrico a los chiflados que quieren sangre (la ajena, la propia no) y sentarse a negociar un acuerdo de seguridad integral con Rusia.

Putin ha calificado la postura del gallinero de "teatro del absurdo". Lo es. También ha avisado que "Si ellos [las autoridades ucranianas] continúan haciendo lo que hacen ponen en duda el futuro de la organización política de Ucrania", es decir, Ucrania puede esfumarse como país. Ahí están los botones. Uno verde, de paz. Otro rojo, de guerra (los del PP no pueden votar). Sobre rendir a Rusia por hambre, verán. Es la segunda mayor potencia energética del planeta, la primera exportadora mundial de trigo y la segunda de cereales. La producción cerealera de 2021 fue de 123 millones de toneladas, de las cuales 77 millones son de trigo. Además, exportaron 35.000 millones en productos agropecuarios (leche, aceites y grasas, carnes, pescados). En suma, que padecerán de algunas limitaciones, pero en temas agroalimentarios están más que bien servidos.

En este panorama, de enfrentar la OTAN a una superpotencia nuclear, superpotencia agroalimentaria, superpotencia energética y superpotencia espacial, ¿qué van a hacer? Fuera de ese teatro del absurdo en que se han instalado sólo queda declarar la guerra total (nuclear) o, sencillamente, sentarse a negociar y aceptar las condiciones de Rusia. Cualquier cosa que se diga en contrario es perverso uso de la población ucraniana para, únicamente, posponer lo inevitable, que es aceptar el marco de negociación de Rusia. Lo cierto es que la humanidad quiere la paz. La OTAN es el problema. Un grave problema. Y no lo olviden. No se rindió Leningrado. No se rendirá Rusia. No se rendirá.


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PUBLICO ESPAÑA

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miércoles, 2 de marzo de 2022

Conflicto Rusia - Ucrania: una segunda mirada | Opinión

TOMADO DE: 

pagina12.com.ar

Atilio A. Boron

(Fuente: AFP)
. Imagen: AFP

A medida que se extiende la ocupación rusa en Ucrania –y digo “ocupación” para usar el término aplicado a las invasiones que cuentan con la bendición de los poderes establecidos: ocupación de Irak, de Libia, de Siria, de los territorios palestinos, etcétera- se multiplican los interrogantes sobre la naturaleza y significado de esta operación. De partida se impone desechar por completo las supuestas “verdades” y “evidencias” aportadas por la prensa occidental desde sus naves insignias en Estados Unidos y Europa porque lo que difunden esos medios es una descarada propaganda. Claro, desde un punto de vista estrictamente militar es cierto que Rusia “invadió” a Ucrania. Pero como “la guerra es la continuación de la política por otros medios”, recordaba von Clausewitz, ese despliegue militar debe ser calificado e interpretado en función de las premisas políticas que le otorgan su sentido. Esto es lo que trataremos de hacer a continuación.

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Y esas premisas son muy claras: Rusia adoptó esta medida excepcional, y que en abstracto merece una condena, como respuesta a treinta años de ataques iniciados tras el derrumbe de la Unión Soviética. Hace ya un tiempo que Vladimir Putin con su habitual contundencia le dijo a los líderes occidentales: “ustedes no se contentaron con derrotar a Rusia en la Guerra Fría. Ustedes la humillaron”. La lucha política (y militar) no es un ejercicio abstracto o un concurso de gestos o frases retóricas. Por eso lo que en un cómodo plano de la intelección las cosas se presentan con una claridad absoluta y sin fisuras en la fragorosa lucha en el barro y sangre de la historia la “invasión” de marras aparece con un significado completamente distinto: como la reacción defensiva ante un hostigamiento interminable e injustificado. 

Una vez desintegrada la URSS Rusia disolvió el Pacto de Varsovia, estableció un régimen político al estilo de las democracias europeas, restauró con métodos mafiosos un capitalismo profundamente oligárquico, abrió su economía a los capitales extranjeros e incluso jugó con la idea de incorporarse a la OTAN. Sin embargo, pese a todo ese esfuerzo de adaptación al consenso ideológico-político occidental Rusia igual siguió siendo considerada como un actor aberrante en el sistema internacional, al igual que en los tiempos soviéticos, como una enemiga de la cual hay que protegerse y, al mismo tiempo, evitar que se proteja porque si la seguridad internacional es algo no negociable para Estados Unidos y sus aliados europeos tal privilegio no se le reconoce a Rusia.

La operación militar lanzada contra Ucrania es la consecuencia lógica de una injusta situación política, o el punto final ante lo que Boaventura de Sousa Santos diagnosticara como “la absoluta ineptitud de los líderes occidentales” para darse cuenta que no hay ni habrá seguridad europea si ésta no se garantiza también para Rusia. Ineptitud de un liderazgo europeo merecedor también de otros calificativos: miopes, corruptos, ignorantes y sumisos hasta la ignominia frente al hegemonismo estadounidense que no dudará en librar nuevas guerras en Europa o en su antejardín del Oriente Medio cuantas veces convenga a sus intereses.  

Esta falencia a nivel de liderazgo los ha llevado primero a despreciar o subestimar a Rusia (expresando una difusa rusofobia que no pasa desapercibida para muchos rusos) y después a demonizar a Putin, proceso en el cual Joe Biden llegó a excesos inimaginables en el campo de la diplomacia. En efecto, en plena campaña electoral y para demostrar su actitud dialoguista lo caracterizó como el jefe de una “cleptocracia autoritaria”. En una nota publicada poco después del golpe de estado del 2014 Henry Kissinger, criminal de guerra pero a diferencia de Biden profundo conocedor de las realidades internacionales, escribió en cambio que “Putin es un estratega serio, en línea con las premisas de la historia rusa” pese a lo cual en Occidente ha sido objeto de una sistemática subestimación. Y remata su razonamiento diciendo que “para Occidente, la demonización de Vladimir Putin no es una política; es una coartada para cubrir la ausencia de una política.” En ese mismo artículo, altamente recomendable para la izquierda posmoderna cada día más confundida, tanto en Latinoamérica como en Europa, el ex Secretario de Estado de Nixon aporta una reflexión necesaria para comprender la excepcionalidad de la crisis ucraniana. 

Es que para los rusos “Ucrania nunca podrá ser un país extranjero. La historia de Rusia comienza en lo que se conoce como Kievan-Rus”. Y es por esto que aún tan agrios disidentes del sistema soviético como Alexander Solzhenitsyn y Josep Brodsky “insistían en señalar que Ucrania era una parte integral de la historia rusa, y por lo tanto de Rusia.” Ninguno de los líderes de Occidente parecen tener la menor idea de este legado histórico, decisivo para comprender que Putin haya trazado la “línea roja” de la OTAN precisamente en Ucrania.

Estas referencias, que parecen alentar una actitud escapista o negacionista ante el horror del momento actual son imprescindibles para comprender el conflicto y, eventualmente, resolverlo. Por eso conviene leer lo que en 2014 escribiera un internacionalista estadounidense, John Mearsheimer, cuando Washington montó en conjunción con las bandas nazis el golpe de estado que derrocó al legítimo gobierno de Víktor Yanukóvich. En ese artículo el profesor de la universidad de Chicago dijo que la crisis ucraniana y la recuperación de Crimea realizada por Putin es “culpa de Occidente”, de su torpe manejo de las relaciones con Moscú.

 Añadía también que cualquier presidente de Estados Unidos habría reaccionado con violencia si una potencia como Rusia hubiera precipitado un golpe de estado en un país fronterizo, digamos México, depuesto a un gobierno amigo de Washington e instalado en su lugar a un régimen profundamente anti-americano. (Why the Ukraine crisis is the West fault”, en Foreign Affairs, Vol. 93, Nº 5, Septiembre-Octubre 2014). 

 En suma: las apariencias no siempre revelan la esencia de las cosas, y lo que a primera vista parece ser una cosa –una invasión- mirada desde otra perspectiva y teniendo en cuenta los datos del contexto puede ser algo completamente distinto.


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https://www.pagina12.com.ar/404466-conflicto-rusia-ucrania-una-segunda-mirada

lunes, 31 de enero de 2022

Con el Fondo nos vamos al fondo (de la historia)

 tomado de:

lahaine.org
lahaine.org

Este pasado viernes el Presidente Fernández anunció el Acuerdo (“Entendimiento” para el FMI) por el cual fijó la voluntad de su gobierno de prorrogar el pago de las deudas contraídas por Macri, asumiendo una serie de compromisos con ese organismo financiero internacional, donde la voz cantante la tienen los EEUU.
Desde nuestra incorporación al FMI en 1956, es el Acuerdo número 22, en todos ellos hay compromisos mutuos de “sentar las bases para un desarrollo sostenido”.
En los 21 Acuerdos anteriores ello no se cumplió. Se nos ocurre una pregunta inquietante: Si hasta ahora nunca se logró ¿Por qué se lograría con este Acuerdo? ¿Será porque ahora gobierna el “abuelito peronista” Joe Biden (cómo piensan algunos funcionarios) o porque el FMI se “abuenó”? Nosotros tenemos otra respuesta más cruda, sencilla y lógica: Tratan de encontrar justificación a lo que hicieron, una nueva infamia y traición a la Patria.

LA DEUDA ODIOSA ES ILEGÍTIMA, ILEGAL Y FRAUDULENTA

El movimiento popular siempre cuestionó la deuda externa, particularmente la tomada a partir del Golpe de Estado de 1976. Fue ésta la que motivó una sentencia del Juez Federal Jorge Ballesteros, calificándola de ilegítima, ilegal y fraudulenta, remitiéndola al Parlamento para que tome las medidas del caso. Esta institución del Estado lo que hizo fue cuidar escrupulosamente los intereses enemigos asegurando que nada se investigue, que todo se pague y que a nadie se sancione.
Con motivo del “argentinazo” del 19 y 20 de diciembre 2001, asumió Adolfo Rodríguez Saa y anunció ante la Asamblea Legislativa la suspensión de la deuda hasta que fuera investigada. Un par de días después aquel Presidente fue abandonado por su partido y colegas, acorralado por las fuerzas del poder económico renunció. Para los enemigos del pueblo…las cosas volvieron donde debían estar.
Pasaron los años, acuerdos, pagos, quitas, canjes y otros mecanismos fueron los instrumentos de sucesivos fracasos y de nuestra progresiva y creciente decadencia.
Macri dio un salto en la relación recibiendo un “préstamo” por 57 mil millones de dólares de los cuales llegaron 44 mil millones que ahora están en el debate. Ese “préstamo” además de violar nuestras leyes, fue efectuado en contra de propias disposiciones del FMI. Los pagos ya efectuados y este Acuerdo vienen a reafirmar esta estafa, que tiene responsables con nombre y apellido, allí están los que lo contrajeron y los que ahora lo convalidan, por encima de sus insuperables nulidades.

ALGUNOS COMPROMISOS ASUMIDOS

Sin conocer todavía la letra chica de este acuerdo y con algunos trazos gruesos de los compromisos asumidos podemos hacernos una idea del rumbo que ha decidido el elenco gobernante.
Un control de la emisión monetaria deja al Banco Central prácticamente intervenido; el gasto público estará sujeto a controles trimestrales; los aumentos salariales y la jubilaciones deberán respetar las metas fiscales; el achicamiento de la brecha cambiaria para que no supere el 30% abre el camino a la devaluación; demanda la eliminación del déficit fiscal en tres años; exige la continuidad del pago a los bancos de las Leliqs y otros instrumentos financieros, con tasas superiores a la inflación, lo que asegura las ganancias bancarias, las mismas que Alberto aseguró reducir para aumentar a los jubilados: Mentirosos!

CONSECUENCIAS DEL ACUERDO

Luego de un breve período de respiro, la economía del país quedará embretada en las tradicionales “condicionalidades” que impone el FMI. Ellas consolidarán nuestra sumisión, el estancamiento de la Nación y la pobreza del pueblo.
Nuestros bienes comunes, conocidos como recursos naturales, son la garantía del cumplimiento de la deuda, porque allí se “generan los dólares” que necesita el gobierno para pagar.
El saqueo extractivista y el atentado a la ecología social son la consecuencia directa e inmediata de este Acuerdo.

Las consecuencias políticas de este Acuerdo se harán sentir. Este acuerdo, como tantos otros, será incumplido a poco de andar. Más allá de algunas ventajas transitorias, el Programa surgido del tutelaje del FMI correrá la misma suerte que los anteriores.
Ignorando nuestra larga historia al respecto, sus efectos recaerán sobre las espaldas de nuestro pueblo y marcan el destino del actual gobierno.
El acuerdo de los “blandos” encabezados por el Presidente está acompañado por los “duros” que se referencian en la Vicepresidenta y la mayor parte de la oposición parlamentaria. Sus diferencias y las “grietas” no alcanzan a estos temas realmente importantes.
Los sindicatos y organizaciones sociales oficialistas corren el riesgo de hipotecar su futuro apoyando este acuerdo.

NUESTRA RESPUESTA: LA UNIDAD Y SUS BANDERAS

El oficialismo, la oposición partidocrática, las fuerzas económicas del poder y la prensa al servicio de estos sectores se han constituido en el PARTIDO UNICO DE LA DEUDA.
El Partido de gobierno, el sindicalismo y las organizaciones sociales que lo apoyan deben saber que quedarán marcados a fuego como los grandes responsables de haber intentado el saneamiento de una deuda odiosa y de un pago ilegal. Sobre ellos recaerá el peso histórico de esta entrega. A la probada complicidad de los legisladores le queda la oportunidad histórica de no convalidar con su voto la aprobación esta vergonzosa sumisión.
A los históricos enemigos del pueblo, solo les decimos que reflexionen sobre esta conducta que –de confirmarse- adelanta malos y peligrosos tiempos para toda la Patria.

Frente a ellos debe alzarse la máxima unidad popular posible. Que no nos corran con que Macri puede volver. Macri ya volvió, está en este acuerdo.
La deuda y este Acuerdo son el instrumento para endeudarnos, dominarnos y quedarse con nuestros bienes, por varias décadas.
La unidad necesaria tiene a la Autoconvocatoria como el lugar donde reunir todas las fuerzas en un Frente contra el FMI y el extractivismo.

¡Fuera el FMI!
La deuda es con los pueblos y la naturaleza

viernes, 21 de enero de 2022

ECONOMIA EL CAPITALISMO COMO SISTEMA MUNDIAL

 

Lenin estaba casi solo; fue «contra la corriente»

porque conocía una corriente más profunda.

Henri Lefebvre, ¿Qué es la dialéctica?

Lenin. Indomesticable. Indigerible. Hueso duro de roer. La sola mención de su nombre hace temblar a empresarios, banqueros, policías, militares, agentes de inteligencia.

A diferencia de otros integrantes de la familia marxista (que abarca en su pluralidad padres, madres, hermanos, tías, primos, abuelos, etc., con un inmenso parentesco en común y, a veces, con rencillas y disputas internas, como sucede en toda familia), Lenin constituye el elemento de la discordia. Es el verdadero parteaguas en las ciencias sociales y en la política contemporáneas. La cultura de las clases dominantes, entrenada en el ejercicio cotidiano de ejercer su hegemonía, intentó dulcificar, neutralizar e, incluso, fagocitar o incorporar a Walter Benjamin, a Antonio Gramsci, a Rosa Luxemburg, llegando al límite de manipular al mismo abuelo fundador de la familia, Karl Marx. Con Lenin jamás pudieron. Les sigue generando pánico, desesperación y horror.

No solo su pensamiento resulta impenetrable para la burguesía y el imperialismo a escala mundial, sino que Lenin se convirtió en el principal antídoto contra toda tentación eurocéntrica, enfermedad senil de la teoría marxista. A partir de su actuación, el socialismo, el comunismo y la revolución dejaron de ser propiedad de la población blanca y civilizada. Todavía resuenan las palabras de Ho Chi Minh cuando recordaba sus lágrimas de emoción al leer por primera vez a Lenin y descubrir que con el pensamiento del líder bolchevique el comunismo comenzaba a universalizarse de verdad, dejando de ser un artículo de consumo europeo, blanco, urbano, moderno y exclusivamente occidental. Con Lenin el comunismo pasó a ser de los amarillos, los indígenas, los negros, las clases subalternas y los pueblos sometidos del Tercer mundo. Lenin representa, por eso, el nexo indisoluble entre El Capital de Marx (la teoría del poder, la dominación y la explotación en su máximo nivel de abstracción teórica) y la especificidad de las formaciones económico sociales de Nuestra América.

Su teoría del capitalismo como sistema mundial, hoy globalizado a niveles inimaginables, está condensada en su obra Imperialismo, fase superior del capitalismo (1916), obra que tiene más de un siglo. En muchas de sus tesis es posible hallar nexos articuladores entre la teoría de la crisis general y estructural del capitalismo, la abultada agenda de la revolución internacional y los problemas específicos de la dependencia latinoamericana y la revolución tercermundista.

¿HAY UN SOLO LENIN?

La respuesta a la pregunta que encabeza este epígrafe es evidentemente negativa. Como hipótesis de trabajo se asume que existen muchos Lenin. No solo porque su obra fue variando al calor y al ritmo de la lucha de clases, sino porque las apropiaciones posteriores priorizaron un aspecto de su obra por sobre otro, según el ángulo político de sus interlocutores o seguidores. No es el mismo Lenin el joven que comenzó a estudiar El Capital a los 18 años,(1) el que luchaba en 1894 contra el populismo ruso tardío y postulaba a Marx como el fundador objetivista de la sociología y las ciencias sociales (sin haber estudiado todavía a Hegel). El que a comienzos del siglo xx se convierte en teórico de la organización revolucionaria con su inolvidable ¿Qué hacer? (texto en el cual los medios de comunicación son fundamentales para el pensador bolchevique); el que reflexiona sobre la insurrección de 1905; el teórico del abstencionismo, la organización clandestina y la guerra de guerrillas; el que polemiza durante 1908 con fracciones liquidacionistas en el exilio, seducidas por el neopositivismo de Mach y Avenarius; el que rompe con sus maestros Plejanov y Kautsky (tanto en la teoría como en la práctica) mientras recopila y reconstruye la correspondencia incendiaria de Marx con Kugelmann. El que polemiza con su admirada camarada Rosa Luxemburg. El que durante la primera guerra mundial estudia en las bibliotecas de Zurich la Ciencia de la Lógica de Hegel (revisando sus propios libros anteriores). El que lee y anota en ese tiempo De la guerra de Clausewitz, El capital financiero de Hilferding, El estudio del imperialismo de Hobson y construye, mientras tanto, su propia teoría del imperialismo que vio la luz en 1916. El que sistematiza la teoría marxista del Estado a partir de sus análisis de la obra de Marx y Engels, al calor de la Comuna de París. El que regresa en el famoso tren blindado y plantea las rupturistas e iconoclastas Tesis de abril en 1917 (que descolocan a todo el Comité Central bolchevique). El que prepara la insurrección de octubre del mismo año; el que comanda la guerra civil y vence con el comunismo de guerra a varios ejércitos invasores; el fundador de la Internacional Comunista. El que no le queda más remedio que retroceder económicamente con la Nueva Política Económica (NEP) y cambiar la estrategia internacional adoptando el frente único. El que profundamente enfermo deja -ya sin poder escribir con sus propias manos- un testamento donde alerta sobre las enormes dificultades de los demás miembros del comité central para dirigir el partido bolchevique y el estado soviético (Lenin, 1974b; 1987).

¿Fue siempre el mismo Lenin? Sí y no. Fue invariablemente el mismo revolucionario indomesticable, radical, inclaudicable. Desde muy joven, hasta su muerte en enero de 1924, tuvo las mismas aspiraciones que jamás abandonaría: cambiar el mundo, demoler las instituciones capitalistas y emancipar, mediante la revolución y el socialismo, a todos los oprimidos y explotadas de la historia. Pero su obra fue cambiando, se fue enriqueciendo y complejizando, con énfasis en uno u otro aspecto de la realidad y de la teoría según el análisis concreto de la situación concreta y según los variados niveles de la relación de fuerzas en el enfrentamiento de las clases sociales, tanto a nivel internacional como a escala nacional. Por tal razón reducir a Lenin a un solo libro, a una sola frase, traiciona o, por lo menos deforma y petrifica, el espíritu de su pensamiento en permanente ebullición.(2)

¿DESDE DÓNDE LEER A LENIN?

Si se acepta, al menos como hipótesis, que no existe un único Lenin -canonizado a posteriori a gusto y piacere del buen consumidor, según las conveniencias y oportunidades del momento-, ¿desde dónde leer a este gran maestro de revolucionarios? Cada quien lo hará desde sus propios intereses y posiciones políticas. Y no está mal, es inevitable.

Este artículo propone solo un ángulo entre muchos: el estudio y, por ende, la reivindicación de su escandalosa vigencia. Lenin supone para este análisis la mirada que sobre él han tenido varios lectores de su obra. A continuación mencionamos solo unos pocos. En cada uno de los libros referenciados se ofrece un Lenin diferente:

  1. Che Guevara: Apuntes críticos a la economía política (2006)

  2. Roque Dalton: Un libro rojo para Lenin (1986)

  3. Ruy Mauro Marini: tal como este se vale de sus categorías, hipótesis y teorías en sus obras Subdesarrollo y Revolución (1969), Dialéctica de la dependencia (1974) y en su polémico artículo Luz y sombra: perspectiva del eurocomunismo (1979).

  4. Antonio Gramsci: Cuadernos de la cárcel (1927-1937), principalmente el de los Cuadernos 11 y 13. En estos dos últimos Lenin se convierte para el mundo «en el máximo y principal filósofo de la praxis» y en el gran teórico del poder y la política; entendidos como dos relaciones, pero no relaciones «en general» como las de Foucault, sino relaciones de poder y de fuerza entre las clases sociales; y, al mismo tiempo, se convierte también en el pensador más original -continuador desde el ángulo proletario de las pioneras reflexiones burguesas de Nicolás Maquiavelo- sobre las «situaciones revolucionarias». Estas tesis de Gramsci se adelantan cuarenta años a las del famoso Michel Foucault, aunque la academia se niegue a reconocerlo.

  5. György Lukács: ofrece otra mirada sobre el político ruso, a quien sintetizó y condensó de una forma fabulosa en su obra Lenin: la coherencia de su pensamiento (1924).

  6. A esta lista de clásicos europeos y latinoamericanos es oportuno agregar un texto, muchas veces desconocido u olvidado, pero no de menor importancia, resultado del IV congreso del Partido Revolucionario de los Trabajadores de Argentina (PRT): El marxismo y la cuestión del poder (1968). En este, la obra y el pensamiento de Lenin se insertan en una larga secuencia de pensadores del poder. Lenin se convierte en la figura que logra solucionar, al menos para el Tercer Mundo, una parte significativa de los enigmas irresueltos que dejó abiertos Engels en su «testamento político»: Prólogo a «La lucha de clases en Francia» (1895).

SU TEORÍA SOBRE EL IMPERIALISMO, UN SIGLO DESPUÉS

Aunque este pequeño ensayo pretende rememorar a Lenin e invitar a estudiarlo, no puede desconocer diversas impugnaciones, demonizaciones y supuestas superaciones que circulan, principalmente a nivel académico, pero también, en algunos segmentos de la izquierda, a veces seguidores de modas que circulan en el mercado de las ideas según el último grito, sin preguntarse ¿quién lo da?(3)

De toda esa masa literaria que enfoca sus cañones contra Lenin, merece mencionarse en el ámbito local el nombre de Ernesto Laclau (perteneciente a la denominada izquierda nacional, primero, luego en Europa devenido posmoderno, finalmente, durante la última década, kirchnerista). Con menor prestigio y repercusión que este antiguo discípulo de Abelardo Ramos (reciclado como neogramsciano, partidario del último Wittgenstein y de Derrida) pero con igual encono contra Lenin, está el volumen colectivo compilado por Werner Bonefeld y Sergio Tischler, de factura nítidamente autonomista, con pretensiones neozapatistas (Bonefeld y Tischler, 2002). En el caso específico de la impugnación contra la teoría leninista del imperialismo, puede citarse a J. Warren y John Weeks, resumidas en la voz «Imperialismo y mercado mundial» del célebre diccionario de Bottomore (1984).(4)

Dejando a un lado todo ese arsenal antileninista, que goza del aplauso mediático, el financiamiento «desinteresado» de ONGs y otras fundaciones «filantrópicas» y la celebración académica, se hace necesario volver sobre la hipótesis de fondo del presente artículo. El imperialismo, fase superior del capitalismo constituye en el pensamiento de Lenin un punto de llegada, tanto a nivel teórico como político.(5)

En el plano de la investigación teórica Lenin se internó largo tiempo, exiliado, en la Biblioteca de Zurich (Suiza) para poder comprender, en primer lugar, las transformaciones propias del capitalismo que derivaron de la Primera Guerra Mundial y, en un segundo momento, las razones íntimas que imposibilitaron a la Internacional Socialista (donde militaba, junto a otros, con Rosa Luxemburg) comprender la naturaleza de la guerra imperialista y adoptar una posición digna e internacionalista ante ella.

En dicha biblioteca, ya desde 1915, Lenin elaboraba 15 cuadernos en los que extracta 148 libros, (106 en alemán, 23 en francés, 17 en inglés y 2 traducidos al ruso); 232 artículos de 49 publicaciones periódicas (206 de ellos en alemán, 3 en francés y 13 en inglés) (Aguilar, 1983, p. 86). Esos trabajos, pulidos y transitados en el laboratorio mental de Lenin, hablan de la seriedad con la que trabajaba e investigaba (tan distante de la frivolidad posmoderna y la retórica vacía y superficial del posestructuralismo contemporáneo) (Lenin, 1984).

Dentro de ese material deben destacarse, como mínimo, cuatro obras: tres libros (John A. Hobson: Estudio del imperialismo de 1902, Rudolf Hilferding: El capital financiero -1909, traducido al ruso en Moscú en 1912-; Rosa Luxemburg: La acumulación del capital -1912-) y el artículo de Nicolai Bujarin, prologado por Lenin: La economía mundial y el imperialismo (1915). A esos textos Lenin le agrega la utilización de muchos otros, como los escritos y análisis de Heymann, Herman Levy, Vogelstein, Riesser, Kestner, Liefmann, Tafel, Lansburght, Kaufmann, Schulze-Gaevernitz, Stillich, Sombart y Lysis (de quien adopta la expresión oligarquía financiera), entre muchísimos otros.

Pero El imperialismo, fase superior del capitalismo va mucho más allá de esas fuentes primarias, repletas de estadísticas y análisis empíricos sobre la centralización y acumulación del capital. En dicha obra Lenin fusiona en una misma teoría diversos paradigmas, desbordando, por mucho, la literatura económica consultada en la biblioteca de Zurich. Su texto, que tiene una prosa simple ya que fue escrito con fines militantes, contiene tesis de fondo que aún hoy merecen ser discutidas (demostrando, una vez más, que la profundidad y agudeza de pensamiento no necesariamente deben ir acompañadas de una prosa barroca, críptica e inaccesible al común de los mortales).

La teoría leninista del capitalismo entendido no como sumatoria mecánica de formaciones sociales nacionales, inconexas y yuxtapuestas, sino como un sistema mundial, polarizante y jerárquico de la dominación entre sociedades y naciones, conforma un cuadro general de la economía capitalista mundial; unidad de análisis que corresponde a la categoría dialéctica más concreta según los diversos planes de investigación de Karl Marx en sus Grundrisse (1857-1858), con la plasmación de una teoría de la guerra mundial, continuación violenta de la política bajo otros medios de ejercicio de fuerza material que evidentemente adopta de Clausewitz (Lenin, Ancona, et al., 1979, pp. 49-98).6

IMPERIALISMO, GUERRA Y DIALÉCTICA

«Sistema capitalista mundial» y «guerra mundial» son nociones que solo pueden ser comprendidas a partir de la teoría leninista del «desarrollo desigual y a saltos» (Lenin, 1960, p. 458),7 por cuanto las contradicciones, jerarquías y dominaciones de aquellos se produce entre países imperialistas, dependientes, semicoloniales y coloniales. Dichos saltos cualitativos en la historia (de la libre competencia al monopolio, de la hegemonía del capital industrial a la fusión y ensamble del capital industrial con el bancario bajo la égida absoluta del capital financiero, de la «paz» como dominio internacional estable entre naciones a la guerra abierta por el reparto de los mercados y recursos naturales, de la anarquía a la planificación, del sindicato poroficio al sindicato por rama industrial, etc.), solo pueden ser comprendidos a partir de una lógica en la cual la identidad se transforma en diferencia, una en contraposición y otra en antagonismo. Esto dio vida a la contradicción como el motor principal del movimiento del conjunto del sistema. No fue la lógica clásica de Aristóteles ni la lógica matemática del círculo de Viena (por entonces en boga) las que permitieron entender semejante confrontación mundial capitalista. Por no comprender dichos saltos cualitativos la vieja socialdemocracia quedó prisionera de su mentalidad, propia de tiempos de estabilidad relativa del capitalismo decimonónico, sin poder entender el estallido de la crisis aguda, la emergencia de la guerra y la aparición de situaciones revolucionarias que abrían la puerta a la guerra civil revolucionaria.

Para comprender estos saltos cualitativos del sistema mundial capitalista que marcaron a fuego el cambio de siglo, Lenin eligió en esos años estudiar a fondo la Ciencia de la Lógica de Hegel, que Marx había empleado en la redacción de El Capital, como sustrato clave para desplegar la noción de identidad contradictoria de la mercancía que ya, en su forma social más simple, encerraba la posibilidad de la crisis capitalista y el estallido bélico de la confrontación entre las clases y entre las naciones opresoras y oprimidas. No casualmente en el epílogo de 1873 a la segunda edición alemana de El Capital fue Marx quien hizo explícito ese uso de la lógica dialéctica en su gran obra, llegando a declararse, sin ambigüedad alguna, como discípulo de Hegel, cuando en toda la filosofía oficial de Alemania de aquel tiempo (de manera análoga a lo que sucede en la actualidad bajo influjo posmoderno y posestructuralista) se declaraba a Hegel como «un perro muerto». En medio de la monstruosa acumulación y centralización de capitales financieros y de la Primera Guerra Mundial, Lenin leyó aquellos 148 libros y 232 artículos de economía política, mientras estudiaba y comentaba la Ciencia de la Lógica de Hegel. Los resultados fueron sus hoy célebres Cuadernos filosóficos (Lenin, 1974a).1 La conclusión a la que llegó Lenin en ese análisis fue la siguiente: «Es completamente imposible entender El Capital de Marx, y en especial su primer capítulo, sin haber estudiado y entendido a fondo toda la Lógica de Hegel. ¡Por consiguiente, hace medio siglo ninguno de los marxistas entendió a Marx!» (Lenin, 1974a, p. 168).2

El imperialismo, fase superior del capitalismo condensa toda la literatura económica del momento (desde la socialista y marxista hasta las estadísticas burguesas de los propios ideólogos de los bancos capitalistas), conjugándolos con la teoría de la guerra de Clausewitz y la lógica dialéctica de Hegel. Constelación, ya rica y sumamente compleja de por sí, a la que Lenin le agrega una aguda lectura de los escritos de Marx sobre la cuestión nacional irlandesa, lo que lo llevó a publicar su célebre tesis: «La revolución socialista y el derecho de las naciones a la autodeterminación» (1916) -en la que reaparece la frase del indígena peruano Dionisio Yupanqui, pronunciada en las Cortes de Cádiz a comienzos del siglo xix, leída y asumida como propia por Marx cuando estudiaba la revolución española: «un pueblo que oprime a otro pueblo no puede ser libre». La teoría leninista del imperialismo tiene como correlato necesario e ineludible la reivindicación de las guerras antimperialistas de liberación nacional y el derecho de las naciones oprimidas a su autodeterminación. De este modo inicia una apertura mental en el marxismo mundial hacia el mundo periférico, colonial y dependiente, alivianando, por fin, los hombros civilizados de «la pesada carga del hombre blanco» y su «deber de llevar la civilización» a los pueblos sometidos del Tercer Mundo. A partir de allí el marxismo se universaliza verdaderamente y el campo de batalla contra la dominación del capitalismo abarca todo el orbe, no simplemente Francia, Alemania, Inglaterra y Estados Unidos.

LAS TESIS CENTRALES SOBRE EL IMPERIALISMO

Lenin, estudioso obsesivo, pensador riguroso y revolucionario radical, escribió para la militancia popular. Por eso solía sintetizar y resumir sus conclusiones de modo que fueran comprensibles para la mayoría. De esa forma, resume en cinco conclusiones -incluso enumerándolas, porque hasta allí llegaba su pedagogía popular- el corolario de sus extensos, detallados y agudos estudios sobre la teoría del imperialismo. Según su propia pluma, sus cinco rasgos centrales eran los siguientes:

  1. Concentración de la producción y del capital hasta un grado tan elevado de desarrollo que generó monopolios, los cuales desempeñan un papel decisivo en la vida económica.

  2. Fusión del capital bancario con el industrial y creación, sobre la base de este capital financiero, de la oligarquía financiera.

  3. Exportación de capitales que, a diferencia de la exportación de mercancías, adquiere una importancia particularmente grande.

  4. Formación de asociaciones internacionales monopolistas, las cuales se reparten el mundo.

  5. Terminación del reparto territorial del mundo entre las potencias capitalistas más importantes (Lenin, 1960, p. 487).

A estas tesis centrales Lenin agregó muchas otras de menor rango explicativo pero no menor importancia política, como la cooptación de la aristocracia obrera en los países imperialistas, fracciones de la clase trabajadora a las cuales se les inocula el oportunismo político y la falta de internacionalismo a cambio de migajas coloniales y fracciones insignificantes de plusvalor extraído del Tercer Mundo.

Lenin detalló una larga serie de secuencias explicativas asociadas a aquellas tesis centrales. Por ejemplo se pregunta de dónde emerge la economía mundial y el imperialismo. Su respuesta, basada en abrumadores pruebas empíricas y en los capítulos XXII y XXIII de El Capital de Karl Marx, sostiene que dicha transformación del sistema capitalista constituye un producto de la tendencia a la acumulación, concentración y centralización de capitales, de donde se generan trust, cárteles y monopolios bajo predominio y hegemonía del capital financiero. Los monopolios son definidos como la fusión o ensambladura de bancos, industrias y Estados; por lo tanto, no son única ni exclusivamente entidades económicas, sino que también incluyen elementos propios de orden político e, incluso, político-militar. La exportación de capitales (no solo de mercancías, aunque contribuye a la extorsión de los países dependientes para que compren mercancías de los países imperialistas) se realiza y se vuelca en ramas industriales socializadas y reguladas según un plan. Aunque el sistema capitalista mundial continúa regido por la racionalidad de la parte que se impone sobre la irracionalidad del conjunto, existen ramas y sectores específicos de lo que hoy se denomina cadena de valor donde la planificación corre pareja con la anarquía y el despilfarro generalizados del trabajo social global. Dentro de ese horizonte imperialista, el reinado de los monopolios multinacionales perpetúa la conquista de materias primas y recursos naturales, principalmente en la periferia dependiente. Desde el punto de vista político, eso presupone la corrupción de la aristocracia obrera y el oportunismo como ideología legitimadora dentro de las clases explotadas en las metrópolis imperiales. ¿Cómo entender si no el apoyo entusiasta de grandes segmentos de la clase obrera europea y estadounidense a los bombardeos genocidas de poblaciones indefensas en el Tercer Mundo, todavía hoy en pleno siglo XXI?

La apropiación y prolongación de Lenin por parte de Ruy Mauro Marini y la teoría marxista de la dependencia

Un antiguo y añejo debate medieval entre realistas y nominalistas dejó entre sus principales conclusiones que suprimir una palabra del lenguaje no elimina la realidad que este término designa. Por lo tanto, cancelar la noción de dependencia o proscribir la expresión imperialismo en el ámbito de las ciencias sociales de ningún modo anula los procesos que dichas expresiones -centrales en las ciencias sociales y, en particular, en la teoría leninista del sistema mundial- pretenden explicar. La cruel realidad capitalista de nuestros días se resiste a ser deglutida alegremente por el giro lingüístico.

Habiendo pasado ya más de cuarenta años desde que el eurocomunismo, la socialdemocracia y sus diversas modulaciones ideológicas, principalmente asociadas a las metafísicas post-1968, fueron hilvanando para domesticar, dulcificar y volver más light la teoría social crítica, quizás haya llegado la hora de recuperar las corrientes más radicales de la teoría social latinoamericana. Aquella que intentó apropiarse de Lenin para estudiar y discutir críticamente el carácter y los conflictos de las formaciones sociales del capitalismo latinoamericano. Entre ellas sobresale la obra del militante revolucionario de origen brasilero Ruy Mauro Marini (1932-1997).

Aprovechando las oquedades que Lenin dejó en su Dialéctica de la dependencia (1974), provocación a las nuevas generaciones revolucionarias, Marini volvió a recuperar la perspectiva internacionalista propiciada por Lenin para las ciencias sociales. Lo hizo mucho antes de que se pusiera de moda el término globalización e, incluso, alcanzó el cenit de su fama y prestigio con la teoría del moderno sistema mundial de Wallerstein.

El contexto general en que Marini elabora los fundamentos de su lectura marxista del capitalismo está marcado por el auge de las revoluciones antimperialistas y anticoloniales del Tercer Mundo, la guerra de Vietnam, la Revolución cubana y la fuerza expansiva de las insurgencias latinoamericanas, de las cuales fue uno de sus principales intelectuales orgánicos. En su caso particular, el golpe de estado de 1964 en Brasil acelera su radicalización política, pero no la desencadena, pues es posible constatar que desde antes ya Marini tenía una producción de este corte y la continuaría desarrollando durante y después del golpe.3

Si tanto Lenin como Marini resumieron en sus análisis del régimen capitalista el carácter asimétrico entre las formaciones sociales, los niveles de dominaciones, conflictos, guerras y explotaciones, siempre ubicaron su eje metodológico en un plano a escala de sistema mundial.4

Coincidiendo en esa perspectiva metodológica general -que no es otra que la propugnada por Marx desde sus Grundrisse-, Lenin y Marini abordaron el sistema mundial por diversas vías, destacando en cada caso ángulos diversos y complementarios de dicho sistema. Si Lenin fue el gran teórico del imperialismo en sus centros imperiales, Marini incursionó por el lado opuesto a dicha relación, es decir, abordó el mismo problema y las mismas interrogaciones desde la perspectiva de la dependencia (también presente en los escritos de Lenin). Desde ambos escorzos, complementarios y mutuamente interdependientes, exploraron las diversas «vueltas de tuerca» que el modo de producción capitalista recorre de manera directa, en algunas ocasiones, de modo indirecto, en otras; en su implementación de la ley del valor y en su caída de la tasa de ganancia. Ambos autores coinciden en que la mencionada ley constituye el corazón de El Capital.5

Sin embargo, ambos también afirman que su imperio se ejerció no de modo directo y lineal (como podría suponer una lectura superficial, despolitizada e ingenua de El Capital), sino a través de enrevesados mecanismos. Por ejemplo, Lenin consideraba que la concentración y centralización de capitales bajo la hegemonía de la oligarquía financiera otorgaba un rol central en la economía contemporánea a los monopolios capitalistas y que estos, a su vez, compitiendo entre sí por los mercados a escala internacional, a través de la ley del valor aplicaban la planificación al interior de la rama de producción y el sector de la economía que controlaban.

Por su parte Marini sostiene, con leve matiz, que la ley del valor rige en cada sector y rama de producción de la cadena de valor, pero se transgrede al intercambiar entre diversas esferas, lo cual permite transferir valor (léase ceder gratis una parte del valor y el plusvalor extraído a la clase obrera y a su fuerza de trabajo explotada). Dicha transferencia de valor no se debe únicamente al deterioro de los términos del intercambio (como afirmaba ya largo tiempo atrás la CEPAL e intelectuales desarrollistas como Raúl Prebisch). Tampoco exclusivamente a una mayor productividad presente en las economías capitalistas metropolitanas, como hasta el día de hoy insiste el marxismo más ortodoxo (notablemente eurocéntrico: pues jamás explica cómo dos fábricas análogas y clones, pertenecientes a la misma firma y al mismo monopolio capitalista, manejando igual tecnología e idéntico capital constante, pagan salarios notablemente diferenciables en formaciones sociales distintas, ¡con la misma tecnología y exactamente con la misma productividad técnica!).

La transferencia de valor, entonces, se debería a una combinación de ambas, ya que la recolonización y la rapiña feroz de los recursos naturales del Tercer Mundo -que no ha desaparecido hasta el día de hoy, excepto para quien solamente mire noticieros de la TV burguesa o a lea los periódicos del sistema- posibilitó la reducción de precios de mercancías producidas por los monopolios. Además de la reducción en inversión en capital constante, la reducción en inversión en capital variable y, por ende, de este modo se contrarresta (momentáneamente) la caída de la tasa de ganancia, cáncer que corroe desde adentro al sistema capitalista mundial.

Si Lenin enfatizó el análisis de un polo del sistema capitalista mundial en su fase imperialista, justamente aquel que estaba encabezando la primera guerra mundial cuando él estudiaba y analizaba el fenómeno, Marini enfatizó y exploró el otro polo de la misma ecuación. El «fuerte» de su teoría está situado, precisamente, en el estudio del capitalismo dependiente, sus ciclos de reproducción y acumulación, los desfases entre producción y consumo y, principalmente, los mecanismos de compensación que las burguesías lumpen y dependientes ejercen, a través de la superexplotación de la fuerza de trabajo de sus proletariados y otras clases subalternas, para atemperar cada nuevo ciclo ampliado de dependencia capitalista, bajo el horizonte de la crisis general del capitalismo en su fase imperialista. Por lo tanto, intercambio desigual y dependencia, subordinación al imperialismo y superexplotación de la fuerza de trabajo, constituyen hipótesis mutuamente interconectadas en la investigación marxista de Ruy Mauro Marini. Solo al riesgo de la caricatura pueden deshilvanarse como si fueran yuxtapuestas. Y todas ellas, además, ni anulan ni degradan, sino que complementan, el análisis macro que Lenin hiciera del imperialismo como sistema mundial en expansión. No es casual que la conclusión política de ambos autores -derivadas en los dos casos de sus investigaciones empíricas y teóricas, pero también de su identidad política-ideológica militante de la causa del marxismo revolucionario- apunten a promover una revolución socialista de alcance mundial, sin jamás conformarse con cambios parciales a escala regional o nacional.

PREGUNTAS ABIERTAS EN LA AGENDA CONTEMPORÁNEA

La sociedad actual está cada vez más hiperconectada, contaminada e inundada de vínculos líquidos, al decir de Bauman, hasta en sus fueros más íntimos y cotidianos (la amistad, el amor, los nexos sociales y familiares). No obstante, aunque la obra de Lenin sobre el imperialismo cumple un siglo y la de Ruy Mauro Marini más de cuarenta años, las preguntas formuladas a escala macro que abrió el político asiático, y los análisis y los desarrollos específicos que exploró el brasilero (para volver observables cómo se cumplían y que rol específico asumían en las formaciones sociales y los análisis generales de Lenin), continúan interpelando los oídos contemporáneos.

¿Este sistema capitalista internacional de relaciones de explotación, jerarquía y dominaciones varias, así como el escandaloso reparto del mundo han dejado de tener lugar? ¿Vivimos, como sostuvieron en Imperio (2000) Hardt y Negri, un capitalismo plano y homogéneo, sin centros ni periferias, sin subordinaciones ni dependencias, donde todas las sociedades poseen un desarrollo con diferencias meramente cuantitativas y sus formaciones sociales son fácil y amablemente intercambiables? (Kohan, 2002; 2005). ¿Ha dejado de tener lugar la conquista de los territorios dependientes y la expropiación / desposesión de sus recursos naturales? ¿Ya no hay superexplotación? ¿Se evaporó la asimetría del sistema mundial? ¿Ya no se producen guerras por el petróleo y otros recursos no renovables como el gas, el agua, la biodiversidad, y demás? ¿La emisión de valores financieros y derivados y la fabricación artificial de deudas externas han dejado de ser mecanismos de expoliación y disciplina social? ¿Ya no hay dependencia entre las sociedades? ¿Se acabaron los golpes de Estado y las intervenciones militares y de inteligencia en los asuntos internos de países débiles? ¿No existen más opresiones nacionales y todo el mundo goza de autonomía cultural, lingüística y nacional? ¿Qué características asume el comercio internacional? ¿Desaparecieron las contradicciones antagónicas y el sentido mismo de la revolución socialista quedó recluido en el museo de la historia? ¿Ya no tiene validez la resistencia contra el imperialismo?

Cualquiera sea la respuesta a cada una de estas interrogantes y se mantenga, o no, la simpatía o la antipatía por Lenin, Marini y sus partidarios, las preguntas de ambos permanecen abiertas y merecen ser incluidas en la agenda contemporánea por parte de las ciencias sociales y de la militancia popular de forma prioritaria, como uno de los principales problemas a resolver.

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(Diario Granma)

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