sábado, 15 de diciembre de 2012

Uruguay Secundaria Denuncian a desertores pero nadie los sanciona



PABLO MELGAR
La ley obliga a los padres a enviar a sus hijos a estudiar, pero en los hechos no se aplican sanciones a quienes la incumplen. Los organismos de asistencia social que exigen contraprestaciones registran pocos casos de suspensión de los beneficios.
Pocas veces el Banco de Previsión Social (BPS) resolvió suspender la asignación familiar a las familias que no envían sus hijos a estudiar. El director del BPS Ariel Ferrari dijo que "son muy pocos los casos" en que se suspendió la prestación a familias con hijos en Primaria y agregó que no recuerda situaciones de ese tipo en alumnos de Secundaria.
Ferrari aclaró que la suspensión de esa prestación no es un asunto que defina el directorio y que los encargados de manejar esos asuntos son las dependencias específicas del BPS.
En tanto, el director general de Secundaria, Juan Pedro Tinetto, consignó a El País que no recuerda casos en que el Poder Judicial haya obligado a los padres a enviar sus hijos a estudiar. "No alcanza con leyes o decretos para instrumentar la idea que la educación es obligatoria, tiene que estar en la cultura de los padres", agregó.
Fuentes de Secundaria señalaron a El País que subsiste un "vacío legal" para el manejo de estos casos. Por eso cada director actúa de acuerdo a su criterio con el resto de la comunidad educativa.
No obstante, se entiende que por ser funcionarios públicos los docentes están obligados a denunciar a la Justicia las situaciones que presuman reñidas con la ley, como es la ausencia de los estudiantes de los centros educativos.
Por ello la reacción de los directores es dispar y va desde la denuncia ante el Poder Judicial hasta la visita a los hogares de los alumnos que desertan. Un caso que llamó la atención en Secundaria fue el que protagonizó el director del liceo 4 de Maldonado, Ángel Ramos, que presentó ante la Justicia un listado de 25 alumnos que no concurren al centro educativo.
En ese caso el director fernandino se amparo en que la ley de educación marca la obligatoriedad de cumplir con el ciclo de Educación Media.
Tinetto respaldó al director del Maldonado y afirmó que es una medida "saludable para el sistema educativo".
Por su parte, el director del liceo 3 de Fray Bentos, Carlos Estigarribia, viene notificando a la Policía Comunitaria las deserciones estudiantiles. Hasta ahora lleva por lo menos 20 casos. "Tenemos tres pasos cuando los jóvenes dejan de concurrir. El primero es llamarlos, el segundo es ir hasta la casa y si aun así vemos que no responden, acudimos a la Policía Comunitaria que nos ha dado un resultado enorme", indicó Estigarribia a El País.
El director del liceo de Fray Bentos señaló que el principal motivo de deserción se da por la desintegración familiar.
"En la mayoría de los casos, nos hemos encontrado que por falta de trabajo, los padres deben dejar el hogar para irse a otras ciudades. Entonces, los jóvenes pasan a ocupar el rol de padre ante los hermanos menores y pierden interés o no tienen tiempo para estudiar", dijo Estigarribia.
Tres veces al año Secundaria remite al Ministerio de Desarrollo Social (Mides) un informe sobre el ausentismo de los alumnos cuyas familias son beneficiarios de planes sociales.
Con esa información el Mides aplica distintas medidas según el caso. Cuando los alumnos abandonan definitivamente las clases, el Mides puede llegar a quitar los subsidios a sus familias.
En el liceo 2 de Rivera buscaron que el Mides respaldara la gestión de recuperación de alumnos que no iban al liceo. La dirección pidió por escrito al Mides que "adoptara las medidas pertinentes". El representante local del Mides respondió con una interrogante: "¿cuáles son esas medidas?", según confirmaron docentes del liceo 2 de Rivera. (Producción: red de corresponsales en el interior de El País).

Conflicto en el inicio de clases

La asamblea general de delegados de la Federación de Profesores de Secundaria (Fenapes) amenazó con trancar el inicio de clases del año próximo. En tal sentido, reclama que se concreten las obras de infraestructura y se cumpla con el calendario de elección de horas docentes y de directores y subdirectores interinos.
Fenapes advirtió que no admitirá que los cursos "comiencen, una vez más, sin tener el marco necesario para asegurar las mejores condiciones de aprendizaje para nuestros estudiantes y de trabajo para los docentes".
Por otro lado, el sindicato reclama que se analice con "realismo" la fecha de inicio de clases para el año próximo.
"Reclamamos a las autoridades de la educación se analice de forma realista la fecha de inicio de cursos", dice la declaración aprobada ayer.
El director de Secundaria, Juan Pedro Tinetto, dijo a El País que el Codicen maneja comenzar todos los cursos el 1° de marzo de 2013.
Durante la semana próxima el Codicen tomará una decisión concreta en ese sentido, adelantó Tinetto. La declaración de la asamblea de Fenapes señala que el inicio de cursos no depende de ellos sino del Codicen, Secundaria y "el conjunto del gobierno".

Por qué la economía mundial no se recupera?

 Un mundo sin el Minotauro Global
Yanis Varoufakis · · · · ·
 
11/11/12
 

Han pasado dos años desde que se escribió la primera edición de El Minotauro Global. El pronóstico hecho allí no auguraba nada bueno para la bestia. ¿Ha confirmado lo ocurrido desde entonces que las heridas del Minotauro Global eran demasiado profundas como para permitirle seguir con su milagroso reciclaje del excedente global? ¿Sigue siendo esa la mejor explicación disponible para entender por qué la economía norteamericana, la europea y aun el conjunto de la economía mundial se tambalean? ¿Para entender por qué la inseguridad generalizada se ha convertido en la "nueva normalidad"? Esas son las cuestiones que me planteo en la segunda edición del libro.
Para ser digna de una estimación seria, una teoría sobre lo que funcionó mal en la economía global no sólo debe ofrecer una explicación lógica del pasado; está también obligada a describir los desarrollos futuros que podrían refutarla. A la vista de lo ocurrido durante estos dos últimos años, ¿pasa la prueba el argumento central de este libro? Antes de responder a esta cuestión, será útil reformular con claridad (y con ayuda de un diagrama) la "Hipótesis del Minotauro Global" que subyace al libro. Tras recordar al lector la hipótesis, pasaremos revista a una serie de "hechos" que habrían refutado la hipótesis, caso de suceder. Como espero mostrar luego, el sentido explicativo originario, la Hipótesis del Minotauro Global, sobrevive muy bien a la prueba de refutación. Y al pasar esa prueba, arroja una útil luz sobre los debates políticos actuales en el drama que se desarrolla ante nuestros ojos por tres vías paralelas: Norteamérica, Europa, China.
La Hipótesis del Minotauro Global: un sumario [1]
A partir de los años 70 los EEUU comenzaron a absorber una gran porción del excedente de productos industriales del resto del mundo. Las importaciones netas norteamericanas eran, naturalmente, las exportaciones netas de países excedentarios como Alemania, Japón y China; su principal fuente de demanda. A su vez, los beneficios obtenidos por los empresarios de las naciones excedentarias regresaban diariamente a Wall Street en busca de mayores retornos. Wall Street, entonces, se servía de esos aflujos de capital extranjero para tres cosas: a) proporcionar crédito a los consumidores norteamericanos; b) invertir directamente en las grandes corporaciones empresariales norteamericanas; y por supuesto, c) comprar bonos del Tesoro estadounidense (es decir, financiar los déficits del gobierno norteamericano).
Central en este Mecanismo de Reciclaje del Exdedente Global al que he llamado Minotauro Global eran los dos déficits gargantuescos de los EEUU: el déficit comercial y el déficit presupuestario del gobierno federal. Sin ellos, sostenía en mi libro, el flujo circular global de bienes y capital (véase, más abajo, el diagrama) no habría "cerrado", lo que habría traído consigo la desestabilización de la economía global.
Este sistema de reciclaje quebró, porque Wall Street se aprovechó de su posición central en él para construir colosales pirámides de dinero privado a partir de los beneficios netos que afluían a los EEUU procedentes del resto del mundo. El proceso de creación de dinero privado por parte de los bancos de Wall Street, también conocido como financiarización, inyectó mucha energía en el esquema de reciclaje, en la medida en que rezumaba vitalidad financiera permanentemente renovada, lo que alimentaba un nivel de demanda más y más acelerado en los EEUU, en Europa (cuyos bancos no tardaron en subirse al carro de la creación privada de dinero) y Asia. Pero eso fue lo que trajo consigo su quiebra.
DIAGRAMA:

Cuando, en otoño de 2008, las pirámides de dinero privado erigidas por Wall Street se autoconsumieron convirtiéndose en ceniza, se desvaneció también la capacidad de Wall Street para seguir "cerrando" el círculo del reciclaje global. El sector bancario norteamericano ya no podía seguir utilizando los dos déficits gemelos de los EEUU (comercial y presupuestario), a fin de financiar una demanda norteamericana suficiente para mantener a flote las exportaciones netas del resto del mundo (un proceso de financiación que, hasta el otoño de 2008, aprovechaba los beneficios excedentarios del resto del mundo generados por esas exportaciones netas). A partir de ese negro momento, la resultaría imposible a la economía mundial recuperar posición: y no podrá hacerlo en lo venidero, sin un Mecanismo de Reciclaje del Excedente Global (MREG) que venga a reemplazar al Minotauro Global herido de muerte.
Tal era, en substancia, la hipótesis central de la primera edición del libro. ¿Pasó la prueba de la historia?
El Minotauro ha muerto, ¡larga vida a los déficits norteamericanos!
Si la economía global hubiera conseguido hacer pie y recuperar posición sin algún MREG que viniera a reemplazar al Minotauro, no habría habido segunda edición de este libro; habrían bastado unas disculpas por haber publicado la primera. Análogamente, si la Eurozona se hubiera recuperado mínimamente cabalgando a lomos de sus drásticas políticas de austeridad, o si China hubiera descubierto alguna fuerza interna con que frenar la declinante tasa de consumo de su población, el pilar central del libro habría quedado irremediablemente arruinado. Desgraciadamente, nada de eso ha ocurrido: el mundo sigue su travesía por las aguas sin cartografiar de un renegrido océano inclementemente azotado por los malignos vientos del terror y el pavor.
Huelga decirlo: el hecho de que los aires de la recuperación no nos hayan bendecido no prueba que la Hipótesis del Minotauro Global sea correcta. Para llegar a la conclusión de que los dos últimos años han mantenido esa hipótesis con vida haciéndola potencialmente iluminadora, necesitamos formular cuidadosamente con cierto detalle sus predicciones y compararlas con los hechos sucedidos. Comencemos, pues: ¿qué tendríamos que haber observado en los dos últimos años para poder concluir que la Hipótesis del Minotauro Global era falsa? [2]
Supongamos que, a pesar de la Crisis, los déficits norteamericanos siguieran siendo altos, pero siguieran absorbiendo las exportaciones netas de bienes y capital procedente del resto del mundo, y a un ritmo no demasiado distinto del de la era anterior a 2008. Si eso es lo que observáramos en 2009 y luego, entonces la Hipótesis del Minotauro Global habría sido refutada: porque sería imposible sostener a) que el Minotauro Global está liquidado, y b) que los estropicios de la economía mundial son atribuibles a los achaques de la bestia.
Bien, pues vayamos a los hechos. La primera observación digna de nota es que los déficits gemelos de Norteamérica siguen vivitos y coleando. En el momento culminante del reinado de Minotauro, en 2005, el gobierno federal de los EEUU reveló un déficit de 574 mil millones de dólares. Ese mismo año, los consumidores y las empresas norteamericanos absorbieron la imponente cantidad de 781 mil millones de importaciones netas procedentes del resto del mundo. Casi el 70% de los beneficios realizados por los productores no norteamericanos de esos bienes regresaron a Wall Street. Una vez en manos de los banqueros, eran turbocargados (a través de la llamada "ingeniería financiera") y, por esa vía, usados para financiar los déficits de EEUU, destinándose los remanentes a exportación de restantes a las cuatro esquinas del globo (en donde contribuían a hinchar distintas burbujas).
Tras la catástrofe de 2008, los déficits de Norteamérica divergieron enormemente. Puesto que todos los tipos de ingresos (del trabajo, del capital y de las rentas) colapsaron y los valores de los activos cayeron a ras de suelo, puesto que se dispararon los desahucios y subió desorbitadamente el desempleo, resultaba inevitable que los norteamericanos redujeran drásticamente su consumo de bienes importados. En efecto, en 2009, el déficit comercial cayó de 281 mil millones en 2005 a 506 mil millones de dólares. Sin embargo, en el mismo año, el déficit federal estadounidense se disparó (de 574 mil millones en 2005) hasta 1,4 billones de dólares, resultado del intento del gobierno de sostener Wall Street sin dejar de estimular Main Street [la economía productiva real; T.]. Hacia 2011, el déficit comercial había recuperado, sobre poco más o menos, su nivel de 2005 (llegando a 738 mil millones], mientras que el déficit presupuestario se estabilizó en la marca históricamente ciclópea de 1,228 billones de dólares.
Dado que la Crisis no mermó los déficits norteamericanos (más bien disparó su suma), la cuestión pertinente es esta: ¿lograron los EEUU post-2008 seguir reciclando los excedentes de bienes y beneficios de terceros a un ritmo que, comparado con el anterior a 2008, resultara necesario para mantener boyante la demanda total mundial de bienes producidos? La respuesta que salta a la vista en las estadísticas oficiales es inequívocamente negativa. En suma: los hechos confirman la hipótesis de que el Minotauro Global ha fallecido. Dos tipos de datos lo confirman.
Primero, Norteamérica ha perdido su capaciadd para reciclar las exportaciones netas del resto del mundo a un ritmo equivalente al anterior a 2008. Más precisamente, en 2011 Norteamérica generaba una demanda de las exportaciones netas del resto del mundo un 23,7% menor de lo que habría sido el caso sin el desplome de 2008. (Véase la Figura 1, en donde resulta evidente que en 2011 los EEUU absorbían casi un 24% menos de las exportaciones netas de los principales exportadores en relación con el valor de la tendencia subyacente.)
FIGURA 1:

Segundo, y simultáneamente: Norteamérica no conseguía atraer (a través de Wall Street) el nivel de flujos de capital necesarios para mantener el ritmo pre-2008 de inversión en su sector privado. En particular, hacia 2011, los EEUU habrían perdido el 28,6% de los activos en manos de tenedores extranjeros en relación con el nivel (tendencial) que se habría alcanzado de no haber ocurrido el desplome de 2008 (véase la Figura 2).
FIGURA 2:

Además, y esto es crucial, los flujos netos de capital exterior que terminaban como préstamos a empresas norteamericanas cayeron drásticamente, desde una cifra en torno a los 500 mil millones de dólares en 2006, hasta los 50 mil millones de 2001 (véase Figura 3).
FIGURA 3:

Así pues, en resolución, tenemos ante nuestros ojos una imagen inequívocamente clara: la Crisis no alteró la posición deficitaria de los EEUU. El déficit presupuestario federal se multiplicó por dos, mientras que el déficit comercial norteamericano, tras una caída inicial, se estabilizó al mismo nivel. Sin embargo, los déficits de los EEUU ya no son capaces de sostener el mecanismo que mantiene equilibrados a escala planetaria los flujos de bienes y beneficios. Mientras que, hasta 2008, Norteamérica era capaz de atraer al país montañas de bienes e importaciones netas y un similar volumen de flujos de capital (de modo que ambas cosas se equilibraban), eso ya no ocurre después de 2008. Los mercados norteamericanos absorben un 24% menos de importaciones netas (con lo que sólo generan un 66% de la demanda a la que el resto del mundo se acostumbró antes del desplome de 2008) y atraen hacia el sector privado norteamericano un 29% menos de capital de lo que atraerían, si Wall Street no hubiera colapsado en 2008.
En suma: el único remanente del poderoso Minotauro Global son los flujos –todavía en aceleración— de capital exterior hacia la deuda pública norteamericana (véase la Figura 4), prueba inconfundible de que el mundo anda revuelto y el dinero busca desesperadamente refugio en el regazo de la moneda de reserva en estos tiempos convulsos.
FIGURA 4:

Pero en la medida en que el resto del mundo está reduciendo sus inyecciones de capital en el sector empresarial y en los bienes raíces norteamericanos, al tiempo que Norteamérica está reduciendo sus importaciones de sus exportaciones netas, podemos estar seguros de que la bestia está muerta y nada ha ocupado su lugar en punto a capacidad para reinstaurar el esencial proceso del reciclaje de excedente. De aquí la desconsolada llantina: El Minotauro ha muerto, ¡larga vida a los déficits norteamericanos!
Continuará.
NOTAS: [1] La mayoría de los datos ofrecidos en la primera edición terminaban en 2009. La segunda edición se ha beneficiado de datos que incluían los años fiscales 2010, 2011 y los tres primeros trimestres de 2012.  [2] Para hacerse una idea más completa de la hipótesis, se recomienda al lector una relectura hay del Capítulo 6 de la primera edición.
Yanis Varoufakis es un reconocido economista greco-australiano de reputación científica internacional. Es profesor de política económica en la Universidad de Atenas y consejero del programa económico del partido griego de la izquierda, Syriza. Actualmente enseña en los EEUU, en la Universidad de Texas. Su último libro, El Minotauro Global, para muchos críticos la mejor explicación teórico-económica de la evolución del capitalismo en las últimas 6 décadas, está a punto de ser publicado en castellano por la editorial española Capitán Swing, a partir de la 2ª edición inglesa revisada. Una extensa y profunda reseña del Minotauro, en SinPermiso Nº 11, Verano-Otoño 2012.
Traducción para www.sinpermiso.info: Miguel de Puñoenrostro

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Cuándo y por qué se jodió la socialdemocracia europea


Yanis Varoufakis · · · · ·
 
09/12/12
 

Resumen de la intervención de Yani Varoufakis en el Foro Kreisky, Viena, 5 diciembre de 2012.
En los 80 y en los 90, la izquierda europea (y señaladamente, la socialdemocracia) abandonó la idea de que los mercados laboral, financiero e inmobiliario son profundamente ineficientes, siendo la desigualdad un mero producto lateral de su ineficiencia; un producto lateral que, no obstante, retroalimenta y aun exacerba la ineficiencia y la inestabilidad de cualquier sociedad capitalista que se permite descansar en el “libre” funcionamiento de esos tres (problemáticos) mercados. La izquierda europea, en la época del nacimiento del Minotauro Global (es decir, desde finales de los 70 hasta 2008) fue olvidando cada vez más que:
- cuanto más financiarizado está el capitalismo;
- cuanto más el trabajo es tratado como cualquier otra mercancía;
- cuanto más descansan nuestras sociedades en las burbujas inmobiliarias como fuentes de renta y de deuda;
- tanto más inestable, abocado a las crisis y, finalmente, incivilizado se vuelve el capitalismo.
El capitalismo experimentó su apogeo bajo personajes como Kreisky: políticos que entendieron cabalmente la verdad que se acaba de enunciar; dirigentes de todo punto escépticos con el capitalismo; gentes que comprendieron la importancia de mantener a raya y en mínimos la financiarización, la explotación del trabajo y las burbujas inmobiliarias.
Queda, pues, la cuestión: ¿cómo pudo la izquierda europea abandonar esos caros principios de Bruno Kreisky, de Willie Brandt y de Olof Palme? ¿Por qué ha caído la izquierda europea ante la teoría económica y la política tóxicas de nuestro tiempo? (La SPD de nuestros días, por ejemplo, vota a pies juntillas todo lo que propone la señora Merkel, sea lo que fuere.)
Mi esbozo de respuesta es esta: la izquierda Europa cayó en el viejo truco tramposo del Minotauro Global. Vio los ríos de dinero privadamente acuñado que estaba imprimiendo el sector financiero (mientras el trabajo era exprimido y se disparaban los precios de los bienes raíces), y pensó que podría hacerse con parte del botín ¡para poner por obra políticas socialdemócratas! En vez de seguir centrándose en los beneficios industriales como fuente para financiar programas sociales, lo socialdemócratas creyeron que podían abrevar en los ríos de efectivo generado en el contexto de la financiarización. Dejemos libres a las finanzas para hacer lo que les de la gana, y luego hagámonos con una parte de sus ganancias para financiar el Estado de bienestar. Ese fue su juego, y por un tiempo, les resultó una idea mejor, más moderna y a la moda, que tener que andar constantemente a estricote con los industriales, buscando cargarlos de impuestos para poder redistribuir. En cambio, los banqueros hacían las cosas fáciles. Tan pronto como el político “de izquierda” les dejaba hacer lo que les daba la gana, se sentían éstos felices de darle algunas migas de la gargantuesca mesa en que celebraban sus banquetes.
En efecto, algunos de esos socialdemócratas fueron, durante cierto tiempo, financiados por el sector financiero harto generosamente para que pudieran llevar a cabo sus programas de bienestar (lo que explica, por ejemplo, el considerable impulso del gobierno de Blair al gasto público, o programas similares en la España del gobierno del PSOE, etc.). Ello es, sin embargo, que para poder acceder a ese pequeño hilillo del torrente de la financiarización y financiar programas sociales, los socialdemócratas tuvieron que tragarse, entera, la lógica de la financiarización, no sólo el anzuelo y el señuelo, sino la línea entera, y aun el flotador. Tuvieron que rendir su inveterada desconfianza respecto de los desembridados mercados financieros, laborales e inmobiliarios. Tuvieron que suspender las facultades de su juicio crítico. Y así, cuando en 2008 los tsunamis del capital generados por Wall Street, la City y Francfort arrasaron con todo, la bancada socialdemócrata de la política europea carecía ya de las herramientas analíticas y de los valores morales necesarios para someter a escrutinio crítico el sistema colapsado. Estuvieron, pues, prontos a la aquiescencia, a la capitulación total, frente a los remedios tóxicos ofrecidos por la derecha (por ejemplo, los rescates bancarios), remedios cuyo inconfundible propósito no es otro que sacrificar al pueblo trabajador, a los desempleados y a los vulnerables en beneficio de los financieros. El resto es una triste e interminable historia.
Yanis Varoufakis es un reconocido economista greco-australiano de reputación científica internacional. Es profesor de política económica en la Universidad de Atenas y consejero del programa económico del partido griego de la izquierda, Syriza. Actualmente enseña en los EEUU, en la Universidad de Texas. Su último libro, El Minotauro Global, para muchos críticos la mejor explicación teórico-económica de la evolución del capitalismo en las últimas 6 décadas, está a punto de ser publicado en castellano por la editorial española Capitán Swing, a partir de la 2ª edición inglesa revisada. Una extensa y profunda reseña del Minotauro, en SinPermiso Nº 11, Verano-Otoño 2012.

Traducción para www.sinpermiso.info: Miguel de Puñoenrostro

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viernes, 14 de diciembre de 2012

Eric Hobsbawn habla de revoluciones: Cómo cambiar el mundo

  ...historias de Marx y marxismo


Reseña del libro How to Change the World: Tales of Marx and Marxism [Cómo cambiar el mundo: historias de Marx y marxismo] de Eric Hobsbawm. 470 págs. Little, Brown & Co., Londres, 2011
Stefan Collini
http://ecx.images-amazon.com/images/I/51nZEw8iVML._SL500_AA300_.jpg
"Hasta ahora, los filósofos han tratado de comprender el mundo; de lo que se trata, sin embargo, es de cambiarlo". La célebre magnificación de Marx trataba de levantar lo que podría hoy llamarse una "exigencia de impacto" en la valoración del pensamiento abstracto: la prueba de la validez de las ideas debía encontrarse en su capacidad de transformar el mundo. Esta declaración desmesurada puede contemplarse retrospectivamente como expresión de una tensión que discurría a lo largo de toda la obra de Marx y se hallaba en la raíz de la recurrente crisis de identidad que asolaba ese corpus diverso del pensar y el obrar al que posteriormente dio en llamarse "marxismo".
Se desarrolló y aún se desarrolla un corpus de veras extraordinariamente rico con este marbete, pero tanto los adeptos como los críticos se han mostrado proclives a insistir en que la posición e importancia de estas ideas ha de evaluarse por referencia a su historial a la hora de transformar el mundo. A los adeptos les gusta decir a menudo que la cuestión aún está por decidir, pero no tienen más remedio que reconocer, lamentablemente,  que la cosa no pinta bien; los críticos se regocijan apuntando a los millones de víctimas de Stalin y a la prosperidad sin paralelo (para algunos) del capitalismo, y dan entonces el caso por concluido.
Este carácter dual del marxismo impone un gravamen especial a cualquiera que intente trazar su historia. Las ideas mismas son complejas y exigentes: idealmente, el historiador debería moverse por los matorrales de la metafísica hegeliana, así como entre las complejidades de la teoría del valor trabajo. Pero, por añadidura, una historia apropiada ha de abarcar los logros de los movimientos sindicales y las tomas de postura de las facciones de partido, la construcción de las economías planificadas y la represión de la opinión disidente, además de muchas otras cosas. El historiador ideal del marxismo ha de ser en parte teórico, en parte erudito; en parte creyente, en parte escéptico; polilingüe, pero no Pollyanna.
A Eric Hobsbawm se le define a menudo como "historiador marxista", aunque se le podría considerar de modo más preciso como un historiador de notable registro y poder analítico que ha encontrado en Marx mayor inspiración que en ninguna otra fuente singular. Pero se le considera menos a menudo como historiador del marxismo. Al fin y al cabo, sus obras más importantes se han centrado en el análisis del desarrollo de la sociedad europea desde esas dos agitaciones paralelas de la Revolución Francesa y la Revolución Industrial a finales del siglo XVIII. Si a sus aportaciones a la historia del marxismo se les ha otorgado menos reconocimiento, puede que eso se deba en parte a que han adoptado la forma de ensayos y capítulos desperdigados, y en parte a que, fiel a sus inclinaciones cosmopolitas, con frecuencia se han publicado en lenguas distintas del inglés.
La publicación de How To Change the World puede contribuir a poner las cosas en su lugar y no prematuramente: se trata de su decimosexto libro y aparece, lo cual es impresionante, a sus  94 años de edad. Aunque el libro se compone en buena medida de materiales anteriormente publicados, gran parte de ellos no han aparecido nunca en inglés y algunos han sido revisados y puestos al día. Lo de "historias" del subtítulo puede corresponder al intento de un editor nervioso por conseguir que los contenidos les suenen más seductores a lectores que podrían verse disuadidos por "ensayos" o "estudios", pero afortunadamente el término no indica en este caso una colorida charla biográfica o narraciones excéntricas. Los ensayos son analíticos y sinópticos y no resultan  en absoluto peores por ello: su nítida calidad intelectual los vuelve más absorbentes de lo que podría ser cualquier "historia" adornada.
La "Primera parte" contiene estudios bastante diversos de aspectos del pensamiento de Marx y Engels, que van desde una introducción relativamente ligera a Las condiciones de la clase obrera en Inglaterra, del segundo, a una densa explicación del pensamiento de Marx acerca de las formaciones precapitalistas en la obra inacabada conocida sencillamente como Grundrisse.
La "Segunda parte", que puede ser de mayor interés al lector contemporáneo, anda cerca de  proporcionar una visión de conjunto de la suerte del marxismo en los (casi) 130 años transcurridos desde la muerte de Marx en 1883. Son estos capítulos los que exhiben de forma notabilísima la combinación característica de Hobsbawm de análisis lúcido e imponente alcance. Casi todos los historiadores parecen provincianos a su lado. ¿Quién, si no, podría, mientras le hace detalladamente justicia a la historia de los movimientos marxistas principales en países como Alemania y Francia, proporcionarnos una autorizada digresión sobre las diferencias entre el marxismo danés y el finlandés? ¿En qué otro confiaríamos para que, después de enumerar las traducciones de Das Kapital desde el azerbayaní al yiddish, concluya con seguridad: "La única extensión lingüística importante de El capital aparte de ésta tuvo lugar en la India ya independizada, con ediciones en marathí, hindi y bengalí en las décadas de 1950 y 1960.
En el curso del pasado siglo o más allá, el estatus de los escritos de Marx puede haber oscilado entre dos polos. Por un lado, existe la posición comunista otrora ortodoxa de que Marx era el guía casi infalible de la acción política y la creación, por vía revolucionaria, de la forma de sociedad que sucedería al capitalismo. Y por otro, está lo que podría llamarse la visión de la "civi[lización] occidental", en donde se aborda a Marx junto a figuras como Nietzsche y Freud, como autor de un corpus de escritos infinitamente fascinante, escritos que pueden estudiarse o disfrutarse, pero de los que no se desprende la acción más de lo que sería el caso en La montaña mágica de Mann o La tierra baldía de Eliot.
Hobsbawm, de forma característica, evita ambos extremos: su actitud es más distanciada que el primero, pero considerablemente más comprometido que el segundo. Recomienda a nuestra atención la historia del marxismo debido a que "durante los últimos 130 años ha constituido un tema de importancia en la música intelectual del mundo moderno y, mediante su capacidad de movilizar fuerzas sociales, una presencia crucial, en algunos periodos decisiva, en la historia del siglo XX".
Pero, ¿qué hay del siglo XXI? Desde sus comienzos a principios de la década de 1840, el marxismo se ha visto sujeto a accesos de especulación prematura. Marx y Engels se persuadieron repetidamente (y persuadieron a algunos otros) de que se acercaba el fin de la sociedad burguesa, y desde la muerte de Marx ha habido periódicos anuncios de la "crisis del capitalismo". Pero en cada ocasión, el paciente ha logrado recuperarse de algún modo y puede que incluso se haya fortalecido. Acaso ni siquiera Hobsbawm, el más frío y juicioso de los analistas, sea completamente inmune a esta fiebre cuando especula que el derrumbe financiero de 2008 puede señalar el comienzo del fin del capitalismo tal como lo hemos conocido. Ciertamente, cree que marca el final de ese período de 25 años (desde el centenario de la muerte de Marx) durante el que pareció que Marx había perdido su relevancia, y para muchos de la generación más joven, su interés. "Una vez más", anuncia de un modo absoluto nada propio de él, "ha llegado el momento de tomarse a Marx en serio".
Aun durante los años más triunfalistas del neoliberalismo había quienes seguían tomándose a Marx muy pero que muy en serio como fuente de conceptos y marcos de referencia con los que analizar el funcionamiento de sociedades en las que el capital está en manos de unos pocos y los más venden su fuerza de trabajo. Pero, más allá de esto, ¿piensa Hobsbawm que hoy deberíamos tomarnos a Marx en serio como guía para cambiar el mundo? Aquí se escucha una nota de cautela, a veces hasta equívoca. En una frase estupenda, refleja que, con la caída de la Unión Soviética, "el capitalismo había perdido su memento mori". Pero, al mismo tiempo, "quienes se atenían a la esperanza socialista original de una sociedad erigida en nombre de la cooperación, en lugar de la competencia, hubieron de replegarse a la especulación y la teoría".
Hoy la globalización y la retirada del Estado han privado, observa él, tanto a los partidos socialdemócratas como a los movimientos sindicales de su terreno natural: "estas entidades no han tenido hasta ahora mucho éxito a la hora de operar transnacionalmente". En otro autor uno podría sospechar sarcasmo en este deliberado eufemismo, pero "hasta ahora" y "no (...) mucho" pueden indicar que funciona la habitual prudencia literaria de Hobsbawm. Con todo, ¿qué tipo de oportunidad supone la actual turbulencia financiera? Algunos han comparado la situación con los años 30 del siglo XX, pero es difícil saber si, para quienes poseen inclinaciones radicales, eso debería considerarse un paralelo alentador. Hobsbawm se limita a la juiciosa observación de que, a diferencia de la década de 1930, "los socialistas" (de quienes parece extrañamente distante en este punto) "no pueden señalar ejemplo alguno de regímenes comunistas o socialdemócratas inmunes a la crisis ni tienen propuestas realistas de cambio socialista".
Acaso lo cierto sea que el marxismo, pese a la famosa proclamación de su fundador, ha contribuido siempre más a entender el mundo que a cambiarlo. Desde luego, Eric Hobsbawm ha hecho más que la mayoría por promover esa comprensión. Y si nos preguntamos cuál puede ser su visión final de las perspectivas de cambiar el mundo, en ese caso, felizmente, todavía estamos en situación de adoptar la respuesta de Chu En-Lai sobre la Revolución Francesa: es demasiado pronto aún para decirlo.
Stefan Collini es profesor de historia intelectual y literatura inglesa en la Universidad de Cambridge, colaborador del Times Literary Supplement y The London Review of Books y autor de Common Reading: Critics, Historians, Publics y Absent Minds, Intellectuals in Britain. Su último libro That's Offensive! Criticism, Identity, Respect (editado por Seagull y The University of Chicago Press) se publica este mes.
Traducción para www.sinpermiso.info: Lucas Antón
http://www.sinpermiso.info/textos/index.php?id=3886

viernes, 7 de diciembre de 2012

LA FILOSOFÍA DE LA PRAXIS EN EL PENSAMIENTO DE ROSA LUXEMBURGO




La chispa prende en la acción
Michael Löwy (*)
En la presentación de las Tesis sobre Feuerbach (1845) de Marx, que publicó a título póstumo en 1888, Engels las calificó como “primer documento que registra el germen genial de una nueva concepción del mundo”. Así es, en este pequeño texto Marx supera dialécticamente –la famosa Aufhebung: negación/conservación/
elevación– el materialismo y el idealismo anteriores, y formuló una nueva teoría, que podría llamarse filosofía de la praxis.
Mientras los materialistas franceses del siglo 18 insistían en la necesidad de cambiar las circunstancias materiales para que se transformaran los seres humanos, los idealistas alemanes aseguraban que la sociedad sería cambiada gracias a la formación de una nueva conciencia entre los individuos. En contra de estas dos percepciones unilaterales, que conducían a un callejón sin salida –y a la búsqueda de un “Gran Educador” o un “Supremo Salvador”–, Marx afirmó en la Tesis III:
“La coincidencia del cambio de las circunstancias y de la actividad humana o autotransformación, sólo puede ser considera y comprendida racionalmente en tanto que práctica (praxis) revolucionaria”/1. En otras palabras: en la práctica revolucionaria, en la acción colectiva emancipadora, el sujeto histórico –las clases oprimidas– transforma al mismo tiempo las circunstancias materiales y su propia conciencia. Marx volvió a esta problemática en La Ideología Alemana (1846), al escribir: “Esta revolución se ha hecho necesaria no sólo por ser el único medio de derribar a la clase dominante, sino también porque sólo una revolución permitirá a la clase que derriba a la otra barrer toda la podredumbre del viejo sistema que se le ha quedado pegada y volverse capaz de fundar la sociedad sobre bases nuevas”/2 .
Esto quiere decir que la autoemancipación revolucionaria es la única forma posible de liberación: sólo por su propia praxis, por su experiencia en la acción, pueden las clases oprimidas cambiar su conciencia, al mismo tiempo que subvierten el poder del capital. Es verdad que en textos posteriores –por ejemplo, la famosa introducción de 1857 a la Crítica de la Economía Política– encontramos una versión mucho más determinista, considerando la revolución como el resultado inevitable de la contradicción entre fuerzas y relaciones de producción; pero como lo demuestran sus principales escritos políticos, el principio de la autoemancipación de los trabajadores continúa inspirando su pensamiento y su acción.
Fue Antonio Gramsci, en sus Cuadernos de Prisión de los años 1930, quien utilizó por primera vez la expresión “filosofía de la praxis” para referirse al marxismo. Algunos pretenden que era sólo de un ardid para engañar a sus carceleros fascistas, recelosos de cualquier referencia a Marx; pero esto no explica por qué Gramsci escogió esta fórmula y no otra, como podría ser “dialéctica racional” o “filosofía crítica”. En realidad, con esta expresión definió, de manera precisa y coherente, lo que distingue al marxismo como visión específica del mundo, y se disocia, de manera radical, de las lecturas positivistas y evolucionistas del materialismo histórico.
Pocos marxistas del siglo 20 fueron más cercanos que Rosa Luxemburg al espíritu de esta filosofía marxista de la praxis. Ciertamente, ella no escribía textos filosóficos ni elaboraba teorías sistemáticas; como observa con razón Isabel Loureiro, “sus ideas, dispersas en artículos periodísticos, folletos, discursos, cartas (...) son respuestas inmediatas a la coyuntura más que una teoría lógica e internamente coherente”/3. Eso no quita para que la filosofía de la praxis marxiana, que interpretó de forma original y creadora, fuera el hilo conductor –en el sentido eléctrico de la palabra– de su obra y de su acción como revolucionaria. Pero su pensamiento no era estático: era una reflexión en movimiento, enriquecida con la experiencia histórica. Intentaremos reconstruir aquí la evolución de su pensamiento por medio de algunos ejemplos.
Es verdad que sus escritos están atravesados por una tensión entre el determinismo histórico –la inevitabilidad del derrumbamiento del capitalismo– y el voluntarismo de la acción emancipadora. Esto se aplica en particular a sus primeros trabajos (antes de 1914). Reforma o Revolución (1899), el libro por el que es conocida en el movimiento obrero alemán e internacional, es un ejemplo claro de esta ambivalencia. En contra de Bernstein, proclamaba que la evolución del capitalismo llevaba necesariamente al derrumbamiento (Zusammenbruch) del sistema, y que este hundimiento era la vía histórica que llevaba a la realización del socialismo. En último instancia era una variante socialista de la ideología del progreso inevitable que dominó el pensamiento occidental desde la Filosofía de las Luces. Lo que salvaba su argumento de un economicismo fatalista era la pedagogía revolucionaria de la acción: “sólo en el curso de largas y persistentes luchas adquirirá el proletariado el grado de madurez política que le permitirá obtener la victoria definitiva de la revolución”/4.
Esta concepción dialéctica de la educación por la lucha fue también uno de los principales ejes de su polémica con Lenin en 1904: “sólo en el curso de la lucha se recluta el ejército del proletariado y toma conciencia de los objetivos de esta lucha. La organización, los progresos de la conciencia (Aufklärung) y el combate no son fases particulares, separadas en el tiempo y de forma mecánica (...) sino, por el contrario, aspectos diversos de un solo y mismo proceso” /5.
Desde luego, reconocía Rosa Luxemburg, la clase puede equivocarse en el curso de este combate, pero en última instancia, “los errores cometidos por un movimiento obrero verdaderamente revolucionario son históricamente mucho más fecundos y más preciosos que la infalibilidad del mejor ‘Comité Central”. La autoemancipación de los oprimidos implica la autotransformación de la clase revolucionaria por medio de su experiencia práctica; ésta, a su vez, no sólo produce la conciencia –tema clásico del marxismo– sino también la voluntad:
“El movimiento histórico universal (Weltgeschichtlich) del proletariado hacia su emancipación integral es un proceso cuya particularidad reside en que, por primera vez desde que existe la sociedad civilizada, las masas del pueblo hacen valer su voluntad conscientemente y en contra de todas las clases gobernantes (...). Ahora bien, las masas sólo pueden adquirir y reforzar esta voluntad en la lucha cotidiana contra el orden constituido, es decir, en los límites de este orden” ”/6 .
Podría compararse la visión de Lenin con la de Rosa Luxemburg por medio de la siguiente imagen: para Vladimir Illich, redactor del periódico Iskra, la chispa revolucionaria la aporta la vanguardia política organizada, desde fuera hacia el interior de las luchas espontáneas del proletariado; para la revolucionaria judía/polaca, la chispa de la conciencia y de la voluntad revolucionaria prende en el combate, en la acción de masas. Es verdad que su concepción del partido como expresión orgánica de la clase se correspondía más a la situación en Alemania que en Rusia o Polonia, donde se planteaba ya la cuestión de la diversidad de partidos referidos al socialismo.
Los acontecimientos revolucionarios de 1905 en el Imperio zarista ruso confirmaron a Rosa Luxemburg en su concepción de que el proceso de toma de conciencia de las masas obreras era menos el resultado de la actividad educadora –Aufklärung– del partido que de la experiencia de acción directa y autónoma de los trabajadores:
“El brusco levantamiento general del proletariado en enero, desencadenado por los acontecimientos de San Petesburgo, fue, en su acción exterior, un acto político revolucionario, una declaración de guerra al absolutismo. Pero esta primera lucha general y directa de las clases tuvo un impacto aún más poderoso en su interior, despertando por primera vez, como una sacudida eléctrica (einen elektrischen Schlag), el sentimiento y la conciencia de clase en millones y millones de individuos (...). El absolutismo deberá ser derribado en Rusia por el proletariado. Pero el proletariado necesitará para ello un alto grado de educación politica, conciencia de clase y organización. No puede aprender todo esto en folletos o en octavillas, sino que adquirirá esta educación en la escuela política viva, en la lucha y por la lucha, en el curso de la revolución en marcha” ”/7.
La polémica referencia a “los folletos y las octavillas” parece subestimar la importancia de la teoría revolucionaria en el proceso; por otra parte, la actividad política de Rosa Luxemburg, consistente en gran medida en redactar artículos periodísticos y folletos –por no hablar de sus obras teóricas en el campo de la economía política– demuestra sin ninguna duda el decisivo significado que concedía al trabajo teórico y a la polémica política en el proceso de preparación de la revolución.
En este famoso folleto de 1906 sobre la huelga de masas, la revolucionaria polaca seguía utilizando todavía los tradicionales argumentos deterministas: la revolución tendrá lugar “con la necesidad de una ley de la naturaleza”. Pero su visión concreta del proceso revolucionario coincidía con la teoría de la revolución de Marx, tal como la presentó en La Ideología Alemana (obra que no podía conocer, ya que no fue publicada hasta después de su muerte): la conciencia revolucionaria sólo puede generalizarse en el curso de un movimiento “práctico”, la transformación “masiva” de los oprimidos, en el curso de la propia revolución.
La categoría de la praxis –que para ella, como para Marx, es la unidad dialéctica entre lo objetivo y lo subjetivo, la mediación por la cual la clase en sí se convierte en clase para sí– le permitió superar el dilema paralizante y metafísico de la socialdemocracia alemana, entre el moralismo abstracto de Bernstein y el economicismo mecánico de Kautsky: para el primero, el cambio “subjetivo”, moral y espiritual, de los “seres humanos” era la condición para el advenimiento de la justicia social, mientras que para el segundo la evolución económica objetiva conducía “fatalmente” al socialismo. Esto permite comprender mejor por qué Rosa Luxemburg se opuso no sólo a los revisionistas neo-kantianos, sino también, desde 1905, a la estrategia de “atentismo” pasivo defendida por el así denominado “centro ortodoxo” del partido.
Esta misma visión dialéctica de la praxis le permitió, también, superar el tradicional dualismo encarnado por el Programa de Erfurt del SPD, entre las reformas, o “programa mínimo”, y la revolución, el “objetivo final”. Con la estrategia de huelga de masas que propuso en Alemania en 1906 –en contra de la burocracia sindical– y en 1910 –en contra de Karl Kautsky– Rosa Luxemburg esbozó un camino capaz de transformar las luchas económicas o el combate por el sufragio universal en un movimiento revolucionario general.
Al contrario que Lenin, que distingue entre la “conciencia trade-unionista (sindical)” y la “conciencia socialdemócrata (socialista)”, ella sugiere una distinción entre la conciencia teórica latente, característica del movimiento obrero en los períodos de dominación del parlamentarismo burgués, y la conciencia práctica y activa, que surge en el curso del proceso revolucionario, cuando las propias masas –y no sólo los diputados y dirigentes del partido– aparecen en la escena política; gracias a esta conciencia práctica-activa las capas menos organizadas y más atrasadas pueden llegar a ser, en período de lucha revolucionaria, el elemento más radical. De esta premisa deriva su crítica a quienes basan su estrategia política en una estimación exagerada del papel de la organización en la lucha de clases –acompañada por lo general de una subestimación del proletariado no organizado– olvidando el papel pedagógico de la lucha revolucionaria:
“Seis meses de revolución harán más por la educación de estas masas hoy desorganizadas que diez años de reuniones pública y distribuciones de octavillas”/8.
¿Era Rosa Luxemburg espontaneista? No del todo… En su folleto Huelga general, partido y sindicatos (1906) insiste, refiriéndose a Alemania, en que el papel de “la vanguardia más esclarecida” no es esperar “con fatalismo” a que el movimiento espontáneo “caiga del cielo”. Al contrario, la función de esta vanguardia es precisamente “anticipar (vorauseilen) el curso de las cosas, intentar precipitarlo”. Reconoce que el partido socialista debe tomar la dirección política de la huelga de masas, lo cual consiste en “proporcionar al proletariado alemán una táctica y objetivos para el período de luchas por venir”: llega a proclamar que la organización socialista es “la vanguardia de toda la masa de los trabajadores” y que “el movimiento obrero obtiene su fuerza, su unidad, su conciencia política de esta misma organización” ”/9.
Hay que añadir que la organización polaca dirigida por Rosa Luxemburg, el Partido Socialdemócrata del Reino de Polonia y de Lituania (SDKPiL), clandestino y revolucionario, se parecía más al partido bolchevique que a la socialdemocracia alemana… Hay que considerar también un aspecto poco conocido de Rosa Luxemburg: su actitud hacia la Internacional (sobre todo después de 1914), que concebía como un partido mundial centralizado y disciplinado. Resulta una gran ironía que Karl Liebnecht, en una carta a Rosa Luxemburg, critique su concepción de la Internacional como “demasiado centralista-mecánica”, con “demasiada ‘disciplina’ y demasiado poca esponteneidad”, considerando a las masas “demasiado como instrumentos de la acción, no como portadoras de la voluntad; como instrumentos de la acción deseada y decidida por la Internacional, y no en tanto que quieren y desean por sí mismas” ”/10.
Paralelamente a este voluntarismo activista, el optimismo determinista (económico) de la teoría del Zusammenbruch, el hundimiento del capitalismo víctima de sus contradicciones, no desapareció de sus escritos, al contrario: se encuentra en el centro mismo de su gran obra económica, La acumulación del capital (1911). Sólo después de 1914, en el folleto La crisis de la socialdemocracia, escrito en prisión en 1915 –y publicado en Suiza en enero de 1916 bajo el seudónimo de “Junius”– superó esta visión tradicional del movimiento socialista de comienzos de siglo. Este documento, gracias al lema “socialismo o barbarie”, representó un giro en la historia del pensamiento marxista. Curiosamente, la argumentación de Rosa Luxemburg comienza referiéndose a las “leyes inalterables de la historia”; reconoce que la acción del proletariado “contribuye a determinar la historia”, pero parece creer que se trata sólo de acelerar o retardar el proceso histórico. Hasta ahí, nada nuevo.
Pero en las líneas siguientes compara la victoria del proletariado con “un salto que hace pasar a la humanidad del reino animal al reino de la libertad”, añadiendo: este salto sólo será posible “si, del conjunto de las premisas materiales acumuladas por la evolución, se enciende la chispa incendiaria (zündende Funke) de la voluntad consciente de la gran masa popular”. Encontramos aquí la famosa Iskra, la chispa de la voluntad revolucionaria capaz de hacer estallar la pólvora seca de las condiciones materiales. ¿Qué produce esta zündende Funke? Sólo gracias a una “larga serie de enfrentamientos hará el proletariado internacional su aprendizaje bajo la dirección de la socialdemocracia e intentará tomar las riendas de su propia historia (seine Geschichte)…” ”/11. En otras palabras: sólo en la experiencia práctica prende la chispa de la conciencia revolucionaria de los oprimidos y explotados.
Introduciendo la expresión socialismo o barbarie, “Junius” acude a la autoridad de Engels, en un escrito de “hace una cuarentena de años” –una referencia sin duda al Anti-Duhring¨(1878): “Friedrich Engels dijo una vez: ‘La sociedad burguesa se encuentra ante un dilema: o paso al socialismo o recaída en la barbarie’ ”/12. De hecho, lo que escribió Engels es bastante diferente:
“Las fuerzas productivas engendradas por el modo de producción capitalista moderno, y el sistema de distribución de los bienes que ha creado, han entrado en contradicción flagrante con el propio modo de producción, hasta un que hace necesario un cambio radical del modo de producción y distribución, si no se quiere ver desaparecer toda la sociedad moderna” ”/13.
El argumento de Engels –fundamentalmente económico y no político, como el de “Junius”– era más bien retórico, una especie de demostración por el absurdo de la necesidad del socialismo, para evitar la “desaparición” de la sociedad moderna –una fórmula vaga cuyo alcance no se llega a entender bien. De hecho, fue Rosa Luxemburg quien inventó, en el sentido estricto de la palabra, la expresión “socialismo o barbarie”, que tanto impacto tendrá a lo largo del siglo 20. La referencia a Engels pretendía dar más legitimidad a una tesis bastante heterodoxa. La guerra mundial, y el hundimiento del movimiento obrero internacional en agosto de 1914, acabó por quebrar su convicción en la victoria inevitable del socialismo.
En los siguientes párrafos, “Junius” desarrolló su innovador punto de vista:
“Nos situamos ante esta disyuntiva: o triunfo del imperialismo y decadencia de toda civilización, y como consecuencia, como en la antigua Roma, la despoblación, la desolación, la degeneración, un gran cementerio; o victoria del socialismo, es decir, de la lucha consciente del proletariado internacional contra el imperialismo y contra su método de acción: la guerra. Es un dilema de la historia del mundo, un todavía indeciso “o esto - o lo otro”, cuyos platillos se balancean ante la decisión del proletariado consciente” ”/14.
Se puede discutir el significado del concepto de “barbarie”: se trata sin duda de una barbarie moderna, “civilizada” –la comparación con la antigua Roma no es muy pertinente–, y en este caso la afirmación del folleto de “Junius” se reveló profética: el fascismo alemán, manifestación suprema de la barbarie moderna, pudo tomar el poder gracias a la derrota del socialismo. Pero lo más importante de la fórmula “socialismo o barbarie” es el término “o”: se trata del reconocimiento de que la historia es un proceso abierto, que el futuro no está todavía decidido –por las “leyes de la historia” o de la economía– sino que depende, en definitiva, de los factores “subjetivos”: la conciencia, la decisión, la voluntad, la iniciativa, la acción, la praxis revolucionaria.
Es cierto, como señala Isabel Loureiro en su excelente libro, que incluso en el folleto de “Junius” –y en los textos posteriores de Rosa Luxemburg– se siguen encontrando referencias al hundimiento inevitable del capitalismo, a la “dialéctica de la historia” y a la “necesidad histórica del socialismo” ”/15. Pero en última instancia, la fórmula “socialismo o barbarie” sienta las bases de otra concepción de la “dialéctica de la historia”, distinta del determinismo económico y de la ideología iluminista del progreso inevitable.
Volvemos a encontrar la filosofía de la praxis en el centro de la polémica de 1918 sobre la Revolución rusa, otro texto capital redactado detrás de los barrotes. La trama esencial de este documento es bien conocida: por una parte, el apoyo a los bolcheviques, y a sus dirigentes, Lenin y Trotsky, que han salvado el honor del socialismo internacional al atreverse a llevar a cabo la Revolución de Octubre; por otra parte, un conjunto de críticas, algunas de ellas –sobre la cuestión agraria y la cuestión nacional– muy discutibles, mientras que otras –el capítulo sobre la democracia– resultan proféticas. Lo que inquietaba a la revolucionaria judía/polaca/alemana era sobre todo la supresión, por los bolcheviques, de las libertades democráticas –libertad de prensa, de asociación, de reunión–, que son precisamente la garantía de la actividad política de las masas obreras; sin ellas, “la dominación de las amplias capas populares es absolutamente impensable”.
Las gigantescas tareas de la transición al socialismo “a las que se han dedicado los bolcheviques con coraje y determinación”, no pueden ser realizadas sin que “las masas reciban una educación política muy intensiva y acumulen experiencias”, lo que no es posible sin libertades democráticas. La construcción de una nueva sociedad es un terreno virgen que plantea “mil problemas” imprevistos; ahora bien, “sólo la experiencia permite las correcciones y la apertura de nuevas vías”. El socialismo es un producto histórico “surgido de la escuela misma de la experiencia”: el conjunto de las masas populares (Volksmassen) debe participar de esta experiencia, si no “el socialismo es decretado, otorgado por una docena de intelectuales reunidos alrededor de un tapete verde”. El único remedio para los inevitables errores del proceso de transición es la propia práctica revolucionaria: “la revolución en sí y su principio renovador, la vida intelectual, la actividad y la autorresponsabilidad (Selbsverantwortung) de las masas, en una palabra, la revolución bajo la forma de la más amplia libertad política es el único sol que salva y purifica” ”/16.
Este argumento es mucho más importante que el debate sobre la Asamblea Constituyente, donde se concentraron las objeciones “leninistas” al texto de 1918. Sin libertades democráticas, la praxis revolucionaria de las masas, la autoeducación popular por la experiencia, la autoemancipación de los oprimidos y el ejercicio del poder mismo por la clase de los trabajadores, son imposibles.
György Lukacs, en su importante ensayo “Rosa Luxemburg marxista” (enero 1921), mostró con gran agudeza cómo, gracias a la unidad de la teoría y la praxis –formulada por Marx en sus Tesis sobre Feuerbach– la gran revolucionaria había conseguido superar el dilema de la impotencia de los movimientos socialdemócratas, “el dilema del fatalismo de las leyes puras y de la ética de las intenciones puras”. ¿Qué significa esta unidad dialéctica?
“Así como el proletariado como clase sólo puede conquistar y conservar su conciencia de clase, elevarse al nivel de su tarea histórica –objetivamente dada–, en el combate y la acción, de igual medida el partido y el militante individual sólo pueden apropiarse realmente su teoría realizando esta unidad en su praxis” ”/17.
Resulta por tanto sorprendente que, apenas un año más tarde, Lukacs redactase el ensayo –formando también parte de Historia y Conciencia de Clase (1923)– titulado “Comentarios críticos sobre la crítica de la revolución rusa en Rosa Luxemburg” (enero 1922), rechazando en bloque el conjunto de comentarios disidentes de la fundadora de la Liga Spartacus, pretendiendo que “se representa la revolución proletaria bajo las formas estructurales de las revoluciones burguesas”/18–una acusación poco creíble, como lo demuestra Isabel Loudeiro/19. ¿Cómo explicar la diferencia, en el tono y en el contenido, entre el ensayo de enero de 1921 y el de enero de 1922? ¿Una conversión rápida al leninismo ortodoxo?
Tal vez, pero lo más probable es la posición de Lukacs respecto a los debates en el seno del comunismo alemán. Paul Levi, el principal dirigente del KPD (Partido Comunista Alemán), se había opuesto a la “Acción de Marzo de 1921”, una tentativa fracasada de levantamiento comunista en Alemania, sostenida con entusiasmo por Lukacs (aunque criticada por Lenin...); excluido del partido, Paul Levi decidió en 1922 publicar el manuscrito de Rosa Luxemburg sobre la Revolución rusa, que la autora le había confiado en 1918. La polémica de Lukacs con este documento es también, indirectamente, un ajuste de cuentas con Paul Levi.
En realidad, el capítulo sobre la democracia de este documento de Luxemburg es uno de los textos más importantes del marxismo, del comunismo, de la teoría crítica y del pensamiento revolucionario en el siglo 20. Es difícil imaginar una refundación del socialismo en el siglo 21 que no tenga en cuenta los argumentos desarrollados en estas febriles páginas. Los representantes más lúcidos del leninismo y del trotskismo, como Ernest Mandel o Daniel Bensaid, han reconocido que esta crítica de 1918 al bolchevismo, en lo que se refiere a la cuestión de las libertades democráticas, estaba justificada. Por supuesto, la democracia a la que se refería Rosa Luxemburg es la ejercida por los trabajadores en un proceso revolucionario, no la “democracia de baja intensidad” del parlamentarismo burgués, donde las decisiones importantes son tomadas por banqueros, empresarios, militares y tecnócratas, fuera de cualquier control popular.
La zündende Funke, la chispa incendiaria de Rosa Luxemburg, brilló una última vez en diciembre de 1918, en su conferencia al Congreso de fundación del KPD (Liga Spartacus). En este texto también se encuentran referencias a la “ley de desarrollo objetivo y necesario de la revolución socialista”, pero se trata en realidad de la “amarga experiencia” que deben hacer las diversas fuerzas del movimiento obrero antes de encontrar el camino revolucionario. Las últimas palabras de esta memorable conferencia están directamente inspiradas por la perspectiva de la praxis autoemancipadora de los oprimidos: “La masa aprende a ejercer el poder ejerciéndolo. No hay otra manera de aprender. Hemos superado ya el tiempo en que se trataba de enseñar el socialismo al proletariado. Este tiempo no se ha cumplido al parecer para los marxistas de la escuela de Kautsky. Con ‘educar a las masas proletarias’ se quiere decir: hacerles discursos, difundir octavillas y folletos. No, la escuela socialista de los proletarios no necesita eso. Su educación se realiza cuando pasan a la acción (zur Tat greifen)”.
Rosa Luxemburg se refiere aquí a una famosa cita de Goethe: “Am Anfang war die Tat!” (¡Al comienzo no era el Verbo, sino la Acción!). En palabras de la revolucionaria marxista: “Al comienzo era la Acción, ésta es nuestra divisa; y la acción consiste en que los consejos de obreros y de soldados se sientan llamados a convertirse en la única potencia pública en el país y que aprendan a serlo”/20. Algunos días más tarde, Rosa Luxemburg sería asesinada por los Freikorps –“cuerpos francos” paramilitares– movilizados por el gobierno socialdemócrata, bajo la batuta del Ministro Gustav Noske, contra el levantamiento de los obreros de Berlín.
Rosa Luxemburg no era infalible, cometió errores, como cualquier ser humano y cualquier militante, y sus ideas no constituyen un sistema teórico cerrado, una doctrina dogmática aplicable en cualquier lugar y en cualquier época. Pero su pensamiento es una valiosa caja de herramientas para intentar desmontar la maquinaria capitalista y para pensar en alternativas radicales. No es casualidad que se haya convertido en estos últimos años en una de las referencias más importantes, sobre todo en América Latina, en el debate sobre un socialismo del siglo 21, capaz de superar los atolladeros de las experiencias que se reclamaron del socialismo en el pasado siglo; tanto la socialdemocracia como el estalinismo. Su concepción de un socialismo al mismo tiempo revolucionario y democrático –en oposición irreconciliable al capitalismo y al imperialismo– basado en la praxis autoemancipadora de los trabajadores, en la autoeducación por la experiencia y por la acción de las grandes masas populares alcanza una sorprendente actualidad. El socialismo del futuro no podrá prescindir de la luz de esta chispa ardiente.
Notas:
1/ K. Marx, “Tesis sobre Feurbach”, 1845, en La ideología alemana.
2/ K. Marx, G. Engels, La ideología alemana.
3/ Isabel Loureiro, Rosa Luxemburg, Os dilemas da açâo revolucionaria, S. Paulo, Unesp, 1995, p. 23.
4/ Rosa Luxemburg, ¿Reforma o revolución?, 1899.
5/ Rosa Luxemburg, “Cuestiones de organización de la socialdemocracia rusa” (1904), en “Marxisme contre dictadure”, París, Spartacus, 1946, p.21.
6/ Ibid. pp. 22-23. Cf. Rosa Luxemburg, “Organisationsfragen der russischen Sozialdemokratie” (1904), en Die Russische Revolution, Frankfurt, Europäische Verlaganstalt, 1963, pp. 27-28, 42, 44.
7/ Rosa Luxemburg, “Huelga de masas, partido y sindicatos”, 1906. Traducción revisada según el original: “Massentreik, Partei und Gewerkschaften”, en Gewerkschaftskampf und Massentreik, Eingeleitet und Bearbeitet von Paul Frölich, Vereinigung Internationaler Verlagsanstalten, Berlin, 1928, pp. 426-427. Se trata de una recopilación de ensayos de Rosa Luxemburg sobre la huelga de masas, organizada por su discípulo y biógrafo Paul Frölich, excluido del Partido Comunista Alemán en los años 1920. Encontré este libro en un anticuario en... Tel Aviv; el ejemplar llevaba un sello: “Kibbutz Ein Harod, Seminario de Ideas, Biblioteca Central”. El propietario del libro era sin duda un judío alemán de izquierdas emigrado a Palestina hacia 1933 y lo dio a la biblioteca del kibbutz en el que se había establecido. Con la muerte de los viejos militantes del kibbutz, y como la nueva generación no leía alemán, el bibliotecario vendió a un librero de viejo su stock de libros en la lengua de Marx...
8/ Ibid. P. 150.
9/ Ibid. P. 147, 150.
10/ Ver K. Liebknecht: “A Rosa Luxemburg: Remarques à propos de son projet de thèses pour le groupe « Internationale», en Partisans, nº 45, enero 1969, p- 113.
11/ Rosa Luxemburg, La crisis de la socialdemocracia.
12/ Ibid.
13/ F. Engels, Anto-Dühring.
14/ Ibid
15/ I. Loureiro, Rosa Luxemburg, p. 123.
16/ Rosa Luxemburg, La revolución rusa.
17/ G. Lukacs, Historia y Conciencia de clase (1923).
18/ Ibid
19/ I. Loureiro, Rosa Luxemburg, p. 85-88
20/ Rosa Luxemburg, “Nuestro programa y la situación política. Discurso en el Congreso de fundación del PCA (Liga Spartacus)”. Recogido del original alemán, “Rede zum Programm der KPD (Spartakusbund)”, Ausgewählten Reden un Schriften, Berlín, Dietz Verlag, 1953, Band II, p. 687. El ejemplar de la edición alemana que utilizo aquí tiene una curiosa historia. Se trata de una recopilación de textos de Rosa Luxemburg, editada por el “Marx-Engels-Lenin-Stalin Institut boim ZA der SED”, con un prólogo de Wilhelm Pieck, dirigente estalinista de la RDA, seguida de introducciones de Lenin y Stalin, criticando los “errores” de la autora. Compré este libro a un anticuario y descubrí que llevaba una dedicatoria escrita a mano, en inglés, fechada en 1957, pidiendo excusas por no haber encontrado otra edición sin todas esas “introducciones” superfluas. La dedicatoria está firmada por “Tamara e Isaac”, sin duda Tamara e Isaac Deutscher...
(*) Fuente original: http://blogs.mediapart.fr/blog/michael-lowy/130211/letincelle-sallume-dans-laction
Fuente de la traducción: http://www.vientosur.info/spip/spip.php?article7444
PUBLICADO EL LUNES 3 DE DICIEMBRE DE 2012 - POR  COMCOSUR

Yo soy Rufo...y no me entrego parte I

Comparto con mis lectores, la primera parte de este Libro, que yo lo llamo De historia del Uruguay con-temporario. Disfrútenlo.
Tomado del libro de Ricardo Perdomo: "Yo soy Rufo...y no me entrego"
Primera Parte: Dedicatoria
Raúl Sendic, nace en Chamangá, Departamento de Flores. Clandestino desde el asalto al “Tiro Suizo” el 31 de julio de 1963, en esta situación, rechaza integrar la lista al parlamento, desoyendo sus “cantos de sirena”.
Cae detenido y fichado en varias ocasiones y por primera vez, desde su clandestinidad en el mes de agosto de 1970.
Se fuga de la cárcel de Punta Carretas en 1971. Antes de la fuga tras escuchar ciertos “informes” de dirigentes “nuevos” Sendic comenta: “está tan bien la cosa que tengo ganas de quedarme adentro”.
Vuelve a caer en 1972. Como sucedió con Artigas, lo entregan, tras una vileza impulsada por el terror.
“Soy Rufo y no me entrego vivo”. Fue la respuesta de Raúl Sendic a la intimación de que se rindiese.
“Alrededor de la hora una de la helada y lluviosa madrugada del viernes 1º de setiembre, el ejército rodeó la manzana, cerró las vías de acceso y procedió a allanar la finca de Sarandí 229 casi Pérez Castellanos, en una humilde zona de la ciudad vieja de Montevideo. Luego de intenso tiroteo, los dos jóvenes que acompañaban a Sendic anunciaron que se rendían y condujeron a éste, herido, hacia la puerta de la vivienda.
Su mobiliario era una cucheta, un ropero, una mesa y dos sillas.
Aun después de ser gravemente herido (“un disparo de fusil le desprendió piel y carne de su rostro, que al día siguiente los periodistas observaron adheridos al marco de la puerta”), al llegar a la calle intentó proseguir la resistencia.
Logra cierta recuperación bajo tortura y aislamiento permanente.
Fue enterrado, muchos años antes de su muerte biológica, en un aljibe del cuartel de Durazno. Fallece en el “viejo mundo”, muy lejos de su gente el 28 de abril de 1989.
Cuando lo dejamos en La Teja para su descanso eterno, una mano anónima dibujó en los muros del viejo cementerio esta leyenda:
“Raúl Sendic vive clandestino en el corazón del pueblo”.
Esta no es ni puede ser la historia de Raúl Sendic. Es un aporte destinado a esclarecer algunos puntos oscuros, dedicado a su memoria y a la lucha obstinada y sin pausa de los que no claudican nunca.
El testimonio de estas páginas no es fruto del espontaneísmo, por el contrario, recoge páginas ocultas sobre las cuales pesa un manto de silencio y “olvido”.
Todos sabemos lo que pasó en el paisito. Todos hemos leído sobre “la guerra” y los años amargos. Algunos sufrimos aún la onda expansiva del gansterismo estatal, el de ayer y el de la “democracia”.
Dentro de las abundantes fuentes consultadas sobre el tema hemos tratado de encontrar “el aporte”, ése que cuando lo lees dices: “aquí está”, pero no. Inútil. El sentido “la cosa”, la guerra, el golpe y todo eso, no aparece por ningún lado.
Al hablar de épocas pasadas y recientes, se está como a la defensiva, por no mencionar la fuente. Puede obtenerse un dato, una pista, o llegar a personas “claves”. No hay tal. Vamos a entendernos: las intenciones manejadas y muchas veces forzadas son impecables.
Pero cuando se trata de consultar actores, es muy pobre lo que se saca, una inconmensurable cantidad de contradicciones, como un bombardeo de dichos y desmentidos.
Se confunden deseos con enfoques y cuando en escena comienzan a aparecer conocidos “con buena posición política”, como a nosotros nos gusta, la cosa termina dirigida desde afuera, basta un pequeño empujón, para que brille la versión “oficial”.
En ciertos casos, y es entendible, el hecho oculto es intencional. Versiones con sacarina, potables y vendibles.
Ejemplos: los muchachos de “alto el fuego”;mencionan, por ejemplo: “un indiscutible líder”; “un ex comandante en jefe”; “un mayor”; etc. etc. Ésto está lejos de ser un secreto cómplice, pero seguimos en la versión misteriosa.
No sabemos por qué no ven estos muchachos tremendos agujeros que ellos mismos redactan. Así: “otro integrante del MLN reseñaba para esta investigación (ilícitos)... estábamos en La Paloma, nos separaron a un grupo y llegó un compañero que venía del batallón Florida diciéndonos que a partir de ese momento se paraba con la tortura...”. “Se facilitan diarios, revistas, libros, grabadores, máquinas de escribir”. Es decir, La Escuelita (el subrayado es nuestro).
Nuestro modesto aporte, como lo leerá el que lo lea, por lo vivido, visto y sufrido en el propio pellejo, fue SÓLO un grupo. Y no creemos que hayan “estado a punto de cambiar la historia”. La frase suena linda.
Los que sufrimos el embate de los creyentes en la “revolución cuartelera”, pagamos un precio; no hay oído “oficial” que te escuche, nuestra literatura está enferma de buenas intenciones y de muchachos bromistas. Rogamos, pedimos, gritamos, queremos... conciliar una lucha que es a muerte. El sistema, con nombres y apellidos, no perdona.

Existió el silencio del odio del militante que no colaboró. Y por eso se ha pagado un precio... por “esos” ¿quién habla?
La gente que colaboró con “la línea oficial”, dio sus opiniones. Cuando se decidan a hablar “los otros” la literatura va a estar bien lejos de los “cantares” y las “memorias”. ¿Será posible que no nos haya dejado nada el oscurantismo cuartelero? Hubo grupos de colaboradores, equipos; fuimos testigos del juego macabro de los hombres enloquecidos por la avaricia, de prisioneros doblegados por “la máquina”, como proponían, luego negaban, como se arrepentían y volvían sobre sus pasos, volviendo a arrepentirse dos o tres veces, tan terrible era “la máquina”.
La gente moría a tu lado, era muy difícil ser ajeno a la realidad y más difícil ser colaborador del milico, pero ahí está el juego del terror, la extorsión, la amenaza, el crimen, la violación, el secuestro.
A “Francisco” lo asesinan en nuestra propia casa. Carlos M. Moreno estaba quebrado. Dos conclusiones pueden sacarse de su novelita titulada, "El color que el infierno me escondiera"
Una es que la gente está tan manipulada por la comunicación “oficial”, que vive como “compartimentada”, o sea, los hechos de la vida cotidiana nacen y mueren el mismo día, no tienen pasado ni futuro.
La segunda enseñanza es más cruel, si cabe; ¡con qué descaro se puede mentir y con qué impunidad puede publicarse la mentira!
Y la vida avanzó; las instituciones por las que tanto se llenaron la boca y con ellas hicieron gárgaras, no dieron el fruto soñado y seguirán siendo un sueño, hasta que en las manos del pueblo éste forje su experiencia, tenga fallas y errores y que éstos no se cometan contra sí mismo. La “autocrítica” no es esa que vemos publicada y pulida cada día mejor; eso es “rajarse las vestiduras” en público para cobrar la indemnización.
Vino luego el asalto al poder y la huelga. Nuevos diálogos, discursos de barricada, dirigentes que claudicaron, que fueron sobrepasados por el momento que nunca iba a llegar hasta que llegó y se los devoró en cuatro bocados. Carne de res a Rusia por carne humana para “la máquina”.
La realidad del Este les cortó los piolines y cayeron como marionetas, unos se borraron con el dinero de los militantes, otros, más convencidos, los hicieron apalear con la policía; otros renegaron de principios mamados desde la cuna, incluso antes de que el gallo tomara aliento para cantar, otros quedaron integrados al Departamento 6 de policía dando “cursos antisubversivos”; otros estafaron y marcharon a juicio; otros fueron acarreados ante las cámaras para diversión de la derecha, como romanos en el circo. Y tanto más, que la pluma se resiste.
Si estas cosas han sucedido en “democracia” y sin “máquina” ¿Qué no pudo darse en el cuartel y en manos de los verdugos?
Existen muchos actores vivos y en silencio, que vieron morir compañeros, que sintieron el terror cuando venían a por él o ella, que escucharon denigrar a la mujer, el llanto de un padre, un hijo, una madre.
¡Con el enemigo, nada! Y somos justos, ni más radicales, ni menos conscientes.

El día del Paro General el oficialismo proclama...

qué tiene otros objetivos que los de los 


trabajadores

Se podría decir que "a confesión de parte relevo de pruebas" cuando la Senadora Topolansky manifiesta abiertamente lo que todos sabían. "Radicales" malintencionados siempre han sugerido qué lo que parecen exabruptos de la Senadora en realidad no son otra cosa qué la manifestación pública de lo que piensa el Presidente, el que por razones "tácticas", se expresa a través de Topolansky. Como sea es una "confesión de parte" manifestada con mucha "habilidad táctica" justo el día del Paro General y la manifestación del PIT-CNT. Es decir que es una manera de darle un mensaje presidencial a los trabajadores que pararon y manifestaron. Si le sacamos el decorado agregado por Topolansky para hacerlo "políticamente correcto" el mensaje es claro: NADA !!, no esperen nada de parte nuestra y no se "gasten" con paros y manifestaciones, no van a conseguir nada porque vuestros objetivos NO SON LOS NUESTROS, los del GOBIERNO (y los del Partido de Gobierno).

Si tomamos como medida los porcentajes electorales podríamos concluir qué por lo menos la mitad de esa masa que paró y llenó 18 de Julio en masiva manifestación eran votantes del Frente Amplio. Si vamos un poco más a la realidad de qué por lo general los afiliados sindicales más activos, en manifestaciones por ejemplo, son los votantes del Frente Amplio, fácilmente podemos concluir que quizás la gran mayoría de los manifestantes eran votantes frenteamplistas y que el grueso de la militancia sindical del FA se encontraba presente en la marcha y en el acto. El paro, la manifestación, el acto, la oratoria, los carteles y consignas fueron claros: los trabajadores están descontentos con el trato qué les da el Gobierno, los trabajadores frenteamplistas particularmente van indignándose con su gobierno por la política de oídos sordos y limitación de recursos tanto para los centros de trabajo como salariales.

Ayer se hizo oír la voz de los trabajadores y además de duras críticas a la política gubernamental se le hizo saber al Ejecutivo que por el lado sindical hay una UNIDAD CRECIENTE y una CADA VEZ MAYOR DISPOSICIÓN DE LUCHA. Matizado también con puntuales respuestas al atrevimiento gubernamental de andar queriendo elegir dirigentes sindicales como bien lo denunciara Castillo en una entrevista. Topolansky sostiene qué la labor del Gobierno es mirar y hacerse cargo de "los más débiles" considerando así a los trabajadores sindicalizados como "fuertes" y qué por lo tanto la "prioridad" del Gobierno no está enfocada hacia los trabajadores sindicalizados sino hacia los que no lo están, debiéndose entender por "los más débiles" a los desocupados totales o parciales. Aparentemente se la presenta como una política orientada hacia "los pobres" y por lo tanto socialmente sensible. Sin embargo no es más qué la continuación de la política antisindical del Gobierno que pretende decir que los trabajadores sindicalizados son fuertes porque tienen un sindicato y casi insinuar que ya han logrado todas las conquistas factibles de lograr. Ligado con lo anterior está el eterno sonsonete REACCIONARIO de sostener qué cuando los trabajadores organizados reclaman mejoras son egoístas, "corporativos" los denominan en el insultante lenguaje que aparentemente es "políticamente correcto". Es decir casi qué un sector "privilegiado" a pesar de como lo expresaran los dirigentes sindicales en el acto, el 60% de los trabajadores está con sueldos y salarios de 10 000 pesos y muy, pero muy, por debajo del costo de la canasta familiar. Canasta qué cada vez que sube el precio de un producto o los alquileres, el transporte, la luz o el gasto que sea, VEN DISMINUIR SU INGRESO. De hecho,  cada semana se va produciendo UNA REBAJA DEL SUELDO O SALARIO.
 
Esa es la realidad. Lo dicho por Topolansky son maniobreos polítiqueros para no decir abiertamente que están cumpliendo con las directivas del FMI y que no van a dar ningún aumento, ya que los trabajadores son para el FMI "un costo" que SIEMPRE DEBE DE SER RECORTADO. Ya lo sabemos desde la primera "Carta de Intención" del FMI a comienzos de la década de los 60 y cuyo efecto fué la demolición de la economía de los trabajadores en aquel entonces, hecho que condujo al incremento de las luchas reivindicativas, a la respuesta represiva y finalmente al golpe y a la dictadura. El FMI tiene una sola línea y una sola receta: LAS TIJERAS, el tijeretazo que se está viendo en Europa y que viene sumiendo en la miseria a millones de trabajadores. En lugar de hablar claro el "gobierno popular" miente con descaro y pretende burlar a los trabajadores. El Gobierno está actuando como gerente del estado burgués, administrando el capitalismo y como no podía ser de otra manera recortando y metiendo tijera en todo lo que sean prestaciones sociales y mejoramiento del nivel de vida de los trabajadores, ya que ésta es la exigencia de los propietarios para los que se administra. El hacha de los llamados recortes va siempre dirigida hacia abajo, hacia el pueblo trabajador, el "ahorro" tiene siempre cara de laburante y de pobre. Ahí está el ejemplo de Europa en estos días para poder ver en la vidriera del "capitalismo en serio" lo que ellos entiende por "soluciones a la crisis".

En conclusión, el Gobierno ya ha anunciado que no cederá a los reclamos de los trabajadores de mejorar su nivel de vida. El gobierno - de hecho - con su negativa dada a conocer el día del paro y la movilización hace una declaración de guerra al movimiento sindical. Para "prioritar" a los pobres Topolansky elige el camino del FMI de empobrecer aún más al conjunto de los trabajadores. La supuesta "prioridad" para con "los más débiles" ha sido ampliamente refutada y desenmascarada por diversos analistas, particularmente por los Economistas de Izquierda, qué con cifras han demostrado qué esa supuesta prioridad no es tal y que la situación de los más pobres es alarmante ya que - de hecho - no se han producido mejoras sustanciales en ningún aspecto. Más abajo volvemos a publicar el trabajo de Jorge Zabalza intitulado "Cifras, realidad y versos" en el cual se demuestra a cabalidad qué estos supuestos logros del gobierno en la materia no son más que propaganda distorsionante de la realidad. Alcanza con tomar un solo párrafo para comprender como las cifras, indicador sobre la realidad, desmienten una falsa prédica llamada progresista: 

"El ejército de pobres. 

 El informe del Cuesta-Duarte retoma el concepto de “diezmilpesistas” que se empleó en el informe del año anterior. Ajustado por el índice de precios del consumo (IPC)  10.000 pesos en el 2010 son 10.860 pesos en el  2011. Es decir que hoy por hoy el término equivalente sería “oncemilpesistas”,  categoría que comprende a 744.000 trabajadores, que representan el 63% del millón seiscientos mil uruguayos con ocupación.  Motivo de  alborozo de los redactores del informe es que los oncemilpesistas del 2011 sean 69.000 personas menos que los diezmilpesistas del 2011, sin embargo, también deben preocuparse al cobrar conciencia una vez más la dimensión de la pobreza en Uruguay. Esas casi 750.000 personas tiene tan reducida su capacidad de consumo y de acceso a la educación y la cultura, que viven en la pobreza material y espiritual, son pobres por más ceibalitas que les hayan proporcionado a sus hijos. ¡Compañeros, esta es la medida exacta de la parte del pueblo que está excluído de la bonanza exportadora y del optimismo del equipo económico! "

Pero lea todo el artículo ya que el mismo ofrece una síntesis muy reveladora sobre la realidad que se pretende distorsionar con alegatos de "priorización con los más débiles" qué no es más que demagogia carente de contenido real.

Sin embargo hay un aspecto que viene siendo alarmante: la política antisindical del Gobierno. Un Gobierno electo con los votos de los trabajadores que una vez en el podio se pretende colocar por encima de las clases y operar de "juez social" con una política que pretende ser LA ÚNICA Y LA LIBRE DE ERRORES. En la medida en que la derecha carece de fortaleza para poner en pie movilizaciones sociales y menos aún de los trabajadores ya que los intereses qué representa la derecha están en contraposición con los de los trabajadores, el gobierno cuenta con un margen de maniobras apreciable. Y dado que el Frente Amplio se ha transformado en una mera fuerza electoral, desmovilizada y con la actividad de los Comités de Base reducida a su mínima expresión, la única fuerza real, con capacidad de movilización de masas vienen siendo los sindicatos habida cuenta de la inexistencia de otros movimientos sociales o del estudiantil que pudieran movilizarse como lo hacen en otros países tanto en América Latina como en Europa. La excepción ha sido y sigue siendo el movimiento por los DDHH y contra la impunidad que ha logrado formar una vasta opinión, ha puesto en pie movilizaciones de masas e incluso un resultado en las urnas cuando la consulta con la Rosada que rondó la mayoría.

Así las cosas el único contrapeso qué tiene en gobierno para la aplicación de su recetario neoliberal es el movimiento sindical. Es una de las razones por las cuales se lleva adelante esa intensa y calumniosa actividad de desprestigio de la luchas de los trabajadores utilizando para ello todo el peso del aparato del estado incluyendo militares rompehuelgas, grupos de choque y hasta balas de goma contra pacíficos manifestantes. La otra razón ya es más bien del orden ideólogico y tiene que ver con la mentalidad verticalista, monolitista y más que nada aparatista que se emplea contra los sindicatos. El desprecio y la calumnia a quienes han puesto con sus votos y militancia a los gobernantes en sus sillones dice mucho sobre la concepción que anida a nivel de gobierno. Es sin duda burocrática en relación al movimiento sindical y a los trabajadores organizados, se molesta porque se movilizan o reclaman, les manda aparato represor apenas puede y encima los calumnia. El ideal gubernamental sería el que los sindicatos fueran sellos anquilosados con algunos dirigentes oficialistas que actuasen como representantes del gobierno entre los trabajadores, que fueran "embajadores intinerantes" cuyo fin sería el apagar eventuales focos de incendio o, llegado el caso, actuar como polícia interna. En lo ideológico y metodológico así es como han actuado y actúan los sindicatos y centrales socialdemócratas tan admiradas por el gobierno y muchos en el FA. Uno de los "recortes" de Rajoy ha sido el de sueldos y subsidios estatales a los dirigentes sindicales y al aparato sindical, por ejemplo.

Afortunadamente para los trabajadores esa no es la realidad que por ejemplo ayer se pudo ver en la calle, pero el propósito del Gobierno y de sectores importantes del FA ha ido y va en esa dirección: el control desde arriba, vertical, de la organización de los trabajadores, dirigentes adictos al gobierno o a la fuerza política antes que representantes de sus afiliados con el propósito de que no vuele una mosca en el plano laboral. Los reclamos deberán seguir el camino de la amansadora de los despachos ministeriales pero nada de acciones concretas, protestas, paros o similares. Si así no es, COMO NO LO ES EN LA REALIDAD ACTUAL, el gobierno se enoja, el Presidente denigra a sus votantes, Topolansky pretende "dorarles la píldora" como si fueran infradotados y la triste realidad que hoy describían los oradores en el acto final de la movilización se impone. Naturalmente que esta concepción aplicada desde arriba, más tarde o más temprano generará respuestas.Y al final el Frente Amplio continuará perdiendo apoyo entre los trabajadores que se sienten burlados, una vez más.

El gobierno toma de "rehenes" a los trabajadores para intentar paralizarlos y poder así cumplir con los dictados, imposiciones y promesas al FMI. Los sindicatos, como única fuerza activa hoy en día son los únicos qué podrían torcer el curso neoliberal de este gobierno al que llevaron a ese puesto con sus votos, hoy, para cambiar el curso a la situación y para que DE VERDAD SE ATIENDA LA SITUACIÓN DE LOS MÁS DÉBILES los sindicatos deberían de presentar una plataforma que contemple las soluciones inmediatas así como las soluciones de fondo y en función de eso elaborar un PLAN DE LUCHA unificado, de todo el movimiento popular.


Colectivo del Blog Noticias Uruguayas

tomado de Federacion de Bases: http://federaciondebasespatriagrande.blogspot.com/2012/08/gobierno-antiobrero.html