Denominadas peyorativamente por las fuerzas reaccionarias y aristocrático-burguesas 'les pétroleuses', o sea, las incendiarias.
La presencia y la participación femenina en las luchas políticas y
revolucionarias en Francia y en otros países es una constante, incluso,
el símbolo de la República francesa está representado por una mujer.
Hasta hace algunas décadas la intervención femenina en las luchas
políticas revolucionarias no era motivo de estudio, pese a su destacada
participación en los principales acontecimientos de nuestra historia,
principalmente a partir de la historia moderna. Ellas Estuvieron
presentes, aunque relegadas y marginadas. Esta realidad está siendo
cambiada en las últimas décadas por el esfuerzo destacado de las
feministas, que osan investigar y comprobar que las mujeres, cerca de un
50% -posiblemente con pequeñas diferencias en uno u otro periodo- de la
población en toda la historia de la humanidad, han estado participando
de los hechos históricos. Esto atañe sobre todo a las mujeres
trabajadoras, que desafiando las ideas preconcebidas y los límites
culturales -incluso en contra de los hombres revolucionarios-,
conquistaron sus derechos, no solamente como parte integrante de la
parcela social mayoritaria, explotada y oprimida, sino también derechos
específicos en cuanto mujeres, o como actualmente se definen, sus
derechos de género.
En todas las revoluciones burguesas y proletarias de los siglos
XVIII, XIX y XX, "las mujeres con estudios utilizaron las oportunidades
que se les ofrecieron de plantear demandas sociales, económicas y
políticas radicales, sobre todo aquellas destinadas a transformar el
lugar que ocupan las mujeres en la familia y la economía, en concreto
mediante la exigencia de derechos e igualdad legales. Sin embargo, las
mujeres de la clase baja también participaron, sobre todo cuando los
problemas económicos amenazaban su nivel de vida y el de sus familias.
Con frecuencia estas mujeres conectaron estas cuestiones con las luchas
por el poder y los cambios políticos radicales que tenían lugar e
hicieron pleno uso de la oportunidad de presionar a favor de reformas
legales y constitucionales. (...) Sin embargo, en líneas generales, los
hombres revolucionarios no parece que hayan tenido muy en cuenta los
derechos de la mujer. Además, las mujeres rara vez han ido más allá de
apoyar o actuar a través de sus hombres. De hecho, muchos hombres temían
al parecer que las mujeres participasen en actividades políticas. Como
consecuencia, los políticos e historiadores varones han ignorado a las
mujeres revolucionarias o las han pintado como amazonas y fieras,
mientras que muchos hombres radicales se han mostrado a veces poco
dispuestos a respaldar los derechos de la mujer, por si acaso parecían
unos insensatos a los ojos de los demás hombres." (TODD, 2000: 128).
Las mujeres en la revolución de 1789
Ya en el año de 1789 y posteriores, las mujeres participan de forma
destacada en las luchas revolucionarias. Como uno de los sectores más
sensibles a las consecuencias de las crisis, asumen un papel señalado en
las movilizaciones contra la escasez, el hambre y la irregularidad en
el abastecimiento, mas no se quedan solamente en este frente: empiezan a
asumir la lucha y a hacer reivindicaciones políticas de forma cada vez
más destacada. Crean asociaciones destinadas a exigir la defensa de los
derechos de las mujeres, como por ejemplo la Sociedad de Mujeres
Republicanas Revolucionarias (SMRR), fundada en febrero de 1793, por
Claire Lacombe y Pauline Léon, responsable de diversas conquistas
revolucionario-populares. Algunas feministas consiguen destacarse en la
defensa de sus derechos y por colocar sus reivindicaciones como parte de
las plataformas políticas.
De entre éstas se destacan Marie-Jeanne Roland, conocida como "Manon"
Roland, discípula de Rousseau y célebre como la philosophe republicana;
la holandesa Etta Palm d´Aelders; Olympe de Gouges, que redactó una
Declaración de Derechos de la Mujer; Tréroigne de Méricourt, que se
destacó en el grupo Amigos de la Constitución en 1790. Se debe apuntar
que la participación de las mujeres en este momento es identificada, por
su propio carácter y por el contenido de clases, con la perspectiva
burguesa, no incluyendo en sus reivindicaciones el contenido social y
igualitario, que sólo surgirá posteriormente.
Las mujeres en la Primavera de los Pueblos, en 1848
En general, la participación femenina en las revoluciones de 1848,
durante la primavera de los pueblos, manifiesta un contenido algo
distinto de la fase anterior, ya que es destacada la presencia de las
trabajadoras y la aparición de las ideas socialistas y comunistas, que
defienden la igualdad para las mujeres y la asocian con la emancipación
de clase, con la superación del orden existente.
Al igual que en otros momentos revolucionarios, en la Revolución de
1848, en Francia, París destaca como la localidad donde sucedieron el
mayor número de manifestaciones proletarias y donde las mujeres
participaron más activamente, incluso de forma independiente, tanto en
la organización de huelgas y asociaciones gremiales, como reivindicando
que el Plan Nacional de Talleres no fuera excluyente para las mujeres y
restringido a aminorar sólo las consecuencias del paro masculino.
Incluso consiguen que representantes de los gremios de mujeres formen
parte de la Comisión Luxemburgo, responsable de analizar y presentar al
gobierno provisional, sugerencias relativas a las condiciones de los
trabajadores y a sus salarios.
Entre las organizaciones especificas fundadas en este periodo destaca
las Vésuviennes, que, en su lucha por las reivindicaciones femeninas,
organizaba grupos de mujeres para entrenamientos de contenido militar.
El Club para la Emancipación de las Mujeres, la Unión de las Mujeres y
la Asociación Fraternal de Demócratas de Ambos os Sexos reivindicaban la
igualdad de derechos para las mujeres, el derecho al divorcio y al
voto. Se sabe también que muchas mujeres asistieron a las reuniones de
la Sociedad Republicana Central dirigida por Blanqui y que, en algunas
ciudades de las provincias, surgieron clubes femeninos (TODD, 2000:
135).
"Los defensores de los derechos de la mujer también imprimieron miles
de carteles, boletines y proclamas, además de fundar revistas y
periódicos, el más importante de los cuales, La Voix des Femmes (La Voz
de las Mujeres), abogaba por el divorcio y las guarderías infantiles
para las mujeres trabajadoras. Fuera de París, sus esfuerzos tendían a
limitarse a exhortar a sus maridos para que pasaran a la acción(...) sin
embargo, a medida que el proceso de politización característico de las
revoluciones de 1848 se extendía, la participación política de las
mujeres tendía a aumentar. Algunas lucharon en las barricadas durante la
revolución de febrero, pero fueron muchas más las que participaron en
la enconada lucha callejera de junio de 1848. Las mujeres de París
lucharon con tanta fiereza como los hombres y constituyeron un pequeño
porcentaje del total de muertos, heridos o arrestados. Aunque algunas se
limitaron a cargar y limpiar las armas, otras dirigieron grupos de
combate integrados sólo por hombres. La actividad política de las
mujeres se restringió después de que se reprimiera el levantamiento de
los "días de junio", pero muchas habían aumentado su conciencia social y
política." (TODD, 2000: 135).
Muchas de las activistas femeninas, o mejor, feministas, lucharon no
sólo en los acontecimientos de la Revolución de 1848 en Francia, sino
que tuvieron un papel político importante en las luchas feministas
posteriores, de entre las cuales se destacan: Eugénie Niboyet,
responsable de la publicación del periódico parisino Voz de las Mujeres,
dedicado a la defensa de los derechos específicos de las mujeres;
Jeanne Déroin, fundadora del Club para la Emancipación de las Mujeres;
Joséphine Courbois, conocida como la reina de las barricadas, por su
actuación destacada en las barricadas en Lyón, y posteriormente en 1871,
continuando a su militancia, por su lucha en las barricadas de la
Comuna de Paris; Amadine Lucile Aurore Dudevant, conocida como George
Sand, intelectual y escritora conocida por sus ideas republicanas y
revolucionarias.
En otros países de Europa, la presencia y participación femenina en
las luchas revolucionarias de 1848 no alcanzaron el nivel y la
intensidad que tuvieron en Francia.
En el Imperio Austro-Húngaro, en Viena y Praga, las mujeres, aunque
no haya quedado constancia de que presentaran reivindicaciones
especificas, se reunían para tratar de asuntos políticos y publicar
periódicos. Hay constancia de que en Praga, en junio de 1848,
participaron en las luchas, y en Viena, en octubre, colaboraron en la
construcción de barricadas. En Hungría se llegaron a formar dos
regimientos femeninos y algunas mujeres, disfrazadas de hombres, se
alistaron en las tropas, dándose incluso el caso de dos que alcanzaron
el puesto de capitán antes de ser descubiertas. La existencia de
organizaciones femeninas se restringe prácticamente a Praga y Viena,
dedicándose a apoyar los refugiados políticos e insurgentes
encarcelados. El Club de las Mujeres Eslavas, organizado en Praga, se
dedicaba a la educación de las mujeres en su lengua patria.
En los Estados Alemanes, en la ciudad textil de Elberfeld, las
mujeres participaron en el 31 de marzo de 1848 en una manifestación de
apoyo a los trabajadores y a favor de la unificación de Alemania,
proponiendo que se usasen solamente ropas confeccionadas en el país. En
otras localidades y eventos la participación se limitó a actividades de
apoyo. Los hombres en sus clubes políticos, incluidos los burgueses
radicales, con excepción de los socialistas y comunistas, no permitían
la participación femenina. En Berlín, el pequeño Congreso de
Trabajadores, que congregaba treinta y una (31) organizaciones, apoyaba
la reivindicación de igualdad para las mujeres, e igualmente tenemos
constancia de la existencia del Club Democrático de Mujeres. Entre las
mujeres se destacan las feministas Matilde Franziska Anneke y Luise
Otto-Peters, responsables de la publicación de periódicos.
En los Estados Italianos antes de 1848, pese sus ideas nacionalistas y
liberales, la participación de las mujeres se limitó, salvo algunas
pocas excepciones, a apoyar las actividades revolucionarias de los
hombres. En general, las mujeres italianas, en este período, no fueron
más allá del apoyo a sus esposos y familiares. En los Estados Italianos
destacó la brasileña Anita Garibaldi, considerada la verdadera heroína
italiana, por su participación al lado de Garibaldi, su esposo, en las
luchas por la unificación de Italia.
Las mujeres en la Comuna de París de 1871
Pero, de todas esas luchas revolucionarias en las que las mujeres
tuvieron participación, sobresalen las de la Comuna de Paris, tanto por
su contenido político como por su número e intensidad.
En 1871, pese a la participación de las mujeres en las jornadas
revolucionarias durante casi un siglo de lucha de clases, los
trabajadores sufrían unas precarias condiciones de vida y las
trabajadoras sufrían una doble explotación y discriminación: como
mujeres y como trabajadoras, careciendo además del derecho al voto,
permitido a los hombres. Un ejemplo de las discriminaciones a las que
estaban sometidas las mujeres aparece en el código civil francés. Éste,
modelo de código civil burgués, y seguido en distintos países, "fue uno
de los documentos más reaccionarios en lo que respecta a la cuestión de
la mujer. La despojaba de todo y cualquier derecho, sometiéndola
enteramente al padre o al marido, no reconocía la unión de hecho y sólo
reconocía a los hijos del casamiento oficial." (MARTINS, 1991: 47-48).
Para muchas mujeres, la Comuna se presenta no sólo como una posibilidad
de conquistar una Republica social, sino de conquistar una Republica
social con igualdad de derechos para las mujeres.
El 18 de marzo de 1871, considerado el día del deflagrar de la
Comuna, fueron las mujeres las primeras en dar la alarma y revelar la
intención de las tropas al mando del gobierno de Thiers de retirar los
cañones de las colinas de Montmartre y desarmar París. Las mujeres se
pusieron delante de las tropas gubernamentales e impidieron con sus
cuerpos que los cañones fueran retirados, e incitaron la reacción del
proletariado y de la Guardia Nacional a la defensa de París.
"En concreto, las mujeres trabajaron en fábricas de armas y
municiones, hicieron uniformes y dotaron de personal a los hospitales
improvisados, además de ayudar a construir barricadas. A muchas se las
destinó a los batallones de la Guardia Nacional como cantinières, donde
se encargaban de proporcionar alimentos y bebida a los soldados de las
barricadas, además de los primeros auxilios básicos. En teoría, eran
cuatro las cantinières destinadas a cada batallón, pero en la práctica
solían ser muchas más. Por otra parte, abundantes datos muestran que
muchas mujeres recogieron las armas de hombres muertos o heridos y
lucharon con gran determinación y valentía. También hubo un batallón
compuesto por 120 mujeres de la Guardia Nacional que luchó con valentía
en las barricadas durante la última semana de la Comuna. Obligadas a
retirarse de la barricada de la Place Blanche, se trasladaron a la Place
Pigalle y lucharon hasta que las rodearon. Algunas escaparon al
Boulevard Magenta, donde todas murieron en la lucha final." (TODD, 2000:
140).
Las actividades desarrolladas por las mujeres englobaban una serie de
funciones, destacándose aquellas destinadas a la asistencia a los
heridos y enfermos, a la educación en general y el abastecimiento.
Aunque no existió la organización de movimientos feministas como los
conocemos hoy, y no fue elaborado un programa sólo con reivindicaciones
especificas, las revolucionarias crearon cooperativas de trabajadores y
sindicatos específicos para las mujeres. Participaron activamente de
clubes políticos, reivindicando la igualdad de derechos, como por
ejemplo el Club de los Proletarios y el Club de los Librepensadores.
Crearon organizaciones propias como el Comité de Mujeres para la
Vigilancia, el Club de la Revolución Social, el Club de la Revolución y
la que consiguió destacarse de la otras, la Unión de Mujeres para la
Defensa de París y la Ayuda a los Heridos, fundada por miembros de la
Internacional, influidos por las ideas de Marx. Se publicaron periódicos
destinados a las mujeres: Le Journal des Citoyennes de la Comuna (Periódico de los Ciudadanos de la Comuna) y La Sociale (La Sociedad).
Las revolucionarias en la Comuna adquirieron importancia no sólo como
luchadoras de las causas sociales, sino como feministas, pertenecientes
a la clase obrera o a los sectores radicales de los sectores medios,
identificadas con las luchas por la conquista de una Republica social
con igualdad de derechos. Entre las mujeres en este período, la más
conocida fue la activista socialista Louise Michel, fundadora de la y
Unión de Mujeres para la Defensa de París de apoyo a los Heridos y
miembro de la I Internacional. También destacan: Elizabeth Dmitrieff,
militante socialista y feminista; André Léo responsable de la
publicación del periódico La Sociale; Beatriz Excoffon, Sophie
Poirier y Anna Jaclard, militantes del Comité de Mujeres para la
Vigilancia; Marie-Catherine Rigissart, que comandó un batallón de
mujeres; Adélaide Valentin, que llegó al puesto de coronel, y Louise
Neckebecker, capitán de compañía; Nathalie Lemel, Aline Jacquier,
Marcelle Tinayre, Otavine Tardif y Blanche Lefebvre, fundadoras de la
Unión de Mujeres, siendo la última ejecutada multitudinariamente por las
tropas reaccionarias, y Joséphine Courbois, que luchó en 1848 en las
barricadas de Lyón, donde era conocida como la reina de las barricadas.
Se debe citar aún a Jeanne Hachette, Victorine Louvert, Marguerite
Lachaise, Josephine Marchais, Leontine Suétens y Natalie Lemel.
Después de la derrota militar de la Comuna de Paris de 1871, las
fuerzas conservadoras y reaccionarias, ante la imposibilidad de eliminar
este ejemplo heroico que demuestra la posibilidad de destrucción del
orden burgués, difundieron una gran campaña de calumnias contra el
proletariado, los socialistas, comunistas y en particular contra la I
Internacional.
"Algunas fuentes hacen referencia a las incendiarias, les pétroleuses, que prendieron fuego a edificios públicos durante la Semaine Sanglante
final de la Comuna. Estas historias parecen ser fruto del alarmismo
antifeminista de inspiración gubernamental, y la mayoría de los
corresponsales extranjeros presentes no las creían. No obstante, las
tropas gubernamentales ejecutaron de manera sumaria a cientos de
mujeres, e incluso se las apaleó hasta morir, porque eran sospechosas de
ser pétroleuses. Con todo, a a pesar del hecho de que más
tarde se acusó a muchas más mujeres de ser incendiarias, los consejos de
guerra no hallaron a ninguna culpable de ese delito. Sin embargo, hay
pruebas que indican que, durante los últimos días, las mujeres
aguantaron más tiempo tras las barricadas que los hombres. En total, se
sometió a 1.051 mujeres a consejos de guerra, realizados entre agosto de
1871 y enero de 1873: a ocho se las sentenció a muerte, a nueve a
trabajo forzados y a 36 a su deportación a colonias penitenciarias."
(TODD, 2000: 140-141).
La Comuna de Paris y la destacada participación femenina en
actividades consideradas hasta entonces como masculinas, reafirma la
fuerza revolucionaria de la mujer, ya perfilada a partir de la
revolución de 1789, que se transformó en una oleada mundial
indestructible. Las mujeres, a partir de la Comuna de Paris pasan a
contribuir con gran parte de la fuerza que pone en movimiento la máquina
de la revolución proletaria, indicando que ellas no dejaran la escena
de la lucha de los explotados y oprimidos por una nueva sociedad de
progreso social, de libertad.
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Notas
La Sociedad de Mujeres Republicanas Revolucionarias
(SMRR), "fue el primer grupo político de defensa de intereses para
mujeres corrientes que se creó en Europa. Fundado por una actriz y una
fabricantlates, estaba vinculado al ala izquiere de chocoda de los enragés,
luchaba por los intereses de los trabajadores pobre y la mayoría de sus
miembros eran mujeres de los trabajadores pobres y mujeres
trabajadoras. Estas républicaines-révolutionnaires apoyaban a los montagnards
en su lucha política con los girondinos y fundían los intereses de los
radicales de clase media con aquellos de los pobres de París." (TODD,
2000: 132)
Claire Lacombe fue actriz y después de la
prohibición de la SMRR, por sus posiciones identificadas como burguesas,
fue arrestada durante la ascensión de los jacobinos al poder, siendo
liberada en agosto de 1795.
Pauline Léon fue fabricante de chocolate, fue
encarcelada junto con Claire después de la prohibición de la SMRR,
siendo libertada en agosto de 1794, un año antes que Claire.
"Manon" Roland contribuyó a la elaboración de la
política girondina y fue ejecutada en noviembre de 1793, durante el
ascenso al poder de los jacobinos. Etta Palm d´Aelders
participó de forma destacada de la campaña en defensa de los derechos de
las mujeres, dando prioridad a la igualdad en la educación y en el
empleo.
Olympe de Gouges, como defensora radical de los
derechos de las mujeres, fue destacada militante revolucionaria y murió
guillotinada en 1793. Su Declaración de los Derechos de la Mujer es un
complemento - o una contraposición - a la Declaración de los Derechos
del Hombre, que no contempló o explicitó los derechos de las mujeres.
Théroigne de Méricourt tuvo una actuación destacada
en la defensa de los principios revolucionarios y de los derechos de las
mujeres, llegando incluso a defender de la formación de un batallón
sólo de mujeres armadas.
Jeanne Déroin, fue costurera de profesión y
militante de izquierda. "Cuando Jeanne Déroin propuso presentarse como
candidata demócrata en las elecciones de mayo de 1849, P.-J. Proudhon la
declaró no apta porque los órganos que las mujeres poseen para
alimentar a los bebés no las hacen apropiadas para el voto; ella
respondió pidiéndole que le mostrara el órgano masculino que le
facultaba para el voto. Obligada a huir a Inglaterra en 1851, después
del golpe de Luis Napoleón, continuó siendo una feminista activa hasta
su muerte a la edad de 89 años." (TODD, 2000: 138-139)
George Sand fue "influida por el socialismo de
Saint-Simon, era una republicana acérrima y partidaria de las barricadas
y de la revolución. Fue la intelectual más conocida de su época, y
muchos de sus 109 libros reflejaban sus ideas humanitarias. Al principio
se asoció con Armand Barbés, el líder radical del Club de la
Revolución, pero enseguida se convirtió en consejera de Alexandre
Ledru-Rollin, ministro de Interior del nuevo gobierno revolucionario,
que editaba los Boletines de la República que contribuyeron a propagar
el republicanismo radical en las provincias" (TODD, 2000: 139).
Matilde Franzizka Anneke fue la feminista que más
destacó en los Estados Alemanes. Inició su actuación política como
radical y se adhirió al comunismo. Después del fracaso de la Revolución
Alemana de 1848 se vio obligada a huir a los EUA, donde continuó la
lucha feminista en defensa de los derechos de las mujeres.
Louise Michel militante socialista y fundadora de la
Unión de Mujeres, "comanda un batallón femenino, que se enfrenta a los
reaccionarios en as barricadas de Paris. Escapa a la muerte, es
arrestada y comparece delante del Consejo de Guerra en 16-12-71. Su
juicio es ejemplo de firmeza y convicción revolucionaria. Rechaza los
abogados designados y presenta personalmente su defensa, que en verdad
es la defensa de la causa de los communards, al decir: "No me quiero
defender. Pertenezco toda a la Revolución Social. Declaro aceptar la
responsabilidad de mis actos (...) lo que exijo de vosotros... es el
campo de Satory, donde ya cayeron mis hermanos. Es preciso separarme de
la sociedad, les dijeron que lo hicieran, ¡pues bien! El Comisario de la
República tiene razón. Ya que, según parece, todo corazón que bate por
la libertad sólo tiene derecho a un poco de plomo, ¡exijo mi parte! Se
me dejáis vivir, no cesaré de clamar venganza y de denunciar, en
venganza de mis hermanos, a los asesinos de la Comisión de las Gracias".
Reivindica morir en el Campo de Satory. El palco del más odioso
tratamiento recibido por los combatientes de Paris. Allí, en la noche
del 27 al 28 de mayo, millares fueron masacrados por las tropas de
Versalles. Louise no fue condenada a muerte, sino que fue deportada a
Nova Caledonia. La amnistía votada a 11-7-1880 la beneficia. Volvió a
Francia, donde reasumió inmediatamente su puesto de combate en defensa
de los oprimidos. Participó y dirigió varias manifestaciones de obreros y
desempleados y también las dirigió. Arrestada varias veces, fue
condenada en 1883 a seis años de prisión. Liberada, murió en 1905.
Recibió innumerables manifestaciones de reconocimiento de los
trabajadores de Paris y de toda Francia. Fue enterrada con el estandarte
de la Comuna. Louise Michel, pese a cuestionarse la cuestión de la
mujer, lo hace aún de forma unilateral, considerándola sólo como una
recurrencia directa y mecánica del fin de la opresión de clase, sin
comprender su dimensión específica. Louise Michel es un símbolo de la
participación de la mujer en las luchas sociales en defensa del progreso
y del Socialismo. No fue sólo una luchadora de acciones prácticas.
Profesora formada, escribió varias obras donde reveló su pensamiento
revolucionario, entre ellas se destacan las "Memorias de la Comuna", de 1898 (MARTINS, 1991: 48)
Elizabeth Dmitrieff "se afilió a la Internacional a
los 17 años y se hizo amiga de Marx. Llegó a ser una de las siete
componentes del comité ejecutivo de la Unión de Mujeres. Al final huyó a
Suiza." (TODD, 2000: 142)
André Leo, influida por las ideas blanquistas, se dedicaba al periodismo y con la derrota de la Comuna, se exiló a Suiza.
Beatriz Excoffon empezó a desarrollar sus
actividades políticas a partir del cerco de Paris. A principios de abril
de 1871 fue una de las organizadoras de una marcha compuesta por
aproximadamente 800 mujeres que intentaron sin éxito impedir que el
gobierno de Thiers atacara Paris. Con la derrota de la Comuna, fue
arrestada y deportada.
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