sábado, 18 de noviembre de 2017

La Revolución Rusa: Logros, derrotas, fracasos. Algunas lecciones para A. Latina


tomados de:
Atilio Boron*

4 5-57 minutes







Las dificultades de un balance

A cien años de la Revolución Rusa es necesario re-examinar esa experiencia por la importancia que tiene, en sí mismo, el conocimiento de la primera revolución proletaria triunfante en el plano nacional (la Comuna, como se recordará, se limitó a la ciudad de París). Pero también para extraer algunas lecciones que nos parecen de suma utilidad para el análisis de los desafíos que enfrentan las experiencias progresistas y de izquierda en la América Latina contemporánea. En otras palabras, no estamos proponiendo un ejercicio de arqueología política sino una reflexión sobre un gran acontecimiento del pasado cuyas luces pueden servir para iluminar el presente.
Quisiera comenzar planteando en primer lugar las dificultades que acechan cualquier tentativa de realizar un balance de un proceso histórico tan complejo como un cambio revolucionario. Se cuenta que cuando al líder chino Zhou En Lai se le preguntó que pensaba de la Revolución Francesa su respuesta dejó pasmado a sus interlocutores occidentales: “es demasiado pronto para saber”. Lo mismo repitió uno de sus compatriotas en un seminario convocado en París para conmemorar los doscientos años de aquella gesta de 1789.i Más allá de lo anecdótico estas observaciones son de un cierto valor metodológico a la hora de formularnos la misma pregunta sobre la Revolución Rusa. ¿Cuál es su legado? El pensamiento convencional, inficionado por los valores conservadores de la burguesía y de la academia, emite un diagnóstico terminante: aquella fue una aberración que tenía fatalmente que culminar en el totalitarismo para luego desplomarse por el peso de su extravagancia histórica. Para autores inscriptos en esa corriente interpretativa la Revolución Rusa fue un doloroso paréntesis en la hegeliana marcha de Europa hacia la libertad. Claro que una reflexión más sobria ofrecería una visión diferente: la de una revolución que transformó al país más atrasado de Europa en una fortaleza industrial y militar que jugó un papel decisivo en la derrota del fascismo; que posibilitó erradicar la plaga del analfabetismo que sumergía a la enorme mayoría de la población, sobre todo la femenina, en las sombras de la ignorancia y la superstición; que propició un desarrollo científico y técnico que le permitió neutralizar el chantaje atómico a que había sido sometida por Estados Unidos luego del holocausto de Hiroshima y Nagasaki y, como si lo anterior fuera poco, tomó la delantera en la carrera espacial con el lanzamiento del primer satélite artificial de la historia.ii
No sería exagerado decir, en consecuencia, que la historia contemporánea se divide en un antes y un después de la Revolución Rusa. No fue una más de las tantas revueltas populares contra un orden insoportablemente injusto pues marcó un quiebre histórico que desde la rebelión de Espartaco venía signada, hasta la Comuna de París, con la marca de la derrota. Según John Roemer, “la revolución bolchevique fue, pienso, el evento político más importante ocurrido desde la revolución francesa porque convirtió en realidad para centenares de millones, o quizás miles de millones, de personas por primera vez desde 1789 el sueño de una sociedad basada en una norma de igualdad más que en una norma de avaricia y ambición.” iii
Por supuesto, el pensamiento convencional de la burguesía, y de las ciencias sociales, ha dado su veredicto y, como decíamos más arriba, lo ha instalado como una verdad irrefutable: la RR fue una gran tragedia, un desgraciado error, un monumental fracaso que provocó un sinfín de pesares a la humanidad. Se trata de un diagnóstico para nada inocente. Los pensadores de la burguesía oscilan entre dos actitudes: o se desviven por ignorar a la RR, fingir que no hubiera existido y, cuando esto es imposible, satanizarla sin miramiento alguno. El reverso de ese planteamiento es nada menos que la reafirmación del carácter eterno del capitalismo, o la imposibilidad de la revolución, o su previsible monstruosa degeneración. Para los pensadores del orden vigente lo anterior es prueba irrefutable de que el capitalismo es la Santísima Trinidad de nuestro tiempo: lo que fue, lo que es y lo que será. Es imprescindible desmontar esta tergiversación de la verdad histórica.

Ocaso o continuidad del ciclo revolucionario

A tal efecto comenzaría diciendo que más allá del vergonzoso derrumbe de la experiencia soviética (¡la más grande revolución en la historia de la humanidad se derrumbó sin disparar un solo tiro!, recordaba Fidel) y los avatares sufridos por lo que podría adecuadamente caracterizarse como el "primer ciclo" de las revoluciones socialistas, nada autoriza a pensar que la tentativa de las masas populares de "tomar el cielo por asalto" se encuentre definitivamente cancelada o que con el triunfo del capitalismo ante el colectivismo soviético hayamos llegado al final de la historia, tal como lo propone Francis Fukuyama.
Dos razones avalan esta presunción: por un lado, porque las causas profundas, estructurales, que produjeron aquellas irrupciones del socialismo en Rusia, China, Vietnam, Cuba –irrupciones inevitablemente prematuras, como aseguraba Rosa Luxemburgo pero no por ello necesariamente destinadas al fracaso- siguen siendo hoy más vigentes que nunca. La vitalidad de los ideales y la utopía socialistas se nutren a diario de las promesas incumplidas del capitalismo y de su imposibilidad congénita e insanable para asegurar el bienestar de las mayorías. Otra sería la historia si aquél hubiera dado pruebas de su aptitud para transformarse en una dirección congruente con las exigencias de la justicia y la equidad. Pero, si algo enseña la historia de los últimos treinta años, la época de oro de la reestructuración neoliberal del capitalismo, es precisamente lo contrario: que éste es "incorregible e irreformable" y que si se produjeron progresos sociales y políticos significativos durante la luminosa expansión keynesiana de la posguerra –en donde el capitalismo ofreció todo lo mejor que puede ofrecer en términos de derechos ciudadanos y bienestar colectivo, como lo anotara la inolvidable Ellen Meiksins Woods– aquéllos no nacieron de su presunta vocación reformista sino de la amenazante existencia de la Unión Soviética y el temor a que las masas europeas fuesen “contagiadas” por el virus comunista que se había apoderado de la Rusia zarista. Fue esto lo que estuvo en las bases de las políticas de extensión de derechos sociales, políticos y laborales de aquellos años y no una convicción profunda de la necesidad de producir tales cambios. Diversos autores han insistido sobre este punto al afirmar que la fortaleza del movimiento obrero y los partidos socialistas y comunistas europeos fueron amenazantes reflejos de la existencia del campo socialista tras la derrota del fascismo. Pero una vez desintegrada la Unión Soviética y desaparecido el campo socialista el supuesto impulso progresista y democratizador del capitalismo se esfumó como por arte de magia. En su lugar reaparecieron la ortodoxia neoliberal y los partidos neoconservadores con su obstinación por revertir, hasta donde fuese posible, los avances sociales, económicos y políticos logrados en los años de la posguerra. El resultado es una Europa que hoy es mucho más injusta que hace treinta años.
Los resultados de tales políticas han sido deplorables, no sólo en la periferia capitalista europea –Grecia, España, Portugal, Irlanda, etcétera- sino también en los países del centro que aplicaron con mayor empecinamiento la receta neoliberal, como el Reino Unido y, principalísimamente, Estados Unidos. La clave interpretativa de la victoria de Donald Trump reside precisamente en eso. Como veremos más adelante la reestructuración regresiva del capitalismo ha tenido connotaciones sociales tan negativas que la validez del socialismo como "crítica implacable de todo lo existente" sigue siendo ahora tanto o más contundente que antes. En efecto, el capitalismo actual se puede sucintamente caracterizar por tres grandes rasgos:
1 Primero, una fenomenal concentración de la riqueza, tema central de la obra de Thomas Piketty que comprueba como en doscientos años el capitalismo no hizo otra cosa que acrecentar la proporción de la riqueza social en manos de la burguesía y aumentar la desigualdad económica.iv Téngase en cuenta, a modo de ejemplificación, lo siguiente:
1 8 individuos –no empresas, sino individuos- tienen la misma riqueza que la mitad de la población mundial. Ni Marx, Engels y Lenin en sus peores pesadillas podían haber imaginado algo así. Pero eso es lo que existe hoy.v
2 El 1 % más rico de la población mundial tiene más riqueza que el 99 por ciento restante y la tendencia no da muestras de atenuarse sino todo lo contrario.vi
2 Segundo, por una intensificación de la dominación imperialista a escala mundial, sobre todo después de la desintegración de la URSS, para asegurarse recursos económicos no renovables e indispensables para el sostenimiento del modelo de consumo de EEUU y los países del capitalismo metropolitano.
1 Unas mil bases militares de EEUU en todo el mundo y Estados Unidos, el gendarme capitalista mundial, convertido en una plutocracia guerrera cuyas fuerzas están presentes en cada rincón del planeta para preservar la estabilidad del capitalismo global.
2 80 bases oficialmente contadas en América Latina y el Caribe con una tendencia creciente. vii
3 La OTAN reuniendo la mayor acumulación de fuerzas y pertrechos militares sobre la frontera de Rusia desde la Segunda Guerra Mundial.viii
4 Una depredación sin precedentes del medio ambiente –la llamada “segunda contradicción del capitalismo” por James O’Connor- de la naturaleza, y tentativas de garantizar de manera exclusiva para EEUU el suministro de petróleo y de agua, recursos que existen en abundancia en América Latina.
Pero si efectivamente no llegamos al fin de la historia consagrando el triunfo final del capitalismo y la democracia liberal y, por consiguiente, cerrando definitivamente las posibilidades de nuevas tentativas de “tomar el cielo por asalto”; si esto es así entonces se torna necesario formular una segunda hipótesis. Aún cuando el socialismo hubiese fracasado irreparablemente en sus diversas tentativas a lo largo del siglo veinte, y suponiendo también que el capitalismo hubiera logrado resolver sus profundas contradicciones, ¿cuáles son los antecedentes históricos o las premisas teóricas que permitirían pronosticar que nuevas revueltas anticapitalistas no habrían de producirse en el futuro? Sólo una absurda premisa que postule la definitiva extinción de la protesta social, o el congelamiento irreversible de la dialéctica de las contradicciones sociales podría ofrecer sustento a un pronóstico de ese tipo.

Lecciones de las revoluciones burguesas

Dado que lo anterior no sólo es improbable sino imposible, una ojeada a la historia de las revoluciones burguesas podría ser sumamente aleccionadora. En efecto, entre los primeros ensayos que tuvieron lugar en las ciudades italianas a comienzos del siglo XVI en el marco del Renacimiento italiano y la revolución inglesa de 1688 –¡la primera revolución burguesa triunfante!– mediaron casi dos siglos de intentos fallidos y derrotas aplastantes. Si bien el primer ciclo iniciado en Italia fue ahogado en su cuna por la por la reacción señorial-clerical, mucho más tarde habría de iniciarse otro, en el norte de Europa, caracterizado por una larga cadena de exitosas revoluciones burguesas.
Ante lo cual surge la pregunta: ¿por qué suponer que las revoluciones anti-capitalistas tendrían tan sólo un ciclo vital, agotado el cual desaparecerían para siempre de la escena histórica? No existe fundamento alguno para sostener dicha posición, salvo que se adhiera a la ya mencionada tesis del "fin de la historia" que, dicho sea de paso, no la sostiene ningún estudioso medianamente serio de estos asuntos.
Siendo esto así, ¿por qué no pensar que estamos ante un reflujo transitorio –que podría ser prolongado, como en el caso de las revoluciones burguesas; o no, debido a la aceleración de los tiempos históricos– más que ante el ocaso definitivo del socialismo como proyecto emancipador? De hecho, uno de los rasgos de la crisis actual es que estalló producto de las contradicciones internas, irresolubles, generadas por la desorbitada financiarización del capitalismo y su desastroso impacto sobre la economía real. El desplome del 2008 –del cual aún las economías capitalistas no se han recuperado- no fue provocado por una oleada de huelgas o grandes movilizaciones de protesta en Estados Unidos o en Europa Occidental sino por la dinámica de las contradicciones entre las diversas fracciones del capital. Sin embargo, su resultado fue que, por primera vez en el mundo desarrollado, el tendal de víctimas del sistema reconoció que el causante de sus padecimientos (desempleo, caída de salarios reales, desalojos hipotecarios, etcétera) ya no eran los malos gobiernos (que por cierto los hay), o situaciones meramente coyunturales sino que el gran culpable era el capitalismo. Eso fue lo que plantearon los “indignados” en Europa y el movimiento Occupy Wall Street en Estados Unidos, lo cual revela un inédito salto en la conciencia popular y una promisoria evolución ideológica que les permite identificar con claridad la naturaleza del sistema que los oprime y explota.
Retomando el hilo de nuestra argumentación acerca de los ciclos de las revoluciones sociales quisiéramos expresar nuestro acuerdo con la postura adoptada por el “marxista analítico” John Roemer cuando afirma que el destino de un experimento socialista muy peculiar, el modelo soviético, "que ocupó un período muy corto en la historia de la humanidad" para nada significa que los objetivos de largo plazo del socialismo, a saber: la construcción de una sociedad sin clases, se encuentren condenados al limbo de lo imposible. Tal visión es considerada por este autor como "miope y anti-científica": (a) porque confunde el fracaso de un experimento histórico con el destino final del proyecto socialista; (b) porque subestima las transformaciones radicales que la sola presencia de la Unión Soviética produjo en nuestro siglo y que, a través de complejos recorridos, hicieron posible un cierto avance en la dirección del socialismo. Dice Roemer que:
“Partidos socialistas y comunistas se formaron en cada país. Sería muy difícil evaluar los efectos globales de esos partidos en la organización política y sindical de los trabajadores, en la lucha antifascista de los años treinta y cuarenta, y en la lucha anticolonialista de los años de posguerra. Pero bien podría ser que el advenimiento del Estado de Bienestar, la socialdemocracia y el fin del colonialismo se deban, en su génesis, a la revolución bolchevique.” ix
Es más, tal como lo señala Doménico Losurdo en el texto ya mencionado todas las luchas coloniales, de los negros, de las mujeres, de las minorías y, por supuesto, de los obreros y a favor de la democracia tuvieron su fuente de inspiración en la Revolución Rusa. La extensión del sufragio en Europa de la posguerra no hubiera ocurrido de no haber mediado la toma del Palacio de Invierno y la instauración del gobierno de los soviets. Es decir que la misma democracia burguesa recibió un impulso decisivo desde la lejana Rusia. Además, el genio político de Lenin permitió romper las artificiales barreras que separaban las luchas de los negros y los blancos; de los europeos y de las “naciones agrarias” y los asiáticos. En suma: el revolucionario ruso convirtió a todas las luchas particulares en una sola gran lucha universal por la construcción de una nueva sociedad. Incluso puede decirse, con pruebas en la mano, que el proceso de “desegregación racial” en Estados Unidos fue decisivamente influenciado por la sola existencia de la Unión Soviética. La Corte Suprema de Estados Unidos que había reiteradamente sancionado la legalidad de la segregación en las escuelas públicas de ese país hasta 1952 cambió de parecer ese año tras recibir diversos informes que la exhortaban a ello porque, decían, el sostenimiento de la segregación de niños negros y blancos en las escuelas públicas alimentaba la campaña comunista de la URSS y desalentaba a los amigos de Estados Unidos.x

¿Fracasos o derrotas?

Ahora bien: más a allá de todo lo anterior hay un tema central a dilucidar y es establecer una distinción entre el “fracaso” de un proyecto reformista o revolucionario y la “derrota” del mismo. ¿Es razonable decir que todas las experiencias del siglo pasado en realidad fracasaron (tesis que sostienen entre otros John Holloway, Michael Hardt y Antonio Negri) o no sería acaso más apropiado decir que fueron derrotadas? El fracaso supone un problema esencialmente endógeno; la derrota remite a una lucha, un conflicto, una oposición externa que se enfrenta al proyecto emancipatorio. Fracaso por mis propias limitaciones y debilidades; soy derrotado cuando alguien se opone a mis designios. Si bien existe un claroscuro, un área difusa intermedia en la cual fracaso y derrota se confunden es posible, sin embargo, establecer la predominancia de uno o de la otra. En el caso de la RR es indudable que el proceso adoleció de graves incoherencias internas, especialmente tras la muerte de Lenin, pero también lo es que se desarrolló bajo las peores condiciones imaginables: la crisis y la devastación de la primera posguerra, la guerra civil y la intervención, en ellas, de una veintena de ejércitos foráneos que asolaron el país, y luego, estabilizada la situación, la industrialización forzada, la colectivización forzosa del agro y la invasión alemana con su secuela de destrucción y muertes. Bajo esas condiciones, hablar de “fracaso” es por lo menos un exceso del lenguaje y una infame acusación política. Viniendo al caso de América Latina, ¿hasta qué punto podría decirse que la experiencia de la Unidad Popular en el Chile de Allende fue un fracaso? Mucho más apropiado sería decir que fue un proyecto derrotado, por una coalición de fuerzas domésticas e internacionales bajo la dirección general de Washington que desde la noche misma del triunfo de Salvador Allende el 4 de Septiembre de 1970 ordenó, por boca de su presidente Richard Nixon, “hacer que la economía chilena gima. Ni una tuerca ni un tornillo para Chile”. ¿Qué sentido tiene entonces que algunos autores hablen del “fracaso” de la revolución cubana, acosada y asediada por más de medio siglo de bloqueo económico, comercial, diplomático, informático y mediático? ¿Y cómo caracterizar lo ocurrido en China y Vietnam? ¿Podría decirse sin más que son casos de “fracaso” del socialismo? ¿Es posible ya emitir un veredicto definitivo? ¿Por qué no pensar, en cambio, que la RR logró éxitos extraordinarios a pesar de tan difíciles condiciones: alfabetización masiva, promoción de la mujer, industrialización, defensa de la patria, derrota del fascismo. ¿Puede llamarse a esto un fracaso? ¿Por qué no revisar nuestra concepción del proceso revolucionario, dejando de lado la muy popular imagen que lo concibe como una flecha que asciende rada e ininterrumpidamente desde el pútrido suelo del capitalismo hacia el diáfano cielo del comunismo? Álvaro García Linera ha reflexionado mucho sobre el tema, y en uno de sus ensayos dice algo que conviene tener muy en cuenta: “Cuando Marx analizaba los procesos revolucionarios, en 1848, siempre hablaba de la revolución como un proceso por oleadas, nunca como un proceso ascendente o continuo, permanentemente en ofensiva. La realidad de entonces y la actual muestran que las clases subalternas organizan sus iniciativas históricas por temporalidades, por oleadas: ascendentes un tiempo, con repliegues temporales después, para luego asumir, nuevamente, grandes iniciativas históricas.”xi O, como dice en otra de sus intervenciones, el destino de los luchadores sociales no es otro que el de “luchar, vencer, caerse, levantarse, luchar, vencer, caerse, levantarse” hasta el fin. Esa es la dialéctica de la historia y eso es lo que una correcta epistemología no puede dejar de reflejar en sus análisis. Avances, estancamientos, retrocesos, nuevos saltos adelante, detenciones, otros avances y así siempre. Ese es el movimiento real, no ilusorio, de la historia.
Todo bien, pero ¿cómo explicar entonces el derrumbe de la RR? No es tarea para asumir aquí pero sí deberíamos enunciar unos pocos elementos causantes de su colapso. Por supuesto, la degeneración burocrática de la URSS ya era un factor sumamente negativo advertido por Lenin en sus últimos escritosxii, como también lo era la política de “coexistencia pacífica” y la tentativa de emular las formas productivas del capitalismo. Esto lo señaló con su habitual fiereza el Che Guevara en su crítica a los manuales de economía de la URSS, los “ladrillos soviéticos” como él los llamaba.xiii Pero además de esto estuvo la Tercera Revolución Industrial (microelectrónica, informática, automatización, toyotización, etcétera) que se erigió en un obstáculo formidable para un modelo económico fordista, de total estandarización de la producción en masa que por su rigidez burocrática y la enorme asignación de recursos para la defensa no pudo adaptarse a las nuevas condiciones de desarrollo de las fuerzas productivas. La intensificación de las presiones militares en contra de la URSS, que llega a su paroxismo con la “guerra de las galaxias” de Reagan, obligó a Moscú a desviar ingentes recursos para defenderse ante la belicosidad estadounidense. A esto agréguesele el ataque combinado del más formidable tridente reaccionario del siglo veinte: Ronald Reagan, Margaret Thatcher y Juan Pablo II, protagonistas de un ataque político y cultural de devastadores efectos ya dentro de las fronteras del campo socialista donde no por casualidad la Iglesia Católica había elegido a un Papa polaco para desde ahí socavar la estabilidad de las democracias populares del Este europeo. Por supuesto, la consideración de estas cuestiones excede con creces los límites de este trabajo, pero no queríamos dejar pasar inadvertido este crucial asunto. Agréguese a ello la asombrosa ineptitud de la dirigencia soviética para explicar que era lo que se estaba haciendo en la era post-estalinista, con Mijail Gorbachov a la cabeza, y qué sentido tenían todos esos cambios y hacia dónde se dirigía al país. En otras palabras, ni el partido ni los soviets eran ya organismos vivientes sino espectros ambulantes sin ninguna capacidad de expresión de la realidad social.

Siete tesis sobre política, reformismo y contrarrevolución en América Latina

Quisiera, por último, concluir esta breve reflexión planteando algunas lecciones de interés para las luchas actuales en Nuestra América. Y lo haré enunciando una serie de tesis, asumiendo que son correctas recordando aquel pionero trabajo de un gran sociólogo y antropólogo mexicano, Rodolfo Stavenhagen, justamente denominado “Siete tesis equivocadas sobre América Latina” y en las que demolía meticulosamente el saber convencional de las ciencias sociales de los años cincuenta y sesenta.xiv Por eso me ha parecido conveniente aclarar que, en este caso, confío en que estas tesis sean correctas aunque siempre es conveniente tener la mente abierta para admitir cuestionamientos, reflexiones o experiencias concretas que podrían obligar a reformularlas.
No es casual que nos hayamos planteado esta sistematización al cumplirse cien años de un acontecimiento que Hegel sin duda habría caracterizado como “histórico-universal”: la Revolución Rusa. Su sorpresiva irrupción en la historia, su triunfo, su contribución a la democratización universal (tema negado por el saber convencional de la ciencia política), su degeneración y posterior derrota abren, un siglo después, numerosos interrogantes de gran actualidad. Pero no sólo ella. Otros ejemplos históricos de América Latina son igualmente fuente de inspiración para estas breves páginas en donde estas tesis serán apenas enunciadas y que confío serán motivo de un trabajo de más largo aliento a realizar en los próximos meses.
Sin más preámbulos pasamos entonces a la consideración de las tesis.
Primero, como en Rusia, como en Chile, cualquier proyecto, aún los de naturaleza tibiamente reformista, desatarán en nuestros países una virulenta respuesta de los agentes sociales del orden y la conservación. En el caso de América Latina y el Caribe, dada la excepcional importancia estratégica que la región tiene para el imperio y la larga historia de dominación oligárquica, no hace falta una revolución para desencadenar una sangrienta contrarrevolución.xv Cualquier idea en contrario, o toda negación de esta, diríamos, ley fundamental de la revolución, es una peligrosa ilusión. Recordemos lo acontecido en numerosos experimentos reformistas en países tan diversos como Guatemala 1954, Brasil 1964; República Dominicana 1965, Argentina 1966 y 1976; Chile, 1973, y lo que ha venido ocurriendo en fechas recientes en Bolivia, 2008; Honduras, 2009; Ecuador, 2010; y Venezuela a poco de iniciado el proceso bolivariano con el golpe del 11 de Abril del 2002, el paro petrolero de fines de ese mismo año hasta febrero del 2003, la abstención insurreccional de la oposición que no presentó candidatos a la elección de la Asamblea Nacional en 2005 y la escalada de violencia iniciada luego de la muerte de Chávez, procesos todos estos que fueron bañados en sangre. Lula una vez observó que en Brasil la oligarquía es tan racista y reaccionaria que el sólo hecho de ver a un negro o un mulato subirse a un avión le provoca un odio visceral capaz de incitarla a cometer los más horrendos crímenes. Por ejemplo, prender fuego a un indio por el sólo hecho de serlo, como se hizo en Brasilia en los años que era presidente, o a jóvenes sospechosos de “portación de cara incorrecta”, como lo perpetró la “oposición democrática” en Caracas en por lo menos tres oportunidades.
Segundo, en contextos reformistas, progresistas y mucho más, en los marcos de una revolución, sería fatal caer en la ilusión de pensar que existe oposición leal. La derecha no conoce lo que es eso: su deslealtad es permanente e incurable. Aquí y en todas partes cuando no es gobierno la derecha siempre es conspirativa y destituyente. Como lo recordara Maquiavelo, los ricos jamás van a dejar de ver a cualquier gobernante como un intruso, aún aquellos que se desviven por complacerlos. Mucho más si quien lleva las riendas del estado tiene la osadía de promover políticas contrarias a sus intereses. Y, amenazada, aunque sea superficialmente por iniciativas reformistas, el tránsito desde la oposición institucional a la contrarrevolución violenta se efectúa en muy poco tiempo. La respuesta a la contrarrevolución y sus estrategias criminales y violentas no puede ser la misma que se concede, en épocas normales, a la oposición. Venezuela es, otra vez, un ejemplo de las consecuencias que tuvo el hecho de no reaccionar con la suficiente energía ante las tácticas violentas de la fracción extremista y terrorista de la oposición. Esta política, inspirada en el propósito de evitar el escalamiento de la violencia, tuvo por resultado exactamente eso y colocó al país al borde de una guerra civil. Por otra parte, al no defender adecuadamente el orden público mediante la represión legal de los violentos facilitó que el sector extremista se convirtiese durante meses en la fracción hegemónica de la oposición, subordinando e intimidando a fuerzas opositoras que seguían apostando a los dispositivos institucionales. El resultado fue una larga demora en la pacificación del país, y un muy elevado número de muertos, heridos y propiedades públicas y privadas destruidas por la violencia desatada por el sector terrorista de la oposición, amén de darle pábulos a las campañas internacionales de satanización del gobierno de Nicolás Maduro.xvi
Tercero, todo proceso de cuestionamiento al capitalismo en el plano nacional origina una respuesta internacional, porque el capitalismo es un sistema-mundo, al decir de Immanuel Wallerstein, signado por el imperialismo, con ramificaciones locales pero completamente internacionalizado y que tiene un “Estado Mayor” que se reúne anualmente en Davos y un conjunto de instituciones de alcance planetario que funcionan como los perros guardianes que custodian los privilegios y las prerrogativas del capital. Casos concretos: el FMI, el BM, la Organización Mundial del Comercio, la Comisión Europea, a las cuales hay que agregar organizaciones informales como el grupo Bilderberg y la ahora desfalleciente Comisión Trilateral. Defender estos procesos transformadores, por lo tanto, sólo podrá hacerse construyendo una adecuada correlación internacional de fuerzas. Puede ser un país grande, como lo fue la República Soviética en los primeros años de la revolución; o pequeñísimo, como la isla de Granada, en el Caribe, pero la respuesta de la “internacional burguesa” será siempre la misma: aplastar a las fuerzas insurgentes, cortar de raíz ese proceso y evitar la propagación del virus revolucionario. Y si para ello es necesario destruir un país se lo destruirá sin miramiento alguno. Se lo hizo, pero no de manera irreversible, en Rusia; se lo hizo por completo en Granada, y se lo está haciendo infructuosamente en Cuba desde 1959 y en Venezuela en los últimos años. Aunque en la academia el tema del imperialismo no se tiene casi nunca en cuenta, los decidores de la política de Estados Unidos saben que esto es así. Dos perlas apenas para ratificar lo dicho: las declaraciones de Karl Rove, principal consejero del presidente George W. Bush cuando dijo “Nosotros ahora somos un imperio, y cuando actuamos creamos nuestra propia realidad. Y mientras usted está estudiando esa realidad –si quiere, juiciosamente- nosotros actuaremos otra vez, creando otras nuevas realidades que usted puede estudiar también. … Nosotros somos los actores de la historia, y usted, todos ustedes, deberán conformarse con tan solo estudiar lo que nosotros hacemos.”xvii Y la más reciente, de apenas ayer, del Secretario de Estado de Donald Trump, Rex Tillerson, cuando dijo que “EEUU dice que está estudiando la forma de derrocar a Maduro. Las diferentes agencias de información e inteligencia de Estados Unidos están evaluando qué acciones pueden tomar para forzar al presidente de Venezuela a abandonar el poder de forma voluntaria o imponer un cambio de Gobierno en el país.”xviii
La omnipresencia del imperialismo es tan agobiante que ha terminado por ser naturalizada. Es como el aire: está en todas partes y tal vez por eso se torna invisible. La inmadurez política de las fuerzas populares todavía no ha comprendido esta importante lección y no perciben la forma en que el imperialismo actúa de manera coordinada y en un tablero de ajedrez planetario. Basta para ello contraponer la organicidad de Davos con la absoluta inorganicidad del Foro Social Mundial, que en una opción suicida votó en contra de la creación de un organismo de coordinación mundial de las luchas populares, por temor a re-editar la experiencia de la Tercera Internacional. El internacionalismo de las fuerzas populares es condición necesaria para librar esta batalla exitosamente. De ahí la importancia de la ideas de Fidel, del Che y de Chávez que se plasmaron en la UNASUR y la CELAC y en otras iniciativas integracionistas y latinoamericanistas.
Cuarto: la existencia de un partido revolucionario, el “Príncipe Colectivo” de Gramsci, es esencial para el éxito del proceso revolucionario. Esto no significa asumir como modelo de partido el teorizado por Lenin en el ¿Qué Hacer? (uno de los cuatro modelos de partido del autor), pero sí de una formación política preparada ideológica y prácticamente para asumir la dirección del proceso. La ausencia de ese partido (en la Bolivia de la Asamblea Popular de Juan José Torres en 1971, o en Venezuela antes de la creación del PSUV); su fragmentación (los seis partidos de la UP en Chile); o la dilución o abandono de sus ideas, como ocurriera con el PT en Brasil o la SD en Europa y en América Latina (el PRI en México, el APRA en el Perú, Liberación Nacional en Costa Rica) en cualquiera de sus variantes es fatal para el futuro del proceso revolucionario. Esto no significa minimizar otros formatos de organización política, como los movimientos sociales, con los cuales es imprescindible lograr una virtuosa articulación. Pero a la hora de plantearse la conquista del poder estos no pueden sustituir al “Príncipe Colectivo” capaz de ofrecer una visión totalizadora e integral del proyecto emancipatorio, superadora de los particularismos de los movimientos y de las enormes limitaciones del espontaneísmo de las masas, capaz de producir heroicas acciones de rebelión y resistencia pero incapaz de asegurar la conquista del poder, el problema número uno de toda revolución según los clásicos del marxismo.
Quinto: la educación, la concientización política al estilo Paulo Freire es una condición esencial del triunfo de cualquier proyecto reformista o revolucionario. Es lo que plantea Lenin en su cuarta teorización sobre el partido: la primera se plasma en el ¿Qué Hacer?; luego el POSDR-bolchevique como partido típico de la II Internacional; en la inminencia de la RR aparece la tercera teorización, y el partido se eclipsa y el protagonismo lo asumen los Soviets; la cuarta teorización, a comienzos de los años veinte tiene al partido como educador, como formador de la nueva civilización, creador del “hombre nuevo” del Che.xix Y esta es la tarea fundamental, que desgraciadamente no hicieron, o hicieron de modo incompleto y mal, los procesos emancipatorios del “ciclo progresista” que se iniciara con el ascenso de Hugo Chávez Frías a la presidencia de Venezuela. En todas estas experiencias se cayó en el error de pensar que el “boom de consumo” crearía conciencia política; que los gobiernos que se esmeraran por realizar una profunda política social que sacara de la pobreza extrema a millones de personas cosecharían la lealtad y la gratitud de los redimidos. Lo lograron, pero sólo parcialmente porque una parte significativa de esos sectores populares incorporados al consumo y empoderados con nuevos derechos no se identificaron con los gobiernos que habían acudido a socorrerlos ni cerraron filas en torno de sus organizaciones partidarias o sus candidatos. Un sector nada desdeñable, obnubilado por su renovado poder adquisitivo, hizo suyas las aspiraciones y orientaciones político-ideológicas de los conservadores sectores medios. En palabras de Frei Betto, estos procesos progresistas más que ciudadanos crearon consumidores, y estos actuaron políticamente en consecuencia. Imitaron no sólo las pautas de consumo de las capas medias sino también sus orientaciones políticas.
6 Sexto: para que el partido y el gobierno de una revolución puedan cumplir su misión histórica se requiere un denodado esfuerzo para evitar la deformación burocrática y fortalecer el debate y la democracia protagónica de base. Esta degeneración tiene profundas raíces sociológicas y no es nada fácil de contrarrestar. Lenin se percató de la gravedad del problema en los últimos años de su vida. Mao lo advirtió a tiempo y por eso lanzó su Revolución Cultural concebida para abortar la deformación burocrática de la revolución china. Era una idea correcta pero que desató una dinámica política que se le escapó de sus manos y produjo consecuencias desastrosas. Pero, insisto, la lucha contra el burocratismo y el sustitutivismo, cuando la dirección reemplaza al protagonismo de la base, es una tarea de excepcional importancia. Lo anterior es tanto más importante si se recuerda que el estado, todo estado, aún el revolucionario, es una institución que abriga en su seno tendencias esencialmente conservadoras. La burocracia lo es, y no hay estado sin burocracia y la lógica weberiana de la misma hace que el funcionariado, aún el de los estados revolucionarios, llegue inclusive a ser poco amigable con los procesos de cambio, desconfíe de la iniciativa de las masas, prefiera las discusiones “a puertas cerradas” y manifieste una tendencia a buscar soluciones “técnicas” cuando toda la vida social está inficionada de la política. Esto supone, en consecuencia, que los gobiernos progresistas deben alentar la organización autónoma de la base popular. Cuestión muy difícil porque aún los gobiernos más radicales se sienten amenazados cuando sus propias organizaciones, identificadas con el proyecto emancipatorio, actúan de manera independiente y temen los efectos desestabilizadores que pudieran derivarse de sus demandas. Este puede ser un problema, sin duda. Pero otro más serio es cuando esas organizaciones de base están controladas “desde arriba” y maniatadas por el poder porque, en tal caso, su utilidad política es igual a cero. Su debilidad y su docilidad ante las directivas gubernamentales lejos de fortalecer al gobierno terminan debilitándolo. Es una dialéctica compleja y difícil, y la reacción de los gobernantes siempre es de suma suspicacia en relación a este tema. En línea con esto por algo decía Chávez: ¡”Comunas o nada!”
7 Séptimo: recordar que una cosa es el acceso al gobierno y otra completamente distinta, mucho más ardua, la conquista del poder del estado. Este es el entramado de fuerzas sociales de las clases dominantes en sus diversas expresiones: en la economía, la política, la prensa, las fuerzas armadas, las instituciones judiciales, los gobiernos locales, la iglesia, etcétera. Es lo que en la ciencia política norteamericana autores como Peter Dale Scott llaman “deep state”, un gobierno en las sombras, electo por nadie, responsable ante nadie, que no deben rendir cuentas y que articula los intereses más poderosos de la sociedad. Llegar al gobierno es un buen paso adelante, pero si no se complementa con la dinámica avasallante de la calle, es decir, con la organización y movilización política de las clases y capas populares y su concientización, es bien poco lo que un gobierno de izquierda podrá hacer. La neutralización, esterilización o expropiación de aquellas fuentes no democráticas de poder político es esencial para garantizar el futuro de cualquier reforma y mucho más de cualquier revolución. Tal vez uno de los rasgos más salientes de la coyuntura actual en países como Brasil, Argentina y Perú sea el hecho de que el poder real y sus agentes conquistaron el gobierno, revirtiendo un proceso inconcluso por el cual las fuerzas de izquierda que habían llegado al gobierno fracasaron en sus proyectos –en caso de que los hubieran tenido- de conquistar el poder.
Nada de esto es novedoso. Ya lo decía con toda claridad Maquiavelo cuando observaba que la grandeza de la república romana reposaba sobre el equilibrio entre el Senado (es decir, la nobleza) y el Tribuno de la Plebe, o sea, el pueblo. En términos contemporáneos diríamos el adecuado balance entre las instituciones del estado y la calle. Pregunta: ¿era la situación económica del Brasil mucho peor que la que caracterizaba a Venezuela en 2016? No. Y entonces, ¿por qué cayó Dilma, indefensa, ante una caterva de bandidos y corruptos como los que la juzgaron y depusieron de la presidencia y en cambio no cayó Maduro, acosado por una ofensiva política, diplomática y mediática en medio de una gravísima crisis económica? Respuesta: porque cuando el bolivariano sale al balcón del Palacio de Miraflores tiene un millón de seguidores dispuestos a pelear por su gobierno y cuando Dilma abría el balcón del Palacio del Planalto en la plaza sólo estaba el jardinero haciendo su trabajo. Su gobierno y el de Lula habían desmovilizado a todas las organizaciones populares, comenzando por el PT, siguiendo por la CUT y así sucesivamente. Y cuando las hienas del mercado se abalanzaron sobre Dilma la presidenta estaba indefensa, a merced de sus verdugos.

Conclusión

Lo expuesto más arriba permite apreciar como algunos de los problemas que atribularon a la Revolución Rusa desde sus inicios se reproducen, por supuesto que con características diferentes habiendo transcurrido un siglo, en los procesos reformistas y emancipatorios de América Latina. Los actores no son los mismos; el sistema internacional experimentó profundas mutaciones; el marco geopolítico latinoamericano que nos sitúa como el “patio trasero” del imperio es radicalmente distinto al que prevalecía en Rusia con el triunfo de la revolución, pero la dinámica de la lucha de clases y su expresión en el plano del estado y, como decía Gramsci, y de “las superestructuras complejas” revela sorprendentes paralelismos y recurrencias que constituyen útiles lecciones que sería por lo menos imprudente no tomar adecuadamente en cuenta y que conforman el andamiaje básico de lo que con cierta cautela podríamos considerar como una “sociología de las revoluciones”.
A un siglo del emblemático cañonazo del Aurora nuestra región enfrenta una encarnizada contraofensiva imperialista dispuesta a barrer con los avances registrados desde finales del siglo pasado. El proyecto norteamericano no podría ser más ambicioso: cerrar el odioso (para Washington, por supuesto) paréntesis abierto por la Revolución Cubana y restablecer la “normalidad” en el hemisferio, entendida ésta como una dócil colección de gobiernos sumisamente plegados a los designios, mandatos y prioridades de la Casa Blanca. Para evitar tan fatídico desenlace será preciso hacer memoria y recordar las enseñanzas de los padres fundadores de la Patria Grande: Bolívar, San Martín, Artigas y tantos otros, y más tardíamente, las de Martí. Pero también tomar nota de los avatares corridos por otros procesos revolucionarios, y el caso de la Revolución Rusa por muchos motivos es de una especial trascendencia para nuestros pueblos. En este trabajo procuré explorar ese terreno, en la esperanza de que otros se sumen a esta empresa colectiva para, a partir del conocimiento de la experiencia soviética poder discernir las formas más efectivas para profundizar y radicalizar nuestros procesos emancipatorios y evitar cometer algunos errores que, como lo demuestran los casos de Argentina y Brasil, están ocasionando grandes sufrimientos a nuestros pueblos y amenazan con desandar el camino recorrido en las últimas dos décadas.
*Atilio A. Boron
Sociólogo, politólogo. Miembro del Comité Central del Partido Comunista de la Argentina
i Efectivamente, la Revolución Francesa nos legó la Declaración Universal de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, la consigna de “libertad, igualdad, fraternidad”, la república como forma política pero también el colonialismo en África y en Indochina, la cruel venganza en contra de Haití por haberse tomado en serio las banderas de la Revolución Francesa, la salvaje represión de la Comuna y la tortura “científica” aplicada inescrupulosamente en la Guerra de Argelia.
ii Extendería desmedidamente este trabajo la enumeración de la gran cantidad de estudios y libros publicados sobre la Revolución Rusa. Bástenos a los efectos de esta presentación mencionar además de los clásicos textos de V. I. Lenin, León Trotsky y Rosa Luxemburgo el monumental estudio de E. H. Carr, Historia de la Rusia Soviética (sobre todo los tres primeros tomos); John Reed, Diez días que estremecieron al mundo (Madrid: Akal, xcxcxc); Víctor Serge, El año I de la Revolución Rusa (México: Siglo XXI Editores, xvxvxvxv); Catherine Merridale, El tren de Lenin. Los orígenes de la revolución rusa, (Crítica, 2017); Edmund Wilson, Hacia la estación de Finlandia (Madrid: Alianza, 1972); Barrington Moore Jr., Terror and Progress. Some sources of change and stability in the Soviet dictatorship (Cambridge, Mass.: Harvard University Press, 1954); Domenico Losurdo, Stalin. Historia y crítica de una leyenda negra ( Madrid: El Viejo Topo, 2011); Juan Andrade y Fernando Hernández Sánchez, compiladores 1917. La Revolución Rusa cien años después (Madrid: Akal, 2017); Osvaldo Bertolino y Adalberto Monteiro, compiladores: 100 Anos Da Revoluçao Russa. Legados e Liçoes (Sao Paulo: Editora e Livraría Anita y Fundaçao Mauricio Grabois, 2017); Isaac Deutscher, Stalin, biografía política (México: ERA, 1965) Sheila Fitzpatrick, La Revolución Rusa (México: Siglo XXI Editores, 2005), entre tantos otros.
iii Roemer, John E. A Future For Socialism (Londres: Verso, 1994), p. 25.
iv Ver su El Capital en el siglo XXI (México: FCE, 2014). A resultados coincidentes llega, desde una perspectiva marxista, Xabier Arrizabalo Montoro. Ver su notable libro Capitalismo y Economía Mundial (Madrid: Instituto Marxista de Economía, 2014)
v Se trata de Bill Gates, Amancio Ortega, Warren Buffett, Carlos Slim, Jeff Bezos, Mark Zuckerberg, Larry Elisson y Michael Bloomgberg.
vi Informe de Oxfam a la Cumbre de Davos, Enero 2016
vii Sobre esto ver nuestro América Latina en la Geopolítica del Imperialismo (Buenos Aires: Ediciones Luxemburg,4ª edición, 2014). Desgraciadamente hay negociaciones en curso entre el gobierno de Mauricio Macri y la Casa Blanca tendientes a consentir la instalación de tres nuevas bases militares estadounidenses en territorio argentino.
viii Sobre la OTAN y América Latina ver de Mahdi Darius Nazemroaya, Otan. La globalización del terror (prólogo de Atilio Boron) {Managua, 2015}
ix Roemer, op cit. pp. 25-26
x Las reflexiones volcadas en estas páginas fueron inspiradas, en buen grado por la lectura de la ya mencionada antología recientemente publicada en Brasil por Osvaldo Bertolino y Adalberto Monteiro y por las discusiones habidas en el Seminario Internacional que sobre el tema organizara en Junio de este año la Universidad Federal de Río de Janeiro, a quien le agradezco la oportunidad de participar en dicho evento.
xi ¿Fin de ciclo progresista o proceso por oleadas revolucionarias?, en Rebelión, 24 de Junio de 2017. Disponible en: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=228311
xii Ver V. I. Lenin, Contra la burocracia y, en el mismo tomo, Diario de las Secretarias de Lenin (México, Pasado y Presente, Nº 25, 1977)
xiii Sobre la “coexistencia pacífica” ver su “Carta a los pueblos del Mundo en la Tricontinental”; sobre la economía de la Unión Soviética, ver la recopilación de sus notas en un texto tan incisivo como mordaz: “Apuntes Críticos de Economía Política” (La Habana, Ocean Press, 2006).
xiv En Política Externa Independiente, publicación trimestral de Editora Civializaçao Brasileira S. A. , Nº 1, Mayo, 1965.
xv Cf nuestro Estado, capitalismo y democracia en América Latina (Buenos Aires: CLACSO, 2003)
xvi El 2 de Agosto del 2017, un par de días después de realizada la elección a la Asamblea Nacional Constituyente, del dirigente de Acción Democrática, Henry Ramos Allup declaró su intención de presentarse como candidato en las elecciones de gobernador que serán efectuadas en Diciembre del corriente año. De este modo, se desmarca claramente de la fracción terrorista encabezada por Leopolo López, María Corina Machado, Henrique Capriles Radonsky y Freddy Guevara. Muchos otros seguirán los pasos de Ramos Allup. De todos modos no deja de llamar la atención que la violencia hubiese cesado de la noche a la mañana, lo que confirmaría las sospechas que una parte de los revoltosos –no los que se manifestaban pacíficamente- eran jóvenes para militares o sicarios contratados para cometer toda clase de fechorías con la complicidad de las autoridades municipales controladas por la derecha. Tal vez se agotó el financiamiento y las protestas “espontáneas” de la oposición, de “esa” oposición violenta y criminal, cesaron de inmediato una vez que el dinero dejó de fluir.
xvii Entrevista concedida a Ron Suskind, NYTimes Magazine, Octubre. 17, 2004), citada en Karen van Wolferen, “Karl Rove’s Prophecy: “We’re an Empire Now, and When We Act, We Create our Own Reality”, en http://www.globalresearch.ca/karl-roves-prophecy-were-an-empire-now-and-when-we-act-we-create-our-own-reality/5572533
xviiihttp://www.publico.es/internacional/crisis-venezuela-secretario-eeuu-dic...

domingo, 5 de noviembre de 2017

“La cúpula del FA, ha aplicado una política absolutamente neoliberal en lo económico y lo financiero" – El Eco Digital

elecodigital.com.uy

 

Publicado 7 horas atrás el 02/11/2017

Nos conocimos en la década del ochenta cuando el diario La República surgía como una voz clara en la monotonía informativa de los medios tradicionales. Llegó con un proyecto de incentivar a los corresponsales del interior para que mostráramos el interior profundo del que hoy Gonzalo Abella sigue profundamente enamorado.
En casa, me enseñó como hacer para que nuestro cachorro no llorara toda la noche por la falta de su madre y junto con Isabel Izquierdo su compañera, pasamos horas de profunda y fermental charla, como toda aquella que se daba a la salida de la dictadura.
Sabia de él pero no volvimos a hablar largo y tendido desde aquellos años. Así que la charla que tuvimos la semana pasada en EL ECO fue mas larga que lo que pueda caber en este espacio, pero tan entrañable como entonces.
Gonzalo Abella es un militante social antes que un político, y por eso con una claridad meridiana sobre el camino que debe seguir la política para servir como protección de aquellos que siempre quedan olvidados “lo que tienen los asentamientos es que parecen mas chicos por fuera que lo que son por dentro” comentará a lo largo de la charla.
De esa charla, y de su visión, tratan algunas preguntas de esta nota.
¿Como funciona Unidad Popular?
Unida popular cuyo lema es asamblea popular funciona con mecanismos colectivos de dirección, el mecanismo máximo que se reúne dos veces por año es el Plenario Nacional y mientras tanto hay un coordinador Nacional que es un poco el representantes de los grupos que integran unidad popular. Como la Unidad popular tiene ahora más grupos el Coordinador se ha ampliado. En el Coordinador habemos gente que somos independientes que no integramos ningún grupo que somos un poco invitados porque hemos sido voceros, falleció Delia Villalba que también como yo eramos independientes.
El plenario tiene muy claro en su plan que va a ser reunido de abril de 2018 y ahí se va a hablar de las candidaturas. Nosotros tenemos un problema es que la mayoría de los jóvenes que ingresan no son independientes sino que se insertan en las distintas organizaciones políticas y nosotros quisiéramos mantener la resolución previa adoptada de promover gente que podemos ser voceros sin integrar ningún o de los grupos porque no queremos que sea una puja de interese de todos los grupos que integran Unidad Popular sino un concierto que de un candidato común.
Es un tema muy complejo, estamos viendo, quisiéramos que sea algo mas joven, pero si bien conmigo pasa lo mismo que lo que pasa con nuestro actual único diputado, detrás hay un gran equipo muy fuerte, solido e interdisciplinario.
¿Que significan los jóvenes en su estructura?
Para nosotros los joven tienen que ver con el relevo. Es muy importante formar el relevo, el diputado que tenemos es mas joven que yo y en torno a el hay un entorno de estudiantes de abogacía de abogados recién recibidos de asistentes sociales que tienen un promedio de edad de 25 a 30 os y son los verdaderos y feroces vigilantes de la letra chica de los proyectos de ley. Y ese relevo a mi me llena de orgullo.
Yo entro al edificio anexo al palacio legislativo y es un edificio detestable. Entras ahí y hay olor a muerte, es como entrar a una empresa de pompas fúnebres de lujo y realmente caminas por esos pasillos fríos donde los empleados del parlamento parecen los empleados de una empresa de pompas fúnebres y es buena gente, pero se contagia el ambiente de frustración que hay ahí adentro. Pero llegas la despacho de Rubio y hay como un rescoldo lindo de muchachos trabajando en las computadoras recibiendo obreros recibiendo trabajadores, gente en situación complicada y a veces yo voy a visitarlos y siento que estoy sobrando porque no pueden atenderme de tanto bullicio.
-Si, pero eso no se ve después en las listas. Ahí encabezan siempre los mas viejos.
Ahh si pero sabes cual es la diferencia de Unidad Popular. La mayoría de los partidos políticos del Uruguay son legisladores y pichones de legisladores. Entonces todos son aspirantes a cargos. En Unidad Popular no es así, nuestros jóvenes son jóvenes que estudian que trabajan que realmente meterse en Unidad Popular para ellos no es buscar un cargo sino un problema. Todos perdemos en Unidad Popular yo puedo menos porque soy abuelo y pierdo de esta con mi nieto, pero al pasar raya les voy a decir que los vi menos pero hice lo que creí que era mejor para ustedes.
¿Cual es el analisis político sobre la situación actual?
La cúpula del frente amplio, Astori, ha aplicado una política absolutamente neoliberal en lo económico y lo financiero y eso golpea las expectativas del pueblo. La cúpula del Frente Amplio ha sido un modelo neoliberal, con barniz cultural y asistencialismo y clientelismo. Yo me alegro muchísimo que la gente mas pobre de este país tenga el asistencialismo. Lo que lamento es que el Mides no genere rutas de salida.
-¿No ha generado rutas de salida?
No no las ha generado para la inmensa mayoría de la población excluida. Además lamento profundamente como se han falseado las estadísticas de pobreza y exclusión en Uruguay.
-Estas diciendo algo grave. ¿Dices que se falsean datos sobre pobreza e indigencia?
No se falsean las cifras, se falsifican los indicadores.
– Te pregunto porque desde acá hemos visto experiencias de falseo de datos como los que ocurrieron en Argentina con el Indec que han sido instituciones muy manoseadas. ¿Decías que eso pasa en el INE en Uruguay?
Vamos a comenzar por una cosa que a la gente le sorprendió mucho. Cuando se hacían los censos de población y vivienda se convocaban maestros funcionarios públicos y se hacían en 24 horas y los resultados estaban una semana después. Yo no se si recordas que el ultimo censo fue un desastre y creo que ese desastre fue intencional. Porque un país que está de rodillas ante la inversión extranjera tiene que persuadir al inversor que es un país de viejos y que no hay una potencial irrupción de una pobreza adolescente.
Entonces que pasa. El censo ultimo fue deliberadamente saboteado por el gobierno a los efectos de soslayar determinada información. A los lugares que no e entró se hizo un estimado. Ahora que pasa, todos los que hemos visitado asentamientos es que tienen una característica paradojal y es que parecen mas chicos por fuera que por dentro.
Vos entras al asentamiento y te metes en un laberinto de muy difícil orientación. Allí no se llegó y se hizo un estimado de población.
Porque lo que se trata de soslayar es que los orientalitos y las orientalitas que van creciendo hoy nacen mayoritariamente en los asentamientos. Porque las muchachas de sectores medios que tienen acceso a la educación terciaria posponen su primer embarazo hasta los treinta años, mientras que las niñas de los sectores más pobres, y no es culpa del Frente Amplio viene de treinta años atrás tienen niños desde los catorce años.
Y siguen teniendo niños porque como estrategia al asistencialismo porque es negocio tener niños para los sectores mas pobres. No están programando un viaje a Machu Pichu, están programando el nuevo celular. Entonces es negocio tener muchos niños, no es que no sepan cuidarse. Entonces en ese marco nadie puede decir que en este país han disminuido los niveles de exclusión ni de pobreza a menos que haya rutas de salida para esa gente y no solo clientelismo.
-¿Así que el 4 por ciento de pobreza y el 05 de indigencia no es real?
Si vos pones como ejemplo que el que tiene las dos orejas es rico…
– ¿crees que esos números no son reales?
Desde el punto de vista de la exclusión y la pobreza son números absolutamente falsos. Pero no por las cifras sino por los indicadores que se eligen.
-Algo así como con la situación económica. Los indicadores macro dan bien y vas por los barrios y la gente sigue comprando suelto en el almacén. ¿A eso te refieres?
Y está creciendo la economía. Astori dijo que no entiende porque crece la economía y hay cuarenta mil puestos de trabajo menos. Mírese en el espejo Astori a ver a que está apostando usted si al mercado interno a a ponerse de rodillas ante las transnacionales.
Ahora estos temas de la economía y de las finanzas han tenido un arte de hacerlos casi incomprensible. Empezas a ver un ministro de Agricultura y si no estás en el asunto haces zapping hasta que venga la hora deportiva porque usan un lenguaje muy complejo. Y son temas muy sencillos, el tema es un gobierno al servicio de quién está. Del pueblo de las transnacionales, cosas que se puede ocultar en momentos de bonanza económica donde caben juntos entrega de la patria y obra asistencial. Pero que empieza a hacer crisis y el verdadero rostro de un gobierno se ve cuando empiezan a aparecer gestos de austeridad.
¿Tu estuviste en el Frente amplio, porque cambio así?
Yo creo que el Frente Amplio desde su nacimiento tuvo algunas cosas, que ahora es fácil ver. Cuando se elige como presidente a Líber Seregni, un general muy de principios pero moderadito de mas, y muy leal al espíritu de cuerpo una de las cosas que hace Líber Seregni es prohibirle al Frente Amplio la bandea de Artigas y propone la de Otorgués. Claramente la bandera de Artigas es una bandera de los militares y se van a ofender mucho si usamos esa bandear. Para mi la bandera de Artigas es irrenunciable para una fuerza que quiere ser de izquierdas, cuando empiezan a hacerse concesiones de ese tipo y los sectores con ideas mas radicales empiezan a delegar el poder a los actores más conservadores empieza una línea de trabajo que permite cierta descomposición.
Pero además pasó otra cosa, y en esto voy a ser muy autocrítico. Cuando eramos jóvenes, veíamos en los comités barriales gente que hablaba muy bien pero que su vida privada estaba en total inarmonía con lo que decía, y sabés que hacíamos los jóvenes no le den pasto a las fieras porque esta gente es nuestra. Y permitimos una tolerancia muy grande de toda esa gente que se fue enquistando fue ganando posiciones, no fue tan perseguida por la dictadura y terminó gobernando el Frente Amplio. Gente sin principios. Entonces en Unidad popular ahora somos tan celosos de la ética de cada compañero. Para representarnos como candidato vamos a tener mucho cuidado.
¿Raúl Sendic no seria candidato en UP?.
Yo me fui del Frente del año 85 cuando el acto del Club Naval yo no quise saber nada con el Frente Amplio, pero…. En este país lleno de prejuicios si vos sabías que una ministra de Cultura era lesbiana, jamás se usaba ese argumento. Si vos sabías que un parlamentario era homosexual jamas se usaba. Pero la parte de la corrupción nunca debió ser asunto privado. Pero fue, y había una lógica que decía que si robaba y dejaba vivir, que robara. Eso generó un descreimiento de la clase política.
¿Probablemente el caso Sendic haya servido para poner este tipo de cosas en el tapete?.
Yo era profesor en Cuba cuando el tenía 15 años y llegó exiliado. Y era un muchacho bipolar. Yo estaba en Pinar del Río y el estaba en La Habana, los vi llegar en una situación muy angustiante, habían pasado momentos muy duros y tenía una vida interior muy conflictiva.
Después llego a Uruguay, veo el pacto del club naval y digo el Pacto del club Naval no es lo mio, Wilson en eso tenía para mi toda la razón. Entonces seguí militando en lo social en lo cultural hice los proyectos en los que te conocí y por fuera de lo partidista.
Y cuando veo que Raúl Sendic se vinculó a una fuerza de izquierda como el 26 de marzo yo pensé que de esa bipolaridad triunfó su mejor lado y me alegré por el. Pero era evidente, el 26 de marzo se fue del Frente Amplio en el mejor momento. El Frente Amplio o sube y comienza el reparto de cargos en los grupos, lógico en los gobiernos del Frente Amplio, en ese momento que Helios Sartou y toda esa gente dijo en esto no nos manchamos, volvemos a la intemperie, trabajamos mucho por este Frente Amplio pero no es el Frente Amplio que ganó y creo que eso rescató la dignidad de la izquierda. No toda la izquierda era comprable. Y yo puedo tener enormes discrepancias con alguna gente de Unidad Popular, pero nos une un programa y una ética que hoy hay que cuidad mas que nunca porque empezamos a crecer.
Ahora que tenemos un diputado, que se puede olfatear que estamos creciendo se puede sumar otra gente que quiera hacer carrera política con nosotros, entonces tenemos que ser muy cuidadosos no con quien entra, pero si con quien nos representa a nivel departamental y nivel nacional.
Por eso digo que en abril del año que viene vamos a tener un encuentro nacional como Unidad Popular bastante complejo porque necesitamos un perfil que no es cualquier perfil, que se trata de honestidad, de integridad y trayectoria de vida.
¿Cual es el proyecto electoral?
Pero se trata de saber responder a la prensa porque si soy vocero de Unidad Popular no puedo dar libremente mis opiniones como si fue un simple escritor o un docente.
Si me preguntan que opino de la violencia como forma de trabajo político entonces yo puedo teorizar un montón sobre eso pero como Unidad Popular debo decir una cosa muy clara “yo no soy quien para juzgar a Artigas, no soy quien para juzgar la lucha de pueblos que por su soberanía usan las armas. Tercero que quede bien clarito: la Unidad Popular está en un proyecto electoral que no incluye la lucha armada. Que quede bien clarito, si viniera una dictadura fascista cosa que por suerte está lejos, no excluyo.
Me preguntan que opina de Venezuela. Nosotros sobre lo que hace el gobierno de maduro no nos corresponde opinar, ahora distinguimos claramente entre la agresión de Trump y el país agredido y condenamos al agresor porque ser neutrales es ser cómplices de la agresión.
Ahora, yo conozco Venezuela y podría hablar mucho mas, pero como en Unidad Popular somos heterogéneos pero con un solo programa tenemos que hablar de ea manera.
-¿Dice algo UP sobre los procesos de derecha de la región?
Para nosotros Lula nunca fue izquierda desde que subió, para nosotros quien se casa con la corrupción no es de izquierda, por lo tanto condenamos el gobierno reaccionario de Brasil. No podemos permitir que la corrupción se asocie con la izquierda. Dilma su vice era Temer. En realidad los procesos que naufragaron en América como el caso de los kirchner fueron los proyectos vacilantes y los que están resistiendo en medio de una situación terrible de bloque y agresión fueron los procesos como el boliviano que fueron más coherentes.
¿Por donde tiene que ir el próximo gobierno en Uruguay?
En primer lugar a Unidad Popular es muy consciente que Uruguay necesita un programa mínimo y un programa máximo. Nosotros tenemos un programa que puede demorar en implementarse en cuanto a la tierra en cuento a la recuperación del tren para pasajeros en cuanto a una política general distinta. Pero estamos en condiciones hoy incluso con diputados de otros partidos, cosas que son de sentido común y que una vez que se plantean es muy difícil decir que no como el Proyecto del Plan Nacional de Viviendas por ejemplo, lo levanta Unidad Popular y hoy por suerte movimientos sociales lo incorporan como parte de una concepción de lucha por el derecho a la vivienda.
Aun en el eventual y hoy no previsible caso de que la Unidad Popular sea gobierno en el año 2019 tenemos muy claro que novamos a renunciar jamás a nuestra política y a nuestro programa pero que vamos a tener que hacer acuerdos.
Si nosotros ganáramos una elección es para aportar a un proyecto de Liberación Nacional.
¿Con quien se juntarían electoralmente?
Pero eso no depende de nosotros. Nosotros tenemos un programa fuertemente artiguista donde el problema no es unirme para sumar votos. Si queres trabajar conmigo y compartís este programa y si no lo compartis respecto a la solidaridad internacional , al uso de la tierra al artiguismo mañana nos podemos encontrar para un proyecto pero en las elecciones prefiero no tenerte de aliado. Porque el programa no se toca ni se transa.
Nosotros tenemos en Unidad popular un proyecto de liberación nacional y aspiramos a seguir avanzando hacia el socialismo. Ahora dentro de la UP lo que es el socialismo es muy diferente para los diferentes grupos que lo integran, peo tenemos en común el programa.
En cuanto a políticas de alianza si algún sector se desprende para proponernos unidad la UP no se desdibuja, aunque no gane las elecciones.
Nosotros proponemos disolver el senado y creo que si logramos suspender el senado la gente ni se entera, lo importante son los diputados.
No llegamos al parlamento para fruncir la nariz y decir que esta todo mal sino para aportar, vigilar los dineros del pueblo aún en proyectos en los que no estamos de acuerdo como ASSE y aportar todo lo que se pueda porque la vida de la gente es hoy.
Plata hay, el problema es quien se la lleva. Si nosotros tenemos transnacionales a las que le damos luz verde para que se lleven todo en zona franca, si nosotros permitimos que los productores extranjeros de la soja y nos ponemos a la ultraderecha de Cristina Kirchner entonces plata hay.
TE digo mas, no estamos en contra del capital extranjero, sino que no queremos recibirlo de rodillas sino negociando de igual a igual.
¿Como ves la concesión de UPM?
Es muy triste porque a mi me decía una vez un boliviano, estuve mucho en Bolivia y decía que lo importante era cambiar el tiempo de los políticos por el tiempo de los abuelos, porque el político profesional que no esta al servicio del pueblo y hace de la política su medio de vida, necesita que en año electoral la gente sienta que hay empleo, bonanza, y lo que pase dos años después no es su problema. Para los abuelos si.
2018 es año preelectoral, los números no están dando y quien te dice que con toda la plata que va entrar no puedan acercarse al 6 por ciento de la educación. Lo que pasa es que es pan para hoy y hambre para mañana.

viernes, 3 de noviembre de 2017

Analisis Sobre la revolucion Bolchevique: Lenin, precursor de la Oposición de Izquierda*

Lenin, precursor de la Oposición de Izquierda*

António Louçã
Historiador y periodista portugués. Autor del programa
“País em Memória” en la red de televisión pública RTV
Memória. Autor de varios libros; entre ellos, Negócios com
os Nazis. Ouro e outras pilhagems (1997), Hitler e Salazar.
Comércio em tempos de guerra (2000) y Conspiradores e
traficantes. Portugal no tráfico de armas e de divisas nos
anos do nazismo. 1933-1945 (2005).

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https://drive.google.com/file/d/0BwmAKzSII-n1Zi1zZ2xSYmNyZjg/view?usp=sharing

lunes, 25 de septiembre de 2017

COMPROMISO SOCIALISTA Acerca de nosotros

Acerca de nosotros

ORIGINAL:
http://compromisosocialista.uy/?p=12


Quienes conformamos Compromiso Socialista nos planteamos un programa que se sustenta en romper las cadenas de la dependencia, entendemos que desde que el Uruguay surgió como nación independiente ha sido parte de un proceso de explotación y saqueo, nos proponemos una profunda redistribución de la riqueza y del patrimonio nacional orientado a satisfacer las necesidades de nuestro pueblo.
Somos militantes sociales, que surgimos y nos identificamos con la rica tradición de lucha del pueblo uruguayo, peleamos por una patria soberana y libre de la opresión del imperialismo, reivindicamos el derecho de nuestro pueblo a asumir el destino de nuestro país sin injerencia extranjera alguna.
Somos un movimiento de acción política, luchamos por la libertad, por la igualdad social, por el derecho al trabajo y salario justo, por salud, educación, vivienda y a una vida digna.
Estamos convencidos que la historia la hacen los pueblos, que son los trabajadores los protagonistas de las grandes transformaciones. Nos declaramos defensores de la más amplia participación democrática del pueblo en la forja de su propio destino.
Creemos en la solidaridad y la fraternidad, en la fuerza de la unidad del pueblo, en la fuerza de los trabajadores para construir un mundo nuevo. Frente al individualismo y el egoísmo promovemos una práctica colectiva.
Defendemos la libertad de expresión y organización, la vigencia plena de los derechos humanos. Combatimos contra toda forma de autoritarismo y represión contra la población.
Reivindicamos el derecho de la población de vivir en un ambiente sano. Asumimos la preservación de los recursos naturales y el medio ambiente ante la voracidad y depredación del capitalismo.
Luchamos por la equidad de género y la vigencia plena de los derechos económicos, políticos y sociales de la mujer.
Reconocemos la fuerza inspiradora y rebelde de la juventud, su creatividad y energía transformadora. Promovemos su participación política junto a los sectores populares.
Defendemos lo diverso de la sociedad. Nos oponemos al racismo, la xenofobia y toda forma de discriminación por razones económicas, sociales, religiosas, étnicas o culturales, de género u orientación sexual.
Somos internacionalistas, nos asumimos como parte de los pueblos del mundo. Somos solidarios con sus luchas de liberación. Somos firmes defensores de la libre autodeterminación de los pueblos. Repudiamos las guerras de agresión y conquista. Condenamos toda forma de colonialismo y neocolonialismo.
Propiciamos el intercambio de experiencias y opiniones con todas las organizaciones sociales y políticas, democráticas y de izquierda, de América Latina y el mundo.
Asumimos con firmeza y decisión la organización de esta alternativa de izquierda, para afrontar, junto a nuestro pueblo, el desafío de alcanzar la patria nueva y el socialismo.
Vivimos en un mundo en el que al mismo tiempo que se han desarrollado enormemente la tecnología y las capacidades de producción, la mayoría de sus habitantes viven en la pobreza. Aunque el planeta se encuentre en condiciones de alimentar al doble de su población, la realidad nos muestra que millones de personas pasan hambre. La polarización en lo que respecta a la concentración de riqueza entre las grandes potencias y los países periféricos, y entre ricos y pobres en cada país, muestra el mundo desigual en el que nos toca vivir.
La crisis económica que va atravesando a los distintos países trae consigo crisis política, social y cultural que desestabiliza al sistema capitalista mundial. Esta situación genera un gran aumento de la agresividad de las potencias. La expansión y conquista de nuevos mercados, provocan la competencia entre éstas.
La crisis del capitalismo va dejando en los países complicadas situaciones económicas que se traducen en crisis políticas, mientras que las multinacionales aprovechan para avanzar sobre la soberanía de los pueblos.
Mientras exista capitalismo existirá injusticia y desigualdad, continuarán las crisis y la explotación de millones de seres humanos, la destrucción de los ecosistemas y la degradación ambiental; las guerras y las agresiones contra los pueblos.
La competencia en la época actual se da en las condiciones del imperialismo, en las que solo los grandes monopolios pueden competir entre sí y tienen un fuerte control sobre los estados nacionales.
El sistema imperialista se basa en alianzas y dependencias, o directamente sometimiento, las que se establecen según la fuerza política y militar, y según el capital que se posee. Para poder competir y desarrollarse, las burguesías de cada país se ven obligadas a someterse al papel que el mismo ocupa en dicho sistema.
La inserción de nuestro país en este esquema ha ido variando según las distintas épocas, pero siempre se ha insertado al mercado mundial como productor de materias primas. En particular desde el gobierno militar en los años 70 las políticas económicas implementadas han mantenido y aumentado su dependencia con respecto a los centros de poder.
Los posteriores gobiernos de blancos y colorados mantuvieron el esquema y aplicaron intensamente las políticas neoliberales que condujeron a una profunda crisis económica.
Desde el 2005 con los distintos gobiernos del Frente Amplio también se ha mantenido ese rol de inserción del país en el mundo, con un esquema basado en la inversión de capitales privados internacionales, incluyendo políticas sociales, generando un consenso social que permitió aplicar la política económica que los grandes capitales demandan.
Este modelo está llegando a su agotamiento, mientras se evidencia su propia incapacidad de resolver los problemas de las grandes mayorías, los capitales presionan para no perder sus ganancias y el gobierno acaba por descargar la crisis sobre la clase trabajadora y al pueblo en general, incumpliendo descaradamente las promesas electorales que realizó para llegar al gobierno.
Hoy se encuentra al Uruguay siendo un país de economía primarizada, en el que a su vez, las empresas que producen los principales productos que el país exporta están en manos de capitales extranjeros.
En este escenario solo hay dos posibilidades, o se gobierna para el capital o se gobierna para el pueblo, las medidas económicas que desde el gobierno se toman son claras en favorecer al capital frente al trabajo y se afianza su política neoliberal, que tiene como objetivo mantener los pagos de los intereses de la deuda externa y continuar con los subsidios y exoneraciones al gran capital.
Todo esto genera una crisis ideológica en distintos grupos con presencia social, que se han abanderado con los procesos progresistas y han teorizado sobre los alcances de los mismos. Detrás de estos gobiernos que llegaron al poder resumiendo en gran medida la resistencia frente a las políticas neoliberales de los años 80’ y 90’, se agrupan varios partidos que se autodenominan “socialistas”, “comunistas” y “revolucionarios”, los que han querido torcer la doctrina del socialismo científico, travisten la realidad acorde a sus intereses. Es así como el oportunismo y el reformismo, justifican su permanencia y respaldo a estos gobiernos, con diferentes pseudo-teorías, que tienen como fin último dar un marco que haga aceptable su demagógica adhesión a la causa de la liberación de la clase trabajadora y los pueblos, y su práctica oportunista de conciliación.
Nosotros, como militantes de izquierda no estamos dispuestos a ser parte de lo que siempre repudiamos; no seremos jamás parte de quienes fomentan el capitalismo, de quienes han perpetuado la impunidad, de quienes envían tropas de ocupación al extranjero. No avalamos que se venda nuestra tierra y riquezas al bajo precio de la “necesidad” de unos pocos. No aceptamos la amenaza de que pueden volver los partidos tradicionales ni que nos acusen de “hacerle el juego a la derecha”.
Quienes así pensamos tenemos derecho de manifestarnos y denunciar las políticas que siempre fueron enfrentadas cuando otros partidos las llevaban a cabo, tenemos derecho a defender los mismos ideales por los que lucharon miles de militantes de izquierda, defendemos una ideología de izquierda sin renuncia de sus principios. Entendemos que pertenecer a la izquierda uruguaya no significa aceptar y justificar el capitalismo y aplaudir sus mil disfraces con el fin de perpetuarse en el gobierno.
Como fruto de la historia del Frente Amplio son muchos los militantes sociales y de izquierda que hoy siguen apostando a esta herramienta, si bien el desencanto ha ido aumentando, la forma de presentar la discusión entre gobierno y fuerza política busca imponer una idea artificial de que siempre existe un espacio para dar la disputa a la interna de la misma.
Sin embargo, con la aplicación en este tercer gobierno de medidas que buscan abiertamente favorecer al capital a costa del pueblo, sumado al manejo autoritario de los conflictos por parte del poder ejecutivo, hace que mayores cantidades de militantes se separen, y lo hagan con ganas de participar en espacios políticos que los representen.
Para nosotros es de una importancia estratégica la reunificación de la izquierda en el plano electoral por fuera del marco frenteamplista. Con esa premisa, la Unidad Popular (UP) tiene ya un camino recorrido y un acumulado que no se puede ignorar, siendo un importante sector del espectro político que reivindica postulados históricos de la izquierda, definiéndose anti-oligárquicos y anti-imperialistas.
Nos planteamos ser parte de la UP porque estamos convencidos que es posible desarrollar un trabajo unitario. Entendemos que las diferencias que podamos tener son totalmente secundarias, siendo mucho más relevantes los posicionamientos asumidos públicamente por la UP y sus integrantes.
No podemos ignorar que frente al escenario que se avecina, la derecha a través de sus partidos tradicionales, buscará aprovechar la situación para avanzar en medidas de ajuste, para plantear la crisis como el resultado de un gobierno “de izquierda”, intentando confundir a la gente y empujarla hacia posiciones más a la derecha. Es crucial entonces contrarrestar esto, llegar con claridad a los trabajadores, esclarecer que el fracaso del progresismo es el fracaso de una opción burguesa y no de las ideas de la izquierda y el socialismo.
 


sábado, 9 de septiembre de 2017

¿Por qué Venezuela salió victoriosa en la más reciente guerra de cuarta generación?


 

La Revolución Bolivariana ha logrado dominar las poderosas herramientas de la derecha en el terreno digital.
Todas las tácticas de la guerra de cuarta generación se han empleado contra Venezuela. Particularmente desde abril, el país ha vivido bajo ataque en diversas formas y en todas las dimensiones: la guerra económica, la guerra cultural, de la inteligencia y de las ideas y, más recientemente, la amenaza explícita de la guerra militar.
Se ha combinado, como advertía la investigadora mexicana Ana Esther Ceceña, “la estrategia de espectro completo (abarcar todas las dimensiones de la organización social y de la geografía), con la idea de aplicar todos los mecanismos simultáneamente y sin reposo”. Sin embargo, hay elementos de esta guerra, tanto en el ámbito ofensivo como defensivo, que constituyen una novedad absoluta en la llamadas guerras de cuarta generación.
En el plano ofensivo, aquí se ha producido la intervención de laboratorios de guerra psicológica con metodologías muy sofisticadas de inducción de emociones mediante el uso de plataformas sociales, en un momento de madurez y de enorme popularidad de las redes tecnológicas. Lo nuevo no es solo el uso de las más modernas formas de organización, ocultamiento de la realidad y bestialización que existen hoy para modelar la mente y alterar los escenarios políticos, sino que un movimiento revolucionario ha logrado dominar las poderosas herramientas del adversario en el terreno digital y salir victorioso en un conflicto que movilizó millones de dólares, tecnologías de última generación y una élite de expertos en lucha electrónica, realidad virtual y publicidad de la “democracia”.
No es poca cosa. Las más variadas empresas e instituciones financieras, bancarias, políticas, diplomáticas, militares y mediáticas internacionales, participaron activamente en el proyecto de “La Salida” del Presidente Nicolás Maduro. Todas se activaron como nodos de un entramado global cuyo sistema nervioso fueron las redes sociales, capaces de dotar al poder de la capacidad de moverse a la velocidad de una señal electrónica.
Facebook, Twitter, WhatsApp, Youtube, Instagram y otras plataformas, articuladas con las cámaras de eco de los pulpos mediáticos tradicionales y organizaciones internacionales como la OEA, han facilitado el doble manejo tecno-científico del poder en la sombra y del poder en la luz. El “complejo militar-industrial-mediático de entretenimiento”, como lo llama James Der Derian, y sus múltiples agencias, intentaron dominar tanto “la realidad” como “el teatro”, tanto la verdad como la ilusión en sus rasgos clásicos y contemporáneos.
Niños durante una manifestación violenta de la oposición en Altamira, disfrados de “guarimberos”.
Si se compara “La Salida” venezolana del 2017 -de abril al 30 de julio, día de la elección Constituyente- con lo que se conoce de las protestas en la Primavera Árabe (2010–2013), los disturbios en Londres, el Movimiento 15M y Occupy Wall Street (todos del 2011), entre otras insurgencias de esa naturaleza, se encontrará como rasgo común la enorme mediatización de estos procesos con el uso activo de los sistemas de telecomunicaciones, que tuvieron un papel relevante en la expresión y visibilidad de los movimientos. Pero aquellos tuvieron un carácter emergente, “brotaron” anárquica y sorpresivamente y terminaron por no instituir nada. A partir de esas experiencias, el poder transnacional apretó las clavijas, desarticuló los principales liderazgos, absorbió las organizaciones más visibles, llevó a las pasarelas la moda hipster y reforzó el control de las redes, y no hemos visto otros procesos emergentes similares en casi un lustro.
Una madre con su hijo disfrazado de “guarimbero” en una marcha convocada por la oposición. Foto: Facebook
Una madre con su hijo disfrazado de “guarimbero” en una marcha convocada por la oposición. Foto: Facebook
Lo que se ha expresado desde entonces son intervenciones y modelizaciones exitosas de procesos políticos, con la ayuda del big data, la inteligencia artificial y los sistemas publicitarios de las plataformas sociales. La sorpresiva victoria del Brexit en Gran Bretaña y el Proyecto Álamo -la campaña de marketing en el escenario digital que le permitió a Donald Trump desmovilizar a una parte del núcleo duro de los votantes de Hillary Clinton-, son solo dos de los ejemplos más conocidos.
¿Cómo se ejecutó la guerra en las redes venezolanas? ¿Cuáles son las claves de la victoria del gobierno de Nicolás Maduro en este terreno?

Intentaremos esbozar algunas consideraciones preliminares:

  • El brazo comunicacional fue el factor fundamental para crear los pretextos utilizados durante el cerco diplomático y político contra el gobierno de Nicolás Maduro, y a la par, instaurar la violencia simbólica que amplificó y reprodujo la violencia real en las calles venezolanas. Esta operación mediática alimentó los estereotipos contra el país e invisibilizó al poder transnacional que tuvo a su cargo la ejecución de una descomunal guerra simbólica y tecnológica. El país sudamericano se defendió en este escenario casi exclusivamente con fuerzas locales del chavismo militante en las redes, bajo el liderazgo del Presidente Maduro y su equipo de gobierno. Cabe aquí la observación de Zygmunt Bauman, teórico de la modernidad líquida: el poder ahora siempre es global y las políticas para enfrentar sus arremetidas son locales. Y al respecto advierte: “Solo una política global, que aún no existe, puede tener efectos duraderos contra ese poder descomunal.”
  • La naturalización de la violencia convirtió a la víctima –el gobierno de Venezuela- en el criminal. En las redes sociales venezolanas, al alcance de la abrumadora mayoría de la población, la violencia extrema compartió los rasgos de flexibilidad, exhibicionismo y diversión propios del entrentamiento y del consumo. Eso explica en parte por qué atacar bases militares, quemar seres humanos vivos, lanzar cócteles molotov contra la policía o contra ómnibus llenos de gente, marcar las casas de los chavistas, llamar públicamente a la intervención extranjera y al uso de armas nucleares, entre otros hechos invariablemente filmados o transmitidos en directo, no se consideraron ilegítimos y mucho menos delictivos.   Esto explica por qué la narrativa fascista inundó Facebook y Twitter, sin que las plataformas que censuran el desnudo femenino en una pintura del siglo XIX o cierran por cualquier tontería las páginas de los usuarios, se tomaran el trabajo de controlar su reproducción y penalizar a los dueños de esas cuentas.
  • Esta guerra es el primer referente internacional de la inducción a gran escala de tácticas de guerrilla urbana, utilizando para ello los chats de plataformas telefónicas, las redes sociales y los servicios para recaudar fondos por Internet.
    Cientos de páginas y grupos públicos y privados en Facebook, y millones de mensajes en Twitter, Instagram y WhatsApp divulgaron propaganda negra y llamados a la desobediencia civil, además de manuales para fabricar cócteles molotov, napalm y morteros, o explicaron cómo construir escudos y chalecos blindados y adquirir máscaras antigás. Miles de peticiones de “micromecenazgos” o “crowdfunding” tramitaron fondos para sostener las manifestaciones violentas y proveer de armas a los manifestantes alentados por la oposición, como puede apreciarse aquí.
  • A diferencia de otros procesos en que la vida se extiende a la cibervida, en Venezuela la cibervida terminó invandiendo la realidad. Los personajes de los videojuegos tomaron las calles para hacerse cargo de los daños colaterales de la guerra de cuarta generación. La desconexión entre las víctimas de la violencia y el poder global que desde la distancia movía los hilos de la crisis venezolana, hizo posible que niños y adolescentes ocuparan las primeras líneas de fuego de las protestas opositoras y asumieran el papel de verdugos, sin distinguir entre la práctica de un deporte extremo y el linchamiento de cualquier pobre, indio, negro, mestizo, discapacitado o sospechoso de afinidad con el gobierno.
    Se han documentado campañas publicitarias en Facebook y Google destinada a niños y adolescentes residentes en las zonas de mayor intensidad de las protestas opositoras, seleccionados según su interés por determinados videojuegos, series, modas y otros valores de la cultura del espectáculo. Aún cuando eran pequeños grupos los que participaban en los tranques de calle y las acciones contra la policía, la producción y reproducción de la violencia a través de los medios sociales convirtió en personaje popular al guarimbero, cuyas máscaras e indumentarias aterrizaron también en las pasarelas de la élite de la moda internacional. Los niños comenzaron a jugar a la guarimba y a simular la construcción de barricadas y bombas incendiarias, el cierre de calles y la caza de policías, como aparece en las imágenes que acompañan esta nota.
  • La guerra de cuarta generación en Venezuela sacó a flote los peores demonios de los sectores ultraderechistas que, como sus pares en Estados Unidos y Europa, aprovechan cualquier forma de exaltación de la violencia como medio de poder, de ocio y de forma de vida.
    Un análisis del uso de las redes para la manipulación de los llamados millennials (los más jóvenes usuarios de la Internet, donde lo digital es el componente central de su cultura), reveló las características del grupo terrorista “Rumbo Libertad”, que integran venezolanos de edades comprendidas entre 15 y 25 años. Ellos toman prestado casi todos los elementos del nacionalismo extremo: el racismo, la xenofobia, el desprecio a la opinión diferente, la represión y el terror.
    Aunque el grupo manifiesta sin disimulo una mentalidad antisocial y una autopercepción de supremacía respecto al resto de la sociedad, incluidos los opositores que apuestan por el diálogo, varios ex presidentes latinoamericanos no tuvieron ningún reparo para reunirse en Caracas con estos terroristas y legitimarlos con selfies y mensajes de aliento en Twitter, igual que ha hecho Donald Trump recientemente con los supremacistas blancos de Charlottesvill. Los agentes del poder global validaban así que el terrorismo es también la forma más extrema de la guerra psicológica.
    Dueños de medios privados financiaron las principales campañas en Internet y las empresas tecnológicas que las hicieron posible, en alianza con multimillonarios emigrados y fundaciones en Estados Unidos. Un estudio de dos millones de tweets emitidos en julio, el mes más violento en Venezuela, develó los fuertes lazos entre estos sectores y, en particular, el activismo de un grupo de conocidos empresarios de los medios. Ellos cartelizaron la campaña interna contra el gobierno bolivariano y ayudaron a programar la opinión pública mundial en contra del chavismo en su conjunto como fuerza política.
Niño jugando a trancar una calle. Foto: Twitter
Niño jugando a trancar una calle. Foto: Twitter
Se contrataron “data brokers” o compañías asociadas a plataformas de redes sociales como Facebook, que se dedican a la comercialización de potentes bases de datos para campañas de marketing político o puramente comerciales, con un extraordinario nivel de efectividad. Al menos dos grandes empresas internacionales de este tipo -Provea (estadounidense) y Criteo (francesa)-, se involucraron en las campañas de la oposición en la web.
Varias investigaciones demostraron el uso de robots para generar campañas virales y generar estados emocionales adversos al gobierno de Nicolás Maduro. Un caso evidente fue @DolarToday, la cuenta en Twitter de la página web del mismo nombre que se dedica a definir de manera especulativa el cambio del dólar en el mercado paralelo, proa de la guerra económica contra Venezuela. Esa cuenta genera unos mil mensajes por día y es una de las columnas fundamentales de la guerra de cuarta generación, que conecta la guerra económica con la simbólica, y financia parte de la campaña de propaganda contra Venezuela.
A pesar del uso de todos estos recursos combinados, el nivel técnico de la campaña y la toxicidad de la estrategia de desgaste, la ofensiva imperial fracasó estrepitosamente. La ética, el capital político acumulado por el chavismo y la capacidad de maniobra de su sistema comunicacional, blindaron al gobierno bolivariano frente a una maquinaria que empleó a fondo sus laboratorios de guerra no convencional y enormes reservas financieras para “La Salida” de Nicolás Maduro, la aniquilación de las conquistas sociales y el fin del experimento socialista en Venezuela.
Niños durante una manifestación violenta de la oposición en Altamira, disfrados de “guarimberos”.
Niños durante una manifestación violenta de la oposición en Altamira, disfrados de “guarimberos”.
¿Cómo fue esto posible? Hay seguramente otras variables en juego, pero vale la pena mencionar algunas fortalezas del sistema comunicacional del gobierno bolivariano que ayudan a entender los por qué:
1.-La dirección del país tiene una clara definición de la estrategia comunicacional, que es conocida y utilizada por todos los actores políticos e incluyó en esta campaña, como escenario fundamental, las redes sociales. Los principales dirigentes del país tienen cuentas en una o en varias plataformas, las usan con naturalidad e intensidad, y tienen capacidad de convocatoria tanto en el escenario on line como off line.
2.-Todo el aparato de gobierno es completamente visible. Sus líderes son conocidos y mantienen una vocería activa sobre los temas de la agenda política más relevante, de acuerdo con la coyuntura. Hay una permanente interlocución de la ciudadanía con los dirigentes bolivarianos por diversos canales. Algunos, incluso, sostienen programas muy populares de la televisión pública: Diosdado Cabello presenta “Con el Mazo Dando” y Jorge Rodríguez, “La política en el diván”. Generalmente el gobierno es la primera fuente en expresarse, cuando se produce algún ataque o se generan noticias falsas.
3.-Hay un juego permanente de la política, con flexibilidad para trazar el curso de la comunicación en la coyuntura. Frente a la propaganda negra y a la violencia simbólica, el chavismo generó mensajes de paz y de llamados al diálogo, a la construcción de un futuro de país, a la tolerancia, con narrativas pensadas para cada sector y clase social.
4.-El chavismo extiende su actuación militante a las redes. Conoce y se apropia del discurso de sus líderes, acompaña sus propuestas y desagrega los conceptos para generar contenido propio de forma activa. Entiende cada red social y su estilo, y traslada sus mensajes de manera creíble y personalizada. En los trending topics de Twitter jamás se posicionó una etiqueta opositora sin que estuviera acompaña de otra del chavismo.
5.-Es indudable la capacidad de negociación de Nicolás Maduro y su apuesta por el diálogo, frente a la violencia extrema de la oposición, que terminó entrampada por los demonios que ella misma desató. A pesar de que la campaña de odio se enfocaba sobre todo en su figura, brilló en estos días la inteligencia emocional del Presidente, su incansable capacidad de trabajo, su comprensión de la comunicación política, y del escenario digital, en particular.
6.-El tema de la paz y del diálogo le permitió al chavismo pasar a la ofensiva con mensajes que transversalizaron a toda la sociedad, mientras el liderazgo opositor estuvo a la defensiva frente a la Constituyente. A pesar del apoyo internacional, en lo interno, donde definitivamente se define el juego político, la oposición terminó dividida y fue desenmascarada la esencia terrorista de la convocatoria de sus principales dirigentes.
7.-El chavismo presentó una propuesta más racional y moralmente consistente, que le permitió halar a segmentos críticos de sus propias fuerzas, a la mayoría de los indecisos e incluso a sectores moderados de la oposición hartos de la violencia. La fortaleza de su mensaje se expresó en la elección del 30J con más de 8 millones de votantes.
Un grupo de adolescentes lanzan cócteles molotov y piedras contra un bus en Caracas. Foto: Twitter
Un grupo de adolescentes lanzan cócteles molotov y piedras contra un bus en Caracas. Foto: Twitter
Son hechos tangibles, pero no hay que confiarse, porque la Revolución bolivariana ha ganado una batalla, pero no la guerra. El poder global, ciego de ira, ha reaccionado torpemente con la amenaza de una intervención militar y seguramente aprenderá de la derrota. Aplacará la rabia con nuevos planes para destruir al chavismo. Activará nuevamente a sus laboratorios y a sus comisarios de la derecha internacional, y atacará con más fuerza. A las fuerzas progresistas de Venezuela y del mundo les tocará generar alianzas globales contra el poder transnacional, y acatar con inteligencia aquella máxima de El Cayapo: “Héroe no será en esta guerra quien más disparos realice, sino quien mas desactive situaciones de guerra.”
(Tomado de Red58)
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