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jueves, 18 de julio de 2019

Secuencia de destrucción planificada: ¿Cuándo comenzó el bloqueo contra Venezuela?




Tomado de:
cubadebate.cu

William Serafino

13-16 minutes






El 9 de marzo de 2015, el presidente Barack Obama, mediante la Orden Ejectuvia 13692, declaró a Venezuela como «amenaza a la seguridad nacional» de los Estados Unidos Foto: Jonathan Ernst/ Reuters.
El primer encubrimiento

El relajamiento parcial (y siempre relativo tratándose de Venezuela) de la situación política, a raíz de las rondas de negociación que empezaron en Oslo y que ahora mismo se desarrollan en Barbados entre el chavismo y la oposición, remarcan dentro del debate político y de medios un tema definitorio para la vida social y económica del país.

Se trata de las sanciones y medidas coercitivas unilaterales impuestas por el gobierno de los Estados Unidos contra la República Bolivariana de Venezuela.

Antes del último impulso de cambio de régimen de este año con la figura de Juan Guaidó a la cabeza, era común referirse a las medidas coercitivas unilaterales como un acto que sólo afectaba a los funcionarios del gobierno.

Este tratamiento político y mediático se mantuvo durante los años 2016, 2017 y 2018, justo cuando las sanciones se convirtieron en una manifestación concreta de la agresiva política exterior de los Estados Unidos hacia Venezuela, encaminada a cristalizar un golpe de Estado mediante herramientas no convencionales o de guerra indirecta.

Sin embargo, desde enero de 2019, cuando la Administración Trump decide embargar ilegalmente los activos de PDVSA (incluyendo su filial Citgo), esta narrativa se vio obligada a mutar por la fuerza del propio acontecimiento.

La inclusión de la estatal petrolera PDVSA en la lista OFAC del Departamento del Tesoro tuvo como resultado inmediato la confiscación de sus activos en los Estados Unidos y la prohibición de realizar negocios por parte de las refinerías de la Costa del Golfo con el petróleo del país. La consecuencia lógica de esta acción de abierta guerra económica sería una pérdida de, al menos, 18 mil millones de dólares tras el secuestro de los activos petroleros, y una disminución de casi medio millón de barriles en ingresos, debido a la prohibición de exportar crudo hacia el mercado estadounidense.
La naturaleza colectiva del bloqueo económico




El secretario del Tesoro, Steven Mnuchin, y el asesor de seguridad nacional, John Bolton, anuncian severas medidas de bloqueo contra PDVSA, 28 de enero de 2019. Foto: AFP.

La naturaleza colectiva y general de estas medidas punitivas impuestas por el gobierno de los Estados Unidos hacía imposible que las mismas fueran interpretadas como acciones contra el gobierno. Aunque el asesor de seguridad nacional John Bolton, al momento de anunciar estas sanciones, hizo un notable esfuerzo en convencer a todo el mundo que dichas medidas afectarían al “régimen de Nicolás Maduro” y no a la población, el desastre económico de los últimos siete meses indican justo lo que se intentaba negar.

Y es que el mensaje de Bolton, secundado por el gabinete de la guerra contra Venezuela que es también el propio gabinete ejecutivo de los Estados Unidos, sigue siendo un desafío a la lógica económica más elemental. La interrupción del ingreso petrolero a un país dependiente de esta entrada en un 95%, lógicamente impacta de manera negativa a la población en su capacidad de acceder a los insumos básicos de subsistencia, debido a la interrupción forzada del flujo de las importaciones que mantienen abastecidas el mercado interno.

La incapacidad de mantener esta situación de autoengaño y blanqueamiento provocó que el relato antichavista se reconfigurara agregando nuevos matices, pero manteniendo la misma estructura inicial. Ahora había que aceptar que las sanciones eran generales, que ciertamente afectaban la economía y la constitución material del país y su mayoría social, pero no sin antes agregar como leitmotiv que estas sanciones empezaron en 2019.
Informe Bachelet y el falso debate antichavista




Michelle Bachelet es la Alta Comisionada de la ONU para los DDHH. Foto: AFP.

En consecuencia, la situación económica de crisis anterior a 2019 no podría explicarse a partir de las sanciones de los Estados Unidos. Este relato cartelizado por medios y políticos del antichavismo recibió un apoyo crucial por parte del informe sobre Venezuela de la Alta Comisionada para los Derechos Humanos de la ONU, Michelle Bachelet, en el cual insiste que la crisis económica es previa a las sanciones, agregando que las mismas agravan esa crisis “preexistente”.

Ese pésimo intento de quedar bien con Dios y con el Diablo, como solemos decir en Venezuela a todo equilibrismo político, en realidad otorgaba verosimilitud a la narrativa del antichavismo que responsabiliza al gobierno de la crisis actual. Otra forma de blanqueamiento institucional para favorecer la aplicación sistemática de medidas de bloqueo económico contra el país.

Igualmente, las medidas coercitivas unilaterales parecieran ser un capítulo continuado de las divisiones internas en el antichavismo. Sin embargo, esta división por el tema de las sanciones, al igual que otros tópicos del acontecer político nacional, corresponden a un falso debate.

Por ejemplo, personajes como el banquero de Torino Capital y asesor financiero del antichavismo, Francisco Rodríguez, el presidente de Datanálisis, Luis Vicente León, y otros actores del ala moderada, han comenzado a dedicar buena parte de su exposición pública a condenar el bloqueo económico estadounidense y sus nocivas consecuencias contra el país.

Y este posicionamiento no ha pasado desapercibido para el ala radical. Hace pocos días, el economista y sicario financiero Ricardo Hausmann protagonizó un rifirrafe en redes sociales con Francisco Rodríguez, con respecto al tema de las medidas coercitivas unilaterales. Para Hausmann, las sanciones económicas estadounidenses no afectan la economía, pues según él, en Venezuela “hay hambruna desde 2016”. La afirmación de que las sanciones comenzaron en 2019 viene acompañada por la tesis de que la crisis económica fue producto del supuesto modelo económico fracasado del chavismo.

Este posicionamiento fue compartido por quien dice ser el “Procurador General” de Juan Guaidó, José Ignacio Hernández, quien aseveró que las sanciones no son responsables de la crisis porque se supone, erróneamente según su criterio, que sin estas medidas de presión el gobierno venezolano igualmente no utilizaría los recursos disponibles para resolver la crisis.

El debate subió de tono y simuló ser un enfrentamiento encarnizado entre posturas diametralmente opuestas. Aunque ambas posiciones difieren en si las sanciones afectan o no a la economía, y allí habría que darle la razón a Francisco Rodríguez y Luis Vicente León, comparten como criterio unificado que la crisis es responsabilidad del chavismo y que la misma antecede a las sanciones. Allí es donde radica el falso debate.
Reconstruir el trayecto de una economía bajo asedio: La onda corta 2014-2019




El presidente Nicolás Maduro, junto a Diosdado Cabello y el presidente boliviano Evo Morales, en un acto para exigir que se derogue el Decreto Obama. Foto: teleSur.

Contrario a este relato que intenta imponerse como dominante, lo cierto es que el bloqueo económico contra Venezuela, en términos institucionales, comienza en diciembre con la promulgación de la “Ley de defensa de derechos humanos y sociedad civil” o “Ley Pública 113-278”. Allí, el Congreso estadounidense otorgó a la presidencia de los Estados Unidos un conjunto de poderes excepcionales (bajo la Ley de Poderes Económicos de Emergencia Internacional) para bloquear activos y prohibir transacciones financieras desde Venezuela, utilizando como excusa la “violación de los derechos humanos”.

Esta ley, el 9 de marzo de 2015, ascendería a Orden Ejecutiva (13692) bajo la rúbrica del presidente Barack Obama. El denominado Decreto Obama entraba en acción.

Se toma como punto de inicio de las sanciones estos instrumentos legales, porque precisamente las relaciones comerciales, económicas y financieras entre Venezuela y los Estados Unidos, y en consecuencia la conexión del país con el sistema de pagos internacionales que aún gravita en torno a las plataformas estadounidenses, cambia sustancialmente.

A partir de allí, el sistema financiero internacional tomaría una posición de alerta frente a Venezuela, mientras el presidente de los Estados Unidos contaba con los instrumentos legales necesarios para agredir la economía nacional cuando lo creyera necesario.

En paralelo a esto, durante ciclo 2014-2015, haciéndose extensivo a 2016 y en buena parte de 2017, los precios del petróleo se van a pique, llegando a la alarmante cifra de 20 dólares por barril. Esto implicó para la nación una reducción del 70% de sus ingresos nacionales, lo que a su vez generó una contracción sensible de las importaciones y, en consecuencia, las condiciones para una crisis inflacionaria y de desabastecimiento.



Pero el denominado Decreto Obama (la Orden Ejecutiva 13692) comenzaría a mostrar resultados en 2015 y 2016. Durante esos años, las presiones del Departamento del Tesoro, legalizadas por los instrumentos jurídicos antes comentados, provocan que Citibank, Commerzbank y otros bancos que Venezuela utilizaba como intermediarios para la compra de alimentos, medicinas y pago de deuda, cerraran las cuentas, unilateralmente, de instituciones como Banco Central de Venezuela, PDVSA y el Banco de Venezuela.

Sumado a esto, y producto de dichas presiones del Tesoro, las calificadoras de riesgo estadounidense reaccionan elevando artificialmente el riesgo país (ubicándolo como el más alto del mundo, por encima de países con conflictos bélicos como Yemen, Siria o Ucrania) y presionando una situación de impago en los bonos de la deuda pública.

La consecuencia de estas acciones se traduce en el bloqueo directo de las fuentes de financiamiento de Venezuela en el mercado internacional, donde pudo haber recurrido en 2014 y 2015 para compensar la caída de los ingresos petroleros. Pero, lógicamente, un país que supuestamente “amenaza” la seguridad nacional de los Estados Unidos, no es un candidato fiable para acceder a financiamiento internacional.

Allí radican los efectos prácticos del Decreto Obama.

La actuación de las calificadoras de riesgo, y la obstrucción del financiamiento internacional para el país que generó, agudizó la crisis de la importaciones producto de la caída del ingreso petrolero y precipitó el inicio de una crisis inflacionaria mezclada con un desabastecimiento inducido por los capitales nacionales concentrados que tomaron una posición de revancha, nuevamente, contra el chavismo.

Llegamos a 2017, donde esta política sistemática de bloqueo se legaliza con la Orden Ejecutiva 13808 del 24 de agosto de 2017. Allí, expresamente, se impide a PDVSA recibir financiamiento del mercado estadounidense. A Citgo, en particular, se le prohibía a partir de ese momento repatriar sus ganancias a Caracas.

Otras consecuencias de esta Orden Ejecutiva comienzan a visualizarse en 2018, mediante la aplicación de un embargo petrolero no declarado contra PDVSA y Citgo, generando obstáculos a la venta de su producción en el mercado estadounidense y a la capacidad de la filial estadounidense de contar con cartas de crédito para financiarse.

2018, igualmente, será un año de otras Órdenes Ejecutivas complementarias que buscaban ir cerrando la mayoría de las fuentes de generación de riqueza e ingreso de la economía de Venezuela. Se prohíbe al Estado vender o negociar colaterales de deuda utilizando Citgo, se prohíbe también la venta de oro y las transacciones con la criptomoneda Petro.

Este recorrido nos habla de una tormenta perfecta construida mediante mecanismos de guerra económica y financiera contra la economía, y más importante aún, evidencia que las sanciones comenzaron a afectar al país de forma sistemática y en aumento, desde el año 2014.

Visto así, es falso que las medidas de bloqueo económico iniciaron en 2019. Y es así, precisamente, porque en los años anteriores factores económicos internacionales (la caída de los precios del petróleo) y las presiones directas (manipulación de las calificadoras de riesgo, cierre de cuentas, bloqueo a PDVSA y Citgo), fueron lesionando la economía venezolana y generando las condiciones de la crisis actual, agravada sensiblemente por las sanciones del ciclo 2017-2019.

Dicha tormenta perfecta, y vale decir también, perfectamente planificada para producir un cambio de régimen en Venezuela, combinó la crisis de los ingresos petroleros y la crisis de las importaciones, con mecanismos de presión selectiva dirigidas desde los Estados Unidos para profundizar un socavamiento la economía y los derechos económicos y sociales de la población.

Este proceso alcanza su punto clímax en 2019 con la confiscación y robo de activos petroleros por casi 20 mil millones de dólares, además del secuestro de colaterales en oro y dinero fresco en la banca privada internacional por el orden de los 5 mil millones de dólares. Además, es vital agregar la exclusión por la vía de los hechos del sistema de pagos internacionales, que genera terribles obstáculos para la importación de alimentos y medicinas.




Con la Administración Trump, el bloqueo económico contra Venezuela escaló mediante la aplicación de varias Órdenes Ejecutivas. Foto: Carlos Barria/ Reuters.

La sumatoria de todo esto nos describe un país en la siguiente secuencia de destrucción planificada antes de 2019:
Tras una caída de ingresos y de importaciones no pudo obtener dinero fresco para compensar la situación.
Con recursos mermados, comenzaban a cerrarse los mecanismos de pago para importar, agudizando la escasez de bienes esenciales.
Su industria petrolera comienza a ser obstruida y su filial en Estados Unidos, Citgo, no puede repatriar dinero que necesita. Luego, no puede vender petróleo, lo cual agudiza la caída de ingresos y de importaciones de la primera etapa.
Tiene complicaciones para vender oro y para hacer transacciones en Petro, criptomoneda creada para superar el cierre de los medios de pago.

Vivir en el autoengaño, ya en este punto, no es una opción. Y pensar que el modelo fracasó porque sí, obviando esta estrategia de acoso integral contra el país, tampoco.

(Tomado de Misión Verdad)

martes, 19 de marzo de 2019

Venezuela La realidad de la calle frente al espectáculo mediático



tomado de:
rebelion.org
Rebelion. La realidad de la calle frente al espectáculo mediático

11-15 minutes



El fotorreportero británico Alan Gignoux y la periodista y cineasta venezolana Carolina Graterol, ambos residentes en Londres, han viajado a Venezuela durante un mes a grabar un documental para una importante cadena de televisión global. Han conversado con el periodista Paul Cochrane sobre el retrato que pintan los medios mayoritarios sobre el país comparado con sus experiencias sobre el terreno.

Paul Cochrane (PC): ¿Qué hacíais en Venezuela? ¿Cuánto tiempo estuvisteis allí y cómo os fue?

Allan Gignoux (AG): Pasamos un mes en junio de 2018 para rodar un documental. No puedo revelar todavía en qué canales se emitirá, pero pronto estará en antena. Visitamos Caracas, la capital, Mérida (en los Andes), Cumaná (en la costa) y Ciudad Guayana (cerca de la desembocadura del río Orinoco).

PC: ¿Como fue vuestra estancia en Venezuela, en relación con lo que trasmiten los medios de comunicación occidentales?

Carolina Graterol (CG): Yo soy periodista, tengo familia en Venezuela, y sabía que la realidad era muy diferente a la que retratan los medios, pero aún así me quedé sorprendida. Lo primero que advertimos fue la ausencia pobreza. Alan quería filmar a indigentes y pobres en las calles. Esta misma mañana he visto en Londres a tres personas durmiendo en la calle, pero en Venezuela no pudimos encontrar a ninguno, en ciudades grandes o pequeñas. Queríamos entrevistarlos, pero no pudimos hallarlos. Esto se debe a los programas multidisciplinares del gobierno, que incluyen servicios sociales para sacar a los niños de las calles o devolverlos con sus familias. El programa lleva funcionando mucho tiempo pero no había sido consciente de lo eficaz que era.

PC: Alan, ¿qué te sorprendió a ti?

AG: Debemos ser realistas. Hay desgaste y cansancio generalizados. Aunque hay comida y los restaurantes y cafeterías privados están abiertos, se aprecian las consecuencias de la crisis económica. Eso sí, la pobreza no tiene nada que ver con la que existe en Colombia o en Brasil, llenos de niños de la calle. En Venezuela no parece existir un problema de falta de casas, y las favelas tienen agua corriente y electricidad. La pobreza extrema no parece comparable a la de otros países sudamericanos. Antes del viaje, la gente me advirtió que tuviera cuidado con la delincuencia, pero trabajábamos con una señora de El Salvador que nos dijo que Venezuela era fácil comparada con su país, en donde existen guardias de seguridad con ametralladoras a la puerta de las cafeterías. También nos comentaron que muchos delincuentes se habían marchado porque no había mucho que robar y les iba mejor en Argentina, Chile u otros lugares.

PC: ¿Cómo han afectado las sanciones a los venezolanos?

CG: La comida está cara, pero la gente sigue comprando cosas. A causa de la inflación, hace falta efectuar múltiples pagos con las tarjetas, porque los datáfonos no aceptan transacciones tan elevadas de una sola vez. El gobierno ha creado un sistema, los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP), que proporciona una caja de alimentos a 6 millones de familias todos los meses. La idea era sortear las redes de distribución privada y evitar el acaparamiento y la escasez. Nuestra ayudante provenía de un barrio de clase media de Caracas y era la única chavista allí, pero los vecinos se unieron y crearon un sistema CLAP, por el que reciben una caja con 19 productos. A menos que percibas un salario muy alto, o dinero del exterior, necesitas encontrar modos alternativos para alimentarte. Pero las despensas estaban llenas, pues se han acostumbrado a prepararse para emergencias. En general, las personas han perdido peso, calculo que muchos adultos de 10 a 15 kilos. La última vez que estuve en Venezuela hace 3 años encontré muchas personas obesas, como en Estados Unidos, por una alimentación excesiva, pero en esta ocasión habían recuperado el buen tipo, y nadie muere de hambre o malnutrición.

PC: Entonces, ¿qué es lo que están comiendo los venezolanos?

Básicamente, una dieta vegetariana. Se disculpaban por no poder ofrecernos carne; comíamos verduras, lentejas y frijoles. Todos se han visto obligados a adoptar una dieta vegetariana y tal vez la principal queja era que no podían comer tanta carne como antes. La situación no es tan grave. Antes de que Hugo Chávez asumiera el poder, Venezuela tenía un índice de pobreza extrema del 40% y un 80% de pobreza. Esta cifra descendió hasta el 27%, y antes de la crisis la pobreza extrema era de tan solo el 6% o el 7%. Todo el mundo recibe asistencia del gobierno.

PC: ¿La comida es la principal preocupación?

CG: El ataque real a la economía afecta la comida. Cuando existe hiperinflación, todos los precios suben, pero la alimentación se ha convertido en el principal gasto porque es la variable que sube de precio a niveles exorbitantes. Otras variables como la electricidad, el agua o el transporte público no han subido tanto y representan un pequeño porcentaje del gasto familiar. Esa es la razón por la que las distorsiones en la economía no son intrínsecas, sino causadas por factores externos, de lo contrario todos los precios habrían aumentado.

PC: Alan, ¿perdiste peso en Venezuela?

AG: ¡No! Me sorprendió ver cuántas personas cultivan sus propias verduras. Es un poco como en Rusia, donde todo el mundo tiene una dacha. Venezuela posee un clima tropical, por lo que es fácil producir. Hay árboles de mango por todas partes, así que puedes tomar uno cuando te apetece.

PC: Entonces, ¿la crisis de la que nos hablan cada día se debe fundamentalmente a las sanciones de Estados Unidos?

CG: Las sanciones han afectado al país. Para ser justa, creo que el gobierno tardó en reaccionar frente a los acontecimientos a los que les estaban empujando. Probablemente no fue una buena idea desembolsar 70.000 millones de dólares en pago de deuda externa los últimos cinco años. En mi opinión, Maduro decidió cumplir con los pagos pensando que era lo correcto responsabilizarse de nuestros compromisos, pero al mismo tiempo empezó a librarse esta guerra económica tanto dentro del país como desde el exterior, y se bloquearon los préstamos internacionales.

El gobierno debería haber emprendido acciones contra Colombia por permitir la instalación de más de cien casas de cambio en la frontera con Venezuela. Esos comercios debilitaban la moneda, ya que usaban diferentes tasas de cambio, lo que contribuía a la devaluación del bolívar. Creo que deberían haber denunciado al gobierno de Juan Manuel Santos. Si Colombia afirma que el petróleo venezolano que atraviesa su frontera es contrabando, ¿por qué no es lo mismo con la moneda? Es preciso recordar que la mayor industria colombiana es la cocaína, el narcotráfico, y que ha crecido exponencialmente, por lo que tienen un exceso de dólares estadounidenses que necesitan blanquear, lo que merma el valor de la moneda venezolana. Es hiperinflación inducida. En Miami, por otro lado, la oligarquía venezolana creó hace doce años un portal web llamado DolarToday para destrozar la economía venezolana.

PC: ¿Qué más os llamó la atención?

CG: La gente no pierde la sonrisa y hace bromas sobre la situación, lo que me parece increíble. Están deseosos de compartir, de echar una mano, y nos vimos envueltos en algunas situaciones complicadas, como cuando nuestro coche se averió por la noche.

AG: Todo el mundo dice que no se debe conducir por la noche en Venezuela. Estábamos en carretera y nos figurábamos que solo nos quedaba como media hora de viaje, ¿qué podía salir mal? Entonces se quemó un transformador. Pensé que estábamos a punto de vivir una pesadilla, atascados en mitad de la nada, de noche en una carretera oscura. ¿Quién iba a encontrarnos?

CG: Como no había luces, tuvimos que usar los teléfonos para que los grandes camiones pudieran vernos.

AG: Me hice pasar por sordo, ya que nadie creería que era venezolano con mi acento español. Entonces, se detuvo una camioneta realmente vieja. Sus ocupantes parecían molestos pero fueron muy amables y nos llevaron hasta una estación de servicio.

CG: Le dije a Alan que no estábamos en Estados Unidos ¡que nadie iba a dispararnos!

AG: Iba acompañado de tres mujeres con dinero y pensé, vaya, nos van a asaltar, pero todo salió bien y pensaron que era sordo.

CG: Nos dijeron que podíamos dormir en una tienda, pero preferimos hacerlo en el coche y no estuvo tan mal.

PC: ¿Qué hay de los apagones que han proliferado por el país?

CG: Durante los apagones, la gente contaba historias, tocaba música o salía a charlar a la calle. Era un paraíso, sin televisión ni smartphones, un contacto real entre las personas. Se cocinaba en común. Durante el día, jugaban a juegos de mesa, al dominó, y los chavales lo pasaban bien. Probablemente las personas con hijos estaban más tensas, sobre todo si vives en un bloque de apartamentos y no tienes agua ni luz. Por eso EE.UU. atentó contra la red eléctrica, porque eso supone el corte de agua en Caracas (con un área metropolitana que agrupa a unos 7 millones de personas). Por suerte, existen pozos de agua limpia en los alrededores y la gente hacía cola para conseguirla.

PC: Entonces, ¿hay mucha discrepancia entre la imagen que os habíais hecho de la situación, a partir de los medios de comunicación, y la realidad?

AG: Bueno, hay colas para comprar gasolina, pero la gente no está muriendo de hambre y, como ya dije, la pobreza no se acerca ni de lejos a la que hay en Brasil. Yo no lo calificaría de dictadura, la gente es abierta y critica al gobierno y a Estados Unidos, pero también a Chávez y a Maduro. El Partido Socialista Unificado de Venezuela (PSUV) ha admitido haber tomado decisiones económicas erróneas. Pensé que encontraría más represión, pero no ha sido así. La gente no tiene miedo de expresarse. Creo que los venezolanos echan más la culpa de la situación a los americanos que a Maduro.

PC: ¿Qué os parece el revuelo que se montó en febrero cuando la ayuda de EE.UU. y Canadá quedó bloqueada en la frontera?

AG: La ayuda es un caballo de Troya, una buena forma de que EE.UU. entre en el país, y por eso las agencias internacionales no querían formar parte del plan. Sin embargo, se ha recibido ayuda de China y de Rusia.

CG: No se produjo el caos que EE.UU. y Trump esperaban que se produjera. (El líder de la oposición y autoproclamado presidente Juan) Guaidó es el tipo más odiado en Venezuela. Tiene que alojarse en un hotel lujoso en Las Mercedes, un barrio caro de Caracas. Ahí tienen electricidad, porque estaban preparados para el apagón y compraron generadores. Por eso Guaidó está viviendo allí, ocupa toda una planta de un lujoso hotel para él y su familia. Mientras el pueblo sufre, Guaidó se prueba trajes para su próximo viaje a Europa. Es un mundo paralelo.

AG: ¿Crees que Guaidó fracasará?

CG: Los venezolanos hacen muchos chistes con su nombre, pues suena similar a güevón (persona poco inteligente y de comportamiento ridículo). Y fíjate en la manifestación del otro día (12 de marzo) en Las Mercedes: las masas no aparecieron. Se está convirtiendo en un chiste en el país. Cuanto más le reconocen como presidente Estados Unidos y Europa, más ridícula es la situación, ¡Guaidó no es presidente de Venezuela! Es curioso que Chávez ya predijera lo que está ocurriendo, escribió sobre ello, y la gente está recuperando sus obras y volviendo a leerle.

PC: Hay mucho material sobre la historia del imperialismo norteamericano en Sudamérica para hacer dichas predicciones y también, más recientemente, los canadienses y sus compañías mineras, en Paraguay, Honduras, y ahora apoyando a Guaidó.

CG: Exacto. Mira Chile en 1973, lo que ocurrió con los sandinistas en Nicaragua, en El Salvador, en Guatemala.

Es una estrategia bien ensayada para destruir una economía mediante el uso de fuerzas externas que hagan subir los precios de suministros y productos. Cuando se produce un ciclo así, explota.

Alan Gignoux es un fotorreportero centrado especialmente en temas sociopolíticos y medioambientales. Sus trabajos han sido publicados en el New York Times, CNN Traveller, The Independent, Reuters y World Photography News, entre otros (www.gignouxphotos.com).

Carolina Graterol es una periodista cineasta y artista venezolana (www.carolinagraterol.com). Ha trabajado para el BBC World Service (es español) y Telesur. Es directora de “A letter from Venezuela”.

Paul Cochrane es un periodista residente en Beirut.

Fuente: https://www.counterpunch.org/2019/03/18/on-the-ground-in-venezuela-vs-the-media-spectacle/

El presente artículo puede reproducirse libremente siempre que se respete su totalidad y se nombre a su autor, su traductor y a Rebelión como fuente del mismo.

miércoles, 13 de febrero de 2019

Venezuela: la ayuda humanitaria prepara la invasión militar


tomado de:
hispantv.com

HispanTV

12-15 minutes

La prensa mundial, haciendo el coro a las usinas mediáticas que genera Washington, han convertido a la República Bolivariana de Venezuela en el plato fuerte del día.

Por supuesto que no en ánimo laudatorio: por el contrario, lo que se dice del “régimen castro-comunista” del dictador Nicolás Maduro son las peores barbaridades. Según esa avalancha monumental de “noticias”, lo que sucede en el país caribeño es una crisis de proporciones dantescas, con población famélica que huye desesperada de una dictadura sangrienta.

No olvidemos nunca: dictaduras fueron las de Franco en España (que hacía rezar el rosario cada atardecer), la dinastía Somoza en Nicaragua (“Anastasio Somoza: un hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta”, según el presidente estadounidense Roosevelt), Pinochet en Chile, Batista en Cuba, Videla en Argentina (con 30,000 desaparecidos), Idi Amín en Uganda (que se comía el hígado de sus adversarios políticos). En Venezuela hay elecciones democráticas periódicas, libertad de expresión, la economía no está planificada y rige el mercado, no hay cárceles clandestinas. ¿Qué dictadura?

La crisis que vive hoy el país se debe, quizá en parte a políticas que podrían revisarse en lo interno de la Revolución Bolivariana (se persiste en el rentismo petrolero), pero fundamentalmente a un ataque inmisericorde de Estados Unidos, que busca a toda costa revertir el proceso en curso.

La crisis, realmente existente, que incomoda a diario a los venezolanos y que hizo que muchos se marcharan por las penurias cotidianas que se atraviesan, se implementó para generar un clima de malestar ciudadano (colapso económico) que termine estallando, produciendo la salida de la administración chavista. Pero, ¿por qué esa crisis?

¿Por qué la crisis? ¿Quién se beneficia de ella?


Obviamente, la población no. Quedarse, sin embargo, solo con la descripción de los hechos viendo en el gobierno bolivariano a una suma de aprovechados que están saqueando al país mientras la población sufre penurias, es una absoluta falsedad. Sin dudas que faltan artículos de primera necesidad: alimentos, medicinas, elementos de aseo personal, todo lo cual torna la vida diaria un verdadero calvario. Pero hay que entender que todo ello tiene un propósito: terminar el experimento bolivariano. A partir de esta situación crítica, la pretendida “ayuda humanitaria” parece una muy generosa medida. De todos modos, seamos cautos: atrás de esa supuesta ayuda, viene la intervención militar. Y es la Casa Blanca, por medio de gente de ultraderecha representante de las grandes empresas de ese país (el presidente Donald Trump, el Asesor de Seguridad Nacional John Bolton, el Encargado Especial para Venezuela Elliot Abrams) quienes hoy insisten en mantener la inmoral presión sobre la patria de Bolívar.

Hay al menos tres razones para ello:


Razones económicas


Para su desgracia, Venezuela tiene una fenomenal reserva de petróleo (300,000 millones de barriles), lo que puede significar una fuente energética para terminar este siglo, manteniéndose el consumo actual. Y tiene a Estados Unidos muy cerca. La potencia del norte es un gigante industrial y militar, por lo que su consumo de oro negro es, por lejos, el más alto del mundo: 20 millones de barriles diarios (quien le sigue, China, consume solo la mitad: 10 millones de barriles).

Ese monumental consumo se abastece, en parte, con las reservas propias (el 60% de su consumo sale de su subsuelo); el resto debe importarlo (Golfo Pérsico y otros países de América). Venezuela, gran productor, le aporta el 12% de su consumo. Hoy por hoy, el país caribeño no es el principal proveedor para Estados Unidos, pero sus reservas son estratégicas. Disponer de ellas es el sueño de la clase dirigente norteamericana, y en particular de sus empresas petroleras. Lo dijo estos días John Bolton, sin ninguna vergüenza: “Haría una gran diferencia para Estados Unidos económicamente si pudiéramos tener compañías petroleras estadounidenses invirtiendo y produciendo petróleo en Venezuela”. ¿Por qué? Porque ese gigantesco país (o mejor dicho, su clase dirigente) no quiere depender de seguir comprando petróleo fuera, sino ser ellos quienes lo explotan. En otros términos: apropiarse de las reservas venezolanas como propias, y negociar. El negocio es grande, sin dudas; y las megaempresas no desean perderlo.

Con esto tendrían asegurado un botín fabuloso sus corporaciones energéticas (Exxon-Mobil, Chevron-Texaco, ConocoPhillips, Halliburton, etc.), y Estados Unidos estaría en mucho mejor condición de competir en el mercado global. Podría lograr, incluso, si puede agenciarse de una vez de esas reservas vedadas hoy por un gobierno nacionalista, hacer que Venezuela salga de la OPEP, con lo que podría ser Wall Street a sus anchas quien ponga el precio del crudo. Por otro lado, llevar petróleo desde Venezuela, ubicada a 2,000 kilómetros de su país, a Washington le conviene infinitamente más que importarlo desde el Golfo Pérsico, a 12,000 kilómetros.

Junto a ello, además del oro negro, existen otros recursos naturales ubicados en territorio venezolano a los que la Casa Blanca guarda especial apetito: enormes reservas de gas natural, de oro, de bauxita, de coltán y de minerales estratégicos como niobio y torio. Además, existe abundante agua dulce (bien cada vez más escaso y apetecido por la voracidad del principal mercado mundial), así como biodiversidad de la selva amazónica (de donde pueden extraerse materias primas para medicamentos y alimentos).

En definitiva, Estados Unidos, en nombre de la tristemente célebre Doctrina Monroe (“América para los americanos”… del Norte) sigue considerando que Latinoamérica es su reservorio natural de materias primas. La pretendida ayuda humanitaria que enviaría para paliar la “crisis humanitaria” esconde el propósito de sentar cabezas de playa militares en territorio bolivariano. La opción bélica, con la ayuda de algunos países títeres, sería lo que les puede devolver la potestad sobre esta tierra, ahora libre y soberana desde el inicio de la Revolución Bolivariana.

Razones políticas


Justamente esa libertad y esa soberanía que empezó a tomar cuerpo con la llegada de Hugo Chávez a la presidencia en 1998, es una afrenta para la geoestrategia hemisférica de la Casa Blanca. En esta zona que siempre consideró como propia, donde hace y deshace a su entero arbitrio, la insolencia de un gobierno que levanta la voz y le habla de tú a tú, es inconcebible. Por eso, como con cada proceso emancipador que se ha dado en Latinoamérica, la respuesta de Washington es contundente: ataque furioso.

Hechos similares hay demasiados a lo largo de la historia de estos 100 últimos años: la rebelión de Sandino en Nicaragua, una revolución democrática y antiimperialista en Guatemala en 1944, el socialismo de Salvador Allende en Chile, el progresismo de Jean Bertrand Aristide en Haití, la afrenta de Cuba socialista, la de la Nicaragua sandinista en 1979, o procesos apenas tibios que le confrontan, siempre, en todos los casos, tuvieron como respuesta la agresión estadounidense, más o menos sangrienta. Lo hizo de distintas maneras, desde su intervención directa hasta propiciando golpes de Estado cruentos. Hoy día, lo hace con golpes de Estado “suaves”, con bloqueos económicos, con desprestigio mediático que prepara condiciones para “revoluciones de colores”.

Contra la Revolución Bolivariana probó de todo: secuestro del presidente Chávez, paro petrolero, look out patronal, guarimbas, guerra económica. Ahora, recientemente, con esta maniobra de un autoproclamado presidente paralelo. De momento ninguna artimaña le funcionó, siempre en conjunción con la derecha vernácula. En este momento los tambores de guerra comienzan a sonar, y no se descarta la posibilidad de una intervención militar, del propio Estados Unidos así como de una coalición de países títeres. Hecho el balance realista de fuerzas, Washington de momento no se embarca en una guerra directa. Ello, de todos modos, no se descarta. Una servicial OEA, con un impresentable Secretario General (Luis Almagro) pro invasión, es su caja de resonancia perfecta.

Como sea, con la opción que sea, es claro que para la hegemonía territorial de Washington la Revolución Bolivariana es una insoportable piedra en el zapato que no le permite actuar económicamente como quisiera, y que envía un mensaje de unidad latinoamericana antiimperialista, muy peligroso para la política injerencista norteamericana. Por lo pronto, está intentando salirse de la zona del primado del dólar, negociando su petróleo en otras monedas, como el yuan chino, o el rublo ruso. Eso constituye una de las peores afrentas para Estados Unidos, que basa su poderío económico y político en su propia moneda, pues desde hace años abandonó el patrón-oro como regla universal. Cuestionar el dólar es cuestionar su hegemonía. Y Venezuela lo está haciendo.

Razones geoestratégicas


Siguiendo aquello de la Doctrina Monroe, Estados Unidos hace más de un siglo que hace de Latinoamérica y la región del Mar Caribe su natural patio trasero. De aquí extrae (roba) materias primas, productos primarios a muy bajo costo, mano de obra barata que llega a su territorio buscando el “sueño americano”, al par que es la región cautiva para colocar sus productos industriales y servicios varios. Pero por otro lado, el subcontinente paga cantidades inconmensurables de dinero a los organismos crediticios internacionales (Fondo Monetario Internacional y Banco Mundial), siempre liderados por Estados Unidos, en calidad de servicio de las impagables y eternas deudas externas.

Por todo ello, Latinoamérica es la reserva obligada, el bastión del que se vale la clase dominante estadounidense para mantener su alto nivel socioeconómico. Eso no lo va a soltar rápidamente. De aquí que lo controla al milímetro, para lo que tiene instadas más de 70 bases militares en la zona.

Curiosamente, la más grande de todas se está construyendo en Honduras, cerca de las reservas petrolíferas de Venezuela. Está más que claro que Latinoamérica es considerada por la geoestrategia de la Casa Blanca como un lugar vital. Pero está sucediendo algo en estos últimos años: tanto Rusia (gran potencia militar) como China (enorme potencia económica) están disputándole hegemonía al imperio estadounidense. Lo que, caído el Muro de Berlín y aparentemente terminada la Guerra Fría, parecía un mundo unipolar, con Washington como amplio dominador, ya no es exactamente así hoy día. Estas dos potencias, en una alianza estratégica, constituyen una pesadilla para los planes de dominación global del país del Norte.

Si algo tiene Latinoamérica, es su posición de proveedor de todo lo anteriormente expuesto para el pillaje norteamericano: productos primarios, deuda externa, mano de obra barata. Es por ello que para su gobierno, la tarea principal consiste, como lo dijera el otrora Secretario de Estado Colin Powell, en “garantizar para las empresas estadounidenses el control de un territorio que va del Ártico hasta la Antártida y el libre acceso, sin ningún obstáculo o dificultad, a nuestros productos, servicios, tecnología y capital en todo el hemisferio”. La Doctrina Monroe evidentemente se la toman muy en serio: nadie debe osar meterse en estas tierras.

El mundo, de todos modos, no es como uno quiere, sino que obedece a fuerzas que van para los lugares más inimaginables. Hoy día estos dos países lejanos, Rusia y China, están teniendo un acelerado proceso de penetración en la región. Con su poderío económico la República Popular China, con su poderío militar la Federación Rusa, ambos muestran que el mundo, quiérase que no, no es unilateral según los ideólogos de Washington.

Ambos países tienen sentados sus reales en Venezuela, a quien toman como socio. Eso espanta a los halcones que dirigen el país norteamericano. Para su lógica es inconcebible que en su propio lugar “natural” un enemigo ose levantarles la voz. Ello significa, sin más trámites, que la hegemonía absoluta del Tío Sam ya no es tal.

China es hoy el principal prestamista para la economía venezolana, negociando el petróleo caribeño en moneda asiática. En tanto que Rusia tiene importantes aprestos bélicos en la patria de Bolívar, incluso con material atómico, posible de ser usado en el caso de una eventual guerra contra Estados Unidos.

Por todo lo anterior es imprescindible levantar la autonomía y soberanía de la República Bolivariana de Venezuela, como nación independiente que no necesita de ninguna “ayuda humanitaria”, que podrá traer luego la invasión armada. Con todos los defectos y errores que pueda tener la Revolución, es imperativo defender su estatuto de Estado independiente. ¿En nombre de qué Estados Unidos se arroga el derecho de decidir sobre los destinos de este país? Solo en nombre de las gigantescas empresas a quien defiende la Casa Blanca.

sábado, 9 de septiembre de 2017

¿Por qué Venezuela salió victoriosa en la más reciente guerra de cuarta generación?


 

La Revolución Bolivariana ha logrado dominar las poderosas herramientas de la derecha en el terreno digital.
Todas las tácticas de la guerra de cuarta generación se han empleado contra Venezuela. Particularmente desde abril, el país ha vivido bajo ataque en diversas formas y en todas las dimensiones: la guerra económica, la guerra cultural, de la inteligencia y de las ideas y, más recientemente, la amenaza explícita de la guerra militar.
Se ha combinado, como advertía la investigadora mexicana Ana Esther Ceceña, “la estrategia de espectro completo (abarcar todas las dimensiones de la organización social y de la geografía), con la idea de aplicar todos los mecanismos simultáneamente y sin reposo”. Sin embargo, hay elementos de esta guerra, tanto en el ámbito ofensivo como defensivo, que constituyen una novedad absoluta en la llamadas guerras de cuarta generación.
En el plano ofensivo, aquí se ha producido la intervención de laboratorios de guerra psicológica con metodologías muy sofisticadas de inducción de emociones mediante el uso de plataformas sociales, en un momento de madurez y de enorme popularidad de las redes tecnológicas. Lo nuevo no es solo el uso de las más modernas formas de organización, ocultamiento de la realidad y bestialización que existen hoy para modelar la mente y alterar los escenarios políticos, sino que un movimiento revolucionario ha logrado dominar las poderosas herramientas del adversario en el terreno digital y salir victorioso en un conflicto que movilizó millones de dólares, tecnologías de última generación y una élite de expertos en lucha electrónica, realidad virtual y publicidad de la “democracia”.
No es poca cosa. Las más variadas empresas e instituciones financieras, bancarias, políticas, diplomáticas, militares y mediáticas internacionales, participaron activamente en el proyecto de “La Salida” del Presidente Nicolás Maduro. Todas se activaron como nodos de un entramado global cuyo sistema nervioso fueron las redes sociales, capaces de dotar al poder de la capacidad de moverse a la velocidad de una señal electrónica.
Facebook, Twitter, WhatsApp, Youtube, Instagram y otras plataformas, articuladas con las cámaras de eco de los pulpos mediáticos tradicionales y organizaciones internacionales como la OEA, han facilitado el doble manejo tecno-científico del poder en la sombra y del poder en la luz. El “complejo militar-industrial-mediático de entretenimiento”, como lo llama James Der Derian, y sus múltiples agencias, intentaron dominar tanto “la realidad” como “el teatro”, tanto la verdad como la ilusión en sus rasgos clásicos y contemporáneos.
Niños durante una manifestación violenta de la oposición en Altamira, disfrados de “guarimberos”.
Si se compara “La Salida” venezolana del 2017 -de abril al 30 de julio, día de la elección Constituyente- con lo que se conoce de las protestas en la Primavera Árabe (2010–2013), los disturbios en Londres, el Movimiento 15M y Occupy Wall Street (todos del 2011), entre otras insurgencias de esa naturaleza, se encontrará como rasgo común la enorme mediatización de estos procesos con el uso activo de los sistemas de telecomunicaciones, que tuvieron un papel relevante en la expresión y visibilidad de los movimientos. Pero aquellos tuvieron un carácter emergente, “brotaron” anárquica y sorpresivamente y terminaron por no instituir nada. A partir de esas experiencias, el poder transnacional apretó las clavijas, desarticuló los principales liderazgos, absorbió las organizaciones más visibles, llevó a las pasarelas la moda hipster y reforzó el control de las redes, y no hemos visto otros procesos emergentes similares en casi un lustro.
Una madre con su hijo disfrazado de “guarimbero” en una marcha convocada por la oposición. Foto: Facebook
Una madre con su hijo disfrazado de “guarimbero” en una marcha convocada por la oposición. Foto: Facebook
Lo que se ha expresado desde entonces son intervenciones y modelizaciones exitosas de procesos políticos, con la ayuda del big data, la inteligencia artificial y los sistemas publicitarios de las plataformas sociales. La sorpresiva victoria del Brexit en Gran Bretaña y el Proyecto Álamo -la campaña de marketing en el escenario digital que le permitió a Donald Trump desmovilizar a una parte del núcleo duro de los votantes de Hillary Clinton-, son solo dos de los ejemplos más conocidos.
¿Cómo se ejecutó la guerra en las redes venezolanas? ¿Cuáles son las claves de la victoria del gobierno de Nicolás Maduro en este terreno?

Intentaremos esbozar algunas consideraciones preliminares:

  • El brazo comunicacional fue el factor fundamental para crear los pretextos utilizados durante el cerco diplomático y político contra el gobierno de Nicolás Maduro, y a la par, instaurar la violencia simbólica que amplificó y reprodujo la violencia real en las calles venezolanas. Esta operación mediática alimentó los estereotipos contra el país e invisibilizó al poder transnacional que tuvo a su cargo la ejecución de una descomunal guerra simbólica y tecnológica. El país sudamericano se defendió en este escenario casi exclusivamente con fuerzas locales del chavismo militante en las redes, bajo el liderazgo del Presidente Maduro y su equipo de gobierno. Cabe aquí la observación de Zygmunt Bauman, teórico de la modernidad líquida: el poder ahora siempre es global y las políticas para enfrentar sus arremetidas son locales. Y al respecto advierte: “Solo una política global, que aún no existe, puede tener efectos duraderos contra ese poder descomunal.”
  • La naturalización de la violencia convirtió a la víctima –el gobierno de Venezuela- en el criminal. En las redes sociales venezolanas, al alcance de la abrumadora mayoría de la población, la violencia extrema compartió los rasgos de flexibilidad, exhibicionismo y diversión propios del entrentamiento y del consumo. Eso explica en parte por qué atacar bases militares, quemar seres humanos vivos, lanzar cócteles molotov contra la policía o contra ómnibus llenos de gente, marcar las casas de los chavistas, llamar públicamente a la intervención extranjera y al uso de armas nucleares, entre otros hechos invariablemente filmados o transmitidos en directo, no se consideraron ilegítimos y mucho menos delictivos.   Esto explica por qué la narrativa fascista inundó Facebook y Twitter, sin que las plataformas que censuran el desnudo femenino en una pintura del siglo XIX o cierran por cualquier tontería las páginas de los usuarios, se tomaran el trabajo de controlar su reproducción y penalizar a los dueños de esas cuentas.
  • Esta guerra es el primer referente internacional de la inducción a gran escala de tácticas de guerrilla urbana, utilizando para ello los chats de plataformas telefónicas, las redes sociales y los servicios para recaudar fondos por Internet.
    Cientos de páginas y grupos públicos y privados en Facebook, y millones de mensajes en Twitter, Instagram y WhatsApp divulgaron propaganda negra y llamados a la desobediencia civil, además de manuales para fabricar cócteles molotov, napalm y morteros, o explicaron cómo construir escudos y chalecos blindados y adquirir máscaras antigás. Miles de peticiones de “micromecenazgos” o “crowdfunding” tramitaron fondos para sostener las manifestaciones violentas y proveer de armas a los manifestantes alentados por la oposición, como puede apreciarse aquí.
  • A diferencia de otros procesos en que la vida se extiende a la cibervida, en Venezuela la cibervida terminó invandiendo la realidad. Los personajes de los videojuegos tomaron las calles para hacerse cargo de los daños colaterales de la guerra de cuarta generación. La desconexión entre las víctimas de la violencia y el poder global que desde la distancia movía los hilos de la crisis venezolana, hizo posible que niños y adolescentes ocuparan las primeras líneas de fuego de las protestas opositoras y asumieran el papel de verdugos, sin distinguir entre la práctica de un deporte extremo y el linchamiento de cualquier pobre, indio, negro, mestizo, discapacitado o sospechoso de afinidad con el gobierno.
    Se han documentado campañas publicitarias en Facebook y Google destinada a niños y adolescentes residentes en las zonas de mayor intensidad de las protestas opositoras, seleccionados según su interés por determinados videojuegos, series, modas y otros valores de la cultura del espectáculo. Aún cuando eran pequeños grupos los que participaban en los tranques de calle y las acciones contra la policía, la producción y reproducción de la violencia a través de los medios sociales convirtió en personaje popular al guarimbero, cuyas máscaras e indumentarias aterrizaron también en las pasarelas de la élite de la moda internacional. Los niños comenzaron a jugar a la guarimba y a simular la construcción de barricadas y bombas incendiarias, el cierre de calles y la caza de policías, como aparece en las imágenes que acompañan esta nota.
  • La guerra de cuarta generación en Venezuela sacó a flote los peores demonios de los sectores ultraderechistas que, como sus pares en Estados Unidos y Europa, aprovechan cualquier forma de exaltación de la violencia como medio de poder, de ocio y de forma de vida.
    Un análisis del uso de las redes para la manipulación de los llamados millennials (los más jóvenes usuarios de la Internet, donde lo digital es el componente central de su cultura), reveló las características del grupo terrorista “Rumbo Libertad”, que integran venezolanos de edades comprendidas entre 15 y 25 años. Ellos toman prestado casi todos los elementos del nacionalismo extremo: el racismo, la xenofobia, el desprecio a la opinión diferente, la represión y el terror.
    Aunque el grupo manifiesta sin disimulo una mentalidad antisocial y una autopercepción de supremacía respecto al resto de la sociedad, incluidos los opositores que apuestan por el diálogo, varios ex presidentes latinoamericanos no tuvieron ningún reparo para reunirse en Caracas con estos terroristas y legitimarlos con selfies y mensajes de aliento en Twitter, igual que ha hecho Donald Trump recientemente con los supremacistas blancos de Charlottesvill. Los agentes del poder global validaban así que el terrorismo es también la forma más extrema de la guerra psicológica.
    Dueños de medios privados financiaron las principales campañas en Internet y las empresas tecnológicas que las hicieron posible, en alianza con multimillonarios emigrados y fundaciones en Estados Unidos. Un estudio de dos millones de tweets emitidos en julio, el mes más violento en Venezuela, develó los fuertes lazos entre estos sectores y, en particular, el activismo de un grupo de conocidos empresarios de los medios. Ellos cartelizaron la campaña interna contra el gobierno bolivariano y ayudaron a programar la opinión pública mundial en contra del chavismo en su conjunto como fuerza política.
Niño jugando a trancar una calle. Foto: Twitter
Niño jugando a trancar una calle. Foto: Twitter
Se contrataron “data brokers” o compañías asociadas a plataformas de redes sociales como Facebook, que se dedican a la comercialización de potentes bases de datos para campañas de marketing político o puramente comerciales, con un extraordinario nivel de efectividad. Al menos dos grandes empresas internacionales de este tipo -Provea (estadounidense) y Criteo (francesa)-, se involucraron en las campañas de la oposición en la web.
Varias investigaciones demostraron el uso de robots para generar campañas virales y generar estados emocionales adversos al gobierno de Nicolás Maduro. Un caso evidente fue @DolarToday, la cuenta en Twitter de la página web del mismo nombre que se dedica a definir de manera especulativa el cambio del dólar en el mercado paralelo, proa de la guerra económica contra Venezuela. Esa cuenta genera unos mil mensajes por día y es una de las columnas fundamentales de la guerra de cuarta generación, que conecta la guerra económica con la simbólica, y financia parte de la campaña de propaganda contra Venezuela.
A pesar del uso de todos estos recursos combinados, el nivel técnico de la campaña y la toxicidad de la estrategia de desgaste, la ofensiva imperial fracasó estrepitosamente. La ética, el capital político acumulado por el chavismo y la capacidad de maniobra de su sistema comunicacional, blindaron al gobierno bolivariano frente a una maquinaria que empleó a fondo sus laboratorios de guerra no convencional y enormes reservas financieras para “La Salida” de Nicolás Maduro, la aniquilación de las conquistas sociales y el fin del experimento socialista en Venezuela.
Niños durante una manifestación violenta de la oposición en Altamira, disfrados de “guarimberos”.
Niños durante una manifestación violenta de la oposición en Altamira, disfrados de “guarimberos”.
¿Cómo fue esto posible? Hay seguramente otras variables en juego, pero vale la pena mencionar algunas fortalezas del sistema comunicacional del gobierno bolivariano que ayudan a entender los por qué:
1.-La dirección del país tiene una clara definición de la estrategia comunicacional, que es conocida y utilizada por todos los actores políticos e incluyó en esta campaña, como escenario fundamental, las redes sociales. Los principales dirigentes del país tienen cuentas en una o en varias plataformas, las usan con naturalidad e intensidad, y tienen capacidad de convocatoria tanto en el escenario on line como off line.
2.-Todo el aparato de gobierno es completamente visible. Sus líderes son conocidos y mantienen una vocería activa sobre los temas de la agenda política más relevante, de acuerdo con la coyuntura. Hay una permanente interlocución de la ciudadanía con los dirigentes bolivarianos por diversos canales. Algunos, incluso, sostienen programas muy populares de la televisión pública: Diosdado Cabello presenta “Con el Mazo Dando” y Jorge Rodríguez, “La política en el diván”. Generalmente el gobierno es la primera fuente en expresarse, cuando se produce algún ataque o se generan noticias falsas.
3.-Hay un juego permanente de la política, con flexibilidad para trazar el curso de la comunicación en la coyuntura. Frente a la propaganda negra y a la violencia simbólica, el chavismo generó mensajes de paz y de llamados al diálogo, a la construcción de un futuro de país, a la tolerancia, con narrativas pensadas para cada sector y clase social.
4.-El chavismo extiende su actuación militante a las redes. Conoce y se apropia del discurso de sus líderes, acompaña sus propuestas y desagrega los conceptos para generar contenido propio de forma activa. Entiende cada red social y su estilo, y traslada sus mensajes de manera creíble y personalizada. En los trending topics de Twitter jamás se posicionó una etiqueta opositora sin que estuviera acompaña de otra del chavismo.
5.-Es indudable la capacidad de negociación de Nicolás Maduro y su apuesta por el diálogo, frente a la violencia extrema de la oposición, que terminó entrampada por los demonios que ella misma desató. A pesar de que la campaña de odio se enfocaba sobre todo en su figura, brilló en estos días la inteligencia emocional del Presidente, su incansable capacidad de trabajo, su comprensión de la comunicación política, y del escenario digital, en particular.
6.-El tema de la paz y del diálogo le permitió al chavismo pasar a la ofensiva con mensajes que transversalizaron a toda la sociedad, mientras el liderazgo opositor estuvo a la defensiva frente a la Constituyente. A pesar del apoyo internacional, en lo interno, donde definitivamente se define el juego político, la oposición terminó dividida y fue desenmascarada la esencia terrorista de la convocatoria de sus principales dirigentes.
7.-El chavismo presentó una propuesta más racional y moralmente consistente, que le permitió halar a segmentos críticos de sus propias fuerzas, a la mayoría de los indecisos e incluso a sectores moderados de la oposición hartos de la violencia. La fortaleza de su mensaje se expresó en la elección del 30J con más de 8 millones de votantes.
Un grupo de adolescentes lanzan cócteles molotov y piedras contra un bus en Caracas. Foto: Twitter
Un grupo de adolescentes lanzan cócteles molotov y piedras contra un bus en Caracas. Foto: Twitter
Son hechos tangibles, pero no hay que confiarse, porque la Revolución bolivariana ha ganado una batalla, pero no la guerra. El poder global, ciego de ira, ha reaccionado torpemente con la amenaza de una intervención militar y seguramente aprenderá de la derrota. Aplacará la rabia con nuevos planes para destruir al chavismo. Activará nuevamente a sus laboratorios y a sus comisarios de la derecha internacional, y atacará con más fuerza. A las fuerzas progresistas de Venezuela y del mundo les tocará generar alianzas globales contra el poder transnacional, y acatar con inteligencia aquella máxima de El Cayapo: “Héroe no será en esta guerra quien más disparos realice, sino quien mas desactive situaciones de guerra.”
(Tomado de Red58)
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martes, 1 de agosto de 2017

Gana la democracia en Venezuela


 


Más de ocho millones de venezolanos acudieron a las urnas para elegir a los delegados de la Asamblea Nacional Constituyente. Foto: Luis Franco/ Correo del Orinoco.
Más de ocho millones de venezolanos acudieron a las urnas para elegir a los delegados de la Asamblea Nacional Constituyente. Foto: Luis Franco/ Correo del Orinoco.
Yo no comparto las reglas de la representación electoral en España y, sin embargo, ejerzo mi derecho a votar. De ninguna manera se me habría ocurrido hablar de fraude ni de dictadura a pesar de que la proporcionalidad electoral no exista. Cada voto en España, según el lugar donde votes, vale diferente. Pero esto no quiere decir que España tenga un régimen totalitario. La democracia está vigente desde hace décadas, aunque podamos cuestionar la matemática electoral.
Con la Asamblea Nacional Constituyente, se cumple la cita electoral número 21 de Venezuela en 18 años. El promedio es superior a más de una elección por año. El chavismo ha vencido en 19 de ellas. En las dos derrotas, se reconocieron los resultados. La democracia en Venezuela en el plano electoral siempre ha sido un rasgo característico de este proceso revolucionario y jamás ha sido puesto en tela de juicio por el propio gobierno. En el próximo diciembre habrá elecciones a gobernaciones regionales. También se votará para refrendar el texto constitucional resultante y luego, como corresponde, se llevará a cabo la cita electoral presidencial.
Toda discusión sobre las normas para la elección de la Constituyente es bienvenida. Cabe todo en este debate, siempre y cuando sea por la vía pacífica y política. Estar en desacuerdo es tan legítimo como apoyar esta cita electoral. La democracia es eso: confrontar propuestas incluso en la fórmula para elegir a los representantes de la ciudadanía. Lo que está absolutamente tirado de los pelos son esos titulares que hablan de “jaque a la democracia”, “dictadura” o “régimen totalitario” para caracterizar un proceso electoral que lo que hace es invitar a la gente a votar.
Y finalmente lo que pasó es que el pueblo venezolano salió a votar sin miedo; 8 millones 89 mil 320 venezolanos dieron su visto bueno a la Constituyente (41,53%), muy cerca del récord histórico (que obtuvo Chávez en 2012). Muchos lo hicieron porque son fieles chavistas y están dispuestos a dar su voto en cualquier circunstancia. Ahí estarán seguramente los más de 5 millones y medio que ya lo hicieron en las elecciones parlamentarias del 2015 a pesar de las dificultades económicas. Pero además habrán acudido a votar todos aquellos que tuvieron algunas críticas al chavismo, o que tenían cierto descontento, pero que ahora están absolutamente hartos de la violencia de esa minoría opositora que ha impedido que exista vida cotidiana. Este es un bloque importante que la oposición no ha sabido seducir en este tiempo desde las últimas legislativas, sino más bien todo lo contrario: los ha ahuyentado para que nuevamente vuelvan al lugar en el que antes estuvieron, con el chavismo. Indudablemente, esta elección demuestra algo que la oposición, nacional e internacional, no quiere aceptar: el chavismo como identidad política sigue estando muy presente en el país.
La realidad es que las elecciones en Venezuela no se ganan con tanta mentira desde afuera ni con exceso de violencia adentro. El pueblo venezolano hace muchos años que se siente plenamente emancipado y no vota por lo que diga la prensa hegemónica internacional. Menos mal. Y esto es lo que no logran entender desde los centros tradicionales de poder. La gente vota según confíen en unos u otros más allá de lo que diga la CNN, El País, el FMI, Trump, Peña Nieto o Santos.
Una vez más ganó la democracia en Venezuela. Sí, la democracia. Un país en el que vota la gente, según los cánones liberales, es que vive en democracia. En Venezuela, la democracia representativa se aplica al pie de la letra. La cita electoral a la Constituyente es una muestra más de ello. Y se pone así el foco en lo que viene por delante con el objetivo de seguir construyendo un país que nada a contracorriente y que tiene múltiples desafíos que atender. La Constituyente tendrá que dar nuevas respuestas a las nuevas demandas que el pueblo venezolano tiene.
La política en Venezuela abre de nuevo sus puertas para que los conflictos se resuelvan por esta vía y no por otra. Los votos seguirán siendo los que determinen el futuro del país a pesar que otros prefieran las balas. Así no, gracias.
(Tomado de CELAG)

domingo, 10 de abril de 2016

Entrevista al economista venezolano Manuel Sutherland


"Venezuela ha protagonizado la fuga de capitales más grande en la historia de América Latina"



M.H.: Hoy tenemos la visita especial de un compañero venezolano, Manuel Sutherland, coordinador del Centro de investigaciones y formación obrera, trabaja en la editorial de la Asociación latinoamericana de economía marxista, donde es responsable de la editorial Ciencia Obrera. Manuel Sutherland es economista egresado de la Universidad Central de Venezuela, con estudios de posgrado en planificación del desarrollo e ingeniería industrial. Es columnista de los periódicos Tribuna Popular y Noticiero Industrial, de Mercado de dinero, publicación de Colombia y España y El Aromo, de Razón y Revolución de Argentina, conocidos nuestros porque en varias oportunidades han participado de nuestros programas. Autor del libro “La alienación en el trabajo, la esclavitud asalariada” y “¿Qué es la revolución socialista?”, libro que tiene la intención de presentar en Argentina, esperemos que esto se concrete. Me llamó la atención el subtítulo del mismo “crítica al reformismo, progresismo, autonomismo, posmodernismo y populismo”, no dejó títere con cabeza Manuel Sutherland que hoy nos acompaña. Buenas tardes, Manuel.
M.S.: Primero gracias por la invitación al programa. El título es bastante crítico.
M.H.: Pretencioso aparte, ¿no?
M.S.: No, es que en Venezuela se habla mucho de la revolución socialista y nadie sabe nada de eso

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http://www.rebelion.org/noticia.php?id=193530

Venezuela: El auge de las importaciones, la crisis industrial, el empresariado improductivo y el gobierno…

Venezuela: El auge de las importaciones, la crisis industrial, el empresariado improductivo y el gobierno…

Sábado 28 de abril de 2012 por CEPRID
Manuel Sutherland
CEPRID
“Es fácil ver que todo el movimiento revolucionario encuentra necesariamente tanto su base empírica como científica en el desarrollo de la propiedad privada; para ser preciso de la economía. (…) Su desarrollo [economía] –producción y consumo- es el reflejo sensorial del movimiento de toda la producción, desde ahí, es decir, la realización o la realidad del hombre.”

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viernes, 2 de mayo de 2014

Entrevista Desde Venezuela, Gonzalo Gómez :

 "Todavía estamos a tiempo de cambiar el rumbo de conciliación con la burguesía, de frenar la ofensiva fascista y de impulsar medidas anticapitalistas decididas con la participación democrática del pueblo que vive de su trabajo"

29 de abril por Gonzalo Gómez , Maria Elena Saludas
Es grande nuestra preocupación, desde el CADTM – AYNA, por la gran distorsión, que llevan adelante  los medios de comunicación internacionales en relación a los acontecimientos que se vienen desarrollando en Venezuela desde el 12 de febrero. Acontecimientos, que somos conscientes,  son una continuación de la conspiración que grupos oligárquicos inician en 1999 cuando el Comandante Hugo Chávez Frías asume la presidencia de este país y comienza  a transitar el proceso revolucionario bolivariano. Nos preocupa y duele que se pretenda, hoy, presentar al gobierno legítimamente elegido, de Nicolás Maduro, como tiránico y represor buscando pretextos para un golpe de Estado,  una secesión territorial o una intervención extranjera, como menciona, en un artículo del periódico digital APORREA, Luis Britto Garcia .
En esta ocasión entrevistamos al periodista de este informativo, Gonzalo Gómez, para solicitarle algunas reflexiones sobre lo ocurrido, sobre la actual situación y sobre los escenarios posibles, a futuro, en Venezuela.
María Elena Saludas (por CADTM – AYNA):
¿Cuál es tu mirada sobre el momento que está atravesando Venezuela, su gobierno y su población?
Gonzalo Gómez (por APORREA):
Desde el punto de vista político, te hablo como miembro de la corriente Marea Socialista, porque Aporrea es un medio de comunicación popular conducido por un equipo plural en el marco de la diversidad del pensamiento de la revolución bolivariana.
Tras la desaparición física del Comandante Chávez, la burguesía y sus expresiones políticas han visto llegado el momento para un salto contrarrevolucionario. Por supuesto que con el auspicio de sectores imperialistas. Y en eso cooperan los sectores más reaccionarios y mafiosos de la burguesía latinoamericana, como lo muestran las estrechas relaciones de la derecha venezolana con Uribe y el paramilitarismo colombiano. 
Todos ellos buscan acabar con el régimen político surgido con la revolución bolivariana, devolver al redil a la Venezuela rebelde y recuperar el control total sobre la renta petrolera, principal fuente de divisas y recursos del país. Como clase, la burguesía tiene ese propósito, aunque sus diferentes sectores no necesariamente coinciden en las tácticas y en los tiempos.
Sin embargo, objetivamente los métodos se combinan, las contradicciones producen una síntesis: el “garrote” y la “zanahoria” cumplen su respectivo papel.  Porque tanto en Venezuela como en América Latina  hay otra cara, más conciliadora y sinuosa, que tiene sus promotores, que pretende destruir a la revolución bolivariana a través de la conciliación, de la obtención de concesiones, del desgaste del gobierno o de la instauración de una coalición entre sectores burgueses y miembros de la casta burocrática que se ha ido formando a lo largo del proceso bolivariano.
El látigo de la “guarimba”, la insurgencia violenta y el terrorismo paramilitar, le sirve a la burguesía para cosechar los frutos de la negociación, con la “zanahoria” de la paz, en las mesas de negociación con el gobierno de Nicolás Maduro. La “guarimba” y los hechos de violencia continúan, aún cuando no ganan espacio en las capas populares de la población y son fundamentalmente una expresión desesperada de sectores de la pequeña burguesía y de la participación mercenaria inoculada. Lo único que ha salido de la Conferencia de Paz y de las mesas, son concesiones al empresariado, aumentos de precios, facilidades para la obtención de mayores cantidades de dólares y disfrutar de mayores porciones de la renta petrolera. Desde esos espacios insisten en desmontar conquistas de la clase trabajadora, de los campesinos y de los sectores populares, como por ejemplo la inamovilidad laboral y otros logros alcanzados con la nueva Ley del Trabajo, que los empresarios y las autoridades laborales ya vienen desconociendo en la práctica.
 Al mismo tiempo, la dirigencia política burguesa, trata de que el gobierno de Maduro pague los costos políticos de las medidas que sean adoptadas por exigencia del empresariado, para procurar cada vez un mayor desgaste político frente al pueblo. Claro que la derecha también tiene que pagar un costo político por su torpe ofensiva, que se manifiesta en el rechazo de la gran mayoría del pueblo y de sus propios votantes a las repugnantes acciones, como los asesinatos y las acciones violentas contra servicios públicos, centros educativos, centros de salud, transporte público y bienes patrimoniales…
CADTM :
Como mencionamos al comienzo, fueron múltiples las campañas internacionales diabolizando al Presidente Hugo  Chávez, durante todo el transcurso de su mandato, del  golpe de Estado del 11/04/2002 (donde faltó muy poco para que fuera asesinado), del “golpe petrolero” y de tantos ataques que, sin embargo, fueron aprovechados por Chávez para radicalizar su proyecto político. ¿Consideras que está ocurriendo algo similar en estos momentos? Y si no, ¿Cuáles son las diferencias que presenta la coyuntura?
G.G:
Sí. Efectivamente, las intentonas golpistas anteriores, en vida de Chávez, al ser derrotadas por el pueblo venezolano, produjeron avances en el proyecto político, tanto desde el punto de vista democrático como en las conquistas materiales, económicas, sociales y en materia de soberanía. Chávez se apoyó en eso para ir radicalizando el proceso. Y eso ocurrió a pesar de que Chávez también abrió espacios de diálogo con la burguesía, pero con el pueblo movilizado y marcando la agenda de la discusión. Yo veo que ahora la situación es diferente, porque la presión violenta de la derecha no ha cesado y las negociaciones se dan a partir de las demandas del empresariado, como los 12 puntos del industrial Lorenzo Mendoza. Chávez era quien fijaba las reglas del juego y ahora siento que no es así, porque no se está discutiendo cómo los empresarios se acoplan al programa de gobierno, al Plan de la Patria y como la derecha abandona la violencia, sino que se pone como condición tácita que el gobierno les otorgue ventajas que ellos están reclamando, sin que el pueblo esté siendo directamente consultado al respecto.
Con Chávez y la revolución bolivariana logramos quitarle PDVSA a esa “meritocracia” con la que la burguesía parasitaba la renta petrolera y el establecimiento del control de cambios consiguió por varios años retener los dólares de la renta para invertirlos en los programas sociales del gobierno (Misiones) y en grandes obras de infraestructura o en proyectos de desarrollo industrial endógeno; pero en los últimos años y sobre todo, desde que Chávez enfermó, la burguesía encontró la manera de fisurar y retomar el saqueo de la renta, no sin la ayuda de sectores burocratizados y corrompidos del funcionariado del Estado y del aparato gubernamental.
Y sin estas palancas, como son el control de la renta petrolera y de los dólares, se vienen abajo soportes fundamentales para la transición socialista, para la edificación de una economía no capitalista, basada en la propiedad social.
Lo predominante ahora, en las conversaciones de paz, son los acuerdos con sectores capitalistas. Y que en ese escenario adolecemos de una verdadera voz y participación del sujeto revolucionario del proceso en la toma de decisiones: la clase trabajadora y el pueblo bolivariano. Chávez nos dejó su Legado y un programa por el que votamos, y en uno de sus últimos mensajes se planteó dar un Golpe de Timón para avanzar decididamente hacia la transición socialista, pero se viene imponiendo otro discurso que es el de la “coexistencia de modelos”, ya no se habla de la transición hacia el Socialismo del Siglo XXI, sino de dos sistemas, donde en realidad solo existe uno: el capitalista, aunque todavía con regulaciones sociales, conquistas políticas y elementos de soberanía, arrancados por la revolución.
El gobierno no ha cedido en cuestiones importantes, como ante el pedido de amnistía para los contrarrevolucionarios incursos en graves violaciones de derechos y acciones de corte fascista, pero la presión violenta y la presión política, más la llamada “guerra económica” son una manera de poner al gobierno entre la espada y la pared, una encerrona de la que sólo puede zafarse convocando al pueblo bolivariano a la más amplia y contundente movilización y animándolo con medidas favorables a sus intereses y expectativas.
CADTM :
Sabemos de las importantes mejoras sociales que se produjeron en estos 15 años del proceso de la revolución bolivariana, también, tenemos información de los problemas económicos agudizados  en los últimos meses (inflación, escasez de productos básicos, tipo de cambio y fuga de capitales). ¿Cuál es tu mirada al respecto? ¿Qué se está haciendo y que se debería hacer? ¿Qué propuestas se discuten en la izquierda y el movimiento popular?
G.G:
Por una parte hay una “guerra económica sostenida”, que hace sus estragos con el acaparamiento, la especulación escandalosa, el contrabando de extracción, el fraude y la fuga de divisas, entre otras manifestaciones. Pero también ocurre que la corrupción y el freno burocrático a la transformación revolucionaria han impedido que avancen las empresas básicas y nuevos proyectos de ruptura con la lógica capitalista, la propiedad social y comunal, el control obrero, la revolución agraria… Aquí también hay que reconocer los problemas de organización, formación política y participación de los movimientos sociales y de la clase trabajadora. Tenemos una burocracia que parece más interesada en beneficiarse de las transacciones del Estado capturado a la burguesía y en llegar a arreglos con ella, que en conducirlo realmente a la transformación revolucionaria.
Marea Socialista ha venido planteando que hay que ir al Golpe de Timón de Chávez y no a la “coexistencia de modelos”. Insistimos en que hay que ceñirse a lo que llamamos las claves constituyentes del proceso revolucionario bolivariano, que necesitamos reimpulsar el proceso popular constituyente con que se abrió esta revolución; porque en realidad, nos parece que no hemos salido de la llamada “democracia representativa” y que la participación democrática y protagónica, así como el poder popular, se están volviendo un mito, pues la toma de decisiones está concentrada en manos de la burocracia y ésta se inclina más por darle mayor participación a la burguesía que por el ejercicio de la gobernabilidad revolucionaria con la clase trabajadora y con el pueblo.
En varios documentos publicados a lo largo del año 2013 y a comienzos de 2014 hemos venido exponiendo nuestras propuestas como corriente política de trabajadores, jóvenes y activistas populares que somos mayoritariamente militantes del PSUV, aunque carecemos de espacios verdaderos para el debate y la toma de decisiones en su seno. Planteamos varios puntos principales como los siguientes: 1) la recuperación del salario, 2) hacer cumplir la inamovilidad laboral y toda la Ley Orgánica del Trabajo conquistada con Chávez, 3) frenar la autorización de aumentos de precios de los productos básicos, 4) reactivar las Misiones Sociales, 5) poner fin a la persecución y criminalización de trabajadores que luchan por sus reivindicaciones y derechos en el marco de la defensa del proceso (con los que a veces el gobierno es más severo que con la derecha), 6) mantener el control y la distribución progresiva de los dólares que provienen de la renta petrolera, porque denunciamos que la habilitación del SICAD II y la modificación de la Ley de Ilícitos Cambiarios, abren la puerta a la apropiación privada de nuestra renta petrolera.
En lo económico venimos diciendo que no se debe dar ni un dólar más a la burguesía y que el Estado debe monopolizar bajo control social y de anticorrupción todo el comercio exterior, de manera que sea el único importador  de los bienes esenciales de nuestro pueblo. Ese control social y anticorrupción es fundamental, porque  tenemos el fenómeno de la burocratización, y por eso necesitamos la intervención del poder popular y de  las organizaciones de los trabajadores. Planteamos la centralización nacional con control social, de todos los dólares del país, tanto de los que ingresan por el petróleo como de los que están depositados en fondos del exterior.
Decimos que se debe producir también la intervención sobre el sistema bancario privado, con control estatal y social y con participación de los trabajadores bancarios, así como el control centralizado de todos los fondos que maneja la banca pública, en los mismos términos.
Para nosotros es muy urgente  la recuperación de la producción estatal de alimentos y de productos de consumo básico, la reactivación y repotenciación de las empresas recuperadas, permitiendo el genuino ejercicio del control obrero. Y frente a las operaciones de acaparamiento, especulación o contrabando de extracción en que están incursas  grandes empresas privadas creemos que hay que efectuar su expropiación bajo control obrero y popular. No es a los capitalistas a quienes se debe llamar para “salvar” la producción nacional como parece estarlo haciendo implícitamente el gobierno.
El 14 de febrero 2014, al comienzo del estallido de las “guarimbas”, dijimos en un comunicado que Marea Socialista declara decididamente su compromiso en defensa del proceso bolivariano contra cualquier intento de golpe, aunque esté disfrazado con movilizaciones de simpatizantes de la derecha en la calle. Y en ese comunicado, nuestra corriente alerta que "de continuar por este camino de adaptación a las exigencias de los capitalistas entraríamos en una situación de retroceso y descontrol irrecuperable".
Allí afirmamos que para Marea Socialista es un error y un peligro la oscilación hacia la aplicación de medidas reclamadas por la derecha en vez de sostener y profundizar medidas como las aplicadas el 6 de noviembre de 2013, que fueron necesarias para defenderse de la Guerra Económica y de los planes golpistas impulsados por la burguesía, en el marco de las elecciones municipales del 8 D; medidas que dieron positivos resultados económicos y políticos, fortaleciendo en ese momento la posición del gobierno y del pueblo bolivariano.
Por eso llamamos al gobierno del presidente Maduro a "rectificar y aplicar medidas anticapitalistas para garantizar el abastecimiento, frenar el aumento descontrolado de precios y poner en marcha una nueva fase del proceso bolivariano", junto con otras medidas para la emergencia política y económica.
No nos oponemos a que haya conversaciones de paz, a que haya diálogo, pero esto debe ser con la agenda de la revolución y con la participación y consulta efectiva al pueblo, porque el pueblo venezolano votó mayoritariamente por un gobierno y por un programa que la oposición no puede seguir pretendiendo desconocer o sabotear. Es ahí donde entra el tema de la impunidad que la oposición trata de utilizar al revés contra el gobierno y contra el pueblo, cuando ellos son los responsables de gravísimos destrozos y de horribles crímenes. Por eso decimos que los jefes políticos e instigadores de las “guarimbas”, de la violencia fascista, como Leopoldo López, María Corina Machado y el alcalde Antonio Ledezma, deben ser enjuiciados y sancionados con prisión, pero además de ellos, sus cómplices y sus financistas deben resarcir al país de los daños causados, mediante la confiscación de sus bienes y cuentas bancarias, y deben indemnizar a las víctimas.
Las organizaciones sociales y corrientes políticas de la revolución están debatiendo qué hacer, cuál debe ser el rumbo del gobierno y de nuestro proceso revolucionario.
CADTM:
La oposición venezolana está utilizando la violencia y  la desinformación para suplantar al gobierno, democráticamente electo, de Nicolás Maduro por un gobierno de transición. ¿Cuáles son las propuestas de la esta oposición en lo social, en lo económico y en lo político? ¿Tienen un listado de reivindicaciones o un programa? ¿Qué intereses y quiénes están detrás de este proyecto?
G.G:
La oposición, cuando se presentó a elecciones presidenciales con el derrotado candidato Capriles Radonsky, tenía un programa, conocido como el Programa de la MUD (la coalición de derecha), de corte neoliberal, pero ellos tratan de mimetizarse y darle la impresión a sectores del pueblo bolivariano de que ellos conservarían algunas de las más importantes conquistas, como por ejemplo, los beneficios de las Misiones. Pero apenas se levantan para desconocer los resultados electorales, arremeten en primer lugar contra las Misiones, incendiando módulos de Barrio Adentro y Centros de Diagnóstico Integral, o como ahora con las “guarimbas”, son capaces de quemar centros educativos o de distribución de alimentos subsidiados para el pueblo. Tras el golpe de abril de 2002, decretaron la suspensión de todos los cargo de los poderes públicos constituidos, violaron flagrantemente la Constitución, como lo han vuelto hacer con cada nueva intentona y con la violencia de corte fascista; eso y lo que hacen con su práctica económica cotidiana, así como con su conducta pro-imperialista,  es lo que nos indica cuál es su programo y no simplemente lo que puedan escribir sobre papeles o lo que puedan declarar sus voceros. Antes del estallido de la ofensiva “guarimbera” un grupo de destacados economistas burgueses presentó su visión sobre la política económica que debía reemplazar a la del gobierno y luego en la Conferencia de Paz presentaron los 12 Puntos de Mendoza, que incluyen contrarreformas laborales, elementos de flexibilización laboral y de liberalización económica a favor del capital y en perjuicio del trabajo.
Toda la oposición burguesa quisiera salir de Maduro, con métodos duros o con métodos más blandos, así como lo quiere el imperialismo. Pero algunos entienden que el chavismo es un estado de conciencia del pueblo que no se puede borrar de una sola vez. Perciben que es una corriente histórica con raíces profundas. Ligada a la propia identidad nacional, al sentido de la independencia y al ideario bolivariano. Ligada a un conjunto de conquistas sociales y políticas muy apreciadas por el pueblo. Eso incluye al Legado de Chávez y su poder simbólico-sentimental, que ya demostró su potencia movilizadora el 13 de abril de 2002 y en la lucha contra el paro-sabotaje petrolero, así como en las elecciones de octubre de 20012 y en los funerales de Chávez en 2013. Todavía hoy se canaliza buena parte de esa fuerza a través de Nicolás Maduro y otros dirigentes del chavismo, pese a los cuestionamientos y las debilidades del gobierno. Entonces, hay sectores de la oposición, de la burguesía, que entienden que es penetrando y asimilando al propio chavismo, o más bien, a sus estamentos burocráticos ya aburguesados,  que pueden garantizar la contrarreforma y la posterior liquidación de la revolución bolivariana. Esta es la gran estrategia que está en marcha.
CADTM:
El rol de Venezuela, con el Gobierno del Comandante Hugo Chávez Frías y su continuación con el Presidente Nicolás Maduro  ha sido y es muy importante  en el proceso de Integración de Nuestra América: el surgimiento del ALBA, de PETROCARIBE, del Banco del Sur, del SUCRE… etc. Nosotros/as creemos que sería un retroceso terrible para la integración de los pueblos si llegara a modificarse la correlación de fuerzas en Venezuela o se profundizara este golpe de Estado. ¿Cómo percibes esta situación? ¿Además, consideras que UNASUR está, realmente, aportando al proceso de solución del conflicto allí desatado? ¿En qué consiste el denominado diálogo de paz impulsado por el gobierno y, cuáles son a tu criterio las perspectivas del mismo?
G.G:
Claro que sería un retroceso terrible para la integración de los pueblos y para la independencia plena de la América Latina y del Caribe. Pero esto no se decide solamente en el interior de Venezuela. Hay todo un proceso global a escala latinoamericana, que conjuga los golpes “institucionales” en algunos países, los cambios que se vienen dando en Cuba, las negociaciones con las FARC, la nueva aproximación de Correa al BM y al FMI… Donde hay operadores que trabajan a fondo en favor de la conciliación de clases, como ocurre con Lula. La UNASUR sirve para contener los ímpetus del imperialismo y la rudeza de la derecha venezolana, pero no hay que olvidar que UNASUR reúne a los Estados burgueses latinoamericanos y a sus gobiernos, entre los cuales aún hay gobiernos con características antiimperialistas y progresistas, pero no es el espacio autónomo de los propios pueblos, ni de la clase trabajadora y campesina de Sur América. Por lo tanto, aunque pueda servir para apaciguar a la derecha venezolana, también puede servir para moderar a la revolución bolivariana y volverla inocua para las burguesías dominantes. Hay que tratar de utilizar los aspectos positivos implicados en la existencia de la UNASUR a favor de los pueblos y no de las oligarquías imperantes en nuestros países. Sobre el diálogo de paz en Venezuela ya me he expresado anteriormente.
CADTM:
Desde ya todo, nuestro agradecimiento por concedernos esta entrevista. Nos gustaría que cerraras tú con algunas reflexiones finales.

G.G.
Decimos en el volante o comunicado que te mencioné, que todavía estamos a tiempo de cambiar el rumbo de conciliación con la burguesía, de frenar la ofensiva fascista y de impulsar medidas anticapitalistas decididas con la participación democrática del pueblo que vive de su trabajo.  Para eso se necesita que el gobierno bolivariano, que está siendo tensionado por la burguesía y el imperialismo desde la derecha, sienta en contrapeso la tensión de la lucha de los trabajadores y los sectores populares para mantener el rumbo hacia la izquierda. Estos sectores, por ahora, se mantienen a la expectativa, observando lo que hace el gobierno de Nicolás Maduro y con su capacidad de movilización intacta, aunque contenida. Pero, quizás más pronto que tarde, podrían comenzar a salir en defensa de sus conquistas amenazadas y ahí veremos hacia donde se inclinan las cosas en Venezuela. Es a eso a lo que apostamos para que, en lugar de quedar atrapada en las redes de la conciliación, el burocratismo, la contrarreforma y la utópica “coexistencia” con el capitalismo, podamos recuperar la revolución bolivariana, para que siga el rumbo de la transición al socialismo con pleno ejercicio de la democracia.

Fuente:http://cadtm.org/Desde-Venezuela-Gonzalo-Gomez