"Eppur, si muove!", o, "los muertos que vos matáis gozan de buena salud" (1)
V.I. Lenin: EL ESTADO Y LA REVOLUCION.
La teoria marxista del estado y
las tareas de proletariado en la revolucion
CAPITULO III
LA EXPERIENCIA DE LA COMUNA DE PARIS
DE 1871.
EL ANALISIS DE MARX
1. ¿EN QUE CONSISTE EL HEROISMO DE LA TENTATIVA DE LOS COMUNEROS?
Es sabido que algunos meses antes de la Comuna, en
el otoño de 1870, Marx previno a los obreros de París; demostrándoles
que la tentativa de derribar el gobierno sería un disparate dictado por
la desesperación. Pero cuando en marzo de 1871
se impuso a los
obreros el combate decisivo y ellos lo aceptaron, cuando la insurrección
fue un hecho, Marx saludó la revolución proletaria con el más grande
entusiasmo, a pesar de todos los malos augurios. Marx no se aferró a la
condena pedantesca de un movimiento "extemporáneo", como el tristemente
célebre renegado ruso del marxismo Plejánov, que en noviembre de 1905
había escrito alentando a la lucha a los obreros y campesinos y que
después de diciembre de 1905 se puso a gritar como un liberal cualquiera
: "¡No se debía haber empuñado las armas!"
Marx, por el contrario, no se contentó con entusiasmarse ante el
heroísmo de los comuneros, que, según sus palabras, "tomaban el cielo
por asalto". Marx veía en aquel movimiento revolucionario de masas,
aunque éste no llegó a alcanzar sus objetivos, una experiencia histórica
de grandiosa importancia, un cierto paso hacia adelante de la
revolución proletaria mundial, un paso práctico más importante que
cientos de programas y de raciocinios. Analizar esta experiencia, sacar
de ella las enseñanzas tácticas, revisar a la luz de ella su teoría : he
aquí cómo concebía su misión Marx.
La única "corrección" que Marx consideró necesario introducir en el
"Manifiesto Comunista" fue hecha por él a base de la experiencia
revolucionaria de los comuneros de París.
El último prólogo a la nueva edición alemana del "Manifiesto
Comunista", suscrito por sus dos autores, lleva la fecha de 24 de junio
de 1872. En este prólogo, los autores, Carlos Marx y Federico Engels,
dicen que el programa del "Manifiesto Comunista" está "ahora anticuado
en ciertos puntos".
"
. . . La Comuna ha demostrado,
sobre todo -- continúan --,
que
*la clase obrera no puede simplemente tomar posesión de la máquina
estatal existente y ponerla en marcha para sus propios fines. . .* "
Las palabras puestas entre asteriscos, en esta cita, fueron tomadas
por sus autores de la obra de Marx "La guerra civil en Francia".
Asi, pues, Marx y Engels atribuían una importancia tan gigantesca a
esta enseñanza fundamental y principal de la Comuna de Paris, que la
introdujeron como corrección esencial en el "Manifiesto Comunista".
Es sobremanera característico que precisamente esta corrección
esencial haya sido tergiversada por los oportunistas y que su sentido
sea, probablemente, desconocido de las nueve décimas partes, si no del
noventa y nueve por ciento de los lectores del "Manifiesto Comunista".
De esta tergiversación trataremos en detalle más abajo, en el capítulo
consagrado especialmente a las tergiversaciones. Aqui, bastará señalar
que la manera corriente, vulgar, de "entender" las notables palabras de
Marx citadas por nosotros consiste en suponer que Marx subraya aqui la
idea del desarrollo lento, por oposición a la toma del Poder por la
violencia, y otras cosas por el estilo.
En realidad, es
precisamente lo contrario. El pensamiento de Marx consiste en que la clase obrera debe
destruir,
romper la "máquina estatal existente" y no limitarse simplemente a apoderarse de ella.
El 12 de abril de 1871, es decir, justamente en plena Comuna, Marx escribió a Kugelmann :
"Si te fijas en el último capítulo de mi '18 Brumario', verás que
expongo como próxima tentativa de la revolución francesa, no hacer pasar
de unas manos a otras la máquina burocrático-militar, como se venia
haciendo hasta ahora, sino
romperla [subrayado por Marx; en el original
zerbrechen],
y ésta es justamente la condición previa de toda verdadera revolución
popular en el continente. En esto, precisamente, consiste la tentativa
de nuestros heroicos camaradas de París" (pág. 709 de la revista "Neue
Zeit", t. XX, I, año 1901-1902).
(Las cartas de Marx a Kugelmann han sido publicadas en ruso no menos
que en dos ediciones, una de ellas redactada por mi y con un prólogo
mío.)
En estas palabras: "romper la máquina burocrático-militar del
Estado", se encierra, concisamente expresada, la enseñanza fundamental
del marxismo en punto a la cuestión de las tareas del proletariado en la
revolución respecto al Estado. ¡Y esta enseñanza es precisamente la que
no sólo olvida en absoluto, sino que tergiversa directamente la
"interpretación" imperante, kautskiana, del marxismo!
En cuanto a la referencia de Marx al "18 Brumario", más arriba hemos citado en su integridad el pasaje correspondiente.
Interesa señalar especialmente dos lugares en el mencionado pasaje
de Marx. En primer término, Marx limita su conclusión al continente.
Esto era lógico en 1871, cuando Inglaterra era todavía un modelo de país
netamente capitalista, pero sin militarismo y, en una medida
considerable, sin burocracia. Por eso, Marx excluía a Inglaterra, donde
la revolución, e incluso una revolución popular, se consideraba y era
entonces posible
sin la condición previa de destruir "la máquina estatal existente".
Hoy, en 1917, en la época de la primera gran guerra imperialista,
esta limitación hecha por Marx no tiene razón de ser. Inglaterra y
Norteamérica, los más grandes y los últimos representantes -- en el
mundo entero -- de la "libertad" anglosajona, en el sentido de ausencia
de militarismo y de burocratismo, han ido rodando completamente al
inmundo y sangriento pantano, común a toda Europa, de las instituciones
burocrático-militares, que todo lo someten y lo aplastan. Hoy, también
en Inglaterra y en Norteamérica es "condición previa de toda revolución
verdaderamente popular" el
romper, el
destruir la
"máquina estatal existente" (y que allí ha alcanzado, en los años de
1914 a 1917, la perfección "europea", la perfección común al
imperialismo).
En segundo lugar, merece especial atención la observación
extraordinariamente profunda de Marx de que la destrucción de la máquina
burocrático-militar del Estado es "condición previa de toda revolución
verdaderamente popular". Este concepto de revolución "
popular "
parece extraño en boca de Marx, y los plejanovistas y mencheviques
rusos, estos secuaces de Struve que quieren hacerse pasar por marxistas,
podrían tal vez explicar esta expresión de Marx como un "lapsus". Han
reducido el marxismo a una deformación liberal tan mezquina, que, para
ellos, no existe más que la antítesis entre revolución burguesa y
proletaria, y hasta esta antítesis la comprenden de un modo
increíblemente escolástico.
Si tomamos como ejemplos las revoluciones del siglo XX, tendremos
que reconocer como burguesas, naturalmente, también las revoluciones
portuguesa y turca. Pero ni la una ni la otra son revoluciones
"populares", pues ni en la una ni en la otra actúa perceptiblemente, de
un modo activo, por propia iniciativa, con sus propias reivindicaciones
económicas y políticas, la masa del pueblo, la inmensa mayoría de éste.
En cambio, la revolución burguesa rusa de 1905 a 1907, aunque no
registrase éxitos tan "brillantes" como los que alcanzaron en ciertos
momentos las revoluciones portuguesa y turca, fue, sin duda, una
revolución "verdaderamente popular", pues la masa del pueblo, la mayoría
de éste, las "más bajas capas" sociales, aplastadas por el yugo y la
explotación, levantáronse por propia iniciativa, estamparon en todo el
curso de la revolución el sello de
sus reivindicaciones, de
sus intentos de construir a su modo una nueva sociedad en lugar de la sociedad vieja que era destruida.
En la Europa de 1871, el proletariado no formaba la mayoría ni en un
solo país del continente. Una revolución "popular", que arrastrase al
movimiento verdaderamente a la mayoría, sólo podía serlo aquella que
abarcase tanto al proletariado como a los campesinos. Ambas clases
formaban en aquel entonces el "pueblo". Ambas clases están unidas por el
hecho de que la "máquina burocrático-militar del Estado" las oprime,
las esclaviza, las explota.
Destruir,
romper esta
máquina : tal es el verdadero interés del "pueblo", de su mayoría, de
los obreros y de la mayoría de los campesinos, tal es la "condición
previa" para una alianza libre de los campesinos pobres con los
proletarios, sin cuya alianza la democracia será precaria, y la
transformación socialista, imposible.
Hacia esta alianza precisamente se abría camino, como es sabido, la
Comuna de París, si bien no alcanzó su objetivo por una serie de causas
de carácter interno y externo.
Consiguientemente, al hablar de una "revolución verdaderamente
popular", Marx, sin olvidar para nada las características de la pequeña
burguesía (de las cuales habló mucho y con frecuencia), tenía en cuenta
con la mayor precisión la correlación efectiva de clases en la mayoría
de los Estados continentales de Europa, en 1871. Y, de otra parte,
constataba que la "destrucción" de la máquina estatal responde a los
intereses de los obreros y campesinos, los une, plantea ante ellos la
tarea común de suprimir al "parásito" y sustituirlo por algo nuevo.
¿Pero con qué sustituirlo concretamente?
2. ¿CON QUE SUSTITUIR LA MAQUINA DEL ESTADO UNA VEZ DESTRUIDA?
En 1847, en el "Manifiesto Comunista", Marx daba a
esta pregunta una respuesta todavía completamente abstracta, o, más
exactamente, una respuesta que señalaba las tareas, pero no los medios
para resolverlas. Sustituir la máquina del Estado, una vez destruida,
por la "organización del proletariado como clase dominante", "por la
conquista de la democracia" : tal era la respuesta del "Manifiesto
Comunista".
Sin perderse en utopías, Marx esperaba de la
experiencia
del movimiento de masas la respuesta a la cuestión de qué formas
concretas habría de revestir esta organización del proletariado como
clase dominante y de qué modo esta organización habría de coordinarse
con la "conquista de la democracia" más completa y más consecuente.
En su "Guerra civil en Francia", Marx somete al análisis más atento
la experiencia de la Comuna, por breve que esta experiencia haya sido.
Citemos los pasajes más importantes de esta obra :
En el siglo XIX, se desarrolló, procedente de la Edad Media, "el
poder centralizado del Estado, con sus órganos omnipresentes : el
ejército permanente, la policía, la burocracia, el clero y la
magistratura". Con el desarrollo del antagonismo de clase entre el
capital y el trabajo, "el Poder del Estado fue adquiriendo cada vez más
el carácter de un poder público para la opresión del trabajo, el
carácter de una máquina de dominación de clase. Después de cada
revolución, que marcaba un paso adelante en la lucha de clases, se
acusaba con rasgos cada vez más salientes el carácter puramente opresor
del Poder del Estado". Después de la revolución de 1848-1849, el Poder
del Estado se convierte en un "arma nacional de guerra del capital
contra el trabajo". El Segundo Imperio lo consolida.
"La antítesis directa del Imperio era la Comuna". "Era la forma
definida" "de aquella república que no había de abolir tan sólo la forma
monárquica de la dominación de clase, sino la dominación misma de
clase. . ."
¿En qué había consistido, concretamente, esta forma "definida" de la
república proletaria, socialista? ¿Cuál era el Estado que había
comenzado a crear?
". . . El primer decreto de la Comuna fue . . . la supresión del
ejército permanente para sustituirlo por el pueblo armado. . ."
Esta reivindicación figura hoy en los programas de todos los
partidos que deseen llamarse socialistas. ¡Pero lo que valen sus
programas nos lo dice mejor que nada la conducta de nuestros
socia!revolucionarios y mencheviques, que precisamente después de la
revolución del 27 de febrero han renunciado de hecho a poner en práctica
esta reivindicación!
". . . La Comuna estaba formada por los consejeros municipales
elegidos por sufragio universal en los diversos distritos de París. Eran
responsables y podían ser revocados en todo momento. La mayoría de sus
miembros eran, naturalmente, obreros o representantes reconocidos de la
clase obrera. . . La policía, que hasta entonces había sido instrumento
del gobierno central, fue despojada inmediatamente de todos sus
atributos políticos y convertida en instrumento de la Comuna,
responsable ante ésta y revocable en todo momento. . . Y lo mismo se
hizo con los funcionarios de todas las demás ramas de la administración.
. . Desde los miembros de la Comuna para abajo, todos los que
desempeñaban cargos públicos lo hacían por el
salario de un obrero.
Todos los privilegios y los gastos de representación de los altos
dignatarios del Estado desaparecieron junto con éstos. . . Una vez
suprimidos el ejército permanente y la policía, instrumentos de la
fuerza material del antiguo gobierno, la Comuna se apresuró a destruir
también la fuerza de opresión espiritual, el poder de los curas. .. Los
funcionarios judiciales perdieron su aparente independencia. . . En el
futuro debían ser elegidos públicamente, ser responsables y revocables. .
."
Por tanto, la Comuna sustituye la máquina estatal destruida,
aparentemente "sólo" por una democracia más completa : supresión del
ejército permanente y completa elegibilidad y amovilidad de todos los
funcionarios. Pero, en realidad, este "sólo" representa un cambio
gigantesco de unas instituciones por otras de un tipo distinto por
principio. Aquí estamos precisamente ante uno de esos casos de
"transformación de la cantidad en calidad" : la democracia, llevada a la
práctica del modo más completo y consecuente que puede concebirse, se
convierte de democracia burguesa en democracia proletaria, de un Estado
(fuerza especial para la represión de una determinada clase) en algo que
ya no es un Estado propiamente dicho.
Todavía es necesario reprimir a la burguesía y vencer su
resistencia. Esto era especialmente necesario para la Comuna, y una de
las causas de su derrota está en no haber hecho esto con suficiente
decisión. Pero aquí el órgano represor es ya la mayoría de la población y
no una minoría, como había sido siempre, lo mismo bajo la esclavitud y
la servidumbre que bajo la esclavitud asalariada. ¡Y, desde el momento
en que es la mayoría del pueblo la que reprime
por sí misma a sus opresores,
no es ya necesaria una "fuerza especial" de represión! En este sentido, el Estado
comienza a extinguirse.
En vez de instituciones especiales de una minoría privilegiada (la
burocracia privilegiada, los jefes del ejército permanente), puede
llevar a efecto esto directamente la mayoría, y cuanto más intervenga
todo el pueblo en la ejecución de las funciones propias del Poder del
Estado tanto menor es la necesidad de dicho Poder.
En este sentido, es singularmente notable una de las medidas
decretadas por la Comuna, que Marx subraya : la abolición de todos los
gastos de representación, de todos los privilegios pecuniarios de los
funcionarios, la reducción de los sueldos de
todos los funcionarios del Estado al nivel del "
salario de un obrero ". Aquí es precisamente donde se expresa de un modo más evidente el
viraje
de la democracia burguesa a la democracia proletaria, de la democracia
de la clase opresora a la democracia de las clases oprimidas, del Estado
como "
fuerza especial " para la represión de una determinada clase a la represión de los opresores
por la fuerza conjunta
de la mayoría del pueblo, de los obreros y los campesinos. ¡Y es
precisamente en este punto tan evidente -- tal vez el más importante, en
lo que se refiere a la cuestión del Estado -- en el que las enseñanzas
de Marx han sido más relegadas al olvido! En los comentarios de
popularización -- cuya cantidad es innumerable -- no se habla de esto.
"Es uso" guardar silencio acerca de esto, como si se tratase de una
"ingenuidad" pasada de moda, algo así como cuando los cristianos,
después de convertirse el cristianismo en religión del Estado, se
"olvidaron" de las "ingenuidades" del cristianismo primitivo y de su
espíritu democrático-revolucionario.
La reducción de los sueldos de los altos funcionarios del Estado
parece "simplemente" la reivindicación de un democratismo ingenuo,
primitivo. Uno de los "fundadores" del oportunismo moderno, el
ex-socialdemócrata E. Bernstein, se ha dedicado más de una vez a repetir
esas burlas burguesas triviales sobre el democratismo "primitivo". Como
todos los oportunistas, como los actuales kautskianos, no comprendía en
absoluto, en primer lugar, que el paso del capitalismo al socialismo es
imposible sin un cierto "retorno" al democratismo "primitivo"
(pues ¿cómo, si no, pasar a la ejecución de las funciones del Estado por
la mayoría de la población, por toda la población en bloque?); y, en
segundo lugar, que este "democratismo primitivo", basado en el
capitalismo y en la cultura capitalista, no es el democratismo primitivo
de los tiempos prehistóricos o de la época precapitalista. La cultura
capitalista
ha creado la gran producción, fábricas, ferrocarriles, el correo y el teléfono, etc., y
sobre esta base,
una enorme mayoría de las funciones del antiguo "Poder del Estado" se
han simplificado tanto y pueden reducirse a operaciones tan
sencillísimas de registro, contabilidad y control, que estas funciones
son totalmente asequibles a todos los que saben leer y escribir, que
pueden ejecutarse en absoluto por el "salario corriente de un obrero",
que se las puede (y se las debe) despojar de toda sombra de algo
privilegiado y "jerárquico".
La completa elegibilidad y la amovilidad
en cualquier
momento de todos los funcionarios sin excepción; la reducción de su
sueldo a los límites del "salario corriente de un obrero" : estas
medidas democráticas, sencillas y "evidentes por sí mismas", al mismo
tiempo que unifican en absoluto los intereses de los obreros y de la
mayoría de los campesinos, sirven de puente que conduce del capitalismo
al socialismo. Estas medidas atañen a la reorganización del Estado, a la
reorganización puramente política de la sociedad, pero es evidente que
sólo adquieren su pleno sentido e importancia en conexión con la
"expropiación de los expropiadores" ya en realización o en preparación,
es decir, con la transformación de la propiedad privada capitalista
sobre los medios de producción en propiedad social.
"Al suprimir las dos mayores partidas de gastos, el ejército y la
burocracia, la Comuna -- escribe Marx -- convirtió en realidad la
consigna de todas las revoluciones burguesas : un gobierno barato".
Entre los campesinos, al igual que en las demás capas de la pequeña
burguesía, sólo "prospera", sólo "se abre paso" en sentido burgués, es
decir, se convierten en gentes acomodadas, en burgueses o en
funcionarios con una situación garantizada y privilegiada, una minoría
insignificante. La inmensa mayoría de los campesinos de todos los países
capitalistas en que existe una masa campesina (y estos países
capitalistas forman la mayoría), se halla oprimida por el gobierno y
ansía derrocarlo, ansía un gobierno "barato". Esto puede realizarlo
sólo el proletariado, y, al realizarlo, da al mismo tiempo un paso hacia la transformación socialista del Estado.
"Eppur, si muove!", o, "los muertos que vos matáis gozan de buena salud" (2)
M. Bakunin
Socialismo sin Estado: Anarquismo
Escrito: s.f., construido de extractos de diversos artículos.
Publicación:: G.P. Maximoff (ed.), "The Political Philosophy of Bakunin". The Free Press, NY © 1953 (derechos no renovados)
Edición eletrónica: Anarchist Archives; Marxists Internet Archive, 1999.
Traducción y edición digital castellana: Proyecto Espartaco, 2001.
Esta edición: Marxists Internet Archive, 2001.
El
efecto de los Grandes Principios Proclamados por la Revolución francesa.
Desde aquel tiempo, cuando la Revolución bajó a las masas su Evangelio
-no el
místico sino el racional, no el celestial sino el terrenal, no
el divino sino el Evangelio humano, el Evangelio de los Derechos del Hombre-
desde entonces proclamó que todos los hombres son iguales, que todos
los hombres tienen derecho a la libertad y la igualdad; las masas de todos países
europeos, de todo el mundo civilizado, despertaron entonces, gradualmente, del
sueño que los había mantenido en la esclavitud desde que la Cristiandad
los drogó con su opio, y comenzaron a preguntarse si ellos también
tenían el derecho a la igualdad, a la libertad, y a la humanidad.
En cuanto esta pregunta
ha sido planteada, la gente, guiada por su admirable sentido común, así
como por sus instintos, se dio cuenta de que la primera condición para
su emancipación verdadera, o
humanization, era, por sobre todo,
un cambio radical en su situación económica. La primera pregunta,
justamente, estaba relacionada con el pan de cada día, pues como ha sido
ya notado por Aristóteles, el hombre, para pensar, para sentirse libre,
para hacerse hombre, debe ser liberado de los cuidados materiales de la vida
diaria. En realidad, el burgués, quien está tan vociferante en
sus greguerías contra el materialismo de la gente y quien predica a ellos
las abstinencias del idealismo, lo sabe muy bien, ya que ellos ellos mismos
lo predican sólo con la palabra mas no con el ejemplo.
La segunda pregunta que
surge entre las personas, la del ocio luego del trabajo, es también condición
indispensable de humanidad. Pero pan y ocio nunca pueden obtenerse independientes
de una transformación radical de la sociedad existente, y eso explica
por qué la Revolución, obligada por las implicaciones de sus propios
principios, dio a luz al Socialismo.
El
socialismo es la Justicia... El socialismo es la
justicia.
Cuando hablamos de justicia, entendemos por esta no la justicia contenida en
los Códigos y en la jurisprudencia Romana -los cuales se han basado,
en gran medida, sobre las verdades de la violencia alcanzada por la fuerza,
violencia consagrada por tiempo y las bendiciones de alguna iglesia u otro (cristiano
o pagano), y por lo cual se ha aceptado como principio absoluto, que toda ley
debe ser deducida por un proceso de razonamiento lógico- no, hablamos
de aquella justicia que está basada únicamente sobre la conciencia
humana, la justicia que ha de ser encontrada en el conocimiento de cada hombre
-hasta en los de niños- y que puede ser expresada en una sola palabra:
equidad.
Esta justicia universal
que, debido a las conquistas por la fuerza y a las influencias religiosas, aún
nunca ha prevalecido en los ámbitos políticos, jurídicos
o económicos, debería hacerse la base del nuevo mundo. Sin ella
no puede haber ni libertad, ni república, ni prosperidad, ni paz. Es
ella entonces quien debe gobernar nuestras resoluciones para que trabajemos
con eficiencia en el establecimiento de la paz. Y es esta justicia, la que nos
impulsa a asumir la defensa de los intereses de la gente terriblemente maltratada
y a exigir su emancipación económica y social con libertad política.
El
Principio Básico del Socialismo. No
proponemos aquí, caballeros, este u otro sistema socialista. Aquello
que ahora exigimos es la proclamación nuevamente del gran principio de
la Revolución francesa: que cada ser humano pueda poseer los medios materiales
y morales para poder desarrollar así su humanidad, un principio que,
en nuestra opinión, debe ser traducido en el siguiente problema:
Organizar la sociedad de
tal manera que cada individuo, hombre o mujer, pueda hallar, al entrar en la
vida, medios aproximadamente equivalentes para el desarrollo de sus diversas
facultades y de su ocupación laboral. Y organizar dicha sociedad de tal
forma que haga imposible la explotación de algun trabajador, lo cual
permitirá a cada individuo disfrutar de la riqueza social, la cual, en
realidad sólo se produce por el trabajo colectivo; pero sólo para
disfrutarla en cuanto él contribuya directamente hacia la creación
de dicha riqueza.
Rechazo
al Socialismo Estatatista. La consecución de esta tarea desde
luego tomará cientos de años de desarrollo. Pero la historia ya
la ha traído ante nosotros y de aquí en adelante no podemos hacer
caso omiso a ella sin condenarnos a declarar nuestra total impotencia. Nos apresuramos
en agregar aquí que enérgicamente rechazamos cualquier tentativa
de organización social que no admitia la libertad más amplia tanto
de los individuos como de las organizaciones, o que requiera la instauración
de cualquier regimen de poder. En nombre de la libertad, la cual reconocemos
como fundamento único y único principio creativo de la organización,
económica o política, protestaremos contra todo aquello que remotamente
pueda parecerse al Comunismo Estatatista, o al Socialismo Estatatista.
Abolición
del Derecho de Herencia. La única cosa que, en nuestra opinión,
el Estado puede y debería hacer es modificar poco a poco la ley de herencia
para llegar cuanto antes a su completa abolición. Aquella ley es puramente
una creación del Estado, y una de las condiciones de existencia misma
del Estado autoritario y divino, y ella puede y debería ser suprimida
por la libertad en el Estado. En otras palabras, el Estado debería disolverse
en una sociedad libremente organizada de acuerdo con los principios de justicia.
El derecho de herencia, en nuestra opinión, debiera suprimirse, ya que
mientras exista perdurará la desigualdad económica hereditaria,
no la desigualdad natural de los individuos, sino la desigualdad artificial
de clases -y ello siempre engendrará la desigualdad hereditaria en el
desarrollo y la formación de las mentes, y cuya continuación sería
la fuente y la consagración de todas las desigualdades políticas
y sociales. La tarea de la justicia es establecer la igualdad para cada uno,
pues aquella igualdad dependerá de la organización económica
y política de la sociedad- una igualdad con la que cada uno va a comenzar
su vida, y por la que cada uno, dirigido en su propia naturaleza, será
el producto de sus propios esfuerzos. En nuestra opinión, la propiedad
de los difuntos debería acumularse a los fondos sociales para la instrucción
y la educación de los niños de ambos sexos, que incluye la manutención
de ellos desde su nacimiento hasta que alcancen la mayoría de edad. Como
eslavos y como rusos, queremos agregar lo que consideramos una idea social fundamental,
la cual se basa sobre el instinto general y tradicional de nuestros pueblos,
y que consiste en que la propiedad de toda la gente, debería ser poseída
sólo por aquellos que le cultivan con sus propias manos.
Somos unos convencidos,
caballeros, de que este principio es justo, que es la condición esencial
e inevitable de toda reforma social seria, y, por consiguiente, Europa Occidental
a su turno no dudará en reconocer y aceptar este principio, no obstante
las dificultades de su realización en países como Francia, por
ejemplo, en donde la mayoría de campesinos posee la tierra que ellos
cultivan, pero en donde la mayor parte de esos mismos campesinos pronto terminarán
por no poseer nada, debido al parcelamiento de la tierra que viene como resultado
inevitable del sistema político y económico que ahora prevalece
en Francia. Sin embargo, nos abstendremos de ofrecer cualquier oferta contra
la pregunta de tierra... Nos limitaremos ahora a proponer la siguiente declaración:
La
Declaración del Socialismo. "Convencidos de que la realización
seria de la libertad, la justicia, y la paz será imposible mientras que
la mayoría de la población se halle desposeída de las elementales
necesidades, mientras esten privados de la educación y condenados a la
insignificancia y a la esclavitud política y social -de hecho, si no
por la ley, por la pobreza así como por la necesidad de trabajar sin
descanso u ocio, produciendo toda la riqueza de la que el mundo ahora está
orgulloso, y recibiendo a cambio sólo una pequeña parte de la
torta, la que apenas basta para asegurar su sustento para al día siguiente;
"Convencidos de que
para las masas del pueblo, terriblemente maltratadas durante siglos, el problema
del pan es el problema de la emancipación mental, de la libertad y la
humanidad;
"Convencidos de que
libertad sin Socialismo es privilegio e injusticia y que Socialismo sin libertad
es esclavitud y brutalidad;
"La Liga [para la
Paz y la Libertad] con fuerza proclama la necesidad de una radical reconstrucción
económica y social, que tenga como objetivo la emancipación de
los trabajadores del yugo del capital y los terratenientes, una reconstrucción
basada en la más estricta justicia - ni justicia jurídica ni teológica
ni metafísica, sino justicia simplemente humana - basada en la ciencia
positiva y en la libertad más amplia."
Organización
de las Fuerzas productivas en reemplazo del Poder Político.
Es necesario suprimir completamente, en principio y de hecho, todo aquello que
llaman el poder político; pues, mientras que el poder político
exista, habrá habra gobernantes y gobernados, amos y esclavos, explotadores
y explotados. Una vez suprimido, el poder político debería ser
substituído por la organización de las fuerzas productivas y el
servicio económico.
No obstante el enorme desarrollo
de los estados modernos -un desarrollo que en su fase última, de forma
bastante lógica, reduce el Estado a una absurdidad-, se hace evidente
que los días del Estado y el principio Estatal están contados.
Ya podemos ver el advenimiento de la total emancipación de las masas
trabajadoras y su libre organización social, libre de la intervención
gubernamental, formada por la asociacion económica de las personas y
dejando de lado todas las viejas fronteras Estatales y las distinciones nacionales,
fundamentado ello sólo en el trabajo productivo, el trabajo humanizado;
poseyendo un interés común a pesar de su diversidad.
El
Ideal del Pueblo. Desde luego, este ideal aparece ante el pueblo
significando el fin de sus necesidades, el fin de la pobreza, y la satisfacción
plena de todos sus requerimientos materiales mediante el trabajo colectivo,
igual y obligatorio para todos, y luego, como el final de la dominación,
y como la organización libre de las vidas de las personas conforme a
sus necesidades -no desde la cima hacia abajo, como lo tenemos en el Estado,
sino de abajo a arriba, una organización formada por el pueblo mismo,
independiente de gobiernos y parlamentos, una unión libre en asociaciones
de trabajadores agrícolas y de fábrica, en comunas, regiones,
y naciones, y finalmente, en el futuro más remoto; la hermandad humana
universal, que triunfa por sobre las ruinas de todos los Estados.
El
Programa de una Sociedad Libre. Fuera del sistema Mazziniano que
es el sistema de la república en forma de un Estado, no hay ningún
otro sistema sino el de la república como una comuna, la república
como una federación, una república genuinamente socialista y popular
-el sistema del Anarquismo. Esta es la política de la Revolución
Social, que apunta a la abolición del Estado, y la económica,
que libera totalmente las organizaciones de la gente, una organización
de abajo hacia arriba, mediante una federación.
... No habrá ninguna
posibilidad de la existencia de un gobierno político, ya que este gobierno
será transformado en una administración simple de asuntos comunes.
Nuestro programa puede
ser resumido en unas pocas palabras:
Paz, emancipación,
y la felicidad de los oprimidos.
Guerra contra todos los
déspotas y opresores.
Restitución total
a los trabajadores: todo el capital, las fábricas, y todos los instrumentos
de trabajo y materias primas deben ir a las asociaciones, y la tierra a los
que la cultivan con sus propias manos.
Libertad, justicia y fraternidad
con respecto a todos los seres humanos sobre la tierra.
Igualdad para todos.
A todos, sin distinción
alguna, todos los medios de desarrollo y educación, e iguales posibilidades
de vida mientras trabajan.
La organización
de una sociedad mediante una federación libre, desde abajo hacia arriba,
de asociaciones de trabajadores, tanto industriales como asociaciones agrícolas,
científicas y literarias - primero en una comuna, luego una federación
de comunas en regiones, de regiones en naciones, y de naciones en la asociación
fraternal internacional
Táctica
Correcta Durante una Revolución. En una revolución
social, en todo opuesta diametralmente a una revolución política,
los individuos apenas y cuentan, mientras que la acción espontánea
de las masas lo es todo. Todo lo que los individuos pueden hacer es clarificar,
propagar, y desarrollar las ideas que corresponden al instinto popular, y, cosa
aun más importante, contribuir con sus esfuerzos incesantes a la organización
revolucionaria del poder natural de las masas. Pero nada más que eso;
el resto sólo podrá hacerlo el propio pueblo. Cualquier otro método
llevaría a la dictadura política, al resurgimiento del Estado,
de los privilegios, de las desigualdades, y de todas las opresiones estatales;
es decir, llevaría de una forma indirecta, aunque lógica al restablecimiento
de la esclavitud política, económica y social de las masas populares.
Como todos los socialistas
sinceros, y en general como todos los trabajadores nacidos y crecidos entre
el pueblo, Varlin y sus amigos compartieron en grado sumo este prejuicio perfectamente
legítimo contra la iniciativa procedente de individuos aislados, contra
el dominio ejercido por individuos superiores; siendo sobre todo coherentes,
extendieron el mismo prejuicio y la misma desconfianza a sus propias personas.
La Revolución
por Decretos está Condenada al Fracaso.
Frente a las ideas de los comunistas autoritarios -ideas falaces, en mi opinión-
de que la Revolución Social puede ser decretada y organizada por medio
de una dictadura o de una Asamblea Constituyente, nuestros amigos, los socialistas
parisinos, sostienen que la revolución sólo puede ser emprendida
y llevada a su pleno desarrollo a través de la acción masiva continua
y espontánea de grupos y asociaciones populares.
Nuestros amigos parisinos tienen mil veces razón. Porque, en realidad,
no hay cerebro, por muy genial que sea, o -si hablamos de la dictadura colectiva
de algunos centenares de individualidades supremamente dotadas no hay combinación
de intelectos capaz de abarcar toda la infinita multiplicidad y diversidad de
intereses, aspiraciones, deseos y necesidades reales que Constituyen en su totalidad
la voluntad colectiva del pueblo; no existe intelecto capaz de proyectar una
organización social que pueda satisfacer a todos y cada uno.
Tal organización será siempre un lecho de Procusto en el que la
violencia, más o menos sancionada por el Estado forzaría a la
desdichada sociedad. Pero este es un viejo sistema de organización, basado
sobre la fuerza, que la Revolución Social suprimirá para dar plena
libertad a las masas, los grupos, Comunas, asociaciones e individualidades,
destruyendo de una vez por todas la causa histórica de toda violencia:
la misma existencia del Estado cuya caída supondrá la destrucción
de todas las iniquidades del derecho jurídico y de todas las falsedades
de los diversos cultos -derechos y cultos que han sido siempre, los canonizadores
complacientes, tanto en el terreno ideal como en el real, de toda la violencia
representada, garantizada y autorizada por el Estado.
Es evidente que sólo cuando el Estado haya dejado de existir, la humanidad
obtendrá su libertad, y que sólo entonces encontrarán su
auténtica satisfacción los verdaderos intereses de la sociedad,
de todos los grupos, de todas las organizaciones locales y, en consecuencia,
de todos los individuos que forman tales organizaciones.
La
Libre Organización Seguirá a la Abolición del Estado.
La abolición del Estado y de la Iglesia debe ser la condición
primera e indispensable para la emancipación efectiva de la sociedad.
Sólo después la sociedad podrá y deberá empezar
su propia reorganización que, sin embargo, no debe efectuarse de arriba
abajo, ni de acuerdo con algún plan ideal proyectado por unos pocos sabios
o filósofos, ni mediante decretos promulgados por algún poder
dictatorial, o incluso por una Asamblea Nacional u elegida por sufragio universal.
Tal sistema, como ya se ha dicho, llevaría inevitablemente a la formación
de una aristocracia gubernamental, es decir, a una clase de personas que nada
tiene en común con las masas del pueblo; y esta clase volvería
con toda certeza a explotar y someter a las masas bajo el pretexto del bienestar
común o de la salvación del Estado.
La
Libertad debe ir de la Mano con la Igualdad.
Soy un partidario convencido de la igualdad económica y social
porque sé que, sin esta igualdad, la libertad, la justicia, la dignidad
humana, la moral y el bienestar de los individuos, como también la prosperidad
de las naciones, no son sino otras tantas falsedades. Pero como soy al mismo
tiempo un partidario de la libertad, primera condición de la humanidad,
creo que la igualdad debería establecerse en el mundo por la organización
espontánea del trabajo y la propiedad colectiva, por la libre organización
de las asociaciones de productores en comunas y la libre federación de
las comunas -pero de ningún modo mediante la acción suprema y
tutelar dcl Estado.
La
Diferencia entre los Revolucionarios Autoritarios y Libertarios.
Este punto separa fundamentalmente a los colectivistas o socialistas revolucionarios
de los comunistas autoritarios, partidarios de la absoluta iniciativa del Estado.
La meta de ambos partidos es idéntica: ambos partidos desean la creación
de un nuevo orden social basado exclusivamente sobre el trabajo colectivo en
condiciones económicas iguales para todos -es decir, en condiciones de
propiedad colectiva de los medios de producción.
Pero los comunistas imaginan que esto puede lograrse mediante el desarrollo
y la organización del poder político de las clases trabajadoras,
encabezadas por el proletariado de la ciudad con ayuda del radicalismo burgués;
mientras los socialistas revolucionarios, enemigos de toda alianza ambigua,
creen que este objetivo común no puede lograrse a través de la
organización política sino mediante la organización social
(y, por tanto, antipolítica) y el poder de las masas trabajadoras de
las ciudades y los pueblos, incluyendo además a todos los que, a pesar
de pertenecer por nacimiento a las clases altas, han roto voluntariamente con
su pasado y se han unido abiertamente al proletariado aceptandó su programa.
Los
Métodos de los Comunistas y los Anarquistas. De ahí
la existencia de dos métodos diferentes. Los comunistas creen que es
necesario organizar las fuerzas de los trabajadores para tomar
posesión
del poder político estatal. Los socialistas revolucionarios las
organizan
con vistas a destruir, o si preferís una expresión más
refinada, a liquidar el Estado. Los comunistas son partidarios del
principio y la práctica de la autoridad, mientras los socialistas
revolucionarios
sólo ponen su fe en la libertad. Ambos son partidarios por igual de la
ciencia, que debe destruir la superstición y ocupar el lugar de la fe;
pero los primeros quieren imponer la ciencia al pueblo, en tanto que
los colectivistas
revolucionarios intentan difundir la ciencia y el conocimiento entre
el pueblo,
para que los diversos grupos de la sociedad humana, una vez
convencidos por
la propaganda, puedan organizarse y combinarse, espontáneamente, en
federaciones,
de acuerdo con sus tendencias naturales y sus intereses reales, pero
nunca de
acuerdo con un plan trazado previamente e impuesto a las masas
ignorantes por
algunas inteligencias "superiores".
Los Socialistas revolucionarios
creen que existe mucha más razón práctica e inteligencia
en las aspiraciones instintivas y las necesidades reales de las masas populares
que en las profundas inteligencias de todos esos instruidos doctores y tutores
autodesignados de la humanidad, quienes teniendo ante sus ojos los ejemplos
lamentables de tantos intentos abortados de hacer feliz a la humanidad, intentan
todavía seguir trabajando en la misma dirección. Pero los socialistas
revolucionarios creen, al contrario, que la humanidad se ha dejado gobernar
durante largo tiempo, demasiado largo, y que la raíz de sus desgracias
no reside en esta o en aquella forma de gobierno, sino en el principio y en
la misma existencia del gobierno, sea cual fuere su naturaleza.
Es esta diferencia de opinión, que ya se ha hecho histórica, la
vigente en la actualidad entre el comunismo científico, desarrollado
por la escuela alemana y aceptado parcialmente por los socialistas americanos
e ingleses, y el proudhonismo, desarrollado extensamente y llevado a sus últimas
conclusiones y aceptado hoy por el proletariado de los países latinos.
El socialismo revolucionario ha hecho su primera aparición brillante
y práctica en la Comuna de París.
En la bandera pangermánica está escrito: Conservación y
fortalecimiento del Estado a cualquier precio. Por el contrario, en nuestra
bandera, la bandera socialista-revolucionaria, está grabada con letras
orgullosas y Sangrientas: la destrucción de todos los Estados, la aniquilación
de la civilización burguesa, la organización libre y espontánea
de abajo arriba por medio de las asociaciones libres, la organización
de la chusma incontrolada de trabajadores, de toda la humanidad emancipada,
y la creación de un nuevo mundo universalmente humano.
Antes de crear o más bien antes de ayudar al pueblo a crear esta nueva
organización es necesario conseguir una victoria. Es necesario derrocar
lo que es para poder establecer lo que debe ser...
El legado de la Comuna de París
El historiador Roberto Ceamanos narra en 'La Comuna de París
(1871)' (Catarata) los sucesos que desembocaron en una insurrección
popular que marcó época
PÚBLICO
Madrid
27/03/2014 12:19
Actualizado:
27/03/2014 13:34
La
Comuna de París de 1871 es un episodio fundamental de la historia en el
que la ciudadanía protagonizó un proyecto revolucionario para concretar
sus ideales políticos. Se cuestionó el poder establecido implantando
una democracia directa y se tomaron importantes medidas para garantizar
derechos fundamentales como la educación, la sanidad, la vivienda, la
justicia y el trabajo digno para todas las personas.
Además,
defendieron lo común, evitaron la discriminación de la mujer y dieron
los mismos derechos a los inmigrantes. El historiador Roberto Ceamanos narra en La Comuna de París (1871)
(Catarata) los sucesos que desembocaron en la Comuna y los detalles de
su desarrollo: los principales hechos, los grupos políticos implicados,
los polémicos decretos, las formas de participación... Mientras que para
algunos los communards fueron unos delincuentes, para otros han sido
héroes recordados; por eso es interesante analizar cómo se ha
interpretado la Comuna a lo largo de la historia, desde los intentos por
desprestigiarla hasta su reivindicación por parte de socialistas,
anarquistas y marxistas. Aunque el contexto bélico al que se enfrentó y
su trágica represión impidieron su desarrollo, se ha convertido en un
hito histórico que hoy en día continúa siendo un referente de
auto-organización ciudadana.