lunes, 26 de diciembre de 2011

Grecia e Italia Los sagaces sarcasmos de Karl Marx a propósito de los "gobiernos técnicos"

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De regreso, desde hace unos cuantos años, al debate periodístico de todo el mundo por el análisis y el pronóstico del carácter cíclico y estructural de las crisis capitalistas, Marx también podría leerse hoy en Grecia e Italia por otro motivo: la reaparición del "gobierno técnico".

En calidad de periodista de la New York Tribune, uno de los diarios con mayor difusión de su tiempo, Marx observó los acontecimientos político-institucionales que llevaron en la Inglaterra de 1852 al nacimiento de uno de los primeros casos de "gobierno técnico" de la historia: el gabinete Aberdeen (diciembre de 1852/enero de 1855). El análisis de Marx resulta notabilísimo en punto a sagacidad y sarcasmo.

Mientras el Times celebraba el acontecimiento como signo del ingreso "en el milenio político, en una época en la que el espíritu de partido está destinado a desaparecer y en la que solamente el genio, la experiencia, la laboriosidad y el patriotismo darán derecho al acceso a los cargos públicos", y pedía para ese gobierno el apoyo de los "hombres de todas las tendencias", porque "sus principios exigen el consenso y el apoyo universales"; mientras eso decían los editorialistas del diario londinense, Marx ridiculizaba la situación inglesa en el artículo "Un gobierno decrépito. Perspectivas del gabinete de coalición", publicado en enero de 1853. Lo que el Times consideraba tan moderno y bien atado, lo presentó Marx como una farsa. Cuando la prensa de Londres anunció "un ministerio compuesto de hombres nuevos", Marx declaró que "el mundo quedará un tanto estupefacto al enterarse de que la nueva era de la historia está a punto de ser inaugurada nada menos que por gastados y decrépitos octogenarios (.), burócratas que han venido participando en casi todos los gobiernos habidos y por haber desde fines del siglo pasado, asiduos de gabinete doblemente muertos, por edad y por usura, y sólo con artificio mantenidos con vida".

Aparte del juicio personal estaba, claro es, el juicio, más importante, sobre la política. Se pregunta Marx: "cuando nos promete la desaparición total de las luchas entre los partidos, incluso la desaparición de los partidos mismos, ¿qué quiere decir el Times?". El interrogante es, desgraciadamente, de estricta actualidad en un mundo como el nuestro, en que el dominio del capital sobre el trabajo ha vuelto a hacerse tan salvaje como lo era a mediados del siglo XIX.

La separación entre lo "económico" y lo "político", que diferencia al capitalismo de modos de producir que lo precedieron, ha llegado hoy a su cumbre. La economía no sólo domina a la política, fijándole agenda y decisiones, sino que le ha arrebatado sus competencias y la ha privado del control democrático, y a punto tal, que un cambio de gobierno no altera ya las directrices de la política económica y social.

En los últimos 30 años, inexorablemente, se ha procedido a transferir el poder de decisión de la esfera política a la económica; a transformar posibles decisiones políticas en incontestables imperativos económicos que, bajo la máscara ideológica de lo apolítico, disimulan, al contrario, un injerto netamente político y de contenido absolutamente reaccionario. La "redislocación" de una parte de la esfera política en la economía, como ámbito separable e inalterable, el paso del poder de los parlamentos (ya suficientemente vaciados de valor representativo por los sistemas electorales mayoritarios y por la revisión autoritaria de la relación entre poder ejecutivo y poder legislativo) a los mercados y a sus instituciones y oligarquías constituye en nuestra época el mayor y más grave obstáculo atravesado en el camino de la democracia.

Las calificaciones de Standard & Poor's o las señas procedentes de Wall Street -esos enormes fetiches de la sociedad contemporánea- valen harto más que la voluntad popular. En el mejor de los casos, el poder político puede intervenir en la economía (las clases dominantes lo necesitan, incluso, para mitigar las destrucciones generadas por la anarquía del capitalismo y la violencia de sus crisis), pero sin que sea posible discutir las reglas de esa intervención, ni menos las opciones de fondo.

Ejemplo deslumbrante de cuanto llevamos dicho son los sucesos de estos días en Grecia y en Italia. Tras la impostura de la noción de un "gobierno técnico" -o, como se decía en tiempos de Marx, del "gobierno de todos los talentos"- se oculta la suspensión de la política (referéndum y elecciones están excluidos), que debe ceder en todo a la economía. En el artículo "Operaciones de gobierno" (abril de 1853), Marx afirmó que "acaso lo mejor que pueda decirse del gobierno de coalición ('técnico') es que representa la impotencia del poder (político) en un momento de transición". Los gobiernos no discuten ya sobre las directrices económicas hacederas, sino que son las directrices económicas las parteras de los gobiernos.

En el caso de Italia, la lista de sus puntos programáticos se puso negro sobre blanco en una carta (¡que, encima, tenía que haber sido secreta!) dirigida por el Banco central Europeo al gobierno de Berlusconi. Para "recuperar la confianza" de los mercados, es necesario avanzar expeditamente por la vía de las "reformas estructurales" -expresión que ha llegado a ser sinónimo de estrago social-, es decir: reducción de salarios, revisión de los derechos laborales en materia de contratación y despido, aumento de la edad de jubilación y, en fin, privatizaciones a gran escala.

Los nuevos "gobiernos técnicos", encabezados por hombres crecidos bajo el techo de algunas de las principales instituciones responsables de la crisis (véase, hoy, el currículum de Papademos; mañana o pasado, el de Monti), seguirán esa vía. Ni que decir tiene, por "el bien del país" y por el "futuro de las generaciones venideras". De cara a la pared cualquier voz disonante del coro. Pero si la izquierda no quiere desaparecer, tiene que volver a saber interpretar las verdaderas causas de la crisis en curso, y tener el coraje de proponer y experimentar las respuestas radicales que se precisan para superarla.

(*) Marcello Musto es profesor de Ciencia Política en la York University de Toronto y editor del libro recientemente publicado en castellano: "Tras las huellas de un fantasma. La actualidad de Karl Marx". Siglo XXI, 2011. Su web es: http://www.marcellomusto.com/

Fuente: http://www.sinpermiso.info/textos/index.php?id=4558

sábado, 24 de diciembre de 2011

Brasil y su acción subimperialista en América Latina

15-12-2011
Alainet

El sistema capitalista tiene una consigna que es el retrato vivo de su naturaleza: para que uno viva, otro tiene que morir. Nadie que viva en ese sistema puede escapar de eso. No es sin razón que la principal discusión del mundo actual sea justamente la idea de desarrollo, pues, cada día más la gente se da cuenta de que la promesa de desarrollo que está imbricada en la idea capitalista de producción solo es buena para muy pocos. En los países centrales, que son la punta del sistema, el desarrollo es desigual y combinado. Siempre hay una capa significativa de la población que se queda explotada y en situación de pobreza extrema, sirviendo como mano de obra para que el sistema funcione.

En los países de la periferia del sistema lo que existe es un capitalismo dependiente, y el desarrollo posible es únicamente el desarrollo del subdesarrollo pues como ya mostró con mucha eficacia el teórico Andre Gunder Frank, es la naturaleza del capitalismo crear matrices y periferias, en camadas. Así, la promesa del capitalismo se vuelve ilusoria. Jamás, en el sistema, la gente que vive en la periferia podrá desarrollarse. Es una mentira que, de tantas veces repetida, aparece como verdad. Lo que sí, puede pasar, es que algunos países de periferia desarrollaren algunos aspectos de la vida o de algunas regiones, pero al mismo tiempo, causando el subdesarrollo de otras.

Eso es lo que pasa en Brasil. Es, de hecho, un gigante, ocupando el 47% del área de América Latina. Tiene 8.514.876 kilómetros cuadrados y 23 mil kilómetros de frontera. Aparece como una potencia en la región y desde los años 50 del siglo pasado, cuando empezó a aceptar todos los conceptos del desarrollo capitalista ha vivido esa realidad. Desarrollo en algunas regiones y miseria infinita en otras. Capitalismo dependiente. Hoy, viviendo un momento de crecimiento económico, refuerza aún más su política subimperialista en relación con los demás países vecinos. Política esa que empezó con fuerza en el periodo de la dictadura militar, cuando igualmente pasó por un vigoroso proceso de crecimiento, apoyado por el imperio estadounidense.

El teórico brasileño Ruy Mauro Marini es el que mejor ha definido el concepto de subimperialismo llevado a cabo por los países dependientes, como es el caso de Brasil en América Latina. Marini deja muy claro que el subimperialismo no es un imperialismo de grandeza menor o de segunda categoría. Es un fenómeno que comparte leyes del desarrollo capitalista comunes a la teoría del imperialismo (monopolios y capital financiero), aunque tenga elementos propios que corresponden al funcionamiento del capitalismo dependiente tales como la superexplotación del trabajo, la integración del capital nacional al extranjero y la monopolización extrema a favor de la industria suntuaria. Según Marini, el subimperialismo sigue la lógica de la cooperación antagónica, sea cual sea, al mismo tiempo que coopera con el imperialismo en las políticas generales, actúa en una dinámica contradictoria buscando el dominio entre sus vecinos, buscando hegemonía regional.

Esa dinámica ya pudo ser notada a partir de los años 60 cuando la nueva división del trabajo de la pos guerra generó subcentros políticos que, además de su dependencia, entraron en la etapa del monopolio y del capital financiero. En el caso de Brasil ese movimiento empezó en la década del 1970, cuando el régimen militar vivió lo que se conoció luego como el “milagro brasileño”, época de crecimiento económico con fuerte participación del capital extranjero y una forma específica de la reproducción del capital, o sea, el desarrollo del subdesarrollo. En los años 70, Brasil ya estaba en el noveno lugar en la producción de automóviles y era el segundo exportador de armas, quedando atrás solamente de Israel. Así como muy bien explica Ruy Mauro Marini, el subimperialismo brasileño “no es solo la expresión de un fenómeno económico. Es resultado en una amplia medida del proceso mismo de la lucha de clase en el país y del proyecto político, definido por el equipo tecnocrático-militar que asume el poder en 1964, aunados a condiciones coyunturales en la economía y la política mundiales”. En esa década hubo un “boom” financiero que se desplazó hacia los países subdesarrollados. En ese tiempo, Brasil estaba en la primera fila entre los receptores de capitales extranjeros. A fines de 1967 empieza con fuerza el mercado de capitales en Brasil, con el propio gobierno abriendo las puertas a las inversiones y préstamos en dinero entre empresas extranjeras y nacionales. Eso permitió el crecimiento de los años 70. Para que se tenga una idea, según Marini, las inversiones extranjeras, de 1966 al 1970 pasaran de 479 mil a 3.485 mil millones de dólares. Y el estado tenía que abrir camino para su realización. Crecía entonces los aires de potencia de Brasil.

Así que no fue sin razón la otra forma de actuación subimperialista concretada en el saqueo de materias primas y de fuentes de energía en los países vecinos, como el leonino tratado de Itaipú firmado con Paraguay en 1973, para la construcción de la mayor planta hidroeléctrica de América Latina, en el Río Paraná. La obra destruyó una de las mayores bellezas naturales de la región: las siete cataratas de Iguazú, hecho que demandó mucha lucha de la gente brasileña.

En aquellos días, Paraguay no aportó nada para la construcción (quedó con una deuda), pero a lo largo de todos esos años ha sido penalizado con la compra de la energía a precios muy baratos. Como el país vecino solamente necesita del 4% de la energía generada, el resto va a Brasil, pero podría ser vendida a otros clientes. Cosa que no es posible por el tratado. Y cuando el gobierno paraguayo intentó cambiar esto fue vapuleado por los directivos de la central, como se puede ver en la declaración de Jorge Samek, presidente en aquel entonces: "Cualquier tribunal internacional se limitará a analizar el tratado, que está siendo cumplido integralmente y es totalmente justo (el subrayado es mío). Si vamos a un tribunal internacional, Brasil terminará recibiendo una carta de felicitación". La demanda de Paraguay era que el Brasil empezase a pagar 1.200 millones de dólares al revés de los 130 mil dólares que estaba pagando.

En ese tratado que sigue vigente, Paraguay estaba obligado a vender su excedente energético a Brasil hasta el año de 2023, y por un precio absurdamente bajo. El total era de 45,31 dólares, pero solamente 2,81 se quedaba con el gobierno paraguayo, una vez que el restante era enviado al Brasil como pago de la deuda por la construcción. La cuestión del precio solo fue reparada tiempo después, en julio de 2011, ya en el gobierno de Fernando Lugo. Con el nuevo acuerdo, Brasil triplica lo que paga a Paraguay y el país vecino puede vender su parte de energía a otras empresas. Pero aún así, suscribió otros acuerdos de “ayuda” a Paraguay que puede redundar en más deudas.

Intervenciones militares también se llevaron a cabo en la década de 70, como en el caso de Bolivia, cuando la gente luchaba por una Asamblea Popular en 1970. Brasil ofreció ayuda a los adversarios de Juan José Torres, y eso fue decisivo en el golpe de estado, con el envío de armas a Santa Cruz de la Sierra a través de aviones brasileños. En 1971, el ejército brasileño estuvo listo a invadir Uruguay, a propósito de las elecciones y solo no hizo porque ganó el candidato de la derecha. Pese a ello, Uruguay siguió recibiendo ayuda del gobierno brasileño que entrenó a los escuadrones de la muerte que pusieron fin a los tupamaros (grupo de izquierda que luchaba por una liberación nacional). Hoy también se sabe que el gobierno de Brasil colaboró con Estados Unidos en el golpe contra Salvador Allende, en 1973. Y estos son apenas algunos de los ejemplos que muestran la colaboración con el imperio en cuanto se van configurando las bases para la explotación subimperialista. En esos tiempos, como describe Ruy Marini, la burguesía nacional ya tenía muy claro que su mejor opción –una vez que había fracasado el proyecto de un desarrollo capitalista autónomo– sería quedarse como socia secundaria del imperialismo, garantizando algunas cosas por la vía de la dominación regional. Fue una apuesta segura de la clase dominante.

A partir de los años 80, la política de expansión del capitalismo brasileño se volvió más fuerte y las empresas empezaron a efectuar crecientes inversiones en el exterior. Preparaban las bases para una dominación sistemática en casi todos los países vecinos. De la misma manera, las inversiones extranjeras en Brasil también crecían de forma preocupante, desnacionalizando muchas empresas. En los años 90, con las criminales privatizaciones llevadas a cabo por Fernando Henrique Cardoso, empresas estatales como Vale do Rio Doce y la Compañía Siderúrgica Nacional cayeran en manos privadas para, poco después, convertirse en gigantes multinacionales con tentáculos por todo el continente y aún mas allá. Una lucha titánica se libró en nuestro país para que esas empresas no fuesen entregadas a los especuladores internacionales, pero la gente fue derrotada. Y para que se tenga en cuenta el tamaño del saqueo, solamente la empresa Vale do Rio Doce (propietaria de la mayor reserva de la minería de hierro del mundo) fue vendida por 3 mil millones de dólares, y en el mismo año – ya en manos privadas - cerraba su balance con una ganancia de más de cinco mil millones. Hoy es una de las empresas que más lucra en el país, llegando a 6.452 mil millones solo en el segundo trimestre de ese año, y opera en los cinco continentes en la misma lógica de explotación laboral que cualquier otra multinacional.

Con la llegada de Luis Inácio Lula da Silva al poder, empezó también una nueva ola de internacionalización de la economía. En ese aspecto, el Banco Nacional de Desarrollo Social (BNDS) ha cumplido una misión muy específica. Trata de financiar obras de grande envergadura en los países vecinos como Perú, Ecuador y Bolivia, imponiendo a esos países compañías brasileñas como la Petrobras, Odebrech, Andrade Gutiérrez y otras. Su actuación en esos países es la misma que cualquier otra transnacional de nivel mundial, con toda su carga de problemas y conflictos con las poblaciones locales. Basta recordar lo que pasó en Bolivia con la cuestión del gas, luego de que asumió el poder Evo Morales, cuando el país vecino intentó cambiar los acuerdos que tenía con la Petrobras, con los cuales Bolivia estaba siendo desangrada. Las declaraciones de los políticos y empresarios brasileños fueran las típicas del imperio. Se hablaba incluso de guerra. También podemos apuntar la destrucción del ambiente cometidas por empresas brasileñas en Ecuador, con recurrentes conflictos con las comunidades indígenas, y la reciente cuestión que involucra al BNDS y a 63 comunidades de un Parque Nacional en Bolivia, donde el gobierno empezaba a construir una carretera que más servía a los intereses de Brasil que de Bolivia.

A decir del abogado y ex-ministro de Hidrocarburos de Bolivia, Soliz Rada, “las líneas maestras de la política bandeirante (de Brasil) no tienen freno. Brasil está promoviendo una geofagia en América Latina”. Sobre la acción de Brasil en su país, continúa señalando Solíz Rada: “Su base de sustentación está en la burguesía de San Pablo, que convirtió a Brasil en acreedor del FMI, incrementó su influencia en el Banco Mundial, privatizó un tercio de la Amazonía en favor de ganaderos y madereros, logró que IIRSA se acomode a sus intereses de infraestructura vial, compró a Francia un submarino nuclear para proteger sus reservas de gas junto al mar, para luego anular la adquisición de aviones franceses y reemplazarlos por otros de fabricación estadounidense. Ha sido sede del Foro Social Mundial, en el que expusieron sus posiciones anticapitalistas Castro, Chávez y Evo Morales, sin preocuparse que la Fundación Ford, vinculada a la CIA y que ayudó a Hitler a tomar el poder, fuera una de sus principales auspiciadoras”.

Lo que sí es cierto es que la expansión subimperialista de Brasil en América Latina sigue muy firme. Según datos del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, solo en el año de 2010, el Brasil envió –a través de las compañías “nacionales”– cerca de 11, 5 mil millones de dólares al exterior. Eso pasó porque compañías brasileñas como Vale, Gerdau, Camargo Correa, Votorantim, Petrobras e Brasken hicieran importantes adquisiciones en las industrias de la minería del hierro, acero, alimentación, cementos, químicos y refinación de petróleo, incluso en los países desarrollados.

Algunos datos importantes de las empresas brasileñas

Compañía Siderúrgica Nacional.–
Es la mayor siderúrgica de América Latina. Fue privatizada en 1993 por el presidente Itamar Franco, en medio de muchas protestas. Su venta fue un crimen de lesa-patria pues el precio pedido fue de apenas 1.200 millones. Hoy, su receta liquida, solamente en el primer semestre de 2011, sobrepasa los 8 mil millones de dólares, teniendo más de 11 mil millones de dólares en caja. Su principal fábrica produce cerca de 6 millones de toneladas de acero bruto y más de 5 millones de toneladas de laminados por año, siendo considerada una de las más productivas del mundo. Tiene fábricas en todo el país y en el exterior, incluyendo a Estados Unidos y Portugal.

Vale do Rio Doce. -
Es la mayor productora de hierro en el mundo y la segunda en la producción de níquel pero también actúa en la explotación de bauxita, manganesio aluminio, cobre y carbón. Creada en el gobierno de Getulio Vargas, era una empresa con instalaciones en 19 estados del país, operando 9 mil kilómetros de ferrocarriles, puertos y terminales marítimos. Fue privatizada en el gobierno de Fernando Henrique (1997) –en el contexto de una fuerte movilización popular en rechazo- por el valor que equivaldría a un trimestre de su receta (cerca de 3 mil millones de dólares), fue prácticamente una donación. Hace poco, en el año de 2006, incorporó la empresa canadiense INCO, la mayor del mundo en minería de níquel. La Vale tiene hoy un valor de mercado de 298 mil millones, delante incluso que la gigante IBM. La Vale emplea 119 mil personas y está presente en 38 países del mundo tales como África del Sur, Angola, Argentina, Australia, Barbados, Canadá, Chile, China, Singapur, Colombia, Corea del Sur, Emiratos Árabes, Estados Unidos, Filipinas, Francia, Gabón, Guinea, India, Indonesia, Japón, Liberia, Malasia, Malauí, Mozambique, Mongolia, Noruega, Nueva Caledonia, Omán, Paraguay, Perú, República Democrática del Congo, Reino Unido, Suiza, Zambia, Tailandia y Taiwán. Lo que pasa es que la Vale actúa en el subsuelo, así, por todas partes anda cavando huecos, sacando las riquezas nacionales. Por estar en manos privadas saquea nuestras riquezas públicas. Sus utilidades líquidas superan los 15 mil millones de dólares al año. En febrero de 2010 adquirió los activos de la empresa estadounidense Bungue Limited, dedicada a la producción de insumos agrícolas.

Odebrecht. -
Esa es una constructora que empezó su vida en 1944 como una empresa brasileña pero desde los años 80 viene expandido su actuación hacia otros países con la creación de un “holding” de capital abierto. Desde entonces, se comporta como ubna transnacional con negocios en Estados Unidos, Venezuela, Bolivia, Ecuador, Malasia, Irak, en fin, en todos los continentes. Desde los años 70 empezó a diversificar sus negocios actuando también en el sector petroquímico. Su dominio en esa área creció tremendamente en el período de la privatización del sector en el gobierno de Fernando Henrique, cuando incorporó, también a bajo costo, gran parte del patrimonio nacional. En el gobierno Lula, cuado se incrementa la producción de etanol, la empresa también decidió entrar en ese campo, creando un sector de biotecnología. Fue una marca que se consolidó a costa de la riqueza pública y hoy, en muchos países de América latina, se comporta como un monstruo que chupa las riquezas de los vecinos, como es el caso de Bolivia y Ecuador. En este último país, el presidente Correa llego a expulsar a la empresa de las tierras ecuatorianas por estar involucrada en irregularidades. En Brasil, busca comprar las conciencias actuando en el área cultural, ofreciendo premios e inversiones en arte y cultura.

Petrobrás
– Esta es una empresa que siempre estuvo ligada a la identidad nacional. Creada en el gobierno nacionalista de Getulio Vargas, en 1953, fue el móvil de la campaña “El petróleo es nuestro” que unió el país de norte al sur. Pero, con el pasar del tiempo y con la sucesión de gobiernos militares y después neoliberales, la empresa fue escapando de las manos del país. Empezó su proceso de privatización en el gobierno de Fernando Henrique (1999) y en octubre de 2010, desafortunadamente en el gobierno de Lula, efectuó la mayor capitalización en capital abierto de la historia de la humanidad: US$ 72,8 mil millones de dólares. Hoy ya no se puede más que es nacional, pese a la insistencia de los medios y hasta del gobierno. Es la cuarta mayor empresa del mundo y la segunda mayor en el continente americano, operando en 28 países con ganancias anuales que pasan de los 20 mil millones de reales (de 15 a 17 mil millones de dólares). Tiene refinerías en Argentina, Estados Unidos y Japón. Ahora, con el descubrimiento de petróleo en el pre-sal, una de las mayores reservas de petróleo del mundo, la empresa se volvió la niña de los huevos de oro de la rapacidad global. Su acción en Bolivia, cuando asumió Evo Morales y nacionalizó el gas, fue digna de las más sucias empresas privadas del mundo. Ahora, con el petróleo del pre-sal, gran parte de esa riqueza irá a manos privadas.

Gerdau –
La empresa Gerdau es líder en la producción de acero largo en las Américas y una de las mayores vendedoras de acero largo especial del mundo. Tiene 40 mil empleados y actúa en 13 países, en las tres Américas, Europa y Asia. Tiene una capacidad de producir más de 25 millones de toneladas de acero. Es la mayor recicladora del mundo, transformando millones de toneladas de basura en acero. Tiene 140 mil accionistas y opera en las bolsas de San Pablo, Nueva York y Madrid. Sus productos, comercializados en los cinco continentes, atienden a la construcción civil, industria y agropecuaria

Votorantim –
La empresa Votorantin nació como una fábrica de tejidos en 1918. Era una empresa familiar. En los años 30 empezó en la rama química y después en la de aluminio. En los 80 estaba en la rama de las papeleras y en el sector financiero creando el Banco Votorantin. Desde los años 2000 empezó su expansión internacional. Está involucrada en los sectores de metales, siderurgia, energía, cemento, papeles, etc…

El gobierno Lula

El proceso de internacionalización de esas empresas hasta entonces brasileñas, con las privatizaciones e inversiones del Estado empezaran en el gobierno de Fernando Henrique, en los años 90, pero es necesario entender que la expansión subimperialista se fortaleció con una nueva ola en el gobierno de Lula, justamente por cuenta del proceso de crecimiento económico que se ha vivido en el país, lo que parece comprobar la siempre voraz necesidad del capital de expandirse más y más. Y que también suele comprobar la teoría de Gunder Frank que decía que siempre que los países centrales están en crisis, es muy probable que algunas de sus periferias registren crecimiento. Es lo que pasa hoy.


En el año de 2006, por primera vez, las inversiones de empresas brasileñas en el exterior sobrepasaron el volumen de los capitales invertidos al interior del país. Esto se mantuvo igual en 2007 cuando se invirtió casi 30 mil millones de dólares en el exterior. Empresas como Gerdau e Vale tienen inversiones de 25 mil millones en los países de América del Sur, así como Odebrecht y Camargo Correa que buena parte de sus ganancias provienen de los países vecinos como Argentina, Chile, Bolivia, Perú, Colombia, Venezuela y Paraguay.

También el Banco Nacional de Desarrollo Económico Social (BNDES) ha actuado como importante fuente de recursos para instalaciones de empresas brasileñas en los países vecinos, y también ha efectuando préstamos para construcción de obras de infraestructura y para compra de aviones o autobuses. Hoy, prácticamente todas las grandes obras que se están haciendo en los países de América del Sur tiene la presencia de las gigantes brasileñas, que además ya ni siquiera son nacionales, sino transnacionales.

Por parte de la derecha brasileña hay muchas críticas al gobierno Lula y ahora al de Dilma, pero no en relación a la actuación de las multinacionales, que aparecen como “nacionales” a los ojos de la sociedad. Por el contrario, insaciables, quieren más y más subsidios e insisten en la necesidad de que el Estado les financien los riesgos de sus empresas y otras más, como el reciente caso del BNDES que financió la fusión de una empresa de un conocido empresario nacional, Abilio Diniz, con otra empresa francesa. El banco destinó 4 mil millones para ese negocio privado. Lo que es necesario subrayar es que los capitalistas nacionales raramente corren algún riesgo, puesto que generalmente el Estado suele resolver cualquier problema que tengan. Pero eso nos parece igual en cualquier lugar, basta mirar como el gobierno de los EEUU enfrentaran la crisis de los bancos. Lo que arrasa con la idea del estado mínimo, tan apreciada por los neoliberales.

Parte de la izquierda (¿o será la centro derecha?) que apoya la política del Estado respecto a las empresas transnacionales cree firmemente que esa acción en los países latinoamericanos es el comienzo de la integración tan soñada, que el Brasil está haciendo lo que debe hacer con sus “hermanos” latinos. Pero en nuestra evaluación, eso nos es verdad. La acción de las empresas transnacionales (vistas como brasileñas) son predadoras y muchas veces hasta criminales, como fue el caso de la actuación de las empresas brasileñas en el Ecuador. Sin contar la acción armada del propio estado brasileño con la operación en Haití, que ya lleva más de cinco años. Algunas personas prefieren creer que es una acción humanitaria, pero ¿qué humanidad puede haber en un ejército armado que actúa contra de la gente? Muchas son las denuncias de atrocidades que se comenten por allá y es el ejército brasileño quien está en el comando.

Resistencia

Pero lo que pasa es que todo eso no ocurre sin lucha. Hay una disputa entre tres modelos de desarrollo muy distintos que es, en última instancia, lo que está en juego de verdad. Uno de ellos es el del capitalismo dependiente y subimperialista, hegemonizado por la clase dominante. El segundo es el modelo trabajado desde la izquierda, que hoy propone el denominado Socialismo del Siglo XXI, que recupera los principios centrales del socialismo dialécticamente combinados con los nuevos tiempos. Y en tercer lugar está el modelo que viene de las luchas indígenas, secularmente olvidadas tanto por la derecha como por la izquierda. Según los líderes de esos levantamientos de la gente originaria, la propuesta del socialismo del siglo XX no les incluye y no considera sus demandas. La propuesta de los indígenas están consolidadas en el paradigma del “sumak Kausay”, que quiere decir bien-vivir. Este concepto que empieza a recorrer por toda Abya Yala (nombre originario de América Latina) trabaja con la idea de una armonía con la naturaleza, con la explotación sustentable de los recursos, con la vivencia de viejos principios como solidaridad, comunidad, equidad, cooperación, muchos de ellos muy alejados de las propuestas desarrollistas que existen tanto en el proyecto hegemónico cuanto en los planes de la izquierda.


Muchos otros ejemplos de la acción subimperialista se cuentan por decenas en América Latina, pero la lucha en contra también es muy fuerte, aun más que los pueblos están cambiando sus leyes, fortaleciendo sus instituciones, dando vida a un nuevo constitucionalismo, como es el caso de Ecuador, Venezuela y Bolivia. Hay un proceso revolucionario en curso hoy en Abya Yala, algo que va mucho más allá de lo que puede pensar el pensamiento progresista o el de la izquierda ortodoxa. Hay un grito comunitario y popular que empezó con fuerza en los años 90, desde Quito, Ecuador, pasando por la revolución zapatista en México, llegando a Bolivia con las guerras de la agua y del gas. Todas esas luchas fueran y son en contra de la acción predadora de las multinacionales y de los gobiernos títeres del imperio. Ahora, lo que pasa es que esa marcha del pueblo en lucha ya no puede parar.

Y esto se vuelve aún más fuerte con la acción popular insurgente en Europa y Estados Unidos, espacios hasta entonces “domesticados” por la idea del bienestar social. Eso ya no hay. E incluso en las regiones que aparecían como el centro del capitalismo ya se pueden percibir los abismos. Eso hace con que la gente se levante en rebelión contra el sistema que los oprime: el capitalismo. Así que todo está en abierto… ¡y todo puede cambiar!...

Elaine Tavares es periodista del Instituto de Estudios Latinoamericanos

Fuente: http://alainet.org/active/51549

viernes, 23 de diciembre de 2011

Claudio Katz: El ajedrez global de la crisis

22-12-2011





Una nueva fase recesiva de la crisis iniciada en el 2007 se vislumbra en las economías desarrolladas. El rebote logrado con desembolsos estatales se está agotando y la próxima recaída incluirá un alto piso de desempleo. Sólo para retomar el nivel de ocupación vigente al comienzo del temblor se necesitarían crear en el mundo 17 millones de puestos de trabajo y las tesorerías están exhaustas por el socorro brindado a los bancos.

En el debut de la convulsión hubo dos interpretaciones económicas predominantes. Los neoliberales subrayaron la culpabilidad de los deudores, que tomaron préstamos sin capacidad de repago y la irresponsabilidad de los Estados, que asumieron pasivos inmanejables. Los keynesianos remarcaron, en cambio, la falta de regulación financiera y los excesos de especulación. También subrayaron el deterioro de la demanda solvente por el estancamiento de los salarios y la polarización social. Ambas corrientes enfatizaron distintos desaciertos de la política económica que condujo al colapso actual.

Pero esta atención inicial en el origen de la crisis se ha desplazado posteriormente hacia otro problema: el impacto regional diferenciado de la convulsión y los consiguientes cambios en el tablero geopolítico. Esta mirada realza el viraje hacia la multipolaridad, la pérdida de hegemonía estadounidense, al ascenso de China y la gravitación de las economías emergentes.
¿Cómo se desenvuelve la crisis económica en cada región? ¿Cuáles son las estrategias en juego de las clases dominantes? ¿Qué tipo escenarios están despuntando a nivel global?

FRACTURA DE LA ECONOMIA ESTADOUNIDENSE

El desplome inmobiliario desató la crisis en Estados Unidos, cuando los deudores insolventes (subprime) no pudieron afrontar el pago de sus cuotas. Los bancos afrontaron un gran bache de cobranza frente a 11 millones de viviendas valuadas por debajo de sus hipotecas y un quinto de los propietarios asfixiados por créditos impagables.

Posteriormente salió a flote el mismo endeudamiento en otros terrenos. Las familias soportan pasivos equivalentes al 112% de sus ingresos y obligaciones financieras 37% superiores a la década pasada. Toda la cadena de financiación está afectada por una morosidad que induce a los bancos a retacear los préstamos y a crear un círculo vicioso de recesión y mayor fragilidad financiera.
Los economistas ortodoxos acusan a los deudores y sus adversarios a los bancos. Pero ambos olvidan que la bola de nieve de consumos financiados sin respaldo se arrastra desde hace varias décadas, como consecuencia de la reorganización capitalista que impuso la mundialización neoliberal. Esta transformación introdujo un deterioro en las condiciones laborales (precarización, estancamiento de los salarios, segmentación de las calificaciones), que retrajo los ingresos populares e impulsó a mantener el consumo con el auxilio crediticio.

Con grandes préstamos a las familias se sostuvo la demanda frente a un desempleo que ya bordea los dos dígitos, una pobreza que afecta al 15% de la población, sueldos retraídos al nivel vigente hace 15 años y una concentración escandalosa de la riqueza [2] .

La reestructuración neoliberal también incluyó una significativa deslocalización de las firmas, que lucran en el exterior con menores costos salariales acentuando la pérdida de puestos de trabajo. Las empresas estadounidenses crean fuera del país, los empleos que destruyen internamente y por esta razón, la recesión local coexiste con el aumento de las utilidades foráneas que obtienen las principales 500 firmas [3]

En las últimas décadas el enorme consumo norteamericano persistió sobre endebles cimientos de endeudamiento, en un contexto de regresión industrial interna, aumento de la explotación, déficit comercial y emigración de firmas. Este crítico escenario fue un resultado de la presión competitiva que impuso el neoliberalismo.
Los desequilibrios generados por esta remodelación salieron a flote con el estallido de la deuda hipotecaria. Pero la magnitud de los desajustes se tornó visible a partir de la bancarrota de Lehman Brothers (2008) y la erosión de todo el sistema financiero (2009).
El socorro posterior ha creado finalmente la actual pesadilla de insolvencia fiscal y bancaria, que hace temblar a los mercados. Las entidades permanecen en terapia intensiva y la deuda estatal se elevó del 62 % (2007) al 100% del PBI (2011) [4]
El gobierno gestiona el agujero fiscal sin ninguna coherencia. Un día acepta la presión de los republicanos para recortar el gasto y a la jornada siguiente lanza un programa de inversión con grandes recortes fiscales. Obama está paralizado entre la presión de la derecha que copó el Congreso y un electorado que sigue esperando el cumplimiento de sus promesas.

REACCION EXTERNA NORTEAMERICANA

Estados Unidos ha intentado ordenar la gestión global de la crisis, mediante la organización del G 20 y la intervención conjunta de los Bancos Centrales. Pero desenvuelve, además, varias estrategias utilizando sus principales instrumentos económicos.
El primer recurso es el dólar que concentra el 85% de las transacciones en divisas, el 65% del comercio global y un porcentaje semejante de las reservas mundiales. Este signo nomina la mitad de la deuda internacional y el grueso de las operaciones con petróleo o materias primas.

El dólar ha perdido el reinado indiscutible que tenía en la posguerra, pero mantiene su primacía ante la ausencia de reemplazo. El euro no logró la influencia requerida para actuar como moneda global, el yen ha perdido influencia y el yuan no se ha internacionalizado como signo convertible.
Esta carencia de sustituto le permite al dólar mantener una intervención predominante, que podría anticipar la futura convivencia de tres monedas (dólar, euro, yuan), el retorno a los tipos de cambio fijo o la negociación de una nueva canasta de varios signos [5] .
En cualquiera de estas alternativas el dólar podría mantener la incidencia que ha conservado desde su in-convertibilidad, en sucesivas etapas de revalorización y desvalorización de su cotización. El margen para administrar tipos de cambios altos (que atraigan capitales) y bajos (que fomenten las exportaciones) se ha estrechado, pero no ha desaparecido.

La influencia norteamericana es también significativa en la reforma del sistema financiero mundial (Basilea III). Este cambio se tramita para incrementar el patrimonio de los bancos, mediante negociaciones sobre el monto que deberían aportar las entidades. También se discute como regular los nuevos mecanismos de especulación (derivados, CDS, Hedge Funds) y las operaciones financieras que las empresas desenvuelven en forma directa.
La internacionalización de las finanzas y la interconexión de las Bolsas tornan imperioso este ajuste normativo, que se procesa a través de una reorganización previa de las entidades norteamericanas. Un reconocido jefe del clan bancario (Paul Volcker) está comandando esa remodelación.
Wall Street actúa en este terreno en estrecha sociedad con la City Londinense. Ambas comparten el manejo de las cúspides financieras y pretenden restringir todas las regulaciones al mínimo compatible con sus negocios.

Los próceres del neoliberalismo (Greenspan y Bernanke) se encuentran a la defensiva para comandar esta reorganización. Ya no ponderan en público la eficiencia suprema de los mercados para auto-contener las burbujas. Pero sus oponentes keynesianos (como William Dudley), tampoco logran apoyo para implementar un mayor control previo de las oleadas especulativas. En ambas variantes la dirección de los cambios se define en Estados Unidos [6] .
La influencia norteamericana es también decisiva dentro del FMI. A pesar de las crecientes atribuciones obtenidas por los nuevos participantes del Fondo, Washington marca la pauta del organismo. En los últimos cónclaves del G 20 logró duplicar los fondos de la entidad, otorgarle mayores facultades como auditora y asignarle crecientes potestades de intervención nacional.
El FMI define actualmente en Europa las sanciones contra cualquier obstrucción del apriete. Suspendió créditos a Ucrania cuando se dispusieron aumentos del salario mínimo, impuso la reducción de los sueldos en Letonia, exigió privatizaciones en Grecia y objetó el referéndum de Islandia contra los acreedores. Ya no actúa sólo en las economías menores, sino que supervisa el rescate de Italia [7] .

Partiendo de estas acciones el establishment norteamericano evalúa estrategias de salida de la crisis, tanteando las opciones inflacionistas. Desde el 2008 la Reserva Federal (FED) inyectó 2 billones de dólares, mediante políticas ultra-expansivas (conocidas como “relajamiento cuantitativo”). Instrumentó emisiones monetarias que inundan de dólares el planeta y facilitan la exportación de los desequilibrios estadounidenses. Esta política apunta a licuar la deuda pública con inflación, repitiendo un mecanismo ya utilizado por Estados Unidos para achicar sus pasivos estatales, empapelando al resto del mundo.
Pero esta reiteración presenta mayores dificultades, no sólo por la resistencia que oponen los economistas ortodoxos. La reducción inflacionaria de la deuda se consumó en el pasado en contextos de alto crecimiento, que permitían achicar la proporción total de esa carga en comparación al PBI. Nadie avizora esos escenarios de prosperidad en los próximos años [8] .

EL DESCALABRO EUROPEO

Muchos analistas europeos caracterizaron inicialmente la crisis del Viejo Continente como un simple eco del temblor norteamericano. Pero esa visión quedó desmentida por la impresionante dimensión del tsunami europeo [9] .
La magnitud de ese desplome se explica por los desequilibrios específicos que generó la formación de la Unión Europea (27 países) y la Eurozona (17 naciones). Ambas iniciativas buscaron amoldar la región a las reglas neoliberales de la competitividad global, sustituyendo la antigua diversidad de economías por un bloque liderado por la locomotora alemana y la diplomacia francesa.

El comando económico germano se consolidó con la anexión del territorio oriental (ex RDA). Las clases dominantes utilizaron el poderío tecnológico y la alta productividad de la industria, para reforzar la disciplina salarial y transformar al país en la gran potencia exportadora de la zona euro.
Pero la crisis actual ha demostrado el carácter inacabado de ese bloque. La moneda común fue introducida para asegurar la colocación de los excedentes germanos, mientras se posponía la organización del presupuesto y la fiscalidad compartida. Esa carencia ha sido letal. La ausencia de instituciones estatales comunes para respaldar el signo monetario socavó la cohesión del proyecto y potenció la heterogeneidad de la comunidad. En lugar de consolidar la estructura en gestación acrecentó la distancia que separa a las economías pujantes de los países rezagados.

Inicialmente se esperaba acortar esas brechas mediante el desarrollo de un mercado compartido y la instrumentación de transferencias hacia las zonas relegadas. Pero terminó prevaleciendo un proceso inverso, de sistemática pérdida de posiciones de los países con mayores tasas inflación y menores índices de productividad. Esta fractura condujo a desequilibrios comerciales que fueron compensados con endeudamiento. Al final, sobrevino el pase de facturas de las economías excedentarias (Alemania, Holanda, Austria) a los países deficitarios (Grecia, Portugal, Irlanda) [10]

El endeudamiento público y el quebranto de los bancos acentuaron esta brecha entre el centro y la periferia de la Eurozona. Primero colapsaron las pequeñas economías agobiadas por el desbalance comercial (Grecia), la inversión extranjera sesgada (Irlanda) y la financiación foránea especulativa (Islandia, Chipre). Luego el desplome fiscal se expandió a Italia (tercer país la zona) y ahora amenaza a España (que afronta una enorme morosidad hipotecaria).
Todos los bancos tienen repletas sus carteras de títulos públicos insolventes. Las frágiles entidades de Grecia, Irlanda o Islandia ya colapsaron y hay pavor por la situación de grandes instituciones de Francia, Alemania, Austria o Italia. Las transacciones inter-bancarias se han encogido, crece el temor por la toxicidad de los balances y hay salidas de fondos hacia lugares más seguros [11] .

LA ESTRATEGIA GERMANA

Alemania no puede intentar las respuestas globales que tantea Estados Unidos. Carece de los recursos imperiales que conserva la primera potencia y ha optado por una estrategia deflacionaria defensiva, que ese ubica en las antípodas de la opción inflacionaria norteamericana. Mientras que la FED ha impulsado reducciones sistemáticas de las tasas de interés, el Banco Central Europeo (BCE) ha encarecido el costo del dinero.

Frecuentemente se explica esta diferencia por un cruce de tradiciones. La memoria de Weimar es contrastada con el recuerdo del New Deal. Este contrapunto entre temores europeos a la hiperinflación y recuerdos norteamericanos de la Gran Depresión ilustra la brecha de influencia que existe entre ambos países, en la gestión internacional de la crisis [12] .
Alemania actúa a nivel europeo con una política de atropello para descargar sobre los trabajadores el costo de la crisis. Esta embestida no implica un ajuste más. Supone demoler el estado de bienestar construido desde la posguerra y barrer con conquistas sociales nunca alcanzadas por los asalariados de otros continentes. Las tasas de desempleo europeo ya promedian el 20 % y bajo el impacto de la precarización laboral, la pobreza se ha extendido a un cuarto de la población [13] .

El otro cimiento de la política germana es el apriete fiscal para sostener el euro. En los últimos meses la continuidad de este signo quedó en la cornisa y se ha especulado con su reorganización, fractura o desaparición. Pero esa moneda ha sido la llave de un dominio exportador alemán basado en la unificación de los mercados y la eliminación de las barreras proteccionistas.
Para preservar el euro se impuso la suscripción del reciente pacto fiscal. Se fija un plazo para restaurar reglas de déficit y deuda pública, con sanciones automáticas para los países que violen esos límites. Tendrán que incorporar ese principio presupuestario como una norma constitucional y someterse al control de cortes supra-nacionales. Estos poderes supervisarán el gasto, imponiendo recortes en cualquier momento del año y colocando a los pueblos entre la espada y la pared. Quienes incumplan el cronograma serán automáticamente excluidos de la Eurozona.

Este endurecimiento es congruente con la estrategia alemana de reforzar su patrón exportador sin emitir dinero. Busca afianzar el rol de la periferia europea como proveedora de insumos a costos decrecientes. La poda de los salarios griegos, la pulverización de la seguridad social irlandesa y el generalizado aumento de la edad de jubilación anticipan las consecuencias de esta reorganización [14] .
Alemania impone esta estrategia deflacionaria, vetando todas las iniciativas financieras que amenazan su competitividad. Bloqueó la creación de los Eurobonos y la mutualización de las deudas. Obstruyó la ampliación del fondo de rescate bancario (FEEF- MEE), impidió la compra de bonos en los mercados secundarios y reforzó las prohibiciones de financiamiento directo del BCE a los estados.

Este rigor no implica abandonar a los bancos en quiebra. Alemania aprueba el auxilio, pero buscando preservar su potencial industrial. No renuncia a la financiación futura de la Eurozona con los mecanismos federales que rigen en Estados Unidos, pero quiere garantizar su control fiscal previo. Aceleró esta supervisión ante la vulnerabilidad de los bancos y la imposibilidad de de repetir la paulatina absorción de acreencias, que implementó por ejemplo Estados Unidos hace dos décadas, frente a las acreencias latinoamericanas [15] .
Pero el nuevo cuadro fiscal abre otra gama de conflictos en las cúpulas de la Unión Europea (UE). Gran Bretaña rechazó el pacto franco-alemán y decidió mantenerse al margen para proteger la autonomía de la City. Objetó someter sus bancos a la supervisión de Bruselas y no consiguió el poder de veto para resguardar sus negocios. A los capitalistas ingleses les interesa participar en el mercado continental, pero preservando la internacionalización de sus finanzas.

La alianza Merkel-Sarkozy emergió como ganadora del reciente round, pero sólo el tiempo permitirá evaluar la consistencia de esa victoria. La crisis devora los liderazgos políticos y cada elección consagra algún castigo al gobernante de turno. Esta sanción afecta por igual a los socialdemócratas (Irlanda, Portugal, España) y a los conservadores (Francia, Italia, Alemania) [16] .

INTERROGANTES SOBRE CHINA

El continuado crecimiento de China a tasas del 9-10% anual constituye una importante novedad de la crisis en curso. En la última década las exportaciones del gigante oriental se multiplicaron a un ritmo desenfrenado. China captura recursos naturales en África, afianza los intercambios comerciales con América Latina y ya destronó a Japón como segunda economía del mundo.
Este avance confirma la profundidad de los cambios registrados durante la etapa neoliberal. China se integró a la mundialización utilizando la baratura de su fuerza de trabajo, sin repetir la vieja trayectoria de debut proteccionista, gestación de una burguesía nacional y despliegue de rivalidades internacionales. Se insertó directamente en la acumulación global del capitalismo.
Al comienzo de la crisis muchos economistas suponían que el crecimiento chino contrarrestaría la retracción de las economías avanzadas. En los hechos se registró tan sólo un contrapeso parcial. El gigante asiático ha sostenido financieramente a Estados Unidos y a Europa en los picos de la crisis, para asegurar la continuidad de sus ventas externas, preservando la demanda interna y motorizando la adquisición internacional de materias primas. Con estas acciones frenó la depresión general y acotó el alcance geográfico de la recesión, aunque sin reemplazar a las locomotoras del mundo desarrollado. ¿Mantendrá este rol?

Quiénes apuestan a esa continuidad esperan un fuerte auxilio del yuan al Viejo Continente, mediante enormes adquisiciones de títulos públicos nominados en euros. Pero China ya compró grandes sumas de la deuda italiana, española o portuguesa y tiene un cuarto de sus reservas en esa moneda. El incremento de esas adquisiciones suscita divergencias en la dirigencia oriental.
El sector más asociado con negocios globales (“elite de la costa”) acepta participar en el nuevo rescate, a cambio de fuertes contrapartidas. Busca aminorar las sanciones por dumping, obtener el status de “economía de mercado” e ingresar en la inversión de la infraestructura europea.
Esta fracción también intenta posicionar a China en el futuro diseño de una moneda mundial. Por eso reclama que una porción de cualquier auxilio quede nominado en yuanes. Pero esa inserción monetaria también valorizaría el tipo de cambio y deterioraría el modelo exportador. China ha resistido numerosas presiones para revaluar el yuan y no aceptó las exigencias, que en la década pasada Estados Unidos le impuso a Japón. Sin embargo, la propia internacionalización del yuan podría generar ese debilitamiento de la autonomía que mantiene la principal economía asiática [17] .

Los fondos de inversión chinos han participado activamente en el sostén del dólar y los bonos del tesoro. Compraron acciones de General Motors y porciones del banco Morgan Stanley. Pero otra escala de estas adquisiciones (especialmente en Europa) introduciría al país en una riesgosa política imperial. Para defender lo obtenido en el extranjero se necesita una presencia geopolítica que la dirigencia china rehúye.

Por esta razón muchos sectores de la conducción (“elite del interior”). Cuestionan el desmedido aumento de las inversiones foráneas y destacan la necesidad de incrementar primero la bajísima proporción del consumo interno en el producto total. La oleada de internautas que objetó el reciente financiamiento del Viejo Continente refleja esta preocupación. Conviene recordar que el ingreso per capita de los chinos es aún 10 veces inferior al promedio de los europeos.
El dilema de sostener el modelo exportador o procesar un giro hacia el consumo interno persiste sin resolución. Existe una fuerte presión para apuntalar el segundo curso, pero sin resultados significativos. Este giro no se consuma, ante la magnitud de los desequilibrios que podría desatar.
Para aumentar sustancialmente el poder adquisitivo interno habría que subir el salario e introducir prestaciones sociales generalizadas. Estas medidas chocarían con el costo laboral reducido que permitió el ascenso capitalista del país. Un anticipo de este problema se observa en las corrientes de inversión, que fluyen hacia las economías asiáticas con sueldos inferiores a China.

El curso económico a seguir está sujeto a múltiples tensiones. La burbuja inmobiliaria es el desequilibrio más inmediato. En las 30 principales ciudades los precios de las viviendas subieron 50% en los últimos dos años, repitiendo el ciclo de endeudamiento dudoso que afectó a Estados Unidos y España. Como el 25% de la economía está vinculada a la construcción, una brusca reversión de esa valorización podría afectar al PBI.
También existen graves problemas financieros. Aunque el estado mantiene el control del crédito se ha gestado un enorme mercado de préstanos clandestinos, que solventa el consumo de la clase media y la oscura administración de los gobiernos locales. Estos desajustes explican la inflación, que durante la década pasada osciló en torno al 2% anual y actualmente ha trepado al 6,2%.
La inestabilidad de los negocios también obedece a la magnitud de los beneficios acumulados por los segmentos privilegiados. Los ingresos del 10% más rico de la población son 23 veces más elevados que el 10% más pobre y la crema de los ejecutivos percibe salarios 128 veces superiores al promedio general [18] .
Esta fractura social coexiste con problemas estructurales de sobre-inversión, que ya alcanzó una tasa anual del 45% del PBI. Este ritmo de actividad exige abrir nuevos mercados en un escenario internacional recesivo, mientras se acrecientan los peligros de un descontrol ecológico.
Nadie sabe como impactará la recaída de la economía global sobre China. Algunos economistas estiman que ese efecto será digerible (Stiglitz) y otros pronostican duras consecuencias (Roubini). Pero todos coinciden en la centralidad de este dato para el devenir inmediato de la coyuntura mundial [19] .

BRICS, EAGLES Y EMERGENTES

No sólo China ha podido sustraerse de la crisis global. También un grupo de economías intermedias (denominadas emergentes, ascendentes o BRICS) ha logrado capear el temporal. Este núcleo de países conforma el conglomerado semiperiférico actual de la estratificación mundial.
Este sector mantuvo su crecimiento el año pasado, incrementó significativamente la tasa de inversión y aumentó su participación en el PBI global. Si estas tendencias perduran, la localización de la producción y el empleo sufrirá un importante desplazamiento en el próximo período. Estos cambios son congruentes con la nueva división internacional del trabajo que privilegia la región asiática.

Las economías ascendentes son las niñas mimadas del capitalismo. Reciben elogios del FMI y fueron las estrellas de los últimos foros empresarios de Davos. Los nuevos multimillonarios de China, Rusia o India se integran rápidamente al club de los poderosos.
Otro indicador de las modificaciones en curso es la distribución de las reservas mundiales. Estos reaseguros suman 6,5 billones dólares en las economías ascendentes y sólo 3,2 billones de los países del Norte. El endeudamiento externo del primer grupo ha caído y algunos integrantes de esa membrecía ya son acreedores. En el otro polo ha irrumpido la nueva categoría de “Países Ricos Altamente Endeudados”.

Pero es muy frecuente extraer conclusiones engañosas de estas mutaciones. La principal confusión surge de la indiscriminada clasificación de todo el grupo ascendente, en un mismo rubro de BRIC. Esta denominación (Brasil, Rusia, India, China) fue primero extendida a BRICS (con Sudáfrica) y luego a BRIIC-K (con Indonesia y Corea). Otra ampliación reciente habla de EAGLES (con México, Egipto, Taiwán y Turquía) [20] .
Los creadores de estas marcas son operadores bancarios (Goldman Sachs, BBVA) que incluyen o excluyen a los países de su lista, en función de las oportunidades de inversión financiera. El carácter coyuntural de esta evaluación salta a la vista. Pero su principal inconveniente radica en equiparar bajo una misma sombrilla, a un país que avanza hacia un status de potencia central (China), con economías intermedias de incierta evolución.

La distancia que mantiene el gigante asiático con cualquiera de sus seguidores es abismal en cualquier terreno de la producción, las exportaciones o las reservas. Esta brecha es particularmente visible frente a otra economía de gran crecimiento reciente (India) o en comparación a un vecino que precedió al avance chino y se estancó frente a esa irrupción (Corea del Sur) [21] .
Al ubicar a todo el grupo en la misma canasta se olvida que muchos países del pelotón han ascendido como proveedores de los insumos básicos demandados por China. Más que impulsar el crecimiento global, estas economías han sido arrastradas por ese avance. Es importante también notar la línea divisoria que separa a los protagonistas de un desarrollo industrial de los actores que se expanden por el repunte de la renta petrolera (Rusia) o agrícola (Brasil). Estas diferencias definen grados de consistencia muy disímiles del crecimiento.
Las distinciones entre los emergentes presentan contornos más categóricos en el plano geopolítico. La autonomía de las políticas imperiales que tienen Rusia o China, no se extiende a la India, Brasil o Sudáfrica. Estos países mantienen estrechos vínculos de asociación o dependencia con las potencias que regulan el orden mundial. Por esta razón, el propio funcionamiento de los BRICS no ha incluido la adopción de estrategias comunes.
Es cierto que la mayor estabilidad política de todo el grupo contrasta coyunturalmente con el generalizado desarreglo que impera en las potencias centrales. Pero tampoco este rasgo determina patrones de acción internacional conjunta.

Las nuevas alianzas Sur-Sur en desmedro de las viejas conexiones con los centros metropolitanos presentan un alcance limitado y no anticipan la “segunda globalización” comandada por los emergentes que pronostican algunos analistas. Hasta ahora el dato más relevante ha sido la integración de los emergentes al G 20, para ampliar el sostén del capitalismo en crisis [22] .

LOS PADECIMIENTOS DE LA PERIFERIA

El alivio de los países intermedios no se extiende al resto de la periferia. La crisis golpea nuevamente con mayor virulencia a las economías más empobrecidas, reiterando una norma de las convulsiones capitalistas. Este impacto se verifica en cualquier terreno del empleo o los ingresos. Los emigrantes enfrentan mayores obstáculos para ingresar al Primer Mundo, las remesas se recortan y las oleadas de refugiados se multiplican.
Mientras la prensa sólo habla de economías centrales y emergentes, la inmensa mayoría de los países se encuentra fuera del G 20, soportando el drama cotidiano de la miseria. Allí se localizan los 2050 millones de personas sin acceso a la sanidad básica y los 884 millones carentes de servicios de agua potable.
Pero lo más novedoso del tsunami actual es la convergencia de estos sufrimientos con una tragedia de hambre. El aumento de los precios de los alimentos que precedió a la crisis no fue revertido por la recesión y en muchas zonas se acentúa el drama de la desnutrición. En Somalia, por ejemplo, ya se observan todos los síntomas de una catástrofe alimentaria.
La cifra total de hambrientos se ubica en torno a los 1020 millones de personas, pero la amenaza se extiende a los 2.500 millones que subsisten en condiciones de pobreza. Este flagelo aumenta al compás del encarecimiento de los cereales, que obedece a la consolidación de un esquema neoliberal de agricultura exportadora, que destruye la pequeña propiedad, aniquila el abastecimiento local tradicional, generaliza la desposesión de los campesinos y multiplica la emigración rural.

Esta reorganización capitalista del agro determina la falta de comida que agobia a una sexta parte de la humanidad, cuando la producción total alcanzaría para satisfacer esa nutrición. El reinado de la rentabilidad y el manejo oligopólico del comercio agrícola por parte de un puñado de transnacionales (ADM, Bunge, Cargill y Dreyfus) potencian la tragedia del hambre.
Las expectativas de atenuar el problema por el efecto deflacionario de la desaceleración económica global no se están cumpliendo. El ascenso de los precios alimenticios que comenzó en 2003 persiste sin grandes modificaciones.
Muchos autores estiman que ese comportamiento alcista obedece a la formación otra burbuja. Especular con los precios a futuro de los cereales se ha convertido en una operación muy redituable. Permite canalizar los excedentes de liquidez que genera la pérdida de oportunidades de inversión en los países desarrollados [23] .

Otros analistas consideran que el encarecimiento de los alimentos es un problema más estructural y derivado de la creciente demanda ejercida por los nuevos consumidores asiáticos. También destacan la presencia de costos crecientes de producción y productividades declinantes en el sector agrícola [24] .
Ambos enfoques subrayan explicaciones complementarias (de corto y largo plazo) del mismo fenómeno. Pero en cualquier caso, las maniobras financieras y las brechas estructurales entre la oferta y la demanda presagian el agravamiento de la crisis alimentaria, que auguran todos los expertos de la FAO.
Este padecimiento se intensificará además por las presiones d el agro-negocio, que bloquea en los cónclaves del G 20 cualquier regulación internacional de los precios. En ese ámbito actúan los países que producen el 77% de los cereales y manejan el 80% del comercio agrícola. El hambre de los desamparados aporta un buen negocio para varios integrantes de esa asociación.

MUILTIPOLARIDAD Y HEGEMONÍA

La diversidad de situaciones regionales que rodea a la crisis actual ha generalizado las predicciones de un viraje hacia la multipolaridad. Este contexto es diferenciado de la bipolaridad de posguerra (Estados Unidos versus la URSS) y de la unipolaridad de los años 90 (supremacía norteamericana). La declinación estadounidense es asociada al avance de China y los emergentes. Algunos enfoques también resaltan el agotamiento del neoliberalismo y pronostican un crecimiento desarrollista de la periferia, asentado en la intervención estatal y el intercambio entre las economías del Sur [25] .
Pero estas miradas omiten las significativas continuidades que vinculan al actual período con su precedente. La multipolaridad podría modificar las relaciones de poder entre las potencias, pero no altera los pilares de la mundialización neoliberal. El protagonismo de las empresas transnacionales persiste, junto a la competencia global por lucrar con la explotación de la fuerza de trabajo .
Esta internacionalización del capital determina, además, la continuidad del libre comercio y los flujos financieros transfronterizos. A diferencia de lo ocurrido durante la entre-guerra, la multipolaridad actual no anticipa el surgimiento de bloques proteccionistas, dispuestos a batallar por la conquista de los mercados a través de la guerra .
El estancamiento del centro determina efectivamente una mayor interacción entre las economías intermedias. Pero estos enlaces se desenvuelven en estrecha asociación con empresas del Primer Mundo. Esta colaboración no es un imperativo tecnológico, ni obedece a necesidades de financiación. Las burguesías emergentes ampliaron su radio de acción junto al capital extranjero y continúan reforzando esos vínculos.

Sus estrategias no incluyen propósitos antiimperialistas o iniciativas de “No Alineados”. Tampoco incentivan planificaciones para-mercantiles del comercio (Comecon) o proyectos de solidaridad (Bandung). Actúan siguiendo criterios de rentabilidad, que tienden a recrear los viejos desniveles de la relación centro-periferia- semi-periferia.
La mundialización ha modificado los patrones geográficos de esos lazos. Ya no se requiere cercanía territorial entre las economías dominantes y sus abastecedores de insumos. Las relaciones de dependencia comienzan a desbordar su radio tradicional.
Resulta imposible predecir el ordenamiento final de esta mutación, pero es evidente que no saldrán airosos todos los jugadores. La acumulación exige equilibrar los avances de un polo con las pérdidas del segmento opuesto. Si una región prospera otra debe decaer, para que el enriquecimiento de los capitalistas ganadores sea solventado por la población de las zonas perdedoras.

La multipolaridad no altera este principio selectivo del desarrollo burgués. El capitalismo excluye crecimientos compartidos en el largo plazo o eliminaciones progresivas de todas las desigualdades socio-regionales. Los admiradores del nuevo escenario ignoran esta extensión de brechas de distinto signo.
Frecuentemente visualizan a la multipolaridad como un cambio de hegemonía política a favor de China y en desmedro de Estados Unidos. Pero nunca aclaran qué significado le asignan al concepto de hegemonía. Esta noción puede ser identificada con la supremacía imperial o con formas de gestión consensuadas opuestas a la coerción bélica. En el primer caso se sugiere que el expansionismo chino reemplazaría al dominador estadounidense. En la segunda variante se supone que esa sustitución será pacífica y resultante de una avasalladora primacía económica. Los desaciertos de ambas hipótesis saltan a la vista

Desde la posguerra Estados Unidos ha ejercido una explícita dirección imperialista. Actúa como garante militar de la reproducción de capital y brinda protección a todas las clases dominantes, frente a la insurgencia popular y la inestabilidad del sistema. Los dirigentes chinos no se imaginan a sí mismos cumpliendo ese rol, en ningún momento del futuro.

Quiénes suponen que la sustitución coercitiva será innecesaria por el simple efecto de la pujanza económica oriental, no explican cómo funcionaría el capitalismo global sin garantes militares de ninguna especie. Esta visión olvida que un sistema de competencia por beneficios surgidos de la explotación, no puede desenvolverse sin el uso de la fuerza.
La identificación de la multipolaridad con el repliegue bélico de Estados Unidos o sus socios europeos es una hipótesis ingenua. En cualquier “des-occidentalización” de la economía mundial, el gendarme norteamericano continuará supervisando invasiones, ocupaciones y matanzas. Ciertamente la primera potencia ya no actúa con la omnipotencia de los años 90, pero dirige la OTAN, concentra la mitad del gasto bélico mundial y mantiene una estrecha asociación con todos los países que alineó durante la guerra fría.

Los principales integrantes de esa alianza no suelen quebrantar esta familiaridad cuando expanden su poder económico. La invariable lealtad de las burguesías petroleras del Golfo al liderazgo norteamericano es un ejemplo de esa actitud. El sometimiento de Japón es más sintomático, puesto que no ha buscado caminos de autonomía político-militar para contrarrestar su estancamiento. La regresión económica nipona se profundiza con el endeudamiento público más elevado del mundo desarrollado y con el fracaso de los planes pos-terremoto de reactivación [26] .

El rol central de Estados Unidos se ha verificado nuevamente en la ampliación del G 7, la cooptación de los países intermedios y el resurgimiento de FMI para preservar el orden imperial vigente . El gendarme global utilizará también su poder para intentar la recuperación del terreno que ha perdido. Ya insinúa formas de presión sobre su rival chino con maniobras navales en Corea del Sur, ejercicios en Mongolia e instalaciones bélicas en Australia. Incluso tantea la reacción de su oponente en los litigios con Taiwán, las disputas con la India y la resolución del status de Tíbet. Pero estas tensiones no quebrantaron hasta ahora el marco asociativo vigente con China desde hace varias décadas.

También el gigante asiático ha jerarquizado la solidaridad capitalista. En lugar de propiciar la caída de los bancos occidentales socorrió a los quebrados. En el reciente desplome europeo reforzó incluso su convergencia con el FMI y ha condicionado los préstamos futuros a las auditorias del Fondo. Esta integración refuerza la hostilidad de los dirigentes chinos frente a cualquier protesta local o internacional contra el neoliberalismo [27] .

NEOLIBERALES Y KEYNESIANOS

El debate económico sobre la crisis continúa centrado en la oposición entre visiones ortodoxas y heterodoxas. Los neoliberales atribuyen la crisis a la “irresponsabilidad fiscal” y despotrican contra los gobiernos que despilfarraron dinero en gastos improductivos. Pero omiten recordar que estos desembolsos sostuvieron inicialmente la expansión de las economías industrializadas y que el descontrol posterior obedeció al rescate de los bancos. Antes del 2007 había, por ejemplo, en Europa superávit fiscal en la mayoría de los países.
El discurso neoliberal oculta este auxilio y atribuye el descalabro actual a “los pueblos que vivieron por encima de sus posibilidades”, como si fuera un pecado mejorar el nivel de vida. Tampoco explica por qué razón se exime a los acaudalados de cualquier sacrificio. El carácter duradero de la crisis es incluso utilizado para justificar los atropellos. Ya nadie presenta la flexibilización laboral como un pasaporte a la prosperidad. Hay que apretarse el cinturón como una necesidad de supervivencia [28] .

En Estados Unidos los mismos argumentos son esgrimidos por los republicanos para exigir mayores reducciones del gasto social, manteniendo los privilegios de los banqueros, el gasto militar y las rebajas impositivas a los ricos. Reclaman fijar un estricto techo al endeudamiento supervisado por los popes del establishment y eluden mencionar que el socorro otorgado a los financistas contradice todos los principios del libre-mercado.
Los keynesianos estiman, en cambio, que la crisis obedece a la persistencia de la desregulación financiera y a la contracción de la demanda. Por eso Krugman propone gravar a los acaudalados, relanzar la inversión pública y recomponer los ingresos. En la misma sintonía, Stiglitz convoca a condonar las hipotecas y a penalizar a los bancos [29] .

Estos autores ilustran acertadamente como el descontrol del riesgo, los malabarismos contables, los títulos empaquetados y las operaciones con derivados desencadenaron el tsunami actual. Pero omiten registrar que ese des-manejo irrumpió por la propia competencia que impone el capitalismo en la gestión del crédito. Lo mismo ocurre con el endeudamiento familiar y la exclusión social, que no irrumpieron sólo como consecuencia de errores en la política económica.

Los teóricos heterodoxos olvidan que la propia acumulación genera divorcios entre el consumo y la producción, junto a incrementos de la productividad desgajados del poder compra. Estas contradicciones fueron exacerbadas por la rivalidad que introdujo a escala global la mundialización neoliberal.
Los economistas keynesianos estiman que resulta igualmente factible atenuar estos desequilibrios, a través de un reparto equitativo de la crisis. Proponen una distribución pareja de las pérdidas financieras entre deudores y acreedores. Pero basta observar la reacción que tuvieron los banqueros ante una quita de las acreencias griegas, para notar cuán dura sería esa batalla. Ese anuncio desató una tormenta entre las calificadoras de riesgo y precipitó el ajuste fiscal de la Unión Europea. La misma virulencia tuvo la reacción precedente de los financistas, ante iniciativas de suprimir los paraísos bancarios, o anular las bonificaciones de los ejecutivos.

Neutralizar esa resistencia de los banqueros requeriría la adopción de medidas más contundentes, como la suspensión del pago de la deuda, la auditoría de los pasivos y la nacionalización del sistema bancario. Lo mismo ocurre con el relanzamiento del crecimiento y la creación de empleos. El logro de estas metas exige cerrar la canilla de pagos a los acreedores, controlar los movimientos de capital e introducir drásticos impuestos progresivos [30] .
En la coyuntura actual se ha estrechado el espacio para ejecutar reformas sociales sin acciones anti-capitalistas. Hay un clima de sálvese quien pueda, con escaso margen para políticas de “capitalismo humanitario”. Prevalece la presión para procesar las quiebras bancarias, depurar las empresas y desvalorizar la fuerza de trabajo.

Estas tendencias no obedecen sólo a la ideología derechista imperante o a la influencia preeminente de los financistas. Todas las clases dominantes sostienen el ajuste junto a los banqueros. Esta coincidencia se refleja también en el comportamiento de los socialdemócratas europeos. A la hora de aplicar el torniquete no se han diferenciado de sus adversarios derechistas y aceptan la verticalidad autoritaria que imponen Merkel y Sarkozy. Esta cúpula dispuso, por ejemplo, el desplazamiento de Papendreu ante su atrevimiento de solicitar una consulta popular y envió un contundente mensaje de intervención neocolonial a Grecia [31] .

La misma tendencia se verifica en la indiferencia del gobierno estadounidense ante a las peticiones de los liberales. Esta actitud contrasta con la permeabilidad reformista que imperaba en los años 30 bajo el mandato de Roosvelt.
Muchos keynesianos reconocen la adversidad de estos escenarios. Pero consideran viable generalizar a escala internacional, las soluciones intermedias que aplicó Argentina a partir del default y los canjes de la deuda [32] .
Pero omiten registrar las causas específicas que permitieron esa experiencia. Argentina pudo permanecer relativamente desconectada de la financiación internacional, porque está inserta en el comercio mundial como gran exportadora de alimentos. Ha gozado de altos precios internacionales y se convirtió en proveedora privilegiada de las ascendentes economías asiáticas. Utilizó, además, las enormes rentas de exportación para reanimar la demanda interna, luego de una brutal devaluación que depuró capitales, abarató salarios y facilitó la recomposición cíclica de la tasa de ganancia.

Es evidente que el grueso de las economías dependientes afectadas por la crisis no cuenta con los recursos y las condiciones que permitieron esa recuperación. Podrían efectivamente adoptar ciertas iniciativas de Argentina, pero sólo como punto de partida de medidas más radicales y audaces [33] .
La intensidad de la crisis exige asumir un horizonte anticapitalista, alejado de la atadura actual a distintas variantes del mismo régimen social. El pensamiento dominante impone esta restricción, obligando a optar entre el modelo anglosajón, el esquema alemán o la opción china [34] .

Ese enfoque niega las raíces intrínsecamente capitalistas de la crisis actual y oculta las contradicciones, que el proceso de acumulación genera en forma periódica y extiende de manera itinerante. Un sistema basado en la rivalidad por la apropiación de beneficios surgidos de la explotación necesariamente produce el tipo de conmociones, que se observa en la actualidad.
Si se reconoce que el capitalismo no es el único, ni el mejor sistema posible resulta factible concebir otra gama de alternativas para resolver la crisis. Esta apertura permite superar la resignación, consolidar la voluntad de lucha e imaginar salidas provechosas para la mayoría de la población.

RESISTENCIAS SOCIALES

El devenir de la crisis puede ser abruptamente transformado por las acciones populares que cobraron impulso en los últimos meses. Los análisis que omiten esta reacción razonan los procesos económicos en un vacío social, que a lo sumo es ocupado por funcionarios y financistas.
El debut de la crisis provocó inicialmente un gran desconcierto, entre poblaciones acostumbradas a identificar los desastres económicos con el Tercer Mundo. Ese estupor estuvo también signado por el temor al desempleo. Pero a fin del 2010 los levantamientos del mundo árabe introdujeron una bisagra en esta conducta. Ilustraron como se pueden conquistar grandes victorias democráticas.

Este impulso profundizó la resistencia en Grecia, que se ha transformado el principal bastión de la respuesta popular. Hay un estado de sublevación entre los manifestantes que ocupan plazas y cercan el Parlamento. Estas protestas alentaron a su vez a los indignados españoles, que cuestionan el socorro a los banqueros y demandan “democracia de verdad”. Este movimiento ya conquistó legitimidad, acompañamiento y presencia nacional.
Otro tipo de reacciones sociales se verifican en Inglaterra, tanto entre los jóvenes desempleados y hostigados por la policía, como entre los trabajadores sindicalizados. En Italia despuntan las huelgas y en Portugal hay movilizaciones. Estas luchas comienzan a extenderse junto al desmoronamiento de la imagen benevolente que tenía la Unión Europea. Una victoria impuesta desde abajo permitiría actualizar el gran legado de rebeliones que acumula el Viejo Continente

Pero el dato más llamativo del año se registró al otro costado de l Atlántico, con el surgimiento del movimiento “ Ocupar Wall Street”. Esta organización ya tiene alcance nacional, simpatía popular, solidaridad intelectual y sostén sindical. Por primera vez en décadas ha reintroducido las manifestaciones masivas en el corazón del capitalismo.
Menor difusión internacional han logrado los movimientos de lucha que conmueven a China. El año pasado se registraron 180.000 protestas, en su mayoría inspiradas en demandas contra la explotación fabril. Una nueva generación de obreros –ya emancipada de la migración rural- recuperó confianza y obtiene conquistas en enfrentamientos directos con los patrones [35] .
En todos los continentes se verifica el mismo protagonismo juvenil, en movimientos que utilizan las redes sociales para informarse y organizarse. El primer embrión de un empalme internacional se produjo el 15 de octubre pasado, en la marcha global que congregó multitudes en 950 ciudades de 80 países. Una acción coordinada de esta magnitud no se registraba desde las movilizaciones contra la guerra en Irak (2003).

Si la convergencia regional e internacional de estas resistencias se afianza, podría gestarse una respuesta al intento burgués de enfrentar a los trabajadores de distintas nacionalidades. Los dominadores de Alemania encabezan esa estrategia, divulgando la creencia que los obreros germanos “ya hicieron su sacrificio” y no deben pagar la cuenta de los ociosos del sur. Este mensaje busca oponer a un asalariado contra otro, ocultando los beneficios que obtienen los capitalistas de esa división. El mismo propósito persiguen las campañas de la derecha contra los inmigrantes [36] .

Una salida progresista de la crisis exige contrarrestar esta fractura entre hermanos de clase. Las tensiones entre asalariados alemanes y griegos, estadounidense y chinos o españoles y marroquíes conducen a descargar todas las consecuencias del desastre actual sobre los pueblos. Las respuestas internacionalistas neutralizarían esa amenaza y permitirían un reencuentro de la juventud con los sectores de la clase obrera, que no se han recompuesto de la andanada neoliberal. El año 2012 ofrece la oportunidad de cambiar el escenario de la crisis a favor de los trabajadores.

RESUMEN:

Se vislumbra una nueva fase recesiva con impactos regionales muy diferenciados. En Estados Unidos se expande el empobrecimiento con ajustes e inacción del gobierno. Pero la primera potencia interviene activamente a escala global a través del dólar, la reforma bancaria y el FMI, tanteando una opción inflacionaria.

En Europa se destruyen conquistas sociales históricas bajo el comando de Alemania, que amplió su dominio exportador pero gestó un bloque inacabado. El pacto fiscal intenta una centralización ultra-liberal, para amoldar la periferia del Viejo Continente a la competitividad germana. Los derechistas ya no prometen prosperidad, sino tan sólo supervivencia. Su reorganización regional abre grandes fisuras e introduce políticas autoritarias.
El crecimiento de China limita la recesión global, pero fractura el ciclo mundial e ilustra las transformaciones del período neoliberal. Múltiples desequilibrios obstruyen la internacionalización del yuan y el esperado viraje hacia el mercado interno. Es erróneo clasificar a China junto a economías semiperiféricas de incierta evolución. Las diferencias de status geopolítico y el sustento industrial o rentista determinan enormes diferencias dentro de los BRICS. El encarecimiento de los alimentos que agobia a la periferia empobrecida persiste en la recesión, por maniobras financieras y desequilibrios acentuados por la especialización exportadora.

Las tendencias a la multipolaridad alteran las relaciones entre las potencias al interior de la mundialización neoliberal. Las burguesías ascendentes carecen de propósitos antiimperialistas y los cambios de hegemonía no implican atenuación del militarismo norteamericano. Los socialdemócratas gestionan los atropellos demostrando la reducción del espacio para políticas reformistas. Los keynesianos soslayan la confrontación requerida para frenar la agresión social y generalizan en forma abusiva la experiencia argentina.
Una salida progresista exige concebir horizontes anticapitalistas. La resistencia social ha comenzado después del estupor creado por un estallido en el Primer Mundo. Las rebeliones árabes impulsaron esta reacción, que afronta presiones de los dominadores para oponer a los trabajadores de las distintas nacionalidades.

Notas:
[1] Economista, Investigador, Profesor. Miembro del EDI (Economistas de Izquierda). Su página web es: www.lahaine.org/katz
[2] El 1% más rico 1979 percibía el 9% de la renta nacional en 1979y actualmente obtiene el 24%. Cuando los ocupantes de Wall Street afirman que “somos el 99% de la ciudadanía”, saben muy bien de que están hablando. Roberts Paul Craig, “Las pérdidas de puestos de trabajo en Estados Unidos son permanentes”, Rebelión, 9-10- 20.
[3] Wall Street Journal, “La recuperación de EEUU es una de las más decepcionantes”, La Nación, 31-12-10.
[4] Aunque alguno bancos mejoraron últimamente su patrimonio y liquidez, el reciente desplome de la octava firma de inversión (MF Global) es muy ilustrativo de los peligros en ciernes. Se derrumbó por su exposición con bonos de la deuda europea, que se encuentran asegurados en grandes proporciones por financistas norteamericanos. Montero Alberto, “Cuando la democracia entra por la puerta”, Rebelión, 2-11-11.
[5] Kennedy Paul, “Un mundo de tres monedas”, Clarín, 8-6-11, Robert Mundell, “El futuro de las monedas de reserva luego de la crisis”, El País, 18-1-10, Michel Crittenden, “Puede el dólar ser destronado”, online.wsj , 1.3-11. Ver también: Wallerstein Inmanuel “Guerra de divisas, La Jornada, 6-11-10, Eichengreen Barry, “El reinado del dólar llega a su fin”, La Nación, 2-3-11
[6] Ocampo Emilio, “Brujas y burbujas”, Ámbito Financiero, 2-9-10. También La Nación, 13-9-10 y 30-8-10 y Financial Times, 20-9-10.
[7] Estados Unidos también apostó muy fuerte para neutralizar la crisis de legitimidad que afectaba al Fondo y todavía se desconoce su rol en el escándalo montado contra el ex directivo Dominique Strauss Kahn. CADTM, “El FMI lamentable símbolo de un sistema”, www. cadtm .org/ 18-5-11.
[8] Fiori José Luis, “Muy lejos del equilibrio”, Sin Permiso, 19-12-10, Cantelmi Marcelo, “El G 20 en las puertas”, Clarín, 23-10-10.
[9] La mirada inicial en Pasquino Gianfranco, “La UE aún representa el progreso”, Clarín, 31-8-10.
[10] Husson Michel, “Euro: en sortir ou pas”, Inprecor 575-576, 7-8-9-2011. Samary Catherine, “The Eastern periphery”, www.attac , 31-10-11.
[11] Desde la caída de la principal entidad belga (Deixa) sobrevuelan muchas hipótesis de repetición de lo ocurrido con Lehman Brothers. Las “pruebas de resistencia” realizadas a los bancos europeos dejaron muy intranquilos a los expertos, cuando las entidades necesitan recapitalizarse y recaudar dinero. Esta exigencia contrae, a su vez. el crédito y agrava la recesión.
[12] Llach Juan, “Pulseadas en el palacio global”, La Nación, 30-6-10.
[13] La Nación, 16-1-10.
[14] Husson Michel, “Una crisis sin fondo”, www.vientosur , 19-7-11 Louca Franciso, “La izquierda contra la dictadura de la deuda”, www.sinpermiso , 17-10-11
[15] No hay tiempo suficiente para transferir los títulos a los tenedores marginales , limpiar los balances o crear mercados paralelos para los papeles incobrables. La crisis actual golpea en una coyuntura muy turbulenta, a economías entrelazadas y localizadas en el centro del capitalismo . Arceo Enrique, Página 12, 9-12. Toussaint Eric, “Crash do Deixa”, www.CDTM , 7-10-11
[16] La reorganización de la eurozona prepara la introducción de formas federativas en la UE, que someterían las atribuciones locales a una mayor centralización estatal. Este cambio introduce enormes fisuras y puede potenciar el secesionismo en los países con fracciones separatistas influyentes (Bélgica, España o Italia). Estos sectores podrían reforzar sus demandas de integración directa a la Eurozona, puenteando las estructuras estatales existentes para desembarazarse de las regiones empobrecidas.
[17] Shujie Yao, “Los límites del modelo China”, Cash-Pagina 12, 7-8-11. También Wall Street Journal, La Nación,17-11-11)
[18] La Nación, 5-6-10.
[19] Roubini, Nouriel, “El boom de China tiene fecha de vencimiento”, La Nación, 24-4-11. Stigtiz Joseph, www.elperiodico.com , 9-8-11
[20] Bocco Arnaldo, “De los Brics a las Eagles” Página 12, 10-1-11. Abeledo Anahí, “El desafío para los emergentes es tener crecimiento”, Clarín, 10-7-11
[21] Beckett Paul, “Pese al crecimiento, aumentan las dudas sobre el milagro indio”, La Nación, 30-3-11. Nye Jospeh, “La carrera de fondo, Clarín, 2-2-11, Ramstad Evan, “El milagro coreano”, La Nación, 8-11-10.
[22] Un cuestionable enfoque en: Kateb Alexander, “Los países BRICS dan una lección”, Página 12, 20-9-11
[23] Halevi Jospeh “Se avecina una nueva crisis”, Il Manifesto 8-6-11.
[24] Krugman Paul, “Las limitaciones que nos impone un mundo finito”, La Nación, 29-12-10. Blejer Mario, “Argentina y la seguridad alimentaria” La Nación, 4-12-11.
[25] Distintas visiones en De La Balze Felipe, “La crisis acelera el curso de la historia”, Clarín 27-11-11 Turzi Mariano, “La nueva divisoria global: emergentes y declinantes”, 18-8-11. Tokatlian Gabriel, “El año de la encrucijada”, La Nación, 11-1-11. Cufré David, “Con la vieja receta”, Pagina 12, 26-6-10.
[26] Belson K, Onishi N, “Una falta de liderazgo que agudiza la crisis”, La Nación, 17-2-11.
[27] Hemos desarrollado los temas de este capítulo en nuestro reciente libro , Katz Claudio, Bajo el imperio del capital, Espacio Crítico Ediciones, Bogotá 2011. Próxima edición Luxemburg, Buenos Aires.
[28] Estas visiones en: Gros Daniel, Eco “En defensa de la austeridad para Europa”, Clarín, 4-12-11, Pagni Carlos, “La crisis del estatismo”, La Nación, 19-7-10, Schauble Wolfang y MacFadden Daniel, Página 12, 28-8-2011.
[29] Krugman Paul, Clarín, (11-7-10, 13-7-10, 22.5-10, 10-8-10, 6-11-2010, 28-8-2010, 14-8-10). Stigliz Joseph, “Qué puede salvar el Euro”, El País, 8-12-11, “El mercado hipotecario”, Clarín, 6-11-201, “La austeridad es camino suicida”, Página 12, 7-12-11, “Un contagio de malas ideas”, Sin Permiso, 14-8-11. También, Skidlesky Robert, “El mundo para volver a leer a Keynes”, Página 12, 2-8-11, Mitchell. William, “Entrevista”, Página 12, 10-10-11.
[30] Wolff Rick “Krugman frustrado”, Monthly Review 10-3-10 . Onaran Ozlem, “ An internationalist transitional program towards an anti-capitalist Europe ”, April 2011. www. international viewpoint . Lapavitsas Costas “ A Left Strategy for Europe ”, April 2011, www.internationalviewpoint. Albarracín Daniel, “Sobre el debate del euro. Una estrategia”, www.economiacritica.net , 10-10-11
[31] Esta reacción fue coronada con la instalación de un gobierno directo de los banqueros (Papademos). La misma sustitución se impuso en Italia (Berlusconi por Monti) con tecnócratas que postulan una ideología derechista para sortear al parlamento, impugnando a los políticos y menospreciando a los partidos. Stathis Kuvelakis, “Golpe de Estado europeo frente al levantamiento popular”, www.vientosur 11-11-1. John Brown, “El capital financiero castiga a sus devotos partidarios”, www.rebelion 23-11-11.
[32] Stiglitz Joseph, “Europa no aprendió la lección de Argentina” Página 12. 10-12-11.
[33] Nuestra visión en: Claudio Katz, “Lecciones de Argentina para Grecia” www. cadtm . org, 25-10-2011.
[34] Es la visión de Rogoff Kenneth, “El capitalismo está lejos de encontrar su sucesor”, La Nación, 11-12-11.
[35] Li Minqi, “El ascenso de la clase obrera y el futuro de la revolución en China”, www.rebelión , 14-7-11. Bello Waldem, “O capital e um amante caprichoso” www.outroladodanoticia.com.br , 22-7-11
[36] Vicens Navarro, “Habermas y la sabiduría”, www.sin permiso, 13-6-10.
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

martes, 20 de diciembre de 2011

Además de campeones en Maracaná....

Soy conciente de ser rompe-pelotas,y al final,el único que va a quedar leyendo lo que escribo,voy a ser yo mismo.-
 Dejaría de dar por valederas mis explicaciones de los fenómenos si encontrase otras que las rebatiesen con demostraciones matemáticas,sustentándolas con cifras,tendencias y estadísticas que son difíciles de discutir y negar.-
Nuestra minúscula - pero muy competente y hábil - clase dominante del 3% puede seguir engrupiendo la gilada que produce la plusvalía,paga impuestos (el 33% del  PIB...!!) y renueva la esperanza quinquenal en mesías redentores porque se sustenta en un pueblo conservador,corrompido y cada vez más analfabeto. (Ya estamos en la 3a generación).-
El principal factor que mantiene incambiado el status-quo es el colonialismo ideológico del sitema que genera el milagro de que el explotado aliente la ideología de su propio explotador!!.-
Será X que sé que estoy más cerca del cajón que de la mamadera y que me quedan dos cortes de pelo, que tengo cierta prisa para ver éste paisito encausado X una vía de superación ascendente y que se interrumpa la mortal espiral descendente en la que entró hace 1/2 siglo.-
La reacción generada en la derecha fascista a raíz del susto que se llevaron X la aparición de esa murgüita de rejuntados del MLN  que no jodía a nadie, (vide '72) -  porque el pueblo le dió la espalda - ,llevando adelante una exagerada represión feroz y el desmantelamiento total de cualquier organización de izquierda ,ha venido a afianzar el modelo capitalista y la colonización ideológica hasta el punto que ha sumergido completamente la conciencia revolucionaria o cualquier concepción de cambio cualitatitivo posible.-
 Ésta útil y conveniente payasada a la uruguaya actual - que los números desmienten - , ha terminado de desmantelar cualquier resto de ideología,completando arteramente el trabajo de la burda "máquina",y el terrorismo de estado.Ahora la dominación es más sutil,más barata y eficiente:es tecnológica y mediática. Todo el mundo mira embelesado hacia arriba esperando la caida del prometido maná estatal;o sea: las gotitas que caen de la copa rebosante y que nuestra generosa élite terrateniente viene distribuyendo desde el patenarlismo batllista y el empleismo para mantener quieta,contenta y agradecida la multitud de paniaguados que no cesa de aumentar, y que quinquenalmente retribuye con los votos a la minoría de privilegiados que la hambrea y la mantiene en la dependencia de la limosna.-
Los números confirman sin posibilidad de discusión lo que digo más arriba:
650.000 jubilados y pensionisas del BPS
278.000 empleados públicos
50.000 milicos
320.000 asistidos X el MIDES
El 20 % de los más ricos se mama el 50% del PIB,unos 20.000 millones de dólares.
 El 20%  "   "    " pobres se lleva el 5%,2.000 millones de dólares,10 veces menos.-
 La 1/2 de los uruguayos gana $10.000 o menos X mes.(Diputados: $187.000,intendentes: $204.000).-
 Cada uruguayo le aporta en media al estado U$S 3,333.00 anuales.-
 Cada uruguayo debe U$S 2.000,el doble de lo que gana. La deuda interna es de U$S 6,000.000.-
La "externa" (que ahora es soberana X que la compró la oligarquía uruguaya,los dueños del país)
es de U$S 38,000.000.00).-
 2 mil y pico de tipos tienen el 38% de la tierra, 7 millones de hás.-
 El otro 38% se lo vendieron a los gringos (el 87 % de los compradores) en U$S 30.970.000.00 (pagaron 318 milloes de impuestos).-
Mientras en Brasil el 1% de los habitantes tiene el 50% de la superficie del país,aquí el 0.75% TIENE EL 75%!!! .-Tomá pa' tu tía Eulalia...!
 Hay 14 propietarios con un millón de hás..-
33.000 personas son dueñas de TODO el país.-
 La pobreza aumentó de un 19% en 1973 a un 47% en 2005.-
El Bobby,la Madelón y Juanjulio no entienden X que los gurises salen a meter el caño....
 ¡Mano dura,Bicho,mano dura!                                                                          
                       MAU-MAU         


Aportado por Néstor Durante
De: Crysol: Asociación de ex Pres@s Polític@s de Uruguay <crysol2003@gmail.com>
Fecha: 19 de diciembre de 2011 16:47
Asunto: Fusilad@s de Soca: 37 años de impunidad