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lunes, 12 de diciembre de 2016
LEONARDO BOFF Facetas poco conocidas de Fidel Castro 2016-12-06
Koinonia http://www.servicioskoinonia.org/boff/articulo.php?num=804
Vd esta aquí: Koinonía> Boff > 804
Cada cosa o cada persona tiene muchas facetas. Como dije en cierta ocasión, cada punto de vista es la vista desde un punto. Cada uno ocupa un punto en este planeta y en la sociedad de la que forma parte. Y desde ese punto ve la realidad que ese punto permite ver. Así que no podemos absolutizar ningún punto de vista como si fuese el único. Esto da origen a los fundamentalismos y a las discriminaciones.
Tal pensamiento vale para los muchos puntos de vista que se están haciendo de la saga de Fidel Castro. Ningún punto puede abarcar todas las vistas.
Hay otro elemento a considerar. Cada ser humano posee su porción de luz y su porción de sombra. O dicho en el dialecto de la nueva antropología: cada ser humano es sapiens y simultáneamente demens. Es decir, cada ser humano es portador de inteligencia y de un sentido de vida. Es su momento sapiens. Y simultáneamente muestra desvios y contradicciones. Es su momento demens.
Ambos se dan siempre juntos. Esto no es un defecto de nuestra construcción. Es un dato objetivo de nuestra realidad humana que siempre debe ser tomada en cuenta. También vale cuando enjuiciamos la figura compleja de Fidel Castro: sus luces y sus sombras.
Quiero referirme a algunos puntos a partir de los cuales se me permitió una vista singular de Fidel Castro. El primero de ellos es la negación del TINA (There is No Alternative ). El sistema imperante de carácter capitalista dice que “no hay alternativa a él”. Él representa la culminación de las sociedades humanas. Fidel Castro mostró que con el socialismo puede haber una alternativa diferente a la capitalista, hoy en radical crisis de autorreproducción. La furia de USA contra Cuba y Fidel para destruir el socialismo cubano era para mostrar que no puede haber otra alternativa. Bien o mal, con los defectos que conocemos, el socialismo se presenta como otra forma posible de organizar la sociedad.
Un segundo punto a resaltar fue su interés por la Teología de la Liberación. Llegó a confesar que si en su tiempo hubiese existido la Teología de la Liberación (sólo comenzó a partir de 1970) habría asumido esta lectura para montar la sociedad cubana. Bajo la presión de la Guerra Fría se vio obligado a quedar del lado de la URSS y de ahí haber asumido el marxismo. Leyó y anotó nuestras principales obras, las de Gustavo Gutiérrez, de Frei Betto, de mi hermano fray Clodovis y mías. Los libros estaban todos anotados con varios colores. Y al lado una lista con preguntas y expresiones sobre las cuales pedía aclaraciones.
Otro punto relevante fue la invitación que me hizo durante el tiempo de “silencio obsequioso” que me fue impuesto en 1984 por el ex-Santo Oficio. Me invitó a pasar 15 días con él en la isla para profundizar cuestiones de religión, de América Latina y del mundo. Era amigo del Nuncio Apostólico. Apenas llegué le llamó por teléfono y delante de mi le dijo: “Boff está aquí conmigo. Yo mismo voy a cuidar de que observe el silencio obsequioso. Sólo va a hablar comigo”. Efectivamente visitamos toda la isla con conversaciones hasta muy entrada la noche. Anoté casi todo en tres gruesos cuadernos, pues quería transformarlo en material de un libro. Unos días después de volver de Cuba dejé los tres cuadernos en el maletero del coche mientras iba a hablar un momento con el cardenal don Aloisio Lorscheider, hospedado en casa de un amigo en Copacabana, cosa de 15 minutos. Al regresar vi que el maletero había sido abierto, no se llevaron nada, solo los tres cuadernos. Mi sospecha es que los servicios de seguridad de aquí o de fuera secuestraron el material.
Otro dato muestra la dimensión de ternura de Fidel Castro, cosa de la que muchos dan fe.
Tengo una sobrina con un tipo de reumatismo que ningún médico conseguía tratar. Hablé con Fidel a ver si era posible tratarla en Cuba. Me pidió todos los datos médicos de aquí. El mismo se encargó de hablar con los médicos cubanos.
Efectivamente no había cura. Cada vez que me encontraba, la primera cosa que preguntaba era: “¿cómo va Lola, su sobrina?” Esa memoria cariñosa y tierna no es frecuente en jefes de Estado. Generalmente donde predomina el poder no prevalece el amor ni florece la ternura. Con Fidel era diferente. Se alegró enormemente cuando le conté que un médico brasilero había inventado una vacuna cuyo efecto colateral era curar ese tipo de reumatismo.
Son pequeños gestos que muestran que el poder no necesita fatalmente oscurecer esa dimensión tan profunda que es la ternura y la preocupación por el destino del otro.
El legado de su persona carismática permanecerá como referencia para aquellos que se niegan a reproducir la cultura del capital con las injusticias de orden social y ecológico que la acompañan.
Leonardo Boff
domingo, 27 de noviembre de 2016
ATILIO BORON Fidel: su legado
TOMADO DE: atilioboron.com.ar
Fidel: su legado
(Comparto una primera reflexión, en caliente, sobre la muerte del Comandante. Me enteré a noche, al cierre de la TV cubana y ví el discurso de Raúl. No pegué un ojo en toda la noche y salí corriendo al aeropuerto a cancelar mi retorno, programado para hoy Sábado al mediodía. Me quedo en Cuba hasta el Miércoles, y el Martes estaré en la gran despedida que se le hará a Fidel en la Plaza de la Revolución. Van unas pocas ideas, deshilvanadas, salidas más del corazón que de mi cerebro. Pero siento que no puedo guardarlas para mi fuero íntimo. ¡Hasta la victoria, siempre!)
A(Por Atilio A. Boron) La desaparición física de Fidel hace que el corazón y el cerebro pugnen por controlar el caos de sensaciones y de ideas que desata su tránsito hacia la inmortalidad.
Recuerdos que se arremolinan y se superponen, entremezclando imágenes, palabras, gestos (¡qué gestualidad la de Fidel, por favor!), entonaciones, ironías, pero sobre todo ideas, muchas ideas. Fue un martiano a carta cabal. Creía firmemente aquello que decía el Apóstol: trincheras de ideas valen más que trincheras de piedras. Sin duda que Fidel era un gran estratega militar, comprobado no sólo en la Sierra Maestra sino en su cuidadosa planificación de la gran batalla de Cuito Cuanevale, librada en Angola entre diciembre de1987 y marzo de 1988, y que precipitó el derrumbe del régimen racista sudafricano y la frustración de los planes de Estados Unidos en África meridional.
Pero además era un consumado político, un hombre con una fenomenal capacidad para leer la coyuntura, tanto interna como internacional, cosa que le permitió convertir a su querida Cuba -a nuestra Cuba en realidad- en una protagonista de primer orden en algunos de los grandes conflictos internacionales que agitaron la segunda mitad del siglo veinte. Ningún otro país de la región logró algo siquiera parecido a lo que consiguiera Fidel. Cuba brindó un apoyo decisivo para la consolidación de la revolución en Argelia, derrotando al colonialismo francés en su último bastión; Cuba estuvo junto a Vietnam desde el primer momento, y su cooperación resultó de ser de enorme valor para ese pueblo sometido al genocidio norteamericano; Cuba estuvo siempre junto a los palestinos y jamás dudó acerca de cuál era el lado correcto en el conflicto árabe-israelí; Cuba fue decisiva, según Nelson Mandela, para redefinir el mapa sociopolítico del sur del continente africano y acabar con el apartheid. Países como Brasil, México, Argentina, con economías, territorios y poblaciones más grandes, jamás lograron ejercer tal gravitación en los asuntos mundiales. Pero Cuba tenía a Fidel …
Martiano y también bolivariano: para Fidel la unidad de América Latina y, más aún, la de los pueblos y naciones del por entonces llamado Tercer Mundo, era esencial. Por eso crea la Tricontinental en Enero de 1966, para apoyar y coordinar las luchas de liberación nacional en África, Asia y América Latina y el Caribe. Sabía, como pocos, que la unidad era imprescindible para contener y derrotar al imperialismo norteamericano. Que en su dispersión nuestros pueblos eran víctimas indefensas del despotismo de Estados Unidos, y que era urgente e imprescindible retomar los iniciativas propuestas por Simón Bolívar en el Congreso Anfictiónico de 1826, ya anticipadas en su célebre Carta de Jamaica de 1815. En línea con esas ideas Fidel fue el gran estratega del proceso de creciente integración supranacional que comienza a germinar en Nuestra América desde finales del siglo pasado, cuando encontró en la figura de Hugo Chávez Frías el mariscal de campo que necesitaba para materializar sus ideas.
La colaboración entre estos dos gigantes de Nuestra América abrió las puertas a un inédito proceso de cambios y transformaciones que dio por tierra con el más importante proyecto económico y geopolítico que el imperio había elaborado para el hemisferio: el ALCA.
Estratega militar, político pero también intelectual. Raro caso de un jefe de estado siempre dispuesto a escuchar y a debatir, y que jamás incurrió en la soberbia que tan a menudo obnubila el entendimiento de los líderes. Tuve la inmensa fortuna de asistir a un intenso pero respetuoso intercambio de ideas entre Fidel y Noam Chomsky acerca de la crisis de los misiles de Octubre de 1962 o de la Operación Mangosta, y en ningún momento el anfitrión prestó oídos sordos a lo que decía el visitante norteamericano. Una imagen imborrable es la de Fidel participando en numerosos eventos escenificados en Cuba –sean los encuentros sobre la Globalización organizados por la ANEC; los de la Oficina de Estudios Martianos o la Asamblea de CLACSO en Octubre del 2003- y sentado en la primera fila de la platea, munido de un cuadernito y su lapicera, escuchando durante horas a los conferencistas y tomando cuidadosa nota de sus intervenciones. A veces pedía la palabra y asombraba al auditorio con una síntesis magistral de lo dicho en las cuatro horas previas, o sacando conclusiones sorprendentes que nadie había imaginado. Por eso le decía a su pueblo “no crean, lean”, fiel reflejo del respeto que sentía por la labor intelectual.
Al igual que Chávez, Fidel un hombre cultísimo y un lector insaciable. Su pasión por la información exacta y minuciosa era inagotable. Recuerdo que en una de las reuniones preparatorias de la Asamblea de Clacso del 2003 nos dijo: “recuerden que Dios no existe, pero está en los detalles” y nada, por insignificante que pareciera, debía ser librado al azar. En la Cumbre de la Tierra de Río (1992) advirtió ante el escepticismo o la sonrisa socarrona de sus mediocres colegas (Menem, Fujimori, Bush padre, Felipe González, etcétera) que la humanidad era “una especie en peligro” y que lo que hoy llamamos cambio climático constituía una amenaza mortal. Como un águila que vuela alto y ve lejos advirtió veinte años antes que los demás la gravedad de un problema que hoy está en la boca de cualquiera.
Fidel ha muerto, pero su legado –como el del Che y el de Chávez- vivirá para siempre. Su exhortación a la unidad, a la solidaridad, al internacionalismo antiimperialista; su reivindicación del socialismo, de Martí, su creativa apropiación del marxismo y de la tradición leninista; su advertencia de que la osadía de los pueblos que quieren crear un mundo nuevo inevitablemente será castigada por la derecha con un atroz escarmiento y que para evitar tan fatídico desenlace es imprescindible concretar sin demora las tareas fundamentales de la revolución, todo esto, en suma, constituye un acervo esencial para el futuro de las luchas emancipatorias de nuestros pueblos.
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