miércoles, 14 de julio de 2021

Declaración de solidaridad con Cuba

 

MOVIMIENTO 26 DE MARZO

Declaración de solidaridad con Cuba

Montevideo, 14 de julio 2021

El mundo entero y particularmente el pueblo cubano se encuentra frente a una nueva campaña internacional desestabilizadora contra la República de Cuba, dirigida por Estados Unidos y sus aliados.

Esta campaña se ha combinado con los largos años de bloqueo económico que a esta altura de los acontecimientos se ha tornado en una de las mayores crueldades de la política exterior de Washington, para justificar su política de intervención e injerencia ante otros pueblos que no se someten a sus intereses.

Por ello es que una vez más el Movimiento 26 de Marzo rechaza enfáticamente este nuevo intento de desestabilización a Cuba, quien ha sido un ejemplo de inspiración revolucionaria para todos los pueblos del mundo.

El destino soberano de Cuba depende del pueblo de Martí y de Fidel. Así como también de la solidaridad internacional.

Su obra, con las enormes dificultades históricas que supone el tránsito al socialismo, ha ido muy lejos a pesar de la política imperial que pretende destruirla. Cuba y su revolución se ha desarrollado y mantenido a pesar del bloqueo de Estados Unidos.

Mientras América latina arde, resultado de las políticas del capital imperialista, de millones de desocupados, corrupción, fraudes electorales (represión a las protestas populares, golpes de estado “blandos”) y una pandemia que agrava la crisis social y económica, nuevamente el zarpazo contra Cuba es lo que surge y se le ocurre ahora a Joe Biden.

Quieren “libertad y democracia”, para seguir intentado domesticar al planeta con sus mercenarios y el séquito de la OEA.

Hoy nuevamente la solidaridad del pueblo uruguayo debe alzar su voz contra este nuevo intento de desestabilizar un proceso político y un país soberano.

Una revolución cargada de enormes victorias en sus mochilas que son patrimonio de la Humanidad, merece nuevas victorias y la solidaridad de nuestro pueblo.

Es por ello que reafirmamos nuestra solidaridad incondicional con la revolución socialista cubana, con el partido, el gobierno y el pueblo revolucionario de Cuba, y exigimos el levantamiento inmediato del injusto e inhumano bloqueo contra nuestro pueblo hermano,

Movimiento 26 de Marzo

Unidad Popular

Uruguay

 



martes, 13 de julio de 2021

Cuba, el bloqueo y la crisis | Opinión

 tomado de

 
Atilio A. Boron


Washington cree que ha llegado el momento de intensificar sus ataques a cuanto gobierno díscolo ante sus órdenes existe en la región. En los últimos días hemos visto el sospechoso asesinato del presidente de Haití, con un modus operandi que lleva la impronta de la CIA. También el brutal ataque de paramilitares y narcos colombianos, equipados con armas de guerra, en la Cota 905 en los alrededores de Caracas y disparando a mansalva a pobladores sorprendidos por la insólita e inesperada agresión. La ofensiva en contra de Nicaragua fue adquiriendo fuerza a medida que las encuestas de opinión anticipaban una rotunda victoria del sandinismo en las próximas elecciones presidenciales.

Y ahora Cuba, sometida desde hace sesenta años a una campaña de agresiones de todo tipo que, obvio, no podía dejar de tener profundos impactos sobre la vida económica cubana. Imaginemos lo que hubiera ocurrido en cualquier otro país que hubiese estado sometido a tan brutal acoso durante tanto tiempo. Se dice fácil pero, ¡no hay antecedentes en la historia universal de una nación que haya sido agredida sin pausa por otra a lo largo de sesenta años! Tengo para mí la convicción de que ni siquiera Estados Unidos habría resistido ese ataque durante tanto tiempo. Seguramente habría implosionado peor que la Unión Soviética, en una orgía de sangre impulsada por el gigantesco arsenal de armas de fuego en manos de la población civil. Para ni hablar de lo que hubiera ocurrido en Argentina, Brasil, México o Colombia de haber sufrido el acoso que viene padeciendo Cuba.

Lo que Washington ha estado haciendo se llama genocidio porque el bloqueo, condenado casi con absoluta unanimidad por la comunidad internacional, provoca enormes sufrimientos en la población. Esas políticas matan, enferman, provocan hambre y privaciones indecibles. Son, en pocas palabras, un crimen de lesa humanidad. Estados Unidos fue preparando el terreno para el asalto actual en los últimos años, con un bombardeo sistemático, multimillonario, comprando endebles o ambiciosas voluntades, apelando a las redes sociales y sus fatídicos alroritmos, las “fake news” y el coro formado por su peonada de politiqueros de pacotilla y pérfidos agentes de propaganda disfrazados de “periodistas serios e independientes.” Con una maldad inconmensurable Washington intensificó las medidas del bloqueo cuando estalló la pandemia, gesto que es suficiente para desnudar el infamia moral del imperio, su verdadera naturaleza.

Algunas protestas actuales son comprensibles; otras, probablemente la mayoría, son producto de los dineros y la enorme campaña de desestabilización urdida por la Casa Blanca. Si bien tienen una magnitud muchísimo menor de lo que dice la corrupta prensa hegemónica, la dirigencia de la Revolución se hizo cargo de las mismas y explicó la génesis de esos padecimientos que movilizaron a las calles a pocos cientos de cubanas y cubanos. Que han habido errores de gestión macroeconómica; o que las recientes medidas de la unificación cambiaria fueron inoportunas, tal vez tardías; o que los precios relativos se descuadraron considerablemente es indudable. Pero sería absolutamente incorrecto tratar de explicar esos problemas y la reacción de algunos sectores sociales ante ellos sin tomar en cuenta los desquiciantes efectos de un bloqueo que se extiende por seis décadas. He visto y oído estos días a sesudos analistas hablar de los problemas de la economía cubana sin pronunciar ni una sola vez la palabra “bloqueo”. Su ansiedad por recibir la afectuosa palmadita del Tío Sam es tan grande que los lleva a soslayar por completo el papel fundamental que aquél desempeña en el (mal)funcionamiento de la economía cubana. 

Restricciones para importar y exportar, para adquirir alimentos, medicamentos, insumos médicos, repuestos para el transporte o la energía eléctrica; o debiendo pagar fletes extravagantes por los bienes que entran o salen de la isla, con bancos y agentes comerciales renuentes a hacer negocios con Cuba por las sanciones que el brutal Goliat del Norte promete a quienes violen el bloqueo. Si bajo esas condiciones la Revolución Cubana fue el único país de la región con capacidad de producir sus propias vacunas para combatir a la covid-19 (para vergüenza de Argentina, Brasil, Chile o México) y si durante todas estas décadas pudo garantizar acceso universal y gratuito a elevados estándares de atención médica, educación, seguridad social, deporte, la música y la cultura es porque la Revolución ha sido tremendamente exitosa. De lo contrario nada de esto se habría conseguido. 

Por lo tanto, quienes se erigen en jueces de Cuba y no tienen en cuenta en sus explicaciones el papel decisivo, insoslayable, que en sus actuales infortunios ha jugado la obsesión estadounidense por apoderarse de esa isla no merecen más consideración que la que podría tener un comentarista que al hablar de la Segunda Guerra Mundial y sus estragos obviara mencionar la palabra “Hitler”. ¿Cómo calificaríamos a ese personaje? Como un inmoral, un charlatán a sueldo , en este caso del imperio que reproduce, con aires de “objetividad científica,” el discurso legitimador de un genocidio.

A lo largo de la historia Cuba -la patria de Martí y Fidel, de Camilo y el Che- ha dado sobradas muestras de patriotismo. Podrá su gente reclamar con fuerza por los problemas actuales, pero de ahí a ponerse de rodillas para ser sometido al yugo de los herederos de los marines que orinaron la estatua del Apóstol en el Parque Central; o de la oligarquía que sólo ambiciona retornar Cuba a su condición colonial; o de los blogueros e “influencers” dispuestos a arrojar su dignidad nacional a los perros por un puñado de dólares hay un enorme paso. Y el pueblo cubano jamás lo dará, aunque tenga que morir en el intento.   

ORIGINAL https://www.pagina12.com.ar/354370-cuba-el-bloqueo-y-la-crisis 

lunes, 14 de junio de 2021

El G7 es capitalista, no puede abordar las crisis causadas por el propio capitalismo

El G7 es capitalista, no puede abordar las crisis causadas por el propio capitalismo
  1. La reunión del G7 concluyó.

Los activistas tienen razón al advertir que la cumbre no ha avanzado soluciones para ninguna de las crisis más apremiantes, desde Covid-19 hasta el cambio climático, que enfrentamos actualmente. .

Al intensificar la retórica de confrontación sobre China, ha devuelto, en todo caso, soluciones a estos problemas verdaderamente globales. Pero difícilmente pudo evitar hacerlo.

En su día inaugural, el G7 declaró su intención de defender “un sistema económico global justo y mutuamente beneficioso” – será una noticia para la gran mayoría de personas en todo el mundo que tal cosa existe – antes de especificar la amenaza a esta situación panglosiana.

«Consultaremos entre nosotros sobre enfoques colectivos para abordar políticas y prácticas no orientadas al mercado», afirmó, citando a China como la principal parte culpable de estas herejías.

Esto no es de extrañar. El G7 es un club imperialista. Se estableció como un bloque de coordinación para que Estados Unidos y sus aliados ejerzan el control sobre la economía global.

Cuando se fundó en la década de 1970, tenía cierto derecho a representar a las economías más grandes del mundo, excluida la Unión Soviética socialista, por supuesto, pero eso ya no es cierto en absoluto , dado el surgimiento de China especialmente y también de otras economías emergentes como India y China. Brasil.

Es un bloque ideológico más que un foro para los pesos pesados ​​del mundo. El presidente de los Estados Unidos, Joe Biden, no se ocultó en eso hoy: «Estados Unidos está de vuelta en el negocio de liderar el mundo, junto con naciones que comparten nuestros valores más arraigados».

Una razón por la que el G7 no puede tratar de resolver los problemas globales es porque no es un organismo representativo a nivel mundial, sino que excluye a los países que representan, con mucho, la mayor proporción de la población mundial.

No son las Naciones Unidas y, como han demostrado sus tres miembros con armas nucleares, Gran Bretaña, Francia y los EE. UU., No da ni un centavo por los puntos de vista de la ONU cuando se trata de cuestiones como el cumplimiento del Tratado de Prohibición. de Armas Nucleares que entró en vigor en enero.

Pero otra razón es que toda su existencia está diseñada para perpetuar «políticas y prácticas orientadas al mercado».

A veces ha habido un toque de ingenuidad en los llamados a que los “líderes mundiales” aborden cuestiones profundamente arraigadas en el modo de producción capitalista, desde el movimiento Make Poverty History de principios de la década de 2000 hasta la crisis del cambio climático.

Estos movimientos han desempeñado un papel fundamental en el aumento de la presión para la acción. Pero no pueden caer en la trampa de asumir que los “líderes mundiales” son actores neutrales a los que se puede persuadir para que actúen en aras del interés público.

Los líderes de los estados capitalistas más grandes del mundo operan en nombre de las clases dominantes capitalistas y están comprometidos con el orden capitalista existente.

El capitalismo, debido a que su motor es el incansable afán de lucro y su resultado la concentración de la riqueza, es el impulsor tanto del cambio climático como de la desigualdad global. Como observó Marx, tiende a destruir sus dos fuentes de riqueza, la naturaleza y los seres humanos.

Ninguna reforma o regulación del capitalismo ha sido el resultado de una conferencia de ricos que decidieron actuar en base a sus conciencias. Todo cambio ha sido forzado desde abajo, por la revuelta popular y por el poder de la organización de la clase trabajadora.

Muchos de los manifestantes que se han manifestado en contra del G7, y se han enfrentado a una persecución policial totalmente injustificada por hacerlo, entienden esto. El propósito de las protestas no es cambiar la mentalidad de los ricos, sino movilizar las fuerzas que puedan enfrentarse a ellos.

Estos «líderes mundiales» no nos representan a nosotros ni a nuestros intereses. Todo el movimiento sindical debería tener claro eso a medida que la corte estadounidense se traslada esta semana de Cornualles a Bruselas, del G7 a la OTAN, es decir, de la economía de la supremacía de Washington a su aplicación por el poderío militar.

 

morningstar